Hola hola, perdón por no haber podido actualizar. Algunas cosas se metieron en mi camino. Pero aqui les tengo un capitulo, muy temprano en la mañana del domingo! y muchas felicidades a todos los papás, bueno al menos aqui en México ya es día del padre! y yo quería actualizar un capitulo antes de irme a desayunar con el mio.

Esta largo el capitulo, hay muchas escenas y momentos graciosos espero que les guste. Y no se les olvide dejar sus reviews!


Capítulo 23 – La cosa más grande

"Adivina que conseguí," Alice llega cantando mientras camina hacia mí. Dejo de comer mi almuerzo – desabridas papas fritas y un esponjoso hotdog, ambos nadando en una insana cantidad de cátsup para cubrir el sabor – lo suficiente para verla.

"¿Qué es?"

"Tengo el código del vestidor de cirujanos."

"¡Alice!" advierto. "No voy a ir a husmear al vestidor. Probablemente hay cámaras. No eres la maldita 'Investigadora Privada Magnun."

"No, soy mucho más linda. Puedo conseguir información con la que Magnum nunca hubiera soñado."

"Por favor no me digas que coqueteaste con el Dr. Black…"

"¿Y? Funciono, ¿o no?"

"Dios, Alice," gruño. "¿Qué pensaría Jasper de esto?" Alice se ha metido en el papel de investigadora desde que se enteró del robo de las drogas. Dice que el hospital no está haciendo lo suficiente, y obviamente debe de haber un drogadicto suelto, pero sus ideas eran previamente solo eso – ideas. Pero ahora…

"Esto no tiene nada que ver con Jasper. Esto es para ayudarte. Vamos, Emmet dice que él nos va a cubrir si vamos muy rápido. Podemos ver si hay alguien."

"Es hora del almuerzo. Por supuesto que hay alguien ahí."

"Depende si hay alguna cirugía en este momento. ¡Vamos!"

Discuto un poco más, pero Alice es persistente. En contra de mi voluntad, la dejo guiarme por el pasillo hasta los elevadores, pero ella los pasa con la simple explicación que no ha hecho ejercicio en mucho tiempo y que su trasero se mueve como un pedazo de gelatina en un terremoto. Quiere tomar las escaleras esta vez.

"Solo vamos a asomarnos," Alice explica mientras descendemos. "Si hay alguien ahí, decimos que estamos perdidas y nos vamos."

Estamos casi llegando al final del primer tramo de escalones cuando mi piel se enreda con - ¿Qué? ¿Aire? ¿Polvo? – no tengo la más mínima idea, pero eso no importa, pierdo el equilibrio y caigo hacia adelante con el rostro en dirección a la pared solida de cemento directamente frente a mí. Aparentemente mis reflejos son una mierda, porque apenas tengo tiempo de comprender que estoy cayendo antes de que mi rostro se estrelle contra la pared, rebotando en un ligero ángulo. Ni siquiera reacciono para atraparme, solo caigo como un saco de papas, afortunadamente regresando a mis sentidos lo suficientemente rápido para estirar los brazos antes de repetir el golpe frontal pero ahora en el sucio piso de linóleo.

Me quedo ahí en mis manos y rodillas, con la respiración agitada, mientras Alice se deja caer a mi lado e inmediatamente empieza a pasar dos dedos frente a mi rostro. "Oh Dios mío. ¿Estás bien? ¿Cuántos dedos ves?"

Muevo la cabeza y cierro los ojos. El lado izquierdo de mi rostro está palpitando, pero mayormente estoy sorprendida por el impacto. Me deslizo en una posición de sentado y cautelosamente toco mi mejilla, pero todo se siento normal aparte de la ligera, ardiente quemadura.

"Necesitamos ir a la sala de urgencias," escucho a Alice decir, y muevo mi cabeza de nuevo.

"Estaré bien."

"¿Bien? Esa pared acaba de patearte el trasero. No hay forma de que vaya a dejar irte a casa y morir mientras duermes esta noche."

Trato de discutir, pero Alice me está jalando para ponerme de pie con una mano bajo mi axila. "¿Necesito ir por una silla de ruedas?" pregunta, exasperada por mi resistencia.

"Estamos en las escaleras, Alice," trato de razonar. "Gracias a tu aguado trasero."

