Songfic: La ciudad de los Árboles (Mägo de Oz)

—¿Cómo nos metimos en esto? —preguntó Mio con los ojos llenos de lágrimas.

—Vamos Mio, será una experiencia única —le dijo Ritsu pasándole el brazo por el hombro y mandándole una sonrisa presumida.

Mio gruñó y mandó un codazo a la boca del estómago a su amiga. Ritsu cayó completamente vencida mientras el resto del club de música sólo se reía divertido; y las del club de ocultismo sólo levantaron una ceja sin entender muy bien.

—Es lo normal entre ellas —dijo Mugi al entender la confusión de las otras. Ellas asintieron sin preocuparse más por el asunto.

Mio suspiró una vez más. ¿Cómo se había dejado arrastrar en esto? Todo había comenzado una semana atrás cuando el club de ciencias ocultas les hizo esa extraña invitación para participar en un ritual a la media noche en un bosque lejano; según ellas para agradecer el dulce gesto de escuchar atentamente toda su presentación sobre la mutilación del ganado.

—Es el lugar perfecto para hacer contacto con las fuerzas del más allá —dijo una de las de ese club. —Según cuenta la leyenda, se puede escuchar llorar a los árboles al anochecer.

—¿Que qué? —preguntó Mio casi gritando y pálida como la cera.

—Que genial! —se entusiasmaron Ritsu y Mugi al mismo tiempo.

La rubia jamás había tenido un encuentro sobrenatural y estaba segura que disfrutaría el primero. Y la castaña era una fanática de todos los cuentos de terror que hubieran circulando por ahí. Y claro, Yui sólo lo miraba como una divertida forma de perder el tiempo. La única que hubiera apoyado a Mio, Azusa, la traicionó. Ella hubiera preferido pasar su tiempo practicando, pero no podía dejar de interesarse en una cosa de esa índole.

—Entonces estamos —dijo la presidenta del club de ocultismo, una perturbadora chica con una larga capa negra, anteojos y el cabello corto y negro. —Un pariente tiene una cabaña en el pueblo vecino del bosque. Nos quedaremos ahí y a media noche iremos al centro del bosque donde haremos un ritual ancestral para invocar a los espíritus más cercanos.

Y así fue como se concretó la excursión. Y ahí estaban, recién acomodadas en la cabaña del pariente de la presidenta del club de ciencias ocultas. Era muy tarde cuando todas lograron acomodarse y por fin pudieran almorzar en paz. Extraño en verdad ese almuerzo/cena, pues fue justo al momento del anochecer; donde pudieron escuchar el viento silbando a través de los bosques que las rodeaban. Y se podía confundir como una especie de llanto lleno de dolor y desolación. Mio sintió escalofríos, no quería saber nada del asunto, pero la idea de quedarse sola en aquella pavorosa cabaña en medio de la nada tampoco la atraía.

Finalmente se pusieron en marcha. Todas equipadas con linternas y ropa cómoda para correr y poder disfrutar del paseo, se encaminaron al bosque. La única que iba hecha un manojo de nervios era Mio, pero Ritsu le tendió la mano dulcemente y eso la tranquilizó… pero sólo un poco. Todas iban fascinadas mirando el camino sin saber qué se iban a encontrar.

—¿Saben? —preguntó la presidenta del club de ocultismo, —este bosque tiene una historia muy interesante. En un principio no era tan grande.

—¿Y qué pasó? —preguntó Azusa.

La chica sonrió enigmáticamente.

—Dicen que en un principio, este bosque era muy pequeñito, pero era suficiente para abastecer a la pequeña población que se estableció aquí en los primeros días. Pero un día unas personas del pueblo decidieron hacer lo mismo que nosotras: un ritual en el medio del bosque para llamar a los espíritus y de alguna forma tener más poder. Era una noche igual a esta, con luna llena. Así pues ellos quisieron invocar a los espíritus del bosque para hacer de su pueblo un lugar más próspero y feliz. Desgraciadamente el espíritu que acudió a su llamado era un ser oscuro y lleno de maldad. Así, esa noche dio paso al ritual que despertó la maldición. El bosque está hechizado por el mal y dicen que cada luna llena reclama para sí a los viajeros que se adentran en él. La única razón por la que el pueblo sigue aquí es porque la ira del bosque se calma si se siembra un árbol nuevo por cada persona extraviada en él. Y tantos han sido a través de los siglos, que el bosque ha crecido mucho en verdad. Lo llaman "La Ciudad de los Árboles Perdidos".

Todas sintieron un escalofrío cuando ella contó la historia, pero era hasta cierto punto divertido. El tipo de historia escalofriante que le daría ánimos a la excursión.

