PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo II

"Dualidad"

—Vaya, se ve interesante —comentó el Príncipe a Tark, quien esperaba su opinión con ansias.

Trunks revisaba, por demás emocionado, el jet que el Líder de Clase Media estaba construyendo. Le encantaban los circuitos y las herramientas y realmente estaba asombrado por habilidad del anciano.

—Su aprobación me da más seguridad, Príncipe —aseguró Tark lleno de orgullo.

—Ni que yo fuera el más capaz de todos... —murmuró Trunks para después alejarse del aparato, que estaba en medio del enorme laboratorio de quien lo acompañaba. Luego de un par de vueltas, se acercó al hombre—. Además, recuerdo haberte dicho cientos de veces que puedes llamarme por mi nombre.

Tark esbozó una pequeña sonrisa.

—No debería hacerlo, yo respeto su estatus —le contestó su viejo amigo.

—Mi estatus... —Frunció el ceño ante la mención de esa palabra—. No hay estatus que valga: soy igual a ti, somos saiyans —afirmó con clara molestia en su voz.

"Aunque cada día me pregunto más qué tan saiyan soy...".

El Líder de Clase Media rió brevemente.

—Príncipe, no debería renegar tanto de su naturaleza... —aconsejó—. Usted es un gran guerrero, yo lo he visto con mis propios ojos y puedo dar fe de eso... Deje de lado esa humildad, no tiene motivos para tenerla tan arraigada.

Trunks se fastidió.

—Yo creo que la humildad es importante en un guerrero... —agachó la cabeza algo avergonzado.

—Sí, es cierto —exclamó Tark, poniendo una mano en su hombro—. Pero Usted tiene Sangre Real, es un elegido… Ningún exceso de humildad en Usted es necesario; ningún exceso lo es.

Trunks lo miró confundido.

¿Qué tan elegido era?

¿Realmente era un honor usar ese maldito casco?

—Soy menos elegido de lo que crees... —le respondió y se alejó de él, dispuesto a irse.

Tark lo siguió varios pasos.

—En realidad, creo que es al revés. —Ante esas palabras, Trunks volteó para vislumbrar por última vez a su amigo—. Usted es más afortunado de lo que piensa... —aseguró, y una sonrisa sincera, cosa muy poco típica en un saiyan, lo despidió.

"No creo que sea tan así...".

Salió del laboratorio y, sin nada más por hacer allí, voló para volver al Palacio.

Minutos después, al llegar, vio la gran multitud, la cual seguía festejando.

Su padre reía de forma altanera al ver los pequeños combates que se habían organizado entre saiyans de Clase Alta, aunque ninguna pelea era realmente pequeña cuando involucraba a uno de ellos.

Aterrizó a la derecha de Vegeta, tomando su acostumbrada posición protocolar.

—Hasta que volviste, mocoso... —murmuró el Rey, quien le dedicó una mirada por demás despectiva, aunque disimulada.

—Déjame en paz —sentenció el muchacho al pasar por al lado de él, con intención de sumergirse en la multitud.

Tenía intenciones, en realidad, de quedarse allí con el Rey, pero aquel comentario le sacó las ganas. Si se quedaba todo terminaría en pelea y escándalo, y su padre se lo tenía muy prohibido en público.

Caminó entre la gente y unos guerreros de Clase Alta lo detuvieron.

—Príncipe, ¡deléitenos con su poder! —le pidió uno de ellos, un tipo alto y como de 30 años, delgado y con el cabello bordó y largo; su armadura era una típica de Clase Alta, con tonos dorados en sus varias piezas, pues los de Clase Alta solían ser, por lo general, los que más armadura usaban, o sea los que más cubiertos estaban.

Cobertura, extrañamente, era un bizarro sinónimo de superioridad para los saiyans.

—No tengo ganas —le contestó sin mucho respeto, más bien con desprecio.

El soldado lo miró inquisitivamente.

—¿Es que acaso que no merecemos verlo? ¿Eso intenta decir? —El sujeto rió y no de una forma agradable—. ¿O es que tiene miedo? Los de Clase Alta somos los más fuertes... Tal vez le dé miedo pelear conmigo porque sabe que no es de los mejores de su clase...

Trunks le dedicó su peor mirada. Por supuesto que lo estaba provocando, cosa que no era gratis cuando se trataba del Príncipe.

