Se que la clasificación de la historia es R, pero en este momento me siento obligada a dar la advertencia que si eres menor de edad o eres una persona sensible con temas relacionados a violencia, sexualidad, etc. NO SIGAS LEYENDO ESTA HISTORIA!

Bueno una vez aclarado ese punto les dejo el siguiente capitulo, espero que les guste DEJEN SUS REVIEWS!


Capitulo 12 – Esto es mucho más divertido que odiarte.

"Deberíamos ir adentro, Bella. Probablemente te estas congelando."

¿Congelándome? Cierto. Probablemente debería estarme congelando, pero siendo franca, el mundo podría estarse cayendo a mí alrededor y dudo que lo note. Estoy demasiado preocupada con todo lo que ha pasado – con todo lo que quiero decir – como para notar cosas tan triviales como frio o hipotermia en este momento.

"Um… si. Cierto. Claro." Que conversadora tan brillante me he convertido. No me sorprendería si Edward solo me esta invitando a entrar por lastima.

Dios mio, por favor, no que no me esté invitándome a entrar solo por lastima…

Pero sonríe y pone su mano en mi espalda, guiándome en los escalones. Froto mis brazos para crear fricción mientras abre la puerta, y luego me hace pasar a su casa. La corriente de aire que se crea mientras Edward cierra la puerta detrás de mi, me sigue adentro y causa que un escalofría recorra mi espalda.

"Espera, voy a prender la calefacción," Edward dice rápidamente, moviéndose a mi lado. "Perdón, no he estado en casa en todo el día." El lucha con su termostato mientras yo me encojo de hombros.

"Esta bien."

"No debe tardar en calentarse," continua, regresando a mi lado. Se quita sus zapatos llenos de pasto, y yo hago lo mismo. "¿Quieres un suéter?"

De repente mi playera parece que esta congelada a mi cuerpo, pero no me molesta. Nada importa excepto la mirada de Edward. Sus palabras. La forma en que esta parado justo ahora a centímetros de mí, y si me inclinara hacía adelante en la punta de mis pies podría besarlo fácilmente.

Pero no lo hago. Estoy aterrada. Nerviosa.

¿Pero porque debería estarlo? Él es todo lo que quiero, ¿no?

Aleja el cabello de mi rostro, poniéndolo detrás de mi oreja. Sus dedos están fríos como el hielo, sin embargo me derriten desde adentro, descongelando cualquier duda que tenga. Ya tuve suficiente tratando de luchar contra esto.

"Perdón por patearles el trasero en el juego de beisbol," dice de repente, y mis ojos se abren sorprendidos. Sus propios ojos están brillando con malicia. "Aunque te advertí que pasaría."

Lo golpeo en el estomago. No fuerte, pero lo suficiente para hacer que se doble a la defensiva, un brazo instantáneamente estirándose para proteger su estúpido estomago.

"No hagas que te patee el trasero ahora" lo amenazo, pero claramente no es lo que debí decir – aun doblado, de repente me ataca, tomándome de las piernas y levantándome sobre su hombro tan arriba que estoy prácticamente colgando de cabeza. Juro que voy a caerme, y estoy seguramente gritando como una maniaca, pero no escapa mi atención que ahora su trasero esta justo en mi rostro. Como, justo ahí. Es todo lo que puedo ver y honestamente todo lo que puedo pensar por unos buenos treinta segundos, incluso mi vida que esta claramente en peligro, toma segundo lugar en este nuevo santuario que mi mente ha creado para su trasero.

"¿Qué decías, Bella?" Edward se burla. "¿Que ibas a patear el trasero de quien?"

Pretende que me deja caer y casi me hago en los pantalones del miedo. A la mierda, si voy a morir, al menos hare que valga la pena.

Así que agarro su trasero.

No es un agarre casual. No podría considerarse incluso amistoso. Es agresivo. Furioso, incluso. Representa todo la ira por toda mi frustración sexual acumulada por los pasados meses, y lo aprieto como si mi vida dependiera de ello, aun gritando todo el tiempo.

Creo que tomo a Edward por sorpresa. Es difícil de decir, dado que no puedo ver su rostro. Pero rápidamente deja de burlarse de mi y, y a una nauseabunda velocidad, soy lanzada al aire y caigo con un gruñido sobre su sofá.

El mundo gira por un segundo, y luego el rostro de Edward esta frente al mio.

"Así que en lugar de patearme el trasero, ¿tratabas de arrancarlo?" pregunta con seriedad.

Estoy jadeando, la adrenalina corriendo por mis venas. "Casi me matas," gimo, aun un poco mareada.

"¿A quien atormentaría si estuvieras muerta?" la pregunta sale tan seria como la pasada.

"Buen punto."

"Ven aquí." Tomándome de los cordones de mi pantalón, me jala hasta que estoy más recostada en el sofá, ahora si completamente sobre mi espalda y enteramente debajo de él.

No estoy exactamente decepcionada por nuestra posición. Si, quiero hablar con él. Pero tenemos toda la noche. No ira a ninguna parte.

No voy a dejarlo.

"Me alegra que hayas venido," murmura, su nariz a meros centímetros de la mía. Su cuerpo no esta tocando el mio, y el espacio entre nosotros se siente como kilómetros. Demasiado lejos.

Saco mi brazo de entre nosotros y toco su mandíbula. Sé que mis dedos deben estar congelados por que su rostro es caliente debajo de ellos. Su aliento calienta mi piel, y por unos cortos segundos, todo es silencio.

