Entre el bullicio en el que se había convertido mi casa pude escuchar el sonido del timbre. Evadiendo ágilmente a varios jóvenes con un par de copitas de más, me acerque a la puerta de mi casa para recibir al que supuse, sería un invitado más. Pero me altere al ver a dos efectivos de la policía parados correctamente en el porche.
-Señorita, me temo que deberemos arrestarla.- dijo uno de ellos.
No vale la pena aclarar que se me helo hasta la punta de los pies con la sola mención de que podían llevarme a la comisaria.
-¿P-porque?- tartamudeé, tratando de modular el tono de mi voz para que no dejara ver el calibre de mi pánico.
El oficial me brindo una sonrisa traviesa. -¡Por ser demasiado sexy!
Y de un tirón se saco sus pantalones.
Los dos "oficiales" entraron a mi casa antes de que pudiera preguntarles el motivo de su descabellada reacción. Supongo que por el shock.
De repente sentí que una mano tiraba de mi cuerpo, el que yacía inerte en la puerta todavía abierta.
Me encontré con la mirada divertida de unos ojos chocolates. Seguida por la fuerza que ejercía su cuerpo, ambos nos sentamos en las escaleritas de la entrada de mi casa, con la música alocada de fondo.
Mire a las estrellas y me pregunte como me había permitido llegar a esta situación.
-Estoy demasiado confundida.- dije en un arrebato de sinceridad. Lo mire sorprendida cuando escuche su profunda carcajada.
-¡Y que lo digas! ¿Quién diría que Tomoyo llegaría a contratar un par de strippers?! Esa mujer está loca, y no miento Sakura.- dijo con una sonrisa torcida que me robo el aliento por unos segundos.
-Shaoran, ¿Me recuerdas porque permití que hicieran una fiesta en mi casa, un martes por la noche, y porque se me paso por la cabeza dejarle los preparativos a Tomoyo, teniendo en cuenta lo que eso significaba?- creo que fue la pregunta más larga que formule en mi vida.
El volvió a reírse, cosa que provoco que se me estrujara el estomago. Comenzaba a amar ese sonido.
-Creo que era otra de sus estrategias para ganar el concurso. La chica no va a permitir ser derrotada, y para eso invito a casi todo el colegio a tu casa. Realmente no entiendo como Eriol puede acercarse a ella sin sentir pánico.
Torcí el gesto ignorando su último comentario, y alarmándome por el primero.
-¿Ósea que esos mocosos están haciendo destrozos en mi casa?- el asintió. -Realmente me alegro de que Touya y mi papa no estén por toda la semana, no se qué sucedería si vieran la casa en este momento.
-¿Y tu madre?- pregunto él. La mención de la mujer que me dio la vida logro compungirme por unos instantes.
-Ella murió cuando me dio a luz. Estaba muy enferma y su cuerpo no soporto el parto.- conteste con algo de pesar.
Note como él se tensaba a mi lado. -Lo siento mucho, Sakura.- en un gesto que me sorprendió y enterneció con una intensidad insospechada, el tomo fuertemente mi mano y entrelazo sus dedos con los míos. Sentí que el corazón se me derretía.
Apreté nuestro agarre, y mi mano libre voló hacia su mejilla.
-No te preocupes, en serio. Adoro a mi madre aunque no la haya conocido, y confió en que ella me cuida desde arriba.
Sus ojos me miraron con tanta pasión y profundidad, que por un momento pensé que quería traspasar a mi alma solo con esa mirada. Se fue acercando lentamente, su mano repto hasta mi cintura. Sabía lo que se acercaba, y por un momento me permití pensarlo. Estaba en mis cinco sentidos, y el no me había visto tomar alcohol en ningún momento, así que no habría excusas si después por alguna razón el pedía explicaciones. Pero no me importaba. Lo único que quería ahora era que él me besara.
Nuestras narices se rozaron, y pude ver como sus fuentes de chocolate se cerraban, así que hice lo mío y espere ansiosa el toque de sus labios.
-¡Con que aquí estaban!
El grito que provenía de la puerta de entrada nos sobresalto tanto que nos separamos dando un nada delicado salto, recreando las distancias. Pero nuestras manos permanecían entrelazadas.