"Yo no soy ese tipo de persona... ¿Quién se cree este tipo para provocarme así?".

Rió con malicia ante el comentario, moviéndose a una velocidad que el otro saiyan jamás pudo seguir para ponerse tras él. Rodeó su cuello con uno de sus brazos mientras con su mano libre sacaba su espada de la vaina. Puso la punta muy, pero muy cerca de la mejilla de quien sucumbía ante su poder.

—No soy confiado y creído como un Clase Alta, no te confundas conmigo, hermano —dijo, inmutable.

—¡Suélteme! —Fue graciosa la forma en la que el soldado de Clase Alta se asustó. Estaba temblando como una niña pequeña... Qué vergüenza.

—Mmm, no lo sé... —Trunks acercó aún más la punta de la espada al rostro del otro saiyan, llegando a rozarlo—. Podría hacer una bonita cicatriz en tu rostro, ¿qué opinas? —Clavó la espada, con suavidad, en la mejilla derecha del hombre.

—¡NO! —gritó éste con consternación. Un hilo de sangre recorrió su rostro.

—¡TRUNKS! Deja de jugar, mocoso —espetó su padre en forma de reto, apareciendo a su lado tan rápido como él había aparecido detrás del soldado momentos antes.

—De acuerdo, padre... —musitó el Príncipe—. Sólo quería darle una lección por provocarme. —Lo soltó y se alejó tan rápido como pudo, desapareciendo de la vista de Vegeta entre la muchedumbre.

"No me gusta que me provoquen...".

Eso realmente le fastidiaba, no le gustaba ser visto como un creído; su padre lo era, pero eso no significaba que él también fuera así. Tal vez hacer aquello había sido un acto lleno de soberbia, pero los Clase Alta cada día lo irritaban más, especialmente los que tenían entre 20 y 30 años, esos eran los más molestos y, justamente, los de su generación.

Mucho reflexionaba acerca del porqué de ese comportamiento estúpido de los Clase Alta de su edad; verdaderamente no lograba dibujar en su cabeza una respuesta clara. ¿Existía respuesta? Quizá no...

Y lo único que podía hacer era no ser como ellos, intentar dar el ejemplo. Ciertamente, eso sí, había disfrutado jugar con ese soldado.

"Se merecía una cicatriz...".

De nuevo la dualidad: por un lado el muchacho bueno que sentía que era, con una ciclotimia constante a cuestas; por el otro el típico saiyan que disfrutaba de marcar a sus enemigos con su espada, al que le gustaba el olor de la sangre...

Su naturaleza era más desconocida y misteriosa de lo que él siquiera imaginaba.


—El Príncipe Trunks es fuerte... ¡El más fuerte de todos! —exclamó Goten, quien no estaba muy lejos de donde Trunks había peleado con el soldado de Clase Alta.

—¿Acaso lo dudabas? Te puedo asegurar que es mejor que el Rey —afirmó Pan sin demostrar demasiado interés en lo que su tío decía.

—¿Y tú cómo lo sabes? —inquirió éste.

—Pues deberías escuchar más al bisabuelo Bardock, tío Goten...

El susodicho rascó su cabeza, pensativo. Inevitable gesto adherido a su alma por su padre Kakarotto.

—El abuelo no aguanta mucho al Rey, ¿no? —quiso saber.

—Hasta que lo notaste... —murmuró Raditz cuando decidió meterse en la conversación.

Gohan y Videl no habían ido esa noche a la celebración; ambos eran de un perfil muy bajo, sobretodo Gohan, por lo cual sólo Goten, Pan y él estaban ahí; el resto de la familia se había quedado en casa, sumados a un Bardock que ya hacía rato se había marchado.

—Y dime, tío Raditz... —Goten lo miró con incógnita—. ¿Por qué es eso?

El hijo mayor del Líder de Clase Baja rió brevemente, cruzándose de brazos.

—Creo que deberías preguntárselo a mi padre, niño —Raditz lo golpeó en la cabeza como reto—. Debes estar más atento a lo que ocurre a tu alrededor, no es propio de un guerrero mostrarse tan imbécil.

A pesar de la fría respuesta que acababa de darle, su sobrino era su miembro favorito de la familia. Desde hacía varios años que Bardock le había pedido que lo entrenara, a lo mejor temiendo que se volviera tan bueno y amable como Kakarotto.

