Perdón por la tardanza de este capítulo pero tuve un fin un poco ocupado. Mañana empieza la semana laboral pero gracias al cielo mis vacaciones empiezan el jueves! así que hay mucho que festejar al respecto y como viajare tal vez no haya actualización hasta el próximo inicio de semana, así que de una vez les aviso para que no esten esperando :). Bueno muchas gracias por aquellos que dejan reviews, que aunque son muy pocos en verdad significa mucho para mí que se tomen esos pocos minutos para poner algo!(algunos otros deberian aprender coff coff 8-) )
Así sin más les dejo el cápitulo, cada vez se va poniendo mejor!
Capítulo 5 – Los Intentos y Tormentos de Ignorar a un Ardiente Doctor
"Vi que tuviste que ser orientada por Emmet."
La Dra. Hale camina a mi lado en el pasillo mientras regresamos de hacer las rondas. Nos vemos la una a la otra mientras espera una respuesta.
"Uhhh… si," tartamudeo.
"Lo siento."
Me encojo de hombros. "No estuvo tan mal." Ella asiente y se mantiene en silencio. "¿No te cae bien Emmet?" pregunto tratando de ser sutil, aunque estoy muy consciente de que la respuesta es no. O al menos no creo que lo haga. Solo tengo una pequeña inclinación de tratar de descubrir más información sobre ellos.
Se detiene y se gira hacía mí. "¿Por qué no me caería bien Emmet?" su tono es acusatorio.
"Solo me preguntaba…"
"Emmet me cae lo suficientemente bien, Bella. No sé qué fue lo que te dijo de mí, pero yo no creería todo lo que escuchas."
"Él no ha dicho nada respecto a ti," miento rápidamente, pero ella no luce convencida. Hace una pausa y me observa un momento.
"Claro, estoy segura que no," dice finalmente, se voltea y se aleja, dejándome parada sola y un poco confundida en el pasillo.
-x-x-
Hay una pequeña habitación atrás de la estación de enfermeras donde a veces voy a ponerme al corriente con mis historiales médicos. Tiene una computadora así que puedo consultar órdenes y es callado, sin ningún teléfono sonando o un constante zumbido de llamado de las habitaciones. Es pacífico y ofrece un suspiro en un día ajetreado.
Estoy ahí ahora, escribiendo furiosamente para que pueda salir a tiempo esta noche. Parece que salir del trabajo a tu hora es algo raro últimamente.
La puerta se abre pero no levanto la mirada. Asumo que es un compañero del trabajo que vino a lavarse las manos en el lavabo que está detrás de mí.
"¡Oh! Hola… no sabía que estabas aquí hoy."
Levando la cabeza y rápidamente me volteo para ver los hermosos ojos verdes que he aprendido a querer. Están acompañados por una media sonrisa, mientras mantiene la puerta abierta con una mano y sostiene un historial con la otra.
Le sonrió, y no es forzada o falsa de la misma forma que es con otras personas. "Hola, Edward."
"¿Te molesta si te acompaño por un minuto? Solo necesito dictar un resumen de alta rápido."
"Claro." Deslizo mi silla a un lado para hacer espacio mientras él acerca otro asiento a mi lado. Me sonríe de nuevo antes de abrir el historial, ya puedo sentir mi corazón acelerarse. Esto que siento a su alrededor me vuelve loca.
"No te he visto en un par de días," nota, y me encuentro extrañamente feliz de que ha notado mi ausencia.
"Sip… he estado libre," contesto casual.
"¿Haciendo algo especial?"
"Nah. Al fin termine de desempacar." Esto es cierto. Aparte del almuerzo que tuve con Alice, he pasado la mayor parte de mi tiempo desempacando y flojeando. Fui a comprar unas mesas nuevas para la sala una vez pero regrese con las manos vacías.
"Bueno, eso es algo," dice. Levanta el teléfono, pero luego lo baja de nuevo y voltea conmigo. "¿Has estado pensando mucho en nuestra cita?" Levanta la ceja sugestivamente y yo suspiro.
"No es una cita, Edward."
"¿Entonces como lo llamarías?" pregunta, claramente divertido.
"No tenemos que llamarlo de ninguna forma."
Pone esa sonrisa de satisfacción de nuevo. "Mmm hmmm." Levanta el teléfono y comienza a marcar, pero rápidamente pongo mi dedo en el botón de colgar.
"¿Disfrutas torturarme?" le pregunto.
