Siento que sea un poco tarde y se que probablemente en alguna parte del mundo ya no es viernes jajaaj pero aqui esta el capítulo. Espero que lo disfruten.

Disclaimer: Esta historia no me pertenece solo soy una traductora de la historia original de 'Doctor's Orders' de mybluesky. Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer.


Capítulo 2 – Prefiero CornFlakes

No veo otra vez al Dr. Cullen por el resto de la semana. No significa que lo estuviera buscando o algo. Esto es simplemente una inocente observación.

Sin embargo, pronto es aparente que Emmet está al tanto de nuestra pequeña demostración en el pasillo. Me saluda una mañana con una sonrisa de sabelotodo y discretamente dice, "Así que… me entere que tú y el Dr. Cullen hicieron un pequeño baile de apareamiento en el pasillo el otro día."

No puedo evitar ocultar mi jadeo de sorpresa. Jessica, escuchando como de costumbre, me ve de forma asesina.

"¿Cómo te enteraste?" demando, mi voz baja en advertencia. Estoy casi segura que la única persona que sabía era Alice. ¿Ella me delató?

La respuesta de Emmet es simple. "Él me dijo."

"¿Él? ¿Quién es él?"

"Dr. Cullen, por supuesto. Vamos, Pockets. Despierta." Ondea su mano frente a mi cara y yo instantáneamente la golpeo quitándola de mi vista.

¿El Dr. Cullen hablo de mí? Mierda. Esto no puede ser bueno.

"¿Hablaste con él?" pregunto con entusiasmo, y sé que debo sonar patética. Debería estar pretendiendo que no me importa.

"Si, nos llevamos bien," dice. Esto al parecer no son noticias nuevas, pero estoy sorprendida.

"Bueno, ¿Por qué no lo dijiste antes?" mi tono es acusador. No pretendía que sonara así, pero diablos, hubiera sido bueno saberlo. Pudo haber agregado esto antes o después de su pequeño discurso sobre Tyra Banks.

Luce confundido. "¿Debería escribir una lista de todas las personas con las que paso el rato o algo así?" pregunta sarcásticamente.

"Cierra la maldita boca, Emmet. Sabes lo que quiero decir." Se encoge de hombros. "Y, ¿Qué te dijo?" persisto.

"Que esta locamente excitado y que quiere ser el padre de tus hijos."

Dice esto con una cara sería. Y debería saberlo mejor… realmente debería. Pero como ser padre de dichos hijos requeriría deliciosamente sucio foreplay – del tipo que si debo admitirlo ha ocupado mi mente en más de una ocasión esta semana – hago la cosa más tonta que podría hacer y permito que mi boca se abra antes de pensar.

"¿En serio?"

Las palabras en realidad suenan algo esperanzadas, lo cual es terriblemente vergonzoso. Ni siquiera medio segundo después de que salieran deseó poder arrepentirme.

Emmet bufa. "No, en realidad no"

Raramente me sonrojo, pero sospecho que mi cara está lo suficientemente roja como para freír tocino.

"Si, está bien. Porque eso sería raro," digo, tratando de restarle importancia. Pero no logro engañarlo. Me ve con curiosidad.

"Y, ¿has conocido a mucha gente por aquí?" me pregunta, me alegro que el tema ha sido cambiado.

"En realidad no. Solo a ustedes. Oh, y este raro que vive a dos apartamentos del mío. Puedo escucharlo vomitando a través de 5 juegos de paredes cada mañana. Es asqueroso."

Parece impresionado. "Wow, Pockets. Me ganaste. Mi vecino solo me pide leche y esas mierdas. Nunca he tenido el placer de escucharlo vomitar antes del desayuno."

"Si, bueno. Tienes que escoger tu apartamento sabiamente estos días. De otra forma, te lo pierdes."

"Claro, claro. Bueno suena como si tu vida social no fuera muy estimulante." Su tono es conversacional y sin embargo sarcástico, pero no me ofendo. Mi vida social es una mierda en este momento. Lo sé.

Después del trabajo, usualmente me voy a casa, veo a un poco de televisión antes de quedarme dormida en el sillón. Los días que no trabajo, no hago mucho excepto desempacar y hacer algunos mandados de vez en cuando para que al final del día mínimo termine una o dos cosas pero aun así sentir que tuve un día productivo lleno de tareas. Mantenerme ocupada me hace sentir un poco menos patética.

"Pues, mi sillón está teniendo mucha acción si a eso te refieres."