Respecto a esto, su padre solía decir una frase que para ese momento ya era célebre: "si un saiyan es amable, no llegará lejos". Estaba muy de acuerdo con esa frase. Kakarotto era MUY amable; nunca había logrado nada importante dentro del ejército de los saiyans, eso que potencial no le faltaba...

"¡Diablos! Kakarotto es más poderoso que yo, pero no le interesa ser importante... Si yo tuviera su poder...".

Raditz había formado un escuadrón con nada más y nada menos que Nappa y el ahora Rey Vegeta, cuando éste aún era el Príncipe. Habían peleado juntos en la guerra contra Freezer. Luego de la guerra, trabajó como hombre de confianza de Vegeta por años, hasta que algo sucedió y decidió irse.

¿Qué era ese algo? A Raditz no le gustaba mucho hablar del tema...

Ni siquiera quería recordarlo.

Era de Clase Baja pero, aún así, Vegeta lo había mantenido cerca de él por años. En principio formaron equipo por cosas del destino; no quedaban muchos Clase Alta y lo eligieron para estar con Vegeta y Nappa por ser uno de los mejores soldados de Clase Baja. Luego de la guerra, Vegeta tenía motivos de sobra para echarlo, pero no lo hizo...

Eso le hacía sentir mucho orgullo.

A partir de su ida, se dedicó a convertir a Goten en el mejor saiyan de Clase Baja que pudiera haber. Tenía mucho potencial para serlo, aunque no llegaba a superar a Bardock, pero era un gran guerrero. Tenía especial afecto por él, como el hijo que nunca tuvo. Claro que jamás lo admitiría en voz alta, pero era lo que sentía.

Goten sobó el chichón que Raditz le había dejado con su golpe.

—Bueno, bueno...—farfulló—. ¡El Príncipe se acerca...! —Y una enorme emoción se apoderó de sus ojos.

Raditz rió burlonamente para sus adentros.

Su sobrino siempre había querido ser como él y formar un escuadrón con el Príncipe Trunks así como él lo había hecho con el Rey.

"No creo que lo logres, mocoso...".

La triste realidad: las cosas ya no eran iguales en Vegetasei; ya no era común que un Clase Baja estuviera en el mismo escuadrón que un Clase Alta.

Menos si se trataba del Príncipe…

Trunks pasó de largo. Debido a su casco era imposible imaginar en qué pensaba o qué sentía. Nadie lo conocía lo suficiente en Vegetasei como para saberlo. Probablemente, pensó Raditz para sí, ni siquiera el Rey…

Sentía cierta lástima por Trunks, siempre la había sentido.

—Es un tipo raro —acotó Pan, quien seguía cruzada de brazos, dedicándole miradas despectivas a medio mundo. Típico de ella.

—Sí, lo es... —contestó Raditz, aún inmerso en sus pensamientos y en esa lástima que siempre recordaba al mirar fijamente el casco más misterioso del universo.

Por su parte, Goten seguía mirándolo con clara emoción, con anhelos desordenados domando su mente:

"Siempre se lo ve solitario, y no creo que alguna vez tenga yo la suerte de pelear con él, pero... ¡Realmente, el Príncipe me intriga mucho!".

Los tres se quedaron parados en medio de la multitud y, al cabo de diez minutos, se terminaron marchando. Ya estaban aburridos de aquella rutinaria celebración que más bien parecía festejo exclusivo de la Realeza y los Clase Alta; la Clase Media y Baja quedaban totalmente relegadas de cualquier alegría.

"Vegetasei ya no es como era, y eso es triste...", pensó Raditz antes de emprender vuelo hacia su casa junto con los descendientes de su hermano.


Deambuló por todo su planeta durante horas. Después de calmar un poco el fuego que quemaba su pecho y justo cuando la noche empezaba a hacerse más profunda que nunca, finalmente decidió volver.

Estaba más que irritado...

Sus pensamientos cada día lo atormentaban más, casi no podía controlarlo.

Tenía muchos deseos de destruir...

Al entrar al Palacio buscó a su padre, quien no parecía estar en ninguna parte; entonces, activó su scouter y éste le informó que estaba en el cuarto de él.

