Me había quedado, simplemente, sin habla.

De esta carta se podían sacar varias conclusiones: a) mi amigo invisible sabe quién soy. No sé cómo, no sé cuando, pero se entero, y b) tiene una ligera inclinación hacia mí.

-¡Pero qué mierda, está loco por ti!- escuche gritar a Tomoyo, en cuanto le aclare los puntos anteriormente nombrados.

Los siguientes acontecimientos fueron demasiado vergonzosos. Demasiado como para recordarlos. Pero hare el esfuerzo, y tengan en cuenta que lo hago por ustedes, gente mía.

Mientras intentaba por todos los medios ocultar el sonrojo que súbitamente me había alcanzado, una ráfaga de viento nos azoto a Tomoyo y a mí. La carta que sostenía en mi mano se fue a volar con el viento, mientras recorría todo el patio a su antojo.

-¡Noooooooooo ooo oo!- grite como en cámara lenta cuando mi hermosísima y oportuna carta se le dio por detenerse en el grupo donde estaban sentados Chiharu, Yamazaki, Rika, Hiragisawa, y como no, Li.

Hiragisawa fue quien la tomo, y Li acerco su narizota para ver de qué se trataba. Pero en cuanto lo vio, se sonrojo furiosamente y aparto la mirada.

Un caso raro, este Li.

Yo sentía que corría pero literalmente como una babosa. Jodidamente despacio.

En cuanto llegue, todas las personas en ese grupo habían leído la carta, Li seguía como un tomate, pero descuida, mi querido compañero, que aquí estoy yo para acompañarte en lo de sonrojarse.

-¡Sakura tiene un pretendiente!- grito Chiharu, emocionada.

El resto de los estudiantes del patio que probablemente no sabían de aquel incidente, se voltearon a verme por el calibre de aquella declaración.

-Inserte una dignidad aquí-

–Sabían que en la antigüedad, cuando a una princesa se le declaraba…- Yamazaki hablo con la clara intención de contarnos alguna jodidamente maravillosa y fantástica historia pero probablemente inverosímil, intento que se vio frustrado por su mejor amiga, Chiharu, que lo agarro de la oreja y le tapo la boca.

-¡Sakura, eso es excelente! ¡Pero mira que romántico, esa canción que te dejo es muy dulce! ¿La habrá escrito él?- pregunto ella.

-Estoy seguro de que la escribió el- un confiado Hiragisawa era el que hablaba ahora. Me pregunto porque ahora Li parecía más avergonzado que antes…

Bueno, teniendo en cuenta que ser normal no estaba entre las cualidades de mi compañero de banco, me dije que probablemente le avergonzaran todos los temas que rozaban lo romántico. Fue la única explicación que le encontré, y me dejo lo suficientemente tranquila como para abortar el tema Li.

-¿Y? ¿Qué le vas a contestar? Porque supongo que le vas a preguntar quién es, cuando van a conocerse y…- el timbre interrumpió cualquier intento de planificación de boda de mi amigo invisible y yo que Chiharu tuviera en mente.

¡Salvada por la campana! Como ese dicho. Ya saben a qué me refiero.

-Deberíamos ir al curso, nos vemos- la carta ya estaba en mi poder, así que tome del brazo a Tomoyo para borrarnos de ese espantoso cuadro.

Demasiada comedia por un día, enserio…

Una vez en el curso, grite con todas mis fuerzas mis frustraciones. Eso había sido demasiado vergonzoso. Es decir, de por sí, el que me enviara esas cosas cursis lo era. No me malinterpreten, soy de esas que se quedan los sábados a la tarde en frente de la televisión con películas como "Diario de una Pasión" llorando a moco tendido, con un balde de tres kilos de helado engullendo sin importar si hay un riesgo de concebir diabetes. Como sea. La situación habría sido perfecta si hubiera sido solo yo la que leyera la carta, como mucho Tomoyo, pero no todo el cuerpo estudiantil. Eso, mis estimados amigos, no entra en mi idea de diversión.

Poco a poco fueron llegando el resto de mis compañeros, y ya saben, si conocen la ley de Murphy, sabrán a que me refiero cuando digo que el jodido hombre tenía toda la razón. Cada persona que cruzaba el pórtico se tomaba la molestia de acercarse a saludar a la ganadora, rompe-corazones, de Sakura Kinomoto. Que ahora mismo se quería transformar en la rompe-costillas Sakura Kinomoto, o en el Increible Hulk, lo que primero sucediera.

