Claim: Fujisaki Yusuke/Onizuka Hime.
Notas: Post-series (anime y manga).
Rating: T.
Género: Romance/Humor.
Tabla de retos: Random 9.
Tema: 06. Polo.


Los sollozos resuenan en la casa vacía como ecos fantasmales, traídos por un espíritu que al parecer no puede encontrar descanso. Al escucharlo, Yusuke siente que la piel se le pone de gallina y toma conciencia hasta del ritmo cardiaco acelerado en su interior. Pero más que eso, más que todo, mientras se va acercando paso a paso hasta la habitación que comparte con Himeko, también toma conciencia de la profunda tristeza que denotan dichos sollozos, un grito desgarrador en lo que se supone es una casa vacía. Switch, por supuesto, argumentaría que su razonamiento va en contra de toda lógica y que los fantasmas no existen, pero él puede ver uno nada más entreabre la puerta de su habitación, una silueta blanca y delgada, cuya fina voz se deshace en lágrimas.

—Himeko —la llama y al abrir la puerta del lugar, la luz inunda la cama destendida y el desorden que reina en el lugar, donde las persianas cubren todo de los ojos del mundo exterior.

Ella voltea a verlo con los ojos enrojecidos, pero con la llama del enojo todavía brillando en sus ojos azules. Una llama difícil de apagar, incluso con lágrimas.

—Vete —pide ella y hace ademán de querer aventarle cualquier cosa a la mano, aunque lejos quedan esos días en que sólo lo hacía a modo de juego. Si él la ha dañado, ¿por qué ella no habría de corresponder el gesto?

Pero Bossun —siempre Bossun para ella—, niega con la cabeza y su silueta se va haciendo cada vez más grande conforme se aproxima a su esposa, que permanece tensa y agazapada como un felino al acecho de su presa. Por supuesto, no la culpa por su actitud, ni por lo sucedido, mucho menos por las lágrimas que han desfigurado su rostro, pues sabe que a veces él no tiene corazón, sabe que hiere con sus palabras, sabe que puede elegir, con una facilidad monstruosa, la mejor forma de dañarla a ella o a cualquiera, aunque casi siempre sea Himeko la que termine pagando el precio de sus errores o pequeños enojos.

—¡Vete! —grita la mujer y ambos agradecen en secreto que los niños estén fuera, que no se den cuenta de esos momentos de debilidad. Pero nuevamente Yusuke la ignora y se sienta a su lado, obligándola a mirarlo a los ojos con unas simples pero poderosas palabras.

—Perdóname, soy un estúpido —las lágrimas lo amenazan a él también y la voz se rompe al pensar en lo diferentes que son, como polos opuestos en constante tensión. Pero sólo es un pensamiento momentáneo, un pequeño hecho que contrastar con el mar de sentimientos, vivencias y emociones que han pasado uno al lado del otro desde que tenían 16 años. Un lazo difícil de romper.

—Eres un estúpido —repite ella, pero no puede evitar derrumbarse sobre su pecho, donde las lágrimas siguen cayendo, aunque quizá teñidas de menos dolor e incertidumbre.

Yusuke no puede evitar todos los pequeños conflictos del día a día, mucho menos las grandes pruebas que llegan a enfrentarlos de manera inesperada. Pero sus manos no tiemblan —ya no más— cuando abraza a su esposa y sabe que, aunque aún les falta mucho por vivir, así —juntos— podrán seguir adelante.