Hola de nuevo! De nuevo un retraso respecto a la promesa, casi es mejor que no diga nada. Dejando eso a un lado, os traigo otro capítulo (obvio, sino no estaría aquí). Esta vez el capítulo va sobre Haruna.

Disclaimer: Inazuma Eleven y sus personajes no me pertencen, yo solamente los uso a mi antojo.

Lo que está en cursiva es Flashback.

"Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ello me ayudara a perder un par de kilos." Colette (1873-1954) Novelista francesa.

Repito que el personaje de Haruna es un poco (bastante) OoC, sorry.

Disfrutad!


"Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida."

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés

Haruna siempre se había considerado una chica alegre, sociable, que se llevaban bien con todo el mundo. Sus amigos, su hermano y el resto de la gente que la conocía también la consideraban así. No había ninguna razón para pensar lo contrario, ayudaba a su hermano y a Endo con el equipo, sus alumnos decían que una buena profesora, siempre estaba ahí cuando sus amigas la necesitaban… una persona que se hacía querer. Era así siempre, excepto si hablamos de las relaciones amorosas y de Goenji.

Era bien sabido que Haruna nunca había mantenido una relación duradera y estable con nadie. Era algo de lo que se veía incapaz. Se había hecho creer que le gustaba mucho más estar hoy con uno y mañana con otro. En otras palabras, en temas amorosos se quería a sí misma, y no a la otra persona. No veía nada malo en eso, no comprendía porque se tildaba a las chicas que eran igual que ella y no a los chicos. ¿Una chica no puede divertirse igual que un chico? ¿Vivir la vida como a ella le gusta, aprovechando el momento, sin atarse a nadie y disfrutando? Para la sociedad eso no era posible y además estaba mal visto. Pero ella no tenía nada que le pudiesen reprochar, su vida pública y su vida privada estaban separadas, no podían decirle nada. Además tenía una excusa. Se quería a sí misma porque ella era la única persona que no la traicionaría y que la querría siempre igual. Que no la trataría como alguien pequeña o infantil.

Ya había tenido suficiente viendo parejas perfectas a las que se les "terminaba" el amor o que se engañaban. Había visto lo que dolía y no quería sentirlo. A lo suyo también se le podía llamar miedo al dolor.

Y eso era lo que le estaba intentando explicar a su hermano por décima vez en esa semana. Y como las veces anteriores, no estaba obteniendo ningún resultado.

— Kido, por mucho que me digas que una chica no debe ser así, no voy a cambiar mi forma de ser y de pensar

— Pero una chica dulce como tú. volvió a repetirle Kido.

— Que sea dulce no significa que no esté viva. replicó enseguida Haruna. Déjame vivir mi vida, hermano. Tengo 25 años, soy mayor de edad, autosuficiente. Te agradezco mucho que te preocupes por mí, pero en serio, es mi vida. Tengo derecho a vivirla como yo quiera.

— ¿No puedo preocuparme por ti?— Le preguntó herido.

— Claro que puedes hermano. Pero ya no tanto como antes. — se acercó y le abrazó. — Me tengo ir, debo revisar unas cosas para clases. Y no hace falta que me llames a la mañana. —terminó mientras salía sonriendo. Al menos durante unos días dejarían la discusión a un lado.

Caminó rápido por las calles protegiéndose del frío que empezaba a hacer. Terminaba el otoño y empezaba el invierno. Se ciñó un poco más la bufanda al cuello y suspiró. Se sentía feliz, más o menos. Kido la dejaría en paz por unos días, así que tendría algo de tiempo para estar tranquila. Después de todo el lío por lo de Fudo y Fuyuka se sentía cansada. No era que le doliese el engaño de Fudo, realmente no le importaba demasiado ya que esa especie de relación había sido más por compromiso que por cariño. Pero durante cuatro meses al menos no había tenido que oír como Kido le repetía una y otra vez que tenía que buscar a alguien. Él también tenía que buscar a alguien y no le decía nada.

No era que no quisiese estar con nadie, era simplemente que no le era posible estar con quien ella quería. Eso no era tan difícil de comprender. Así como ella no quería a Fudo, Goenji tampoco la quería a ella. Bueno, la quería, a su personalísima manera considerándola como su otra hermana pequeña. Como ella era la hermana pequeña de uno de sus mejores amigos, tenía una actitud muy alegre y optimista, a veces casi infantil, les ayudaba en todo lo que podía y más a él, Goenji la tomó bajo su protección fraternal. Y eso dolía, vaya que si dolía.

