Perdón por la tardanza, pero es que no podía terminar de traducir el capitulo jaajaj me distraia demasiado en otras cosas. Pero ya finalmente aqui esta! espero que lo distfruten, hay más momentos Edward-Bella de esos que tanto nos gustan! asi que enjoy y dejen sus REVIEWS!
PD. Ya actualice capitulo para la otra historia que estoy traduciendo 'Un hombre de apuestas' que también esta muuuy buena así que si se podrían dar una pasadita por ahi, no se arrepentiran!
ojala hayan tenido un bonito fin de semana.
Capitulo 16 – Sin vergüenza
La escena se reproduce perfecta en mi cabeza.
En mi mente, me levanto, tomo el plato de Edward, y lo lanzo por la mesa como un frisby mortal. La comida viaja en todas direcciones y roza la cabeza de Carlisle, fallando solo por meros milímetros pero pasándolo suficientemente cerca para mover su cabello rubio con una suave brisa. Estoy molesta de haber fallado, pero es lo mejor – lo ultimo que necesito en mi historial es un cargo por homicidio, especialmente contra el padre de mi novio, y de todas formas, asusta tanto a Carlisle que esta tirando en el piso como si le hubiera disparado, rogando por clemencia a mis pies. Se pincha con un hueso de pollo al caer, pero, no es una herida fatal. Pero sangra, y en toda la conmoción del momento Edward y Esme se han desmayado, y soy la única que puede detener la sangre, porque esta en la espalda de Carlisle y fuera de su alcance.
"¡Bella!" dice desesperado, su voz agoniza al darse cuenta del error de sus actos. "¡Por favor ayúdame! ¡Me voy a desangrar si no me ayudas con tus conocimientos superiores de enfermería!"
Bufo ofendida y le lanzo mi celular, y luego lo miro con malicia con mis manos en mis caderas. "¡Deberías marcarle a la prometida de Edward, Carlisle, porque ninguna enfermera te va a salvar jamás!"
Mi enojo hace eco a través de la casa; Carlisle empuña las manos y las agita en el cielo mientras libera un déspota. "¡Noooooooooooo!"
En mi cabeza, todo funciona a la perfección.
En el mundo real, la silla de Esme chirria contra el piso al levantarse abruptamente. En el mundo real, me quedo sentada en conmoción, incapaz de comprender completamente el insulto y las sorprendentes noticias que acabo de recibir por parte del padre de mi novio.
En el mundo real, todo pasa rápido, y por primera vez siento que no tengo control sobre la situación. Como si fuera un espectador que no pudiera intervenir aunque quisiera.
"Es suficiente, Carlisle," Esme dice enojada. "Nos estas avergonzando a todos y no voy a soportarlo. Bella es un invitada en esta casa y merece más cortesía."
"Y eso estuvo fuera de lugar, papá," Edward agrega rápido, su voz igual de colérica. "Le prometiste a mamá que no serías así de nuevo." Edward encuentra mi mano y entrelaza sus dedos con fuerza a través de los míos, probablemente manteniendo un firme agarre en caso de que decida irme.
No es sorpresa que Carlisle se ve todo menos perturbado al ser atacado por los dos lados.
"Bueno Edward," dice calmado, "sabes lo que siento al respecto…"
"¡No importa!" Edward interrumpe. "¡No importa lo que tu sientas! No puedes hablarles a las personas como se te venga en gana. Bella es importante para mí. Y además, ¡no es tu vida!"
"¡Tu eres mi vida!"
"¡Carlisle! ¡Unas palabras, por favor!" Esme demanda, su voz alzándose sobre las demás para tomar el control de la situación. Carlisle suspira y arroja su servilleta en la mesa antes de levantarse. Esme se gira hacía mi, su expresión suavizándose. "Bella, por favor no te vayas aun, ¿de acuerdo? Me gustaría hablar contigo un momento."
Mi boca esta abierta, pero ningún sonido sale. Esme apresura a Carlisle fuera de la habitación con su mano en su brazo, e inmediatamente los escucho discutiendo en el pasillo; sin embargo, sus voces apagadas se pierden entre los pensamientos que se desencadenan como fuego en mi mente.