No arruino el momento con palabras incomodas; a cambio, me inclino hacía adelante y presiono mis labios firmemente contra los suyos, capturando su labio inferior entre los míos. Sus labios están fríos, pero su lengua es cálida mientras se desliza con entusiasmo para encontrarse con la mía.

Gime en mi boca, y el sonido parece viajar por todo mi cuerpo, la sensación casi electrizante. Deslizo mi brazo alrededor de sus hombros y lo jalo hasta que baja su peso sobre mí. Mis piernas abiertas a cada lado de su cadera para acomodarlo, haciendo nuestra posición más cercana, más intima.

Nuestros besos se hacen más apasionados, pero nunca apresurados. Su mano viaja desde mi cadera hasta mi muslo, y luego bajo mi blusa, alrededor de mi cintura. Mis propias manos están jalando su playera, tratando de quitar la ofensiva prenda de su cuerpo. Finalmente se compadece de mí y la jala sobre su cabeza, dejando su pecho desnudo y libre para que lo explore y lo disfrute.

Pero mis manos están frías. Sisea y mete el estomago cuando toco la suave piel expuesta.

"Perdón," me rio contra sus labios.

"Esta bien," murmura, y supongo que ignora mis dedos congelados porque continuo explorando, deleitándome en la sensación de su firme cuerpo sobre el mio, y él no se queja de nuevo. De hecho, hay muchos gemidos y muchos estremecimientos de su parte.

Quiero llevar a este hombre a la cama y nunca dejar la habitación.

Eventualmente me envalentono un poco. Pasando mis manos por su espalda, les permito permanecer en el elástico de sus shorts, el cual se estira y me permite un fácil acceso. Pienso largo y arduamente si debería proceder - ¿Sería inapropiado? ¿Demasiado? ¿Muy pronto? Pero al final la lujuria gana, y deslizo mi mano debajo de sus shorts y bóxer para darle a su desnudo trasero un sutil y firme apretón. Edward responde gimiendo y presiona su pelvis contra la mía con fuerza, y luego se aleja rápidamente, tomándome por sorpresa.

"Mierda," dice entre dientes, moviéndose hasta estar sentado en el sofá. Pasa una frustrada mano por su cabello mientras quito mis piernas de su repentina incomoda posición y me siento también.

"¿Qué? ¿Qué sucede?" pregunto, alarmada. Mi corazón esta latiendo muy fuerte. No tengo idea de la razón de su repentina retirada.

"Yo solo… Dios, Bella. Me estoy volviendo loco," declara, exasperado. "Y no quiero empujarte a que hagas algo para lo que no estas lista. Realmente necesitamos detenernos."

Mi corazón cae como plomo. Mi pecho se contrae. Siento como si hubiera sido golpeada en el estomago.

¿Esto es el final entonces?

"Yo-lo siento," balbuceo. "Sé que he sido muy difícil de lidiar…"

"¿De que estas hablando?" me interrumpe.

Trago saliva. "Dijiste que necesitábamos detenernos."

"Si, tenemos que hacerlo," confirma. "Voy a volverme loco si no lo hacemos." Sigue su oración con una oscura risa sin humor.

No sé que decir. Debería ofrecer irme, pero es lo último que quiero hacer. Quiero regresar el tiempo hasta hace dos semanas o tal vez los últimos veinte minutos y solo decirle lo que quiero sin tanto preámbulo. Quiero decirlo antes de que tenga tiempo de reconsiderar las cosas, que decida que no valgo la pena después de todo.

Toma su playera del piso y se la pone de nuevo. Una pequeña parte de mi muere.

"Me puedo ir," ofrezco débilmente, y los ojos de Edward viajan con rapidez a los míos.

"¿Por qué? ¿Te quieres ir?"

"Yo solo… ¿quieres que me vaya?"

"Claro que no, Bella. Si pudiera salirme con la mía te quedarías a pasar la noche conmigo." Tan pronto las palabras salen de su boca suspira, empieza a frotarse el rostro, cansado. "No era mi intención que sonora de esa forma," el gruñe. Pero sus palabras levantan mi ánimo.

"No quiero irme tampoco," admito silenciosamente.

"Bien," respira, aliviado.

"¿Crees que podamos hablar por un minuto?"

Edward me mira, ceño fruncido. "De acuerdo."

Al instante, mi boca se seca. Es como el algodón. Bajo la mirada a mis manos y trato de pensar en las palabras adecuadas, y Edward espera pacientemente a que empiece.

"Yo, uh…" ¿Dónde empezar? ¿Solo lo digo? ¿Elaboro? "Realmente me gustas, Edward. Pero tu ya sabes eso…"

Supongo que eso es algo. Edward frunce el ceño ligeramente, pero no dice nada.

"Y sé que te dije que quería tiempo," continuo. "Pero muchas cosas pasaron hoy y empecé a pensar que tal vez algunas cosas son más importantes. Y no voy a mentir – verte coquetear con otras mujeres, hizo… no lo se. No me gusta porque sé que no hay algo que te detenga de escogerlas sobre mí."

"Bueno en mi defensa," Edward habla. "Siento lo mismo al verte coquetear con otros hombres. Pero yo no coqueteo. ¿Cuándo he coqueteado con alguien?" frunce el ceño, probablemente pensando en su ultimo encuentro con otra mujer.

