Perdón de nuevo en la tardanza, espero que haya una semana en la que en verdad pueda subir un capitulo a tiempo. Pero espero que les guste, suceden cosas graciosas en este capitulo. Bueno sin más que agregar, los dejo para que disfruten el capitulo y nos leemos proximamente (DEJEN REVIEWS!)
FELIZ DÍA DEL AMOR Y LA AMITAD! :D
Capitulo 10 – Soy Suya
Estoy haciendo mis rondas cuando descubro que la enferma Sra. Beres se ha salido de su cama sin asistencia. Ella simplemente 'no pudo aguantarlo' y 'no podía encontrar el botón de llamada'. Esta en la cama con ella, pero tiene pobre visión y al final decidió tomar el asunto en sus propias manos.
Ahora apenas se sostiene, su intravenosa estirada por la habitación, sus pañales para personas mayores hasta sus tobillos mientras camina en un charco de su propia orina. La llevo de regreso a la cama, la limpio, le pongo un nuevo pañal, y le entrego el botón de llamada. Ella me agradece y se disculpa y yo me dirijo al pasillo en busca de toallas y suministros de limpieza. Podría llamar al conserje, pero a veces es más fácil el hacer las cosas por mi misma.
No escucho ruidos hasta que es muy tarde.
Deteniéndome frente a la puerta del almacén del conserje, abro la puerta de par en par sin pensarlo, solo para ser abordada por la visión de un trasero pálido y desnudo y un par de piernas extensamente abiertas. Me quedo congelada por cinco segundos horrorizada – lo suficiente para que Emmet voltee y me vea y lo suficiente para ver el rostro de la Dra. Hale asomarse sobre su hombro, ambos portando expresiones de alarma. Luego cierro la puerta de golpe y corro por el pasillo, como si hubiera visto al mismo diablo, buscando ansiosamente mi celular en mi bolsillo para poder decirle a Edward.
Porque claro que tenía la razón sobre esta mierda.
¡Alerta roja! – Acabo de atrapar al enfermero M y Dra. H haciendo un tango vertical sobre las botellas de cloro, le mando mensaje. No se porque no use sus nombres reales y simplemente dije 'sexo' – tal vez estoy tratando de preservar su dignidad en caso de que el sistema de seguridad secreto del hospital pueda interceptar nuestros mensajes. De cualquier forma, uno nunca puede ser demasiado cuidadoso.
Su respuesta tarda un momento, y estoy impaciente y emocionada por mi descubrimiento. Limpio la orina mientras espero y llamo al conserje para que venga a trapear.
Me escondo en el baño cuando siento mi celular vibrar.
Aunque me encantaría comentar algo por tu elección de palabras en este momento… ¿es en serio?
¿Los osos cagan en el bosque?
Bella…
SI, ES ENSERIO.
¿Qué paso?
Nada, salí corriendo.
¿Corriste?
Como si mi trasero estuviera quemándose. Fue horrible.
Pudiste al menos haber tomado una foto…
Eso es enfermizo. No quiero una foto del peludo trasero de Emmet en mi teléfono.
Pudo haber servido como buen chantaje.
Maldición. Tiene razón. Pero no hubo tiempo. Emmet seguramente me hubiera tacleado si me veía luchando con los botones de mi teléfono. Se con toda seguridad que no se hubiera quedado ahí parado y posado.
Solo saber esto puede ser buen chantaje, contesto.
Cierto. Siento que tuvieras que ver eso.
Tú, yo y ambos.
-x-x-
No es sorprendente que Emmet camina a la estación de enfermeras como si nada hubiera pasado. Actúa completamente natural excepto por el hecho que no establece contacto visual conmigo. O que ni siquiera me habla.
Estoy ansiosa por decir algo, pero siento que es un tema que es mejor hablarlo en privado, a pesar de que el acto termino siendo todo menos privado. Siento que la imagen de su trasero ha sido quemada en mis ojos. Cada vez que cierro los ojos, es todo lo que veo.
Han pasado casi cuatro días desde que vi a Edward. Desde nuestra noche en el parque. Nos quedamos ahí por casi una hora, solo hablando y besándonos y disfrutando la hermosa vista. Con cada dulce caricia, con cada detalle compartido, estaba cayendo solo un poco más profundo.
Y eso me asusta.
No estaba manteniendo mi distancia a propósito. Pase la mayor parte del domingo terminando de desempacar, y luego el lunes fui a sacar mi licencia de Washington y la etiqueta de mi auto. El lunes por la noche, ayude a Alice a colgar algunas pinturas que había comprado. Tomamos vino y comimos nachos, y luego Irina se dio una vuelta más tarde y hablamos sobre su montaje con Peter. Alice admitió que había captado lo que Irina planeaba y fue por eso que dejo de discutir, lo que no me sorprendió. Después de quedar un poco ebria y relajada, lograron que admitiera que había besado a Edward la misma noche de la terrible cita. Luego compartieron historias sobre algunas horribles citas que tuvieron, y eventualmente confesé que habían pasado años desde que mi cuerpo había visto algo de acción.