Emmet asiente. Ni siquiera parece que me está escuchando, o tal vez no le importa. "Así que supongo que aún no has encontrado a nadie que te interese," dice casualmente.

Estoy un poco perturbada por el abrupto cambio de esta conversación. "¿Qué me interese?"

"Si, tu sabes. Para hacer bebes y esas mierdas."

Suspiro. "Emmet…"

"Solo sígueme la corriente, Pockets. ¿Has visto alguien que se te haga atractivo?"

¿Aparte del sexy, grosero doctor que me odia? Para ser honesta, no nadie más ha llamado mi atención.

"En realidad no," miento.

"Bien. Conozco a alguien que será perfecto para ti. Solo dime cuando quieres conocerlo."

Estoy sorprendida. "Oh, yo uh… yo no voy a citas a ciegas," escasamente protesto. "Perdón."

"Tú no ibas a citas a ciegas," me corrige. "Ahora sí. ¿Sábado en la noche suena bien para ti?"

"No"

"De acuerdo. Viernes en la noche será."

"No, Emmet-"

"Dios, Pockets," exclama, exasperado. "Solo aguántate y ve. No trabajas este fin de semana y ya dijiste que no estabas viendo a nadie, que se traduce en pasar horas en tu sillón sola todas las noches. Lo mínimo que puedes hacer es salir y conocer gente."

Frunzo el ceño, porque demonios, tiene razón. Necesito conocer más gente. Pero si esta cita termina mal, que Dios me ayude, serviré a los amiguitos de Emmet en una charola.

"De acuerdo," me quejo, girando mis ojos en irritación. "Pero no esperes que me la pase bien."

Emmet sonríe, lo que deja un extraño sentimiento de inquietud en la boca de mi estómago. "Nunca soñaría con eso, Pockets."

x-x-x

Alice se auto invita a mi pequeño apartamento para que pueda ayudarme a arreglarme para mi cita. Insisto en que no necesito ayuda – quiero decir, no soy estúpida, puedo hacer combinar una blusa y un par de pantalones – pero ella no escucha nada de esos disparates.

Revisa las cosas en mi closet, jadeando y suspirando cada dos segundos. Se pone más y más agitada por minuto.

"¿Ves esto?" ella sostiene una de mis camisas de franela de manga larga, extra grandes, un remanente de mi última visita a la casa de Charlie. "Estas nunca servirán. No van con nada." Las lanza a la cama, pero chocan con el borde y se apilan en el piso.

"¡Hey!" protestó, apurándome a recogerlas. Las acuno en mis brazos como si fueran un recién nacido, protegiéndolas de cualesquiera que sean los problemas de Alice en este momento.

"Es una camisa de hombre, Bella," dice moviendo la cabeza, incrédula.

"Las uso en el apartamento. No tiene nada de malo, son muy cómodas."

"Pero, ¿Qué tal si un chico lindo viene?"

Ese es un argumento débil. Chicos lindos no vienen a tocar a mi puerta como si estuviera en algún tipo de película porno con un fetiche por los repartidores de pizza.

"¿Por qué habría de venir un chico lindo?" pregunto.

Alice está enterrada en algún lugar en lo profundo de mi closet. Puedo escuchar su voz, pero es difícil saber de dónde viene. "Siempre debes de verte linda cuando estas soltera, Bella. Tienes que estar lista. Por si acaso."

Pongo los ojos en blanco. Nunca he puesto mucho esfuerzo cuando se refiere a hombres. Si tengo que arreglarme como muñeca y pretender ser alguien que no soy para llamar su atención, entonces realmente no vale la pena. Y para ser honesta, no son el tipo de hombre que quiero atraer de todas formas.

Me concentro en mi maquillaje. No uso demasiado, pero me enfoco más en mis ojos cuando me estoy arreglando. Un poco de delineador difuminado puede darte un lindo, seductivo aspecto, y esto puede ser beneficial si la cita vale la pena.

Pero para ser honesta, estoy un tanto nerviosa. Parte de mi confía en Emmet, pero otra parte sospecha que sería capaz de arruinarme en un nanosegundo si significa que tendrá su momento diversión a mis expensas.

"¿Estas segura que no conoces a este tipo?" Le pregunto a Alice. Todo lo que me han dicho es que es alto, tiene cabello oscuro, y que su nombre es Anthony. Alice nunca ha escuchado nada de él, lo que es sospechoso.

"Nop," contesta.

"¿No crees que es un poco extraño que nadie lo conozca?" pregunto.

