Primero que nada, una gran disculpa porque se que dije que iba a actualizar cada viernes y he dejado MUY abandonada esta historia. Las razones por las que no he podido subir capitulo es que entre el trabajo, la escuela, y los problemas de red que he tenido no me había dado el tiempo para poder sentarme, checar bien el capitulo y subirlo, así que por esto, otra disculpa, pero finalmente aquí esta el primer capitulo. Espero que les guste y haya valido la pena la espera.

Disclaimer: Esta historia no me pertenece solo soy una traductora de la historia original de 'Doctor's Orders' de mybluesky. Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer.


Capítulo 1 – Llamando al Dr. Imbécil

Empezó con una llamada. O, para ser más precisa, múltiples llamadas.

Alec y yo habíamos estado saliendo por casi cinco años cuando recibí la primera llamada. No era más que una ronda de espeluznantes, fuertes respiraciones que eran interrumpidas una vez que colgaban el teléfono del otro lado. Hubiera llamado de regreso, pero el número estaba bloqueado.

La segunda llamada, fue más o menos lo mismo.

La tercera llamada fue más interesante, parcialmente porque descubrí que el que estaba del otro lado de la línea era un hombre, pero principalmente porque era un hombre muy, muy enojado. Y yo estaba sola y me tomo por sorpresa. Y después de que todo este tiempo sospechaba que era una mujerzuela que Alec se estaba tirando, resulto ser el imbécil esposo secreto de la mujerzuela.

"¿Quién eres?" demando enojado. "¿Y porque putas mi esposa sigue llamándote?"

Los pelos se me pusieron de punta por su comentario, negándome a ceder primero. "Oye idiota, tú me llamaste. ¿Quién eres tú?"

"¿Eres una maldita mujer?"

"¿Quién quiere saber?"

"¿Quién más está contigo?"

"No voy a contestarte hasta que me digas quien eres."

"¡Maldita sea!"

Me colgó, solo para llamar una hora después ya que se había calmado. Estuve a punto de no contestar, pero claro que tenía mis propias sospechas y estaba lista para que salieran a la superficie Así que levante el teléfono, preparándome internamente para otro duelo de gritos con este extraño, solo para oírlo disculparse.

"Lo siento," dijo, su voz agonizante. "Pero creo que mi esposa me está siendo infiel. Sé que eso es terrible. Pero este número esta por todas partes en nuestra cuenta de teléfono. ¿Alguien más vive contigo?"

Alguien más si vivía conmigo – Alec, mi novio. El hombre de la casa mientras yo estaba afuera trabajando doce – a veces catorce - horas al día.

Aun así defendí a Alec contra este hombre, sin la intención de admitirle a un extraño que estaba horriblemente cegada por otro. En retrospectiva, teníamos tanto en común que probablemente podríamos haber sido mejores amigos. Cuando confronte a Alec, diciéndole falsas afirmaciones y mentiras, se quebró bajo la presión. Se derrumbó y admitió que se había estado tirando a la mujerzuela por casi seis meses.

Nunca me había sentido tan tonta.

Tampoco nunca me había sentido tan indefensa, de repente estaba sola sin ningún lugar a donde ir. La casa le pertenecía a él, así como la mayoría de lo que estaba dentro. Me vi forzada a vivir por un mes con una amiga mientras empezaba la busqueda de apartamentos y eventualmente la caza de empleo en otros hospitales en el área, en el estado, y finalmente en hospitales a miles de millas de distancia de aquí.

Me sentía atraída por mi estado de origen, Washington, y una conversación con mi padre cerro el trato. Estaría emocionado de tenerme más cerca. De esta forma, incluso podría ir durante las fiestas, algo que vergonzosamente nunca había hecho a través de los años.

Empecé a aplicar a hospitales en Seattle el siguiente día. Tan pronto conseguí una entrevista, volé a casa para quedarme con mi papá, Charlie, que vivía en un pequeño pueblo a unas tres horas de distancia. Me ayudo a encontrar un apartamento y el Centro Médico Harborview me ofreció un trabajo en la unidad médica.

Eso me trajo aquí – de pie en medio del pasillo, los bolsillos llenos de suministros para IV, tubos, gasa y cinta, mis brazos rebosantes de cuatro botes de pastillas y el portapapeles al que me aferro desesperadamente. Estoy usando una chaqueta, una prenda que tiene a Emmet encantado debido al espacio extra en mis bolsillos.

"Me conseguiría uno de estos si no se vieran tan malditamente femeninos," dijo, admirando la profundidad y ancho que los bolsillos extras ofrecían. Su voz llena de sabiduría. "Las chicas tienen tanta suerte."

"Apenas," me queje.

"Vamos, 'Pockets' (bolsillos). Vamos a empezar a poner esas IV."

Y así es como gane mi nuevo nombre.

Nos dirigíamos a cumplir nuestra misión, cuando Aro me pregunto que si quería poner una IV por él – como práctica – Emmet lanza una respuesta digna de una verdadera perra.