Ahí fue cuando la noche realmente despego.
Irina insistió en que la siguiera hasta su auto, solo para abrir su cajuela y revelar un auto repleto hasta el tope de consoladores. Bueno, no consoladores exactamente, tenía vibradores, bolas anales, lociones con esencia y crema comestible. Es como si ella estuviera conduciendo por ahí con la sex shop más pequeña del mundo en su cajuela, y yo estaba asombrada.
"No es tan bueno como el sexo," dijo Irina mientras me entregaba uno de sus juguetes. "pero maldición es una buena alternativa."
Alice solo soltaba oohs y aahs mientras veía todo. Por más ebria que estuviera, aun así encontré la decencia de sonrojarme con solo sostener un consolador gigante morado en medio del estacionamiento del apartamento de Alice.
"¿Por todos los cielos que haces con todo esto?" le pregunte, regresándole el juguete.
"Los vendo," dice simplemente.
"¿Vendes consoladores?"
"Bueno no solo consoladores," me corrige. "Pero si. Hago fiestas de Pasión." Por mi expresión dudosa agrega, "¡Es divertido! Y me dan descuento por todo lo que compro. Así que puedo venderte algo a un mejor precio."
"¿Puedes venderme a mi algo con un precio más bajo?" Alice pregunta esperanzada.
"Por supuesto, chica. ¿Qué quieres?"
"Tal vez deberíamos llevar todo esto adentro," digo cautelosa.
"No hay nadie alrededor, Bella," Alice discute. "Diablos, es mi apartamento y ni siquiera yo estoy avergonzada. Ahora deja de ser una mojigata y escoge un consolador."
Lanzo una mirada desagradable en su dirección.
"En serio. Deberíamos llevar esto adentro," trato de nuevo, viendo a mi alrededor nerviosa.
"Toma, prueba esto," dice Irina, ignorando mis protestas mientras estira una pequeña paleta en mi rostro. Inmediatamente me inclino hacia atrás mientras trata de meter la cosa en mi boca. En realidad logra tocar mis labios con la punta, antes de mostrarme firme en mi decisión.
"¡Hey, hey, hey! No voy a meter ninguno de tus misteriosos juguetes sexuales en mi boca a menos que vayamos adentro," digo en voz alta, causando que Alice suspire y ponga su juguete dentro de la cajuela. Yo veo a Irina. "Y solo para que sepas, estas actuando demasiado como Peter en este momento."
Irina luce claramente ofendida. Cierra la caja de sus juguetes y me voltea a ver.
"Retira lo dicho," dice amenazadora.
"No."
"Retira lo dicho o le daré a Peter tu numero de teléfono."
"¿Es en serio? Yo solo… ¡de acuerdo! ¡Ugh! Retiro lo dicho," bufo.
Pero consigo lo que quiero. Toma su caja de la cajuela y nos vamos para adentro, donde pone en completa visibilidad cada juguete en la mesa de la cocina de Alice y explica su propósito. Eventualmente si probé la pequeña muestra, solo para que me dijeran después que es una loción comestible que adormece tu garganta para no tener el reflejo del vomito. Cuando pregunto para que demonios lo necesitaría – o más importante para quien, - ella y Alice solo intercambian miradas de complicidad.
No voy a mentir y decir que Edward no pasó por mi mente. Pensar en adormecer mi garganta para poder hacer sexo oral profundo a alguien hace que me pregunte que tan grande es su paquete, y si la crema será incluso necesaria. Porque honestamente… es bien parecido, tiene una gran personalidad, y es un doctor. Un muy buen partido para aquellos que no odian naturalmente a los doctores, así que debe haber algún defecto, ¿cierto?
Aunque ciertamente no se sentía pequeño presionado contra mi muslo… pero ahora no es momento de dejar a mi mente divagar hacia esa dirección.
"Toma," dice Irina, entregándome un vibrador. "Este es el conejo. Un clásico. Vas a amarlo¸ Bella. Lo prometo. ¡Oh, espera!" Saca otro vibrador ligeramente más ancho y grande. "Olvida eso. El Monarca mágico es lo que necesitas. Hazlo en grande o vete a casa," dice, encendiéndolo. Pequeñas perlas en la cabeza del 'pene' empiezan a girar y la punta completa empieza a moverse en círculos como un gusano o algo así. Era un poco repulsivo a la vista, pero extrañamente, estaba un poco excitada.
Eso debe ser la literal falta de joder. Sorprendentemente necesito de poca persuasión, y antes de darme cuenta, era la orgullosa dueña de mi primer vibrador en forma de pene.