"No coqueteas descaradamente, pero cuando la mujer es atractiva y sé que estaría sobre ti en menos de lo que canta un gallo – y estas sonriendo y hablando con ella todo el maldito día – tiene el mismo efecto," clarifico.

"¿De quien estas hablando?"

"La Dra. Ellis."

El frunce el ceño. "No coqueteé con ella, Bella. Aun somos amigos, así que hablamos. Es completamente platónico."

"Tal vez para ti," argumento.

"¿Qué significa eso?"

"Significa que ella aun siente algo por ti."

El suspira y se rasca la cabeza. "¿Y que si lo hace? ¿Piensas que automáticamente eso significa que voy a continuar durmiendo con ella?"

"No es nada que no hayas hecho antes," murmuro, pero Edward escucha e inmediatamente se ofende.

"Dios, Bella. ¿Qué quieres de mí? Tu eres la que dice que no quiere una relación en este momento, ¿pero estas enojada porque hable con una amiga hoy? Así que básicamente preferirías que sacara a todas las mujeres de mi vida, pero tú no me has dado nada. Nada, Bella."

Mierda. Esto no esta yendo como lo imagine.

"No," digo rápidamente. "Eso no es lo que quise decir…"

"Entonces ilumíname. Por el amor de dios, sácame de mi miseria y dime exactamente que es lo que quieres."

Las siguientes palabras solo salen de mi boca sin preámbulo. No hay nada que las detenga, como una presa que se rompe bajo la presión y se desmorona.

"¡A ti!" exclamo. "Te quiero a ti, ¿de acuerdo? No quiero correr más riesgos. Quiero que me prometas que no vas a dormir con ella ni con nadie más, porque quiero que estés obligado a mi."

Los ojos de Edward se abren asombrados, y puedo ver que su enojo esta bajando.

"Entonces quiero que tu hagas lo mismo," declara naturalmente.

"Ya lo he hecho," respondo débilmente. Siento que toda mi energía fue vertida en ese arranque. "Has sido solo tu por semanas."

"Gracias a Dios," respira, suspirando aliviado. Jala la manga de mi blusa, urgiéndome a acercarme. "Ven aquí por favor."

No pierdo tiempo en acortar la poca distancia del sofá y me trepo en su regazo, mis rodillas a cada lado de su cadera mientras lo veo a la cara. Él envuelve ambos brazos alrededor de mi cintura y me sujeta contra él.

"¿Tienes idea de lo mucho que he esperado esto?" me regaña, inclinándose hacia adelante para que nuestros labios estén prácticamente tocándose.

"Lo siento," susurro, y sus labios encuentran los míos, sus roces lentos y deliberados. Enredo mis dedos en su cabello forzándolo a acercase, tratando de devorar todo lo que pueda en este momento. Un gran peso fue quitado de mis hombros, y me siento más ligera de lo que me he sentido en años. No hay más preocupaciones sobre que estará haciendo o con quien esta – porque finalmente, es mio.

El gruñe en frustración antes de alejarse de nuevo. Me inclino para besarlo un poco más, y lo permite antes de levantar los brazos y tomar mi rostro entre sus manos.

"¿Qué significa esto?" se pregunta, y yo frunzo el ceño.

"¿Qué?"

"¿Vas a usar mi chaqueta del equipo ahora?" pregunta bromeando. Su sonrisa es alegre y linda.

No puedo evitar la sonrisa que se forma mientras trato de imaginar a Edward como un jugador de futbol o algo. "¿Tienes una chaqueta?"

"Bueno… no," admite tímidamente. "Pero tengo una suave bata blanca."

"¿Quieres que use tu bata?" Arqueo una ceja.

"Sabes a que me refiero."

"Estoy bastante segura que ese concepto no aplica más allá de la preparatoria," le informo.

Él acaricia mi mejilla con su pulgar, poniendo mi cabello detrás de mi oreja.

"Es una lastima," dice, sus labios besando, de repente, la piel sensible de mi cuello. Su aliento es caliente contra mi piel. "Como que me gusta la idea de que uses mi bata." Su voz es sugestiva. Oh Dios.

"Bueno… tienes que merecer la bata," murmuro, pero francamente estoy muy distraída para pensar en una buena respuesta. Sus labios están detrás de mi oreja, ligeramente mordisqueando la piel sensible. Mi cuerpo entero estalla en piel de gallina.

"Creo que puedo hacer que eso pase," medita.

"Yo solo…mmm... de acuerdo…"

Su mano esta en mi cabello, el atrae mi rostro de regreso al suyo y nuestros labios chocan con fuerza. Su lengua inmediatamente empieza a explorar mi boca, nuestras caricias más urgentes que antes. Mi blusa es jalada sobre mi cabeza y lanzada a un lado, y momentos después, su playera la sigue. Piel contra piel. Mi sostén permanece, y ni siquiera es uno bonito – es un sostén negro para deporte que he tenido por lo menos un año. No me sorprende.

Pero a Edward no parece molestarle. Pasa las manos por mis senos sobre la tela, sus labios viajando a mi cuello de nuevo. Arqueo mi pecho hacía él mientras viaja más abajo, sus dedos jalando hacía abajo la tela de mi sostén para que su boca pueda rozar el volumen de mis senos. Mis propios dedos sujetan con fuerza su cabello, jalándolo, urgiéndolo a hacer más.