"Es amigo de Emmet, al parecer," dice Alice, como si eso resolviera todo. "Así que Emmet ha de pensar que es bueno. Y no me preocuparía que fuera un asesino serial o algo así porque aun te queda una semana de orientación. Esa es toda una semana que Emmet planea ponerte a hacer su trabajo, así que no se atrevería a comprometerte antes de eso."

Asiento. Eso es verdad.

Afortunadamente, ya forcé a Alice a establecer un código secreto conmigo. Si la cita es un fiasco me disculpare para ir al baño, le mandare un mensaje de 911, y luego a esperar por la llamada de emergencia que será mi excusa inminente para mi escapada.

No sé cómo funcionan estas cosas o como la gente lo logra para ser honesta. Nunca he ido a una cita a ciegas antes; la noche entera he estado tratando de idear maneras de ver a este tipo de forma estratégica antes de que sepa que estoy en el restaurante. De esta forma, puedo escapar antes si las cosas no se ven bien.

No es que sea superficial ni nada de eso, pero tengo mis límites.

Desafortunadamente, esto no es posible sin saber el acomodo del restaurante antes de tiempo. Y nunca he comido ahí antes. Sin mencionar que no tengo la más remota idea de cómo luce este tipo o como siquiera voy a encontrarlo. Si, las citas a ciegas no son realmente lo mío.

Estoy lista en el margen de una hora – un tiempo usualmente largo para mí, pero Alice insiste en cambiar mi conjunto tres veces antes de decidirse por una falda hasta la rodilla color azul marino y una blusa que hace juego. Uso tacones bajos y un ligero suéter y dejo mi cabello ondulado caer en mi espalda.

Estoy a tiempo fuera del restaurante, incluso tengo unos minutos de sobra, lo que es bueno porque me da la oportunidad de permanecer en la entrada y darle un vistazo al lugar.

Hecho una ojeada dentro, decepcionada de descubrir que hay una pared gigante en el centro que cubre todo el maldito comedor. Lo miro con desdén y camino penosamente dentro, deteniéndome cuando la anfitriona se dirige a mí.

"¿Para cuantos?" pregunta amablemente.

"Dos, pero de hecho me voy a encontrar con alguien aquí," le explico. "Su nombres Anthony. Es alto con cabello oscuro."

Le digo todo lo que sé. Dios me ayude si eso no es suficiente.

"¿Anthony?" Escanea un papel frente a ella. "No tengo a nadie llamado Anthony en mi lista. Pero creo que sé de quién hablas. ¿Es una cita a ciegas?"

Estoy confundida pero asiento de todas formas. "Sí."

Trata de contener una pequeña, deliberada sonrisa. "Por aquí."

Caminamos a alrededor de la gran pared, avanzando al área del comedor. El lugar es concurrido, pero no muy lleno. La atmosfera es silenciosa y neutral, la iluminación sombría pero romántica con una pequeña vela en cada mesa. No puedo evitar ver cada mesa como un francotirador, buscando con entusiasmo la única mesa con un solo ocupante.

No veo esta mesa hasta que es muy tarde – estamos solo a dos pasos de distancia. Para ese momento, el cabello de bronce y ojos verdes han atrapado mi mirada, y me detengo abruptamente.

¿Qué demonios?

Ambos fruncimos el ceño, reflejando la expresión del otro, y me aseguro a mí misma que debe haber una clase de error. Seguramente Emmet no me arreglaría una cita con el presumido Dr. Cullen. ¿Verdad?

Mierda.

El Dr. Cullen se levanta a mi llegada. La anfitriona jala mi silla por mí. "Aquí tiene, señorita," dice profesionalmente. Por unos segundos, me quedo viendo la silla completamente en blanco, como un zombi. Me acerco y me siento.

La anfitriona me da ofrece pequeña sonrisa mientras se retira, obviamente enamorada de los buenos atributos del Dr. Cullen. Él se sienta también, viéndome con cautela. Se ve igualmente confundido.

Por unos pocos dolorosos momentos, ninguno de los dos habla. Contemplo disculparme al baño para mi mensaje de emergencia, pero tan pronto tomo la decisión, el Dr. Cullen aclara su garganta.

"¿Esto es una broma?" me pregunta seriamente.

A pesar de que yo estaba pensando exactamente lo mismo. No puedo evitar sentirme un poco ofendida.

"Esa es una buena pregunta," digo altivamente. "Tal vez es algo que debería estarte preguntando a ti."

