Vanessa se encontró en una habitación de mármol negro, aunque se veía muy limpia tenia un aura a corrupción que casi no podía soportar, quería salir corriendo, algo no estaba bien, escucho un gemido y se dio la vuelta para ver una enorme cama con dosel color blanco, tendido sobre esta estaba un Savitar golpeado y ensangrentado, había una mujer inclinada tratando de curarlo pero él se resistía. La mujer tenía el cabello platinado y era muy delgada, su toga era de color amarillo y llevaba sobre esta una capa de viaje color marrón, su cabello estaba recogido con un prendedor en forma de sol atravesado por dos rayos, ella estaba tratando en vano de mantener a Savitar quieto para poder curar sus heridas.

-. Debo ir – decía Savitar – déjame ir a acabar con ellos.

-. No vas a poder en estas condiciones – decía la mujer.

-. Déjame salir de aquí – decía Savitar tratando de alejarla con los brazos, le era inútil todo esfuerzo, ella tenia razón, él no podía con nadie en ese momento.

-. Perdóname pero no tengo otra opción – dijo ella pasando su mano sobre el rostro de Savitar, en ese momento él quedó inconsciente – Selkis ayúdame

-. ¿Que sucede? – preguntó Selkis apareciendo en la habitación

-. Mira como está – dijo la mujer rubia – esos bastardos lo dejaron en estas condiciones.

-. ¿Qué le hiciste para que este tan calmado? – dijo Selkis sin creerse que Savitar pudiera estar dormido junto a una diosa.

-. ¿Qué crees? – respondió la rubia con sarcasmo – no lo golpee si es lo que te preocupa.

-. Sabes que no me preocupa el maltrato físico, en esas condiciones lo que menos le dolería sería un golpe tuyo – dijo Selkis – necesito un bálsamo especial – dijo Selkis desapareciendo.

La mujer rubia se acerco a Savitar y le acarició la mejilla, Vanessa sintió celos de ella, de que pudiera tocarlo sin problemas, ¿quien era ella? Esa extraña a la que aún no conseguía verle la cara conocía a Savitar, a su madre y savia el universo a quien más. En ese preciso momento quería ser ella para poder estar cerca de Savitar, "nunca desees la vida de los demás porque no sabes que esconde" recordó las sabias palabras de su tío Thot. Su madre volvió con un recipiente de cristal donde se veía un liquido color índigo, se acerco a Savitar y lo vertió sobre todas sus heridas, cuando el liquido tocaba algunas de ellas él rechinaba los dientes pero no se despertaba. Las heridas comenzaron a sanar pero no con la rapidez que deberían, ella se preocupo a acusa de eso, no era normal que una herida dañara el cuerpo de un Chthonian a tal grado. Cuando las heridas estuvieron curadas en su mayor cantidad, la diosa rubia volvió a pasar su mano por el rostro de Savitar y este despertó, estaba aturdido por el sueño abrupto. Al reponerse miró a la mujer con resentimiento por lo que le había hecho.

-. ¿Cómo te atreves? – pregunto con indignación.

-. Necesitabas curarte y si no hacia eso no te ibas a quedar quieto – dijo ella sin dudar y sin miedo alguno.

-. Ella tiene razón y lo sabes – dijo Selkis mirando a Savitar.

-. ¿Y se puede saber quien de ustedes no me deja mover? – dijo Savitar tratando de moverse

-. Yo, y no te voy a dejar mover hasta que mi bálsamo cumpla su efecto completamente – dijo Selkis cruzando sus brazos sobre el pecho.

-. ¿Cómo es que pude llegar a confiar en ustedes dos? – dijo Savitar recostándose sobre las almohadas.

-. Lo mismo digo – dijo la diosa rubia.

-. ¿Por qué te atacaron así? – preguntó Selkis ignorando sus comentarios.

-. No te interesa – dijo Savitar en tono cortante.

-. Resulta que sí me interesa porque fui yo quien te salvo la vida y lo sabes – dijo Selkis autoritariamente – sin ánimos de ofender – añadió mirando a la rubia.

