.:Profundidad:.

Screaming in the dark, I howl when we're apart.

Su larga jornada comenzaba a ver reflejados sus frutos, después en un par de horas de caminata, se encontraron con su primer víctima. Una chica que inició una fogata para evitar morir de frío, que tristemente encontró su muerte de una peor forma; a la vez funcionó como prueba para el chico del distrito doce. Él se había encargado de rematarla, al ver que los cañones no sonaban. Pero fuera de eso, había sido una noche tranquila sin mayores sorpresas, simplemente decidieron regresar al campamento y dormir, ya mañana sería otro día.

La noche pasó como un suspiro, la luz le laceraba los parpados, así que con todo el esfuerzo que fue capaz de imprimir se levantó poco a poco, debía aprovechar toda la luz que le fuera posible, podría dormir todo lo que quisiera una vez que ganara o una vez muerto. El resultado de la noche anterior no lo dejaba nada satisfecho, cierto era que eliminaron a un concursante más, pero no era suficiente, debía ponerse actuar y pronto. Algo le decía que la chica en llamas y el tributo del once se encontraban cerca, era como si pudiera olerlos; y a pesar que el otro rubio mostró con bastante determinación en su deseo y convicción de pertenecer a la alianza, aún no convencía a muchos, sólo creería en él, hasta que los guiara a su castaña novia.

Al levantarse, el ojiazul trató de hacer todo el ruido posible, no deseaba emitir palabras para despertar a sus compañeros; el nivel de decibles empleado fue el correcto, ya que Glimmer y Marvel comenzaron a removerse con pereza, en una clara señal de que pronto estarían de pie. En la dirección opuesta se encontraba Clove, la cual reflejaba estar lo suficientemente despierta como para hacer una sesión de entrenamiento, al parecer fue la primera en despertar o tal vez la única en no dormir; el espadachín aún con la pasada pelea presente, prefirió dejarla sola, con sus pensamientos.

Reanudaron actividades después de un breve desayuno -no deseaban gastar los alimentos innecesariamente- los puestos se repitieron; el equipo de vigilancia sería el mismo y el de caza también, por ende las misiones personales se mantenían. El grupo comenzaría desde donde quedaron la noche anterior, ciertamente nada parecía diferente, no había rastros de una pelea o algo por el estilo, lo cual significaría que hubiera más bajas en el número de concursantes, esto dificultaba los planes de los profesionales, ya que de no matarse entre los que estaban fuera o por los vigilantes, tardarían más en acercarse al final.

A lo largo del camino lograron percibir un olor a hollín, todo indicaba que finalmente los vigilantes comenzaban su intervención, lo cual significaba uno menos o que les darían un poco de acción. No tardaron en toparse con el regalo traído por cortesía de los titiriteros del juego, ya que el grupo podía vislumbrar, a unos cuantos metros de su posición, a una delgada y castaña chica, lucía el mismo uniforme que el panadero, en cuestión de segundos ataron los cabos, definitivamente era ella; Katniss Everdeen, la chica en llamas.

Ella parecía haber notado también la presencia del numeroso grupo, ya que se alejó en dirección contraria, cuán rápido le era posible; Cato como líder de la manada, se adelantó dirigiéndose a toda velocidad hacia su lastimada presa. Era seguido de cerca por sus compañeros, pero grande fue su sorpresa al notar que una cabeza rubia era su más cercano miembro, tal pareciera que ambos ojiazul competían por llegar primero con la chica; entonces Cato lo supo, él no la entregaría a sus hambrientas manos, al menos no tan fácil; ambos lo sabían, el panadero sello su propia muerte; con cada zancada que sembraba la tierra, era una más hacia su fatídico final.

