Hola espero que esten muy bien! Aqui acabo de terminar justo de traducir este capitulo y como probablemente este atareada durante el fin de semana con cosas de cierre de semestre no pueda subirlo decidi de una vez y no hacerlos esperar!

Hay momentos Bella-Edward de nuevo muy tiernos! Espero que les guste y MUCHAS gracias por todos sus REVIEWS en verdad hacen que me apure en traducir para tenerles listos los capitulos siempre! Espero que este capitulo les guste tambièn y comenten comenten comenten!

Enjoy!


Capitulo 17 – La Urgencia

Edward y yo tenemos una doble cita con Alice y Jasper en el Mosiquarium Lounge of The Tripe Door el sábado. Es un lindo lugar con música en vivo, buena comida y muchas bebidas; la única razón por la que nunca he comido aquí antes es porque es algo caro combinado con mi historial de pocos fondos, pero esta noche Edward me trajo aquí sin revelar la locación en otro intento de sorprenderme. Lo único que me pregunto fue si me molestaba que Jasper y Alice fueran también.

Nos deslizamos en una mesa en un lateral de la habitación. Se sientan cuatro personas cómodamente. El lugar tiene más clase de lo que esperaba, y me alegra haber usado un vestido negro en lugar de los pantalones que tenía pensado. Tengo que agradecérselo a Alice, sin embargo, la llame y ella me dio estrictas instrucciones sobre que usar. Obviamente no es su primera vez en este lugar.

La banda ya esta tocando cuando me siento. Alice se sienta tan cerca de Jasper que esta prácticamente sentada en su regazo.

Se inclina hacía mi y me pregunta que voy a tomar. Estamos sentados el uno junto al otro, así que es fácil escucharnos sobre la música. "Creo que quiero un Martini seco," dice.

"Odio las aceitunas." Niego con la cabeza mientras escaneo el menú de bebidas. "¿Tal vez un Martini de limón?"

Jasper ordena brandy, para mi disgusto. Trato de no hacer ninguna cara cuando el mesero lo pone en la mesa. El ancho del cuerpo de Alice no es suficiente para mantener el olor bajo control, o tal vez ahora soy hipersensible al hedor.

Edward acaricia mi muslo como si supiera que estoy pensando. Alice ve esto a pesar de la luz tenue del lugar y dice, "Se ven tan lindos juntos."

"Tu eres quien para hablar." Adorable no es quizás la palabra adecuada para describir a Alice y Jasper, sin embargo; son tan descaradamente inapropiados con sus afectos, incluso en publico, que muchas veces no puedes verlos directamente sin vomitar un poco en tu boca. Son como el sol en un día claro, pero con más bilis involucrada.

"Por favor. Yo sé que somos adorables."

La banda es genial. Manejan a la audiencia con tranquilidad, haciéndonos sentir a todos como si fuéramos parte del espectáculo. Son un grupo local – generalmente desconocido – pero eso lo hace aun más íntimo. Cuando termina, los miembros de la banda se quedan cerca del bar o se mezclan con el público, hablando con los admiradores, bebiendo, y tomando fotos.

Alice se presenta con el alto bajista del cual no paro de hablar durante todo el show y me obliga a tomarle una foto de él y ella con su celular. Esta tan oscuro que ni siquiera sale bien, pero Alice esta muy ebria para notarlo. Nos vamos para afuera. Música pre-grabada puede ser escuchada a lo lejos en el estacionamiento, y Alice toma mi brazo y bailamos como estilo salón, nuestros tacones crujiendo y revolviendo la grava suelta en el terreno. Cuando la arqueo hacia atrás – tratando de no tirarnos a ambas en el suelo – Edward y Jasper y otro ebrio que estaba por ahí aplauden y gritan.

Una canción más lenta empieza. No creo que sea romántica ni nada, pero no puedo escuchar las palabras para estar segura. A Edward no le importa. Me jala hacia él y envuelve sus brazos alrededor de mí. Su calidez se siente bien en el frio del estacionamiento y atraigo sus labios a los míos, besándolo lentamente mientras nos movemos al ritmo de la música. Todo lo demás se desvanece en ese momento.

