Viven los últimos días antes de irse del colegio como si fueran los últimos días de su vida. Lo son. De su vida juntas.

No lo han hablado pero saben que hay muchísimas probabilidades de que no vuelvan después de vacaciones.

La cosa ahí fuera está cada vez más fea y dentro del colegio tampoco es que sea mucho mejor. Saben que su situación con Snape y los Carrol siendo de las familias que son es insostenible y que sus vidas corren peligro entre los muros del castillo. Quién lo iba a decir, Hogwarts siendo un lugar del que huir en vez del refugio que siempre fue.

No hablan de ello. Fingen no saberlo.

Quizás es lo mejor, pues saben que si lo hicieran acabarían haciéndose promesas que acabarían siendo rotas y diciéndose cosas que con el tiempo parecerían mentira. (Aunque jamás las cosas que se dirían hayan sido tan ciertas).

En el fondo lo han sabido siempre. Que no iba a ninguna parte y que era una historia con fecha de caducidad.

Luna sabía que para Ginny Harry siempre iba a ser lo primero y Ginny era consciente de que sin las circunstancias que se habían dado jamás hubieran acabado juntas, y de que, en cuanto dichas circunstancias terminaran también lo haría lo que compartían. Aunque fuera lo más bonito que jamás les había pasado.

Así que ahí están, apurando los últimos tragos de una bebida que empieza a saber un poco amarga y alargando besos que sin embargo siempre acaban viendo pasar los días, esperando que el anochecer nunca llegue y observando el amanecer juntas y abrazadas, sabedoras de que les queda un día menos y el tiempo se les va.

Quizás si Ginny no tuviera tanto miedo podrían alargarlo un poco más, quizás si Luna no tuviera tantos celos cada vez que se nombra a Harry la relación no se iría deteriorando cada vez más, pero en el fondo ambas saben que no tiene sentido intentar alargar algo que desde el principio tiene final.

Y disfrazan que el final se acerca con miradas que se hacen promesas que nunca han llegado a hacer y roces que se dicen lo que nunca se dijeron.

Pero las cosas que no se dicen en voz alta, a veces es como si no existieran.