Edward inmediatamente se gira completamente hacía mí, ambas manos tomando las mías, mientras se inclina hacia mí. "Dios, Bella, mierda… lo siento muuuucho. Él siempre ha sido así, pero nunca pensé que se atrevería a insultarte a la cara. Me siento como un idiota. No puedo creer que esta mierda realmente paso." Aleja una mano y la usa para frotarse los ojos cansados.
Mis sentidos vuelven lentamente a mí, la conmoción diluyéndose gradualmente. Me debato sobre lo que quiero decirle a Edward. Si Carlisle siempre ha sido así, ¿entonces porque su comportamiento es sorprendente ahora? No tiene sentido. Como el compromiso de Edward con la Dra. Ellis – su actitud sobre su pasado siempre había sido poco seria y un tanto breve, de nuevo, no tiene sentido.
Los dedos de Edward son suaves sobre la piel de mi brazo. "¿Bella? Por favor di algo," ruega.
Me aclaro la garganta. Mi boca se siente seca. "¿Tu padre tiene alguna clase de… alguna clase de…" no puedo encontrar la forma de decirlo. ¿Alguna clase de problema mental? Finalmente, pregunto, "¿Qué diablos es lo que le pasa?"
"¡Mierda, Bella, no lo se!" Edward exclama, igual de perplejo. "Siempre me ha hecho este tipo de mierda a mi. Como con el brandy – eso es normal para él. ¡Pero nunca pensé ni en un millón de años que te haría lo mismo a ti!"
"¿Qué le dijiste cuando estaban arriba?" Mi voz es un murmullo, el miedo de que nos escuchen aun presente.
"Le dije lo jodidamente importante que eres para mí – como no quería arruinar las cosas. ¡Él dijo que tenía ganas de conocerte!" Su voz destila disculpa, sus ojos suplicantes, rogándome para que entienda.
Esme entra de nuevo a la habitación, las líneas alrededor de sus ojos de repente más pronunciadas, haciéndola lucir demacrada y cansada. Ella coloca una mano en el respaldo de una de las sillas y dice, "Bella, déjame disculparme de nuevo por lo que acaba de pasar. ¿Te molestaría que habláramos por un minuto? ¿Tal vez podamos terminar de cenar?"
Mi apetito se ha desvanecido con toda la conmoción, pero simplemente asiento, incapaz de rechazar la mitad buena de Edward o la cena que preparo solo para nosotros.
Edward se levanta y se excusa, murmurando que ira a hablar con su padre. Esme no le dice nada, pero toma el chiffon de limón del refrigerador y dos cucharas antes de colocarlo sobre la mesa. "Tal vez te gustaría más algo como esto," dice, removiendo la tapadera y entregándome una cuchara.
Ella sabe exactamente lo que necesito.
"Gracias," murmuro. Ella toma una gran porción del pay con su cuchara, y luego de unos momentos de contemplación la sigo y empiezo a comer. Esta delicioso incluso sin hambre, y sé que bajo circunstancias normales esto sería como probar el cielo.
Pasa su porción y dice, "Por favor no tomes nada de lo que dijo Carlisle personal."
Es más fácil decirlo que hacerlo, pienso, y Esme frunce el ceño como su pudiera leer mi mente.
"Él siempre ha querido lo mejor para Edward," continua. "Claro, tiene una extraña forma de demostrarlo. Quiere que Edward sea como él, y es muy obvio que ese nunca ha sido el caso. Edward sale más a mí, creo."
Quiero levantarme y cantar Aleluya y tirar besos al cielo mientras le agradezco a Dios que él haya salido más como Esme, pero me quedo en mi lugar y asiento en comprensión.
Ella continúa. "Las enfermeras son una valiosa parte de la profesión medica. Una enfermera puede pasar más tiempo con un paciente en un día que un doctor en toda su vida. Edward sabe esto – no lo hubiera criado de ninguna otra forma. Así que no pienses, por ningún momento, que Carlisle estaba justificado en decir todo lo que dijo. Créeme cuando te digo que se va a arrepentir de sus acciones después."
