Perdón de nuevo por la tardanza pero aqui esta ya el penultimo capitulo, solo queda el epilogo! Este ha sido un gran viaje con ustedes, no saben lo mucho que me gustaba leer sus reviews y cada ves que los leia trataba de apurarme más en terminar la historia y traducir más rápido y perdón si esto llevo más tiempo del esperado. Bueno aqui les dejo ya casi el final de la historia, espero que el epilogo no tarde en venir, que si la conferencia de hoy esta tan aburrida como creo que estara no creo que haya problema jjjaja bueno los dejo leer!
DEJEN SUS REVIEWS! :D
Capítulo 26 – Oh, Que Cosa Tan Maravillosa Tenemos
"Tenías razón." Pongo en el suelo mi mochila, mi bolso, y mi chaqueta, luego empiezo a vaciar el contenido de mis bolsillos de la parafina en forma de bolígrafos, tijeras, cinta, y algodón. Edward aún está en su uniforme, habiendo salido solo un poco antes que yo, y me ve confundido.
"¿Tenía razón sobre qué?"
"Fue Ángela. Ángela tomo las drogas." Desenredo mi estetoscopio de mi cuello y lo guardo en mi mochila, luego me dejo caer en el sofá junto a Edward. Mi orgullo está soportando una golpiza en este momento, pero me aguanto. Así es como Edward se hubiera sentido si yo hubiera tenido razón.
¿Realmente acuse a la Dra. Ellis simplemente porque estaba celosa? Parece absurdo ahora.
Dándole crédito a Edward, no dice 'te lo dije' o me hace sentir peor en ninguna forma. En cambio, la sorpresa es obvia en su rostro, su emoción imposible de ocultar. "¿Es en serio? ¿Qué paso?" pregunta. "¿Ella admitió que las tomo?"
"Revise su teléfono," digo sin lamentarlo, ignorando la forma en que la ceja de Edward se arquea haciendo una pregunta silenciosa. "Le mando mensajes a su novio hablando al respecto. Y luego me atrapo fisgoneando y la enfrente."
"¿Qué te hizo curiosear? No creí que pensaras que fue ella."
"No lo hacía." Procedo a contarle cómo fue que vi los mensajes incriminatorios en su teléfono, lo que me llevo a leer el resto. También le cuento como llamó a Kate y le dijo todo, lo que resulto en Kate regresando al hospital para tener una conversación privada en persona con Ángela en su oficina. Ángela se pudo ir temprano, muerta en llanto, y Emmet, Shelly y yo tuvimos que dividirnos y tomar sus pacientes por el resto del turno.
Considerándolo todo, fue un día muy largo.
"De cualquier forma," concluyo, inclinándome para robarle un beso a Edward antes de levantarme del sofá, "Iré a tomarme una ducha. Emmet nos invitó a unos tragos a su casa de nuevo y pensé que podríamos ir." Dios sabe que necesito al menos cinco tragos en este momento
"De acuerdo, pero tengo que trabajar mañana," Edward dice, levantándose y siguiéndome al baño. Se empieza a quitar su ropa mientras yo me quito la mía, y discretamente lo aprecio a través del espejo. Luego me atrapa mirando y me sonríe, y yo embarazosamente escondo mi sonrojo porque él aún tiene ese efecto en mí.
"Eso significa que puedes ser el conductor designado." Exitosamente evito comerme con los ojos su cuerpo desnudo mientras digo esto, en cambio enfoco mi atención en ajustar la temperatura del agua.
"¿Conductor designado, eh?" dice mientras entra a la ducha. "¿Es para lo único que soy bueno?"
"Una de las tantas cosas," bromeo.
Me paro debajo de los muchos chorros de agua de su regadera, dejando que el agua caliente recorra mis hombros y mi cabello, suspirando mientras lentamente se lavan todas las preocupaciones de mi día. Edward se acerca por detrás y apenas presiona nuestros cuerpos antes de plantar un suave beso en mi cuello. Pasa sus dedos ligeramente por mis brazos, sobre mi trasero, finalmente posicionándose en el calor entre mis piernas.
Gimo suavemente y me apoyo en él, permitiendo que su fuerza me sostenga.