Pepe Alegría llego y se sentó en su respectivo asiento, al lado mío. Al principio no dijimos nada, como era costumbre, pero al cabo de unos minutos el rompió el silencio.

-Y… ¿Te gusto la carta?- me di vuelta para tratar de descifrar el porqué mi compañero me hablaba sin ningún atisbo de burla o fanfarronería.

-¿Eh?- enserio, chicos. Yo no suelo contestar preguntas con otra clase de monosílabos que no sean "si y no", pero mi mente estaba maquinando a mil por hora en la búsqueda de razonamiento hacia el repentino comportamiento amistoso de Li, alias Li.

El estaba sonrojado, como lo llevaba viendo casi todo el tiempo desde ayer. Era raro que hace dos días no me podría ni siquiera haber imaginado que un leve color rojo pasara por el siempre inmutado rostro de Li, y ahora llevara encendiéndose cada dos por tres.

-Si te gusto lo de la carta- aclaro al fin.

-Ah, eso- me sentí incomoda. No es que Li sea mi confidente, claro está, y ahora me venía a preguntar algo que yo le contestaría sin sentir pudor a Tomoyo- Creo que después de todo… me gusto. –Me sonroje levemente. –Con después de todo me refiero a que todo el mundo ahora lo sepa, pero la carta y la intención me agradaron. Quién sabe, si algún día yo conociera a este chico… quizás podría darle una oportunidad, no sé.

El silencio reino por Dios sabe cuantos segundos, minutos u horas.

-Ah- suspiro, y centro su vista al frente.

Mi amigo no tan amigo invisible tendría que ver a Li antes de decirme loca a mí. ¡Le acababa de hablar como si realmente fuéramos amigos, olvidando nuestras pequeñas discusiones por un momento y… y me había contestado simplemente "ah"! ¡Un "ah"! Seguro que lo único que quería era saber que pensaba yo de la carta, para después, muy al estilo vieja chusma, ir a contárselo a medio mundo. ¡Li, te estás ganando mi apatía!

No nos miramos/hablamos por el resto de la hora.

Salí al recreo, y déjenme decirles algo, Sakura Kinomoto se había hecho popular. Y a Sakura Kinomoto no le gustaba. En absoluto.

¿Cuánto revuelo puede hacer una simple carta un poco romántica hacia una chica muy tímida en una secundaria? Al parecer, mucho. La gente que pasaba por los pasillos me sonreía, o alzaba las cejas sugestivamente, o me decían cosas como "¡Buena esa, Sakura!" como si nos conociéramos de toda la vida, cuando el chico tenia suerte si me lo había cruzado en un pasillo alguna vez.

Bueno, basta de teatro por ahora. La drama-queen se retira de escena.

Volví a mi casa, pensando en las consecuencias que podía tener un inocente juego como el amigo invisible. Luego descubrí algo más fascinante todavía. Tenía mi primera declaración. A medias, y anónimamente, pero declaración a fin de cuentas. Eso quería decir que tenía un: amigo invisible-admirador secreto, por llamarlo de algún modo. Y por alguna razón… me agrado. Nunca fui la más deseada del colegio. O del curso. Ya había dado mi primer beso, por dios, tengo 17 y seria patético si no lo hubiera hecho. Pero de ahí a pasar a mayores, me refiero a novios o algo por el estilo, nunca. Así que me gustaba la idea de que alguien suspiraba por mí. Y no mentía hoy, cuando le dije lo dicho a Li –te aborrezco-, pienso darle una oportunidad al desconocido. Quizás, hasta termine gustándome.

Al siguiente día, me encontraba en mi asiento, escribiendo líneas sin sentido en una hoja. Era patético. No sabía que decirle a mi amigo invisible, no era como para escribir: "Bueno. Te espero a las 3 en la puerta de mi casa. Lleva rosas y chocolates". No, primero quería conocerlo antes de siquiera idear algún tipo de encuentro. Pero otro pensamiento detuvo cualquier intento de escritura de mi parte.

¿Quién sería este chico?

Mi campo de búsqueda se reducía a los varones que había en mi salón. Que eran aproximadamente 10. Me tomaría un buen trecho averiguarlo.