Esto lo se, por supuesto, ha visto cantidad de doctores que apenas conocen a sus pacientes. Doctores que prescriben una dosis de Morfina solo para callarlos, sin siquiera tratar de entender el origen de su dolor. Doctores a los que tienes que rogarles que vayan a ver a sus pacientes cuando les dices repetidas veces que algo no esta bien. Doctores que creen que son superiores solo por su titulo y sus hojas de prescripción.
Me doy cuenta que mi vino esta aun en la mesa y me lo termino. Sin decir nada, Esme toma la copa rechazada de Edward, aun llena de Chardonnay que no le fue permitido tomar y la pone frente a mí.
Le agradezco y tomo un sorbo. Me observa, su expresión cautelosa, y yo finalmente me lamo los labios y digo, "Él solo me tomo por sorpresa. Lo vi el otro día en el hospital y de hecho fue agradable. Aunque no creo que me recuerde."
Esme sonríe con tristeza.
"Y, um… Edward y yo no habíamos hablado realmente sobre su compromiso," continuo, sintiéndome un poco avergonzada. "Así que me sorprendió eso también."
"Oh dios santo, Bella," dice de repente, como si la hubieran tomado por sorpresa. "¡Edward nunca estuvo comprometido! Probablemente debí decir algo antes. Siento mucho eso."
Me siento llena de alivio. "¿No lo estaba?"
"Te doy mi palabra que no. Carlisle lo quería, por supuesto," Esme elabora. "A veces juro que él se casaría con la mujer si pudiera. Pero nunca hubo un compromiso como tal."
"¿Entonces porque dijo eso?" pregunto, más perpleja que enojada. El hecho de que Carlisle mintiera frente a todos nosotros dice terribles cosas sobre su persona. Nunca creería que Edward esta emparentado con él si no fuera por sus similitudes físicas.
Esme se muerde el labio inferior. Pone la cuchara en el apenas probado contenedor de chiffon de limón, olvidado. "No te diré excusas por él, Bella. No hay excusas, excepto que en su propia manera, de forma extraña, él solo quiere lo que cree es mejor para Edward."
Si no tuviera encima ya cuatro copas de vino, probablemente estaría mucho más enojada. Enojada de que no me defendí y no le dije a Carlisle algo de lo que pensaba; enojada con Carlisle por hacerme sentir inadecuada frente a Edward, quién se esta convirtiendo en una de las personas más importantes de mi vida, enojada con Esme por pensar que en verdad hay una excusa por más pequeña que sea por el horrible comportamiento de su esposo.
Pero no estoy enojada. Estoy entumecida, y un poco mareada, e inmensamente aliviada que Edward nunca estuvo comprometido. Pero extrañamente, no estoy enojada.
Edward entra a la habitación, luciendo tan cansado y demacrado como su madre. Sus ojos, sin embargo, están más cuidadosos mientras me observa. Mira de ida y vuelta entre Esme y yo, y su madre suspira y se sienta de regreso a su silla como una invitación para que nos acompañe.
Pero se queda de pie. "¿Te quieres ir, Bella?" pregunta cauteloso. Esta tenso, casi como si esperara que me desquitara con él, o saliera corriendo.
Estoy lista para irme, con toda honestidad – estoy ansiosa por hablar con Edward en privado – pero no puedo soportar la idea de dejar a Esme aquí sola con ese horrible hombre y su cena sin terminar. Sin mencionar que apenas toque el chiffon de limón del que tanto hablo.
Uno de los planes de esta noche era cenar y delirar sobre el chiffon de limón – para crear una buena impresión con Esme, claro, dado que estaba muy emocionada al respecto – y ni siquiera pude hacer eso.
Esme debe haber notado mi indecisión, porque rápidamente se levanta y toma el postre de la mesa.
"Esta bien, Bella. Entiendo. Créeme, te ganaste una estrella dorada por no arrancarle la cabeza a Carlisle. No que te culpe, pero gracias por contenerte de todas formas. He estado pensando en cambiar nuestra póliza de seguros, veras," dice con un guiño. Luego se pone sería de nuevo. "¿Podrían los dos llevarse algo de esta comida? La envolveré por ustedes. Dios sabe que no podemos comerla toda, y odiaría ver que se desperdicie."
