EDITADO
Disclaimer: Inazuma Eleven y sus personajes no me pertencen, yo solamente los uso a mi antojo.
El personaje de Haruna es un poco (bastante) OoC, mis disculpas.
Disfrutad!
"Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz."
George Sand (1804-1876) Escritora francesa.
Cortinas echadas, latas de cerveza, alguna que otra botella de Jack Daniel's y silencio. Silencio sepulcral que por nada del mundo el castaño resacoso que estaba tumbado en el sofa deseaba que se interrumpiera. Aunque últimamente sus deseos no eran del todo respetados, como bien demostraría el timbre de llamada que sonó rompiendo la quietud del apartamento. Lanzando mil maldiciones al aire, cogió el teléfono viendo en la pantalla que la emisora de la llamada no era nada más y nada menos que su "querida" ¿exnovia? Haruna Otonoshi. Dudó seriamente si aceptar la llamada, tanto el sonido del movil como la voz de la chica le iban a taladrar la cabeza de dolor. Reconociendo que si cogía, el suplicio teminaría antes, pulsó el botón.
— ¿Qué?— contestó de mala manera.
— No hace falta que me hables así, lo sabes. — le respondio nada dulce Haruna.
— No hace falta que me llames, puedes hasta borrar mi número, lo sabes.
— Estúpido.
— Lunática.
— Me encanta cuando me insultas. — dijo sarcástica la chica, obviando el hecho de que había empezado ella— Solo te iba a avisar de que Kido va a tu casa, perdona por intentar ahorrarte una molestia.
Fudo se quedó un instante en estado de shock. Lo que le faltaba, ese maniaco sobreprotector en su casa para agravar el dolor de cabeza.
— ¿Me tomas el pelo? ¿Que viene a hacer? No intentes que él arregle algo que nunca debió existir.
— ¿Me tomas tú a mí el pelo? Mucho más feliz estoy ahora que hace dos días para tu información. El que no lo está tanto es él, pero va por su propia cuenta, yo no tengo nada que ver.
— Más te vale, Otonashi. — dijo intentando fastidiarla por el hecho de pronunciar su apellido.
— Hasta nunca, Akio. — le contestó la chica con intención también de fastidiarlo.
Fudo tiró el móvil contra la pared furioso. Bien, la última bromita de Haruna había dado en el clavó, nadie, nadie, le llamaba Akio. Nadie excepto dos personas, y una estaba muerta y la otra se había ido. No se lo permitía ni siquiera a su mejor amigo, si podía llamar mejor amigo a Kido, que estaba todo el santo rato fastidiándole con que tenía que cambiar de vida y con que tenía que hacer feliz a su hermanita.
Kido Yuuto, un plasta con todas las letras, pero la persona que más lo conocía y una de las pocas que se había preocupado por él. Sí, suponía que el término "mejor amigo" era el único con el que lo podía describir. Aunque quisiera matarlo porque en unos minutos fuese a irrumpir en su apartamento gritando a los cuatro vientos que era un capullo egocéntrico que no merecía ni el aire que respiraba y exigiéndole saber las razones por las que había dejado a su inocente hermana pequeña. Fudo intentó imaginarse una Haruna inocente con la que él pudiese haber tenido una relación. No, imposible. Esa bizarra escena nunca existiría, salvo en la mente de Kido.
Mientras pensaba en todo esto, Fudo empezó a intentar ordenar aquel desastre, que gracias a Dios estaba solo concentrado en la parte del salón. Sí, su amigo también era un quisquilloso que seguramente le empezaría a tildar de cerdo en adelante tan solo por unas cuantas latas, botellas y algún que otro montón de ropa tirada. Pero ese era su piso estilo "soltero". A él no le molestaba, a Kido no le tenía que molestar. A Fuyuka no le había molestado.
Fuyuka. Solo había estado una vez en ese apartamento y desde aquel día Fudo había querido una y otra vez volverse a despertar con ella al lado. Parecía que encajaba tan bien en la habitación. El sol de la mañana entrando por el gran ventanal, la ropa de ambos tirada por toda la habitación, sabanas blancas, él sonriendo y a su lado una Fuyuka totalmente dormida, tumbada de lado mirando hacia él, con todo su pelo largo extendido cubriendo la almohada. Parecía tan pequeña y dulce, parecía que encajaban tan bien. Por primera vez no se sentía vacío después de conseguir a la chica que le interesaba, sino que se sentía completo. Nunca lo admitiría porque sonaba cursi y poco propio de él, pero había pasado un buen rato observándola en silencio y acariciando suavemente, una y otra vez, sus blancas mejillas. Sin embargo todo lo bueno se acaba, y llegó el momento en el que Fuyuka se había despertado y no tenía mucha intención de quedarse en ese, para Fudo, cuadro perfecto de despertar. Eso le había sentado mal, se había sentido por primera vez como si el dañado hubiera sido él y no la chica de turno. Fuyuka no quería quedarse.
