.:Descanso:.

Drag my teeth across your chest to taste your beating heart. My fingers claw your skin; try to tear my way in.

Cualquiera que conociera la forma de vida del distrito dos, sabría que aquella era una forma muy deshonrosa de morir. Pero a la ojigris no le importaba en absoluto, de hecho su cabeza y su cuerpo comenzaban a separarse, importándole muy poco que el primero le ordenara continuar peleando por su victoria, le recordara que no podía deshonrar: a cada lagrima, a cada gota de sangre y sudor, que derramó a lo largo de sus entrenamientos y peleas; muriendo de esta forma. Pero poco le importo, ése era uno de los bellos efectos que el agua generaba sobre ella, ya nada le importaba; ni su familia viendo desde casa, sus entrenadores en el distrito, sus mentores en el capitolio. Lo que ella ignoraba, era que había alguien a quién si le importaba la peligrosa situación en que se encontraban. Un brillo celeste la volvió a llamar, la invitaba a tomar su mano y regresar al dolor de la vida; dudosa estiró su mano hacia él, una parte de sí detuvo la trayectoria de su brazo, cosa que poco le importo a el dueño de la mano que la arrastro consigo.

Un golpe frío le dio satisfacción a sus heridas y a su vez le regresaba el dolor que creyó perdido, todo giraba a su alrededor, formando extrañas nubes y colores; dentro de su amorfa visión logró percatarse de que el tributo que sirvió como guardia comenzaba a salir del lago, tal vez fue alcanzado por un par de insectos. Por más que se esforzaba en concentrar su búsqueda, siendo que ésta no duro demasiado. Logro observar que un par de masas amarillas corrían en dirección opuesta a la suya; la masa más pequeña estaba al frente y con torpes movimientos trataba de tomar una lanza sin perder el ritmo de su huida, detrás de él la otra masa más grande lo perseguía con lo que distinguió como un alargado haz de luz plateada. A pesar de la falta de control de sus sistemas, su raciocinio seguía de su lado. No tardó en concluir que tal vez habría un muerto más.

A pesar de sólo haber sido picado por un par de rastrevíspulas, sentía su cuerpo diez veces más pesado de lo normal, la visión se le nublaba por momentos, agradeció al entrenamiento de años, dándole como resultado un cuerpo lo bastante grande y fuerte para resistir el veneno de los insectos. Aunque esto no evitó que su víctima fuera más rápido que él, al salir del agua mientras cargaba el cuerpo semiconsciente de Clove no ayudó, pero el verla con vida le renovó las fuerzas perdidas.

– ¡Te alcanzaré maldito minero!- gritó, o al menos eso creyó, no estaba seguro que clase de efectos tenía el veneno sobre su ser. Todo había sido una trampa, pensó Cato, tal como la morena lo advirtió y él se negó a ver. Ahora estaba ahí en medio de la nada posiblemente persiguiendo una ilusión, pero no dejaría que se escapara, no de nuevo.

El espadachín captó la falta de movimiento de su traidor 'compañero', no estaba seguro del por qué se detuvo cerca de los cuerpos de lo que parecían sus ex-compañeras, así que él no decidió perder tiempo y corrió para atacarlo. Su intención era cortarlo por la mitad, sus facultades sólo le permitieron hacer un movimiento en diagonal; su contrincante lo vio venir; con un torpe movimiento lateral el panadero logró evitar que el ataque le diera de lleno. Cato conocía la sensación que provocaba la carne al desgarrarse con su arma y el golpe que dio, se sintió como siempre. Un hilo escarlata provenía de la pierna izquierda. El rubio alzó nuevamente su espada, para por fin terminar con su traidor 'aliado'. Cuando la brillante arma caía en dirección a Peeta, éste tomo su lanza y golpeó con todas sus fuerzas a su cazador, el cual cayó al sentir que el aire abandonaba su cuerpo, al mismo tiempo que el vital gas lo abandonaba, su rubio compañero también se alejaba de él.