Una borracha Tomoyo se acerco para apoyar con algo de esfuerzo una mano sobre el hombro de Shaoran y la otra sobre el mío. Se agacho para quedar a nuestra altura.
-Shiiiiicos, vengan a dentrrro.- dijo medio arrastrando las palabras. -¡Vamos a hacer un karaoooke!- exclamo.
Su repentina aparición hubiese sido graciosa si no hubiera interrumpido mi momento con Shaoran, del cual comenzaba a arrepentirme.
¿Y si él creía que me gustaba? Se burlaría de mí durante toda la secundaria. No podía permitir eso. Nuestra relación no podía pasar de novios falsos y eventualmente amigos.
Tomoyo se fue sin siquiera comprobar si la seguíamos o no. Entro a la casa trastabillando. Claramente, no estaba del todo lucida.
Shaoran sonrió y acerco nuestros rostros de nuevo. Por un momento creí que volvería a intentar besarme, y deje que me embrujara con sus ojos chocolates, pero rápidamente movió su boca hacia arriba y mordió mi nariz. -Vamos adentro, nos están esperando.
Confundida, me deje guiar hacia adentro. También, vale decir, algo decepcionada. Realmente esperaba ese beso.
No sabía que me pasaba con Shaoran, y esperaba no descubrirlo pronto. Por que cuando lo hiciera, caería ante él como una pequeña mosca. Viéndolo correr conmigo hacia el salón, ayudándome a esquivar borrachos y de paso regalándome sonrisas cómplices, comprendí que sería muy fácil desarrollar sentimientos hacia él. Y el claramente no me vería como mas que una amiga, o una falsa novia.
Mejor trataba de mantener las distancias.
Ambos nos encontrábamos ahora en el salón, y vi el equipo de karaoke ya instalado en la tele.
Eriol fue quien hablo primero. No se veían signos de que estuviera ebrio, y cuando acostó gentilmente a Tomoyo sobre un sillón para que durmiera, antes de agarrar el micrófono, comprendí por que no había tomado. Estaba ahí para cuidar de Tomoyo. El sentimiento de ternura que me embargo en ese momento me hizo agárrale cariño al novio de mi mejor amiga.
-¡Hoy, queridos amigos, descubriremos esa faceta de artista que tanto tenían guardada! ¡La primera pareja que pase a cantar es la de Chiharu y Takashi!-
Todos aplaudieron, silbaron y luego abuchearon a la pareja cuando termino de cantar. Su talento no estaba arriba de un escenario, evidentemente. Se podía ver el rostro sonrojado de Chiharu por la vergüenza, pero el de Takashi permanecía con esa eterna sonrisa. Creo que si le volvían a pedir que cante, hasta accedería. Ese pensamiento me saco una sonrisa.
-Chicos, chicos, no se dediquen al canto, no es lo suyo. -Eriol miraba desaprobatoriamente a los dos jóvenes que se metían entre el público.
-Ahora, ¡Pasa al escenario la adorable pareja de Sakura y Shaoran! ¡Aplausos!-
Claramente, todo esto formaba parte del plan malévolo de Tomoyo, y Eriol no era más que un títere.
Shaoran me tendió la mano una vez que hubo ingresado al escenario para ayudarme a subir.
Eriol se acerco a nosotros. -Chicos, no me decepcionen y canten como nunca. Si logramos esto, tenemos a la mitad del colegio ganado. Con la canción que elegimos, no puede fallar. Ahora, liberen su pasión. -y después de un guiño de ojo, nos dejo solos en el escenario.
Apreté la mano de Shaoran. -Estas consciente de que vamos a hacer el ridículo, ¿Verdad?
El soltó una carcajada. -No lo dudo.
La melodía comenzó a sonar, y casi me largo a reír al reconocer la canción. ¿Bailar pegados? Tomoyo me dijo una vez que esa canción estaba inventada para el romance. A mí me parece ridículamente empalagosa.
En la televisión comenzaron a aparecer las letras en azul, lo que indicaba que empezaba el varón.
Bailar de lejos no es bailar,
Es como estar bailando solo
Tú bailando en tu volcán,
Y a dos metros de ti
Bailando yo en polo.
La canción seguía pareciéndome graciosa, pero era inevitable que quedara admirada de la forma en la que Shaoran cantaba. Su fuerte voz me atravesaba la garganta, invitándome a acercarme más, para así poder disfrutar más plenamente el placer de su canción.
