Me mire al espejo y enfrente la gran Odisea de mi vida: peinar mi cabello.

El Ciclope, Poseidón y Circe no eran nada en comparación con esto. Ulises tuvo suerte.

Salí del baño habiendo ganado otro intento fallido de hacer cooperar a la masa de cabello chocolate que tenía por pelo. Merecía algún record Guiness, o algo por el estilo, como recompensa por lo menos.

Estoy desvariando.

Ya en el comedor me encontré con la misma escena de cada mañana: Mi padre con el periódico leyendo algún artículo de economía, supongo, mi madre hecha una bola de nervios al haberse retrasado, nuevamente, con los almuerzos para mis hermanas y para mi, y las anteriormente nombradas peinando sus cabellos, intercambiando pulseritas, y esas cosas bobas de chicas.

-Shaoran, cariño, siéntate a desayunar.- dijo la nada suave voz de mi madre, mientras con una mano revolvía el contenido de una olla y con la otra cortaba lo que parecían zanahorias.

-Nah. -espete mientras tomaba una tostada y me la metía rápidamente en la boca. -Que llego tarde.

Mi madre frunció el ceño. -Hijo, tienes que desayunar algo más que una tostada. ¡Estás en pleno desarrollo, no quiero que a mi pequeño le falten nutrientes!- su voz melodramática empezaba a molestarme. Todavía estaba medio dormido y cualquier estimulo fomentaba mi mal humor.

-En el camino como algo más, mamá, y no soy tu pequeño.

Sus ojos destilaban furia y frustración. Golpeo el piso con un pie.

-¡Hien, dile algo a tu hijo!

El aludido ni siquiera aparto la mirada de sus asuntos, y tras beber un largo sorbo de café, dijo:

-Shaoran, hazle caso a tu madre.

La sonrisa victoriosa de mi madre indicaba satisfacción pura. Puso un tazón de cereales con leche en la mesa, el cual engullí sin mucho cuidado. Al menos tenía el derecho de demostrar mi disconformidad con la dictadura que había en esta casa, ¿no?

-Shaoran, come más despacio.

Al parecer no.


Al fin en la escuela. Debo decir, sin temor a ser tildado de antisocial o nerd, entre otros apodos, que me gusta bastante el colegio. Me gusta estudiar. Sobre todo matemáticas.

También tengo que reconocer que mi estancia en el colegio es de lo más divertida. Y más si tengo una compañera como ella.

Kinomoto.

Cada día es diferente con ella. Suele ser despistada, algo tonta, y muy mala en las matemáticas. Y torpe, como no decir que la chica es muy torpe.

Vivimos peleando, pero yo por dentro muero de risa con cada uno de sus comentarios. Aunque mantengo la cara de "no me importa nada". Mi madre dice que tendría que ser actor.

Clase de literatura, estábamos viendo los mitos griegos. Este es un tema que me atrapa especialmente. Pero al parecer no a mi compañera, que refunfuñaba cosas sin sentido mientras sus ojos parecían querer cerrársele.

La verdad no notaba en ella entusiasmo en ninguna de las materias, salvo atletismo. Que se le da muy bien.

Pronto su cabeza dio contra el banco en un ruido sordo, revelando que estaba dormida.

¿Es que la chica se la pasaba despierta toda la noche para tener tanto sueño? No lo comprendía. Todas las clases ocurría lo mismo.

Pique su hombro.

Nada.

Luego su cabeza, obteniendo el mismo resultado. Seguí con su mejilla, y lo que profirió esta vez fue un ronquido. De imprevisto solté una carcajada.

-Señor Li, ¿ocurre algo?- pregunto la profesora de Literatura, de la cual todavía no me aprendía el nombre.

-No, todo en orden por aquí.

-Y a su compañera, ¿Qué le pasa? No la veo muy atenta que digamos.

Me quede callado, sin saber realmente que decir para encubrir a Kinomoto.

Tampoco es que hubiera mucho por hacer, la profesora ya se encaminaba a nuestro asiento.

-Kinomoto, ¿le parece que este es el lugar correcto para estar durmiendo?

Los pelos castaños de mi compañera se revolvieron de golpe en el momento en el que levanto la mirada, sorprendida y desorientada, producto de la siesta que se había tomado.