No lo he usado todavía, pero Irina dice que es la respuesta de los sueños de toda mujer soltera. Está ahora guardado en mi cajón de la ropa interior, viéndome cada vez que voy por un par de bragas limpias.
Edward regresa al trabajo el martes, y para mi sorpresa, tiene que trabajar el turno de noche. Me explica esto después cuando hablamos un momento por teléfono.
"Nadie quiere trabajar el turno de noche," dice. "Así que debemos tomar turnos. Tiene que haber un doctor de urgencias en el hospital todo el tiempo."
"¿Quién fue la ultima vez?"
"El Dr. Martin. Esta trabajando doble turno ahora."
"¿Entonces si siempre hay un doctor ahí, estas de guardia en tus días libres?"
Recuerdo que nunca ha sido llamado en ninguna de nuestras citas o en el tiempo que hemos pasado juntos. No había pensado mucho al respecto antes, pero parece algo raro considerando su profesión.
"Nop," dice felizmente. "Solo estoy de guardia cuando estoy en el hospital. Ser doctor de urgencias tiene sus desventajas, pero déjame decirte… definitivamente no me arrepiento de no ser llamado en medio de la noche."
Pero significa que tiene que trabajar turnos nocturnos, lo que significa que no lo he visto por varios días. Pero para compensarlo, nos mandamos mensajes seguido. Empezó de forma casual, con un mensaje aquí y allá, hasta que eventualmente estábamos coqueteando por mensajes durante el día. Me manda un mensaje de buenas noches todas las noches – aunque ya este dormida – y hace mi estomago revolotear cada vez.
Al final del turno, Emmet se escapa antes de tener oportunidad de hablar con él. No me sorprende. Usualmente me pregunta si necesito ayuda con algo, pero obviamente el pequeño escandalo que visualice cambia las cosas. Trato llamarlo, pero no contesta. De nuevo, no me sorprende.
Miro mi reloj al salir. Siete treinta. Edward no va a empezar hasta dentro de dos horas y media más, y su turno va a terminar mucho antes de que yo entre.
Cuatro días y ya lo extraño.
Esto no esta bien.
-x-x-
La semana se me hace eterna. Finalmente puedo ver a la Dra. Ellis de cerca cuando se da una vuelta para checar a alguno de sus pacientes. Es alta, con una larga cabellera ondulada y pelirroja y tiene la piel perfecta. Incluso usa tacones.
Es mas o menos perfecta – alta, hermosa y femenina – y la odio por eso.
Es extraño que me sienta de esta manera. No quiero odiarla, pero es algo completamente involuntario. No puedo evitarlo. Pero luego la sorprendo sonriéndole a Aro y, si, es agradable y la odio.
No tengo idea si ella si quiera sabe que hablo con Edward. Ella no me saluda, pero tampoco yo hago caso de su presencia. Pero de nuevo, siempre es posible que ella sepa pero simplemente no le importe.
Se va antes de que pueda descubrir algo.
El martes en la mañana – más de una semana después de mi noche con Edward – me transfieren a otro piso. Es algo normal en el hospital el que manden enfermeras de otro piso cuando están cortos de personal. Nunca nadie quiere hacerlo, pero nadie tiene el lujo de escoger cuando ir. Hoy, es mi turno.
Aparte de un texto ocasional, no he hablado con Edward en varios días. Pero me entero que esta trabajando hoy cuando escucho a una de las enfermeras decir que lo acaba de llamar. Solo escuchar su nombre me pone nerviosa, y saber que él esta aquí hace que mi trabajo de repente sea más agradable.
Paso mi tiempo, callada y manteniéndome ocupada. Y es cuando lo veo. Mientras salgo de la habitación de mi paciente, lo espió sentado en la estación de enfermeras, un historial abierto frente a él mientras habla con otro doctor. No estoy lo suficientemente cerca como para escuchar que esta diciendo, y me doy cuenta que no importa mientras dicho doctor no tenga piernas largas, cabello brilloso y un escote para cogerse.
Camino más lento por el pasillo, no estoy segura si quiero ser vista aun. Ha pasado más de una semana desde que lo vi y por un momento, solo quiero observar. Esta usando un uniforme azul cubierto por su bata blanca, y recién se me ocurre lo sexy que es que siempre escoja la comodidad del uniforme sobre el traje pretencioso o ropa de vestir. También esta usando sus lentes de nuevo, pero no lo hacen ver ñoño.
Bueno tal vez un poco. Pero son lindos. Atractivos. Y extrañamente súper sexy.