Sin dejar de mirarme, su mano se dirigió a mi cintura, de donde me asió firmemente. A mí se me aceleraron los latidos.
Casi no me doy cuenta de que las letras que seguían eran rosadas.
Probemos una sola vez,
Bailar pegados como a fuego.
Abrazados al compás,
Sin separar jamás
Tu cuerpo de mi cuerpo.
La parte que venía era el estribillo, y como las letras se volvieron violetas conjeture que esta parte era cantada por los dos. Shaoran ahora me miraba solamente a mí, y si no fuera porque me estaba agarrando, creo que ya habría caído al piso por el temblor de mis piernas.
Bailar pegados es bailar,
Igual que baila el mar con los delfines,
Corazón con corazón, en un solo salón,
Dos bailarines,
Abrazadísimos los dos, acariciándonos,
Sintiéndonos la piel,
Nuestra balada va a sonar,
Vamos a probar, probar el arte de volar.
Bailar pegados es bailar,-cante con un hilo de voz. Nuestras caras, por tercera vez en la noche, volvían a estar muy cercas, tanto que podía sentir su respiración en mi nariz.
Bailar pegados es bailar, -repitió el. Sus ojos eran asombrosamente profundos.
Es bailar.- finalizamos juntos.
Hubo un silencio de aproximadamente tres segundos, y luego de eso se escucharon silbidos y aplausos de todas las direcciones del salón. Mi cara era un tomate. Me aleje instantáneamente de Shaoran, inquieta por lo que yo podría llegar a hacer si acercaba demasiado mi rostro al suyo.
Shaoran no se separo de mí por el resto de la noche.
De nuevo me encontraba caminando hacia la biblioteca, demasiado cansada por la fiesta que habíamos tenido el dia anterior. Según los resultados, el 80% del alumnado ahora quería que ganen la pareja de Tomoyo y Eriol junto con Shaoran y yo. Y si bien ellos no tenían la decisión, sino Rika, el tener gente de nuestro lado ayudaba bastante. O eso creía. Que mas da.
No era que tuviera ganas especiales de ir a esas cabañas, pasando un fin de semana a solas con Shaoran, Tomoyo y Eriol.
Una fin de semana sola con Shaoran, y una pareja que lo último que iba a hacer era prestarnos atención a nosotros.
Un fin de semana a solas con Shaoran.
La idea comenzaba a parecer más… interesante.
Sacudí mi cabeza. No, no, no. Shaoran no me gusta. No me puede gustar. ¡Somos amigos! Y hace no menos de dos semanas nos llevábamos como perros y gatos. Estoy segura que si yo saliera con intenciones románticas, el me daría una patada directo a su natal Hong Kong.
Sin darme cuenta ya estaba frente a la caja que contenía las cartas del juego del amigo invisible. El martes de la semana que viene terminaba el juego y se descubrirían las identidades de nuestro amigo invisible, así que quedaba poco. Aunque yo estaba algo nerviosa. ¿Qué haría con este chico cuando me dijera quién es? No podía negar que las canciones y el gesto en si eran alegadores, pero no me parecía algo muy sensato de mi parte ilusionar al chico concediéndole alguna cita o algo así, siempre y cuando haya un riesgo de que el no me llegara a gustar. Nunca creí en amores impuestos. La gente se enamora naturalmente.
Así que decidí contestar a sus cartas de modo en que quedara claro que mis intenciones eran AMIGABLES.
Regálame tu risa,
enséñame a soñar
con solo una caricia
me pierdo en este mar.
Regálame tu estrella,
la que ilumina esta noche,
llena de paz y de armonía,
y te entregaré mi vida
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
tú, y tú, y tú…
Sonreí, realmente conmovida con la canción pasmada en ese papel carta.
Quizás podría hacer una excepción, y darla una chance a mi amigo invisible.
Dejando de lado ese tema, decidí ir al patio a esperar a Shaoran, quien dijo que iba a ayudarme a que termine de entender un tema de Química que no comprendía del todo. Shaoran casi que era como mi tutor. Sonreí.
Me senté bajo el refugio de un gran cerezo, y abrí la carpeta de Química dispuesta a asimilar conceptos antes de la llegada de mi instructor.