-L-lo siento profesora, no ocurrirá de nuevo.- tartamudeo ella. A mi toda la situación me parecía simplemente comiquísima.

Es decir, ¿Qué puede ser más gracioso que ver sus mejillas coloradas y los mechones de pelo entrando en lugares poco comunes, como su boca, o sus ojos? Tenía pelo en toda la cara, mermando la vista de sus pecas. Sus ojos estaban abiertos de par en par, revelando temor.

No pude evitarlo y sonreí como idiota. Sería un día demasiado raro si ella no montaba una escena en el aula.

La profesora se fue a seguir dictando clase, al parecer por su expresión, poco satisfecha con la respuesta de mi compañera.

Ella simplemente se echo para atrás, suspirando con alivio.

-Uff, por un momento pensé que se me armaba.- dijo como para ella misma.

La mire con una sonrisa socarrona. -La misma escena de todos los días. ¿Qué pasa, Kinomoto, es que no duermes por las noches? ¿No te quedaras viendo algún videíto subido de tono…?

Ella comenzó a pegarme en el brazo con ambos puños cerrados. -¡No empieces, Li, siempre estas molestándome!- gritaba. Parecía a punto de llorar.

Estaba a un tris de reírme a carcajadas. Pero no podía, no delante de ella. O la máscara se rompería.

-Bueno, eso es porque…-

Se escucho el ruido de un borrador chocando contra la pizarra.

-Kinomoto, Li, afuera.

Yo sonreí, asentí con la cabeza y me levante de mi asiento. Mire divertido como mi compañera se quedaba estática en su lugar, terror se veía en sus ojos.

-P-profesora, l-lo lamento, lo que paso es que… -

-No señorita Kinomoto -interrumpió-, estoy cansada de sus numeritos todos los días, retírese por favor.- dijo sin ningún atisbo de su usual tono amigable que usaba para decirnos "si estudian un poquito cada día, no es tanto…"

Una vez afuera del curso, ambos estábamos apoyados en la pared.

Lo usual era el silencio entre nosotros, salvo cuando peleábamos.

-Oye, Kinomoto, todavía no respondiste mi pregunta.

Ella suspiro cansinamente. -Dime, Li.

-¿Te quedas viendo videos de adultos por las noches?

Su mirada de fuego me penetro, y quise reír.

-¡Te odio, Li!


A la salida del colegio, estaba contándole a Hiragisawa, Eriol, lo sucedido en el salón de clase. Aunque difícilmente le podía contar más de lo que el sabia, dado a que él había estado en el salón mientras eso ocurrió.

-¿Y escuchaste como me grito después? ¡La chica está loca!- exclame a carcajadas.

-Y yo solo quería saber que anda haciendo por las noches que después le agarra tanto sueño. Es que es raro que siempre se quede dormida en todas las clases.

-Quizás tenga novio y hagan sus cochinadas- apunto Eriol. Su sonrisa se volvió burlona sin razón aparente.

Fruncí el ceño. -No creo, Kinomoto no es de esas.

Eriol, que venía caminando al lado mío, se movió quedando frente a mí. -¿Y cómo es que la conoces tanto, Shaoran? Parece ser que conoces mejor a la tipa que el resto de los mortales. ¿Te has dado cuenta que te la pasas hablando de ella? Kinomoto esto, Kinomoto aquello. Tu vida se resume en Kinomoto.

-No hables mierdas, si apenas la soporto. Vivimos peleando como perro y gato.

Su rostro enmarco una sonrisa astuta, al tiempo en que se daba vuelta y se ponía a caminar.

-Despierta, Shaoran. Te gusta la tipeja.

Me reí de su comentario.

-¡Ja! Que manía la tuya de hacer chistes, Eriol. Nos vemos mañana.

Y emprendí el camino hacia mi casa, observando el paisaje.

Observando las hojas caer, el vuelo de las aves.

Observando a mis compañeros correr, apresurándose.

Observando, a lo lejos, a una chica sentada en la parada del autobús, acariciando un perro callejero. Con la mano libre corría los cabellos que inundaban su alegre rostro invadido por claras pecas. Y sonreía, porque era su mayor felicidad estar acariciando a ese pobre perro que probablemente tuviera pulgas, o sarna, o la rabia, pero a ella no le importaba.

Porque era feliz, haciendo feliz a esa criatura.