Casi todos eran… guapos. Es decir, no había alguien que fuera horrendo, ni alguien lo extremadamente seductor como para llamar mi atención. Estaba Yamazaki, pero ese estaba seguro que moría por Chiharu. Hiragisawa tenía cierto interés en Tomoyo, y ella en el, pero ahí andaban. Entre el sí y el no.

Li. ¡Ja! Como si pudiera acercarme algún día a ese chico sin que me escupiera veneno. ¿Dicen que perro que ladra no muerde? Yo prefiero no averiguarlo.

Tambien recuerdo uno que se llamaba... Hoshi, creo. Me ayudo una vez cuando me cai en las escaleras.

Me avergüenzo de decir que hasta ahí llega mi memoria, ya que con el resto de los estudiantes como mucho si habíamos cruzado una que otra palabra.

Parece que tendría que averiguarlo el día en el que mi amigo invisible quisiera decírmelo.

Me decidí y le escribí algo como que quería saber más de él. Como era, que cosas le gustaban, cursilerías como esas.

Diplomacia Li ya se había sentado en su lugar, hace un rato. Esta vez fue más raro que antes, porque normalmente hasta nos saludábamos. Pero hoy nada. Enserio, ¿Qué problema tiene este muchacho? Aun después de sus burlas y toda la cosa, yo siempre trate de ser amable con él. Intento que fracasaba en el segundo en que él abría la boca, pero al menos lo intentaba.

Sacando mis más buenos modales a la luz, lo mire unos instantes y le dije: -Buenos días.

A lo que el contesto: -Buenos días.

Y en eso se resumió, mis queridos lectores, nuestra breve charla matutina.

El profesor de matemáticas decidió que estábamos siendo demasiado felices por el momento, así que se paro en frente de la clase, como hacen todos los profesores que están por decir algo que hacen ver de suma importancia, como si estuvieran por descubrir la cura del cáncer, y solo decían que páginas del libro había que hacer para la próxima clase.

-Bien muchachos. Para ayudar a los que les fue mal en la prueba anterior -¿Era mi idea o me estaba mirando directamente a mí?- Voy a darles un trabajo practico para hacer en las casas, y será de a pares.

Oh, genial. Porque lo que yo más amaba en este jodido planeta era usar mi maldito tiempo libre para hacer un trabajo de matemáticas. ¿Por qué no podíamos hacer cualquier otra cosa, como pintar las paredes con crayones? Supongo que rayar el curso no estaba en los planes del profesor, al menos no hoy. Una lástima, porque a mí me parecía un pasatiempo muy vigorizante.

-Pero a los pares los elijo yo.

Y adivinen que dijo.

a) Pueden estar con quien ustedes quieran, Brad Pitt si les apetece.

b) Olvidemos todo esto, vallamos a montar unicornios.

c) ¿Y si mejor asesinamos a Li y bebemos su sangre con pajitas?

Si pensaron que dijo: "Va a ser por orden alfabético", quiero decirles que, lamentablemente, estaban en lo correcto.

¡Qué obsesión la de los profesores por que todo sea alfabéticamente! ¿También ordenaran sus bóxers alfabéticamente? ¿O a sus hijos?

Nuevamente, me estoy saliendo del tema.

Lo siguiente que se es que estaba pensando de que manera decirle a Li, el sonriente Li, que nos teníamos que juntar a hacer un trabajo, en su casa o en la mía.

La clase había llegado a su fin, y ahora todos se levantaban para regresar a sus casas. Así que no me quedo otra que encarar a Li, que se disponía a irse sin decir nada. O eso creía.

-¿Estas libre ahora?- indago. No me miraba realmente. Su vista se centraba en sus zapatos. Dirigí mi vista ahí también, para ver si estos se habían transformado misteriosamente en alienígenas, pero no, seguían siendo zapatos. ¿Por qué no me miraba entonces? ¿Tan fea soy?

-Sí, creo que sí. ¿Te parece en mi casa? Mi papa está trabajando y mi hermano en la universidad. Puedo cocinar algo, si gustas.

Mantuvo el silencio por unos momentos. De verdad, por dios, de verdad quería saber cuál era el problema de este chico. Pero esta vez sin ser cínica, ni nada por el estilo. En serio quería saber, porque comenzaba a intrigarme demasiado.

-Me parece bien. Tengo que hacer algo antes, pero puedes esperarme a la salida.

Entonces recordé que yo también tenía que hacer algo.