Tal vez hay algo malo conmigo. Nunca pensé que seria el tipo de chica que se excitaría por ver a un tipo con lentes. Me había rendido y usado mi Monarca – lo que me llevo a una divertida, excitante noche aunque sola – pero ver a Edward me hace sentirme virgen de nuevo, y me muevo incomoda donde estoy parada mientras me pregunto, de nuevo, lo grande que es su paquete.
Dios, soy tan inapropiada. Este es sin lugar a dudas el peor tiempo y lugar para estar imaginando el paquete de un compañero de trabajo.
Eventualmente, deja de hablar con el otro doctor y empieza a hojear el historial. Decidida a divertirme un poco, camino a la estación hasta que estoy parada justo enfrente de él, el mostrador la única separación entre nosotros. No me ve por al menos treinta segundos, y yo solo estoy parada ahí, esperando pacientemente y posiblemente viéndome como una acosadora mientras lo miro fijamente.
Cuando veo otra enfermera viéndome extrañada, decido aclarar mi garganta y acelerar las cosas.
"Ahem."
Edward mira hacia arriba ligeramente y luego vuelve a subir la mirada. Luego su rostro se rompe en una de las sonrisas que te quitan el aliento, y mis adentros se convierten en gelatina al instante.
Soy una inútil.
"Hola," dice. "¿Qué estas haciendo aquí?"
"Trabajando," contesto. "Aparentemente fui exiliada del cuarto piso por el día de hoy."
"¿Desterrada al segundo piso?"
"Algo así," Sonríe, y observo sus lentes mientras me pregunto si debería decir algo. Se puso todo tímido conmigo la última vez y se los quito, lo que es ridículo.
Pero parece que no puedo evitarlo. "Tus lentes son muy lindos."
Hace una mueca antes de tomarlos y quitárselos, justo como imagine que lo haría. "Si, odio usarlos."
"¿Por qué?"
"Porque luzco ridículo con lentes, para empezar."
Frunzo el ceño. "Acabo de decir que luces lindo, no ridículo."
"¿Qué, lindo en el tipo de niño en A Christmas Story?" pregunta escéptico.
Pongo los ojos en blanco dramáticamente y me muevo del otro lado del mostrado para sentarme junto a él. "Solo son lentes, Edward. Todos los chicos geniales los están usando ahora. Bueno, los chicos geniales inteligentes."
Él bufa.
"¿Puedes ver sin ellos?" pregunto.
"Puedo sobrevivir," contesta. "Solo que no puedo leer nada en los historiales. Y se supone que no debo conducir sin ellos," dice tímidamente.
"¿No usas lentes de contacto?" pregunto con una sonrisa.
"Usualmente."
"¿Y…?"
"Y… necesito ir a comprar más," admite. "Trabajar en las noches me ha hecho un vago."
"¿Quieres decir más de lo usual?"
Escondiendo una sonrisa, levanta el frente del historial que ha estado leyendo para revelar el nombre. "¿Alguna posibilidad de que estés cuidando del Sr. Lowery?" pregunta mientras se pone sus lentes de nuevo.
"Hoy es tu día de suerte," digo con aire de suficiencia. "Porque justo ahora, el Sr. Lowery tiene a la mejor enfermera del mundo."
"¿con que si?" dice, divertido. Deja que el frente del historial caiga en la mesa y se levanta. "¿Te molestaría hacer rondas conmigo, mejor enfermera del mundo?"
"A la mejor enfermera del mundo le encantaría hacer rondas contigo."
Me levanto y lo sigo por el corredor, dando una rápida vuelta dentro de la habitación del Sr. Lowery. Me sorprendo un poco cuando Edward saluda al paciente con entusiasmo por su primer nombre, Jared, y la conducta del paciente se aviva mientras él lo saluda de la misma forma.
El Sr. Lowery es un paciente con el que es fácil relacionarse, siempre haciendo bromas, y es extremadamente amable con el personal y nunca se queja. Es un veterano de la Guerra de Vietnam expuesto al agente naranja y ahora tiene deficiencia renal como resultado, y ha estado bajo hemodiálisis por los pasados cuatro meses. Mientras que el lugar usual para los pacientes de diálisis es donde normalmente trabajo – por el hecho que las hemodiálisis se hacen justo al final del pasillo – el Sr. Lowery fue admitido con dolores en el pecho y subsecuentemente puesto en la unidad cardiovascular.
"¡Ahí esta el hombre del momento!" Lowery contesta. "¿Has decidido unirte al resto del mundo, ya veo? ¿Que te de un poco de sol?"
"Lo poco de sol que hay en Seattle," Edward aclara. "¿Como te has sentido?"
"¡Maravillosamente! Es difícil no hacerlo cuando tienes a la enfermera más bonita del hospital cuidándote," dice el Sr. Lowery, guiñándome un ojo, y Edward sonríe.
"¿Qué te he dicho de tener favoritas?"
"Pff," el Sr. Lowery hace un gesto despectivo.