La roncha bajo su ojo, amenazaba con extender su tamaño, lo cual impedía la claridad en su visón; los síntomas del veneno comenzaban a manifestarse y él lo sabía. Usó las fuerzas que aún no lo abandonaban para dirigirse al lago, por un momento olvidó por completo a Clove y su delicado estado. La chica a diferencia de él, recibió más picaduras, además de la diferencia de corpulencias era notable, él siendo más alto y con más masa muscular, se sentía desfallecer; en su compañera las consecuencias podían ser letales. La simple idea lo mortificó. Durante el camino de regreso se repetía a sí mismo que la preocupación que lo abatía, era simplemente por la seguridad del equipo, en menos de un par de horas habían perdido a dos integrantes y no estaba dispuesto a perder a otro, mucho menos a ella.

Para cuando llegó con el resto de sus compañeros, vio un par de cuerpos cerca de un árbol, tal vez las alucinaciones les hicieron creer que estarían a salvo en un lugar alto; pero ninguno de ellos le interesaban; tal vez el veneno hablaba por él, realmente no le importó, sólo deseaba saber que aún respiraba, que las alucinaciones no la matarían, que podría a volver a ver sus grises ojos.

– ¡Clove!- gritó, con cada letra que pronunció sentía su boca resquebrajarse. El bosque comenzaba a mutar, cada árbol era sustituido por una pared del centro de entrenamiento, era el distrito dos. Y en el centro de aquel lugar estaba ella. Una Clove inconsciente, tirada sobre su rostro; con un brazo extendido, mientras que el otro se aferraba a un pequeño cuchillo. Las piernas fueron lo primero en traicionar la voluntad del ojiazul; usó toda la fuerza restante para enfocarse en una sola cosa; la respiración de la morena. Cuando se cercioró de que su pecho subió y bajó; finalmente se dejó perder en el dolor.

Se dice que los primeros serán los últimos, en el caso del tributo del dos, fue lo contrario. Él fue el último en caer y el primero en reponerse del ataque de las rastrevíspulas. Definitivamente su entrenamiento y su condición física ayudaron a minimizar el daño recibido. Se incorporó poco a poco, aún sentía los efectos físicos del ataque. Una vez sentado, miró hacia su izquierda donde vio un pequeño cuerpo de cabellera negra, por el traje que utilizaba, lo reconoció como el tributo del distrito tres. A unos metros detrás de él, se encontraba un cuerpo mucho más largo y de cabellera castaña, era Marvel. Repentinamente su mente recordó los momentos previos a sus desvaríos; Clove.

Intentó levantarse tan rápido como lo recordó, pero sus piernas no respondían a la misma velocidad que sus intenciones; concentró toda su fuerza en sus dos extremidades, para revisar la gravedad de su caso; él sabía de antemano de la fuerza de la morena y también sabía de las trampas mortíferas de los vigilantes. Con pesadez logró su objetivo, en cada paso que daba sentía como si levantara toneladas de rocas sobre sí. Estaba indeciso, ¿qué debía hacer primero: revisar la condición de la chica o buscar el remedio en los víveres de la cornucopia? Sabía que en aquel cuerno dorado, encontraría cualquier tipo de medicamento; éste era una de las razones más tentadoras por la cual muchos tributos arriesgaban su vida, en el primer segundo de juego. Era bien sabido que los vigilantes colocaban en aquel lugar todo lo necesario para hacer el juego mucho más agradable; desde armas jamás vistas en el mundo común hasta medicamentos milagrosos -para asegurar, que los participantes murieran a manos de otros y no de un simple resfriado o dolor estomacal- para cualquier trampa que ellos mismos colocaran. Así que si el capitolio se encargo de colocar un nido de sus más peligrosos mutos; seguramente también habrá colocado la cura.

Siguiendo su lógica, optó por la segunda opción. Con sumo cuidado, se acercó a la pirámide; recordando la secuencia que el chico del tres le mencionó. Una vez librado el peligro de volar en mil pedazos, comenzó su apresurada búsqueda, no deseaba perder tiempo; ya que desconocía el nivel de daño en la ojigris. Un quejido lo desconcertó de su búsqueda; pensando que probablemente provenía de su compañera, giró hacia su dirección y al notar que ella seguía estoica en su posición, miró hacia los otros dos chicos. Se percató, que Marvel era el que comenzaba a recobrar la conciencia, esto alertó y aceleró la acción del espadachín. Después de lo vivido con el chico enamorado, no quería correr el riesgo de ser nuevamente traicionado. Temía que su debilidad momentánea y su preocupación fueran suficiente ventaja para el castaño, durante la probable pelea. Pronto descartó esa idea; el ojiverde trató de levantarse sin éxito, al instante de colocar sus manos sobre la tierra e intentar sostener su propio peso, se derrumbó.