Levanta la parte baja de mi sostén con aprensión, sus cuidadosos ojos buscando los míos. "¿Esta bien esto?"

Asiento, tomando mi sostén y jalándolo sobre mi cabeza. Mis pezones están expuestos al aire frio solo por un momento, y luego la cálida boca de Edward esta cubriendo uno, su mano masajeando el otro. Gimo, inclinando mi cabeza hacia atrás en placer, y momentos después cambia para prestar igual atención a mi otro seno.

"Maldita sea eres hermosa," respira contra mi pecho, y por un breve instante creo que esta hablando con mis pechos y no conmigo. Eso seria un poco extraño, pero tal vez sabe que albergo una inseguridad por el escote de la Dra. Ellis.

Yo solo jadeo como respuesta.

Edward se gira, poniéndome sobre mi espalda en el sofá. Se arrastra sobre mí, su rodilla entre mis piernas, y nuestros labios se encuentran de nuevo.

Mis piernas se envuelven alrededor de su cintura de nuevo, su erección cavando en mí mientras sus caderas presionan hacía adelante. Es maravilloso y excitante y terrorífico.

"Vas a tener que detener esto, Bella," jadea, como si supiera exactamente lo que estoy pensando. "No quiero apresurarte, pero…" me besa de nuevo. "Dios, maldición te sientes tan bien," termina.

Desearía poder detenerme. Pintar algunos límites, ser una dama. Pero tiene razón, esto se siente tan bien. Estoy rodeada por su esencia, su sabor. Rodeada y abrumada, y no quiero que termine nunca.

Tal vez es muy pronto, ¿pero importa? Ambos lo queremos. Literalmente me dolería sin el…

Negarnos a nosotros mismos solo sería ridículo.

"Dios, no quiero que termine," gimo desesperadamente. Mis dedos arañan ligeramente su espalda, mis manos deslizándose debajo de sus shorts de nuevo. Su trasero es perfecto, y lo uso como palanca para presionar sus caderas incluso con más fuerza donde lo necesito. El gime y se aleja un momento después, tropezándose torpemente hasta estar de pie.

"Ven conmigo," me urge, sin aliento, y me ayuda a levantarme del sofá con la mano. Instantáneamente estoy unida a él de nuevo, nuestros besos frenéticos y exigentes mientras atraigo su rostro al mio con mi mano en su cuello. No creo que logremos llegar a la habitación a este paso. Caminamos torpemente por la habitación, chocando contra una silla, pero ninguno se aleja. Cuando llegamos al pasillo, me gira y me atrapa contra la pared, nuestras bocas aun devorándose y más insistentes que antes.

Meto mi mano entre nosotros y lo acaricio sobre sus shorts, haciendo que gima en mi boca. Eventualmente se aleja para poder atacar mi cuello, y nuestra pesada respiración llena el pasillo mientras coloca mi pierna sobre su cadera, presionándose con más fuerza contra mí. Continuamos así por unos segundos más antes de que tome mi otra pierna con su mano libre, agachándose un poco para poder levantarme completamente. Enredo mis piernas alrededor de su cintura al instante, aferrándome a él, mientras da unos pasos hacia atrás antes de finalmente girarse y completar el viaje a la habitación.

La puerta es empujada con fuerza, causando que golpee la pared. Lo beso hambrienta, ninguno de los dos se inmuta por el sonido, mientras trastabilla hacía adelante y eventualmente me baja sobre su cama.

Se arrastra sobre mí, inmediatamente jalando el nudo de mis capris. Cuando están sueltos, levanto mis caderas para que pueda jalarlos hacia abajo. Tan pronto están tirados en el piso, lo jalo hacía mí, chocando nuestros labios mientras con impaciencia jalo sus shorts hacia abajo por sus piernas, llevándolos lo más lejos que puedo. Edward termina el trabajo por mí, y pronto estamos piel contra piel, nuestra ropa interior la última delgada barrera entre nosotros.

Edward besa de nuevo mi cuello, mi pecho, tomando un duro pezón con su boca. "Mmmm… sabes tan bien," gime. Me aferro a su cabello desesperadamente, jadeando y ansiosa mientras su mano se desliza por mi estomago y eventualmente me frota suavemente a través de mis bragas. Me arqueo fuera de la cama por el contacto, y Edward me mira, sus labios aun acariciando mi piel.

"¿Eso se siente bien?" murmura, y su voz sola es suficiente para volver loca. Ha pasado mucho tiempo… mucho tiempo.

"Maldición sí… Dios, se siente tan bien," gimo. Tomando esto como su señal, lentamente toma mis bragas de cada lado de mis caderas y las jala hacía abajo. Son manipuladas con cuidado sobre mis piernas y puestas de lado, y su boca roza mi abdomen bajo, solo a unos centímetros de donde lo deseo más.

Su mano esta ahí de nuevo, sin tela entre nosotros, dos dedos deslizándose entre mis pliegues mientras su pulgar roza mi clítoris. Estoy jadeando incontrolablemente mientras lanzo mi cabeza hacía atrás, ya cerca del borde. No estoy segura si es Edward o los meses sin sexo – o tal vez una combinación de ambos – pero tan pronto su boca remplaza su mano, su lengua probándome con largas caricias, siento que voy a perder el control por completo.

Y por más maravilloso que se sienta, lo quiero dentro de mí, y no solo sus dedos. "Edward," jadeo, jalándolo hacía arriba. "Detente… no puedo… Te quiero a ti."