"Estoy feliz por ti, amor," murmura quedamente en mi oído. Me giro y envuelvo mis brazos en su cuello, presionando mi pecho contra el suyo. Me sonríe, luego besa mis mojados labios, los chorros a nuestro alrededor creando una densa condensación que se pega y escurre en la piel que no ha sido tocada por los múltiples chorros de agua.
"Yo también," digo después de otro suave, persistente beso. El solo estar aquí con sus brazos a mi alrededor, sabiendo que me apoyan sin importar lo que la vida me ponga enfrente, hace que los eventos del día y los que están por venir remotamente tolerables.
-x-x-
Llegamos a la casa de Emmet a un cuarto pasadas las nueve. Su vecindario es tranquilo, la luz de los faros emitiendo una calmante luz amarilla sobre las calles y las casas. Desde el exterior, sería fácil asumir que una pareja mayor vive aquí, cada uno arropándose cuando el sol se mete detrás de la casa de dos pisos al final de la calle.
Nadie pensaría que la casa es de Emmet, el escandaloso mal hablado enfermero con una actitud del tamaño de Kansas y suficiente orgullo para alimentar un pequeño ejército.
Mientras caminaos a la puerta lateral y la música esta finalmente en el rango auditivo, bromeando le recuerdo a Edward que aquí fue donde por primera vez libere el poder de las bubis sobre él.
"¿El poder de las bubis?" me pregunta divertido. "¿Eso es lo que me ha pasado estas últimas semanas?"
"Son tan poderosas que ni siquiera mi viejo brassier de trabajo pudo detenerte."
"Si… ¿Qué paso con ese brassier?"
"¿Hmm? Oh, esta uh…. Creo que está en el apartamento en algún lugar," digo evasiva, no queriendo decir que lo tire tan pronto parecía que iba a volver a tener sexo. Nunca hubiera usado la ofensiva cosa si hubiera pensando que había una posibilidad de que pudiera verla. Ahora mis bras de trabajo consisten en elegantes cosas con encajes y dolorosos arcos que se entierran en mis costillas pero proveen grandes cantidades de escote. ¿Por que quien necesita comodidad cuando está el prospecto de ardiente y espontaneo sexo en la sala de guardia?
"¿Deberíamos tocar o solo entrar?" pregunto, cambiando el tema de repente. La música está muy fuerte, y no estoy segura que nos escuche si tocamos.
"Deberíamos entrar." Abre la puerta, guiándonos a la cocina. La luz esta prendida y diferentes formas de contenedores de alcohol descansan en la barra de la cocina, por el momento desatendidas. Todas las voces y música vienen de la sala.
Jasper, Alice, Irina, Mike, Eric de transporte, y otro tipo que no conozco están ahí. Sentado al final del sofá esta Emmet, y a su lado, usando tacones y una elegante chaqueta, está la Dra. Hale.
Es imposible de ignorar. Sentada erecta, casi como si no quisiera permitirse ponerse cómoda, está completamente fuera de lugar en comparación con el resto del grupo. No pensé que ella y Emmet se siguieran viendo, pero eso cambia tan rápido que es difícil llevarles el ritmo. Y él nunca ha sido exactamente abierto sobre su relación – o falta de – con ella. Lo último que escuche, es que ella estaba saliendo con alguien más.
Tal vez todavía, pero su rodilla toca la suya de una forma tan poco evidente que me hace preguntarme.
Sus ojos se iluminan cuando nos ven, y asumo que es probable porque Edward es una de las pocas personas que realmente conoce aquí. Se hacen los típicos saludos alrededor, y Emmet se levanta para hacerme una cargada bebida de celebración, anunciándoles a todos que elimine a una ladrona de drogas de nuestro equipo yo sola.
Lo golpeo en el brazo para callarlo. Ángela puede que haya sido enviada a casa hoy, pero no necesariamente significa que se vaya para siempre, y aun así, es muy grosero de su parte el celebrarlo.
"¿Qué?" pregunta a la defensiva. "Te decidiste de una ladrona de drogas."
"Oh Dios mío, Bella," dice Alice, entrando a la cocina después de nosotros. "No puedo creer que haya sido ella. ¿Tu si? Yo hubiera apostado mis dos bubis y un ovario que estaba en lo correcto con la Dra. Ellis."