Sin perder más tiempo el rubio intensificó su búsqueda, hasta que ésta dio frutos; era un pequeño tarro con un ungüento color verde. Al ser tributos profesionales, su entrenamiento fue más extenso que el resto de los tributos; por las noches se reunían con algunos doctores, que les indicaban de los diferentes medicamentos que serían colocados, el uso de cada uno. Gracias a su pequeña introducción a las medicinas, le fue fácil la identificación del tarro. Abrió el tarro y untó una cantidad de la pasta verde sobre la enorme bola bajo su ojo derecho, sobre su codo y sobre su abdomen. Una vez con el pequeño contenedor en su poder y el dolor de sus heridas cediendo, se dirigió con paso lento pero constante hacia el cuerpo inerte de la morena.

Con cada metro que reducía con ella, notaba los prominentes montículos rojos; el primero sobre su mejilla y sobre su brazo extendido, logro ver otro par. Una vez a su lado se coloco sobre una pierna, repitió el mismo proceso; tomó el ungüento con un par de dedos y lo colocó sobre los montículos, el primero en recibir tratamiento fue el de su brazo, seguido por el que se encontraba en el dorso de su mano, por último el de su mejilla. Como si temiera despertarla, untó con bastante delicadeza. Pero sus intentos fueron en vano, Clove comenzaba a recobrar la conciencia. Una felicidad espontanea invadió al profesional junto a ella.

–Sabía que eras más fuerte que todos ellos- susurró feliz. La sola idea de verla despierta después de todo el daño sufrido, sólo le recordaba de la peligrosidad de aquella chica. Debía darse prisa en hacerla volver en sí, necesitaba saber si tenía más heridas, no podía dejar que los otros se recuperaran antes. Los planes cambiaron, todo se precipitó cuando el nido cayó sobre ellos, con Glimmer muerta, la alianza no tenía sentido; su compañero sabría que quedarse con los ambos tributos del dos, sería su perdición y querría huir cuanto antes; seguramente en aquellos momentos de quejidos e intentos fallidos por levantarse, éste era el único pensamiento que lo motivaba. Cato aprendió qué el no tener a tus enemigos en tu radar, puede producir catastróficas consecuencias.

–Vamos Clove, no dejemos que se salga con la suya- repitió tan bajo como para que sólo ella lo escuchara, no deseaba alertar a sus otros 'compañeros'

–Él es mío- respondió en el mismo tono que su compañero. El dolor comenzaba a ser menos, sea lo que fuera que Cato haya usado, funcionaba y a una velocidad impresionante. El mundo comenzaba a estabilizarse y lo único que podía pensar y sentir era el deseo de la venganza. Se sentía como una estúpida, si tan sólo hubiera hecho caso a sus instintos, todo aquel elaborado plan de los tributos del doce, jamás habría siquiera sido pensado.

–Cuando los encontremos, podrás elegir al que más gustes- le respondió feliz. –Por ahora debes levantarte, hay asuntos más urgentes que debemos atender.

La morena asintió e intentó seguir sus instrucciones, pero simplemente no pudo. El dolor le recordó que aún había una picadura que seguía sin sanar. Su compañero se percató de la dificultad de Clove para levantarse.

– ¿Aún hay más picaduras?- preguntó serenamente, a lo que ella asintió con un esbozo de dolor. –Muéstrame, aún queda mucho ungüento- cuando ella señaló su rodilla, supo que no sería tan sencillo como en las anteriores ocasiones. Los uniformes que utilizaban los tributos, eran hechos a la medida de quién lo usara; lo cual evitaba que se bajara o subiera más de lo estrictamente necesario, así que si Clove deseaba curar su rodilla había dos opciones: desgarrar el pantalón hasta la zona afectada o deshacerse de él por completo. La primera opción era la más lógica, aunque si lo hacía no podría asegurar las condiciones climáticas de los posteriores días, aún teniendo refugio, suministros y medicamentos -la ropa no era algo que se considerara indispensable, tal vez antes y después de los juegos es una pieza fundamental, pero cuando el gong suena, sólo se preocupan por ver la suficiente cantidad de sangre- después de la emboscada vivida, la ojigris no quería dar nada por sentado.