Probablemente no hago sentido de mi misma, pero Edward parece entender. Me besa brevemente antes de inclinarse hacia adelante y abrir el cajón de su mesa de noche. Hurga dentro por unos segundos antes de sacarlo más – mucho más – causando que el cajón completo se salga de la mesa y caiga al piso. Maldice mientras choca contra el piso.

"¿Qué sucede? ¿Qué estas haciendo?" le pregunto, apoyándome sobre mis codos para observar. Finalmente regresa conmigo, y juro que luce como si fuera empezar a llorar.

"Mierda," maldice en voz baja. "Creo que no tengo condones."

"¿Qué?" mi voz aumenta unas octavas, y rápidamente trato de recuperar el control. "¿Qué quieres decir? ¿No tienes uno en tu cartera o algo?"

"No tengo dieciséis años, Bella."

Me inclino sobre la cama para ver el cajón tirado, escaneando su contenido con mis ojos. Encontrar un condón seria como descubrir el Santo Grial en este momento. Pero maldición, no hay nada valioso ahí – solo plumas y papel, baterías y chicle.

"Yo solo… no he necesitado uno en un tiempo," dice. "No me di cuenta que no tenía." Me mira. "¿Estas tomando la píldora?"

Me ilumino por un segundo, y luego recuerdo… mierda. Se me acabaron el mes pasado y no he tenido tiempo de ir por otro llenado. Honestamente, no conozco a ningún ginecólogo en el área, y la mera idea de ir a uno horrible me hace retorcerme. Como con todos los doctores. Así que he estado perdiendo el tiempo. Fugazmente había considerado a la mamá de Edward, dado que comento que era ginecóloga obstetra, pero la idea murió tan pronto se formo. No había forma que la mamá de mi amante potencial examinara mi asunto.

"Se me terminaron," gruño, recostándome en la cama derrotada. Cierro los ojos, tratando de no fijarme en mi horrible suerte o la falta de fe de Edward de que alguna vez nos fuéramos a acostar. Si hubiera sabido esto, hubiera llenado mi bolso de condones antes de venir. En realidad nunca había tenido que lidiar con todo el asunto de los condones antes – había tomado fielmente mi píldora anticonceptiva por años, absolutamente aterrorizada de producir accidentalmente descendencia con Alec. Pero con nadie en medio de mis piernas últimamente, el llenado no se registro en mi mente como algo urgente.

La cama se hunde mientras Edward se mueve a mí alrededor, y luego siento su nariz tocando la mía, sus labios buscando mi barbilla. "Lo siento," murmura. "Puedo ir a la gasolinera…"

Envuelvo mis brazos alrededor de él, trayéndolo cerca. Nos besamos suavemente por un momento.

"No quiero que te vayas," me quejo, negándome a aminorar mi agarre. Su ingle presiona entre mis piernas, su bóxer aun separándonos. Solo la fricción es asombrosa. Deslizo mis brazos por su espalda, luchando por empujar la tela hacía abajo.

"Quítate esto," le ordeno.

"Bella…" dice con tono de advertencia, su mano rápidamente deteniendo la mía.

"No vamos a hacer nada. Solo… por favor, Edward."

Eso es todo lo que me toma, y esta rápidamente empujándolos hacía abajo por sus caderas, levantándose ligeramente sobre mí para poder jalar el elástico sobre su erección. Observo mientras es liberada, completamente fascinada y más excitada que nunca. Baja su cuerpo de regreso al mío, cubriéndome mientras besa mi cuello.

El largo de su polla presiona contra mi ahora, dura y perfecta. Paso mis uñas por su espalda mientras muevo mis caderas, causando que su largo se deslice arriba y abajo contra mí. Todo esta resbaloso y mojado, y Edward gime en voz alta, inmediatamente cayendo en cuenta y moviendo sus caderas conmigo.

"Te sientes tan bien," gime. "Deseo tanto estar dentro de ti." Su cabeza esta enterrada en mi hombro, su aliento caliente sobre mi piel. Aunque tengo que estar de acuerdo con él sobre tenerlo dentro de mí, esto por si solo se siente increíble – la cabeza de su polla continúa deslizándose entre mis pliegues, presionando en mi entrada pero nunca empujando dentro. Cada pasada roza mi clítoris y casi me lleva al borde.

"Dios, Edward… esto se siente asombroso. Podría correrme. Voy a correrme," jadeo.

"¿Si? ¿Esto se siente bien?" Besa mis labios suavemente, y yo coloco una mano en su perfecto trasero, guiando sus caderas, mientras mi otra mano se enreda en su cabello. Puede que no estemos unidos, pero aun así hay algo extremadamente íntimo de esta situación.

"Muy bien. Muy, muy, muy bien."

Mueve su mano entre nosotros, poniendo dos dedos en mi clítoris. "¿Qué tal esto?"

Eso es todo lo que necesita. Entierro mis uñas en su piel, tensándome mientras pierdo completamente el control debajo de él. Su nombre deja mis labios en cortas ráfagas, y cuando termina me besa con firmeza, empujando su lengua en mi boca. Nos besamos por varios momentos más antes de alejarse y enfocar su atención en mi mandíbula, luego mi cuello.

"¿Eso se sintió bien?" Aun esta duro como la roca sobre mí, moviendo sus caderas.

"Demasiado bien," suspiro, agotada.