"Bueno, si yo me hubiera caído, simplemente me hubiera girado en el último momento y golpeado la pared con mi trasero como una plataforma de aterrizaje. Nadie saldría lastimado, excepto quizá la pared."

Sonrió a pesar de mi situación.

-x-x-

"¿Cuántos dedos ves?"

Golpeo la mano de Alice fuera de mi vista, casi tomando uno de sus dedos en el proceso. "Si me preguntas eso de nuevo, voy a asfixiarte."

Ella se sienta y toca su barbilla con su dedo, pensativa. "Las lesiones en la cabeza te ponen violenta," observa, como especulando un nuevo descubrimiento científico.

" me pones violenta."

"E irritable…"

A pesar de mis protestas, Alice me arrastra a la sala de urgencias por una tomografía. El lado izquierdo de mi rostro quema, pero además de eso me siento bien, aunque Alice dice que uno nunca puede estar seguro. Una silenciosa pero mortal hemorragia cerebral y todo eso. Estoy en una gran habitación en una camilla sin almohada – le trajeron a Alice una manta envuelta con una funda de almohada cuando pidió una – y hay un tipo del otro lado de la cortina junto a mí que está aquí por un sangrado gastrointestinal y está apestando todo el lugar. Alice mueve una mano frente a su rostro, e inclinándose hacia mí, dice, "Espero que no admitan a este tipo a nuestro piso."

El equipo de la sala de urgencias se está tardando años para hacer todo, y con mucha razón, supongo, porque no hay nada malo conmigo. Alice no está de acuerdo.

"Maldita sea," eventualmente bufa en exasperación, casi veinte minutos después. "Van a dejarte morir de una hemorragia cerebral antes de que finalmente se den cuenta que diablo están haciendo." Alice es como uno de esos molestos familiares que siempre me aterroriza hacer frente en el trabajo.

"¿No te dijeron que volvieras al trabajo?" contesto con evasivas, tratando de alejarla de mi cabello. Está empezando un dolor de cabeza que nada tiene que ver con mi lesión.

"Si, sí. Estoy a punto de irme. ¿Estas segura que vas a estar bien?"

"Voy a vivir," le aseguro, forzando una sonrisa.

"Tienes suerte. Hay muchos días en los que he considerado tener una lesión en la cabeza para no venir a trabajar." Me mira con nostalgia.

Eso debería ser preocupante, pero mierda, yo he pensado lo mismo una o dos veces en un mal día.

Todo está en calma cuando Alice se va. Bueno, no realmente, la sala de emergencias es caótica, hay actividad por todos lados. Veo con algo de interés mientras trasladan a un hombre inconsciente, su rostro de un anormal tono lavanda. Cinco personas del equipo médico están sobre él, trotando para mantener el paso de la camilla, y gritan ordenes unos a otros mientras lo llevan a su propia habitación para que la reanimación pueda comenzar.

Eventualmente alguien viene a llevarme para hacerme mi tomografía. Ella se da cuenta de mi uniforme y sufro al contar nuevamente mi accidente en las escaleras. "Yo también soy torpe," dice, como consolándose de encontrar a alguien más como ella. "Soy la única persona que conozco que puede tropezarse mientras camina sobre una superficie plana."

Mi rostro está palpitando, pero lo ignoro, recostándome perfectamente quieta para mi tomografía. La misma chica me lleva de regreso a la sala de urgencias, detiene la camilla, y me dice que el doctor estará conmigo en poco tiempo. El olor pútrido de la habitación es peor ahora, y la esposa del paciente se está quejando que debieron haberlo puesto en una habitación privada. Ella no es la única que lo piensa.

Sorprendentemente, el doctor llega en poco tiempo.

"La tomografía es negativa," anuncia feliz. Es pequeño y redondo con una extraña barba de chivo. No lo reconozco de mis cortos turnos en la sala de urgencias. "Probablemente solo tengas un pequeño morete, pero eso es todo. Recomiendo que descanses lo que resta del día, luego estarás como nueva. Voy a decirle a la enfermera que termine tu papeleo." Estrecha mi mano, me desea suerte, y se van tan rápido como vino.

