Claim: Fujisaki Yusuke/Onizuka Hime.
Notas: Post-series (anime y manga).
Rating: T.
Género: Romance/Humor.
Tabla de retos: Random 9.
Tema: 02. Juguete.


Ryousuke está muy entretenido jugando con su robot de plástico (ha llegado a conquistar Marte y una panda de alienígenas no muy amigables le impide el paso), cuando su hermano, Daisuke, le hace un gesto con la cabeza, medio sonriendo y medio sorprendido, pidiéndole que vea a sus padres. Himeko y Yusuke están sentados a pocos metros de ellos, sobre el único sofá de la casa y parecen totalmente ajenos el uno del otro, cosa que no es realmente extraña. Más bien a lo que se refiere Daisuke (y su gemelo lo corrobora con una mirada), es a lo extraño de que ambos estén en casa a esa hora, cuando el sol aún no se ha puesto y los animés de la tarde pasan en rápida sucesión.

Normalmente sus padres están fuera en sus respectivos trabajos y cuando uno está, el otro puede faltar hasta la hora de la cena. A veces, ambos desaparecen. A veces, hay gente de más en la casa, como el tío Sasuke o Momoka y Switch, así como personas extrañas que vienen a pedir favores, pero casi nunca ellos cuatro solos. Sus padres se ausentan en esta tarea más que ninguna otra, ayudando a todo tipo de extraños y conocidos con pequeños problemas, de los cuales llegan a hablarles todas las noches a la hora de la cena, entre risas y burlas de ambos.

Por eso, el mirarlos tan tranquilos les parece extraño. Su madre sostiene una taza de té en las manos y su padre parece absorto en el nuevo episodio del animé semanal, que nunca en su vida ha visto pero del cual parece ahora totalmente fanático, por cómo le brillan los ojos y cierra las manos en puños en cada escena de acción.

—...entonces Nakatani-san me sugirió comprar un poco de café y yo... —su madre habla como de costumbre, ajena al hecho de que su esposo parece no estarla escuchando, ni nadie en realidad, pero con una sonrisa en los labios que habla, incluso para alguien tan pequeño como Ryousuke de cuatro años de edad, de satisfacción con su vida actual, de felicidad.

—¿Hm? ¿Ah, sí? ¡Ooooh, mira ese robot! ¡Sí, destruye a ese malvado! ¡Boom! —Yusuke se pone de pie momentáneamente para celebrar la victoria del protagonista de su serie y cuando los créditos finales aparecen en la pantalla, vuelve a sentarse al lado de su esposa para seguir con la programación.

En en este momento cuando Ryousuke decide seguir con sus juegos, pues está más que acostumbrado a vivir así y le parece bien, además de que ha ideado rápidamente una estrategia para deshacerse de esos horribles marcianos con malas pulgas. Sin embargo, su hermano no tiene los mismos planes y cuando menos se da cuenta, lo encuentra sentado a su lado sobre el suelo de madera, con su clásica Pelocan en la boca (herencia de su madre), mirándolo sin dejar de sonreír.

—¿Qué? —pregunta Ryousuke un poco enojado y confundido. ¿No será que Daisuke se ha unido a los alienígenas malvados?

—Mira —señala el niño con el dedo índice a sus padres, que siguen en sus propios parloteos. Ryousuke está a punto de quejarse, pues sabe que no hay nada nuevo que observar, cuando su mirada se posa con detenimiento en sus padres, en el destello del anillo de bodas en las manos de ambos y el aroma del café flotando en el aire, dulce y amargo a la vez. Ryosuke le sonríe a su gemelo, Daisuke le devuelve la sonrisa inmediatamente y con ella, una extraña sensación de tranquilidad y felicidad. Pero, ¿por qué?

De un momento a otro los monólogos de sus padres se detienen y queda patente incluso para ellos lo fuerte de su unión, a pesar de las apariencias. Tienen las manos unidas sobre el sofá y aunque siguen hablando, aparentemente abstraídos en su propio mundo, la tenue sonrisa en su rostro habla de toda la felicidad que sienten.