Y la reconocí como Kinomoto.

Y en ese preciso instante quise patear el culo de Eriol porque el cabron siempre tenía razón en cada mierda que decía.


Había pasado un mes, desde que hice mi descubrimiento. Las cosas no habían cambiado mucho: seguía peleando con Kinomoto, nos seguían sacando a fuera, seguía contándole todo con lujo de detalles a Eriol.

También le conté que me gustaba. Al día siguiente de que lo descubriera.

-¿Y no te habías dado cuenta antes? Valla, pensé que eras más inteligente Shaoran.

Trate de tomar lo último como un comentario banal más que como una desestimación de mis capacidades mentales.

Lo único que había cambiado desde ese fatídico día era mi forma de verla. Digamos, seguía siendo la torpe Kinomoto, pero era la torpe Kinomoto que me gustaba.

También había cambiado mi poesía. Pase de escribir canciones relacionadas con mi forma de ver las cosas a hacer temas bastante empalagosos, parecidos a aquellos de los cuales yo solía mofarme.

Gajes del oficio, supongo. Todo músico debe reinventarse.

La única cosa que había cambiado causando desagrado en mi persona fue Eriol. Se le dio por enamorarse.

Y no me digan que era lo mismo. Porque a mi me gustaba Kinomoto, pero Eriol se había enamorado.

De una chica -duh. La mejor amiga de Kinomoto.

-La cosa es que voy de a poco. Ayer le dije que me gustaba.- le oí decir una vez.

Eriol debe ser bipolar, o lento de entendimiento, pero no me puede decir que va "de a poco" y luego haberle dicho que le gustaba.

-Y tu Shaoran, ¿Cómo vas con tu asunto?

-Qué asunto.- me iba a hacer el desentendido.

-Tu asunto "K"- dijo con una sonrisita burlona. Agrego comillas graficas con los dedos.

Eriol tiene la habilidad de romperme bastante las canicas.

-Que va, ni que me fuera a casar con ella. No pienso hacer nada con "mi asunto".

Negó con la cabeza.

-Shaoran, mi dulce Shaoran. Debes apresurarte si no quieres que la damisela entre en el radar de algún caballero de armadura brillante, porque ahí la pierdes hermano.

Íbamos caminando por un pasillo largo, camino a clase.

-De que caballero me estas…- pero las palabras quedaron en mi boca al ver a la persona que era tema central en nuestra mas reciente conversación caminando rumbo al primer piso. Parecía que estaba a punto de bajar las escaleras.

Trataba de concentrarse en pisar un escalón a la vez, pero en su intento no reparo en que los libros que cargaba eran demasiado pesados y que pronto harían contrapeso provocando que inevitablemente perdiera el equilibro.

Su cuerpo caía, y yo estaba a punto de correr.

Por un momento me imagine en esas películas donde el chico conoce a la chica cuando ella tropieza en las escaleras, y viven una mágica historia de amor, ya saben. Lo típico.

Pero entonces vi como el cuerpo de mi compañero de curso, Hoshi, había salido de la nada materializándose a su lado y tomando su cintura en el proceso. Los libros fueron a parar al piso, pero Kinomoto estaba bien sujeta del tipo ese.

Maldita, pensé.

Y sabía que mi rencor era muy injusto, pero no podía evitarlo. La forma en la que se quedo mirándolo a los ojos fijamente me hizo odiarlos a los dos.

Las pecosas mejillas de ella se habían puesto carmín.

Estaba aproximadamente cinco metros, escondido con Eriol detrás de unos casilleros.

El la ayudo a levantar los libros, y luego se despidió con un simple "cuídate la próxima" y un guiño.

-¿Sigues pensando en no hacer nada?- me dijo Eriol sonriendo burlonamente por 354644565453654 vez en lo que iba de su vida.


Cada vez se hacía más cercano el día del amigo, y nuestro colegio ponía cierto énfasis en especial en esa fecha, por el tema de la amistad, solidaridad, etc etc etc.

La delegada de la clase, Chiharu -una chica morena y de trenzas-, estaba hablando sobre alguna cosa del amigo invisible o algo así.