Me toma un segundo recuperarme, luego reúno la energía para empujarlo, urgiéndolo a recostarse. Él fácilmente accede, y yo me monto en su cintura antes de besarlo de nuevo. Las manos de Edward pasan por mis costados, mis caderas, y por mis piernas mientras nuestras lenguas lentamente se acarician.

Eventualmente me alejo y me bajo de la cama para ponerme de rodillas frente a su polla. La admiro por un momento, y luego envuelvo mi mano alrededor, moviéndola lentamente arriba y abajo, causando que Edward gima en voz alta. Una parte aun esta resbaloso por mis propios fluidos.

"Dios, Bella. Eso se siente increíble. Tan bien."

Satisfecha, subo, lentamente lamiendo desde la base de su polla hasta la cabeza. Puedo probarme a mi misma en él, pero no me molesta en lo más mínimo. Si acaso, me excita aun más.

Edward jadea antes de poner su mano gentilmente contra un costado de mi cabeza. Pierdo poco tiempo atormentándolo antes de tomarlo completamente en mi boca, causando que gima y levante sus caderas. Tomo lo más que puedo, y él lanza la cabeza hacía atrás y cierra sus ojos, mordiendo su labio inferior.

Hermoso.

Continúo por un par de minutos, envolviendo mi mano alrededor del remanente que no cabe en mi boca. Su mano se enrosca con más fuerza en mi cabello, jalando ligeramente, y levanto la mirada para encontrarlo viéndome, su rostro contorsionado en una expresión de puro deseo.

Y luego esta alejándome de él, rápidamente remplazando mi boca con su mano mientras me jala hacía arriba por su cuerpo y sella la distancia con un firme, abrazador beso. Su mano continua moviéndose de arriba abajo, y solo segundos después se esta corriendo sobre su estomago, gimiendo en mi boca mientras termina.

Ambos estamos jadeando, ambos un poco ruborizados. El esta pegajoso, y su mano deja su polla para pasar por mi trasero. Me monto sobre el suavemente.

"Hubiera terminado," le digo. Tragar semen no es mi cosa favorita del mundo, pero lo hubiera hecho con gusto por Edward. Esta altura anormal en la que he sido disparada hace poco para controlar las mariposas de mi estomago, y cada pequeño roce de él dispersa a los pequeños bichos alrededor, haciendo que la sensación sea peor. Pero me gusta la sensación, y satisfacerlo me complacería mas que nada.

"No lo sabía," murmura, besándome de nuevo. Ahora que hemos empezado, es como si no pudiéramos detenernos.

"Bueno… ahora lo sabes."

Beso.

"Probablemente debería ir a limpiarme."

Beso.

"Si tienes que hacerlo."

Beso

"¿Te gusto hecho un desastre?"

Cejas sugestivas. Otro beso.

"Me gustas de cualquier forma que pueda tenerte."

"¿Me esperarías si voy a tomar una ducha muy rápido? Aun necesito limpiarme por el juego de beisbol."

"Creo que tendrás que ir a tomarte tu ducha y averiguarlo."

Eventualmente me quito para que pueda deslizarse fuera de la cama, y desaparece dentro del baño principal, sonriéndome una última vez. Veo su trasero mientras se aleja, por supuesto. Tan hermoso trasero. Ahora no podre verlo nunca más en su uniforme sin querer magullarlo.

Escucho la regadera abrirse, el cambio en el sonido del agua cuando entra. Me tomo un momento para observar su habitación – paredes color natural y café claro con una línea blanca, una simple cómoda que hace juego con la cabecera de la cama. Su edredón es azul oscuro y suave. Hay un diploma de su licencia médica enmarcado en el piso contra la pared, como si no hubiera tenido tiempo de colgarlo. En la cómoda, hay una fotografía de él con quien supongo es su madre, es una mujer mayor, una replica femenina del hombre en el baño, y tiene su brazo sobre sus hombros mientras sonríe la cual observo a la distancia.

Considero vestirme, pero luego decido que a mi también me vendría bien una ducha. Sin mencionar que hay un ardiente, mojado doctor que podría estar diciendo mi nombre. O si no, mi cuerpo definitivamente esta diciendo el suyo. Me escabullo en el baño, triste por el hecho que hay demasiado vapor como para verlo a través de la puerta de vidrio de la regadera. Solo puedo distinguir una delgada figura beige.

Trato de ser silenciosa – de escabullirme detrás de él sin ser vista – pero me escucha tan pronto abro la puerta de la regadera. Es una lastima porque realmente quería observarlo mientras se bañaba por un momento. Desinhibido, mojado y lleno de jabón. Pero no me decepciono cunado me sonríe y me hace espacio debajo del chorro de agua, o cuando jala mi cuerpo hasta pegarlo al suyo y pasa sus manos por mi espalda.

"Me estaba preguntado si vendrías algún día," advierte.

"Pudiste haberme preguntado," me burlo. "Y estaba un poco ocupada curioseando en tu cajón de ropa interior."

"¿Encontraste algo incriminatorio?"

"Bueno había un par de calzoncillos muy sucios…"

Me ataca con sus labios, fijándose a un área sensible debajo de mi oreja mientras me toma de mis costados. Me da cosquillas, y yo grito y trato de alejarme. Pero eventualmente, cedo. Mis ojos se ponen en blanco y obtengo una vista panorámica de su regadera, la cual es…. Bueno, gigante. Convenientemente.

