-Deseo tomar por esposa a su hija Kagome, señor Higurashi.

Un grito ahogado hizo eco en la habitación. Kagome le dirigió una mirada suplicante a su padre para que intercediera por ella, y éste asintió levemente con la cabeza antes de dirigirse al samurái.

-Me temo que es imposible, señor. Ella ya está comprometida.

-¿En serio? Bueno, no es ningún problema. Con mi dinero…

-No. –reclamó Kagome, alzando la vista por primera vez –Le hice una promesa a este hombre, y voy a cumplirla.

-Vamos, Kagome- dijo su padre con suavidad- ¿No se te ha ocurrido que ya debe estar muerto?

-¿Muerto? –inquirió Inuyasha, haciéndose el tonto

-¡No! Él está vivo, ¡estoy segura!

Kagome apoyaba el puño contra su pecho, y pequeñas lágrimas se acumulaban en sus ojos. Inuyasha dio un paso al frente.

-Usted se comprometió con Piel de perro, ¿no es así?

-Sí. ¿Cómo lo supo? ¿Acaso lo conoce?

¿Cómo no se daba cuenta que estaba justo enfrente de ella?

-Le prometió que lo esperaría por tres años, ¿verdad? Pasado ese tiempo, podría darlo por muerto y tendría la libertad de casarse con quien quisiera.

-Es verdad, ¡usted lo conoce! ¿Trae noticias suyas? Por favor, dígame que se encuentra bien.

Inuyasha quiso probar su suerte otro poco más. Adoptando un aire serio, sacó la mitad de su anillo y se lo entregó con suma solemnidad, sin pronunciar palabra. Kagome extrajo un colgante de su cuello, de donde pendía la otra mitad, y comparó ambos pedazos. Al unirse perfectamente, ella lo miró incrédula y él bajó la mirada, con una expresión de congoja. Kagome palideció.

-No es cierto. –dijo temblando de pies a cabeza- ¡No es cierto!

Su temblor fue tan compulsivo que tuvo que sentarse. Mientras Kikyo y su padre se apresuraban a conseguirle algo de beber, Inuyasha se sentó junto a ella y le colocó la mano sobre el hombro, un tanto arrepentido. El apuro fue tal que nadie reparó en un resoplido proveniente de la otra sala.

-Ya sabía yo que aquel demonio perro debía estar muerto a estas alturas.

-Quizás Kagome cambie de opinión ahora.

-¿Hablas en serio? ¡Mírala! Está a punto de desmayarse. Dudo que un desmayo le resulte atractivo a cualquier hombre.

-Si cambia de idea, estoy disponible al cien por ciento. –dijo Yura realizando un discreto baile

-¡Ja! Como si se fijara en mujeres de tu clase.

-¡Mira quién habla! –replicó ella, y algunas venas sobresalieron de su frente


-Vamos, repóngase. –dijo Inuyasha al tiempo que le aplicaba masajes circulares a Kagome por la espalda- Ya pasó.

-Por favor, no me toque.

Obedeció de inmediato. Intentó verla a la cara, pero ella mantenía la mirada baja y apretaba su kimono con los puños. No podía soportar aquello.

-¿Por qué se afecta tanto? No conocía a ese hombre.

-Se equivoca. -dijo con voz temblorosa- Usted no comprende.

-¿Comprender qué?

En ese momento las lágrimas corrieron por sus mejillas y salpicaron su kimono. Inuyasha decidió poner fin a su teatro.

-Por favor, no llores. –susurró tras secarle las lágrimas- No quiero que sufras más por mí.

-¿Por usted…?

-Todo este tiempo no me has reconocido, ¿eh? No te culpo. –dijo ofreciéndole una media sonrisa- He cambiado bastante.

Kagome lo miró, esta vez con suma atención. Si bien no reconocía la cara, fue capaz de identificar su voz y su mirada por vez primera. Tras el descubrimiento, sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa.

-¿I-nu-ya-sha…?

-Te dije que regresaría.

-¡Inuyasha! -exclamó recibiéndolo con un efusivo abrazo - ¡Estás vivo!

-Se necesita más que un Inugami y siete años de miseria para hacerme caer. –pensó para sí- Estás preciosa, Kagome.

-No puedo creer que seas tú… tú… ¡miserable!

-¿Eh?

-¿¡Cómo pudiste hacerme esto!?- reclamó ella montando en cólera- ¡Casi me matas de angustia haciéndome creer que estabas muerto! No sabes lo que es soportar esta incertidumbre.

-¡Claro que sí! ¿Crees que estuve en un viaje de placer todo este tiempo? ¡Todos los días me carcomía la idea que estuvieras con otro hombre!

-¿Cómo iba a estar con otro si me comprometí contigo?

-¡Feh! Pudiste hacerlo. ¿O te habrías casado con Piel de perro de buena gana?

-No puedo creerlo. ¡Inuyasha, eres un tonto! –viéndolo incorporarse, lo empujó- No, ¡abajo!

-Ka-go-me… -musitó entre dientes

-¿Qué significa este escándalo? –reclamó el señor Higurashi haciendo entrada al salón junto con Kikyo

-Padre, él es Piel de perro.

-¿¡Qué!? Imposible. Está muerto.

-Créalo o no, soy yo. –dijo Inuyasha incorporándose- He vuelto por mi prometida.


A/N: Les dejo un capítulo relámpago que espero les haga reír un poco. ¡Gracias por el feedback!