"Cálmate, Alice," le digo, abrumada de repente por la atención que estoy recibiendo por esto. Han pasado tres horas, pero al parecer eso es tiempo suficiente para que Emmet haga un anuncio público al hospital completo. "Ni siquiera sabemos porque las tomo."
"¿Qué me calme? Me preocupo por ti, Bella. No sé qué hubiera hecho yo si algo como eso me pasara a mí. De hecho, ¿sabes qué? Creo que la hubiera golpeado en la cara al enterarme."
Alice está muy emocionada, y no hay forma de razonar con ella. Tomo el vaso de la mano de Emmet y me tomo la mitad del trago ahí en la cocina – casi ahogándome, porque Dios mío esta fuerte – luego me dirijo a la sala para encontrar a Edward y a la Dra. Hale en una seria discusión sobre un paciente al que ambos han estado cuidando.
Alice, Irina y yo hablamos de trabajo, luego sobre un pequeño, fantástico restaurante que Irina descubrió en el que ni Alice ni yo hemos comido. Acordamos ir juntas pronto, por qué ha pasado demasiado tiempo desde que salimos la última vez. Luego hablamos sobre ejercicio, quejándonos de lo flojas que nos hemos convertido y prometemos que lo haremos mejor empezando este fin de semana, y luego nos movemos a otros temas igual de inconsecuentes.
Me preparo otro trago mientras Mike y Eric empiezan un torneo de Xbox, ambos sentados en la felpuda, claramente sucia alfombra de Emmet. La Dra. Hale me pregunta como he estado, y empezamos una corta, ligeramente incomoda conversación sobre el trabajo y el papá de Edward, de todas las cosas.
"¿Tuviste que ser su enfermera?" bufa, un rasgo poco característico de su estirado y elegante estancia. "Eso es épico. ¿Lo pusiste en su lugar por todos nosotros?"
No me molesto en esconder mi sorpresa. "¿No te cae bien?" Ella es un doctor, después de todo. Había pensado que solo por esa razón se llevarían bien.
"¿Caerme bien?" pregunta confundida. "¿A ti te cae bien?"
"Bueno… no. Pero porque me molesta por ser una enfermera."
"Exacto. Nunca he podido tolerar eso," dice encogiéndose de hombros. "Mi mamá es una enfermera, sabes. Tiene sesenta y dos y aun es de las mejores que hay."
"¿En serio?" pregunto sorprendida. "Eso es genial. ¿Qué hace tu papa?"
"Mi padrastro es contador. Mi verdadero papá nos dejó cuando tenía tres, entonces mi mamá nos crio a mí y a mi hermano pequeño ella sola. Trabajo y fue a la escuela mientras estaba embarazada de él." El orgullo en su voz es inconfundible.
"¿Tu mamá trabaja en Harborview?" pregunto, pensando si la he visto en algún lugar sin saberlo.
"Nah, ella vive en Oregón. Soy de Astoria."
"¿Qué hay de ti?" pregunto con curiosidad. "¿Siempre quisiste ser un doctor?"
Toma un deliberado trago a su bebida, sumida en sus pensamientos. "Si, en verdad si," dice finalmente. "Incluso cuando era pequeña. Pensé en ser una enfermera, pero mencione en ser doctor una vez y mi mamá me alentó a entrar a la escuela de medicina después de eso. Supongo que siempre tuvo un miedo oculto de que terminara como ella… soltera y luchando para criar a dos niños. Lo que es ridículo, porque hizo un asombroso trabajo. Y nunca he querido tener hijos." Arruga la nariz mientras toma otro trago, vaciando su vaso.
Emmet se deja caer a su lado en el sillón, de nuevo sin tocarla excepto por el discreto roce de muslos. Edward se sienta a mi lado y toma mi mano, entrelazando nuestros dedos. Ambos acaban de regresar de la cocina, y Emmet cambia el vaso vacío de la Dra. Hale con uno lleno, el cual ella acepta con una sonrisa de agradecimiento.
Es raro verlos. Por más cómodos que estén en privado, una sutil incomodidad los rodea cuando están en presencia de otras personas. Como si quisieran estar cerca pero se resisten. Como si él quisiera tomar su mano, también, pero se frena por cualquiera razón o excusa que pueda inventarse en el día.