La castaña fue más rápida que ellos, se encontraba en la copa de un árbol, para cuando el grupo llegó hasta ella; en la excitación del momento Cato intentó alcanzarla, pero falló en su acción, al aferrarse a una rama lo bastante reseca y débil que no soportó su gran peso y simplemente quebró, dejando que el musculoso cuerpo del espadachín retumbara en la tierra. Al ver la derrota de su compañero, Clove decidió lanza un par de sus cuchillos, pero fue inútil, la chica se encontraba muy lejos de su zona de alcance. En un tercer ataque, Glimmer alzó su arco y comenzó a disparar, simplemente para dejar en claro su pésima puntería; ya que ninguna de las flechas si quiera pasó cerca de la chica en llamas. En otro y más desesperado intento, Cato se posesiono del arma y la empuño por sí mismo, pero al igual que su compañera no tuvo el más mínimo éxito.

La mente del espadachín ojiazul, iba tan rápido, intentando buscar una estrategia, que estaba seguro que podía sentir sus entrañas salir de su cuerpo, pero las palabras del otro rubio fueron mucho más agiles, tanto que desconcertaron a todos los presentes incluida su compañera de distrito.

–Esperémosla aquí, en algún momento tendrá que bajar o morirá de hambre, sólo es cuestión de tiempo- sentenció el panadero. Como si las palabras de aquel muchacho fueran la bofetada que requería la mente del también ojiazul, para serenarse, recuperar la compostura y la tranquilidad que le caracterizaban.

–Está bien, necesitamos hacer una fogata para pasar la noche- dijo al tiempo que le regresaba a la ojiverde su arma y se dirigía al bosque para conseguir leña e iniciar el campamento.

La noche cayó sin que un par de ojos grises lo notaran, éstos encontraron más interesante lo que una mirada celeste captaba, aquellos orbes azules parecían tan perdidos y profundos como el enorme lago donde se encontraba el resto del campamento, ambos cuerpos azules, no reflejaban luz alguna. Clove recordaba como la primera noche se perdió en aquel cuerpo de agua, con una sola mirada le basto para alejarse del resto de la arena; deseaba que aquella sensación de arropo y paz nunca se fueran de ella. Erróneo fue su deseo, después de un par de largos días en pleno juego, lo último que podía sentir la morena en esos momentos era paz. Desesperada e inconscientemente buscaba en los ojos de Cato, la misma sensación que aquel inmenso lago le brindó días atrás.

Pero sólo encontró deseos de sangre, venganza, rabia y ¿confusión? No estaba segura de ello, pero no tenía otra teoría, se encontró decepcionada de sí misma al verse en aquella patética circunstancia tratando de buscar consuelo a sus propias dudas en alguien que estaba diez veces más perdido que un animal lejos de casa. Para alejar todo de su mente se dedicó a repartir la comida que trajeron desde la cornucopia y a esperar que el hambre obligara a los instintos de la chica en llamas a comenzar arder y así ella sucumbiera ante ellos, para poder terminar con todo aquel teatro; desde el hecho de ser la favorita para ganar los juegos y para poder terminar con la farsa de los trágicos amantes o la farsa que mantenía su rubio compañero, cuando éste perdiera el control de su actuación debido a su amor por la chica para así poder asesinarlo sin más duda; en cualquiera de los casos, sería un rival menos.

El espadachín traía consigo bastante madera para generar un buen fuego que los mantuviera vivos durante una noche más, tal era su concentración en averiguar cómo bajar de ese enorme árbol a su presa, pero nada se le ocurría, sólo podía asentir que la idea de Peeta fue la mejor o mejor dicho, fue la única opción que le pareció viable, pero ¿cuánto duraría ella ahí? Sin comida, ni bebida podrían ser sólo un par de días, pero uno de los problemas principales recaía en que ellos tampoco llevaban los víveres suficientes para una estadía prolongada, dado el gran número de integrantes de aquella alianza; tampoco podía arriesgarse a pedirle a alguno de los miembros que fueran por más alimentos, ya que cabía la enorme posibilidad que se aprovecharan de esto y los abandonaran, quedándose ellos con los sobrante en la cornucopia; la única en quien confiaba era Clove y tampoco estaba dispuesto a mandarla sola hacia el tributo en el lago, que no desaprovecharía en atacarla al verla sola. Aun a sabiendas que ella era bastante ágil y podría incluso matarlo a él, con un par de lanzamientos; así que sería mucho más fácil con le escuálido tributos que esperaban. Así que mandar a su compañera no era una opción viable. El perderse en el mar de sus ideas, era un problema que siempre tendría y las consecuencias de éste, eran perder por completo el contexto de la realidad. Así que era de esperarse que no sintiera la compañía de una chica que no lo había soltado. Desde que se tomara la decisión de acampar, aquella sensual rubia no se movió un solo centímetro de su lado y él tampoco mostró una intención de alejarla, lo cual la chica había tomado como una señal para continuar con su filtreo.