-. Tranquila, se que no poseo esos poderes – dijo la diosa calmadamente.

-. Repito mi pregunta, ¿Por qué te atacaron así?

-. Ya saben de quien soy hijo, no pueden aceptar que tengo una madre y ellos no.

-. ¿Por eso te hicieron eso? – dijo Selkis poco convencida – yo sabía que eran unos brutos pero ¿a tal grado?

-. Te sorprenderías – dijo Savitar cansadamente – cuando se enteraron que soy hijo de Gaia y no su creación tuvieron miedo que los asesinara a todos y heme aquí.

-. Que horror y después dicen que los dioses somos los malvados – dijo la diosa rubia.

-. Eso suena irónico viniendo de ti mi querida Destructora – dijo Savitar.

-. No seas tan irónico mira que ya me debes varias – dijo ella.

-. Cálmense los dos – dijo Selkis – ¿ahora que piensas hacer Savitar?

-. Matarlos a todos, nadie me hace esto y queda libre de culpa – dijo Savitar con rabia.

Su madre iba a decir algo más, pero antes de que pudiera escuchar qué, la visión cambió y Vanessa se encontró en medio de una guerra, una tan sangrienta que no tenía descripción alguna, habían criaturas que ella nunca había visto, unos gusanos gigantes con tentáculos en sus extremos, eran gigantes y atemorizadores, estaban peleando unos con otros sin descanso, ella caminó hasta el centro del campo de batalla. Dio gracias al universo porque nada la podía tocar, al llegar al centro vio a Savitar luchar contra uno de esos gusanos, le pareció que estaba en desventaja ya que Savitar estaba en forma humana, ¿Qué eran esas cosas? Daban un poco de asco y mucho miedo pero ella estaba admirada de cómo Savitar luchaba contra esa cosa gigante sin siquiera una pisca de temor. Vanessa vio como Savitar apuñalaba a la bestia y para su sorpresa esta tomó forma humana, era un hombre mas bajo que Savitar pero igual de musculoso, peleaban con una agilidad sorprendente, Vanessa los miraba extasiada por la belleza de la lucha hasta que el contrincante de Savitar calló al suelo sobre su espalda, Savitar materializó una daga y le abrió la cara desde la línea del cabello hasta la barbilla, el hombre gritó y la imagen cambió.

Esta vez estaba en un claro de bosque, los arboles eran de un extraño color plateado, Vanessa creyó que estaba sola hasta que vio a una hermosa mujer, de cabello rubio dorado, tenía un bebe en sus brazos, tanto la mujer como el niño tenían la piel sumamente blanca y los ojos azul grisáceo, ella estaba jugando con el niño hasta que se sintió un cambio en el aire, algo malo muy malo se acercaba, el cielo comenzó a nublarse hasta ponerse totalmente obscuro, de repente se escucho un estallido tras los arboles y comenzaron a llegar muchos de hombres con que exudaban peligro por todo su ser, la mujer agarro al niño contra su pecho y comenzó a llorar.

-. No le hagan daño por favor – decía entre lágrimas.

-. Siento tener que ser tan molesto – dijo una voz masculina que venía desde el fondo del grupo – pero es justo por él que venimos.

-. No se lo van a llevar – dijo ella tratando de calmarse – él no tiene la culpa, en ese caso llévenme a mi.

-. No te preocupes por eso – dijo la misma voz pero ahora venía de todas partes del campo – no estamos aquí porque él tenga culpas o no, estamos aquí porque es una abominación desde el momento en que se engendro, un ser nacido de la mescla entre una diosa y un Chthonian es algo horrible y mas teniendo en cuenta quien es el Chthonian en cuestión, un hijo de Savitar el bastardo de Gaia no debe de existir.

La escena volvió a cambiar, ahora se encontraba en una sala que nunca había visto, a su lado había una puerta que llevaba a otra habitación, dentro de la habitación estaba la diosa rubia, todo a su alrededor estaba flotando, Vanessa sintió la furia de la diosa en sus huesos, realmente la intimidó, ella quería la sangre de Savitar costase lo que costase. Savitar estaba de pie al final de la habitación, se veía inmutable pero estaba nervioso, Vanessa lo noto por lo rígida de su postura.