Apenas puede esconder su sonrisa. "De hecho, sí."
"Bueno, pues yo no. Y no eres tan irresistible como crees." Estaré sorprendida si eso suena la mitad de creíble. Edward no se inmuta, sus ojos regresan a los míos.
"No tengo idea de que estas hablando, Bella. Nunca insinué que fuera irresistible."
Está jugando conmigo, y no me gusta.
O tal vez si me gusta.
Maldición.
"¿Vas a dejarme hacer mi dictado?" Ve mi dedo, que aun está firmemente presionado contra el botón.
Entrecierro mis ojos en su dirección, recelosa, y el entrecierra los suyos también. Luego suelto el botón. Me mira por unos segundos más antes de empezar a marcar de nuevo.
Pretendo estar escribiendo mientras el dicta, pero realmente estoy colgándome de cada palabra que sale de su boca. Incluso si está hablando de la infección urinaria o ulcera de alguien. No me importa.
Su voz es… reconfortante. Es suave como la seda, y aun así profunda e incluso un poco grave a veces. Es una que hubiera disfrutado escuchar durante la escuela. Tal vez si fuera maestro, los estudiantes prestarían más atención.
Aunque pensándolo bien, probablemente se obsesionarían con lo ardiente que luce todo el tiempo. Las chicas estarían babeando por él y los chicos estarían enojados porque Edward sería de lo único que hablarían. Entonces se pondrían celosos y hablarían a sus espaldas y tal vez rayarían su carro o algo. O tal vez lo verían como un modelo a seguir, alguien por quien aspirar a ser.
Mis ridículos pensamientos son interrumpidos cuando Edward cuelga el teléfono.
"De acuerdo, creo que eso es todo. Te veo luego." Edward empuja su silla hacia atrás sin más y me deja sorprendida y decepcionada.
"¿Te vas?" dejo escapar, e instantáneamente me sonrojo por lo desesperada que sueno. Soy malísima en parecer desinteresada al respecto.
Edward me voltea a ver, y aunque no sonríe, aun puedo ver el brillo malicioso en sus ojos.
"¿Decepcionada?" La sonrisa torcida está de regreso.
Miro mis notas, sintiéndome avergonzada y frustrada. Es obvio que tiene un efecto en mí, y me molesta que pueda ver esto tan fácilmente.
"No. Está bien. Te veré luego, supongo." Estoy tratando de actuar como si nada – como si no me importada – pero Edward suspira y se sienta de nuevo.
"Solo trataba de probar mi punto," me dice.
"¿Tu punto?"
"Que te agrado."
"Obviamente me agradas, si no, no te dejaría entrar a mi oficina."
Edward bufa y ve alrededor. "¿Así que esta es tu oficina ahora?"
"¿Tiene una computadora, no? Y es donde termino mi trabajo. Cuando no me molestan por supuesto." Lo miro intencionalmente.
"Estoy casi seguro que es una sala de dictado," dice igualmente.
"Estoy casi segura que estas equivocado," le sonrió dulcemente, y de repente se acerca de nuevo.
"Acabas de admitir que te agrado," observa.
Giro mis ojos y volteo a otro lado, aunque estoy dolorosamente consciente de su proximidad. Mi corazón parece que va a salir de mi pecho.
"Creo que nuestras definiciones de 'agradar' varían," indico, y mi voz vacila un poco. No veo a Edward, porque probablemente muera si lo veo sonriéndome de nuevo. No puedo seguir soportando esta clase de humillación.
Él piensa en lo que dije. "Tal vez. Pero no importa. Tienes dos días para decidir que vamos a hacer en nuestra cita."
"¿O qué?" me arriesgo a verlo.
"O veras," amenaza.
Contengo una risa. Pretendo parecer seria. "No estoy segura que me guste su ultimátum, Dr. Cullen."
"Estoy casi seguro que no se supone que te guste."
Hablar con él es divertido. Muy divertido. Y justo cuando estoy a punto de decir algo más sobre si es una cita de verdad o no, su buscapersonas empieza a sonar. Lo ve, se encuentra con mis ojos brevemente, y toma su teléfono para regresar el llamado.
"Este es el Dr. Cullen, me llamaron."
Suena amable, y me mantengo callada. Me mira varias veces mientras habla y da una orden. Tengo que morderme el labio para esconder mi sonrisa.
Eventualmente termina le llamada, y un silencio queda en el aire.