"Voy a hacer que te inclines hacia adelante un poco para poder escucharte," Edward dice mientras toma el estetoscopio de su cuello. Lo pone en la espalda del Sr. Lowery y le dice que respire profundo, y yo me quedo parada en el fondo, solo observando.
Cuando Edward termina, coloca el estetoscopio alrededor de su cuello de nuevo. "¿No tienes dolor en el pecho?"
"Nop. Mucho mejor," dice el Sr. Lowery con una sonrisa. "¿Crees que pueda irme a casa hoy?"
"¿Has encontrado ya un doctor regular?"
"¿Has abierto ya tu propio consultorio?"
"No."
"Creo que ambos sabemos la respuesta a esa pregunta, Edward."
"No planeo abrir un consultorio por el momento, Jared," dice Edward severamente. "Y necesitas ver un doctor regular."
"Veo a un doctor regular."
"Venir a un hospital no cuenta. Eso es lo que estamos tratando de prevenir:"
"¿Tratas de deshacerte de mi?" El Sr. Lowery se inclina, buscándome. "A Bella le gusta tenerme por aquí. ¿Verdad, Bella?"
"Claro que si, Sr. Lowery," le digo con una sonrisa. "Pero también me gusta que este sano."
"¡Estoy sano! No he comido ni una sola rebanada de tocino en meses. ¿Sabes lo que es eso?"
"Estoy segura que es terrible," digo riéndome, luego bajo la mirada tímidamente cuando me doy cuenta que Edward me esta viendo. Un momento después regresa su atención al Sr. Lowery.
"Tengo que ver tus demás análisis, pero creo que probablemente será hasta mañana que podrás irte," dice. "Trata de no espantar a Bella con tu coqueteo."
"Ah, ella es una buena jugadora," el Sr. Lowery protesta, y Edward sonríe antes de girarse para irse. Estoy a punto de seguirlo cuando el Sr. Lowery me llama. "Bella, ¿crees que puedas desengancharme para que pueda ir al baño un momento? ¡Creo que hoy será mi día de suerte!"
Edward me ve una última vez antes de salir de la habitación, y yo camino hacia la válvula intravenosa del Sr. Lowery y la desconecto de la pared. "Sabes que tienes que empujar esto al baño," digo, regañándolo ligeramente. "Aun no voy a quitarte la intravenosa."
"Ah, bueno, al menos valió la pena intentarlo," dice el Sr. Lowery mientras se mueve lentamente para levantarse. Una vez que esta sentando en el borde, se queda ahí por un segundo.
"¿Así que, que sucede contigo y Edward?" finalmente pregunta, sorprendiéndome.
"¿Qué quiere decir?"
"Vi la forma en que se miraban."
Muevo mi cabeza, estirando mi mano para ayudarlo. "No sé de que esta hablando."
"Cuando empezaste a reír pensé que tendría que hacer volteretas desnudo para atraer su atención de nuevo," dice, levantándose lentamente. "No que fuera a estar dispuesto a ver eso, claro. Pero no hay nada como una buena voltereta para llamar la atención de alguien." Toma el tubo de la intravenosa y empieza a empujarlo con el.
"¿Esta celoso, Sr. Lowery?" bromeo.
Se mueve lentamente hacia el baño, las viejas llantas del tubo moviéndose ruidosamente por el piso.
"Absolutamente," contesta.
-x-x-
Miércoles en la mañana, y estoy de regreso en mi piso regular. Emmet esta trabajando e intento de nuevo el tratar de sacarle algo de información, pero no cede. Ahora solo pretende que no sabe de qué estoy hablando – como si hubiera alucinado todo. Como si solo al ignorarlo lo suficiente, desaparecería.
Negación, negación, negación.
Molestar a Emmet no ha perdido su encanto aun, pero decidido dejarlo por el momento. Funciona mejor en dosis pequeñas. Estoy parada junto al mostrador de la estación de enfermeras buscando un historial para poner una orden cuando alguien se detiene a mi lado.
Me volteo para encontrar a un hombre con cabello corto color café y ojos grisáceos. Tiene buenos músculos, pero no exagerados, y esta usando un uniforme rojo con una caminadora decorada con cinta adhesiva contra el mostrador. Me sonríe.
"Hola. ¿Tu eres Bella?" pregunta.
Es bien parecido. No voy a mentir. Pero al parecer no es mi tipo, porque no siento la misma atracción que cuando veo a Edward.
Algo de mi cabello se ha salido de mi agarre y lo paso detrás de mi oreja. "Si," contesto.
"Soy Garrett de Terapia Física. Iba a llevar a caminar a la Sra. Green," dice. "¿Esta bien para levantarse de la cama?"
"Oh…um, si. Ésta bien." Mi respuesta suena un poco incomoda. El me sonríe.