Cuando finalmente se aleja, usa su pulgar para limpiar bajo mi ojo. Probablemente quitando un poco de maquillaje corrido. De alguna forma, siempre se corre cuando tomo. Luego gentilmente besa donde limpió y dice, "Eres tan hermosa."

Esa es la primera vez que realmente siento la urgencia. Dos pequeñas palabras se cuelgan de mi lengua, solo esperando caer y cambiar todo. Su presencia es inesperada, y para mi sorpresa me las trago. Probablemente es muy pronto, y aunque no estoy intoxicada, ciertamente he estado bebiendo. Algo tan grande como para alterar vidas no debería ponerse en las manos de Martini de limón.

No se si hay reglas asociadas a estas palabras. No se si tienen que estar acompañadas de un gran gesto o una cena romántica. No se si debería haber velas o pétalos de rosas. Cuando Alec las dijo la primera vez, es como si hubieran salido por accidente. Me miro sorprendido y luego dijo, "Es verdad, sabes." Y nos lo seguimos diciendo desde ese momento como si fuera algo natural.

El taxi aparece un minuto después, y la oportunidad se pierde. Edward se sienta al frente con el conductor calvo que no puede dejar de toser, y yo estoy pegada contra la ventana en el asiento trasero a un lado de la extremadamente cariñosa pareja que no puede quitarse las manos de encima. Probablemente no era el mejor momento, después de todo.

-x-x-

Carlisle toma la consulta de uno de mis pacientes. La consulta es por una revisión de un injerto, lo que es precisamente lo que le había dicho a Esme que nunca lo he visto hacer, pero al parecer hizo uno de estos hace ya varios años antes de que se hiciera demasiado bueno como para hacer una operación que estuviera por debajo de abrir corazones. Paso la mayor parte de la mañana, paranoica de que se vaya a presentar pidiéndome que haga la ronda con él, como la vez que se apareció el jueves preguntando por Aro. Me aprendo el cuadro medico y el historial del paciente, asegurándome de saber cada detalle de su vida en caso de que trate preguntarme algo y regañarme por mi conocimiento insuficiente. Pero al final, no tiene importancia, por que su asistente médico hace la consulta en su lugar.

Su asistente médico es una pequeña mujer con cabello rubio hasta el mentón y una bata que cae debajo de sus rodillas. Es alegre y agradable e incluso me ayuda a cambiar de posición al paciente cuando este se queja de estar incomodo. Le dice que el Dr. Cullen podrá venir a verlo en la noche después de sus otras cirugías, pero en caso de que eso no suceda lo vera mientras lo preparan mañana antes de la cirugía en la mañana.

Escribe la orden de que no se le dé de comer nada al paciente pasada la media noche y tener Zinacef listo mañana para llevarlo al quirófano. Me sonríe antes de irse y me desea un buen día. Me puedo evitar preguntarme si a Carlisle le molestaría que Edward saliera con ella, o si su ocupación es inferior también, pero me detengo antes de que las ideas empiecen realmente a fluir. Me da curiosidad, pero ese tipo de ideas no llevan a nada.

Un cirujano plástico de nombre Dr. Black viene después. Tiene la piel morena, cabello negro y una blanca sonrisa cegadora. Sus miradas siempre son sugestivas a pesar de que esta casado con una Endocrinóloga. Esto parece ser algo de poca relevancia para Jessica, al parecer, ya que se cuelga de cada palabra que dice y se ríe de sus tontas bromas. Él hace muchas referencias a películas, muchas de las cuales no tengo idea, pero Jessica rápidamente cambia el tema de High Noon al preguntarle cuantas operaciones de aumento de senos hace en promedio a la semana, o si cree o no que la liposucción es buena idea.

