.:Instinto:.

The fabric of your flesh, pure as a wedding dress until I wrap myself inside your arms, I cannot rest!

En ocasiones la noche se convierte en nuestro mejor ungüento para las heridas que nos agobiaron a lo largo del día, en esos pésimos días lo único que anhelamos es el abrazo de la noche y junto con él nos lleve muy lejos de nuestra realidad. Después de aquel desastroso primer día de entrenamiento, Cato necesitaba desesperadamente que la noche matara cualquier deseo impuro de su cuerpo, no podía exponerse a verse como una bestia fácil de cazar a la primera provocación.

Para unos la noche se robaba los pensamientos mortíferos del día, para otros era el mejor momento para que la recapacitación de éstos, como era el caso de la morena del distrito dos; seguía dándole vueltas al asunto de su compañero, cuál fue el detonante para que Cato olvidara lo aprendido en sus años de entrenamiento. Jamás lo había visto así, también debía reconocer que el comportamiento del rubio en los últimos días había dado un giro de 180 grados; todo cambio el día de la cosecha, el día que llegaron al capitolio, el día que se aliaron con el distrito uno. La ojigris se maldecía por haber traído esos pésimos recuerdos: en los que podía ver la insinuación de la ojiverde a su compañero y de la extraña actitud del castaño, esa noche se convirtió en un martirio para Clove.

Tomo con fuerza una espada, esta ocasión el invisible y poco resistente aire no fue oponente para la bestia rubia, necesitaba algo más concreto. Tomo sólo unos segundos en descuartizar cada maniquí de prueba, nada podía detenerlo. La noche no fue suficiente remedio para un colérico Cato, tal vez pudo apaciguar sus deseos desenfrenados de sangre, pero no para su hiriente deseo de romperle la cara a el castaño, obviamente por cuestiones de estrategia no lo haría, aún no estaban en la arena; aún no conseguían las armas ni los víveres de la cornucopia. En su última estocada dejo toda su fuerza sobre la espada que atravesó al único maniquí en pie. Cuando miro hacia sus aliados se percato que sus tres compañeros estaban practicando sus tiros a distancia: Glimmer se encontraba practicando con el arco; Marvel a unos pasos de ella, arrojaba su lanza como cual dardo se tratase; Clove, después de varios días alejada de sus amados cuchillos tuvo la oportunidad de pasar aquel día con ellos. El ojiazul notó algo en la manera en que la morena lanzaba cada uno de sus afiladas armas.

– ¿Quién fue tan estúpido para hacerte enojar así?- pregunto una voz masculina a una muy concentrada Clove, la chica tuvo que abstenerse de soltar el mango de la navaja para girarse y quedar cara a cara con su interlocutor, pero se abstuvo de responder.

–Tan malo fue lo que te hizo- agrego con una sonrisa, la cual mostraba saber quién provoco aquel malestar en la morena.

La noche no fue nada buena para la morena, sólo deseaba llegar cuanto antes al centro de entrenamiento para por fin reunirse con sus amados cuchillos. Esa mañana se levanto y alisto un poco más temprano de lo que marcaba el plan de entrenamiento, desayunaría y se adelantaría a su rubio compañero. Gran sorpresa se llevo al ver a Cato desayunando, sólo un corto intercambio de miradas a manera de saludo fue suficiente para incrementar la tensión en la habitación. Clove tomo asiento dejando una silla de por medio entre ambos, la chica de las pecas espero a que los Avox sirvieran su plato. Con cada cucharada que ingería sentía una gran necesidad de escuchar la voz del espadachín, era bien sabido que aquello sería imposible; ya que Cato terminó sus alimentos pocos minutos después de que Clove comenzara. La presión que sentía aumento al saber que su compañero no se movió de la mesa una vez terminados sus alimentos.

Cuando el último trozo de pan y la última gota de café pasó por la garganta de la morena, Cato habló. –Es hora de irnos- Clove sin oposición alguna siguió al rubio. Cada paso que daban era tan silencioso como el bosque que se vislumbraba del otro lado de la valla que rodeaba al dos. Todo indicaba que aquel sería un tranquilo día de entrenamiento. Pero la calma y tranquilidad no suelen ser características propias de los Juegos del Hambre y la encargada de alterar el pequeño momento de calma sería una rubia ojiverde.

Glimmer alcanzo a la pareja del dos cuando éstos pasaron cerca de su piso, sin perder un solo segundo se les acerco, debía acelerar su plan, el tiempo comenzaba a convertirse en un obstáculo para sus propósitos.

–Hola chicos- comento desinteresadamente, al no ver respuesta de ninguno de los susodichos, decidió crearse un espacio en aquel selecto grupo. –Me has tenido muy descuidada Cato- dijo en un claro de tono de provocación, tanto para el espadachín como para su morena acompañante. Aquellas fueron las últimas palabras mencionadas durante el trayecto.

