-APÉNDICE 2: ENTRENAMIENTO DESDE LAS TINIEBLAS
El aprendizaje de kaarat no era un camino de rosas ni mucho menos. Los métodos del gran señor Dabra eran rudos, salvajes y sanguinarios. Kaarat quedaba muchas veces exahusto y mas de una vez rozaba el umbral de la muerte. Un día de entrenamiento no era un día de entrenamiento si Kaarat no acavaba chorreando de sangre o con algún hueso roto, y dentro del mundo demoníaco no había cabidá para los conjuros de sanación ni para el cansancio. Si un día te acostabas malherido o dolorido esos mismos dolores te acompañaban durante el siguiente entrenamiento.
Además, el mundo diabólico siempre era oscuro, no existía el día, tan solo existían momentos de mayor o menor oscuridad, diferenciados por la claridad del gran volcán Makyojankyu. Un volcán inmenso que siempre estaba en contínua erupción, pero que por alguna razón nunca explotaba del todo. Esto hacía que para un ser que no pertenecía a la estirpe diabólica el calor dentro de todo el ambiente fuera casi insoportable.
Bajo estas tremendas condiciones Kaarat se disponía cada día a entrenar dentro del Templo Sagrado del Gran Demonio Makyosan. Makyosan era el nombre del mas grande y sanguinario de los demonios. En su grandísimo honor fue levantado un gran templo, de roca magmática y de siniestra apariencia. A los dos lados de su gigantesca entrada se erguían dos estatuas: Makyhi y Mezashe, los dos hijos del excelentísimo Makyosan, que continuaron su estirpe durante un gran y oscuro reinado.
Makyhi era el hijo pequeño y al ser el único hijo varón tomó el puesto de su padre cuando el espíritu de éste abandonó el mundo etéreo. Makyhi nunca consiguió igualar la grandeza de su padre pero si consiguió governar con gran mano dura durante cientos de años.
La princesa Mezashe, por su parte, era toda una belleza en el mundo de los demonios, pero siempre ocultaba su verdadera forma. Pocos fueron los que la vieron tal y como era. A esto último cabe añadir que todo aquel que la contemplaba en su verdadera encarnación acavaba suicidándose a los pocos días. Solo los miembros de su familia eran inmunes a este hecho. Tal era la maldición de la hija mayor del gran Makyosan.
Las malas lenguas cuentan que la princesa Mezashe era una gran arpía, que guardaba con gran recelo la idea de que su hermano pequeño obtuviera el trono de su padre. Se dice que un día que el volcán Makyojankyu permaneció apagado, ella tomó la forma de una niebla venenosa, que dio muerte a su hermano Makyhi mientras dormía.
Y allí, en ese mismo templo era donde Kaarat y Dabra llevaban a cabo sus entrenamientos:
-¡Vamos, escoria inmunda! ¡A ver si puedes esquivar esto! Porque no me irás a decir que el hecho de tener dos costillas rotas mengua tus reflejos.-farfullaba el gran señor Dabra mientras lanzaba con la palma de su mano una ráfaga de bolas de fuego, las Honoo Tama.
-¿Por quién me toma, gran señor? Esto no son mas que juegos de infantes. ¿Por qué no me golpea en serio hoy?-contestaba Kaarat deshaciendo el fuego con la palma de sus dos manos y lanzándose tras él.
A esto Dabra respondía con su Zanzo Majyutsu, una técnica consistente en dejar una imagen del espíritu demoníaco donde antes se hallaba su cuerpo. De esta manera el joven brujo solo conseguía golpear el aire mientras Dabra atravesaba uno de sus brazos con una pequeña daga aparecida de la nada. Aquejado, Kaarat decía:
-¡Aaarrrgh! ¡¿Pero cuándo...?
Dabra, velozmente golpeaba a Kaarat con una tremenda patada en el mismo brazo herido, lanzándolo contra uno de los pilares del templo. Kaarat ya apenas podía ponerse en pie y Dabra daba por finalizada la sesión:
-Bueno, ser deprimente. Tengo cosas que hacer así que, espero que mañana presentes mejor batalla. No tiene sentido destrozar a un maniquí que ni siquiera es capaz de moverse a mi misma velocidad. Como sigas así al final acabaré mandándote al Infierno de una vez. He de irme...basallo insignificante.
-¡NO! ¡Urrrrgh! Esto no es mi final...-Kaarat aún no se daba por vencido, aún escupiendo sangre por la boca.
-¿No? ¿Y cómo piensas atacarme, escupiéndome sangre a la cara? JAJAJAJAJA.-Dabra se burlaba.-Los seres de tu calaña sois deplorables, cada día que pasa me arrepiento mas de dejarte con vida. Mañana, si tu espíritu aún sigue en este mundo, continuaremos donde lo hemos dejado. ¡Y no se hable mas!-daba por finalizado definitivamente el gran señor. Kaarat quedaba alicaído y vencido una vez mas.
En verdad, el señor Dabra era tremendamente despiadado con el joven brujo pero lo cierto es que Kaarat era el único en todo el mundo demoníaco capaz de seguir el ritmo a Dabra. Pero Kaarat no era consciente de esto y su frustración le llevaba a que cada "noche" se dirijiera a las antiguas bibliotecas para aprender algo nuevo y estar así a la altura de su gran señor.