"Probablemente debería regresar al trabajo," dice después de un minuto. "Necesitan que ponga una línea central en el tercer piso."
Le sonrió. Estoy un poco decepcionada. "Bueno estoy segura que podrás encontrar la salida de mi oficina."
Su sonrisa me quita el aliento. Me dan ganas de hacerle cosas que no debería estar si quiera pensando.
"Estoy seguro que puedo. Es una oficina muy pequeña. Un poco sofocada"
"Solo está sofocado porque estás aquí. Ahora sal de aquí para que pueda respirar." Lo corro con un gesto de mi mano y aún está sonriendo mientras se levanta y abre la puerta.
"Bueno es agradable saber que te puedo dejar sin aliento," dice confiado. "¡Tienes dos días!"
Se va antes de que pueda contestar, y mi sonrisa se mantiene aún en su ausencia.
-x-x-
Recibo un mensaje de un número que no conozco ese día más tarde. Mi celular vibra en mi bolsillo y lo saco.
¿Aun pensando en mí?
Veo el mensaje por un minuto. Tengo la sensación de que es Edward, o un número equivocado. ¿Quién más podría ser? Pero no puedo estar segura.
Pienso en mi respuesta, y finalmente contesto.
¿Andrew?
La respuesta llega solo un segundo después.
¿Quién es Andrew?
Oops. Es el otro doctor que no me agrada.
Chistosa. ¿Quién te desagrada más?
Tú, por supuesto.
Me siento halagado.
Saco unos medicamentos y voy a ver a mis pacientes antes de responder de nuevo. Han pasado por lo menos veinte minutos, pero aun no recibo otro mensaje.
Escribo otro mensaje. ¿Cómo conseguiste mi número?
Su respuesta toma un rato. No te gustaría saberlo.
Si me gustaría.
Mala suerte.
Entonces deja de mandarme mensajes.
No.
Entonces te voy a ignorar.
No puedes ignorarme, Bella.
Observa.
Te lo dije.
Mierda. Me atrapo. Pongo mi celular en mi bolsillo, y aunque lo siento vibrar minutos después, lucho para ignorarlo.
Mi convicción solo dura unos minutos. Me imagino que puedo ver el mensaje sin responder.
Supongo que soy bastante irresistible.
Maldición, quiero tanto contestar eso. Pero no lo hago. Lo estoy ignorando.
Ignorar, ignorar, ignorar.
¿Porque ignorar a alguien es tan difícil?
Porque no es alguien, genio. Es Dr. Cógeme Cullen.
Maldito sea él y su cabello. Si, voy a ignorarlo. Incluso pongo mi celular en mi locker para no tener la tentación
Toma eso, Dr. Follable.
-x-x-
"¿El Dr. Cullen ha sido amable contigo últimamente?"
Ángela me voltea ver desde su lugar en la computadora. Es la siguiente mañana y aun no estoy completamente despierta; no dormí bien y luego se me hizo tarde, lo que significa que no tuve tiempo de tomar café.
"Creo que está evitándome," contesta. No parece molesta, solo resignada.
"Tal vez solo ha estado ocupado," ofrezco.
Se encoge de hombros. "Tal vez."
Me tallo los ojos. No se mantienen abiertos. No importa cuando tiempo haga esto, no creo que llegue un momento que me acostumbre a despertarme temprano.
"Realmente necesito un café," murmuro.
No veo a Emmet a mi lado hasta que habla, su voz tan alta que me hace saltar. "Estoy seguro que si le preguntas amablemente a Edward te puede dar un café de la sala de descanso de Doctores. Tienen la mejor máquina de café de todo el maldito hospital. Incluso mejor que el de la cafetería." Me guiña.
"No voy a adular al Dr. Cullen," respondo.
"¿Es Dr. Cullen ahora?"
"Sí. No," tartamudeo. "Estoy en el trabajo, Emmet. Es un doctor."
"No tu doctor. Además, ya se han visto desnudos."
Me quedo sin aire, mis ojos inmediatamente volando a Ángela. Quién aún tiende los ojos puestos en la computadora, tal vez sin prestarnos atención o pretendiendo que no escucha.
Golpeo a Emmet en el brazo. No se registra en él. "Cierra la boca, Emmet," siseo. "Vas a hacer que piensen que estoy durmiendo con él."
"¿Qué?" pregunta inocentemente. "Ver a alguien desnudo y dormir con alguien son dos cosas completamente distintas."
"Solo cierra el pico."