Edward se mueve para ayudarla, y todo lo que puedo hacer es asentir tontamente, el último sorbo de alcohol al fin desvaneciendo mis pensamientos y ofreciendo un dulce, dulce respiro.
-x-x-
El camino de regreso es callado al principio, a pesar de la obvia ansiedad de Edward. Le da golpecitos al volante mientras maneja y prácticamente mastica su labio inferior. Finalmente me apiado de él y pongo mi mano en su rodilla, esperando ofrecer algún tipo de confort, y él se derrite bajo mi toque.
"Lo siento," dice de nuevo, por enésima vez, y busca mi mano. Posa un beso en mis nudillos.
"Esta bien," murmullo.
"No esta bien. No tienes que pretender que esta bien, Bella. Quiero que hables conmigo si estas enojada, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo."
Hace una pausa. Luego, "¿Entonces estas enojada?"
Suspiro. ¿Donde empezar?
Debería empezar con lo más importante, obviamente.
"¿Estuvieron tu y la Dra. Ellis comprometidos?" pregunto, sin más. Sé que Esme dijo que no lo estaban, pero aun quiero oírlo de él. Quiero saber porque su padre diría algo como eso, porque la explicación de Esme simplemente no fue suficiente.
"No," Edward contesta inmediatamente. "Definitivamente nunca estuvimos comprometidos."
"¿Entonces de que estaba hablando tu padre? ¿Ella accedió a casarse contigo? ¿Te das cuenta de lo jodido que suena eso?" Me enojo con solo pensarlo. Una mujer sería afortunada de casarse con Edward.
"Claro que me doy cuenta, Bella," contesta, exasperado. "Pero así es él."
"Eso no es realmente una excusa," murmuro. "Tu y tu madre actúan como si lo fuera, pero no lo es."
"Sé que no lo es."
"¿Así que no tenías ni idea de que se comportaría de esta forma?"
Me voltea a ver, incrédulo. "¿Realmente crees que permitiría deliberadamente que eso pasara? ¿Te llevaría a ciegas?"
"Bueno actúas como si fuera un comportamiento muy común en él." Señalo.
"Es algo que me diría a mí. Es el tipo de mierda que siempre me dice. Pero nunca ha sido grosero con alguien que saliera antes."
"Déjame adivinar," empiezo con crudeza. "¿Nunca habías salido con una enfermera antes?"
Él se ve un poco culpable. "Bueno…no," contesta lento. Luego, en defensa, rápidamente añade, "Pero lo hubiera hecho. Si eso es lo que estas pensando. Sabes que no tengo nada en contra de las enfermeras."
Suspiro y froto mi rostro con mis manos, esperando despejar mi mente. No esta frio afuera – apenas fresco – pero Edward tiene prendida la calefacción, bañándonos en reconfortante calidez.
"¿Y el compromiso?" apunto.
"Te dije que no hubo tal compromiso."
"¿Cómo aceptaría casarse contigo si nunca hubo compromiso?"
"No lo se, Bella." Su voz es cansada, haciéndolo sonar exactamente como me siento. "Hablamos al respecto una vez, tal vez. Pero nunca hubo un acuerdo que eso iba a pasar y puedo prometerte que nunca me hinque en una rodilla y le propuse matrimonio. Ella y mi papá siempre han sido buenos amigos, ¿tal vez hablaron al respecto?" Su última oración suena más como una pregunta.
"¿Estaban en una relación seria, entonces?" Pregunto. Es tonto, pero aun odio la idea de él con alguien más. Tenía que pasar, por supuesto – tiene treinta y cuatro por Dios santo, y de todas formas, todo esta en el pasado. Me preocuparía más si nunca hubiera tenido una relación seria con nadie más. Pero eso no significa que tiene que gustarme.
Él niega con la cabeza. "Ella quería más que yo, creo."
Uf.
"¿Tu papá los emparejo?"
"Lo alentó, obviamente," Edward contesto. "Pero me gustaba al principio. No saldría con alguien solo porque a mi padre le gusta." Me voltea a ver, veraces, ojos verdes buscan los míos. "Lo prometo, Bella;" agrega como promesa tranquilizadora.