-¿Ah sí? ¿Qué tenias que hacer?- pregunte mientras nos encaminábamos hacia la puerta del curso.

-Voy a la biblioteca. Tenía que… devolver un libro.

¡Genial! No iría sola. Pero lo que por ahora me tenia realmente sorprendida, es que estuviéramos entablando una conversación que no tuviera las palabras torpe, imbécil, despistada, tarado, etc ,etc, etc, de por medio. Estábamos hablando bien. Como dos personas civilizadas.

-¡Excelente! Yo también tengo que ir a la biblioteca, ya sabes, por el asunto del amigo invisible.

Ya era conocido para mi amigo invisible quien era yo, así que no tenía que andar escondiéndome como una rata.

El me miro con algo de decepción, soltó un suspiro de frustración, y dijo algo como "supongo que tendré que hacerlo mañana" murmurando. ¿Acaso no podía verlo devolver un libro?

-Te acompaño. Así no nos demoramos más, y vamos a tu casa.

Me sentí extraña mientras caminábamos hacia la biblioteca. Bueno, me sentí extraña desde que salimos de la escuela hasta que llegamos a mi casa. Era raro estar con Li así, sin insultarnos, sin ofendernos. Hablando bien. Hasta podía decir que era agradable.

¡Ehe! No vayan a pensar que me gusta Li, o algo así. No, simplemente digo que si se lo propone, puede ser lindo. Y aunque no se lo propusiera, también. Me refería a ser lindo de actitudes, no de físico. La belleza era un don que por más molesto que pudiera llegar a ser, tenia que admitir que poseía.

Me encontré a mi misma mirándolo intensamente, mientras dejaba su mochila sobre la mesa del comedor. Era alto: me sacaba algo así como una cabeza y media. Tenía el pelo castaño bien alborotado. Es más, cuando peleábamos, siempre le sacaba en cara que debía comprarse un cepillo, y ese argumento en muchas ocasiones lograba ser el ganador. Su cuerpo estaba muy bien formado, estaba segura que el frívolo se paraba sus buenas horas en el gimnasio. Pero sus ojos eran algo que siempre había admirado: tenían un color chocolate, que reflejado por el sol, adquiría un matiz ámbar.

Me sonroje por el escrutinio que estaba cometiendo. Era Li Shaoran, por dios, el perro que ladra y que también muerde.

-Voy a preparar el almuerzo, en unos segundos vuelvo.

Me retire a la cocina. Al rato volví, con nuestro almuerzo preparado. Cabe aclarar que mis destrezas culinarias no están del todo… desarrolladas.

-¿Sándwiches?- le oí preguntar, con un tono burlón.

Fruncí el ceño. -¡Hey! No te burles. No se me da muy bien la cocina.

-Eso se está por ver- dijo al mismo tiempo que tomaba un sándwich, y le daba un mordisco. Un poco de salsa había caído por sus dedos, así que no tardo en llevarse ambos dedos bañados en kétchup a la boca.

Ouch. Golpe bajo a mis hormonas.

Respire agitadamente mientras lo veía saborear aquel sándwich, y algo oscuro y siniestro en mi interior deseo ocupar el lugar de esa comida.

¡No me miren así! Soy una mujer, y tengo necesidades.

Admitir que Li esta bueno… está bien, que está muy bueno, no me hace estar automáticamente enamorada de él. ¡Ni si quiera me gusta, hombre! Así que no me juzguen.

-Estaba bueno. Me gusto.- señalo al terminar el último bocado, y yo me sentía con la boca seca, así que instantáneamente tome un sorbo de agua. ¿Cómo no me había dado cuenta antes de que su voz fuera sexi? Como áspera, pero igualmente suave… heme aquí, fantaseando sobre la voz de mi compañero.

-No te comiste el tuyo- observo. No, estaba demasiado ocupada viéndote comer a ti.

Basta Sakura, concentración.

-Sí, eso. Ahora como. ¿Te gusto?

El me mostro una sonrisa torcida. Madre mía. – ¿No me escuchaste? Te acabo de decir que sí.

¿Nunca sintieron, no sé, como que están en el medio de una cocina, con un chico sexi, a punto de hiperventilar porque te acaba de sonreír como nunca lo había hecho?

Si lo han sentido, agradecería que me enseñaran como proceder en casos como esos.