"¡Hey! Ha sido enfermera por tres años –"

"Cuatro," lo corrijo.

"Cuatro años," dice. "Sabe cómo poner una IV. Así que no creas por un segundo que vas a lograr engañarla para que haga todo tu trabajo."

"Solo le estaba preguntando, imbécil," dijo Aro, y le enseña el dedo medio a Emmet antes de desaparecer. Emmet mira como su figura desaparece de la vista mientras yo trato de contener una risa detrás de mi mano.

-x-x-x-x-

Vamos al piso de abajo para nuestro almuerzo.

"Nunca comas en la sala de descanso," Emmet dice, "Esos idiotas no te dejaran sola ni por dos segundos. Es imposible tener un momento de paz." Toma un pequeño teléfono plateado de su bolsillo y lo ondea frente a mí. "Y siempre asegúrate de apagar esto." Una música suena mientras lo apaga.

"Apagar el teléfono… lo tengo."

"Ahora, tienes que ser muy selectiva con lo que comes aquí. No todo es comestible." Nos acercamos a la barra caliente donde una mordaz señora está esperando con los brazos cruzados, un ceño fruncido tatuado en su rostro. Dudo que alguna vez sonría.

"Todo lo que sirven en la barra caliente, es estúpido pollo," Emmet dice, lo suficientemente fuerte para que la señora y todos a nuestro alrededor escuchen, pero ella ni siquiera flaquea. Me aleja de ahí. "Pollo frito, pollo asado, pollo a la parrilla. Trabajar aquí te va a convertir en un maldito pollo, lo juro por Dios." Nos paramos frente a la parrilla, que tiene un despliegue de hamburguesas y hotdogs. "La parrilla a veces es decente. Claro, siempre puedes ir a la barra de ensaladas si te gusta esa mierda."

"De acuerdo," digo. Esto no es nada diferente al último lugar que trabaje. Comeré una hamburguesa.

"Y no te comas las papas a menos que hayas visto que las sacaron de la freidora," me advierte.

Tomamos nuestra comida, pagamos y nos sentamos. De repente algo pasa por mi mente.

"Sabes, realmente eres muy buen orientador," digo seriamente. Para otros, esto puede sonar absurdo, pero nunca nadie se había molestado en decirme algo sobre la comida, o las áreas de descanso o darme un decente y confiable resumen de a quién evitar. Y esto era información valiosa.

"Claro que lo soy," dice presumiendo. "¿Apenas te vas dando cuenta de eso?"

"También, la última persona que me oriento actuaba como si me metiera en su camino. Pero te haces a un lado y me dejas hacer todo. Si acaso, te metes en camino."

Emmet parece confundido mientras le pone una cantidad nada saludable de mayonesa a su pan. La esparce con un cuchillo de plástico. "¿Tú te metías en su camino? ¡Al diablo, los nuevos hacen todo tu trabajo! ¿Cómo puede alguien molestarse por esa mierda?"

Lo sabía.

"Así que me dijiste a quién evitar. ¿Quiénes son seguros?"

Lanza una caliente, aun grasosa papa a su boca. "Alice es genial," dice. "Demasiado jodidamente feliz muy temprano en las mañanas, pero aun así genial. Salimos a veces fuera del trabajo, Jasper también."

Levanto una ceja. "¿Quién es Jasper?"

"Es un farmacéutico – uno de los únicos decentes. La mayoría de los otros son fastidiosos como el demonio. Y Alice está enamorada de él. Ella no lo va a admitir, pero es la única corriendo a la farmacia cincuenta veces al día por mierda estúpida como laxantes."

"Eso es dulce," comento. Emmet me ve con perspicacia.

"Claro," dice secamente. "Romance por laxantes. Ya puedo ver una película en el horizonte."

"Sabes que quiero decir."

Él se encoge de hombros. "Oh, también esta Ángela. Es agradable – aunque, muy callada. Medio sensible. Pero ella no va a molestarte, lo que es algo bueno."

Asiento en acuerdo.

"Eric trabaja como paramédico. Él también es bueno. También sale con nosotros de vez en cuando."

"¿Qué es lo que hacen?"

"Tomar después del trabajo. Maratones de Madden – tu sabes. Cosas diferentes."

Levanto una ceja. "¿Maratones de Madden?"

"Sí. Xbox. Futbol…" Él se calla como si fuera una idiota y yo me quedo mirándolo.

"Sé lo que Madden es," digo sarcásticamente, y solo puedo imaginarme la atrocidad de esas noches. Me pregunto si Alice sale con ellos cuando sucede.

"Deberías de venir con nosotros pronto," dice. No espera por una respuesta antes de continuar. "¡Oh!, alguien más que debes evitar es Jessica, nuestra secretaria. Esa perra chismea más que Tyra Banks. No le digas nada a menos que quieras que este en la primera plana del maldito periódico que pasan por aquí cada mes."