El completo impacto de lo que paso en la cena no me golpea hasta que estamos en su casa. Hasta que subimos los escalones de la entrada. Y luego – tal vez por el vino, o el olor del brandy de Carlisle en el aliento de Edward, lo que creo que desencadeno alguna clase de desorden de estrés post-traumático – siento una aprensión en la garganta y lagrimas formarse en mis ojos.
Trato de ocultar mi rostro de Edward y quitar discretamente las lágrimas, pero se da cuenta antes de siquiera entrar a la casa.
"¿Bella – mierda – estas llorando?"
Giro mi cuerpo dándole la espalda, solo para tenerlo luchando para que quede frente a él de nuevo, sus manos en mis hombros.
"No," sorbo con la nariz.
"Bella, mírame."
"No quiero."
"Bella…" su tono preocupado ahora. "Por favor háblame."
Abre la puerta de su casa y me hace pasar, luego me detiene antes de que pueda huir. Me jala hacia su pecho y me toma en un apretado abrazo. Su preocupación solo incrementa la repentina ola de emociones que estaba tocando la superficie, y lagrimas fruyen con libertad por mis ojos y terminan en su camisa.
"Lo siento, Bella. Mierda, lo siento mucho. Por favor no llores," murmura contra mi cabello.
"Yo solo…" trato de sacar las palabras. "Me… me tomo desprevenida," sollozo.
"Lo sé," el trata de calmarme.
"¡Fue muy malo!"
"Lo se, Bella. Lo sé."
"Quiero volver y decirle donde puede meterse su estúpido titulo."
"Puedes hacerlo la próxima vez, cariño. Si eso es lo que quieres."
"¿Lo prometes?" Lo volteo a ver y él sonríe.
"Si te hace sentir mejor," contesta.
"Lo hará," le aseguro, mi nariz corriendo.
Me suelta para que podamos caminar hacia la sala. Envuelve mi cuerpo con la manta sobre mis hombros y jala ambos lados, jalándome hacia él ligeramente para que pueda plantar un dulce beso en mis labios. Luego se endereza y va a la cocina, regresando con dos cucharas. Se sienta a mi lado en el sofá con el contenedor de chiffon de limón que su madre mando con nosotros.
"¿Tal vez estas lista para esto ahora?" ofrece, dándome una cuchara.
"¿Estas alentando que ahogue mis penas en chiffon de limón?" le digo mientras me acerco más a él.
"Si ayuda,"
"Me siento mal por tu mamá," digo, tomando la cuchara y agarrando una porción. Edward sostiene el contenedor entre nosotros mientras comemos.
"Yo también. Pero ella sabe como es él," contesta.
"¿Por qué lo soporta?"
"Porque lo ama," dice simplemente. "Y él es bueno con ella, especialmente si no hay nadie cerca. Lo he visto. ¿Y recuerdas que te dije que ellos solían ir a ese lugar en el parque?"
Paso un momento difícil tratando de imaginar al Carlisle que conocí – el grosero, bebedor de brandi imbécil que me insulto sin más – como el mismo hombre que llevo a una chica a un lugar tan romántico. Él es una clase de enigma, alguien a quien realmente no entiendo.
Y tal vez así será siempre.
"Estoy un poco sorprendida que estas compartiendo esto conmigo," comento mientras Edward toma otro bocado. "Eres tan posesivo con las galletas y todo lo demás. Pensé que ibas a arrancarme un dedo cuando trate de quitarte una."
"Trata de robarme una galleta de nuevo y voy a arrancarte uno," amenaza.
"¿Eso es una amenaza?"
"Solo si crees que puedes poner una intravenosa con solo una parte de los dedos."
"¡Eso es todo!" exclamo, quitándole el contender de las manos. La cuchara cuelga de su boca, sus ojos abiertos en sorpresa mientras tomo mi posesión robada y me trepo al otro lado del sofá, aterrizando en mí estomago sobre el descansabrazos y lo alejo de él. "No más chiffon de limón para ti hasta que aprendas a compartir."