-Jugaremos al amigo invisible- había dicho ella.–Ya pregunte a los directivos y estuvieron de acuerdo. Pero vamos a hacerlo un poco diferente a como acostumbrábamos. Será por parejas, y ninguna de las dos partes sabrá quien es el otro. ¡Eso lo hará más misterioso y divertido! En ciertos lugares del colegio –como la entrada del baño, o junto a un banco en el patio- hay una caja en donde serán colocadas las cartas. Ahora, en esta bolsa de aquí –señalo la ya anteriormente nombrada, que reposaba en sus manos- tengo dos papeles de cada lugar en los que coloque las cajas. Por ejemplo: yo saco "al lado del quiosco" y si Yamazaki –indico con el dedo índice a su amigo- saca también el otro papel con la misma inscripción, seremos amigos invisibles. Pero ninguno de los dos sabrá quién es el otro, obviamente.

Preste la mínima atención como para saber que se iba a tratar de algo que no me interesaba.

Hubiera preferido tener literatura, señores, a esta cosa rara de chicas ultraemocionadas que un poco mas y nos piden que nos pongamos a bailar la macarena o algo así.

Gruñí. A continuación, y dado a que vivo felizmente en una democracia, manifesté mi desacuerdo con el tema declarando un simple "que aburrido", que no paso desapercibido para mi compañera de banco.

Al cabo de dos o tres comentarios comenzamos a discutir. Que manía la de la tipa de encontrarme el defecto.

Pero no sé en qué momento el tema de conversación -o pelea- paso a tratar sobre mi cara, y al segundo siguiente tenía su mano sobre las arruguitas que se encontraban en mi frente al fruncir el ceño.

De más esta decir que me puse más rojo que un tomate, y no la aparte de un manotazo porque ella era una dama y yo un caballero. Pero casi.

Como pude, me aleje y baje la vista. El resto fue un intercambio de palabras en ese momento incomodo, que no vale la pena recordar, no señor.

Dirigí mi vista al frente hasta que sentí que casi me estampaban un papel en la cara.

Preste atención y vi que era Chiharu.

Ah, la mierda del amigo invisible y todo eso.

De mala gana agarre el papel, y cuando lo hice, la chica me miro de una manera muy extraña, como cómplice, y dijo algo de que "se lo iba a agradecer" o cosas por el estilo.

¿Por qué agradecerle un papel aparentemente sin sentido? Tengo bastantes en la carpeta.

Ah, asunto complicado, el de las mujeres. Seres extraños que parecen tener en la psiquis un agujero negro. Misterioso.

Como no estaba entre mis intenciones descifrar lo que el singular ejemplar del género femenino tenía para decirme, me concentre en captar lo que decía el papel. Simplemente una palabra.

Me quede atónito al escuchar que mi compañera decía el mismo sustantivo que me había tocado a mí.

Aja, con que a esto se refería la chica.

Lo medite unos momentos.

Si, se puede decir que es astuta.

Todo daba a entender que Chiharu sabía que a mí me gustaba mi compañera de banco. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo se entero la susodicha?

Mi cabeza giro como 90° hacia la izquierda, y concentre mi vista en una persona en especial. Una persona de pelo negro-azulado.

Ah, el cabron me las va a pagar.


Y me vengue. Debo decir que me sentí bastante bien al mandar un mensaje con el contenido de "Te amo, Kaho" a Tomoyo desde el celular de Eriol, en un descuido de este.

El hijo de puta iba a tener que dar un par de explicaciones después.

Antes de irme a dormir, esa misma noche, revise mi teléfono por si tenía algún mensaje, y sonreí al reconocer el nick de Eriol en la bandeja de entrada.

"Ahora sí que te la aguantas, puto, de esta no te salvas" decía el mensaje. Me carcajee un rato.

Es decir, ¿qué tan mala podía ser la venganza de Eriol?

Al día siguiente descubrí que esta podía ser no solo mala, sino que aterradora. Les vengo a relatar, tratando de ser lo más fiel posible, en que se baso dicha venganza.

La cosa fue más o menos así:

Fui al colegio al otro día, sin haber hecho ninguna carta para esa cosa del amigo invisible, la verdad es que me había acostado tarde después de jugar videojuegos y lo primero que pensé después de eso fue en dormir. Así que ya ven.

Eriol me golpeo bastante, aunque la pelea fue más bien en broma que de verdad. Siempre había sido así.

Termino el acostado en el piso suplicando piedad y yo sentado sobre su cabeza.