No creo que ser cirujano plástico sea la mitad de glamoroso de lo que parece. Especialmente en Seattle, o cualquier otro lugar aparte de L.A, por decir algo. Muchas de sus cirugías consisten en descimbramiento de presión en lesiones de ulceras, en las que entran y raspan todo el tejido carcomido hasta que solo queda tejido viable y saludable. Hoy, por ejemplo, el Dr. Black esta haciendo rondas en un paciente que dejo que su levantamiento de trasero se infectara al no cambiar el vendaje lleno de heces. Ahora tiene una larga incisión en cada nalga que esta supurando algo que se parece al interior de un melón podrido que huele a muerte después de haberlo dejado tres días bajo el sol.

Siempre tan empático, Emmet se ha burlado y me ha dado un golpe diciendo, "Si, estoy seguro que no estará en el club sacudiendo el trasero en mucho tiempo, ¿no?"

Dr. Black se va, pero eventualmente me topo con él en las escaleras cuando voy a comer mi almuerzo. Estoy pasando la puerta del segundo piso cuando de repente se abre y aparece.

"Hola," dice amable.

"Hola."

Me sigue cerca mientras continuo bajando las escaleras.

"¿Eres Bella, verdad?" pregunta. Nuestra primera y única conversación fue tan breve que me sorprende que recuerde mi nombre.

"Si. ¿Y tu eres Dr. Black, cierto?"

"Cierto. ¿Cómo esta la Sra. Holloway?"

"Más o menos igual." No menos asqueroso de lo habitual.

"¿Vas a almorzar?"

"Sip. ¿Tu?"

"Sip."

No soy fan de conversaciones forzadas, así que me alegra cuando salimos de las escaleras y llegamos al pasillo. Caminamos juntos un trecho más hasta que el pasillo se divide en dos direcciones – una va a la cafetería y la otra a la Sala de Doctores. Desafortunadamente, ambos estamos del lado equivocado y casi chocamos cuando intentamos ir en direcciones contrarias.

El Dr. Black me toma de los hombros para estabilizarme, sonríe con su cegadora sonrisa, y dice, "Perdón. Fue mi culpa. De hecho voy a comer en la sala de doctores hoy."

Todos estos malditos doctores con sus gafetes geniales y su maravilloso café. De nuevo, no estoy celosa.

"Eso es genial," digo con una sonrisa. "Yo también lo haría. Ustedes tienen la mejor cafetera y todo eso."

"¿Estas viendo al Dr. Cullen, cierto?" pregunta de repente, y me toma por sorpresa.

"Ummm… cierto." No sé que más decir. No es secreto que las noticias viajan rápido, especialmente aquí. Me pregunto si él y Edward son amigos. Edward nunca lo ha mencionado antes.

"Podría conseguirte algo de café si quieres," ofrece.

"¿En serio?" digo esperanzada, y luego trato de bajarle un poco a mi entusiasmo. "Quiero decir… no quiero meterte en problemas…"

"Nah, no es ningún problema. Vamos." Lo sigo hasta el final del pasillo. Me ataca una pequeña ola de nostalgia mientras nos acercamos a la puerta blanca – mientras pasa su gafete por el lector – y no puedo evitar pensar, solo un poco, que estoy engañando a Edward con café.

¿Es posible el engañar con café? ¿O es solo el hecho que estoy consiguiendo café con otro doctor? ¿Eso sería mal visto por un apasionado de las relaciones? Edward me da un café casi todos los días cuando trabaja, pero eso no significa que no pueda conseguir café cuando el no esta aquí, ¿cierto?

El Dr. Black abre la puerta y me deja pasar. Hay otros doctores aquí hoy, aún sentados alrededor de las mesas, hablando mientras comen, pero ninguno de ellos nos pone atención cuando entramos. Veo al Dr. Byer en el rincón, pero ni siquiera levanta la mirada.

El Dr. Black hace un gesto hacia la cafetera. "Prepara lo que quieras. Te ofrecería mi ayudaría, pero esa máquina es como ciencia de cohetes."

Me pregunto si alguna vez ha intentado hacer café aquí, por que realmente no es tan difícil. Es gracioso que supuestamente es capaz de reconstruir el rostro de una persona, y sin embargo se niega a aprender algo tan simple como echar un paquete dentro de la cafetera y presionar un botón perfectamente indicado.