Me pregunto si sabe que su mamá es enfermera – que es la persona a la que respeta, no su ocupación.
Otra bebida más y me abro camino al baño. El que está en el pasillo está ocupado, entonces lentamente me dirijo al que está en el cuarto de Emmet, decidiendo que usare su baño privado muy rápido – estoy un poco ebria, e insensible a la suciedad de casa de soltero que voy a enfrentar en cualquier momento.
Después de terminar lo que vine a hacer, abro la puerta, y me recargo en el marco de la puerta un momento, y hago una pausa.
Un currículo de la Universidad de Seattle descansa en su mesa de noche, y el logo de la Escuela de Enfermería capta mi atención, atrayéndome. Trato de luchar contra mi curiosidad, diciéndome que ya sería dos veces en un día, pero me imagino que solo puedo echar un vistazo, ver si es lo que pienso, y nunca hablar de esto con él o nadie. Puedo pretender que nunca vi nada y esperar pacientemente hasta que él esté listo para decir sus planes.
Me acerco hasta que puedo leer la parte superior de la aplicación, girando mi cuello para poder verlo bien.
Es por el programa de enfermería practicante. Lo sabía.
"¿Qué estás haciendo?"
Brinco al sonido de la voz de Emmet, luego me giro para enfrentarlo. Se acerca a donde estoy parada y toma el currículo de la mesa. Por un minuto, estoy preocupada de que vaya a convertirlo en una bola y lo va a tirar, pero el simplemente abre un cajón en la mesa y lo coloca dentro.
"¿Es eso lo que creo que es?" le pregunto, escondiendo mi sonrisa.
"No es nada."
"Me alegro por ti, sabes. Aun no creo que sea necesario, pero sé que te hará feliz al largo plazo."
"Bueno aún es muy pronto para hacer una estúpida fiesta," se queja. "No me han aceptado aun. Y apreciaría que no dijeras nada sobre mierda que aún no ha pasado."
"¿Qué quieres decir? Claro que va a pasar."
Se gira hacia mí, sus ojos azules serios. "Mira… solo no quiero que la gente se entere si me rechazan, ¿de acuerdo?"
Entiendo de donde viene su razonamiento, aunque sé que no le importa una mierda lo que la gente piensa de él.
Excepto ella.
"Tu secreto está a salvo conmigo," le prometo, imitando cerrar mi boca como un cierre. "Aunque aún creo que es genial. ¡Cuando te acepten podemos hacer una fiesta!"
"No aguantes la respiración," me dice, pasando a mi lado camino al baño. Las dudas ruedan de su cuerpo en olas, pero las esconde con cuidado detrás de una expresión de enojo y una postura erguida. Si no lo conociera, pensaría que estaba en su usual malhumorado comportamiento. "Ahora sal de mi habitación y deja de curiosear entre mis cosas." La puerta del baño se cierra, definitivamente dejándome fuera
-x-x-
Ángela fue oficialmente despedida. Nunca fue anunciado ni nada, y Kate no habla al respecto, pero lo escuche por el chisme de pasillos y dado que no ha ido a trabajar a ninguno de sus turnos esta semana, estoy casi segura que es cierto.
Las cosas no se sienten muy diferentes sin ella aquí, con las noticias de la ladrona de drogas al descubierto. Pensé que me sentiría diferente – feliz, incluso – sabiendo que ya no soy alguien a quien culpan, pero en cambio repaso todas las conversaciones con Ángela en mi cabeza y trato de ver las sutiles señales que se me pudieron haber pasado. Señales que sea una adicta a las drogas.
Edward piensa que las señales son obvias, pero no creo que le cayera muy bien para empezar. Puede que tuviera razón, especialmente cuando me pregunta cosas como si se quedaba o no a trabajar tiempo extra o si sus pacientes se quejaban de dolor excesivo. Si trabaja tiempo extra muchas veces, pero no recuerdo a sus pacientes quejarse en exceso. Luego estaba el llanto, por supuesto, pero le recuerdo con delicadeza a Edward que él estaba siendo un idiota con ella ese día.
No es hasta el día de paga, una semana después, que tengo mi respuesta.