"¿Qué hace en mi cuarto? Espero no sea lo que imagino...".

Abrió la puerta lentamente y sus temores se confirmaron.

—Tardaste mucho, niño... —Vegeta lo observó fijamente, y su acostumbrada sonrisa maquiavélica decoró su rostro.

A su lado se encontraba parada una joven que no era saiyan. Tenía el cabello alborotado hacia arriba y en los costados de su cabeza estaba calva, su piel era de un tono rosado y vestía una túnica violeta. Todo indicaba que era sobreviviente de Konnatsu, planeta en el cual había obtenido su preciada espada unos cuantos años atrás. La muchacha estaba con los ojos tapados por un retazo de tela y unas cadenas mantenían sus manos atadas contra su espalda.

—¿Te gusta mi regalo? —indagó su padre, exagerando la ironía en su voz—. Hacía tiempo que no te regalaba una amante... —Tomó del mentón a la muchacha y la examinó detenidamente, encontrándola exquisita considerando su corta edad—. Las chicas de Konnatsu suelen estar entre las favoritas de los saiyan, no están nada mal... Y ya que las cosas que Konnatsu te agradan tanto... —agregó, haciendo una burlona alusión a su espada.

Como no había exceso de mujeres entre los saiyan, las mujeres de otras razas cuyos planetas hubieran sido conquistados por ellos solían ser conservadas como esclavas sexuales para lo hombres en Vegetasei. Los de Clase Alta, como en todo, solían quedarse con las más hermosas.

—Vete y llévatela —pidió el Príncipe, asqueado por la situación y eso que su padre pretendía que hiciera—. No vas a arreglar tus errores con una esclava.

—¿Ah, no? —El Rey sentó a la chica en la cama de su hijo y se dirigió a la puerta—. Disfrútala... Si es que puedes. —Y se marchó entre risas despectivas.

La puerta se cerró tras él y Trunks, ahora a solas con la muchacha, la observó detenidamente por largos minutos.

—¿Eres de Konnatsu? —inquirió a la muchacha por inercia; bien sabía la respuesta.

—Sí... —farfulló ella entre temblores que se manifestaban con más y más notoriedad en su cuerpo y su voz.

"Yo destruí su pueblo, su gente...".

El joven no pudo evitar sentirse culpable al tenerla en frente.

"Esto no es justo...".

Se quitó el casco y la observó mejor.

"Pero… debo admitir que es hermosa...".

Era la clase de chica que le gustaba: sin exuberantes curvas pero las suficientes como para encandilarlo. Los hombres saiyan las preferían curvilíneas... él no.

"Ni en eso me parezco a papá".

La observó por varios minutos, cada vez más excitado y asqueado, oscilando casi con naturalidad entre ambos sentimientos.

En su interior empezó a nacer el hambre que bien conocía pero que no comprendía: una mezcla de deseo, temor y furia. Quería poseerla, finalmente fue capaz de comprenderlo. Hacía tiempo que no poseía a una mujer y, además, su padre no le dejaba unirse a una saiyan como era debido, lo cual provocaba más soledad de la necesaria en su aburrida vida.

No quería usar a una mujer inocente, pero el deseo y la falta de placer era más fuerte.

La furia acumulada desde hacía días, debido a sus cada vez más frecuentes discusiones con su padre, lo era…

Siguió mirándola por largos minutos, aún oscilando entre un sentimiento negativo y uno positivo, entre un deseo abismal de sentirse amado y una repulsión natural hacia lo que, según su punto de vista, no era correcto.

"Ya no quiero complacer a papá".

La chica se mantenía en silencio; se notaba a kilómetros lo asustada que estaba.

La soledad de su cuarto parecía darle más ganas; el ambiente era ideal y era buena ocasión para descargar la gran molestia que lo embargaba.

"Ni quiero complacer a mi hambre saiyan...".

Luchó contra su fuerte instinto... Pero perdió.

Su sangre era más fuerte que su cordura, nuevamente lo entendió.

Guardó lo último que quedaba de ésta en lo más profundo de su ser, donde nadie pudiera verla, y se acercó a la mujer. No esperó, sólo desgarró la túnica con sus manos y tuvo enfrente la bella figura de aquella muchacha.