De nueva cuenta unas simples palabras desequilibraban el mundo de Clove, esa mañana no hubo respuesta absoluta por parte de Cato, entonces ¿por qué estaba tan molesta? Tal vez la falta de una acción de odio y repulsión hacia las actitudes de la rubia por parte de su compañero le hervían los nervios, cómo era posible que ante aquella hermosa mujer su compañero no se inmutara, cuando días antes podía ver un deseo en sus celestes ojos. Y para terminar de arruinar su último día de entrenamiento, tenía que llegar el odioso castaño, con sus estúpidas preguntas que mermaban la reciente herida.

–Al buen entendedor pocas palabras, te propongo que continuemos con el entrenamiento, nada mejor que estar con nuestros mejores amigos- la ojigris lo miro incrédula, ¿quién se creyó para nombrarse su amigo? Él intuyo los pensamientos de la chica y rápidamente alzo su lanza para que la pudiera ver. Rápidamente la profesional lo entendió, así que simplemente giro y continuo lanzando sus fieles navajas a las dianas, el ojiverde la imito.

El entrenamiento término al atardecer, los tributos se retiraron a sus respectivos pisos. La cena para los miembros del dos fue tranquila, si contratiempos. Al día siguiente sería su última oportunidad de enamorar a los patrocinadores, sería el día de las entrevistas. Clove no tenía idea de que sucedería el día de mañana; pasaría horas con sus estilistas, con sus asesores y con sus mentores. ¿Cómo debía actuar?, ¿ruda?, ¿linda?, ¿o sólo debía dejarlo fluir? Y lo más importante, ¿qué estaría preparando Cato?, ¿cómo se estarían preparando sus contrincantes?

La mañana siguiente fue brutal y agotadora, ni corriendo diez kilómetros, ni haciendo cien lanzamientos podría superar lo laborioso de la preparación para las entrevistas; el peinado, el maquillaje, el vestuario, las posibles preguntas y las posibles respuestas. Esa noche llevaría un vestido casual, hasta donde sabía sería de un color naranja; la sola idea de imaginarse como un habitante más del capitolio le hacía odiar aquella vestimenta aún sin verla. Su cabello estaba siendo recogido en una especie de coleta alta, que era coronada con un chongo -según los estilistas para aparentar mayor altura- y rizando el cabello que quedara suelto. Por la parte del maquillaje fue bastante discreto, -sus estilistas jamás tendían a abusar de este factor, creían que el verse naturales les ayudaría a crear un ambiente de confianza, creían que de esta forma los patrocinadores y los televidentes, sentirían que los tributos se dejaban expuestos- así que solamente agregaron un poco de polvo a manera de base, para reducir el número de pecas de la ojigris y usaron un labial carmín que hacía un exquisito juego con sus ojos.

Una vez terminado el proceso de embellecimiento, Clove pudo descansar un par de minutos mientras su equipo terminaba de alistar su nueva piel, miles de imágenes de ella usando la horrible creación que le tenían preparada. Sorpresa se llevo cuando la bolsa de tela que cubría la naranja vestimenta cayó. En su distrito no suelen existir cosas que se consideren bellas, los habitantes del dos eran personas prácticas; tal vez por esa razón aquel simple trozo de tela era lo más hermoso que jamás haya tenido.

El tono de naranja era más suave de lo que imagino, le recordaba al otoño; su estación favorita. El otoño le recordaba lo efímera que era la vida, en cada ciclo nace una hoja dentro un gran árbol, la cual debe compartir el árbol con cientos de miles de hojas más, nadie podría diferenciar entre una y otra, así que sin más mueres cuando el otoño llega. Clove no quería ser una hoja más, quería convertirse en un fruto de aquel árbol, era consciente de que la muerte es inminente, los juegos del hambre eran la oportunidad de ser diferente, para ser el fruto más deseado por todos, aunque también cabe la posibilidad de caer sin ser lo suficientemente maduro para ser degustado por el público, era un riesgo que la morena estaba más que dispuesta a tomar, no sería una hoja más.

Era un vestido sin mangas, encintado por la cintura lo cuan hacía resaltar el encaje en el pecho, -lo cual indudablemente la haría verse mayor y con mejores atributos de los que poseía- tenía algo de volumen lo que lo hacía ver bastante corto, definitivamente esa noche luciría mejor que el día del desfile. Pensó que la brillante tela se amoldaría a la perfección de su cuerpo, grave error; debido a su corta estatura el largo quedo por debajo de la rodilla, pero aún con esos detalles lucía hermosa o al menos eso creía ella. Pero esas dudas se disiparon con los halagos por parte de todo su equipo de preparación e inclusive sus insensibles mentores hicieron notar que la morena estaba radiante. Pero aún con todo y las reverencias recibidas seguía sin poder creerlo.

La preparación del rubio duro menos que la de su compañera. La primera vez que se encontró con sus estilistas tardaron horas prepararlo, agregando extrañas cremas en su cuerpo y rostro, cortando su cabello, aseándolo, etc. Esa noche sólo se ocuparon de su peinado y un poco de maquillaje para evitar el brillo; inmediatamente después le llevaron su traje. Era un conjunto de etiqueta, pantalón negro, camisa del mismo color y un saco gris. Aunque su preparación sólo había tomado una hora, tenía que esperar a que el ritual de embellecimiento de Clove terminara, para poder marcharse hacia el foro de Caesar Flickerman.