-. Realmente eres un bastardo – dijo la diosa con una voz que mataría a cualquiera – ¿como pudiste dejarla morir?

-. Créeme no pude hacer más de lo que hice – dijo Savitar con sinceridad, pero la diosa no lo noto estaba demasiado enojada para notarlo – nadie, ni tú Apollymi sufre mas que yo su muerte.

-. Sabes que no te lo perdonare nunca – dijo Apollymi y le lanzo un rayo que lo hiso caer sobre su espalda.

Todo cambió y se encontró frente a la ventana de su habitación en Neratiti, desde allí se vio dormida sobre la cama, llevaba el chitón naranja y morado lo que le indico que veía el presente, en la puerta de la habitación estaba apoyado Savitar, la veía dormir, Vanessa no pudo descifrar su expresión pero se veía tranquilo. De pronto vio que todo el mobiliario estaba sumamente desordenado, su madre y Apollymi estaban buscando algo hasta que Savitar apareció y las sorprendió.

-. ¿Cómo demonios ustedes están aquí? – pregunto él con cólera.

-. Igual a como mi hija estaba aquí – dijo su madre – con ayuda de tu madre.

-. Y que se supone que quiere mi madre para intervenir así en mi territorio.

-. Lo siento pero no puedes ver más que esto – dijo una voz femenina en su cabeza.

Todo se desenfocó y al volver a enfocarse estaba en un jardín exquisitamente arreglado, en el centro había una pérgola en medio de una fuente, era el jardín más hermoso que cualquier ser pudiera imaginar. En la pérgola había un banco hecho de mármol y oro y allí estaba la madre de todos, Gaia hija del Caos. Gaia le hizo un gesto con la mano para que se acercara, Vanessa lo hizo con el mas grande de los respetos, no a todos los dioses se les daba la oportunidad de verla y mucho menos en uno de sus jardines. Vanessa se acerco hasta la pérgola y espero una orden de Gaia, esta le mando a sentarse a su lado, Vanessa se sentía la persona más afortunada del universo en el momento en que cumplió su orden, como era costumbre ella no alzo la vista para ver el rostro de Gaia, si no le daba el permiso ella no podría hacerlo ya que era un acto de mala educación.

-. Disculpa por no dejar que vieras más sobre el futuro – dijo Gaia con una voz que era irreal aún para un ser divino – no quiero que sepas más que Savitar sobre lo que va a suceder, en este caso ambos van a tener que actuar a obscuras.

-. ¿Por qué? – La pregunta salió de los labios de Vanessa antes de poder detenerse, avergonzada agrego – si puedo saber.

-. Claro que puedes saber, es sobre tu vida de lo que estamos hablando, puedes preguntarme lo que quieras, que si es conveniente que te lo diga te lo diré – dijo Gaia con voz divertida – la respuesta a tu pregunta es muy simple, porque no quiero que interfieran en el destino que quiero para ustedes, y si se llegan a equivocar en algo, se que las morias cumplirán con su deber y cambiaran su destino.

-. ¿Por qué ayudaste a que yo llagara a la Neratiti? – pregunto Vanessa.

-. Porque ya es hora de que Savitar aprenda a superar el pasado y se enfrente con su futuro – dijo Gaia con tristeza en la voz – se que viste la escena de la muerte de Didymos, eso se hizo en venganza sobre algo en lo que Savitar no tiene la culpa y es en que yo soy su madre.

-. Esa parte no la entendí, ¿Por qué lo atacaron tan cruelmente solo porque tú eres su madre?

-. Lo atacaron porque un Chthonian nace humano y luego consiguen sus poderes, en cambio Savitar no, el nació como dios con poderes y luego se convirtió en Chthonian desarrollando los poderes respectivos, él es único en su clase, y todos temieron que se volviera contra ellos, por supuesto hubieron quienes lo apoyaron y por eso es que surgió la guerra civil entre los chthonians.