He estado en el trabajo por tres horas cuando me doy cuenta que deje mi celular en el carro, lo que no me funciona porque significa que no le puedo mandar mensajes atrevidos a Edward. Hoy no estacione en el estacionamiento principal, si no en el estacionamiento abierto en la parte de atrás, que está pasando el edificio de recursos humanos. Me gusta estacionarme aquí aunque sea una caminata más larga porque a veces, cuando me quedo atorada detrás de un conductor cuidadoso, puede llevarte todo el día bajar o subir los seis niveles del estacionamiento. Y cuando estas apurada por llegar en el último minuto que te queda, los segundos cuentan.
Hago la caminata ardua hacia mi carro y recupero mi celular. Y apenas evito chocar con Ángela cuando paso por recursos humanos.
Es obvio que esta nervosa al verme. Se acomoda el cabello detrás de las orejas, luego mete su cheque en su bolso y se gira. Me imagino que eso es todo, sin embargo no puedo evitar notar que parece sana, no desvelada y muerta de hambre por una incontrolable adicción.
Justo cuando me giro para entrar al hospital, una voz me detiene. "Lo siento, ¿de acuerdo?"
Hago una pausa. Hay un par de pies entre nosotras ahora, pero me está enfrentando, su rostro un tanto cansado pero controlado.
"¿Perdón?"
"No debí haber tomado las drogas bajo tu nombre," clarifica. "Pero vi una oportunidad y no tuve otra opción."
"Si, no estoy segura de entender…" digo dudosa. Tienes una alternativa. Siempre hay una alternativa.
"¡No esperaría que lo hicieras!" dice de repente exasperada. "Tú no sabes cómo es, ¡lo que me pasa! Todos ustedes pueden seguir juzgándome, pero eso no cambia nada. ¡Soy una buena persona!" Se apunta con un dedo con su última declaración, reiterando su punto.
Se aleja antes de que pueda formular una respuesta, y me doy cuenta que probablemente nunca sabré porque tomo las drogas. Pero estoy casi segura que no son para ella, que está cargando un mayor peso sobre sus hombros que cualquiera de nosotros sabrá alguna vez. Nunca me moleste en conocerla, conocerla de verdad, y sea eso algo bueno o malo, sé que nunca seré parte de la carga que sea que cargue. Y tal vez ella lo prefiere de ese modo.
Quiero verla irse con indiferencia. Alegrarme que nos libremos de ella. El organizar una fiesta y celebrar como Emmet.
Pero está desempleada y está sufriendo, y todo lo que puedo formar en mi es una no deseada dosis de lástima.
-x-x-
Pienso en muchas cosas la semana que sigue.
La mayoría sobre las relaciones que abrigo – la propia y la que tengo con Edward. Cuando me mude aquí de Florida, estaba preocupada por definirme como persona. Quería ser soltera, independiente, y descubrir quién era realmente, no el reflejo de mi misma causado por la dependencia con otras personas. No quería perderme a mí misma en un hombre.
Había hecho eso antes, y por un tiempo lo considere como años tirados a la basura. Y tal vez lo fueron. Pero me trajeron a donde estoy ahora – me hicieron la persona que soy hoy, definiendo mis decisiones y guiándome a tomar el control de mi vida. Me trajo a Seattle, a Edward. Me forzó a evaluar mi persona y descubrir que es lo que me hace feliz.
El conocimiento de la independencia total no me hizo feliz. La 'libertad' de estar sola, de enfrentar cada día sola, tampoco lo hizo.
Compartir mi vida con mi otra mitad me hace feliz. Saber que él estará ahí para apoyarme, para tomar mi mano cuando necesite alivio o que discuta conmigo cuando necesite perspectiva. Saber que no me va a juzgar por mis errores y que va a aprender conmigo, crecer conmigo y ayudar a guiarme. Saber que el estará ahí cuando vaya a dormir y siempre, siempre cuando despierte, ya sea presionado contra mi espalda o a través de un mensaje o una llamada. Incluso cuando peleamos, incluso cuando me saca de quicio, sé que no cambiaría nada.
No me siento perdida. Me siento descubierta, completa, como si Edward me hubiera ayudado a alcanzar mi completo potencial como persona, en lugar de alguien que trata de tomar todo para encontrar su camino. Puede que no haya estado lista y que el momento no haya sido el conveniente, pero la vida raramente lo es.