Pero por lo menos podía tenerlo a su lado y eso era algo. Aunque estaba cansada, cansada de que la considerase como una hermanita a la que cuidar, como una niña pequeña. Estaba cansada de fingir ser mayor a su lado, de no poder ser ella misma cuando estaba con él por miedo a que la considerase aún más infantil. Estaba cansada de que Goenji prefiriese a otra en vez de a ella. Estaba cansada de quererle.

Nada mas entrar en casa, sin apenas poder quitarse el abrigo y relajarse un rato, sonó su teléfono. Y hablando del rey de Roma, al teléfono llama.

— Dimecontestó con voz monótona— Ya, hablar conmigo urgentemente — rodó los ojos— Te peleaste. Qué maduro. — Ironizó, aunque en el fondo estaba extrañada ¿Goenji peleándose?— Ajá, donde siempre en 20 minutos. Nos vemos. Y tranquilízate un poco.

Haruna colgó molesta. Ahí estaba la prueba de que él sólo la consideraba una amiga. Se imaginaba el pensamiento de Goenji: me he peleado con Atsuya, estoy enfadado, ¿a quien llamó? Pues a Haruna que siempre me aguanta. Como es una buena amiga.

Haruna bufó para sí misma. Se fuese lista no iría, pero como era una tonta iría y él la utilizaría para olvidarse de la idiotez que le habría dicho Atsuya. También debía reconocer que iba por otro motivo, un motivo tan simple como querer estar con él un rato, aunque supiese que después se iba a arrepentir, porque la felicidad del momento se convertiría en tristeza e impotencia por no poder estar con él para siempre.

Se miró al espejo de la entrada y comprobó su maquillaje, aplicando una capa más de rímel a sus pestañas y también un poco de brillo a sus labios. Como siempre que sabía que iba a ver a Goenji. Para parecer mayor de lo que era, ya una adulta de la que Goenji pudiese enamorarse, aunque eso fuesen falsas esperanzas. Salió sin prisas de su casa, con la actitud altiva que siempre mostraba cuando iba a reunirse con él. Quería ser mayor, quería que él la viese como alguien ya madura, adulta, digna de él. Llevaba tantos años fingiendo que era fácil actuar de esa manera.

El repiqueteo de sus tacones por el camino le hizo acordarse de su primera cita, su desastrosa primera cita. Sus amigas la habían ayudado a arreglarse y era una de las primeras veces que se ponía tacones. Le había gustado el sonido que producían al chocar contra el suelo cuando andaba. Esa primera cita había sido, para más inri, el comienzo de todo. Fue gracias a eso que descubrió como quería que fuese la persona que estuviera con ella para toda la vida. Y gracias a ese modelo ideal de chico había forjado su carácter y su actitud en las relaciones.

Lo recordaba perfectamente, su primera cita y había sido con uno de sus mejores amigos. Tachimukai Yuuki, compañero suyo desde prácticamente toda su vida y al que tenía muchísimo cariño. Le sorprendió un poco que le pidiese una cita, por lo tímido que podía llegar a ser y porque le parecía increíble que Kido no le hubiese hecho algo por osar acercarse de tal forma a su hermanita. Eso era algo que aún ahora le parecía raro. Tal vez le había caído bien a su hermano por el hecho de que Tachi era una de los chicos más dulces que podían existir, incapaz de hacer ninguna maldad. Una actitud encantadora, no lo dudaba, pero no para ella.

Dejando a un lado lo raro que era que Kido no dijera nada, aceptó ir a una cita con Tachi. No hacía ningún daño yendo a una cita con una amigo por el que no sentía mas que cierto cariño debido a la amistad de años. Tal vez, pensaba, en el transcurso de la cita Tachimukai le mostrase una actitud que le gustase.

Sin embargo esta hipótesis se esfumó a los 15 minutos. Tachimukai enfrente de ella, sonrojado y nervioso a mas no poder. Había oído que era normal que el chico se pusiera una poco nervioso al estar en una cita supuestamente con la chica que le gustaba, pero notaba como que ese no era un nerviosismo normal, era algo raro. No era el nerviosismo que ella esperaba, al menos. Ella estaba muy tranquila. Era como si la chica en esa cita no fuera ella, sino él. Claro que el hecho de que a ella no le gustase él influía, pero aun así esperaba encontrarse un poco nerviosa. Nerviosa ella, no él. Sea como fuese no le gustaba que él estuviese tan nervioso que no pudiese pronunciar ni una palabra. Fue justo en ese momento cuando se dio cuenta de que jamas se enamoraría o le llegaría siquiera gustar Tachi, ni de nadie parecido a él.