"¿A mí? ¿Por qué?" Parece más molesto de lo que yo estoy, lo que es mucho decir. Disfruto viendo al hombre, pero por Dios, no quiero verme forzada a conversar con él por todo el transcurso de una cena.

"Emmet es tu amigo, ¿no?"

"¿Crees que le pedí que arreglara esto?" pregunto sorprendido. No fue exactamente lo que pensé, no, pero me ofendió de todas formas.

"Realmente espero que no. ¡No después de que prácticamente me acosaste en el pasillo!"

Abre su boca para negar mi declaración, pero somos bruscamente interrumpidos por nuestro mesero, que se presenta como Riley. No estoy segura siquiera si debería molestarme en ordenar algo, pero el Dr. Cullen me ve impaciente forzándome a tomar una decisión precipitada.

Rápidamente ordeno una bebida, siendo cuidadosa de hacer mi punto de vista notar cuando agrego, "Que sea doble. Voy a necesitar algo fuerte esta noche."

La quijada del Dr. Cullen se aprieta, pero no dice nada mientras pide algo similar. Noto que esta vestido impecable en una camisa, con pantalones de vestir azul marino y una corbata azul marino que combina. Su cabello, aunque un poco más domado que lo que está en el trabajo, aun un glorioso desorden. Esta recién afeitado y puedo oler su colonia, sutil pero tentadora, desde el otro lado de la mesa.

El mesero se va, y nos quedamos en otro lapso de silencio incómodo.

El Dr. Cullen escanea su menú y me ignora, sus ojos duros y su cuerpo tenso. Para ser honesta, es algo sexy así. No puedo evitar ser atraída, de nuevo, por su absoluta belleza. Especialmente cuando lo imagino con su uniforme (scrubs), un factor que considero ligeramente inquietante.

Eso y el hecho que me imagino sobre su regazo y lamiendo su quijada.

Santa mierda.

Cuando levanto la mirada de mi menú, lo encuentro viéndome, sonriendo con aire de suficiencia.

"¿Qué?" digo sin pensar, cohibida y recelosa

"No te vas, ya veo," dice de forma condescendiente.

Lo miro justo en el momento en que Riley coloca mi bebida frente a mí. Cierro mi menú, mi mente decidida, y tomo un gran trago de mi Whisky Sour. Le sonrió a Riley en gratitud, y luego me giro de nuevo al Dr. Cullen, mi determinación regresando, el Dr. Cullen parece divertido.

"Bueno, después de que fuiste muy grosero conmigo el otro día, creo que lo mínimo que puedes hacer es invitarme la cena," contesto.

Dr. Cullen no contesta, pero es probablemente porque Riley sigue ahí, pacientemente esperando por una oportunidad de hablar. Él nos está sonriendo, aparentemente no tomado fuera de lugar por mi declaración.

"¿Están listos para ordenar?" pregunta amablemente. El Dr. Cullen y yo nos miramos. De mala gana, ambos asentimos.

Ordeno lo más caro en el menú y agrego cualquier otro pequeño costo. Secretamente espero que el Dr. Cullen no se levante y se vaya, porque no hay forma de que yo pueda pagar esto después de haber estado trabajando hace menos de un mes y con todos los gastos de la mudanza. Pero no pienso en eso en este momento.

Me siento un poco mierda por hacerle esto a él, pero no lo suficiente para hacerme cambiar de opinión.

Pero luego, para mi sorpresa, el Dr. Cullen ordena algo igual de caro y entrega el menú con una agradable sonrisa. Incluso le agradece al mesero.

Solos de nuevo, y el silencio continua. Ambos sorbemos nuestras bebidas, evitando contacto visual, y todo lo que puedo pensar es que daría cualquier cosa por saber qué es lo que está pensando.

Mi lado paranoico está….bueno… paranoico. ¿Qué es lo que quiere? ¿Porque no está hablando? Lanzo miradas rápidas a su dirección, pero está perdido en sus pensamientos, evitando a propósito mi mirada.

Riley eventualmente me trae una nueva bebida. Justo cuando estoy empezando a sospechar que pasaremos toda nuestra cena en silencio, el Dr. Cullen se mueve en su asiento y habla.

"Mira, siento mucho lo que sea que paso el otro día." Me sorprende que se esté disculpando. Lo que no me sorprende son sus siguientes palabras. "Sin embargo, no debiste haberme contradicho enfrente de un paciente." Su voz es calmada y segura. Él cree firmemente en esto.