El doctor pudo haber sido productivo, pero a las enfermeras les toma una eternidad. Me recuesto de nuevo en la camilla, mi brazo sobre mi rostro para bloquear el resplandor de las luces sobre mí. Me he acostumbrado al olor para este punto.

No estoy dormitando realmente, pero estoy tan distraída que no noto nada de lo que está pasando a mí alrededor. Eso es, hasta que una voz grave cerca de mi oído me asusta. "Es un placer verla aquí, Srta. Swan."

Rápidamente muevo mi brazo, parpadeando por la brillante luz. Edward está de pie sobre mí, la comisura de sus labios en una sonrisa. Está usando su uniforme usual y su bata. Y lentes, de nuevo, porque aparentemente los lentes de contacto han estado lastimando sus ojos. Me encanta cuando usa sus lentes – es como el accesorio final en mi fantasía de doctor ñoño, y luce absolutamente adorable con ellos.

Extiendo la mano en su dirección, sonriendo, y él toma mi mano firmemente en la suya. "¿Qué estás haciendo aquí?" pregunto. "¿No estás trabajando?"

"Debería estarte haciendo la misma pregunta," dice. "Pero Alice me mandó un mensaje."

"Oh." Puedo sentir el rubor subiendo a mi rostro mientras la imagino contándole historias de cómo me caí de frente por las escaleras. "¿Te conto lo que paso entonces?"

"Ella no solo me dijo lo que paso, también me mando esto." Saca su celular y empieza a buscar algo por un momento. Luego lo estira hacia mí, aguantándose la risa.

No entiendo que estoy viendo al principio. Todo es blanco excepto una distintiva mancha beige en el centro de la foto. Luego, lentamente, empiezo a ver el contorno de un gran ladrillo, y… ¡Oh Dios mío!

"¡Oh Dios mío!" exclamo. "¿Eso es mi maquillaje?"

Edward se ríe con fuerza por mi reacción. No se mueve lo suficientemente rápido como para prevenir el golpe en el estómago, aunque ni se inmuta por el ataque.

"No es gracioso," digo con el ceño fruncido. ¿Realmente uso tanto maquillaje? No me he visto en el espejo desde la caída, y ahora estoy casi asustada de hacerlo.

"Es o tu maquillaje o las primeras cinco capas de piel," dice, tocando gentilmente mi ardiente mejilla con su pulgar.

"No puedo creer que Alice te haya mandado eso. No, ¡no puedo creer que haya regresado y tomado una foto de eso! Debe de tener un deseo de muerte," farfullo.

La enfermera entra con los papeles, sus ojos inmediatamente en Edward. Su expresión pasa de sorpresa a confusión y luego a forzada indiferencia mientras se da cuenta de nuestra proximidad. Edward deja de tocarme, pero por lo demás no se aleja.

"Hola, Dr. Cullen," dice con facilidad. Está cargando una pequeña tacita de medicamentos y un vaso de agua. "¿Termino ya su turno?" su tono es conversacional.

"Ya casi," responde con una educada sonrisa.

Ella se gira hacia mí. "¿Necesitas algo para el dolor antes de irte?" pregunta. "El Dr. Hollands dice que puedo darte algo de Darvocet, pero Tylenol debería de servir una vez que llegues a casa."

Veo las pastillas con algo de alarma, luego rápidamente muevo la cabeza. "Um, no. Estaré bien." No quiero narcóticos cerca de mí. Si tuvieran que hacerme un análisis de drogas de nuevo, ¿Qué tan difícil seria probar que recibí una sola dosis de Darvocet en la sala de urgencias? Apenas son un poco más fuertes que el Tylenol, de todas formas, y mi rostro solo me duele un poco.

"De acuerdo," dice, obviamente no le importa de cualquier manera. Dice mis indicaciones rápido – son simples, dice que solo debo tomar Tylenol para el dolor y regresar a la sala de urgencias si algún síntoma inusual, como severo dolor de cabeza, ocurre – y me dice que firme el final de la hoja.

Edward espera en silencio hasta que se va, luego dice. "Debería de salir como en veinte minutos. ¿Quieres que te lleve a casa?"

"Estoy bien para regresar a trabajar," protesto. Me siento obligada a sugerir esto, aunque siendo sincera, no quiero nada más en el mundo que tomar su oferta.