Jessica camina a la estación de enfermeras minutos después. Gracias al cielo, Emmet no dice nada más que me avergüence, y asumo que estoy en territorio seguro de nuevo porque Jessica ya no me observa más de lo usual.
Tener que acudir a Edward por una buena taza de café parece incorrecto. Bueno, en realidad no, considerando que haría prácticamente lo que sea por una. Pero se supone que aún lo estoy ignorando.
Me mandó un mensaje de nuevo anoche, solo para preguntar si aún lo estaba ignorando. Lo ignore como respuesta, y luego dijo buenas noches. Y luego eso me hizo pensar en la noche que me arropo en la cama, y de repente paso un mal rato intentando irme a dormir.
Así que en realidad, esto es su culpa.
Me debe un café.
Entrego todos mis medicamentos matutinos y abro todas mis notas antes de mandarle un mensaje. Le estoy dando una patada a mi orgullo, pero como dije, haría lo que sea por un café.
Escuche que la sala de doctores tiene un buen café, le digo.
Su respuesta toma un tiempo. Me preocupa que me vaya a desmayar en algún lugar y casi me resigno al asqueroso café de nuestra sala de descanso.
Veo que no me estas ignorando ahora. ¿Café es el camino a tu corazón?
Le contesto.
Solo responde la pregunta, Cullen.
Algunos dicen que es el mejor café del hospital…
¿Eso es lo que tú dices?
Sip
Dejare de ignorarte si me puedes conseguir una taza.
Ya has dejado de ignorarme.
Entonces te ignorare otra vez.
Puedes intentarlo
¿Qué es lo que quieres, Edward?
Quiero una respuesta sobre nuestra cita.
¿Eso es todo?
Eso es todo
Tendrás tu respuesta cuando tenga mi café.
Tendrás tu café cuando tenga mi respuesta.
Eres exasperante.
Veme ahí en treinta minutos.
¿Qué? Solo tráeme una taza.
Hay como 50 sabores. No sé cuál quieres.
Solo escoge algo bueno.
No.
¿Siquiera se me permite estar ahí?
Sí. Te veo en treinta minutos.
Bien.
Hago un poco más de trabajo y luego casualmente le pregunto a Alice si puede cuidar a mis pacientes por unos minutos. Me ve con interés.
"¿A dónde vas?" pregunta.
"Oh…um, por un café." A propósito dejo de lado a donde iré por el café y, lo más importante, quien va a conseguírmelo.
"¿Podrías traerme una taza?"
"Claro, ¿qué quieres?"
"Solo un cappuccino regular. Hay una máquina a la derecha cuando entras a la cafetería."
"De acuerdo. Regreso en un minuto." Sonrió y desaparezco por el elevador. No sé exactamente donde está la sala de doctores. Recuerdo haberla visto en el tour del hospital, pero no puedo recordar donde.
Camino por unos minutos antes de mandarle un mensaje a Edward de nuevo.
No puedo encontrarla.
¿Dónde estás?
No lo sé. En algún lugar del primer piso.
Miro a mi alrededor, tratando de encontrar alguna referencia. Maldición, este hospital es confuso. ¿Por qué tengo que ser tan mala con las direcciones?
Me doy la vuelta y regreso a los elevadores para poder decirle donde estoy. Hago una pausa enfrente de las puertas para poder llamarlo, pero antes de tener siquiera la oportunidad de encontrar su número hay una voz grave en mi oído.
"Haces muy difícil el darte direcciones."
Brinco y me giro para enfrentarlo, mi mano vuela hacía mi pecho.
"¡Dios mío! Me asustaste."
Sonríe, y a este ritmo mi corazón nunca se va a calmar.
"Perdón." Pone su mano en mi hombro y empieza a guiarme. "Una damisela en peligro necesita que la rescaten."
"No soy una damisela. Y la hubiera encontrado…eventualmente."
Me guía por un largo pasillo y luego nos detenemos frente a una puerta. Tiene que escanear su gafete antes de poder abrirla, y yo sonrió.
"Muy agente secreto."
"Nah, solo tenemos que proteger nuestro asombroso café," dice.
"He escuchado que es el mejor," digo mientras entramos. Lo primero que veo es un bol lleno menta Mt. Andes a la derecha de la puerta. "Santa madre de mentas, con razón los doctores son tan berrinchudos. ¡Los consienten!"
"Puedes tomar algunas si quieres," Edward dice, y la tentación es muy grande. Agarro un puño.