Pienso por un momento y decido ser honesta. "Tienes razón, tal vez no debí hacerlo. No fue profesional. Pero debes saber que lo hice a propósito para molestarte."

Tal vez eso fue demasiado honesto, pero él no parece sorprendido. Tal vez lo sospechaba. "Bueno, funciono," dice. "¿Puedo preguntarte por qué?"

"Porque estabas siendo un imbécil arrogante."

Su rostro se oscurece, y puedo notar que quiere discutir, pero Riley escoge ese momento exacto para traernos nuestra comida. Nos recargamos en nuestras sillas mientras todo es acomodado. El Dr. Cullen está claramente molesto y manda a volar groseramente a Riley cuando nos pregunta si necesitamos algo más.

Riley voltea conmigo confundido, así que yo sonrió dulcemente antes de despedirlo.

Tan pronto esta fuera de nuestro rango de audición, el Dr. Cullen se inclina hacia adelante y murmura molesto. "¿Te conozco de algún maldito lugar? Me conociste que… ¿un minuto antes? ¿y ese fue suficiente tiempo para llegar a esas conclusiones?"

"Hable contigo por teléfono el otro día, de hecho," siseo. "Y eras tan imbécil en ese entonces como lo eres ahora. Y también hiciste a mi compañera llorar después de que la humillaras enfrente de su paciente. ¿No se siente bien, verdad?"

Sorprendentemente, el Dr. Cullen no responde. Se recarga en su asiento y se aprieta el puente de la nariz con dos dedos, luciendo un poco estresado, y luego suspira antes de tomar su tenedor y empezar a comer. No me voltea a ver y ninguno de los dos habla.

Con cautela levanto mi tenedor y comienzo a comer, concluyendo que esto debe de ser la cosa más ridícula que me haya pasado jamás. No puedo ni siquiera entender porque sigo sentada aquí.

Después de un momento, el Dr. Cullen se calma. Me voltea a ver, su voz controlada. "Tienes razón, Bella. Estaba siendo un imbécil. Estaba teniendo un mal día y no debí haberme desquitado con ella."

No puedo creer que este disculpándose. Estoy un poco sorprendida, pero más que nada estoy… ¿aliviada?

Pero no lo dejo librarse tan fácilmente. "Deberías decirle eso a ella, no a mí," dije.

Esto es verdad, pero me siento terrible en el instante que las palabras salen de mi boca. El Dr. Cullen está tratando de aceptar sus errores y ser la mejor persona. Lo mínimo que puedo hacer es aceptar su maldita disculpa.

Doy marcha atrás. "Lo siento," rápidamente balbuceo. "¿Sabes qué? No debí haber dicho eso."

Parece como que quiere concordar conmigo, pero no lo hace. Sus ojos verdes se posan en los míos, pero por lo demás, me ignora.

Hay otro silencio incómodo. No hay ningún ruido aparte del suave ruido de nuestros tenedores contra el plato y los murmullos a nuestro alrededor. Esto está bordeando lo ridículo.

Finalmente suelto un sonoro, exasperado suspiro. "Mira, ¿podemos volver a empezar? Todo esto es estúpido. Tienes razón, no te conozco y tú no me conoces. No debía haber saltado a esas conclusiones y… tú sabes… hacer lo que hice.

"Y aparte, me acabo de mudar aquí," continuo. "Es demasiado pronto como para estar odiando personas. No me gusta odiar personas. Es solo que me molestaste. Luego me gritaste, y no me gusta que me griten tampoco."

Sus ojos encontraron los míos de nuevo, y esta vez se ve un poco perplejo. "No grite."

"Hablar en bajos, detestables tonos es lo mismo que gritar," argumente. "Solo no querías llamar la atención."

Encoge los hombros. Tengo la razón y lo sabe. Luego me ve de nuevo, su expresión seria. Se inclina un poco hacía a mí. "¿Así que, me odias?"

¿Qué demonios quiere este tipo de mí?

"Bueno, no me caes bien," reitero. "Creo que eso es bastante fuerte considerando que ni siquiera te conozco. Para ser honesta, no he pensado mucho en ti, así que es un punto discutible," miento.

Sonríe, y yo resisto la urgencia de poner los ojos en blanco. ¿Por qué tiene que ser tan atractivo? Esto sería más fácil si él fuera… digamos… gordo o calvo. O tuviera alguna condición en la piel. Lo que sea..

"Lo que digas, Bella." Por su mirada, parece que sabe algo, y de repente me encuentro un poco paranoica de que de alguna forma sabe sobre esos lujuriosos pensamientos que he estado teniendo.