"El Dr. Hollands te dijo que descansaras hoy," informa, su tono no deja cabida para discusión. ¿Y él como sabe eso?

"¿Estabas escuchando detrás de la cortina?" pregunto, viéndolo con sospecha. "Eso es en contra de la confidencialidad médico-paciente, sabes," lo regaño.

"Yo lo sé todo," dice con aire de suficiencia. "Y no lo olvides. Además, ya te cubrieron arriba. El que regreses al trabajo solo va a complicar las cosas."

"Definitivamente no queremos complicar las cosas," contesto. ¿Qué puedo decir? El hace un argumento convincente. Llamo a Kate, confirmando esto, y tomo la oferta de Edward de ver televisión en la sala de guardia mientras espero. Me acompaña arriba, luego me dice que va a recoger mi mochila y mi bolso con Alice cuando termine. Detrás de la puerta cerrada de la sala de guardia, me besa dulcemente, sus labios rozando la no tan sensible piel de mi frente antes de suspirar y girar para irse. Parece resignado, como si, a veces, irse fuera casi doloroso.

Se exactamente como se siente.

-x-x-

"Bella, no puedo…mmmm… tienes que detenerte."

"¿Realmente quieres que me detenga?" enarco una ceja en pregunta.

"No, pero me estas distrayendo."

Resignada, retiro mi mano y me acomodo de regreso en el asiento de pasajero del auto de Edward. Me voltea a ver una vez, luego hace un sonido de dolor antes de estirar el brazo y tomar mi mano con la suya. Su otra mano se queda plantada en el volante.

Lleva mis nudillos a sus labios por un beso. "Estaremos en tu apartamento en menos de cinco minutos," promete, aunque sé que es al menos otro tramo de diez minutos si obedecemos el límite de velocidad. Sin embargo, una rápida mirada al velocímetro confirma mis sospechas.

Parece que nos hemos enamorado más el uno del otro desde nuestra pelea. Ya sea la idea de estar sin el otro o el alivio de estar juntos de nuevo, simplemente no puedo tener suficiente de él. El parece sentir lo mismo, respondiendo mi pasión sin descanso, honrando mi cuerpo con suaves caricias cuando sea que este cerca.

Vamos a mi apartamento por más ropa, luego nos retiraremos a su casa y, espero, hacer nada más que el uno al otro por el resto del día.

Llegamos al estacionamiento seis minutos después. Quito el seguro de la puerta, dejándonos entrar, y apenas tengo tiempo de cerrarla de nuevo antes de que la boca de Edward encuentre la mía en un violento asalto. Su beso es brusco y probablemente me deje un morete y yo lo jalo más cerca con una mano en su cabello, demandando más. Mi mesa de segunda mano es lo más cerca, revistas y correo son puestas de lado, mis pantalones son jalados hacia abajo, y Edward está dentro de mí en solo unos segundos, nuestras caderas chocan una y otra vez mientras el reclama mi cuerpo como suyo.

Después, Edward gentilmente me ayuda a bajarme de la mesa de la cocina, aunque podría haberlo hecho sin él. Dulces caricias continúan, y me besa dos veces antes de finalmente retirarme a mi habitación por un cambio de ropa.

Él se queda en el marco de la puerta y me ve por un momento. Su cabello es un desorden, sus labios rojos y sus mejillas sonrojadas, y pienso, distraídamente, que nunca se ha visto más hermoso.

"¿Quieres hacer una parada y comprar un nuevo celular camino a casa?" pregunta. Dice 'casa' como si no estuviera parada en la mía. Como si mi apartamento fuera irrelevante; como si el único lugar donde pertenezco es con él, donde quiera que decidamos descansar.

"Pensé que dijiste que necesitaba descansar," bromeo. "Ordenes médicas." Abro mi cajón de la ropa interior e ignoro mi gigante, vibrador en forma de pene con una precipitada mirada hacia donde esta Edward. Siento mis mejillas sonrojarse, pero mientras Edward me ve, no da indicación de haber notado mi reacción.

"Solo quería una excusa para tenerte toda para mí el resto del día," dice con calma.

"Ya veo. Usando tu poder para el bien común, entonces."

"Usando el poder del Dr. Holland. Fueron sus órdenes, no las mías."