Diez minutos pasaron, y el no llegaba. Revise mi reloj, para ver si me había equivocado en la hora. Fruncí el ceño al ver que la hora estaba bien, y el tenia un retraso.
Deje de preocuparme por un rato, seguro tuvo algún percance sin importancia. Ya llegaría.
Cuarenta minutos después, y luego de haber releído la carpeta 9 veces, me convencí de que Shaoran se había olvidado de su lección.
Más que enojada, me sentí desilusionada. Por alguna razón albergaba la esperanza de que pasáramos un buen rato juntos, entre medio del estudio. Ya había pasado una vez, en mi casa.
Pero por supuesto, eso había sido obligatoriamente. No tenía ningún tipo de compromiso de vida o muerte respecto a ayudarme, a escasos 15 minutos del examen.
Como último recurso, y en vista de que mi reiterativo esfuerzo por insertar conocimientos en mi cerebro no había dado resultados significativos, comencé a escribir chiquitito en un pequeño pedazo de papel algunos conceptos y formulas. Una inocente ayuda de memoria.
Shaoran entro al salón quince minutos después de que la prueba comenzara, con un aspecto que dejaba a desear bastante. Camisa desarreglada, corbata algo suelta y el cabello todo revuelto. En su rostro, casi imborrable, una gran sonrisa.
Solo desapareció al verme.
Por supuesto, pensé, el acaba de acordarse.
Inicio una breve charla con el profesor, y luego el le entrego un examen. A pasos apurados, casi corriendo, se encamino a nuestro asiento.
-Lo siento, te juro que no lo olvide. Estaba saliendo de la práctica y…-
-Li, Kinomoto, una palabra más y les saco el examen a los dos.- el tono amenazante del profesor no dejaba dudas de que cumpliría su promesa de ser necesario.
-Si sigues hablando nos reprobaran.- dije fríamente, en un susurro.
El me miro con suplica, y pude ver que realmente estaba arrepentido.
Sin querer pensar más en eso, puse toda la atención posible en la prueba.
Al cabo de cinco minutos llegue a la triste conclusión de que reprobaría de todas formas.
Después pensé en el papel que se escondía en el bolsillo de mi blazer. Tal vez, podría usarlo… solamente para salvar el examen.
Lentamente y con disimulo, lleve una mano a mi chaqueta, y extraje el papel. Luego de adquirir un par de respuestas, lo volví a cerrar, y me disponía a guardarlo cuando note la presencia demasiado cercana del profesor.
En un intento desesperado por deshacerme de aquel objeto, lo arroje al suelo, justo en medio de mi banco y el de mi compañero.
Pero el profesor noto el movimiento entre nosotros. Se acerco y mi pánico aumento al verlo agacharse y recoger el papel. Inspecciono su contenido, y me miro con una expresión enfadada.
-Kinomoto, ¿Me puede decir que significa esto?-
Me quede paralizada, pero supuse que de un modo u otro tendría que contestar. Estaba por abrir la boca, cuando alguien se me adelanto.
-Es mío.
Todo el curso, ya a la expectativa con respecto a si el profesor me iba a suspender o no, miro asombrado a mi compañero de banco.
-¿Qué dice, Li?- inquirió el profesor, no menos atónito. Es decir, era Li, el alumno ejemplar.
-Que el papel es mío. Yo lo estaba usando, y yo lo deje caer. No puede que echarle la culpa a Sakura.
Si el resto estaba sorprendido, yo estaba que no podía hablar. Patee su pie, pero él me respondió con una mirada que indicaba que me callara.
El profesor se rasco la nuca. -En ese caso… supongo que tendré que reprobarlo. -parecía decepcionado. -Entrégueme su examen, Li.
Todavía sin poder mover un solo musculo, observe como Shaoran se retiraba del salón, no sin antes mirarme con un gesto de culpa que me conmovió el alma entera.
APARECIIIIIIIIIIIIIIII! SI SEÑORES, y con nuevo capítulo. No me van a decir que Shao no es la cosa más tierna que hay, no? Lo amo muchoooooooo!
Mi vieja me dice que me vaya a dormir. La cosa es más o menos así:
-¡PAULAAAAAA, RAJA A DORMIRRR!
-¡YA VOYY MAMAAAAAAAA!
Etc.
Chica Biónica.