-. ¿Cómo es que Savitar es tan amigo de mi madre? – preguntó Vanessa.

-. Ellos crecieron juntos, desde pequeños se escapaban de a los campos a jugar juntos los tres fueron inseparables hasta el día de la muerte de Didymos.

-. ¿Por qué esa muerte los separó?

-. Porque Didymos era la hermana pequeña de Apollymi – dijo Gaia – Savitar se enamoró de ella cuando la vio después de crecer, Apollymi sentía que él le estaba quitando a su hermana pequeña, pero nunca fue así, la muerte de Didymos no fue culpa de Savitar, los demás Chthonian se volvieron locos al saber que Savitar iba a tener un hijo y persiguieron a Didymos y al bebé hasta que los asesinaron. Ese fue un momento que hubiera querido nunca sucediera, pero no pude hacer nada, era el destino de ambos morir ese día.

-. ¿En que afectaba eso a la relación que tenia mi madre con ambos? ¿Por qué se distanció ella?

-. Tu madre no quería que alguno de los dos sintiera que ella tenía preferencia por el otro, así que prefirió hacerse a un lado y dejar que sucediera lo que debía suceder. Con el paso de los años nació el hijo de Apollymi y ella le apoyo cuando asesinó a todo su panteón e intercedió por Apollymi ante Savitar para que no la asesinara por ello. Apollymi restituyo la amistad con tu madre pero luego de eso Savitar no quiso volver a saber nada de ellas hasta que Apollymi le pidió que ayudara a Apostolos ya que ella no podía, en él era en el único en quien podía confiar para eso, pero ya a esas alturas ninguno de los dos era capas de perdonar las cosas que se dijeron y las que hicieron, aún ahora apenas si pueden estar cerca el uno del otro sin tratar de matarse y he de admitir que en esto la que esta siento intransigente es Apollymi ya que Savitar le tiene demasiado aprecio a raíz de su amistad con Apostolos.

-. Pero por lo que vi ambas están contigo en el plan de ponerme en la isla de Savitar, y mi madre no atentaría en contra mía ni de Savitar, ¿Apollymi no traicionaría a mi madre, verdad?, ¿Qué están planeando? – Dijo Vanessa, Gaia sonrió pero no dijo nada – sabes se siente muy extraño hablar de tu destino con la madre tierra y además saber que esta manejándolo a conciencia y con apoyo de mi madre. Incluso para un dios esto es extraño - dijo Vanessa sonriendo tristemente por la ironía de la situación.

-. Eres la primera que es tan sincera conmigo es ese aspecto, y aunque no te puedo decir más debes de confiar en lo que te he dicho, nadie va a interferir en lo que tengo planeado para sus destinos, ni siquiera ustedes mismos.

-. ¿Tú crees que deba hablar de esto con Savitar? – dijo Vanessa – no quiero que me saque de su isla a lo que sepa que vi todo lo que vi.

-. Tranquila que ya tendrás el momento para hablar con él sobre esto – dijo Gaia poniéndose de pie, Vanessa hizo lo mismo, Gaia tomo una de sus manos y la hizo levantar la mirada – solo recuerda que no debes dudar de quien eres – dijo cuando todo comenzó a desvanecerse – y una ultima cosa, cuando despiertes recuerda llamarlo tan fuerte como te sea posible.

Vanessa no entendió lo último que le dijo la diosa, estaba desconcertada por todo lo que había visto en los recuerdos de Savitar y por su encuentro con Gaia, se sintió volver a su tiempo justo antes de que se abrieran las ventanas de la habitación y alguien la agarrara de la cama y la llevara arrastrando hacia afuera, en ese momento comprendió lo que le había dicho Gaia y gritó lo mas fuerte que pudo llamando a Savitar, lo vio aparecerse justo antes de que quien quiera que la estuviera arrastrando se tele transportara fuera de Neratiti y la llevara a un lugar tan frio que sintió que no podía respirar.