-Crees que no es tan importante porque lo tienes.
Luna frunce el ceño.
-No.
-Sí,-continúa Ginny.-Mira, una cosa es ser rico y otra cosa es tener dinero. Tú no eres Malfoy pero puedes permitirte no tener que llevar la ropa de cuando tu madre era joven.
En cuanto lo dice, Ginny sabe que ha sido una mala idea mencionarla.
-Yo sólo digo que hay cosas que el dinero no puede comprar.-dice Luna.
-Tópico.
-Pero cierto.
Ginny ríe y hace ese gesto que a Luna le parece adorable. El de pasarse la mano por el pelo cogiendo con el pulgar y el meñique los mechones que le caen en la cara y echarlos hacia atrás mientras sonríe con los ojos entrecerrados.
-Sabes que no nos vamos a poner de acuerdo, ¿no?-pregunta Ginny divertida.
Luna se encoge de hombros.
-Pero es divertido.
Ginny asiente.
-Además,-añade Luna,-me gusta como te pones cuando discutes.
-¿Cómo me pongo?-pregunta Ginny.
(Y la pregunta sale como una risa mal cortada).
Luna la visualiza claramente y trata de explicárselo.
Habla con fuerza, con energía. Proyectando la voz y con un tono agresivo que parece querer gritar de frustración: ¿no veis que tengo razón?
El color le sube a la cara y gesticula más de lo habitual; sus gestos son más bruscos y el movimiento suave con el que aparta su pelo de la cara y lo coloca tras su oreja se convierte en una especie de manotazo torpe que lo único que pretende es quitar de su camino la melena.
-¿En serio hago todo eso?
Luna se limita a sentir, como si ya hubiera hablado más de lo que espera hablar en años.
-Sí, bueno. Reconozco que me pongo un poco pasional.
Se quedan en silencio, como pensando en todas las veces que han discutido por algo.
-Oye,-dice de repente Ginny,-¿de verdad te vas a ir en Navidad?
Luna se encoge de hombros.
-Quédate conmigo.
Hay algo desesperado en la voz y Luna se ve tentada de quedarse en ese infierno en el que se ha convertido el colegio sólo por ella.
-Quiero asegurarme de que mi padre está bien.
Pero es Luna al fin y al cabo.
Ginny lo entiende. El padre de Luna se ha convertido en un foco de atención tras el carácter reivindicativo que ha adquirido de repente El Quisquilloso, y aunque ninguna de las dos lo dice, ambas saben que es sólo cuestión de tiempo que alguien llame a la puerta del señor Lovegood.
-Podríais venir los dos a La Madriguera.
-¿Pero no has dicho que te quedabas?
-Si tú no te quedas…
Y Luna asiente. Una vez más.
Ginny sonríe de modo triunfal.
Siempre se sale con la suya.