"Debes de ser nueva," dice
"Bueno he estado aquí un poco más de mes y medio;" señalo. "Pero si, aun soy bastante nueva."
"Ya veo. Bueno yo trabajo en el centro de rehabilitación. A veces vengo aquí medio tiempo."
"Oh, de acuerdo," contesto, regresando su sonrisa con una pequeña por mi parte. Empecé a voltearme para regresar al historial que estaba viendo, pero su voz llama mi atención de nuevo.
"¿Te esta gustando hasta ahora?"
Lo miro de reojo. "Si, esta bien."
"¿Honestamente?" me mira escéptico, y me rio.
"Si, honestamente. ¿Por qué no habría de gustarme?"
"Por ninguna razón," dice con una sonrisa. "¿Dónde trabajabas antes?"
Nuestra conversación continua de este modo, el haciéndome simples preguntas y yo contestando. Es agradable. Coqueto, incluso. Y no lo ahuyento, por que es fácil el conversar con él y a veces algo de inocente coqueteo es bueno para el alma. Para mi alma, al menos, es inofensiva.
Eventualmente toma su andadera y camina al final del pasillo. Aun estoy sonriendo ligeramente cuando regreso a mi historial, y luego miro hacia arriba para descubrir a Edward sentado en una mesa.
No me esta viendo. Su mano esta en su cabello, rascándose la cabeza, y luce cansado. Y no me esta viendo.
Esto tiene que ser a propósito. Estoy parada a plena vista, así que seguramente me vio cuando entro a la estación de enfermeras. Él normalmente me hablaría – me diría algo cuando llega, o trataría de llamar mi atención cuando piensa que estoy viéndolo. Esto parece fuera de lugar, y no puedo evitar sospechar que tiene algo que ver con el lindo terapeuta físico con el que estaba hablando hace unos momentos.
Me pregunto si lo que hice esta mal, pero no puedo ver el daño. Solo fue una conversación. Estaba siendo amistosa. El tipo era lindo, pero ¿eso no lo hace menos apropiado, verdad? Un hombre es un hombre. De cualquier manera no me sentí atraída por él, así que su apariencia es irrelevante. Y de todas formas, Edward y yo no estamos saliendo, así que no veo porque habría de importar. Y tal vez no importa. Tal vez solo estoy siendo paranoica.
Tomo el historial y camino alrededor del mostrador, sentándome frente a Edward. El levanta la mirada y sonríe tenso, pero eso es todo. No hay sonrisas que quitan el aliento hoy.
"Hola," digo rápidamente. "¿Cómo estas?"
Parece una pregunta tan genérica, pero en verdad no que más decir para empezar la conversación. Todo se siente tenso ahora.
"Bien," contesta, frotando bajo sus ojos e inmediatamente volviendo a su historial.
Y eso es todo.
Lo observo por un momento, preguntándome si realmente tengo algo que ver con su repentino cambio de conducta. No todo es sobre mí, después de todo. Tal vez es algo más.
"¿Estas bien?" presiono.
"¿Por qué no habría de estarlo?" su tono es sarcástico y cortado, su respuesta un poco extraña. Suspiro en frustración. Si quisiera lidiar con este tipo de inseguridad habría saltado sobre él hace mucho tiempo. Tal vez un acoston lo haría valer la pena.
"Porque estas prácticamente ignorándome," señalo.
Edward levanta la mirada, ceño fruncido. "¿Por qué? ¿Por qué no estoy dedicándote toda mi atención en este momento? ¿Estoy hablando contigo, que no?"
"¿Estas molesto conmigo?" pregunto incrédula.
"¿Hay alguna razón para estar molesto?"
"No. Pero estas actuando un poco infantil."
Edward solo suspira y se levanta. "Tengo que trabajar, Bella," dice despectivamente, alejándose. Puedo sentir mi enojo burbujeando mientras lo veo alejándose por el corredor porque no tiene ningún derecho de estar enojado conmigo por algo. No he sido más que honesta con él todo este tiempo, y deje perfectamente claro que no estamos saliendo.
Y aunque estuviéramos saliendo, ¿significa que tengo prohibido hablar con otro hombre? Puede que me haya reído un poco, pero maldición ¿una chica no puede reírse sin que le apliquen la ley del hielo?
Empiezo a tener flashbacks de mi relación con Alec, no es una experiencia placentera.
Considero seguir a Edward para poder confrontarlo en el corredor, pero no tengo la oportunidad. Un delgado, calvo doctor con una enorme nariz se aleja de la estación de enfermeras y conmovedoramente llama, "Necesito que una enfermera me acompañe a la habitación de la Sra. Austin." Su voz es pretenciosa, y no espera a que nadie responda o reconozca que lo haya escuchado.