Tal vez Cato no se percataba de la extrema cercanía de la rubia, pero la chica de los cuchillos si lo hizo. Su musculoso compañero había sido objeto de sus distracciones a lo largo del día, así que era imposible no ver lo que esos dos se traían o al menos lo que la ojiverde pretendía, pero la chica con pecas sabía que no era el momento, ni el lugar para dejar salir todo lo reprimido por tantos meses de preparación o ¿tal vez era todo lo contrario? Claro que sí, la arena era el mejor lugar, en algún momento se tendían que enfrentar, por qué alargar la angustiosa espera de poder matarla. Pronto lo recordó, había prioridades en el orden de asesinato; primero sería la minera, segundo el panadero, tercero los tributos del uno, cuarto los enclenques de los guardias, después simplemente dejaría que vinieran de uno por uno y al final estarían ella y Cato listos para terminar con la gran incógnita de quién sería el primero en impregnar la sangre del otro sobre su arma.

La fogata comenzaba a consumirse y las posibilidades de tener acción esa noche, también. El sueño fue apoderándose uno a uno. El primero fue el castaño de ojos verdes, el cual decidió reposar cerca de ella, muy a su pesar, pero no objetó nada, simplemente lo dejó pasar; seguido de él, fue el chico enamorado, podría a ver jurado que él no dormía que sólo mantenía sus ojos cerrados, haciendo que sus demás sentidos se agudizaran. La tercera fue la chica del distrito cuatro que los acompañaba, ella no parecía molestarse por nada ni por nadie. El siguiente fue Cato, que pareció imitar la técnica del otro ojiazul, ya que sólo cerro sus ojos, tal vez sin la intención de dejarse llevar por Morfeo y al lado de él, la otra chica del grupo se recostó plácidamente sobre su brazo, usándolo como almohada.

Lo último que la ojigris deseaba era caer en el estado de debilidad que el dormir te proporcionaba, eso aunado a la escena que contemplaba frente sí, donde los dos rubios crearon su propio mundo donde nada, ni nadie importaba, dejándose llevar; dejando llevar su dolor, su miedo, sus dudas; su todo. En ese momento más que nunca los odió, a ambos, a la vida misma por haberla puesto ahí, pero más que todo ese odio, los envidió; envidió el poder dejarse llevar por la noche, el perderse el uno en el otro. Una lagartija pago el precio que no le correspondía, tuvo la desgracia de pasar frente a un letal animal herido, como lo era Clove en ese momento, ya que sin más emoción en su acción comenzó a arrojar sus cuchillos contra el animalito.

Contrario a todo lo que pensó Clove, Cato se encontraba en una encrucijada mental, estaba perdido en sus sueños, lo cual fue su peor pesadilla, la mente no lo dejaba olvidarse de nada, sólo complicaba más las cosas. Tan profunda era su inconsciencia que no se percato de que algo oprimía su brazo, pensó que era parte de su sueño, en donde se veía aplastado bajo un enorme tronco, pero no había nadie para quitarlo de ahí, se encontraba solo en aquel enorme bosque, su final sería un reflejo de su vida; él moriría solo. Repentinamente el cielo comenzaba a tornarse gris, pero no cualquier tono de gris; no era el clásico tono que hace sentir una nostalgia o una depresión, era un gris que te transmitía calma, como si supieras que la tormenta no sería tan fuerte como muchos lo pronosticaban. Así como la mirada de su compañera, muchas personas veían en esos ojos una expresión tenebrosa y de la cual debían alejarse; pero pocos habían visto lo que él.