"Tu regadera es, uh… impresionante," le digo. Hay un chorro en cada lado, hermoso azulejo café y un banco. Bueno, el banco es en realidad una extensión de la pared, hecha con el mismo azulejo, pero asumo que esta ahí para sentarse.

"Hice que la remodelaran cuando me mude," contesta.

"¿Qué más remodelaste?"

"Nada. Solo esto."

Nuestros labios se encuentran de nuevo, los suyos mojados y resbalosos por el agua. Su cuerpo esta cálido y resbaloso mientras paso mis manos lentamente por sus hombros, su cuello, su espalda, queriendo tocarlo todo a la vez.

"¿Ya te lavaste?" pregunto, alejándome y tomando la botella del jabón corporal. Abro la tapa y huelo el contenido, casi desmayándome al instante sobre el piso de la regadera. Es la esencia de Edward… como Edward embotellado.

Por supuesto que voy a robarme este jabón. O al menos abastecerme yo misma.

"Nop," contesta, y pongo una gran cantidad de jabón en mis manos, sin molestarme en usar una esponja. No tiene ningún jabón femenino, pero ¿a quién le importa? Ahora puedo oler como él toda la noche. Tal vez toda la semana, si logro escaparme con la botella. El olor es tóxico.

Froto mis manos hasta lograr una gran capa de jabón y empiezo a frotar sus hombros, su pecho… bajando más y más antes de subir de nuevo, tentándolo. Ya se esta poniendo duro de nuevo. Sus ojos están cerrados e inclina la cabeza hacía atrás por un momento.

"Eso se siente tan bien," me dice. "Todo sobre ti se siente… tan bien."

Me siento triunfante. Tal vez un poco presumida. Continuo explorando hasta que estoy tomando su largo, subiendo y bajando lentamente, sintiendo como se endurece en mi mano. Me besa con fuerza en los labios y nos jala uno o dos pasos hacia atrás, luego nos gira para sentarse en el banco. Jala mis caderas y prácticamente me derrito sobre su regazo, su cuerpo aun resbaloso por el jabón.

Nos besamos fervientemente por un momento, mi mano aun entre nosotros, aun frotando y apretando. Realmente deseo que tengamos un maldito condón. Quiero hundirme sobre él con tantas ganas que apenas puedo soportarlo.

Juro solemnemente, hasta que la muerte nos separe, nunca voy a estar sin la posesión de un condón de nuevo.

Amen.

Se mueve debajo de mí, empujando sus caderas hacía adelante. Sus manos se deslizan entre mis piernas y comienza a acariciarme, su pulgar moviéndose en pequeños círculos justo donde lo necesito mientras dos dedos se deslizar dentro. Gimo y lo beso con más fuerza, frotando su polla más rápido, tratando de imaginar que es él quien esta dentro de mí y no sus dedos.

"Deseo tanto estar dentro de ti," dice gimiendo, reflejando mis pensamientos. "Te sientes tan bien alrededor de mis dedos. Tan caliente y estrecha."

Oh Dios.

Enreda su mano libre en mi cabello, jalándolo lentamente para que mi cabeza se incline hacia atrás y mi cuello y pecho queden expuestos. Él toma esto como ventaja, besando y mordisqueando mi cuello, mi clavícula, mi pecho.

"¿Puedes imaginar como mi polla se sentiría dentro de ti?"

Oh, me gusta el doctor que habla sucio. Me gusta mucho.

"¿Puedes?" repite, dándole a mi cabello un pequeño jalón. Puedo sentir la presión creciendo en mi estomago, amenazando con lanzarme al borde en cualquier momento.

"Maldición, si," jadeo. "No puedo esperar para tenerte dentro de mi."

Me jala hacia él y me besa con fuerza, la presión casi dolorosa. Su mano deja mi cabello y toma mi seno en su lugar, y momentos después estoy inmersa, cayendo justo sobre el borde, su nombre saliendo de mi boca en cortas, repetidas ráfagas.

Edward pone su mano sobre la mía, guiando mis movimientos, ajustando mi agarre. Le toma un poco más, pero pronto se une a mí, su rostro enterrado contra mi cuello mientras se corre de nuevo en su estomago.

El agua de la regadera se ha enfriado, pero ambos estamos jadeantes, exhaustos. Sin preocuparnos. Mi cuerpo esta lánguido contra el suyo, mis brazos alrededor de sus hombros mientras jadeo contra su pecho. Sus manos acariciando mi espalda.

"¿Te quedarías conmigo esta noche?" me pregunta eventualmente, alejándose para medir mi reacción. Estoy segura que no es exactamente lo que esperaba ver – mis ojos se abren un poco, mi corazón se acelera de nuevo mientras un millón de ideas y escenarios pasan por mi mente.

"¿No piensas que es muy pronto?" le pregunto, insegura.

"No me importa si es muy pronto. Te quiero en mi cama conmigo."

Todo se esta moviendo muy rápido. Un minuto estoy confesando mis verdaderos sentimientos, el próximo estamos teniendo fiestas de pijamas.

¿Pero como puede estar mal si se siente tan correcto?

"No tengo nada de ropa," le digo.

"Puedes usar algo de la mía. O nada, si quieres. No me opongo a eso."

Sonríe descaradamente y golpeo su brazo. Solo por diversión, en realidad, porque dormir desnuda en la cama de Edward en verdad suena fabuloso. Pero no le digo eso.