Asiento. "Jessica. Peor que Tyra Banks. Lo tengo."

"Luego esta Shelly. Es como la mamá gallina de toda nuestra mierda en el piso. Dios la bendiga por intentarlo. Solo que nunca maldigas enfrente de ella – no le gusta." Se toca su oreja izquierda y hace una mueca de dolor como recordando un momento doloroso.

Le da una gigante mordida a su hamburguesa. Con la boca llena comida dice, "Y por supuesto, me conoces, Emmet McCarty, mejor conocido como el mejor hijo de perra que vas a conocer." Me guiña, un gesto menos encantador por su demostración de comida masticada.

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Hablo con el ardiente doctor antes de verlo realmente. Nuestra transacción toma lugar en el teléfono, así que obviamente no tengo ni idea de lo sexy que es en ese momento.

De haberlo visto primero, tal vez hubiera puesto de lado su actitud grosera. Tal vez hubiera estado distraída por su belleza y olvidado nuestra conversación.

Es gracioso como se dan las cosas.

"Así que, ¿Emmet está haciendo un buen trabajo al orientarte?" Alice usa su pequeño pie para impulsarse hacia adelante en la silla de ruedas mientras distraídamente toma varios historiales médicos.

"Hasta ahora muy bien," le aseguro. "Definitivamente sé a quién evitar."

Sus ojos instantáneamente caen en mí. "¿Hablo mierda de mí?" dice recelosa.

"No," le aseguro rápidamente. "Dijo que eras genial. ¿Por qué?"

Se relaja, aunque no completamente, y empieza su historia. "Emmet piensa que es gracioso. Le encanta inventar estas locas historias sobre mí y se las dice a los nuevos para que me eviten como a la plaga."

Estoy entretenida. "¿Cómo qué?"

"Cosas diferentes. Le dijo a una persona que era esquizofrénica y que podría perder el control en cualquier momento, y que debería cuidarse muy bien los cuellos porque ese es mi punto favorito de ataque."

Sonrió.

"Oh, y una vez le dijo a otra persona que Aro y yo teníamos una aventura. Quiero decir… ¡en serio! ¿Has visto a Aro? Una de sus piernas es más corta que la otra – se tambalea cuando camina."

"¡NO!"

"Lo juro por Dios. No es obvio, pero puedo verlo totalmente."

Ya no puedo contenerlo, y me rio a carcajadas, ganando el interés de Jessica que está a varios metros de distancia.

"¿Estas segura que no dijo nada de mí?" Alice demanda.

"Si, Alice. Estoy segura."

"Voy a averiguarlo si lo hizo, sabes."

"Lo sé, lo sé."

Se recarga de nuevo en la silla, luciendo exhausta, y suspira. "¿Cuándo demonios vamos a pasar a historiales sin tantas notas? Pasamos más tiempo escribiendo mierda que lo que tratamos a pacientes."

"Sabes, eso va a pasar en Junio," Jessica ofrece, claramente oyendo nuestra conversación.

Alice gira los ojos pero no responde.

"¡Pockets!" Emmet de repente aparece de la nada. "Los resultados del Sr. Williams acaban de llegar y su hemoglobina está en 7.8. ¿Te molestaría llamar a su doctor por mí?"

Me enderezo en mi asiento, sorprendida que Emmet realmente este haciendo algo de trabajo. "Claro."

Saco la lista de doctores de la computadora y paso por los nombres, encontrando el que busco en los primeros nombres. Dr. Cullen.

Alice se aleja de la estación de enfermería mientras lo llamo. Ni siquiera cinco minutos después, me regresa el llamado.

Excelente servicio de los doctores aquí, pienso con humor. Usualmente nunca responden tan rápido.

La voz es suave cuando habla, las palabras enlazándose como seda a través del recibidor. Suena cansado, pero amable.

"Es el Dr. Cullen, me llamarón."

"Oh, hola Dr. Cullen, mi nombre es Bella. Lo estaba llamando por el Sr. Williams, su paciente en la 434 hacia la ventana que fue admitido por una hemorragia gastro-intestinal. Su nivel de hemoglobina de las 2 de la tarde acaba de llegar y es 7.8."

Hay una pausa del otro lado de la línea. Por un momento, me pregunto si lo perdí. Finalmente, habla. "¿Y qué es lo que dice mi orden?"

Su voz ya no es amable. Flaqueo y empiezo a buscar el historial médico, maldiciendo mis malas habilidades como enfermera por no tenerla lista.

"Ummm… espere…"

Ni siquiera me da la oportunidad de encontrarla.

"Si te hubieras molestado siquiera en leer la orden habrías notado que dice que me llamaras únicamente si está por debajo de 7.5."

"Oh. Yo, uh…"

"Gracias." Sus palabras, que suenan altamente malagradecidas, son cortadas por un clic del recibidor.

Me quedo viendo el teléfono en mi mano, estupefacta.