Pero para mi sorpresa, él no va tras el postre. En su lugar, tira la cuchara y rápidamente sube mi vestido por mis muslos, hasta mi cintura, y muerde, casi dolorosamente, mi trasero cubierto en ropa interior de encaje. Y grito de sorpresa.
"Mmmm. ¿Quién necesita chiffon de limón?" medita, y le lanzo una mala cara sobre mi hombro mientras trato de bajar mi vestido con una mano.
"No puedes tener eso tampoco," digo regañándolo.
"¿Eso es una amenaza?" se burla, y toma mi mano con una de las suyas, quitándola del camino, y con su otra mano baja mis bragas y coloca un beso acalorado y prolongado directamente entre mis piernas. Estoy tan sorprendida que dejo car el contenedor con el pay, dejando que caiga contra el piso de madera con un estruendo. La cuchara cae unos metros más lejos.
Maldición. Esme estará muy molesta.
Ignorando mi torpeza, Edward abre mis labios con dos dedos y lame lenta y sensualmente entre ellos. Ya estoy jadeando como una zorra desesperada, mi cabeza cayendo hacia adelante mientras mando mis caderas hacia atrás, desesperada por más.
Edward me complace, deslizando un dedo dentro de mí, luego otro. Los mete y los saca con lentitud y yo muerdo mi labio inferior, tratando en vano de suprimir un apagado, "¡Mierda!"
Su otra mano acaricia la piel de mi trasero y mis muslos. Sus labios tocando mi espalda baja, y su aliento es cálido mientras dice, "¿Eso se siente bien?"
"Mierda, si," digo, desvergonzada.
Quita sus dedos y lame de nuevo, siguiendo la acción con otro beso en mi piel. "¿Quieres más?"
"Por favor," ruego, jadeando. Lo único que puedo ver mientras la mitad de mi esta colgada en el descansabrazos del sofá es la pared enfrente de mí y el postre arruinado. Quiero girarme y tomar al sexy hombre detrás de mí, pero me contengo, ansiosa por ver a donde lleva esto.
"Dímelo," ordena.
"Mierda, quiero más, Edward. Necesito más. Te necesito a ti. Por favor."
Soy una loca sin vergüenza.
"¿A mí?" bromea, un dejo de sorpresa en su voz, y estoy a cinco segundos de girarme y arrancarle la ropa.
"Edward…" jadeo. Puedo escucharlo desabrochándose el cinto detrás de mí, y estoy descaradamente emocionada.
"¿Vas a robarme el postre de nuevo?" de repente me reta.
¡Santo Dios! ¡No es justo!
"Si," le contesto desafiante. Tengo que dibujar los límites en alguna parte.
"Respuesta incorrecta, Bella," Se aleja, y por un breve momento considero aceptar; considero girarme y tirarme a sus pies con promesas de hacerle galletas y chiffon de limón cada noche por el resto de nuestras vidas. Pero estoy a salvo de la humillación y de la carga de rogarle a Esme por la receta cuando de repente se abre camino dentro de mí, la fuerza de su intrusión empujándome hacia adelante y quitándome el aliento.
"Mierda," gruño mientras soy lanzada contra el descansabrazos. Me toma de las caderas y me jala de regreso contra él, manteniéndome en mi lugar mientras sale casi todo y vuelve a entrar de nuevo.
Esta es nuestra primera vez haciendo por detrás, y estoy un poco asombrada en lo maravilloso que se siente. En lo profundo que puede llegar.
"Mierda, te sientes bien," dice, reflejando mis ideas.
"No te detengas," jadeo mientras embiste contra mí.
"Maldición no."
Desearía que hubiera un espejo en la pared. Lo único que haría perfecto este momento es si pudiera verlo, verlo mientras tira su cabeza hacia atrás y parte sus labios, su pecho agitado al ritmo de sus embestidas.
Siento sus dedos en mi cabello, jalándolo con fuerza de la base. Empujo contra él y trato de igualar sus movimientos. Se mueve lento al principio, sus embestidas mesuradas y largas, pero a mi urgencia incrementa el ritmo hasta que sus caderas están literalmente golpeando contra las mías. Desliza una mano hasta abajo y frota mi clítoris con sus dedos, y con esa sensación agregada soy lanzada a un espiral de placer en cuestión de segundos.