Al contrario que al personaje que se encontraba en aquel momento frente a su puerta, aborrecía haberle conocido.
— Kido, amigo, ¿Qué te trae por aquí? — saludo burlonamente Fudo, lo que más le gustaba era hacer enfadar a su amigo.
— Capullo egocéntrico desalmado— Fudo hizo una mueca, casi había acertado todos los insultos. Ahora vendría la peor parte, aunque no le importaba. — ¿Quién te crees para hacerle eso a mi hermana?— empezó a criticar mientras pasaba hacia el interior de la casa.
— Siéntete en tu casa.
— Mejor no, esto es un estercolero, deberías poner orden, aquí seguro que hay miles de enfermedades, y todas nuevas…
— Pon el freno y échame ya la bronca por engañar a tu inocente hermana— dijo Fudo interrumpiendo a su amigo— Aunque no tiene nada de inocente.
Kido se giró mirando de frente su amigo de toda la vida, eran tan diferentes y sin embargo se tenían tanta confianza. Hasta le había permitido salir con Haruna, a quien protegería con su vida. Claro, que muy pronto Fudo había desechado esa oportunidad que le había brindado Kido.
— ¿Cómo le puedes hacer eso a la persona que te quiere?— cuestionó Kido intentando desempolvar algún tipo de remordimiento en la persona que tenía delante.
— ¿Perdona? ¿Has dicho que me quería?— rió Fudo en respuesta— Ya veo que no te ha dicho nada, así que te ahorraré buena parte de tu sermón. Nunca nos quisimos, al menos si hablamos del sentimiento llamado amor. Simplemente nos queríamos físicamente, pero por mi parte se habría terminado enseguida y tú no te habrías ni enterado. Claro que tienes la maldita manía de llamar a Haruna por las mañanas y ahí empezó toda la farsa. Así que ni ella ni yo sentimos amor.
Kido pareció sorprendido ante la confesión de su amigo. Pero aunque no se quisieran, había estado casi 4 meses juntos, algo tenía que haber.
— En estos meses ¿estás seguro de que no has sentido nada por ella? No es porque sea su hermano pero, Haruna tiene muchas cualidades.
— Si, desde luego. Tiene una gran flexibilidad, y agilidad. Sabe moverse, y hacer que uno se mueva. Pero no son las cualidades que busco para tener algo más.
— Esas las debe de tener Fuyuka Kudo ¿no?
— Exacto.
— No te creo. Puede que mi hermana no me haya contado lo que sea que habéis hecho, pero si me ha contado que te llevas viendo con Fuyuka desde hace prácticamente 3 meses. Y no creo que haya sido para cogeros de la manito e iros a pasear por el parque.— exclamó indignado Kido— Acepto lo que quieras decir de mi hermana, acepto que Fuyuka pueda tener lo que buscas, aunque nunca pareciste interesado en comprometerte. Pero lo que no acepto es que intentes colarme que no te estuviste acostando con ella. ¿Dónde ves tú ahí las cualidades que buscas para algo más? La estabas tratando como una chica más.
— Porque no podía hacer nada ¿te enteras?— gritó Fudo— Estaba con Fubuki, estaban comprometidos. Acostarme con ella era lo único que me quedaba. No era lo que yo más deseaba, pero era la única salida. Mi única salida, la única alegría que pude tener. ¿O te crees que estaba super feliz sabiendo que dentro de poco se acababa el poder verla, el poder estar con ella sin tener un remordimiento mayor del que ya tenía? Tengo sentimientos, aunque no lo parezca.
— Pero ella se ha ido, ha terminado con todo. Hasta con su trabajo en el hospital.
— Nunca pensé que podía hacer eso— susurró Fudo totalmente derrumbado, sentado en el sofá escondiendo la cabeza entre sus manos— Yo quería que estuviera feliz, solo quería verla feliz, y poder estar con ella un poco antes de perderla. Era un sueño, todo ella. La quiero, aunque no pueda tenerla, pero la quiero ver feliz. No quiero que haga esto.