"Qué imbécil," digo para mí misma. De repente, Alice está de regreso a mi lado. Ella me escucha.

"Oh, ¿quieres decir el Dr. Cullen?" dice con una risita. "Normalmente es bueno, pero puede tener sus momentos. Emmet debió haberte advertido. ¿Estás bien?"

Sus ojos de repente se llenan de preocupación mientras me evalúa.

"Oh si," digo, agitando su preocupación. Tomo un profundo y liberador suspiro y le ofrezco una pequeña sonrisa. "Nada que no pueda manejar."

Pero mi aversión por el ardiente doctor es alimentado por lo que creo es odio justificado.

Más tarde esa semana, una hora más o menos después del almuerzo, escucho a Jessica hablando con una pelirroja flebotomista sobre el Dr. Cullen. Sus voces en susurros, presuntuoso cotilleo que rezuma de cada palabra, pero aun así logro cachar que el Dr. Cullen es bastante agradable a la vista. También, tiene un papá, Dr. Cullen Padre, que es agradable a la vista también.

Es cierto que guardo cierta curiosidad sobre él. Pero pareciera que algunos doctores automáticamente ganan atractivo solo por su título. Cualquier desconocido de repente se convierte digno de una pelea.

No me lo creo. Ni siquiera por un segundo. Si hay algo que jure al principio de esta nueva etapa de mi vida, es que no saldría con un doctor.

Sin embargo, eso no me detiene de sentir curiosidad.

Alrededor de las cuatro de la tarde, finalmente tengo la oportunidad de terminar unos historiales médicos. Tomo los historiales de mis pacientes, los llevo a una mesa y me ocupo en eso, sin importarme el hecho que no he visto a Emmet en hace más de una hora. Sin su estruendosa voz, definitivamente hay un momento de paz.

Hago unas anotaciones por unos minutos sin interrupciones. Luego, por mi visión periférica, veo alguien sentarse frente a mí, al otro lado de la mesa. Automáticamente veo al frente.

Jadeo.

Es un joven doctor, tal vez entrando a sus treintas, con increíble cabello color bronce y fuerte mandíbula. Su nariz es recta, curvándose ligeramente al final, sus labios llenos. Sus ojos, debajo de gruesas cejas, están viendo hacia abajo y escondidos.

Él no me ve a mí, no reconoce mi presencia en lo absoluto, si no que agarra un historial médico y empieza a repasar su contenido.

¿Es este el Dr. Cullen?

Doctores así de sexy solo existen en Grey's Anatomy.

Bajo mi mirada y siento una repentina ola de irritación mientras recuerdo nuestra conversación de ayer. Fue un total imbécil, sin embargo puede que ni siquiera sepa con quién estaba hablando. Los imbéciles no se molestan en recordar nombres. Pero ahora está aquí, evitando conversación y contacto visual y todas otras formas de interacciones humanas.

Está aquí, aun siendo un imbécil.

De repente se dirige a mí. "¿Tienes a la Sra. Carter en la habitación cuatro-tres-cuatro?"

Mi mirada cae instantáneamente a la suya y me encuentro inmediatamente extasiada por un par de ojos verdes como esmeraldas que no parecen ser fríos ni desagradables. Parecen cansados. La voz es la misma suave como terciopelo, dolorosamente familiar a pesar de nuestra corta conversación, y en ese momento sé que es la misma persona.

Me recupero, enderezándome un poco mientras lo hago. Parece que me toma años encontrar mi voz, y me irrita que me afecte de esa manera.

"Um, no. Ángela está a cargo de ella. ¿Le gustaría que la llamara?"

Se levanta. "Por favor. ¿Podrías decirle que me vea allá?" Se aleja rápidamente sin esperar una respuesta.

Me contengo de poner los ojos en blanco y marco el número del teléfono de Ángela. Me contesta y me asegura que está en camino a la habitación.

Con el Dr. Cullen fuera de vista, puedo respirar de nuevo.

Permanecen lejos por varios minutos. Eventualmente, se sienta frente a mí de nuevo, impaciente regresando a sus historiales sin ni siquiera un gracias u otra señal de que nota mi presencia. No dejo que me moleste y, en lugar, me concentro en evitar su mirada también.

Pone el historial en el estante y se va unos minutos después. No dice adiós.

Esta vez sí pongo los ojos en blanco. ¿Un poco de cortesía mataría a estos doctores? Su comportamiento presuntuoso es francamente tedioso.

Me levanto con una rabieta, esperando poder tener un pequeño descanso en el baño. La puerta del baño de nuestra sala de descanso está cerrada, como siempre, y la empujo para abrirla con la suposición de que estará cerrada si hay alguien adentro.

Veo a Ángela parada frente al espejo secando sus ojos rojos. Ambas brincamos, en un incómodo error de juicio, olvido mis modales y la miro fijamente. Cinco segundos pasan. Luego recuerdo lo que estoy haciendo.