Recordaba la primera noche en la arena, una vez que terminó de dar las instrucciones a cada uno de los presentes, notó la ausencia de su compañera; pero no tardó en encontrarla, estaba frente al lago y aún con la poca luz que el fuego le permitía pudo observar como su mirada se perdía justo donde comenzaba el cuerpo de agua e inclusive ese destello carmín característico se extinguía, dejándose llevar por la inmensidad del agua. Así como recordó aquel pasaje, regresó a su actual dilema, estaba siendo oprimido por un enorme tronco. De la nada un extraño ruido de serrucho lo desconcentro de su muerte. Tal vez alguien había venido a salvarlo, a no dejarlo morir de aquella patética forma, secretamente deseaba que aquel ruido fuera obra de un cuchillo y no de un serrucho.

Después de un tiempo que le pareció eterno a la morocha, la bendición del sueño la alcanzó; pero las cosas buenas nunca fueron para ella, así que quizá sólo pasaron un par de horas cuando un extraño ruido comenzó a perturbarla, instintivamente incrementó la fuerza de su agarre para con su cuchillo, pero fue muy lenta, sólo pudo ver una enorme bola negra venir hacia ellos. El ruido del impacto fue suficiente para hacerla abrir los ojos por completo. Los zumbidos fueron suficientes para hacerla correr, no supo nada de nadie, ni tampoco le interesaba.

– ¡Al lago!- escuchó aullar a Cato, supo por su voz, que se encontraba a escasos pasos detrás de ella. Simplemente le obedeció y sólo corrió, mientras golpeaba a las rastrevíspulas, evitando que sus aguijones se clavaran en partes importantes, sabía de antemano que con unos cuantas picaduras bastarían para asesinarla. Deseo saber si había más insectos tras ella, pero lo único que vislumbro fue un par de cuerpos en el suelo, siendo atacados sin piedad por la mayor parte del enjambre, ésos cuerpos pertenecían a las otras dos chicas de la alianza, Glimmer y la chica del distrito cuatro. Por un segundo una sonrisa se postró sobre sus delgados labios; inmediatamente después fue cambiada por un rostro de sorpresa al notar más cerca de sí a una cabellera rubia y un par de ojos celestes acercándosele, el veneno de las rastrevíspulas comenzaba a surgir su efecto, ya que le costaba trabajo distinguir a la enorme figura moviéndose, podría ser el panadero o el espadachín.

Pero la fuerza que empleó para sostenerla del brazo, fue suficiente para saber que era Cato, él hablaba sobre cosas indescifrables para ella, sólo se limitó a seguirlo y correr lo más rápido y ortodoxo que su cuerpo le permitiera. Con cada árbol cambiante de color, podía sentir la frescura que emanaba el lago, y junto a éste vio al chico del tres que los miraba con desconcierto, ella lo ignoró por completo y sintió como era arrojada al fondo del agua.

Cuando el frío líquido tocó su cuerpo, pudo sentir el ardor de las picaduras; hasta aquel momento logro saber con exactitud donde se encontraban los aguijones: en un brazo, en su mejilla, en el dorso de la mano y uno último en su rodilla, tal vez éste último era el que había evitado que su huída fuera más limpia; el agua clamaba el dolor (uno de los causantes de sus delirios), pero no su preocupación al no saber qué hacer, no era una experta nadando, aunque en el distrito le habían enseñado lo básico. Para aumentar el nivel de desesperación, aquellos ojos celestes que la guiaron en el camino, la abandonaron. Sin ellos se sentía perdida y el dolor no ayudaba en lo absoluto, así que sin más dejó de mover sus piernas y manos, se dejó llevar nuevamente por la paz de aquel lago, deseaba que la tomara y la llevara consigo hacia sus profundidades.

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Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

Como parte de mi compromiso, aquí estoy con el siguiente capítulo a sólo dos de terminar. Para comentarios, dudas, quejas o sugerencias. Pueden usar los reviews