"Ustedes los doctores se cubren los unos a los otros de todas formas," digo, haciendo un gesto despectivo con la mano. "Probablemente fue tu idea."

"Bueno no voy a decir que no lo pensé. Pero contigo corriendo por ahí chocando tu rostro con paredes, puedo decir que te las arreglas muy bien tu sola."

Estoy dándole la espalda a Edward mientras termino de desvestirme. Parada en nada más que mis bragas y mi brassier, busco en los cajones de mi armario una playera decente. De repente las manos de Edward están en mis piernas, acariciando lentamente hacia arriba, su toque derritiendo el frio de la habitación.

Me levanto lentamente y él toma un paso hacia adelante, presionando nuestros cuerpos, mi espalda contra su pecho, mi piel desnuda contra el suave algodón de su uniforme. Hace a un lado mi cabello de mi hombro y besa la piel expuesta, moviendo sus labios lentamente hasta el sensible lugar detrás de mí oreja. Me da un escalofrió, mi cuerpo entero se pone con los pelos de punta.

"¿Frio?" su aliento es caliente contra mi cuello. Estiro el brazo hacia atrás sin ver nada, tomando su cabello, luego giro mi cuello y lo jalo hacia mí hasta que nuestros labios se encuentran para un maravilloso, incomodo beso. Sus manos se deslizan hacia arriba por mi cuerpo hasta que está tocando mis senos encima de mi brassier, hasta que al fin, me libero de su agarre y lo empujo.

"Me estas distrayendo," lo regaño, de la misma forma que lo hizo él antes. "Nunca nos iremos si continuas esto."

Toma sorpresivamente poca persuasión hacer que salga de la habitación. Saciado con nuestro encuentro en la mesa de la cocina – y el conocimiento de que pasaremos la noche completa juntos – se retira a la sala para ver televisión mientras espera. Quiero tomar una ducha, pero quiero tomarla con Edward y él no tiene ropa limpiar que ponerse. Una razón más para apresurarme, razono, para que podamos regresar a su casa y hacer que suceda.

Después de empacar, vamos a la tienda de celulares por un nuevo teléfono. Dado que tengo seguro, solo tengo que pagar un deducible, pero la empleada me dice que tendré que mandar mi antiguo teléfono y que el nuevo me lo van a mandar por correo. Edward no está feliz con esto.

"¿Tendrás que pasar una semana completa sin celular?" pregunta, algo irritado. "¿No tienes uno viejo que puedas usar?"

Tengo que admitir que estoy un poco molesta también. Siendo este el primer teléfono que he demolido en un arranque de rabia, me imagino que tienen unos cuantos teléfonos de repuesto en su bodega en alguna lugar.

"Estará bien," le aseguro. "Puedo estar sin celular por una semana."

"Podemos comprar uno nuevo," sugiere.

"No puedo costear uno nuevo. No soy candidato para renovación."

"Lo compro para ti."

"¿Qué? No." Elimino la sugerencia con un gesto de la mano. "Eso es solo dinero desperdiciado. Tengo seguro por una razón."

"¿Pero quién me va a molestar con mensajes sin sentido en el trabajo ahora?" se queda, sus palabras con tono de broma y yo acaricio su cabeza con una sonrisa, formulando ya un plan en mi cabeza. Un mensaje sucio del celular de Emmet será una agradable sorpresa, aunque se dé cuenta del verdadero remitente un momento después.

"Creo que te las arreglaras," digo vagamente. Con un sutil recordatorio de lo que planeo hacerle una vez que lleguemos a casa, me sigue fuera de la tienda.

-x-x-

"¿Puedo tener un testigo?" Ángela asoma la cabeza de la puerta del cuarto de medicinas, que está justo a un lado de la estación de enfermería. Emmet, quien está caminando en la dirección opuesta del pasillo – claramente sin ninguna intención de ser dicho testigo – levanta el puño e inmaduramente dice, "¡Amen!"

Entorno los ojos - ¿Quién no ha escuchado eso antes? – me levanto para asistir a Ángela. Ella sostiene la puerta con una pequeña, tímida sonrisa.

"Gracias," dice mientras accedo el código del Pyxis y presiono mi dedo en el escáner. Espero pacientemente hasta que el cajón se abre, luego la observo con atención mientras cuenta las jeringas y saca lo que necesita. Cuando se gira y me encuentra mirando sobre su hombro, ella brinca, llevando su mano a su pecho por la sorpresa.