"¡Dios, Ángela! ¡Lo siento!" me disculpo. Escucho sus aseveraciones de que todo está bien mientras salgo del baño y cierro la puerta.

Me siento en la misma mesa donde comemos almuerzo y espero, pero ella no tarda demasiado. Sus ojos aún están rojos pero evita mi mirada.

"Ya terminé," dice tímidamente, cabizbaja.

"¿Te encuentras bien?" le pregunto instantáneamente. Sé que soy la chica nueva, y no me conoce, pero es grosero pretender como si todo estuviera bien cuando, obviamente, ella está molesta hasta el punto de las lágrimas.

"Estoy bien," dice, pero sus ojos empiezan a llenarse de lágrimas de nuevo. "Solo estoy siendo demasiado sensible de nuevo," se ríe sin humor. "La gente dice que debería conseguirme un par." (de huevos)

"¿Alguien te dijo algo?"

Me mira intencionadamente. "No es nada."

"Tiene que ser algo. Pareces muy afectaba por ello."

¿Por qué siempre soy tan persistente? Espero a que ella me diga que no me meta, pero en su lugar suspira y pasa un pañuelo por sus ojos.

"El Dr. Cullen puede ser un imbécil," dice. La mala palabra suena extraña saliendo de sus labios, una observación que capta mi interés. Debe de estar muy molesta. Con el ceño fruncido me enderezo en mi asiento.

"¿Qué fue lo que hizo?" demando. He estado aquí solo unos días y ya he visto lágrimas derramarse por este cretino. No entiendo por qué los doctores se creen merecedores del título de Dios – como si solo ellos importaran, y no dulces inocentes como Ángela.

O yo, maldita sea.

Ella inhala y se recarga en su otro pie. Parece como si quisiera sentarse, pero asumo que debe de estar tratando de irse tan pronto pueda y por ende renuncia a su propio confort. Permanece parada.

"Bueno, el paciente le pregunto sobre los efectos secundarios de una de las nuevas medicinas que empezamos a darle, y cuando terminó, le pregunte si los bochornos eran un efecto secundario también. El paciente me había preguntado eso más temprano, Bella. Solo quería asegurarme de que fuera atendido." Me vio con desesperación, rogándome que la entendiera. "Cuando se giró hacía mí, justo enfrente del paciente y su familia, me dijo que esto no era momento para clase. Que era tiempo del paciente. Me dijo que si tal vez hubiera prestado más atención en la escuela de enfermería tal vez sabría la respuesta." Dijo 'enfermería' como si fuera algo malo, haciéndome creer que el Dr. Cullen lo había hecho de la misma manera. Su cara se está poniendo roja mientras recuerda el momento.

Estoy perpleja. "¿Estás jugando conmigo?" exclamo.

Parece sorprendida por mi reacción. "No," dice patéticamente. "¡Nunca me he sentido tan… avergonzada! La familia de la paciente incluso salió y se disculpó conmigo después. Dijeron que no tenía el derecho de haber sido tan grosero conmigo. Fue…Dios…humillante." Se suena en su pañuelo. Afortunadamente, está empezando a calmarse.

"Bueno, hay doctores imbéciles en todas partes, Ángela," le dijo tratando de aplacarla un poco. "Una vez un doctor me grito frente a un paciente."

Se alarmo. "¿Por qué?"

"Porque le lleve la talla incorrecta de guantes."

"¿Estás hablando en serio?"

"Sip. Así que amablemente le dije que no me gritara, ni ahora ni nunca. Luego me fui y nunca regrese. Otra enfermera tuvo que ayudarlo."

"Bueno, el Dr. Cullen no me grito, afortunadamente," dijo con amargura. "Solo me hablo como si fuera la idiota más grande del mundo."

No, Ángela. El idiota más grande del mundo es el doctor que piensa que nunca se le va a regresar lo que haga.

Pero no digo esto. Solo sonrió con simpatía.

"Yo no dejaría que me molestara, Ángela. Algunas personas solo son unos imbéciles. Es su problema, no el tuyo."

Ella no parece convencida.

"¿Alguna vez escuchaste hablar del karma?" pregunte vagamente. "Existe, sabes."

Ella sonríe, pero obviamente es forzado. "Gracias, Bella. Espero que tengas razón." Checa su reloj y ve a la puerta. "Necesito volver al trabajo. Gracias por la charla."

"No te preocupes," le digo, y ella ofrece una última sonrisa antes de salir de la sala de descanso.

-x-x-x-x-

Dr. Cullen está a cargo de uno de mis pacientes hoy. Trato de no pensar mucho en él – en sus ojos verdes, su fuerte mandíbula, o las lágrimas de Ángela por su culpa – pero es difícil a veces.

En algún punto, admito que no sé cómo llenar una orden básica para el laboratorio en la computadora. Jessica hace de su misión enseñarme y me encuentro atrapada con ella por unos solidos treinta minutos mientras ella alterna entre quejarse del sistema y explicarme como se hace.