"No tengo cepillo de dientes," continuo, y Edward pretende lucir derrotado.

"Ah, maldición. Tienes razón. Creo que tendrás que secarte e irte a casa entonces." Trata de empujarme lejos de su regazo, despidiéndome, pero me aferro a él con un ceño.

"Cállate. ¿Tienes uno que pueda usar?"

"Puedes usar el mio. A menos que pienses que tengo asquerosos gérmenes de doctor."

"Si, tus gérmenes de doctor son bastante asquerosos. Tal vez necesite una inyección de penicilina cuando termine. Espero que tengas una receta a la mano."

"Bueno para tu suerte, de hecho tengo un maletín con penicilina bajo el fregadero para tales ocasiones."

Envuelve sus manos alrededor de mí de forma segura, besándome de nuevo.

"Wow, eso si es suerte," le digo, riendo. "¿Compartes seguido tu cepillo de dientes?"

"Todo el tiempo. Tengo personas haciendo filas fuera de mi puerta esperando para usarlo."

"¿Entonces, nadie a muerto?"

Besa mi mejilla, luego la comisura de mis labios, luego mis labios; mis dedos enredándose en su cabello oscuro y mojado trayéndolo más cerca.

"No, Bella. Nadie ha muerto."

Pasamos unos minutos más de esta forma, y luego el agua se pone muy fría y nos apresuramos para terminar de ducharnos. Edward sale de la regadera primero y trae consigo una toalla gruesa, envolviéndola con suavidad alrededor de mi cuerpo antes de jalarme de nuevo contra su torso desnudo. Estoy mareada, absolutamente vencida por la felicidad de poder tocarlo como quiero. Al saber que esta aquí conmigo y no envolviendo a una desnuda, zorra pelirroja en una toalla en lugar de mi.

Nos cepillamos los dientes y me da una playera y un par de bóxer para usar. Me pregunta si quiero ver televisión, pero no quiero. Solo quiero recostarme con él, sentir su piel, escuchar sus latidos. Se sube a la cama después de mí y presiona su pecho contra mi espalda, su rodilla deslizándose entre mis piernas mientras envuelve un brazo alrededor de mí y me jala más cerca. Su rostro esta enterrado en mi hombro, su nariz en mi cabello húmedo.

El silencio se extiende por un momento, pero ninguno de los dos se duerme. Su mano esta bajo la playera, su pulgar frotando círculos en mi estomago descubierto.

"¿Reportaste al Dr. Byers?" pregunta finalmente. Gruño internamente al recordar el tiempo invertido en escribir el reporte de dos páginas. Horas de mi vida que nunca voy a recuperar.

"Si," contesto. "Kate prácticamente me obligo a escribir un libro. Escribí que me rehúso a tomar otro de sus pacientes de ahora en adelante y que si alguna vez lanza algo remotamente cerca en mi dirección de nuevo, voy a demandarlo a él y al hospital. Kate escribió uno, también."

"Yo también escribí uno," Edward ofrece. Estoy un poco sorprendida de escuchar esto.

"¿Lo hiciste?"

"Claro. Estuvo fuera de lugar."

"Tu me tomaste en el corredor," le recuerdo, mi voz bromeando. "El día que trate de hacerte enojar…"

"Si me enojaste," interrumpe. "Nunca te había visto antes, y lo primero que haces es tratar de hacerme lucir como un tonto frente a un paciente. Es como si hubieras salido a cazar."

"Si… perdón por eso. Pero en mi defensa, creo que fue bueno para ti. Tenia que bajar uno nivel o dos tu enorme cabeza antes de que el tamaño se saliera de control."

"¿Aun piensas que mi cabeza es enorme?" pregunta, pretendiendo estar herido.

"En realidad… tu cabello se ha visto un poco esponjado últimamente," miento. Amo su cabello. "Medio esconde lo grande que tu cabeza es en realidad. ¿Te quedaste sin productos para el cabello?" Estiro mi mano para tomar algunos mechones, que aun están mojados y para nada esponjados. El rostro de Edward se deforma en graciosa indignación mientras toma mi mano, inmediatamente girando sobre mí y aplastándome como lo hizo el día del sofá.

"¿Es eso cierto?" pregunta maliciosamente, aplastándome con su peso apropósito. Él seria el niño gordo más malo que el hombre haya visto. Grito y me retuerzo debajo de él. "Retráctate," demanda.

"¡De acuerdo! ¡Me retracto! ¡Me retracto! ¡Me encanta tu estúpido cabello!"

Se quita de sobre de mí y me gira hacía él, aun jadeando por el esfuerzo mientras me acomodo contra su pecho.

Unos minutos de silencio pasan, y luego digo. "¿Oye… Edward?"

"¿Si?"

"¿Crees que nos hubiéramos gustado si nunca nos hubieran arreglado esa cita a ciegas?"

Lo piensa por un momento. "No lo sé," finalmente contesta. "¿Tu crees que sí?"

"Tampoco lo sé," digo. "Pero me alegro mucho que las cosas salieran de esta forma. Lo que hicimos esta noche es mucho más divertido que odiarte."

Sonriendo. Edward me jala más cerca, plantando un rápido beso en mis labios. Y luego otro. Paso mi mano por su mandíbula, dejando que la punta de mis dedos rocen su sutil barba, y luego sus suaves sonrientes labios.

Besa mis dedos. "A mi también me alegra."