-APÉNDICE 3: CELOS

El mundo demoníaco es una basta y oscura dimensión, solo habitable por seres diabólicos y de espíritu maligno, un universo donde los planetas están casi deshabitados debido a su alta densidad volcánica. Un sitio donde los supremos Kaioh Shin rara vez se atreven a entrar. El mundo de los olvidados. Es por ello que este mundo toma el nombre de Ankokumakai (el reino de las tinieblas) o, a veces, Akumakai (reino demoníaco). Pero a pesar de todo es rico en artes mágicas y oscuras. Quizás por esta razón el gran hechicero maligno se sintió atraído hacia esta dimensión en su juventud. De entre los pocos planetas habitados solo uno se considera residencia de los mas grandes demonios, el planeta Makai y es aquí donde el gran señor Dabra se aposenta tras sus duras batallas demoníacas.

Esa noche Kaarat miraba con embobados ojos al gran volcán Makyojankyu, desde su cuarto de paredes frías y oscuras. Mirando mas hallá del horizonte podía ver la claridad magmática de los demás planetas en el inmenso firmamento. La luz fogosa le envolvía dentro del nuevo mundo tenebroso, que le había acogido con rudas maneras. En su interior un sentimiento de desdén atosigaba su entendimiento. Algo dentro de él no se encontraba agusto. Pero cuando estos sentimientos afloraban, el jovenzuelo recordaba las burlas de su gran señor Dabra y no podía mas que desear ser mas poderoso. Así, de esta manera, Kaarat, como poseído por un deseo monstruoso, abandonaba el gran castillo de su dueño y se dirijía a visitar a los demonios ancianos.

Esa noche Kaarat la sentía mucho mas calurosa que de costumbre, de camino a las bibliotecas sus latidos sonaban tan fuertes como los movimientos de lava de las erupciones del gran volcán. Para él, eso era presagio de que algo fuera de lo común estaba a punto de ocurrirle. De repente una presencia astuta y veloz lo sorprende tocando su hombre y sobresaltándolo:

-Ey, Kaarat, ¿otra vez saliendo a hurtadillas del castillo de tu señor?

Se trataba del enclenque de Garlick Jr., un pequeñajo diablillo hijo del demonio Garlick, habitante de un planeta de Ankokumakai llamado Makyo, cuya trayectoria orbital lo lleva cada 6.000 años a cruzar las barreras entre planos dimensionales y cada 5.000 se acerca a su punto mas cercano a la órbita del curioso planeta denominado Tierra.

En el planeta Makyo los demonios alcanzan su máxima plenitud física y mental. Garlick era conocido por sus viajes al universo de las cuatro galaxias y se decía que ansiaba algún día poder gobernar algún planeta del mundo exterior.

-Yo no me escondo, mi señor Dabra sabe perfectamente lo que hago.-respondió Kaarat ante tal ofensa.

-Ya, si claro. Antes te he visto ensimismado mirando al horizonte desde tu ventana...

Un sepulcral silencio se creó tras estas palabras, hasta que el retaco diablo volvió a decir:

-Oye, ¿qué es lo que buscas aquí? ¿Qué esperas encontrar? Siempre andas detrás del señor Dabra como si fueras un lastimoso perro faldero, olisqueando aquí y allá.

-Lo que yo busque no es de tu incumbencia.

-Ya, claro.

Los dos andaron y junto al antiguo camino que daba paso a las bibliotecas se detuvieron. El hijo de Garlick, mirando al firmamento, volvió a hablar:

-Supongo que quizá tú que has recorrido las cuatro galaxias no sentirás lo mismo pero, ¿alguna vez no has sentido como si este mundo oscuro se te quedara pequeño? Este calor es insoportable y la oscuridad no oculta nada. ¿No has ansiado nunca tener para tí un poco de la luz del mundo exterior?

-Jeje...me sorprende que un demonio de la oscuridad como tú ansíe con tanta avaricia la luz.

Garlick Jr. enojó, su expresión y su ceño fruncido parecían explotar. Mientras Kaarat le daba la espalda, el hijo de Garlick gritaba:

-¡Escúchame bien, maldita escoria! Grrrr, ¡inmundicia! ¡Solo por ser el protegido del gran señor Dabra no te muestres tan altivo! ¡Debería matarte ahora mismo, cucaracha de mierda!

Kaarat, en silencio, empezaba a caminar con pisadas impasibles. Esto encendió aún mas al pequeño demonio, que seguía gritando:

-¡Escucha esto bien, mequetrefe; tú no eres de los nuestros, nadie te quiere aquí y si algún día volvemos a cruzarnos da por hecho que te devolveré de vuelta a ese otro mundo que un día pisaste!

El gran mosqueo del diablillo no era de extrañar. Kaarat era un brujo sagrado, un ser divino, y aún así había obtenido los "favores" del gran señor de los demonios. Todos los hechiceros diabólicos y demonios le guardaban un gran rencor y unos celos muy bien ocultos. Kaarat justo acavaba de caer en la cuenta. Garlick Jr. tenía razón, él no era uno de ellos, ese no era su ambiente, quizá eso fuera lo que no andaba bien dentro de su cabeza, quizá fuera eso lo que le impedía exteriorizar todo su potencial mágico.

ÉL NO ERA UN DEMONIO.