"¡Me asustaste!" dice, luego se ríe con la respiración un poco cortada. Me disculpo mientras ella se mueve, tomando una jeringa vacía, luego la detengo antes de dejar la habitación.

"¿No vas a tirar eso?" le pregunto, haciendo un gesto hacia el vial en su mano. Luce confundida por un momento – con buena razón, creo, porque ninguno de nosotros usualmente demanda que tiremos algo aquí en el cuarto de medicinas. Normalmente, ella iría al cuarto del paciente, saca la cantidad de medicina que necesita con la jeringa, y tiraría el vial en los botes de basura. O al menos eso es lo que creo que hará. Una gran cantidad de confianza solía existir entre nosotros, pero desafortunadamente, eso está en el pasado ahora. Al menos para mí.

"Cierto, cierto," dice, recuperándose de repente. Hay un fregadero en una esquina. La veo preparar la morfina y tirar la mitad por el drenaje. Me mira insegura, entonces le aseguro que estoy satisfecha con una sonrisa forzada. Toma el vial vacío – por propósitos de historial – y rápidamente sale de la habitación.

Más tarde, Aro recibe el mismo trato, aunque él no luce ni cerca de complaciente bajo mi escrutinio. Me ve con sospecha, entrecierra los ojos y libera su Naomi Campbell interior con furia.

Con la mano en su cadera, me apunta con su dedo desocupado, moviendo la cabeza de lado a lado como un gallo. "¿Piensas que yo tome las drogas? Déjame decirte corazón, que he sido enfermera por más tiempo del que has vivido y nunca me ha faltado al respeto una niñita como tú. Y creo que es tu nombre sobre el que están perdidas esas drogas, ¿eh?"

De repente entiendo porque Emmet no soporta a este hombre.

"Yo nunca dije que tu habías tomado la drogas," contrarresto con igual veneno de en la voz, instantáneamente sintiéndome afrontada por su acusación. "Todo lo que dije es que quiero ver cuando tiras la maldita medicina."

Ignorándome dice, "¿Entonces…que? ¿No pudiste lograr que tu lindo doctor te escribiera una prescripción? ¿Es eso?"

Si fuera cualquier otro hombre, probablemente lo golpearía. A como son las cosas, Aro es apenas más alto que yo y definitivamente más femenino. Probablemente grite como una princesa, me acuse de asalto, y me meta en incluso más problemas.

"¿Vas a tirar la medicina o necesitas que vaya por Kate?" demando irritada.

"Oh más vale que creas que voy a tirarla," asegura, como si no se le ocurriera hacer lo contrario. Pongo los ojos en blanco por su absurda actitud mientras se acerca al mostrador y empieza sus exagerados movimientos. Después de tirar todo por el fregadero, tiene la audacia de abrir la llave y lavarlo todo con agua, como si estuviera previniendo que una supuesta drogadicta como yo trate de absorber la medicina del mohoso caño.

No dice nada más mientras sale de la habitación, pero la hostilidad que deja detrás es paralizante. Escucho a Emmet decir algo despectivo en el pasillo, y de repente él y Aro están discutiendo, sus apagadas voces audibles a través de la delgada puerta.

Muevo la cabeza y suspiro, luego tomo mis notas y continúo mi trabajo.

-x-x-

No puedo esperar llegar a casa, desnudarte, y sentir tu enorme polla dentro de mí…

La respuesta de Edward viene solo un par de momentos después.

Creo que necesitamos hablar, Emmet.

Habrá tiempo para hablar después…

Él celular de Emmet vibra silenciosamente en mi mando, el nombre de Edward apareciendo en la pantalla. Rápidamente me deslizo dentro de la sala de descanso y contesto con una sonrisa de satisfacción, profundizando mi voz y diciendo, "¡Yo!" en la mejor interpretación de Emmet que puedo lograr.

"No eres graciosa, Bella," dice Edward inmediatamente.

"Bueno yo creo que soy muy graciosa," discuto. "¿Por qué? ¿Decepcionado?"

"No, definitivamente no estoy decepcionado," rectifica. "¿Qué estás haciendo con el celular de Emmet?"