"¿Estás seguro que no me meteré en problemas por estar aquí?" pregunto. Rápidamente desenvuelvo un dulce y lo meto en mi boca.
"Dicen que puedo traer invitados. Tu Bella, eres mi invitada."
El pequeño recibidor se abre en el resto de la sala, y si, esos idiotas están definitivamente consentidos. Hay una barra de ensaladas a mi derecha que también está a reventar de bollitos y baguels y fruta. A mi izquierda hay un estante lleno de leche con chocolate y jugos y sodas y luego, pasando eso, está la maravillosa cafetera de la que he oído tanto. El lugar es amplio y abierto con muchas mesas y sillones de cuero y una pantalla plana en el lado opuesto de la pared.
Sí, estoy un poco celosa. Esto casi hace que la escuela de medicina valga la pena.
"Dios, no creo salir nunca de este lugar," digo. Algo en el mostrador llama mi atención y mi rostro se ilumina. "¡Galletas! ¡Ahora estoy realmente celosa!"
Edward se ríe, luego se gira y se recarga en un codo sobre la máquina de café, bloqueando efectivamente mi camino.
"¿Vas a darme una respuesta sobre nuestra cita?" pregunta. Astuto el doctor.
"Oh, ya veo," bufo. "Vas a bloquear la máquina de café hasta que conteste todas tus locas preguntas."
"Básicamente."
"Bien. ¿Qué quieres saber?"
"Primero que nada, ¿qué vamos a hacer? Segundo, ¿el viernes está bien para ti?" Levanta las cejas, pacientemente esperando una respuesta.
"Bueno veras, Dr. Cullen. Soy más del tipo 'vive el momento'. No planeo todo con anticipación."
"¿Entonces probablemente prefieres que planee todo y te sorprenda?"
"Eso no fue lo que dije," me apoyo contra el mostrador y cruzo mis brazos. Podríamos estar aquí un rato.
"Pero las personas espontaneas tienden a gustarles las sorpresas."
"Me gusta estar en control de mi espontaneidad."
"Ya veo."
"Tal vez aún lo estoy pensando."
"Deberías de haber tenido una respuesta antes de darte tu café." Y de repente parece que no me va a dar café. Y de repente me pregunto si el que me arrodille en el suelo va a quebrar su resolución.
"Estoy libre el viernes. Así que… está bien por mí. Podemos ir temprano si quieres. O tarde. No me importa. No puedo pensar bien sin mi café, Dr. Cullen."
Sonríe y finalmente se hace a un lado de la máquina. "Creo que eso será suficiente por ahora."
"Gracias" Me muevo para pararme frente a ella, pero después de verla unos momentos, estoy perdida. Dios, esta cosa es complicada. Definitivamente no es la máquina de café promedio. Y tiene razón, hay como veinte cajones con diferentes paquetes de sabores dentro.
Empiezo a escanear todos los sabores. "¿Cómo demonios funciona este artefacto?"
Edward pone los ojos en blanco, pero está bromeando. La sonrisa lo dice todo. "Asumí que podrías arreglártelas para hacer una simple taza de café-"
"Esto es todo menos simple, Edward."
"¿Qué sabor quieres?"
Me tomo mi tiempo en observarlos. "¿Tienen sabor Milky-Way?" pregunto, emocionada.
"¿Ese es el que quieres?"
"No." Hago una pausa. "De acuerdo. Si ese quiero."
"De acuerdo, así que tomas el paquete de milky-way y el de café regular. ¿Lo quieres ligero o medio?"
"¿Ligero o medio?" le pregunto incrédula. "Lo quiero fuerte, Cullen. No estás hablando con una bebedora de café principiante."
"¿En serio? Porque esperaría que una bebedora de café profesional supiera como hacer esto."
"Mira, no todos crecimos con elegantes máquinas de café y paquetes de sabor Milky-way, ¿de acuerdo? Ahora solo haz el maldito café."
Él sonríe y pone ambos paquetes en la máquina antes de apretar algunos botones. Pone una taza abajo, y segundo después, el café caliente cae en la taza. Huele a cielo y apuesto a que sabe mucho mejor.
"Oh Dios mío, te amo," digo, tomando la taza. La acurruco en mis manos como si fuera mi recién nacido y Edward me ve arqueando una ceja. "Le estaba hablando al café, no a ti," le digo intencionadamente.