No, lo que ella quería era a alguien que fuese… fuerte. Alguien que no se dejase llevar mucho por los nervios, que fuese tranquilo, imperturbable, pero que también fuese dulce. Lo sentía mucho, pero Tachimukai no era así, era dulce, pero se ponía nervioso por cualquier cosa.

Después de la cita había ido hasta el campo de futbol, para ver a su hermano y que la acompañase a casa como era su costumbre. Mientras miraba al campo se iba fijando en los compañeros de su hermano. El siempre animado Endo, Kazemaru y Midorikawa competitivos siempre entre ellos, su sobreprotector hermano, Kogure bromeando con un imperturbable Goenji. Se le escapó una sonrisa, Goenji siempre tan serio y a la vez tan dulce. Tan fuerte y tan dulce.

Así fue como se enamoró de Goenji, por esa actitud que le gustaba tanto, entre interesada y desinteresada. Sin embargo para él ella no era nada, solo una amiga menor que él a la que le tenía mucho cariño. Entonces fue cuando Haruna decidió actuar cuando estuviese con él, y también desinteresarse de cualquier chico, solo disfrutar la vida y vivir de acuerdo con sus gustos y necesidades.

Entró en el parque donde siempre quedaban y se dirigió a la torre de metal. Se apoyó en la barandilla mirando hacia la cuidad iluminada por la luz mortecina del atardecer. Dentro de poco se haría de noche y empezaría a hacer más frío. Y ella tendría que estar ahí hablando tan solo por el capricho de Goenji. Unas manos sobre sus ojos la sorprendieron sabiendo de todas maneras quien era el bromista.

— ¿Quien soy?— dijo una voz grave.

— Madura un poco Goenji— replicó un poco molesta Haruna. Y ahí estaba otra vez su actitud nada infantil delante de Goenji.

— Aburrida.— dijo Goenji poniéndose a su lado.

Haruna no le respondió y desvió la mirada. Estaba molesta pero también se sentía alegre y sonrojada por el peculiar saludo de Goenji.

— Veo que estás de mejor humor— comentó la chica— Debo suponer que el enfado con Atsuya se ha esfumado.

— Venía a verte, no podía venir enfadado. Tú sin embargo sí que estas enfadada. ¿La razón es…?

— Tengo frío— le respondió parcamente haciendo un mohín con la boca.

Nada mas decir esto notó que Goenji se movía y ante su asombrada mirada, éste se quitó la bufanda y la envolvió con ella.

— No puedes coger frío. Si no tendré que cuidarte. — Dijo Goenji sonriendo levemente.

Haruna se sonrojo, no sabía bien si por el gesto del chico o por su mente perversa y pervertida que le hacía ver un doble sentido en una frase seguramente dicha sin ninguna maldad. Durante un rato se quedaron callados, Goenji mirando al frente y ella mirando de reojo y permitiéndose el capricho de abrigarse con la bufanda de su acompañante. Olía a él.

— Esta tarde estuve en casa de Fubuki. — Dijo rompiendo el silencio Goenji.

— Cuando dijiste que te habías pegado con Atsuya supuse que habías estado en casa de Shiro.

— Dijo que le habías llamado y le habías contado todo. Pero no le contaste todo.

— Una informadora siempre tiene el privilegio de guardarse información. Simplemente no quise causarle más dolor. Odio que la gente sufra por amor. — le respondió en voz baja con cierto rencor. — ¿Por que te pegaste con Atsuya?

Goenji torció la cara. Se debatía entre decirle el verdadero motivo o mentirle. Pero ya que le había llamado para hablar de todo lo que sentía, se armó de valor y le dijo la verdad.

— Estuvo a punto de insultarte, además dijo que te había conseguido— dijo apretando los puños con frustración.

— No mintió— reconoció Haruna sin inmutarse.

Goenji se volvió violentamente hacía ella.

— ¿Por que Haruna? ¿Por que él? ¿Y por que Fudo, y los otros tantos? ¿Donde está la Haruna alegre e infantil que yo conocía?

— Porque es mi vida. Y porque soy yo la única que decide que hacer y que sentir.— respondió segura—"Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ello me ayudara a perder un par de kilos."

— Solo te quieres a ti misma.

— Me aseguro una fidelidad y un amor eternos.

Goenji trató de tranquilizarse. Esa Haruna era distinta a la que él conocía. Y sólo actuaba así con él.

— ¿Qué sentiste?— preguntó Goenji esperando cualquier respuesta.

— ¿Con quien?

— Con Atsuya.

Haruna pensó un momento. Atsuya. La verdad era que había sido uno de tantos, no había habido nunca nada.

— Nada. — dijo con total sinceridad—Él no era lo que yo buscaba.

— ¿Y Fudo?