La Sra. Austin es mi paciente. Pongo los ojos en blancos y me giro hacia Emmet, quien esta sentado en la computadora a unos pasos de distancia.
"¿Quién es ese?" susurro.
"El Dr. Byers," Emmet contesta, viéndome a los ojos. "Es un imbécil, así que no llores ni nada de esa mierda si te hace sentir una estúpida. Se como pueden ser ustedes las mujeres."
"Cállate, idiota," siseo, moviéndome para seguir al doctor al final del corredor.
"Yo también te quiero, Pockets," escucho a Emmet decir, y muevo la cabeza y lo ignoro mientras desaparezco dentro de la habitación del paciente. El Dr. Byers ya esta hablando con ella, ignorándome completamente cuando entro.
"Vamos a necesitar una tomografía de su cabeza," termina, sin siquiera verme. "Necesito ver los resultados lo más pronto posible."
"De acuerdo," contesto, y camina rápidamente fuera de la habitación. Pongo los ojos en blanco mientras me pregunto porque necesito si quiera hacer rondas con él y regreso a la estación de enfermeras. Edward aun no ha regresado, y Jessica no esta en ningún lugar. Ha estado quien sabe donde por al menos veinte minutos. Me siento en su lugar y ordeno la tomografía.
El Dr. Byers empieza a gritar órdenes de laboratorio y chequeos que necesita y reclama que no están en el historial. Sé que están ahí, porque las vi antes, pero las imprimo sin alegar. Luego empieza a quejarse que sus ingresos y egresos no están grabados correctamente, y que la presión del paciente estuvo baja a la mitad de la noche, que si porque nadie lo llamo. Le explico lo más calmadamente posible que no fue durante mi turno y acuerdo reportar el incidente con la enfermera que me dio el reporte esta mañana.
El técnico de tomografías me habla poco después y me pregunta si la Sra. Austin va a recibir su hemodiálisis pronto, porque su creatinina es muy alta para recibir una tomografía de contraste. Pero ella no es paciente de hemodiálisis. De mala gana le paso el mensaje al Dr. Byers.
"¿No acabas de hacer rondas conmigo?" pregunta, obviamente molesto. Edward acaba de tomar de nuevo su lugar al otro lado de la estación de enfermeras, me quiero desvanecer y morir. Odio ser degradada, especialmente frente a él.
"No recuerdo que dijera algo sobre su creatinina, Señor."
"Dije que estaba al tanto de su nivel de creatinina y que íbamos a hacerla de todas formas."
"De acuerdo, es bienvenido para explicarle eso al radiólogo, porque se niega a hacerla. ¿Quiere que lo contacte por teléfono por usted?" trato de quitar el borde de mi voz, pero juzgando por la mirada letal que el Dr. Byers me lanza, no estoy segura de haberlo logrado.
"¿Por qué diablos necesitaría explicárselo a él? Ordene el análisis y va a tener la diálisis mañana."
Me quedo parada ahí por un momento, preguntándome si me perdí algo. Puedo sentir los ojos de Edward sobre mí y lo odio. Finalmente, digo, "Pero ni siquiera tiene un acceso para diálisis…"
Todo pasa tan rápido que apenas lo veo venir. El Dr. Byers se gira hacía mi molesto, lanzando el historial al aire a gran velocidad. Gira y golpea mi pierna – no lo suficiente para que duela, pero suficiente para asustarme – antes de chocar contra el estante de historiales y explotar en millones de papeles.
Maldición, eso va a ser molesto de organizar.
El Dr. Byers esta de pie y frente a mí antes de que pueda siquiera reaccionar, su rostro en un alarmante tono rojo mientras me grita. Es alto, y esta demasiado cerca, y honestamente me siento un poco asustada mientras doy un paso hacía atrás y trato de poner algo de espacio entre nosotros. Esta hablando sobre como él es un doctor y yo la enfermera y como este es su paciente, no mio, y de repente Edward esta entre nosotros, creando una pared protectora entre yo y la ira calva que esta amenazando mi vida en este momento. Le esta diciendo al Dr. Byers que no va a continuar hablándome de esta forma, y el Dr. Byers esta aun gritando enojado, su ira fuera de lugar ahora dirigida a Edward.
Un grupo ha surgido. Kate, la jefa de enfermeras, ha corrido hasta la estación de enfermeras para ver que esta pasando. Emmet se ha metido y envuelto un brazo a mí alrededor, alejándome de la violencia potencial. Garrett esta parado con la Sra. Green, que esta recargada en su andadera en el corredor, y ambos ven con los ojos abiertos toda la escena. Jessica tiene su boca abierta y esta prácticamente salivando por la escena, y quiero arrancar sus pequeños ojos brillantes.