"Lo que digas,"
Le agrego azúcar y tomo un sorbo. Si, es maravilloso, dichoso, cielo de milky-way.
"¿Alguna posibilidad de que esto haga un cappuccino?" pregunto esperanzada.
Después de que hacemos el café de Alice, Edward toma dos galletas y nos sentamos en una mesa cercana. Las noticias están en la TV y el sonido se diluye en el fondo. Somos los únicos aquí, lo que es bueno para mis nervios. Probablemente estaría insanamente paranoica si hubiera doctores mirándonos de reojo.
"¿Dónde están todos?" me pregunto. "Estaría aquí todo el tiempo si fuera doctor."
Edward se encoge de hombros. "Vienen y van. Aun tienen que trabajar, sabes," bromea. "Si no, no habrá doctores por mucho tiempo."
"Lo sé." Tomo mi café y le echo un ojo a su postre. "¿Esa galleta es para mí?"
"Hay un plato lleno de galletas allá, Bella."
"¡Pero trajiste dos!"
"Porque me como dos." Para probar su punto, se mete una galleta completa en su boca. Trata de sonreírme con la boca llena y pongo los ojos en blanco.
"Ten algo de modales. Vamos a tener una cita en unos días."
Cuando traga dice, "¿Así que admites que es una cita?"
"No, es un paseo. Pero la única forma de que me dejes en paz es si la llamo cita."
Apunta a mi bebida. "Déjame darle un trago a tu café."
Jalo la taza hacia mí de forma protectora. "No. Tú no compartes tu galleta."
"No seas codiciosa, Bella. Tienes una taza llena. Yo solo tengo dos galletas."
"Dos galletas, dos personas."
"Hay un plato lleno por allá."
"También hay una máquina de café por allá."
Edward suspira y parece considerarlo por un minuto antes de sonreír maliciosamente. "Si tu compartes el tuyo, yo comparto el mio."
Lo veo arqueando mi ceja con sospecha. "¿Aun estamos hablando de tu galleta?"
Su expresión es igual a la mía. "¿De que otra cosa estaría hablando, Bella?"
Lo veo con cautela, pero cuando desliza su galleta por la mesa en una servilleta, la tomo felizmente antes de darle mi café.
"Mmm. Gracias," digo entre bocados de delicia, y Edward sonríe.
Mi estúpido corazón no afloja el paso.
-x-x-
"Dios, te tardaste bastante," Alice se queja mientras le entrego su cappuccino. "Tuve que reiniciar dos de tus válvulas y llevar al Sr. Drinkard al baño."
"Gracias por cuidarlos. Estoy en deuda contigo," le ofrezco.
"Si lo estas."
Me siento en la mesa frente a ella. Puedo imaginar las ruedas girando en su cabeza – los escenarios en los que planea escaparse con Jasper por media hora para hablar de 'medicina.'
Toma un sorbo de su cappuccino y frunce el ceño. Y luego, de repente, sus ojos se iluminan.
"¡Esto es de la sala de doctores!" exclama.
Casi me ahogo con mi propio café por la sorpresa. "¿Qué? Claro que no."
"Tonterías, lo reconocería en cualquier lado. ¿Quién te consiguió esto?"
Mi rostro se pone caliente. Me resisto a confesar y trato de ocuparme viendo un historial medico.
"Nadie. Lo compre."
"Eres tan mala mintiendo," bufa. Cuando no digo nada, estira la mano por mi café. "Déjame probar el tuyo."
"¿Qué? No." Lo alejo de su alcance.
"¿Por qué? ¿Que sabor es?" me reta.
"Sabor café."
"Eres malísima mintiendo. Te reirías si puedas ver lo mala que eres. Fuiste con Edward, ¿verdad?"
"De acuerdo, si. Fui con Edward." La miro. "¿Estas feliz ahora?"
"Lo sabía." Se recarga en su silla y sostiene su café mientras mira al espacio. Y luce muy feliz. Tan feliz que estoy comenzando a sentirme un poco incomoda. "Bueno no me sorprende. Estaban prácticamente el uno sobre el otro en la casa de Emmet," observa.
"Claro que no." ¿O si? Pretendo como si lo que me esta diciendo no me molestara. Estaba ebria de todas formas - ¿como demonios podría saberlo? Trato de concentrarme en leer mis órdenes.
"Negación, negación, negación," Me contesta, y luego finalmente suspire larga y contentamente. "Ustedes dos van a tener hijos hermosos."
Esta vez si me ahogue con mi café.