No he sabido nada de Alec desde que me hablo borracho aquella noche. Hable con Lauren una vez y su respuesta fue vaga, aludiendo en el hecho que finalmente siguió adelante. Que apenas recuerda esa llamada y que esta mortificado, aunque no ha intentado disculparse. Pero estoy bien con eso, porque él es parte de esa distante vida que prefiero dejar ir, y la desconexión entre nosotros lo hace más fácil.
Pienso un poco sobre la Dra. Ellis. Edward no habla de ella, y por lo que a mi concierne su relación ha disminuido. Se sonríen con cortesía en el pasillo, pero fuera de eso mantienen su distancia. Creo que Edward aún se siente mal por la noche que ella lo trajo a casa, especialmente cuando finalmente le explique cómo se sentiría él si Alec me trajera a casa después de una noche de copas en el bar. Fue un escenario que no pareció apreciar, y la discusión no ha vuelto a surgir desde entonces.
Me siento mal, pero la idea de él pasando el tiempo con ella, riéndose y tal vez inconscientemente coqueteando un poco, me hace sentir infinitamente peor.
Estoy sentada detrás de la computadora de la estación de enfermera buscando unos análisis. Cuando la Dra. Ellis pasa, desapareciendo en la habitación de dictado, reacciono sin pensar, levantándome sin dudarlo y siguiéndola dentro. Acaba de abrir el historial que llevaba consigo y se gira al sonido de la puerta abriéndose. Cuando me ve, su sonrisa es forzada, se gira de nuevo y empieza a cambiar las páginas.
"Bella," dice cordial, resumiendo su trabajo, y me quedo parada ahí un momento pensando que demonios estoy haciendo. Qué demonios planee en decir. Porque de repente me quede en blanco.
Aclaro mi garganta. "Dra.…Ellis." El uso de su nombre formal se queda colgado en el aire, acentuando la barrera emocional entre nosotras.
"¿Necesitabas algo?" pregunta sin voltear a verme.
Veo el lavado, preguntándome si puedo solo pretender que vine a lavarme las manos. La Dra. Ellis llega a la parte de las radiografías y empieza a leer el reporte de la resonancia como si no estuviera ahí.
"De hecho, uh, sí." No me molesto en sentarme porque no planeo quedarme mucho tiempo. "Quería decir que lo siento."
"¿Lo sientes por qué?"
"Creo que no siempre fui amable contigo. Y si lo fui, bueno… no estaba pensando cosas agradables sobre ti. Y no me has hecho nada a mi… bueno, además de insinuar que aun te gusta Edward…"
"Edward es un buen hombre," dice conversacional, sus ojos aun pegados al historial frente a ella. "Cualquier mujer sería una tonta por no gustarle."
"Claro."
"Está bien si no te caigo bien, Bella."
"Quiero que me agrades. Por Edward."
Me ve por encima de su hombro. "¿Por qué perder tu tiempo?" Su tono es dudoso sin embargo curioso.
"No lo hago. Solo… ¿recuerdas cuando alguien robo las drogas bajo mi nombre? Bueno, pensé que habías sido tú. No tenía una buena razón para pensar eso, solo estaba siendo algo mezquina supongo. Y no quiero ser ese tipo de persona. Además, puedo entender que dos personas están mejor en el estatus de amigos que en el romántico. Y si disfrutas la amistad de Edward – "acentuó la palabra" – tanto como el disfruta la tuya, entonces me gustaría tratar estar bien con eso. Entones, si… esa es la razón por la que quiero que me agrades. A menos que quieras robármelo o algo así, porque en ese caso continuare odiándote."
La Dra. Ellis se voltea completamente, recargándose en su silla y cruzando sus brazos. Me observa con ojos perspicaces. "¿Estás hablando en serio en este momento?"
No estoy segura si debería sentirme insultada. "Sí."
"¿Entonces realmente te gusta, huh?"
"Lo amo."
"Bien." Sonríe, y con su cabello rojo, piel tersa, y clara, ojos profundos, se me ocurre que realmente es una mujer hermosa. Y sin embargo no me siento amenazada por eso. "Me alegra que tenga a alguien que lo ame lo suficiente para hacer lo que tú estás haciendo. Por qué no todos lo harían."