—Y una cosa más —agregó la vicepresidenta. —Ese extraño viento que escuchamos son en realidad los llantos de todos aquellos infelices que han sido atrapados por el bosque durante los siglos de los siglos. Son difuntos, pero no-muertos, con una historia que contar…

Siguieron avanzando, esta vez en silencio; mirando hacia todos lados esperando no ser atacados por ninguna criatura o demonio o lo que sea. La historia de las chicas del club de ocultismo había sido suficiente para sumirlas a todas en un extraño terror, pero de aquel terror que podía disfrutarse, no el verdadero terror. Aún no.

Finalmente llegaron al centro del bosque, y justamente a la media noche para comenzar el ritual. Tomadas de las manos alrededor del incienso y las velas que colocaron las del club de ocultismo, juntas se pusieron a murmurar una extraña plegaria y a hacer una extraña danza, siempre alrededor de los inciensos.

—¿Y ahora qué? —preguntó Mugi divertida.

—Nada. Con esto concluimos el ritual —dijo la presidenta del club de ocultismo.

—Mmh… no se extrañen que no funcione. Es sólo un estúpido ritual que sacamos de la internte, pero pensamos que tal vez podría funcionar en este lugar maldito.

Se quedaron unos instantes en silencio esperando la llegada de algún espíritu, pero finalmente decidieron irse y comenzaron su camino de regreso. Caminaban y caminaban sin cesar esperando regresar a la cabaña y poder disfrutar de una buena noche de sueño. Hasta Mio tuvo que admitir que no fue tan malo y hasta se había divertido con esos ritos. Lo único aterrador de la excursión fue la historia de ese bosque: La Ciudad de los Árboles perdidos". Pero al final era sólo una historia, ¿no?

Llevaban horas caminando, a lo mejor se habían perdido. Una de las chicas del club de ocultismo sacó una brújula de su capa esperando orientarse. ¿Cómo pudo perderse? Ella misma había hecho ese recorrido muchas veces antes, en compañía de su pariente; así fue como conoció la historia de la Ciudad de los Árboles Perdidos. Pero esta vez tenía la sensación de estar caminando en círculos. Harta de todo, la chica decidió hacerle una llamada a su pariente, pero cuando sacó su celular rápido se dio cuenta que algo no estaba bien.

—¿Qué hora tienen? —preguntó ella con un hilo de voz.

Yui sacó su celular.

—Dice que es la media noche —dijo rascándose la cabeza. —Pero no entiendo. Se supone que comenzamos con el bailecito extraño a la media noche, ¿no?

Las demás asintieron.

—Será un problema con tu teléfono —sugirió Ritsu tomando su propio celular y verificando la hora. La media noche exacta.

Una a una las demás sacaron sus teléfonos para encontrarse con el mismo mensaje: la media noche. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Qué juego enfermizo era aquel? Mio no quería dejarse dominar por el pánico y sugirió seguir adelante. ¿No podían hacer nada más, o sí? Siguieron avanzando. La presidenta estaba nerviosa. Conocía ese bosque bastante bien, y lo había visitado hasta de noche; ¿será que hicieron algo mal? ¿Sería que el ritual hizo despertar la maldición? No! No quería ni pensar eso. Siguieron avanzando en un camino que no parecía tener fin. Quisieron ir hacia una dirección, luego a la otra, luego a otra. Pero todo terminaba en lo mismo: bosque. Sólo encontraban bosque por doquier.

La desesperación se iba apoderando de ellas. Sus teléfonos y la luna seguían marcando la media noche, pero parecía que hubieran estado caminando por semanas enteras sin descanso. Harta de todo, Ritsu sacó una navaja suiza de su bolsillo y con lágrimas de desesperación, quiso clavársela en el cuello para terminar con esa pesadilla de una vez y para siempre.

—Ritsu, NOOOO! —Gritó Mio y se arrojó sobre la castaña.

La chica forcejeó con su mejor amiga encima. Finalmente logró quitársela, pero se dio cuenta horrorizada que no tenía más su navaja. Con la respiración agitada y temiendo lo peor, todas miraron a Mio… la que tenía la navaja clavada en el vientre.

Iban a ver cómo podían aplicarle los primeros auxilios, pero la pelinegra, más pálida que nunca, se quitó la navaja del vientre sin rastro alguno de sangre. Se levantó la blusa y tampoco, estaba limpia.

Miró a sus amigas y ellas la miraron a ella. No tenían nada que decirse. Finalmente Ritsu se levantó y con su navaja se acercó al tronco más cercano y talló:

BIENVENIDO A LA CIUDAD DE LOS ÁRBOLES PERDIDOS

DONDE NADA ES LO QUE VES, DONDE NADA ES REALIDAD

HAZ LLEGADO A LA CIUDAD, AL PAÍS DE LOS PERDIDOS…

DONDE CADA ANOCHECER, SE OYEN ÁRBOLES LLORAR