Kido se sentó junto su amigo, había cambiado, desde hacía un tiempo lo notaba extraño, ya no era tan Fudo como solía ser. Y desde luego esa confesión le confirmaba que algo no iba bien. Fudo, su amigo, con quien había compartido todo lo que le pasaba en la vida, y quien también había compartido con él su vida, tenía algo que no le había contado. Además, nunca había dado la impresión de que Fudo necesitase o quisiese tener a alguien.
— Fudo, lo he estado pensando mucho tiempo. — empezó Kido con cautela— A ti te ha pasado algo, has cambiado. Soy tu amigo, soy de confianza, puedes decírmelo.
Kido escuchó como su amigo cogía aire pero seguía sin levantar la cabeza.
— ¿Te acuerdas que hace un año me tuve que ir durante una semana? — Kido asintió— Nunca te dije a donde había ido ni lo que había pasado. — dijo lentamente mientras levantaba la cabeza y lo miraba fijamente— Mi madre murió. Nunca te dije nada porque no quería que te comparecieras ni te preocupases más por mí. Sabes que mi carácter es una doble protección. Me protejo a mí de los otros, y a los otros de mí. Y tú fuiste de las pocas personas en las que pude confiar, pero no quería cargarte con más asuntos míos.
Kido resopló. Más o menos sabía lo que debía sentir Fudo. Sabía que su madre era muy especial para él, después de todo lo que habían sufrido por el abandono de su padre estaban muy unidos. Aunque pareciese que Fudo no se preocupaba por nadie en realidad si lo hacía, y por su madre más que por nadie. Y lo entendía, su madre había sido la única persona que lo perdonaba, lo animaba y nunca le había echado nada en cara. Así que su perdida le había afectado más de lo que le podía afectar a cualquier otra persona. Y era una explicación plausible a que quisiese encontrar a alguien que le quisiera de verdad, y por fin establecerse. Fudo necesitaba algo, una especie de agarre firme y seguro que estuviese ahí cuando él estuviese con el peor ánimo, cuando las cosas iban mal. Su madre se había ido y ahora necesitaba a alguien que pudiese cumplir esa función. Fuyuka al parecer era quien él había elegido. Lo que Kido no sabía era si aquello era de verdad.
— Fuyuka lo sabía— dijo en bajo Fudo— Fue a la única persona a la que se lo dije.
El vínculo que había entre ellos era más fuerte de lo que Kido había pensado en un principio. Fudo no le había contado eso a él, que lo conocía de toda la vida, pero si a Fuyuka, una persona que había entrado en su vida hacía pocos meses. ¿Y si la quería de verdad? Eso era lo que estaba demostrando, y Fudo estaba tan distinto a como era, tan distinto a como estaría si una simple chica lo hubiera dejado tirado. Fuyuka debía ser especial, al menos para él. Ella podría ser esa persona.
— ¿Vas a hacer algo para recuperarla?— le preguntó.
— No hay nada que pueda hacer.
— La quieres.
— Más que a nadie, me siento completo con ella.
— Lucha por ella. Ve a buscarla. — dijo Kido. En un principio había estado enfadado por lo que le había hecho a su hermana, pero si era amor aquello que Fudo sentía hacia Fuyuka ¿acaso él debía interponerse? ¿Debía impedir que su amigo fuese feliz como nunca antes lo habría sido tan solo por un enfado? La respuesta era no.
— Pero no sé donde está. Y aunque reconoció que ella también me quería no me atrevo a ir. Soy un cobarde, pero no quiero ver de nuevo como otra cosa importante de mi vida se va. — respondió Fudo.
— Sus amigos sí— le replicó Kido— Y dices que la quieres ver feliz, siempre pensé que el amor se basaba en la felicidad del otro, aunque tú no fueses feliz. A mí me suena que lo vuestro puede funcionar, es correspondido en cierta forma. Por una vez, te mereces otra oportunidad. — terminó de hablar Kido mientras se marchaba, dejando solo a Fudo.
Solo, de nuevo, con solo sus pensamientos. Kido le estaba hablando de ir a por Fuyuka, de que luchase por ella y la consiguiese. ¿Debía hacerlo? ¿Y si Fubuki hacía lo mismo? ¿Qué haría él en ese momento?
Pero Fuyuka le había dicho que lo quería a él, que no iría con Fubuki. Quería pensar que existía una oportunidad.
Y sabía a donde ir para conseguir esa oportunidad. Y una vez que consiguiese encontrarla le diría todo. Deseaba que lo aceptase, que esa vez no huyera. Pero si ella no lo aceptaba, se alejaría para siempre, ya que eso significaría que aunque Fuyuka y el estuviesen juntos, y aunque se quisieran, Fuyuka no estaría feliz. Y él la quería ver feliz. Por el simple hecho de que la quería.