Así que sin el más mínimo vestigio de pudor, Clove comenzó a desabotonarse el pantalón y bajarlo sobre sus muslos hasta llegar a sus rodillas. Cato no caía en cuenta de lo que su compañera acababa de realizar, sólo podía devorarla con la mirada. De nueva cuenta, como el día de las entrevistas, el sentimiento de observarla por siempre, lo invadió. En todos los años de entrenamiento la única zona de su piel que observó eran sus manos, brazos y rostro. Tenerla junto a él y en esas condiciones, era algo que en su vida pretendió.

–Apresúrate, antes de que despierten los demás- dijo con un leve tono de vergüenza en sus palabras. El chico claramente la escuchó, pero simplemente no podía despegar sus ojos de ella.

–Está bien, si no puedes dámelo- estiró su mano, pretendiendo tomar el pequeño tarro. Rápidamente el ojiazul reaccionó y evitó que ella lo tomara.

–No, yo lo haré- sus palabras no fueron tan veloces como sus acciones, antes de terminar de pronunciarlas ya estaba en proceso de aplicar el remedio. Trató de que el contacto fuera lo más puro, no deseaba manchar con sus manos llenas de tierra y sangre, aquella piel tan blanca. Al terminar de untar, pudo sentir unas cuantas cicatrices, probablemente de las incontables veces que cayó cuando era más pequeña.

–Gracias- sentenció la chica, mientras subía nuevamente sus pantalones. Tan absortos se encontraban en su momento, que no sintieron la presencia del chico del distrito uno acercándoseles. La única reacción que tuvo el espadachín fue ocultar el pequeño bálsamo en su chaqueta, mientras ayudaba a su compañera a levantarse. Cato deseaba que no hubiera visto nada de lo anterior y no sólo se refería al hecho de haber ocultado el botecito; lo que más ponía furioso era el pensar que Marvel pudo presenciar la misma imagen que él tuvo segundos atrás.

–Sí que la han armado- comentó con cansancio –matar a un par de profesionales de un tajo y de paso inhabilitar a otros cuatro, merece ser reconocido.

–Debo recordarte que casi mueres, todo lo que ocurrió no es motivo de admiración, en vez de estarles halagando, piensa en cómo los encontraremos- bufó molesto el otro chico.

–Muy cierto, me disculpo ante mi error. Ahora podrías decirme ¿cuánto tiempo ha pasado desde nuestro ataque?

Lo cierto es que desde que despertó, no pensó en aquel detalle, lo único que tenía en mente era hacer reaccionar a Clove y terminar con aquel par; pero todo salió de control. No estaba seguro si fueron horas o inclusive días.

–Será mejor que descansemos el resto de la tarde, al anochecer veremos la actividad; sabremos al menos cuanto tiempo ha pasado desde la muerte de Glimmer- el rubio mencionó la última palabra con más énfasis, quería ver la reacción de su interlocutor; pero este pareció no inmutarse.

Nadie más protestó algo, el chico del tres comenzaba lentamente su recuperación. Marvel se alejaba del grupo, en busca de refrescarse y alimentarse. Cato ayudaba a levantar a Clove. El ungüento mejoraba el dolor, pero la apariencia de las picaduras no cambiaba en lo absoluto. El efecto era como el colocar un filete sobre un golpe, el dolor mejora pero el golpe toma un color negro. Los tributos de dos, sabían que necesitarían al menos otra capa, para cerciorarse de estar cien por ciento mejor. Pero por ahora sólo deseaban dormir sin ser perseguidos por mariposas gigantes o arboles que hablan.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

Una aclaración en el libro menciona que al momento del ataque de las rastrevíspulas, menciona que los profesionales aún seguían con las picaduras dado que posiblemente no había la medicina para el ataque. Pero yo decidí que sí hubiera una cura y para medio justificar el porque Katniss veía las ronchas, pues he de ahí porque use la analogía del bisteck. Sería todo por el momento; para dudas, reclamos, sugerencias, etc. Pueden usar los reviews.