-Aunque ganaste solo esta batalla, Shaoran, no la guerra. Todavía falta que lance mi ataque mortal.- aseguro.

Y yo no le creí.

Inocente criatura…

El curso era una revolución, cosas del amigo invisible, y todo eso. Deje mis cosas y me fui a dar una vuelta con Eriol al patio.

-Shaoran, ¿me muestras esa canción que compusiste hace tiempo, la que te dije que me gusta? No me acuerdo como era.

Fue un comentario inocente, Eriol con su cara inocente, así que no tuve porque sospechar. Hasta que volvimos al curso y revolví entre mis cosas, y note que mi carpeta de acordes y canciones no estaba.

Mire su sonrisa triunfante y quise reírme yo también. ¿Eso era toda la venganza? ¿Esconderme el cuaderno?

-Valla, Eriol, debo decir que esperaba más de ti y tus destrezas vengativas que simplemente tomar mi cuaderno. Estoy decepcionado, hermano.

-Oh, créeme que no fue solo eso. Ha sido mucho peor.

El seguía con esa gigante sonrisa ganadora, y por primera vez en el día, comencé a temer. La cosa pintaba mal, gente.

Mi mueca divertida cambio drásticamente a una más severa.

-Eriol, ¿Qué hiciste?

Sin disminuir ni un milímetro su mueca, fue sacando del bolsillo un pequeño sobre verde.

Y entonces comprendí.

Casi a punto de quitarle la carta, Eriol echo a correr. Y corría como un desgraciado, el buen hijo de su madre.

Adivine su destino: la biblioteca. Tuve la estúpida idea de contarle ayer, como siempre, todo lo ocurrido con Kinomoto. Y el imbécil había sacado provecho.

Este es hijo de los zorros, por astuto.

En un momento lo había perdido de vista, así que simplemente corrí hacia la biblioteca, y entre.

No había nadie más que la bibliotecaria, así que con un sentimiento de alivio y victoria me encamine a la caja que fácilmente pude interpretar como la intermediaria en el juego del amigo invisible.

Cuando iba a abrirla para sacar la maldita carta, sentí que la bibliotecaria se paraba y me miraba con reproche.

-Señor Li, tengo el recado del señor Hiragisawa de que usted no puede tocar esa caja. Lo siento.

La mire incrédula. ¡Era mi carta!

-Pero esa carta es…-

-Esa carta la dejo el señor Hiragisawa y me dijo estrictamente que no dejara que usted la saque. Así que si no tiene nada más que hacer aquí, le pido que se retire.

Así que ustedes recordaran ese día, como el día en el que decidí matar a Eriol Hiragisawa.


¡Volví, con el esperado pov Shaoran! Se habrán dado cuenta que hay una importante retrospección, como de un mes y medio, más o menos.

Ustedes se peguntaran, ¿a qué se debe que la autora no publique tan seguido? Bueno, tratándose de ustedes y porque creo que están en su derecho, les voy a contar el por qué: estoy embarazada. Mi marido y yo tomamos la noticia muy a gusto, ¡Es que estábamos esperando un bebe hace bastante! Ambos esperamos que sea un niño, bueno, saludable, y encantador como su padre. Shaoran tiene en vista unos nombres bastante raros para ponerle, pero a mí me gusta Teo. Esas discusiones siempre terminan en la cama, y no del modo inocente…

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JAJAJJAJAJAJA, me hubiera gustado verles la cara, aunque creo que la mayoría ninguna se la creyó. Son las dos de la mañana y me agarra la hora de la pelotudes, así que ustedes ven las consecuencias (?

Así que aquí lo tienen. El tan ansiado pov Shaoran. ¿a que ninguna de ustedes se imaginaba que la historia podía tener esa vuelta tan rara? Es que me parecía muy meloso poner que la carta la había hecho el, aunque en un principio esa era la idea, mas no tenía pensado poner un pov Shaoran. Pero me parece que queda más interesante así.

PD: Hubo un pequeño cambio en el cap 1, mas bien agrege una frase, cuando Saku va a la biblioteca a poner su carta, en el camino se encuentra a Eriol. Creo que asi encajaban un poco mas las cosas.

Pero que, las que juzgan son ustedes, bellas. ¡Espero rewiews, oh si!

Las adora con todo su corazón,

Chica Biónica.