"Si, gracias."
"De hecho iba a comer mi almuerzo después de esto. ¿Quieres… no sé, quieres acompañarme?"
La pregunta es incomoda, como es la situación entera, pero me da una sensación de alivio aun después de todo.
"Claro," digo, mi tensión desvaneciéndose. "Eso sería muy agradable."
-x-x-
Comemos en la cafetería alrededor de otras personas. La conversación es forzada y tensa – todo lo que espere que fuera – pero con otras personas cerca, cada uno envuelta en su propia discusión, el silencio entre nosotros no es tan denso. Es incomodo, pero manejable.
Hablamos sobre la comida un tiempo. Mi pescado esta horneado y seco, con consistencia de cartón y hago una nota mental de nunca volver a comprarlo. Emmet estaría horrorizado de que cambie del estándar hotdog y papas fritas. La Dra. Ellis tiene un tazón de ensalada de carne y la grasa brilla sobre la carne como una brillante capa.
La plática sobre el Dr. Biers viene después. A la Dra. Ellis no le agrada tampoco. Vaya usted a saber.
Finalmente, recurrimos a conversaciones sobre el clima. Que está húmedo.
Edward nunca sale en la conversación.
Cuando nos vamos, no es con una sensación real de satisfacción. No siento que hiciera mucha diferencia en nuestra relación, y no estoy segura que pensare diferente sobre la Dra. Ellis de ahora en adelante. Pero ahora, al menos, tenemos una excusa para ser civilizadas. Sabe que puede hablar con Edward en el trabajo sin preocuparse de que salga de entre las sombras con un bisturí oxidado y una jeringa con veneno. Y aunque no planeo decirle a Edward de mi vano intento de salvación, al menos espero que se beneficie un poco por lo que trate de hacer.
Eso es realmente lo más que podría esperar.
-x-x-
Un mes después, Alice me detiene en la sala de descanso en mi camino al trabajo.
"¿Escuchaste lo que paso?" me pregunta, llena de emoción.
"No, ¿Qué'"
"El Dr. Biers ya no tiene privilegios aquí. Escuche que está en evaluación sobre su licencia médica."
"¿Qué?" sonrió, mi jubilo sobre la noticia levantando mi día sin acontecimientos extraordinarios. "¿Qué paso? ¿Molesto a alguien demasiadas veces? ¿Trato de matar a otro paciente?" Me gustaría decir que mi último comentario fue una broma.
"Ambos. Bueno, algo así," responde casual. "Al parecer, discutió con el staff sobre el lugar correcto durante la cirugía. ¡El idiota iba a operar en el brazo incorrecto! ¿Puedes creerlo?"
Diablos claro que puedo creerlo. Solo estoy decepcionada que no haya sido despedido antes, y que le tomo casi cometer otro gran error para la administración del hospital para que abrieran los ojos e hicieran algo.
Cuando lo digo, Alice simplemente asiente de acuerdo conmigo. "Al menos se fue ya. Esa es una bendición del día."
Pongo mis cosas en mi locker y sigo a Alice a la estación de enfermeras. Emmet está orientando a la nueva que va a reemplazar a Ángela, una chica en sus veintes que me recuerda mucho a mí: se mudó de Oregón después de un escabroso divorcio, y aunque diferimos en eso tiene un hijo de tres años, vino aquí buscando lo que yo – independencia, libertad. Una nueva vida.
Mike ya ha intentado coquetear dos veces con ella. Ella se sonrojo cuando habla con él, pero cuando le pregunto al respecto, dice que no está lista para una nueva relación.
"Estoy instalándome apenas, ¿sabes?" me dice "Además, creo que me gusta estar soltera. Ahora puedo ver y tocar. Además no hay nadie que me moleste cuando llegue a casa. Nada más que paz y tranquilidad," concluye con un tono soñador.
No discuto con ella, peor que me sentí igual en cierto punto. Pero uno no siempre escoge el orden de su vida. Las cosas pasan, y casi siempre por una razón, incluso si tienes que ir profundo para encontrarla.
La vida es impredecible, rara vez toma el camino que querías que tomara. Sin embargo, si abres tu mente y tu corazón, el resultado puede ser glorioso.