Tan pronto Edward se da cuenta que estoy lejos del peligro, se aleja del Dr. Byers, claramente sin la intención de empezar una pelea. El Dr. Byers se ve como si acabara de ganar una pequeña victoria cuando Edward se aleja, su horrible rostro lentamente regresando a un color más normal.
Kate esta tratando de razonar con el Dr. Byers, pero no escucha nada al respecto. Se aleja de la estación de enfermeras, demandando que lo llamen cuando el historial este puesto en su lugar.
Imbécil.
Kate llama al supervisor de enfermería y se queja por unos cuantos minutos, luego cuelga para ir a encontrarme. "Lo vamos a reportar," dice molesta, como un hecho, y lo único que puedo pensar es en asentir.
Edward ha retomado su asiento, aun sin mirarme, y él y Emmet están hablando. Aun debe de estar molesto conmigo. Hubiera hecho lo que hizo por cualquiera.
Humillación, enojo, y tristeza me abruman y camino al final del pasillo, buscando un lugar callado para aclarar mi mente. Desaparezco dentro del armario de blancos, envolviendo mis brazos alrededor de mi pecho y reteniendo un torrente de lágrimas inesperado. Suspiro agravada cuando escucho la manija de la puerta moviéndose, pero luego Edward entra un segundo después.
Su rostro moldeado en preocupación. "¿Estas bien?" pregunta, rápidamente acercándose. Muevo mi cabeza negando y me giro alejándome de él, tratando de esconder mis traicioneros ojos húmedos. "¿Te golpeo el historial? ¿Estas herida?"
"No," escupo. "No estoy herida."
"Dios, Bella, lo siento. Él estuvo fuera de lugar. ¿Vas a reportarlo verdad?"
Me encojo de hombros. Si planeo reportarlo, solo no quiero darle la satisfacción a Edward de saberlo. Estoy siendo una perra. Pero estoy enojada, por más irracional que sea.
Odio a los doctores. Incluso aquellos con hermosos ojos verdes que se sienten inseguros con sus lindos lentes.
"Bella, mírame." Edward anida mi mejilla con su mano, girando mi rostro hacia él. Su cuerpo esta cerca del mio, la piel de su mano cálida. "Háblame," dice.
"No." Trato de alejarme de él, pero aprieta su agarre.
"No iré a ningún lado hasta que hablemos."
Suspiro, y luego mi filtro verbal explota. "¿Por qué demonios estas enojado conmigo solo porque hable con otro tipo?" pregunto "¿No tengo permitido hablar con nadie ahora? He sido completamente honesta contigo. Te he dicho como me siento, para lo que estoy lista. Y ahora tu no estas siendo honesto conmigo."
"¿Yo no estoy siendo honesto?" Edward pregunta incrédulo. "Maldición, Bella. No he sido más que honesto aquí. Nada más que paciente. Te he dicho todo lo que quiero, pero tu sigues ahí tratando de resistir todo lo que sabes que esta bien. No tengo ningún tipo de derecho sobre ti porque no me dejas. No hay nada que te detenga de salir huyendo con otro hombre."
"No estoy huyendo," alejo. "Y no te estoy forzando a que me esperes. No tienes por qué ser miserable solo porque necesito un poco de tiempo para poder arreglar toda mi mierda."
Mis propias palabras me duelen, pero son verdad. No quiero que sea miserable. Pero en retrospectiva, puedo claramente imaginarme a mi misma lanzándome a sus brazos, olvidando todas mis indecisiones, si evita que lo pierda.
La claridad de la revelación es aterradora. Edward tiene todo el poder aquí. Si se aleja, lo sigo. Si espera por mi, sanare. Seré capaz de superar mi fallida relación con la mente clara y un nuevo comienzo. Nunca habrá dudas sobre si Edward es solo una distracción, un hombre que estoy usando para superar mi pasado fallido. No se siente así para mí, ¿pero puedo saberlo con seguridad? Todo es tan intenso. Mis sentimientos por él son intensos, y no puedo distinguir cual es el inicio o el final de lo que significa.
De cualquier forma, soy suya.
"¿Qué?" pregunta sarcásticamente, sacándome de mis pensamientos. "¿Por qué un acostón sin sentido es más importante?"
Lo miro sorprendida, mis ojos cuestionantes.
"Dios, Bella." Sus labios se presionan contra mi frente. Esta tan cerca, tan cálido. Yo solo me muevo un poco más cerca. "¿Qué tan estúpido crees que soy?"
Antes de que pueda contestar, toma mi rostro y lo lleva al suyo bruscamente, chocando sus labios con los míos. Tan pronto mis labios se abren, su lengua abre camino, invadiendo cada centímetro. Enredo mis brazos alrededor de su cuello y lo traigo más cerca, y sus dedos se enredan en mi cabello para mantenerme ahí.
El beso no es dulce o tierno. Es vigoroso, hambriento, y nos devoramos.
Y soy suya.