Preparo mi café mientras él va a la barra de ensaladas. Ahora hay una barra caliente a lado, cada plato cubierto con una tapa de metal con el vapor saliendo por las esquinas. También veo una charola con hamburguesas y papas fritas. Me pregunto si la comida aquí sabe mejor que lo que sirven en la cafetería.

Nadie me molesta mientras hago mi café. Discretamente tomo una foto de la cafetera con mi celular y se la mando a Edward con la leyenda: Café Deliciooooso. Admitirle mi debilidad de café sin él me hace sentir un poco mejor.

Camino hacia el Dr. Black, me despido y le doy las gracias de nuevo.

"No hay problema, Bella. Estoy seguro que te veré por ahí luego."

Estoy apunto de girarme y escapar cuando veo la puerta abrirse, y el inconfundible destello de cabello rojo atrapa mi mirada mientras la Dra. Ellis entra a la habitación. Esta vestida en uniforme azul claro con una bata blanca y su largo cabello ondulado suelto.

Sin éxito trato de esconderme detrás del Dr. Black, pero no sirve de nada. Mi uniforme azul oscuro pitufo me delata en un instante.

"¿Bella?" la Dra. Ellis se detiene para verme, su expresión confundida. Actuó como si me sorprendiera verla, lo que se puede considerar ridículo considerando que esta es la sala de doctores. Ella tiene todo el derecho de estar aquí.

"¡Oh hola, Dra. Ellis! ¿Como estas?"

Ella sonríe un poco. "Estoy bien, Bella. ¿Esta Edward trabajando hoy?"

Claro que le gustaría saber.

"No, el Dr. Black fue muy amable en dejarme entrar por una taza de café." Hago un gesto hacia mi taza con mis manos para probar mi punto.

Saluda al Dr. Black de lejos, "Oh, ya veo."

"De hecho ya me estaba yendo." Trato de pasar a un lado, pero ella incluso tiene el nervio de moverse y bloquear mi camino.

"Espera un segundo, Bella. De hecho quería preguntarte… ¿como están las cosas?"

Doy un paso hacía atrás, poniendo una buena distancia entre nosotros. "¿Qué quieres decir?"

"Con Edward. Entonces van en serio ahora, ¿cierto? No que sea de mi incumbencia, en verdad, pero no he tenido oportunidad de hablar con él. Solo se lo mucho que le gustabas."

Esto me complace demasiado, aunque tenga razón. No es de su incumbencia. ¿Pero que diablos? Ella prácticamente me esta pidiendo que lo restriegue en su rostro…

"Estamos genial, de hecho. No podríamos estar mejor." Como Fred y Vilma, Barbie y Ken, como el cazo y la olla…

Su sonrisa es de hecho amable. "Eso es bueno. Él es un buen hombre."

"Si, si lo es."

"Bueno, supongo que te veré por ahí."

¿Eso es todo?

"Claro."

Dejo la sala de doctores, tomando un par de mentas en la salida. Las palabras de la Dra. Ellis se quedan conmigo mientras camino por el pasillo hacia la cafetería, y al final llego a una definitiva conclusión.

Eso fue muuuy raro.

-x-x-

Edward nunca me contesta el mensaje, y no me entero hasta después que fue porque estaba dormido. Y estaba dormido porque aparentemente se enfermo de una clase de virus anoche. Tiene fiebre, se siente fatigado, y paso la mitad de la noche tosiendo su pulmón derecho – o eso es lo que entiendo por su extremadamente vaga descripción.

La tormenta ocurre durante el cambio de turno y salgo del trabajo más tarde de lo usual. Aun así hago una parada a la tienda y compro sopa enlatada, esos pañuelos con Aloe Vera, Gatorade, y medicina para el resfriado. Me pregunto que hace Edward cuando se enferma – si hay un doctor al que va a ver. Alex siempre trataba de diagnosticarse a si mismo, aunque fuera un jalón muscular o un virus estomacal, pero al final iba a ver un doctor de todas formas y se quejaba de que obviamente obviaron algún síntoma cuando no concuerdan con su propio análisis.