Por un instante Haruna se quedó congelada. ¿Que había sentido con Fudo? No lo sabía muy bien. No le importaba la traición, pero si se había molestado un poco con él, había interpretado el engaño como una forma de decirle que ella no era suficiente para él, aunque en el fondo sabía que no tenía nada que ver con eso. Eran una pareja de compromiso, de mutuo acuerdo había decidido que "romperían" a los pocos meses, los suficientes como para que Kido los creyese. Pero no iba a negar que por unos brevísimos instantes había pensado que tal vez Fudo le ayudase a superar su estúpido enamoramiento hacía Goenji. Se equivocaba, por supuesto.

— Yo no era lo que él buscaba— respondió en voz baja, casi avergonzada de admitir que le hubiera gustado tener algo de verdad con Fudo. Aunque fuese simplemente para olvidar a otra persona.

Los brazos de Goenji la abrazaron por detrás. Por una vez no se resistió y por segunda vez se permitió un capricho: dejar que Goenji la envolviese, arrebujarse entre sus brazos y sentirse falsamente querida como algo más que una amiga. Goenji sonrió y apoyó su mentón en la cabeza de Haruna. Esa sí que era su Haruna, la dulce, la que se dejaba abrazar por él.

— Esta es mi pequeña— susurró.

"Su pequeña". "Pequeña". Esa simple palabra la hizo enfurecer y también deprimirse. Para él nunca sería más que una niña pequeña a la que cuidar.

— Por eso te quiero y te odio tanto— dijo sin darse cuenta.

— ¿Cómo?— Preguntó sorprendido Goenji a la vez que soltaba su agarre. Haruna había dicho que ¿lo quería?

— Por eso te quiero y odio tanto— le repitió la chica dispuesta a enfrentarse a él. Había dicho eso por error, pero ya que lo había dicho, lo encararía.— Soy "tu pequeña", siempre he sido "tu pequeña". Como una hermana menor más. Sólo eso. Nunca pensaste que para mí no eras un hermano mayor, sino que eres la persona con la que querría pasar el resto de mi vida. Mi pareja ideal. Malditamente perfecto, fuerte y dulce.

— Pero eras tan distante conmigo. Tan distinta a como eras.

— ¡Porque soy demasiado infantil! Y tú no quieres eso. Prefieres a alguien que sea como tú, mayor, madura, no una loca infantil, alegre y optimista. Nunca me prestaste más atención que la de un cariño fraternal.— exclamó ya cansada de actuar tanto— Te acabo de decir que queriéndome a mí misma me aseguro algo eterno. Algo que nunca conseguiré si te sigo queriendo.

Haruna terminó su discurso y le miró fijamente. Él le devolvió la mirada. Esos años callándose lo que sentía por ella por la simple razón de que ella pensaba que no podía ser como realmente era. Precisamente su personalidad alegre le había enamorado. Todos esos años pensando que él estaba forzando la relación de amistad y que Haruna no lo soportaba. No sabía quien era más tonto, si él por hacer pensar a Haruna que ella no era suficiente, o si ella por pensar eso.

Pero ya que ahora sabía que Haruna correspondía sus sentimientos, él le haría saber que por su parte este sentimiento también era mutuo. La abrazó sin que a ella le diese tiempo a apartarse y le besó la frente.

— Si me dejas, te demostraré que mi amor puede ser más eterno que cualquier otro que exista.


Y esto es todo de momento. Ya no voy a decir cuando volveré porque solo consigo faltar a la fecha. Pero espero que la inspiración no me abandone por un periodo demasiado largo.

Decir también que en vez de 8, el fic tendra 9 caps. Peor el noveno sera un epílogo en el que resolveré definitivamente todo. A medida que fui escribiendo, me fui dando cuenta de que necesitaba un capítulo más.

Y por último, pero no menos importante agradecer los reviews:

TqGirlXula23: Voy a tener que ser yo la que deje de gritar cada vez que vea un review tuyo jaja. Muchísimas gracias por tus review, nada mas y nada menos que 4. Me impresionaste de verdad y también me alegre mucho de que te gustase el fic. Lo de Florencia ya veras porqué, fue un capricho mio, pero espero que quede bien. Además huir es humano. Fudo por supuesto que tiene su corazoncito (al menos en mi perversa mente) y lamento muchísimo hacer sufrir a Shiro, pero así es la vida. Y bueno el GoenjiHaruna, tendrás que esperar al último cap pero éste supongo que te gustará. Muchas gracias de nuevo por tus reviews!

Sin mas que añadir me despido hasta la siguiente entrega (que los dioses quieran que sea pronto :S)

Matta ne!