No veo al Dr. Cullen acercarse. No hasta que Jessica lo saluda abiertamente.

"Hola, Dr. Cullen. ¿Cómo está hoy?"

Ella casi sale disparada de su silla a la vista de él. Él está buscando un historial, pero hace una pausa para verla. Luego sus ojos encuentran los míos.

"Estoy bien, Jessica." Desvía la mirada. Yo parpadeo y hago lo mismo.

"¿Qué historial está buscando?" pregunta entusiasmada. Mis lecciones de computación abandonadas, ella salta a asistirlo. Lucho con la urgencia de poner los ojos en blanco.

Pero, como su fuera cosa del destino, es mi paciente. Y el historial está justo frente a mí, bajo mi brazo como si estuviera tratando de esconderlo del Dr. Cullen y el mundo. No me doy cuenta que lo tengo hasta que Jessica lo está jalando y alejándolo de mí.

"¡Aquí esta!" exclama. "Parece que Bella estaba escondiéndolo de usted, Dr. Cullen."

Considero matar a Jessica, e incluso debato donde esconder el cuerpo, pero no hay tiempo.

"¿Este es tu paciente, Bella?"

Me sorprende que recuerde mi nombre – aunque hayan pasado solo cinco segundos desde la última vez que lo dijeron – pero me freno de jadear de sorpresa.

"Si, señor." Quiero matarme a mí misma por llamarlo señor. He perdido completamente cualquier partícula de dignidad que me quedaba.

"Estoy a punto de ir a verla."

Umm… de acuerdo. Eso es lo que quiero decir. Lo que realmente digo es nada. Lo que realmente hago es arrastrar mi trasero detrás de él mientras camina por el corredor. Y trato muy, muy arduamente el no mirar fijamente su trasero, porque ha olvidado usar su bata hoy y mierda luce ardiente en uniforme (scrubs).

Totalmente me tiraría eso.

¡¿Qué demonios? ¿Acabo de pensar eso?

Yo no salgo con doctores. ¿Nerds presuntuosos que de repente creen que son el regalo de la humanidad? Eso sería un no. Un gran, enorme no.

Aunque con los brazos fuertes del Dr. Cullen y su cabello, tengo un gran problema al tratar de visualizarlo leyendo comics y masturbándose con escenas de la Princesa Leia. Al contrario, mi imaginación corre a una dirección mucho más atrevida.

Entramos a la habitación del paciente, donde él sonríe y encanta hasta las medias de la pobre señora. Él tiene grandes modales de trata de pacientes, eso está claro. De hecho, no parece tan malo. No como aquella vez por teléfono. Y definitivamente no merecedor de desatar lágrimas en enfermeras inocentes.

Tal vez es todo un acto. Todo es una treta. Obviamente.

Él habla con la paciente por unos minutos, y luego algo pasa. Algo glorioso, que ocasiona que los cielos se abran y causa que los ángeles canten y la pequeña luz de la oportunidad caiga sobre la habitación.

Me da una oportunidad de corregirlo. Una oportunidad que la mayoría de las enfermeras ignorarían, pero que yo estoy muy dispuesta a discutir porque… bueno, es por el paciente, después de todo. Claro.

El diablo en mi hombro se ríe con malicia.

"Cambiare tu medicación para el dolor a Vicodin," dice. "Puedes tomar de una a dos tabletas cada cuatro a seis horas si las necesitas, ¿de acuerdo? Solo pídeselas a la enfermera. ¿Necesitas algo para el dolor ahora?"

La Sra. Benson asiente. Aclaro mi garganta, pero el Dr. Cullen me ignora.

"Srta., um…"

"Es Bella," digo, mi voz dulce como el azúcar. Al parecer si olvido mi nombre después de todo. Idiota.

El me lanza la mirada. "Bella. ¿Podrías darle a la Sra. Benson algo para el dolor, por favor?" pregunta fríamente, despidiéndome de la habitación. Es un cambio de 180 grados al tono que uso con su paciente.

Pero no me voy. "De hecho no creo que su elección de medicación sea una gran idea," digo a cambio, reuniendo toda la fuerza interior, herencia de mi padre y su padre y, demonios, el padre de todos. Así no soy yo, pero estoy comprometida en llegar hasta al final. Por Ángela.

Puedo prácticamente escuchar la tensión de sus músculos mientras cada fibra de su cuerpo se tensiona. Me voltea a ver, sus ojos oscureciéndose. "¿Oh? Pues afortunadamente para ti, solo eres la enfermera, Bella. No tienes que tomar esa decisión."

Solo la enfermera. Quiero golpearlo.

Su voz es tan dura, tan fría, que alguien más probablemente flanquearía, pero eso demostraría debilidad. Y si hay algo que no voy a hacer en mi momento decisivo – en el momento donde yo, enfermera Bella Swan, le muestro al Dr. Cullen, una hazaña que probablemente se debía haber hecho años atrás y que probablemente no se hará nunca más por la especie de las enfermeras – es mostrar debilidad.