"Mandándote mensajes sucios."

"Me puedo dar cuenta," dice secamente. "Fue definitivamente… una sorpresa." Hago un tope (fist-pump) interno, regodeándome por mi habilidad de tomarlo por sorpresa, completamente consciente que escondo la mente de un niño de doce años.

"¿No tienen mucho trabajo hoy?" pregunta.

"Si, no ha estado tan mal. ¿Por qué?" inmediatamente me pregunto si tendrá tiempo de venir un rato y me emociono por la idea.

"Extubaron a Jared esta mañana. Esta despierto, si quieres ir a verlo."

"¿En serio?" pregunto feliz. He hecho que Edward me mantenga al tanto del estatus del Sr. Lowery todos los días, y aunque ha sido notablemente positivo, este es el mejor signo de mejora hasta ahora. "Si, gracias. Hare eso."

"Bien. Me tengo que ir, te veré esta noche."

"Muy bien."

"¿Y Bella?"

"¿Hmm?"

"Te amo."

Sonrió. "Yo también te amo."

-x-x-

Aunque sé que está despierto, aun es una sorpresa el encontrar al Sr. Lowery recostado tranquilamente en su cama, cambiándole los canales a la televisión mientras sostiene una taza con trozos de hielo. Las persianas están cerradas, bañando el cuarto en oscuridad, pero la luz del pasillo y la televisión emiten una suficiente, aunque temblosa luz a través de sus facciones.

Estoy tan emocionada por verlo despierto y bien que no hago ningún preámbulo para entrar a su habitación. Él no se asusta por mi intrusión, acostumbrado al constante ir y venir de la habitación, pero su rostro se ilumina con una agradable sonrisa cuando me reconoce.

"¡Bella!" exclama, justo al mismo tiempo que yo digo, "¡Sr. Lowery!" Su voz es rasposa, pero aun así fuerte y tranquilizadora.

"¿Trabajas aquí hoy?" pregunta confundido.

"No, vine a verte." Me siento en la silla al lado de su cama mientras baja el volumen de la televisión. "Edward dijo que estabas despierto. ¿Cómo te sientes?"

"Mi garganta me duele como un hijo de perra, pero viviré." Hace un gesto hacia la taza de hielo para indicar su frio alivio.

"Bueno me tuviste preocupada por un tiempo," admito. El tubo de oxigeno del Sr. Lowery aunque correctamente posicionado en su nariz, esta suelto y colgando de una oreja. "Tu oxigeno se va a caer," le digo, estirándome para arreglarlo.

"No eras la única que estaba preocupada," confiesa, girando la cabeza para que pueda colocar el tubo detrás de su oreja. "¡Deberías leer las cartas que mis nietos me escribieron!" Se estremece un poco por la idea y yo sonrió con simpatía.

"¿Tan mal, eh?"

Parece pensarlo un momento, luego hace un gesto con la mano como restándole importancia. "Me hace sentir bien, el saber lo mucho que seré extrañado," dice. "Tal vez es algo egoísta decirlo, pero es lo que es."

"No creo que sea egoísta," le aseguro. "Creo que haría a cualquiera sentir bien, especialmente si han estado tan cerca de morir."

Se encoge de hombros, y luego, mirando la puerta dice. "¿Y dónde está Edward?"

Innecesariamente sigo su mirada, y luego me giro para verlo de nuevo. "Trabajando."

"Trabaja demasiado. Ambos. Estuvo aquí esta mañana cuando desperté, sabes. Enormes ojos verdes estaban sobre mi rostro, fue lo primero que vi. Casi me mata del susto."

Bufo con una risa. "Suena horroroso," bromeo.

"Bueno no para ti," rectifica. "Supongo que tú lo vives todas las mañanas."

"Él no se la pasa suspendido sobre mi mientras duermo, si a eso te refieres."

El Sr. Lowery se ríe, lo que se convierte en un ataque de tos. Se endereza un poco, su rostro completo cambiando a un color rojo brillante como frambuesa, y el monitor de saturación de oxigeno se vuelve loco, sonando mientras su nivel de oxigeno cae hasta los 80 y tantos. Veo a su enfermera levantarse del escritorio, dando un vistazo a la habitación, pero viendo que es otro ataque de tos, se relaja y se sienta de nuevo.