"¿Y eso que significa?" pregunto a la defensiva. Demasiado a la defensiva, estoy segura, porque sus cejas se levantan por la sorpresa.

"No significa nada," dice simplemente.

"Mmm hmm."

Continuamos comiendo.

Después de un momento, digo. "No me pareces el tipo de persona que va a citas a ciegas."

Se aclara la garganta. "Si, bueno, Emmet me molesto hasta que accedí. Dijo que tú y yo éramos prácticamente una pareja hecha en el cielo."

Ambos nos burlamos.

"Ese imbécil. Deberíamos de hacer algo para vengarnos," digo.

El Dr. Cullen parece divertido. "¿Cómo qué?"

"No lo sé. ¡Oh! Podemos arreglarle una cita con esa Dra. Hale. ¿Has notado la tensión sexual entre esos dos?"

Se ríe, y me doy cuenta que es la primera vez que lo he visto sonreír. De verdad, de verdad. Y es hermoso, y hace que mi interior se retuerza, pero rápidamente me compongo y trato de parecer como si no me afectara.

"Sabes, ellos en realidad…uh… tuvieron un aventura una vez," me dice.

No sabía esto, y estoy de repente perpleja de interés. "¿Oh? Comparte," tomo algunas papas con el tenedor y me las como, viendo al Dr. Cullen esperando.

"No hay mucho que decir. Tuvieron sexo, y luego aparentemente ella lo mando a volar. No sé exactamente por qué, pero Emmet cree que es porque ella es doctor y el un enfermero."

Sé que su intención no es ofender a nadie con esas palabras, pero me encuentro erizada por su declaración. "¿Oh, en serio?" pregunto, mis palabras lentas y deliberadas. "¿Así que él no es lo suficientemente bueno para ella, entonces? ¿Es eso?"

El Dr. Cullen luce ofendido, y me doy cuenta que mi tono pudo haber sido un poco acusatorio. "No lo sé," responde lentamente. "Eso es solo lo que Emmet piensa."

"¿ que piensas?"

Hace una pausa, y dice. "Creo que tiene razón."

Lentamente cuento hasta cinco en mi cabeza. En realidad íbamos muy bien por unos cinco minutos más o menos. Es una lástima.

El Dr. Cullen me ve con cautela. Debe sentir mi afligir.

Me toma toda onza de mi control para no desatar mi ira contra él. "¿Eso es lo que piensas, entonces? ¿Qué los doctores son mejores que las enfermeras?" Mi voz inquietantemente tranquila.

"¡No! nunca dije eso," dice rápidamente.

"Pero la Dra. Hale lo piensa."

"En caso de que no lo notaras, yo no soy la Dra. Hale."

Me volteo a mi comida, que empieza a enfriarse, y pongo mi atención a eso. Cuando levanto la mirada de nuevo, el Dr. Cullen me está viendo con una pequeña sonrisa.

"¿Qué?" pregunto severamente.

La sonrisa de sus labios no flaquea. "¿Siempre estas a la defensiva?"

Frunzo y empiezo a partir mi bistec. "No."

"Ya veo," me ve por un momento y luego agrega. "El bistec es inocente, sabes." Lo apunta con su tenedor.

Suspiro y levanto mi trago, tomando un largo sorbo. Realmente estoy herida. Debo intentar relajarme, pero la verdad, ahora que nos estamos empezando a llevar un poco, estoy un poco nerviosa.

Le hago una seña a nuestro mesero para que me traiga otra bebida.

"Así que," digo de forma conversacional, esperando eliminar la animosidad que pude haber creado entre nosotros. "¿Tienes un nombre? ¿O debería seguir llamándote Dr. Cullen?"

Sé cuál es su nombre, pero tan raro como suena, quiero su permiso para llamarlo así. De otra forma, realmente debe odiarme y todo se mantendrá profesionalmente como antes.

"No estaba al tanto de que me siguieras llamando Dr. Cullen," dice, sonriendo.

"En mi cabeza lo hago," clarifico.

"Bueno, mi nombre es Edward," ofrece. "Y si, en realidad preferiría que me llamaras Edward."

Asiento, sin embargo de la nada la imagen mía montándolo mientras grito su nombre Dr. Cullen aparece en mi mente. Estoy legítimamente mortificada y bajo mi cabeza, esperando ocultar mi llameante rostro.

El frunce el ceño. "¿Estas bien?" pregunta, preocupado. Aclaro mi garganta y asiento.