Tan pronto bajo de mi orgasmo, sale de mí y me insta a ponerme sobre mi espalda, prácticamente arrancando mis bragas el resto del camino por mis piernas antes de cubrir mi cuerpo con el suyo. Me besa con fuerza mientras se desliza dentro de mí de nuevo. Mi vestido esta hecho bola alrededor de mi cintura, casi llegando a mis pechos, y Edward esta completamente vestido excepto donde sus pantalones y bóxer descansan hasta sus rodillas. Incapaz de sentir su piel, planto mis manos en su cuello y su cabello, sosteniéndolo contra mi mientras el embiste una y otra y otra vez y finalmente termina.
Se recuesta jadeando sobre mí, mis piernas aun envueltas alrededor de su cintura mientras nos mantenemos cerca.
"Lo siento," eventualmente lo escucho decir, sus palabras apagadas contra mi hombro, nuestros pechos agitados.
"¿Por qué?" pregunto, confundida. Este fue, posiblemente el mejor sexo que he tenido en mi vida, y escucharlo disculparse por eso es un poco desconcertante.
Levanta su cabeza y besa mi mandíbula, dejando un dulce rastro hasta mis labios. Su beso es suave y tierno. "Por ser la causa de tu mal día," dice. "Por se la razón de tus lagrimas."
"Tu padre es la razón de mi llanto, Edward. No tú" le recuerdo gentilmente.
"No tendrías que haber soportado a mi papá si no fuera por mí."
"Esta bien," le aseguro. "Valió la pena. Tú vales la pena. Tenía que conocerlo eventualmente."
Presiona su frente contra la mía, nuestras narices tocándose, nuestros labios rozándose.
"En verdad significas mucho para mi, Bella. Sigo pensando que voy a arruinarlo todo, especialmente por lo vacilante que estuviste en salir conmigo."
Siento un dejo de culpabilidad por resistirlo tanto tiempo – especialmente ahora que hemos progresado mucho. Pero parecía lógico en el momento, en esencia, me hizo apreciarlo mucho más.
"Tu también significas mucho para mí," contesto, y jalo su rostro al mio, besándolo en garantía.
-x-x-
Limpiamos el postre – y digo un par de palabras en nombre de Esme antes de tirarlo a la basura – y luego vemos una película, descansando y tocándonos y besándonos mientras disfrutamos el estar juntos. Edward y yo hacemos el amor una última vez antes de quedarnos dormidos, sus embestidas lentas y amorosas, sus besos tiernos, y dormito desnuda en su cama, envuelta en sus brazos.
Pero el sueño no viene con facilidad.
Esta lloviendo de nuevo, lo que no es necesariamente sorprendente. Parece que ha llovido más de lo usual, incluso para Seattle, y siempre tiene una vibra húmeda, y gris. La lluvia llega en suaves olas esta noche, lento y luego tomando ritmo de nuevo en el curso de un par de minutos.
La respiración de Edward es estable y profunda, y sé que esta dormido. Eventualmente me libero de sus brazos y silenciosamente me visto en sus ropas descartadas, abrochando solo algunos de los botones de su camisa. Luego me abro camino a la planta baja, donde me sirvo un vaso con agua y me escabullo a la terraza acristalada, con la manta de su sofá en la mano. Esta muy oscuro afuera para ver mucho de la lluvia, pero el sonido del agua golpeando el cristal es algo tranquilizador.
Me hundo en su pequeño sillón y me siento ahí, tratando de llegar a un acuerdo con todo lo que paso hoy. Nunca he tenido muchos problemas con mi autoestima – siempre me he sentido cómoda con mi forma de ser, segura de que atraigo al menos a la mayoría de los hombres. Pero luego de las punzantes observaciones de Carlisle, no puedo evitar preguntarme que ve Edward en mí que este por encima de la Dra. Ellis.