Hay una maceta de una flor en el porche de Edward – es obvio que no se hace cargo de ella – y una llave de su casa esta escondida debajo, la cual uso para entrar. Me ha dicho que no vaya – que solo quiere descansar – pero obviamente lo ignore. Solo quiero asegurarme que tenga lo que necesita, ya que vive solo y salir cuando estas enfermo puede ser una verdadera faena. Con suerte, no me meteré en muchos problemas.

La casa esta en silencio cuando entro. Veo la televisión encendida en la sala, pero el volumen esta apagado. Me escabullo a la cocina para dejar las compras, tratando de hacer el menor ruido posible, pero Edward me escucha de todas formas.

"¿Bella?" su voz suena tensa, y sorprendentemente cerca. Me giro y brinco cuando lo veo parado en la puerta de la cocina. Su cabello es un desorden, tiene bolsas debajo de los ojos, y esta usando una playera arrugada y pantalones de pijama verde. También tiene el ceño fruncido, "¿Qué estas haciendo?"

"Te traje unas cosas," digo, apuntando mis víveres. "¿Qué estas haciendo tu? ¿No deberías estar descansando?"

"He estado descansando."

Camino hacia él y presiono una mano a su mejilla. Esta caliente, y no me sorprende. "Lo juro, los doctores son los peores pacientes. Ve a acostarte."

"Voy a enfermarte."

"Voy a tomar el riesgo."

"Lo digo en serio."

"Yo también. Ahora ve a acostarte y deja de hacer esto más difícil."

Me mira brevemente antes de dejar la habitación. De hecho traje un tapabocas del trabajo en caso de que tuviera la energía suficiente para ser persistente, por que no hay forma de que lo deje antes de asegurarme que esta cómodo.

Me asomo a la sala para verlo desplomado en el sofá, su cuerpo parcialmente cubierto por la delgada manta y unos cuantos cojines.

"¿Has tomado algo?" pregunto.

"Es probablemente un resfriado, Bella. Se ira por si solo y estaré bien."

"Eso no fue lo que pregunte."

"Tome algo de Tylenol hace rato," cede con un suspiro.

"¿Hace cuanto?"

"Alrededor de las dos, creo."

"¿Has comido algo?"

"No últimamente."

"¿Tienes hambre?"

"No."

Tomo su temperatura, a pesar de sus protestas. Lo amenazo en broma diciéndole que llamare a Emmet para que venta y lo sostenga mientras la tomo rectalmente. Eso solo hace que me gane más miradas. Su temperatura es de 37.9 C.

Cuando lleno una tapadera con medicina para el resfriado, Edward finalmente parece suavizarse. "Eres una linda enfermera," dice, haciendo un gesto hacia lo que traigo puesto. Estoy usando lo mismo que use para trabajar y ciertamente nada salido de una fantasía sexual. A menos que sea un tipo de retorcida fantasía de pitufos, al menos, pero me estremezco por la idea.

"¿Hasta ahorita te vas dando cuenta?" bromeo.

"Lo note la primera vez que te vi."

"Los halagos no te llevaran a ninguna parte, Dr. Cullen. Ya me gustas." Le entrego la tapadera. "Toma esto," instruyo. Se lo toma de un trago, como un shot de alcohol.

Me lo regresa y dice, "¿Quién te consiguió café?"

"Dr. Black."

"No sabia que eran amigos."

"No lo somos," contesto, recordando a la endocrinóloga que supuestamente es su esposa. También hay un poster en la pared del hospital que recientemente descubrí que tiene una lista con los doctores con apellidos similares, al igual que sus fotos. El Dr. Black esta ahí, al igual que otra mujer Dra. Black con el mismo cabello y piel oscura. Carlisle, Esme, y Edward están también ahí – todos listados como 'Dr. Cullen' claro. "¿Por qué?" pregunto con curiosidad.