"Estoy bien."

Me empino mi bebida, y en este punto estoy finalmente empezando a relajarme. El alcohol me da el coraje y me permito observarlo un poco, admirando su hermoso rostro. Trato de ser sutil, pero él está usando esa misma sonrisa de sabelotodo y tengo la sensación de que sabe que traigo entre manos.

Trato de limpiar mi plato, para probar un punto desconocido, pero el bistec es como de 20 onzas o algo. No creo que correr al baño con media comida colgando de mi boca va a causar una gran impresión, aunque porque me molesto en causar una buena impresión es un misterio para mí.

Edward aún está comiendo. No tengo nada que hacer, así que me entretengo deshaciendo el pan. El continúa mirándome, así que yo también continuo mirándolo. Pero me encuentro agitada por el silencio, así que suspiro y trato de iniciar un poco de conversación de nuevo.

"Así que, ¿por cuanto tiempo has sido… tu sabes… doctor?" La forma en lo que lo digo parecía que lo decía como si fuera una mala palabra, pero no lo es. No tengo idea de porque sale de esta forma. No odio a los doctores, a pesar de mis reservas sobre ellos.

"Tres años."

Parece tan joven. Finales de los veinte o principio de los treinta, cuando mucho.

"¿Hace cuánto que eres una enfermera?" me pregunta.

"Cuatro años."

"¿De dónde eres?"

Es raro como se da todo. Pasamos de odiarnos a ser civilizado a estar haciendo preguntas de interés el uno al otro. Él actúa como si realmente estuviera interesado en mí, lo que dudo que sea el caso. Probablemente solo este intentado llenar el silencio también.

"Florida. Jacksonville," contesto.

"¿Ah sí?" dice con curiosidad. "¿Por qué te mudaste al otro lado el país?"

Lo poco de Alec no es de su incumbencia, y no es algo que quiero que sepa, pero le doy una respuesta honesta. "Crecí aquí. Mi papá vive en Forks."

Sonríe. "He estado ahí un par de veces."

"Lo siento," digo automáticamente, y ambos nos reímos. Sus ojos brillan ahora. Se ve más joven que antes y su sonrisa es agradable.

"¿Qué hay de ti? ¿Eres de Seattle?"

"De hecho, de Chicago," contesta. "Pero mi mamá es de Seattle así que nos mudamos para acá cuando tenía doce. He estado aquí desde entonces."

Una respuesta tan sencilla, pero suena tan personal. Es como ponerle personalidad detrás de la cara presuntuosa… la cara que realmente no es tan presuntuosa, ahora que pongo mis prejuicios de lado y en realidad considero que podría haber detrás de todo. Tal vez solo estaba teniendo un mal día. Suele pasar.

El mesero nos ofrece algo de postre, pero estoy llena así que lo rechazo amablemente.

"¿Quieres un café o algo?" Edward pregunta. Es completamente civilizado ahora, como si nunca hubiéramos tenido nuestro pequeño altercado. "Tienen muy buenos lattes aquí."

Aún estoy sintiéndome bien por el alcohol. Sintiéndome un poco audaz. Me recargo en mi asiento y palmeo mi estómago. Guiño y es patético, pero no me importa.

"Parece que Emmet te arreglo una muy buena cita," bromeo. "Veo que no quieres que termine."

"¿Ahora quien está siendo presumido?" bromea, "Solo sucede que se cómo tratar a una chica linda en una cita. Pasa que me apodan Rico Suave."

Y esta vez, él guiña, y es mucho más sexy, aunque solo este siguiendo la corriente.

¿Y me acaba de decir linda?

"Oh. El doctor tiene sentido del humor," digo, ignorando el halago.

Se inclina hacia adelante, codos en la mesa, y si no fuera por la sonrisa plantada en su rostro pensaría que iba a decir algo alarmantemente serio.

"¿Qué doctor hecho mierda en tus cheerios esta mañana, Bella?" pregunta en voz baja. Sus ojos están en los míos y capturan mi sorpresa.

Aclaro mi garganta y tomo mi vaso, esperando tomar un trago y verme realmente genial mientras trato de pensar en una buena respuesta. Pero mi vaso esta vacío. Maldita sea.

Muevo el hielo alrededor del vaso y Edward se ve genuinamente divertido.

"Prefiero cornflakes"

Dios, soy tan patética. ¿Qué pasa conmigo? Un hombre lindo me está viendo y de repente no puedo pensar en nada ingenioso que decir. Usualmente soy mejor que esto.