El nivel sube tan pronto la tos se detiene, y el sonido se detiene. El rojo de su rostro, sin embargo, toma un tiempo en desaparecer.

"¡Agg!" declara, haciendo un profundo, sonido gutural. Trata de aclararse la garganta.

"¿Mejor?" me aventuro a preguntar, una vez que ya está más tranquilo.

"No." El tono de voz es amargo, obviamente está cansado de estar enfermo.

"¿Edward no dijo cuándo te iban a transferir de regreso a piso?"

"Mañana, probablemente."

"Oh, bien. Eso significa que tendré a quien molestar todo el día."

"Mañana es día de diálisis," me informa. "Así que no todo el día." Pero las comisuras de sus labios se curvan en una pequeña sonrisa, y no puedo evitar pensar que espera con ansias ser transferido. De vuelta a la familiaridad, donde mejor salud y ser dado de alto están más al alcance de la mano.

Hablamos un rato más, de nada en particular. Me dice que después de despertarse, alguien, probablemente uno de sus nietos, dejo la televisión en MTV – Dios nos libre – y que no podía encontrar el control remoto, ni la fuerza para llamar a la enfermera. Tuvo que soportar casi un episodio completo de algo que sonaba sospechosamente igual a Jersey Shore, basado en su corta descripción, antes de que alguien tuviera piedad de él y cambiara el canal.

Su cena llega, y me digo que es probablemente tiempo de regresar al trabajo. Me levanto y toco su hombro como despedida, y el coloca su mano sobre la mía.

"¿Edward tiene el día libre mañana?" pregunta. No estoy segura como obtuvo esta información, pero asiento confirmando. "No te culparía si de repente te da una fiebre o necesitas faltar, entonces," dice. "La vida es muy corta, sabes. Este lugar no es tan importante, en el gran esquema de las cosas," me guiña el ojo bromeando, pero carga el aire de un hombre que sabe, demasiado bien, lo corta que es la vida.

-x-x-

Mi teléfono nuevo llega al siguiente día, así que después del trabajo, hago una parada para ir a recogerlo. Mi "nuevo" celular es reformado, lo que significa que es usado y tiene unos rayones y luce un poco mejor que mi celular anterior, excepto que este está en una pieza. Vuelve a la vida fácilmente, después de unos momentos de vacilación, una docena de llamadas perdidas y mensajes aparecen en la pantalla.

Hay tres llamadas perdidas de mi papa – dos ayer y una esta mañana. Otra es de Alec, un mero minuto después de que le colgué y destruí mi celular. Aparentemente, encontró un poco de sentido común junto con su resaca, porque no ha tratado de contactarme de nuevo. Un mensaje de Irina la tarde que mi teléfono fue destruido. Otro de Emmet, mandado ayer, preguntando si todos los celulares van al cielo.

Mi papá suena un poco triste en su tercer mensaje de voz. "Sé que me estoy haciendo viejo," dice estoico, "pero creí que era bastante cool para alguien mayor. Siento que se menos de ti ahora que cunado vivías en Florida."

Frunzo el ceño. Eso es verdad, la última vez que lo vi fue cuando me entrego la mesa de la cocina – la misma mesa en la que Edward y yo tuvimos sexo, Dios cuide su alma y ruego porque nunca se entere – y la última vez que hable con él fue hace dos semanas. No lo he estado evitando a propósito, claro, pero con mi pelea y reconciliación con Edward y todo lo que ha pasado en el trabajo, el tiempo se me fue de las manos.

Sentada en mi coche, lo llamo inmediatamente y hago planes para verlo pronto. Él vino a Seattle la última vez, entonces lo justo es que yo haga el viaje de tres horas a Forks esta vez. Y ya va siendo hora que se lo presente a Edward, creo. Sera incomodo, pero no será peor que conocer a Carlisle. Edward me va a deber la vida para siempre por ese desastre.

Finalmente, leo el último mensaje, el que Edward me mando justo horas antes de nuestra pelea. El que nunca tuve la oportunidad de leer, el que concluyo nuestra sucia, coqueta, conversación escrita.

A veces, dice, creo que la cosa más grande que hice en mi vida fue enamorarme de ti.