Edward se encoge de hombros. "Solo me lo preguntaba," responde, y luego de repente le da un ataque de tos. Froto su espalda hasta que se calma y le pregunto de nuevo si tiene hambre, lo que de nuevo niega a pesar de no haber comido nada en todo el día, luego le pregunto si quiere ir a su habitación a recostarse. Niega con la cabeza, después de que lo forzó a tomarse algo de Gatorade, tomo las mantas de su cama y lo arropo en el sofá.

"No tienes que quedarte aquí," me dice.

"No puedes deshacerte de mi tan fácil," le digo besando su frente. "¿Puedo usar tu ducha?" Él solo asiente.

Desaparezco al final del pasillo y entro al baño principal. Dios, amo su ducha. Es como la ducha de los dioses, con todos los chorros y el perfecto pequeño banco para acomodar mi perezoso trasero. Me siento durante todo el tiempo que me lavo, pero en algún punto incluso subo mi pie en la pared opuesta como la floja que soy.

Claro, Edward escoge ese exacto momento para asomar la cabeza. Me levanto tan rápido que casi me resbalo.

"¿Qué estas haciendo?" lo regaño. "¡Se supone que debes estar descansando!" me levanto tratando de empujarlo fuera de la regadera, pero él pasa por alto todos estos intentos y se desliza por delante de mí. Santo Dios, esta desnudo.

"No me he bañado hoy," se queja, inmediatamente metiéndose debajo del chorro de agua. Sus brazos están con los pelos de puta y su rostro esta un poco ruborizado y cansado. Si no fuera un paciente tan molesto, seria un poco lindo.

"¿Siempre eres así cuando te enfermas?" pregunto, pretendiendo estar enojada.

"¿Cómo que?"

"Cabeza dura."

"No soy cabeza dura," pone mala cara. "Es solo que descanso mejor después de una ducha. Y quería estar contigo."

Mátame con ternura, por que no.

"Dijiste que no me querías aquí," le recuerdo.

"No quería pegarte mis gérmenes. Ahora que ya estas expuesta, eres terreno libre."

"Bueno, ven… al menos siéntate." Lo giro hasta que cambiamos de lugar y lo empujo de los hombros, urgiéndolo a que se siente en el banco. Lo hace con muy poco esfuerzo. Agarro la regadera desmontable y la uso para rociar agua por su cuello y su espalda, y el cierra sus ojos y gime en apreciación.

"Haz la cabeza para atrás," Le instruyo, y cuando lo hace, dejo correr el agua por su cabello, empujando los cabellos mojados con mi mano y pasando mis dedos por su frente y por su rostro.

Me giro para tomar la esponja y Edward dice, "¿Le das a todos tus pacientes baños de esponja así?" su voz suena tensa por tanto toser, pero estoy casi segura que hay un tono sugestivo escondido en alguna parte.

"Solo cuando son buenos," contesto. Vierto un poco de su liquido celestial en la esponja hasta hacer espuma, oliéndolo unas cuentas veces. "Cuando son malos, llevo a Emmet."

Edward se ríe. Luego tiene otro ataque de tos. Le doy palmaditas a su espalda con gentileza y me quito del camino.

"¿Entonces he sido bueno?" finalmente pregunta.

"Has estado tambaleando en la línea, pero hasta ahora estas a salvo."

Enjabono su espalda primero, pasando mis dedos por su suave piel. Su rostro esta a la altura de mi estomago. Cuando me acerco más, presiona suaves besos por mi ombligo mientras sus manos suben por mis muslos, y descansan en mi trasero. Si no estuviera enfermo, me rebajaría a su regazo y haría lo que quisiera con él. Aun es un poco tentador, pero nada arruina el momento como que te tosan en el rostro.

Descansa su frente contra mi estomago mientras paso el jabón por sus hombros. Paso mi mano entre nosotros para llegar a su pecho. Esta cansado, me puedo dar cuenta, pero él quiere estar aquí conmigo. Me tomo mi tiempo, sintiéndolo por todas partes. Presiono mis dedos por sus músculos para tratar de aliviar el dolor de su enfermedad, y su apreciación es expresada en suaves suspiros. Podría tocarlo así todo el día y nunca cansarme.

