-Padre, él es Piel de perro.

-Imposible, ¡él está muerto!

-Créalo o no, soy yo –dijo Inuyasha poniéndose de pie- He vuelto por mi prometida.

¿Volver por su prometida? Kikyo palideció. ¡Aquel hombre no podía ser Piel de perro! Sin embargo, ahí estaba, todo gallardo y sonriente mientras le apretaba la mano a su hermana, igual de contenta. Viéndolos así, comenzó a sentir la bilis revolcándose en su estómago. Tuvo el impulso de gritar y arrojarles el recipiente de agua sobre sus cabezas, pero su padre se apresuró a hacer una reverencia.

-¡Es una alegría verte vivo, muchacho!

-No le creo. –contestó él con calma –Y, si piensa que tendré más gestos de generosidad hacia usted, está muy equivocado. Tan pronto me case con Kagome, me la llevaré lejos de aquí.

-¡Inuyasha! –replicó ella

Kikyo dejó caer el vaso, haciéndose añicos en el suelo. Todas las miradas se dirigieron a ella. Incapaz de soportarlo, echó a correr hacia la salida sin emitir palabras, buscando un refugio en donde pudiera descargar su disgusto a solas.

Ya estaba en su habitación, mordiendo y profiriendo puños en un cojín por la rabia, cuando la puerta se deslizó y Yura y Kagura hicieron aparición.

-Vaya, vaya. ¿Quién lo habría pensado? –dijo Yura –Aquel hombre rico y apuesto no es otro que la bestia.

-Y regresó a su dueña, como un perro fiel. Lástima que tu hermana se quede con todo. ¿No te parece injusto?

-¡Oh, Kikyo! ¿Cuántos hombres han venido a pedir tu mano? A estas alturas, te quedarás sola tomando cuidado de tu padre.

-A menos que busques tu propio demonio perro, claro. ¿Quién sabe si debajo de toda la piel enmarañada encuentras a un emperador?

-¡Déjenme en paz! –exclamó la aludida arrojándoles el cojín

Se fueron, conteniéndose la risa, y Kikyo se sintió peor. Como si no tuviera suficiente con tamaña humillación en la sala, ¡también tenía que ser humillada por sus amigas! ¿Por qué el destino le escupía en la cara?

Temblaba de rabia, porque no podía soportarlo. No era justo que, siendo la mayor, fuera echada a un lado mientras su hermana construía su vida propia, con marido y fortuna. Aquel era un derecho que le correspondía a ella, no a Kagome. ¡Debía hacer algo! ¿Pero qué?

¿Y si hablaba con Koga? El infeliz ya estaba casado con otra, pero podía mandar a matar a Inuyasha, haciéndolo parecer un robo que había salido mal. Así Kagome se arrojaría a sus brazos en busca de consuelo, y en un abrir y cerrar de ojos se vería denigrada en el puesto de amante. El único problema era que sabía que Koga era demasiado noble como para dejarse llevar por cualquier atisbo de despecho o resentimiento.

Podía escucharlos hablar sobre los planes de boda. ¡Malditos, malditos! ¿Es que no podían tener consideración con su sufrimiento? Si de algo estaba segura, era que sería incapaz de ver a su hermana vestida con un shiromuku y el uchikake de su madre, casándose en el templo con aquel… con aquel…

No. Sería completamente insoportable.


Al llegar el día, los nervios comenzaron a aflojar en Kagome justo después que terminaron de arreglarle el vestido. Se miraba a sí misma en el espejo, incapaz de reconocerse, toda maquillada y ataviada con el uchikake de su madre, y sintió ganas de llorar. Le hacía mucha falta en ese momento.

Ya en el templo, intentaba mantenerse serena mientras el sacerdote los bendecía con el haraiguchi, al tiempo que recitaba una oración para pedir el favor del dios. Luego, las manos le temblaron con violencia cuando llegó el momento de intercambiar las tres tazas del sake sagrado, y fue un milagro que no derramase nada. Se relajó un poco cuando vio que Inuyasha le sonreía discretamente, comprensivo.

Si bien estaba contenta, echó de menos a su hermana, quien no hizo acto de presencia durante la ceremonia.


Por la noche llamaron a la puerta de la nueva familia Taisho, y el marido fue a abrir. ¡Cuán grande fue la sorpresa de Inuyasha al encontrarse cara a cara con el Inugami!

-Lárgate de aquí. –dijo recuperando la compostura- No tengo más asuntos contigo.

-Vengo a darte las gracias.

-¿Las gracias?

-Perdí un cuerpo, pero gracias a ti, he obtenido otros tres.

No bien acabó de decir esto, cuando el espíritu perruno comenzó a dividirse y evaporarse. Luego, se dirigió directamente hacia su cuñada y otras dos desconocidas, quienes por alguna razón estaban a pocos metros de allí, y tomó posesión de sus cuerpos.

Yura y Kagura comenzaron a retorcerse en el suelo, ahogándose con la espuma con sangre que salía de sus bocas. Kikyo, por otro lado, se colocó en cuatro patas y se arrastró y gruñó como un perro, antes de echar a correr hacia un pozo, caerse y finalmente ahogarse.

-Por Dios…

-¿Inuyasha…? ¿Qué pasa?

-¡No salgas afuera, Kagome! –contestó, bloqueándole la vista hacia el patio- ¡No salgas!


A/N: Shiromuku es el kimono blanco que usan las novias japonesas tradicionales, mientras que el uchikake es la "capa" colorida que se ponen encima. El haraiguchi, por otro lado, es un tipo de varita con el que el sacerdote realiza la bendición en el ritual shinto. El intercambio de tazas sustituye los conocidos votos occidentales.

Con esto me complace decir que… ¡hemos llegado al final de la historia! El cuento original, "Piel de oso", termina de una manera similar. Gracias a todas por su apoyo y paciencia a lo largo de la historia. Como siempre, espero que sea de su agrado.