"Mi error." Edward no puede contener su sonrisa mientras toma un sorbo de su trago, que aún está lleno, y se recarga en el respaldo y luce completamente genial mientras lo hace. Me siento como una idiota.

"Bueno, sabes," continua. "en realidad es un requerimiento para los doctores tomar 'Arrogancia para principiantes' antes de la escuela de medicina. No todos saben eso."

Si, el doctor tiene mucho, mucho sentido del humor.

"No, si sabía eso, de hecho," digo, "leí un estudio donde listan los beneficios de la clase en el campo laboral."

"cierto, cierto. Y si no pasas, no puedes ser doctor. Engatusa a los modestos muy rápido."

"Dios, lo último que necesitamos son doctores modestos," digo seriamente.

"Diablos, no. Los doctores modestos son la perdición de nuestra sociedad. Pasan demasiado tiempo tratando pacientes. Es insultante."

Dios, es ardiente cuando maldice.

"Concuerdo contigo. Quiero decir, ¿quién quiere ir al doctor para ser atendido? Vamos ahí para poder ver gente atractiva con dinero y sentirnos inferiores en comparación. Obviamente."

Esto es divertido. Edward parece pensarlo también, porque sigue sonriendo en mi dirección sobre su bebida. Me gustaría tener otra bebida – algo para mantenerme ocupada para no estar solo sentada aquí sin ninguna distracción – pero no le indico al mesero que me traiga otra. Ya estoy sintiendo mi tercera bebida, y necesito manejar a casa.

La cuenta es puesta sobre la mesa.

"Puedo pagar mi mitad," ofrezco, y me maldigo a mí misma por haber ordenado algo tan caro. Mi cartera está vacía por la mudanza y ni siquiera he recibido mi primer cheque.

"Esto es una cita," dice, y sus palabras tienen un dejo de broma. "Ahora deja que el doctor pague."

Quiero decir algo gracioso, pero los insultos hacia los doctores están empezando a perder su encanto. No que tuvieran alguno, pero al menos Edward siguió el juego.

Después de que paga, nos levantamos de nuestros asientos y nos vamos. Edward no me toma de la mano ni me ofrece su chaqueta ni nada romántico, porque ninguno de los dos lo ve de esa forma – estamos en una cita que fue organizada por un escurridizo amigo cuyo propósito era servir como broma. Pero sobrevivimos, y tal vez ahora somos amigos.

No todo fue un desastre.

Me acompaña a mi auto. "Sabes, esto no fue tan malo," Edward ofrece. Probablemente debería sentirme insultada, pero no lo estoy. De hecho estoy de acuerdo.

"¡Wow, gracias!" digo, bromeando de nuevo. Parece que es lo único que se hacer. No puedo permitirme tener una conversación seria con un hombre que me odiaba hace una hora y ahora hace que mi interior se convierta en gelatina con una simple media sonrisa.

"Sabes a lo que me refiero,"

"Tienes razón, lo sé," acepto. "Lo siento."

"No te preocupes. Fue divertido."

Le quito el seguro a la puerta y Edward la abre para mí. Cuando se hace a un lado, su mano roza mi brazo, encendiendo una chispa tan fuerte que ambos escuchamos un pop y simultáneamente brincamos lejos del otro.

"¡Ow!" muevo mi brazo lejos de él, sosteniéndolo con el otro de forma protectora. "¡Prácticamente acabas de electrocutarme!"

Edward se ríe mientras se frota la mano. "Debe ser mi personalidad eléctrica."

"Si, bueno, llévate esa mierda para otro lado," jadeo, metiéndome a mi auto. "Eso dolió."

Cierro la puerta pero bajo la ventanilla. Él mira hacia abajo, aun sonriendo.

"Así que, uh… creo que, ¿te veré en el trabajo?" pregunto vacilante.

Él sonríe de nuevo. Dios, es malditamente lindo. Va a ser el perfecto dulce para mis ojos cuando esté trabajando.

"Estaré ahí," me asegura.

Sonrió de nuevo. Trato de no sonrojarme. "Bien."

"Bien."

"Te veré por ahí, entonces."

"De acuerdo. Nos vemos."

Me alejo de mi lugar en el estacionamiento, despidiéndome tímidamente mientras paso. Me siento ligera y con un hormigueo en el cuerpo, y no sé porque. Me digo a mi misma que es una combinación del Whiskey Sour y el bistec de cuarenta dólares.

Sí, eso es lo que me digo a mi misma.