La Dra. Ellis, con su cuerpo perfecto, ojos azules, y cabello de comercial. La Dra. Ellis con su elegante titulo y sobresaliente talento y reputación. Hospitales probablemente pelearían por ella mientras nadie sabe quien soy yo. Dios sabe que si me acercara a alguien con un bisturí terminaría cortándole la cabeza, pero ella lo hace todos los días con precisión y destreza. E incluso se las arreglo para ganar la aprobación de su melindroso padre, lo que es toda una hazaña por si sola.
Parece el partido perfecto.
¿Así que, exactamente, que es lo que le impide a Edward elegirla en lugar de mi?
No se cuanto tiempo paso aquí pensando, pero eventualmente escucho la puerta abrirse y veo a Edward entrar, descalzo y usando solo un par de boxers.
"¿Bella?" su voz es insegura, sus ojos probablemente aun no se ajustan a la luz.
"Estoy aquí," lo llamo. Se frota los brazos por el frio y se acerca a mí. Hombre tonto, caminando medio desnudo y luciendo comestible.
"¿Qué haces aquí afuera?" pregunta.
"No podía dormir."
"¿Pasa algo malo?"
"No, no pasa nada," miento.
"¿Puedo sentarme contigo?"
Asiento y se sienta a mi lado en el sillón, tirando de mí. Comparto la manta con él, pero es muy pequeña y apenas nos cubre a los dos. Su cuerpo, sin embargo, es cálido y reconfortante.
Me hundo contra él y suspiro.
Escuchamos la lluvia por unos momentos, ninguno de los dos habla. Finalmente, pregunta, "¿Vas a hablar conmigo?"
Suspiro de nuevo. "No es nada."
"¿Por favor, Bella?" besa mi frente. Maldito él y sus sucias pequeñas tácticas. Probablemente sepa exactamente que esta haciendo.
"Es solo que…" muerdo mi labio, insegura de como decirlo. Finalmente, digo, "siento mucho no haberle caído bien a tu papá."
Me jala con más fuerza contra él, casi como un reflejo. "Bella, por favor no pienses así," ruega. "No me importa lo que piense. Y para ser honesto, no creo que yo le caiga muy bien tampoco." Su voz es ligera, su ultima oración casi bromeando. De hecho estoy inclinada a estar de acuerdo con él, pero no digo esto.
"Le caía bien tu última novia," digo de mala gana.
"Por suerte para ti, mi opinión vale más."
"¿Lo prometes?"
"Claro, Bella." Labios encuentran mi frente de nuevo.
"Mi ultimo novio fue un doctor," digo de repente. "Bueno, salimos mientras el seguía en la escuela. Me engaño cuando empezó su residencia. Fue con una de sus compañeras, que también era doctor… esa era una de las razones por las que no quería salir contigo al principio. Parecía que cambio después de haber terminado la escuela – como si el titulo se hubiera ido a su cabeza o algo – y pensé que ustedes eran todos iguales. Estaba preocupada."
Edward se queda en silencio un momento, y todo lo que puedo oír es la lluvia contra las ventanas. "¿Aun piensas eso?" pregunta.
"No contigo," le aseguro. "Creo que cambia a muchas personas, pero no a ti. Ni a tu mamá. Y algunas personas son así de todas formas, creo. Como esa enfermera de unidad intensiva. Pero los doctores son tratados de forma tan especial que creo que mucho de eso se va a su cabeza. Pero hasta ahora, tu has sido diferente," me acurruco más cerca de él y agrego, "No me preocupa ya."
Edward intensifica su abrazo, como si estuviera buscando la misma cercanía que yo anhelo.
"Bueno, tengo suerte," dice serio. "Crecí mas con mi mamá que con mi papá. Él nunca estuvo mucho cerca, en realidad. Y ella siempre me enseño a no actuar de la forma en que él lo hace. De hecho estoy muy interesado en verlo en la casa del perro en este momento, porque ella es la única persona que de hecho intenta escuchar, lo creas o no," dice esto con una suave risa. En el ultimo momento, agrega bromeando, "Además, ahora te tengo aquí para ponerme en mi lugar cuando me desvié del camino."
Sonrió contra su pecho, sintiéndome más relajada de lo que me he sentido en semanas. "Eso puedes apostarlo."