Me levante de mi asiento, sintiendo como los colores inundaban mi rostro. –Lo siento. Tengo que ir a buscar algo arriba. ¿Me disculpas un segundo?- y sin esperar una respuesta –una más verbal que el rostro confundido de Li- me deslice escaleras arriba, hasta encerrarme en el baño.

Creo que dije por dios en todos los idiomas que sabía. Que eran dos: ingles y castellano.

Este chico tenía la sonrisa más encantadora que había visto en toda mi vida.

¡Ehehehe, quietitos, que tampoco estoy enamorada ahora! Simplemente reconozco que el chico tiene lo suyo. Tiene una cara… linda. Cuerpo… lindo. Está bien, todo el conjunto de él es lindo. Pero todavía sigo defendiendo mi posición: no estoy enamorada. Fin de la discusión.

Me lave la cara, tratando de tranquilizarme. Solo es un chico.

Camine despacio hacia la cocina. Estoy tranquila.

-¿Vas a comer ahora?- una extraña sensación de resequedad me asalto los labios. Concéntrate en el objetivo, Sakura. ¿Cuál era el objetivo? Como sea. Tengo hambre.

-Eh, si.- tome el sándwich y comencé a masticarlo con rudeza, sin ser consiente verdaderamente del sabor, sin disfrutarlo. Sentía la mirada de Li en mi rostro y eso amenazaba con hacerme vomitar lo que acababa de comer en cualquier momento. –Listo. Vallamos a mi habitación, en media hora llega mi hermano y va a ser molesto, y más hoy que viene con sus amigos a ver el partido- argumente. Era verdad, mi hermano era realmente molesto cuando se ponía a gritarle a la pantalla como si realmente alguien además de los presentes en la sala lo pudiera escuchar.

Se encogió de hombros –Esta bien.

Bien, así me gusta. Cuando no hace nada como comer de forma sexi, o hablarme con voz sexi, o lucir sexi –esperen, eso sí está haciéndolo. Mierda. Quieta, no lo mires. Sakura, te estoy viendo -¿Me veo a mi misma?-

Llegamos a mi habitación, y ofrecí que entrara primero, por pura cortesía. Pero mis buenos modales me jugaron una mala pasada: tenía el firme trasero de Li completamente dispuesto a mi indagadora vista.

Trate de controlar mi sonrojo, e iba a decirle si quería que nos pusiéramos a trabajar ahora, cuando vi que caminaba como absorto hacia una de las paredes de mi habitación.

-¿E-eso es una Stratocaster original?- pregunto señalando mi hermosa Fender, a la vez que me miraba incrédulo. Asentí mientras me encogía de hombros.

-¡Y esta es una Cutaway! ¿De dónde las sacaste?- inquirió. Debo decir que su pequeña preguntita me molesto un poco.

-¿Tengo cara de ladrona, acaso? ¿No se te ocurre pensar que las compre?- señale a las guitarras, que colgaban de un gancho en mi pared.

El bajo la vista, claramente avergonzado. –Perdón. Es que me resulta increíble verlas a las dos juntas. ¿Sabes tocar?

Asentí. –En realidad no las compre, me las regalo mi papa. Era músico y esas cosas, tenía una banda cuando era joven. Pero después descubrió la arqueología, y bueno. Ahora va de expedición en expedición barriendo huesos de velociraptors.- agregué con una sonrisa. Aunque me lo negara hasta el alma, hubo veces en las que lo vi quedándose parado frente a sus antiguos instrumentos, contemplándolos por horas.

Repare en Li. Su recta nariz se erguía en dirección a la pared, y pude ver deseo en sus ojos. De repente el tenía tres años y yo una paleta en la mano.

-¿Quieres tocar algo?- pregunte sonriendo. Sabía la respuesta.

Sus ojos indagaron en los míos, buscando algún atisbo de broma en aquella pregunta. No lo hallo, por supuesto. -¿En serio? ¡Claro!- exclamo en un tono suave.

Hace tiempo que quería tocar en grupo. Así que un dúo no me vendria nada mal.

Se acomodo la acústica, mientras que yo me quede con la eléctrica.

-¿Te sabes Paperback Writer?- cuestiono.

Sonreí y comencé a tocar el riff, a modo de respuesta.


Ok. Segundo capitulo del dia. Y que conste que lo hago nomas en honor a Shaoran, como extra-regalo de cumpleaños.

Chica Bionica.