–Bien, estamos listos- fueron las primeras palabras que escucho Cato después de horas de inactividad, sin agregar nada se levanto de su asiento y miro a su compañera, la recorrió de pies a cabeza, una vez terminado su minucioso análisis se giro con dirección a la salida. Cada paso que daba le hacía reafirmar lo que murmuraban los equipos a sus espaldas, Clove estaba espectacular.

Todo se mezclaba en una perfecta combinación letal, que haría caer a los hambrientos patrocinadores y algunos otros más, desde el vestido que realzaba sus tributos como mujer hasta su maquillaje que hacía resaltar su rostro, tal era el efecto que era imposible decidirse entre mirar sus labios rojos como cerezas o su letal mirada, con ese carmín que te invitaba a no despegarte de sus orbes. Clove no era la chica más linda que Cato hubiera visto, entonces ¿por qué se moría por volver a mirarla?

Después de un largo trayecto, por fin llegaron al estudio de Caesar, los organizadores les habían hecho sentarse por distritos; primero irían las mujeres seguidas de sus compañeros. Para alargar la agonía, desesperación, aburrimiento o nerviosismo de los tributos estaban en la primera fila, podían sentir la respiración de las personas que se encontraban en el escenario. La seguridad que Clove tenía horas antes se había esfumado al ver a sus 'compañeras', todas estaban radiantes en especial la rubia del uno. No sólo era la belleza lo que robaba las miradas de los hombres ahí presentes. Cuando subió al escenario demostró que no temía a nada, ni a nadie; sonreía, saludaba, bromeaba, era encantadora. Todo lo contrario a su compañero, su gesto serio y pensativo volvió a su rostro, alejando su burlona sonrisa, podía ver la tensión en su espalda y hombros, no era necesario ver su rostro, para sentir su preocupación.

Cuando el turno de Marvel llegó, la morena rápidamente aparto la mirada de enfrente, no quiso arriesgarse a que el castaño hiciera de las suyas. Una vez alejado el peligro ojiverde, la chica de vestido naranja se enfoco en lo que sucedía en la pantalla, no podía creer la transformación que sufrió. Frente al público y las cámaras volvía la estúpida sonrisa y seguridad que lo caracterizaban en los entrenamientos. Desgraciadamente ella no era una experta en enmascarar sus emociones. El tiempo de Marvel estaba terminando, pronto sería su momento de estar frente a todo Panem, era el momento de crear una estrategia para enfrentar a los miembros del Capitolio, ¿su plan? No llamarlos imbéciles.

–No hay forma en que no te amen- después de días sin prestarse ningún tipo de atención, esas ocho palabras fueron el bálsamo que curo las dudas que se plantearon en la piel de la ojigris, no pudo responder de ninguna forma a lo dicho por el espadachín, el asistente la estaba llevando al escenario. Cuando su nombre salió de los labios de Caesar simplemente se dejo llevar por sus instintos, porque sabía que todo estaría mejor, sabía que no estaba sola.

Definitivamente era un estúpido, como se le ocurrió decir esas tonterías, agradeció a todos los cielos que su compañera no respondiera a sus incoherencias, tal vez explotaría frente a toda la audiencia o le mandaría indirectas en respuesta a su atrevimiento anterior, pero lo único que pudo ver en ella era una seguridad brutal, la cual se reflejaba en sus movimientos, sus miradas y en su sonrisa. Sus respuestas eran como los movimientos de un lince: discretas, sagaces, certeras; era perfecta. El ojiazul sin duda la patrocinaría, pero no tenía tanto poder, así que con la mirada fija en la pequeña figura de la chica, comprendió que la única persona a la que confiaría su existencia estaba ahí, sonriendo a las cámaras, no sabía cómo lo haría pero mantendría a Clove junto a él hasta donde las circunstancias lo permitieran, hasta que su instinto de supervivencia lo dejara.

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Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

Haré esto corto:

Mi computadora se descompuso x.x estuvo así por casi dos semanas, entonces en ese tiempo de espera me puse a escribir este y el siguiente capítulo en un cuaderno, entonces una vez que tuve mi computadora de regreso, tuve que pasar todo lo hecho en papel a maquina, además de que cuando esto ocurre siempre vienen las correcciones y el agregarle más cosas (me emociono de más xD) También intentando corregir los errores ortográficos y de redacción, espero haberlo hecho S:

Pero la noticia buena es que el otro capítulo ya está escrito, sólo lo estoy transcribiendo. Aprovechando que en Fanfiction puedes ponerle una portada a tu fic decidí hacer dos (para este fic) la que se puede observar y otra alternativa, si quieren ver ambas las pueden encontrar en mi fb (el link está en mi perfil) y espero me den su opinión y saber cual gusta más.

Por el momento es todo y muchas gracias por los comentarios, se aprecian mucho!