"Solo estoy velando por el mejor interés de mi paciente, Dr. Cullen." Volteo a ver a la Sra. Benson, que nos observa con los ojos abiertos, pero cuidadosos. "¿No es eso lo que quiere usted que hagamos, Sra. Benson?"

"Por favor, ilumíname, Bella, ¿Por qué piensas que mi elección de medicación es una mala decisión?"

Este puede que no sea el mejor argumento del mundo, pero al menos es algo. Deberá molestarlo, al menos, lo que en realidad es lo único que busco. Así que me lanzo.

"Bueno, Dr. Cullen, la Sra. Benson fue admitida con una fractura de columna, lo que causa que se queje de dolor constantemente. Podemos asumir que este dolor será aliviado con el vicodin, pero basándome en mis experiencias previas con fracturas espinales y osteoporosis, lo dudo. Asumiendo que no encuentre alivio, va a pedir la mayor dosis de Vicodin cada cuatro horas, que es 100mg de Tylenol. Esto terminaría siendo 5,000mg de Tylenol en un día. Parece demasiado para una señora de ochenta años, ¿no le parece?"

Lo logre – lo contradije enfrente de su paciente, utilizando la jugada llanto-Cullen a la inversa. Al menos, así es como lo voy a llamar.

Lo veo directamente a los ojos, mi voz nivelada y tranquila. Estoy segura que si las miradas mataran, estaría tirada en esta habitación muerta. Su mirada es letal.

Quiero acobardarme en el rincón, pero me mantengo plantada. Es demasiado tarde como para arrepentirme ahora – no sin verme estúpida.

"Bella" Por Dios con el nombre. "Establecí los parámetros por una razón. Es tu trabajo como enfermera el monitorear su consumo y asegurarte que no sufra una sobredosis."

"Dr. Cullen," así es – dos pueden jugar este juego. "Puede tratar de justificar eso todo el día, pero la realidad es que la siguiente enfermera va a darle su medicación para el dolor a la hora pertinente si el paciente tiene dolor. La forma en que usted lo ordeno. Y va a ponerla en peligro de deficiencia de hígado."

Sus ojos van a la Sra. Benson, que parece completamente entretenida por la situación. Me sorprende que no haya presionado el botón y pedido una bolsa de palomitas aun.

Sus ojos vuelven hacía mí, oscuros y enojados. "Terminaremos de discutir esto afuera."

Me marcho, no me molesto en esperarlo. No estoy segura cuánto tiempo más puedo poner este frente duro. No soy así. Puedo defenderme a mí misma claro. Pero, ¿iniciar un comportamiento tan bajo? ¿con alguien tan intimidante, con nada más y nada menos, que el Dr. Cullen? Y sexy, no olvidemos que es sexy.

Pero pienso en Ángela, y sus lágrimas, y me doy cuenta que valió la pena.

Luego siento una mano en mi brazo, girándome. Estoy presionada contra una pared, y toda la ferocidad, toda la furia que es el Dr. Cullen está canalizada hacia mí en un enojado e impecable ceño. No suelta su agarre, pero estoy consciente que puedo gritar fácilmente si las cosas se vuelven desesperantes.

Esto, si soy sincera, no me hace sentir mejor.

"¿Qué piensas que estás haciendo?" me dice en voz baja, su rostro a centímetros del mío. Soy cautelosa, y francamente, estoy un poco furiosa que me esté tocando mientras dice esto. Sin mencionar que tal vez un poco excitada.

¿Qué me sucede? Rápidamente libero mi brazo de su agarre, asqueada conmigo misma.

"Solo protegiendo a mi paciente de errores médicos perjudiciales," digo maliciosamente.

"Hay un momento para discutir esas cosas, y eso no incluye a un lado de la cama del paciente. Y definitivamente no enfrente de mi paciente." Mantiene la voz baja para que no viaje por el corredor, pero su tono es tan duro que puede cortar acero.

"Si, bueno, hay tiempo para discutir tus quejas con una enfermera si no le gusta lo que está haciendo. Y definitivamente no enfrente de su paciente:"

Está confundido, pero no menos enojado. "¿De que estas hablando?" susurra.

"Estoy hablando de cuando humillaste a Ángela enfrente de su paciente el otro día."

El momento se pinta en su rostro, pero tan rápido como vino se fue. "Lo que paso entre otra enfermera y conmigo no es de tu incumbencia. Sería bueno que te preocuparas por ti misma, Bella."

"¡Encuentro eso difícil cuando mi amiga está llorando en el baño por lo que hizo!"

Mi dedo esta de repente pinchando su pecho de forma acusatoria, probablemente cometiendo el único error en el millón de tragedias registradas entre doctores y enfermeras. Me pregunto si me puedo meter en problemas por esto. Me pregunto si él puede meterse en problemas por esto.