-x-x-

Después de la ducha, convenzo a Edward de comer un poco de sopa. La obtengo de una lata porque soy terrible en crear cosas más complicadas que hot-cakes y espagueti, y no tengo ninguna receta a la mano. Él no se queja. Usa su pijama y su cabello, que esta comenzando a secarse, esta parado en todas direcciones gracias a mi inhabilidad de dejar de tocarlo.

Para mí, traje una lata de ravioles de la tienda. Caliento mi comida y me siento frente a él en la mesa de la cocina, levantando mis pies a cada lado de sus piernas en su silla. Puedo darme cuenta cuando la medicina hace efecto, porque Edward se anima un poco y tiene más apetito. También esta más conversador, y la mano que no esta usando para comer lentamente esta acariciando mi pie.

"¿Cómo estuvo tu día?" me pregunta entre bocados.

"Estuvo bien. De hecho hable con la Dra. Ellis." Digo vacilante, preguntándome si debí mencionarla. Pero el tema no tiene por qué ser prohibido. La tensión que la rodea esta probablemente en mi cabeza

Edward me mira. "¿De que hablaron?"

"Comparamos notas," bromeo. Luego instantáneamente me siento estúpida por decir eso. Maldita boca. "No, solo nos encontramos y ella me pregunto como iban las cosas. No fue nada. De hecho fue algo… agradable."

Edward no parece sorprendido. "Es una buena persona, Bella. Probablemente te caería bien."

"Si, tal vez." Mi voz no convencida.

"A ella le caes bien," ofrece.

"¿Por qué crees eso?"

"Ella me lo dijo."

"No me conoce." Y probablemente este mintiendo.

"No tiene que saber la historia de tu vida para que le caigas bien."

"Ayuda, si no, ni siquiera sabe que le cae bien."

"Tal vez solo le caes bien porque me gustas."

Ahora eso es gracioso. Aparentemente ella no le ha confiado la conversación que tuvimos en el juego de beisbol sobre él. Creo que es muy obvio a quién favoreció en la situación.

"¿Crees que ella aun sienta algo por ti?" pregunto escéptica.

"No tiene relevancia. No funcionamos y ella ya lo supero. No es el tipo de persona que se sigue lamentando por lo que pudo ser."

Suspiro. "Creo que confías demasiado en las personas."

" Algunas personas merecen el beneficio de la duda, Bella." Hay casi un tono de regaño subyacente a sus palabras, pero lo dejo ir.

"De cualquier forma, mi día fue bastante tranquilo además de eso," le digo, ansiosa de cambiar el tema. "Pero eso no incluye la parte donde le di un baño de esponja a un lindo doctor, claro."

Edward levanta la mirada de la sopa, la comisura de sus labios formando una sonrisa. "Sabia que pensabas que era lindo."

"Más lindo con tus lentes."

"Tal vez los use en el siguiente baño," me tienta, sonriendo diabólicamente.

Ahí esta de nuevo. La urgencia. De la nada, las palabras amenazan con dejar mis labios y alterar nuestra relación de como la conocemos.

No digo nada. Bajo la mirada a mi ravioli y pretendo estar interesada en cortar mi pieza a la mitad. Es un trabajo arduo, cortar este ravioli. Finalmente tose y empuja su plato hacia el frente. Veo pedazos de pollo y fideos en el fondo del plato.

"Aun duele tragar," explica, y yo asiento.

"¿Quieres un poco más de caldo?"

"No, estoy lleno." No puedo saber si esta mintiendo. Me voltea a ver, de repente vulnerable. "¿Te vas a quedar la noche?" Su voz suena tan esperanzada. Para alguien que no quería que viniera, definitivamente se esta asegurando que me quede.

"Como si te pudieras deshacer de mi tan fácil," contesto, y él no intenta esconder la pequeña sonrisa que sigue.

"Gracias."

Te amo.

"De nada."