Luego me siento mal por Ángela. Obviamente la delate, con suerte no estaba tratando de parecer fuerte y confiada.

"Tal vez tu amiga necesita un poco de carácter. Es un mundo malo, Bella. No todos van a estarla tomando de la mano y siendo amables con ella."

Qué. Imbécil.

Justo como los doctores pretenciosos que he conocido, este no es diferente. El Dr. Cullen se gana el premio como el mayor pretensioso hijo-de-perra del día. Y ya he tenido suficiente.

Me alejo de él, lejos de la pared, y él afortunadamente se hace para atrás para darme algo de espacio. Probablemente hubiera lanzado mi rodilla a sus amiguitos si no fuera atractivo, o no. He terminado.

"Se llama humanidad," le espeto. "Cortesía común. No echarle mierda a tus compañeros. Somos un equipo, Doctor. No sus esclavos."

Me precipito de regreso a la estación de enfermeras, dejándolo en el pasillo. No estoy segura de que hacer - ¿puedo sentarme mientras el sigue por aquí y pretender que nada de esto ha pasado? Va a regresar en cualquier momento para terminar los historiales…

Pero no tengo que decidir. Alice me encuentra, con ojos frenéticos, y rápidamente me toma del brazo y me aleja de ahí. Me mete a la sala de suturas.

"¿Qué demonios fue eso?" demanda, respirando pesada y emocionadamente. No sé cuál demonios es su problema.

"¿Qué?" pregunto inocentemente, no queriendo delatarme si ella, de hecho, está refiriéndose a algo completamente no relacionado con nuestro pequeño show en el pasillo. Pero eso es altamente poco probable. Su mirada escéptica me dice esto.

"¿En serio?" dice. "¿Realmente vas a negar ese pequeño show que acaban de hacer ustedes dos?"

Veo detrás de mí, preocupada. Pero la puerta está cerrada y no hay nadie más aquí. "¿La gente nos vio?" pregunto ansiosa.

"Solo yo, creo."

"Gracias a Dios," no me preocupo en esconder mi suspiro de alivio.

"¿Qué fue todo eso de todas formas?"

No tiene sentido el mentirle. Si hay alguien aquí en quien puedo confiar, me imagino que es ella.

"Lo contradije enfrente de su paciente," explico. Sus ojo se abren de forma cómica, así que rápidamente le digo la verdad. "Um… a propósito. Solo para molestarlo."

Sí, eso suena muy noble de mi parte. En menos de lo que canta un gallo la nueva a propósito hace enojar a todos los doctores. Así que ¿debería aceptar mi premio por la Enfermera del Año ahora o después?

"¡Estas bromeando!" ella suspira emocionada. "¿pero por qué? ¿fue por la llamada el otro día?"

Continuó y le cuento toda la historia, empezando con Ángela y terminando con todo lo que dijo antes de que me fuera. Dejo de lado la parte sobre lo linda y limpia que es su piel o lo bien que olía su colonia para después de afeitarse mientras estaba usando todo su control para evitar matarme en el pasillo.

Ella responde con una risa. "Dios, no puedo esperar para contarle a Emmet sobre esto," dice.

Jadeo, mis ojos abriéndose en alarma. "¿Qué? No, no puedes decirle a Emmet," argumento.

"¿Porque no?"

"No quiero que esto se sepa, Alice. Apenas llevo una semana trabajando aquí. ¡Por favor, por favor, por favor no le digas a Emmet!"

Ella frunce el ceño en desaprobación, pero eventualmente asiente.

"De acuerdo, no lo hare," me asegura. "Tu secreto está a salvo conmigo, supongo." Parece que alguien acaba de patear a su cachorro.

Suspiro aliviada y le agradezco.

Lentamente regresamos a nuestro lugar en la estación de enfermería. Considero el rondar por ahí, o ir a esconderme a una habitación de un paciente o algo, pero me niego a darle esa satisfacción al Dr. Cullen. Sin mencionar que la sala de médicos es visible directamente desde este asiento.

Secretamente espero que ya se haya ido.

Pero mientras salgo de la habitación, puedo ver que el sigue ahí. Se ve agobiado, su vista sobre el historial, cambiando las páginas con más fuerza de la necesaria. Él no me ve hasta que lo paso en la estación.

Sus ojos verdes se encuentran con los míos, enojados, entrecerrados y aún más ardientes de lo que recuerdo con anterioridad. Son latentes, prácticamente invitándome a que regrese para una revancha simplemente para que pueda presenciar su intensidad desde un rango tan corto de nuevo.

Me escapo a la sala de descanso, tratando de poner bajo control mi fuerte respiración mientras reevaluó todo lo que ha pasado y la forma en que me siento en ese momento.

El Dr. Cullen obviamente tiene alguna clase de loco poder vudú en sus ojos, y cada fibra de mi ser tomara precauciones de evitar su efecto.