Se acercó a su oreja y, mientras se deshacía de su Armadura Real, le susurró lentamente:

—Perdóname... —y sin más la besó, dejando que su sangre lo domara, sin lucha interna alguna.

Ya no más dualidad: el guerrero había predominado, la fuerza le había ganado al corazón.

Y su padre a él... De nuevo.


Nappa tocó unos botones de su scouter con la vista fija en el cuarto del Príncipe.

—¡Creo que la está pasando muy bien! —afirmó entre risas, refiriéndose a los cambios inconscientes del poder de pelea que Trunks experimentaba en aquel momento; eso sólo sucedía, de esa forma tan peculiar, cuando un saiyan tenía un encuentro íntimo.

Vegeta fulminó a su sirviente con la mirada.

—¡Nappa! ¿Qué no te he dicho que no hagas ese tipo de estupideces?

El Líder de Clase Alta tragó saliva con nerviosismo.

—Rey Vegeta... ¡Sólo era un chascarrillo!

—¡Nada de chascarrillos, insecto! —Vegeta lo empujó por todo el hall hacia la puerta del Palacio—. Ya va siendo hora de que te vayas y me dejes en paz. ¡Me hartaste por hoy!

Nappa se retiró rápidamente, entre reverencias por demás torpes.

Una vez solo, el Rey se quedó parado en el mismo lugar por unos momentos. Escrutó la puerta del cuarto de su hijo por última vez y, sin más, fue directo a su cuarto y a, específicamente, su cama. Se quitó toda la ropa ya que no le gustaba dormir vestido, esto era incómodo para él. Dejó su Armadura Real tirada en el suelo y se recostó en su lugar de descanso. Luego de unos momentos de quietud, miró hacia el techo con furia...

Ese día había sido eterno.

¿Estaba siendo un buen Rey? Esa pregunta le nacía cada noche, al acostarse.

Vegetasei estaba inmerso en una era de aburrimiento y éxito. Ya no había rivales dignos, lo cual no era buen signo.

Tenían poder, pero no diversión.

Si ELLA estuviera allí, con él...

"Seguramente no me aburriría tanto".

Cerró los ojos, intentando ignorar tan trivial pensamiento, para finalmente quedarse dormido.

Profundamente dormido…

Se vio a sí mismo en medio de una perpetua oscuridad. Era un mar de sombras, el infinito mar de su mente.

Algo retumbó detrás de él y, al voltear...

No estás siendo bueno con Trunks... ¿Por qué no le dices la verdad? —le preguntó una voz femenina.

Voz que, aunque odiaba admitirlo, conocía muy bien.

No voy a decirle nada —contestó casi sin pensar... No había mucho que pensar a sus ojos.

Todo era obvio, el no decir nada acerca del pasado lo era desde hacía 28 años.

Hacerlo heriría demasiado tu orgullo, ¿no? —inquirió aquella voz, con ironía marcada en su tono.

¡No digas estupideces! Soy el Rey de los saiyans y, además...

Estás siendo cobarde, Vegeta —La voz rió, volviéndose irritantemente burlona.

¡CLARO QUE NO! —espetó. Se enfureció ante aquel atrevimiento.

CLARO QUE SÍ... —volvió a afirmar la voz.

No me pidas que admita semejante error porque no lo haré —aseguró con frustración, agachando la cabeza y apretando sus puños, conteniendo su furia.

¿Trunks fue un error? —la voz, repentinamente, sonó más triste de lo común.

Más triste de lo que recordaba haberla escuchado…

Ir contra mi propia raza lo fue.

¿Y eso es culpa de Trunks? —La voz se escuchó, ahora, más amenazadora.

Bien sabes de quién es la culpa... —era suya, pero no lo admitiría en voz alta.

Ni siquiera en sueños…

Vegeta, por favor... —La voz sonó más dulce—. Demuéstrame, por lo menos con algo pequeño, que no fui yo la que cometió un error...

¡¿A qué error te refieres, mujer? —indagó histérico, sin ya poder contener su fuerza.

Al hecho de haberte amado... Dime que no fue un error...

—¡AH! —Vegeta despertó inmediatamente.

"Otra endemoniada pesadilla".

Era el Rey, era el hombre más orgulloso de Vegetasei.

Pero, a la vez, era el que más frustrado estaba, al que más atormentaban los recuerdos, los sangrientos recuerdos...

El pasado cada día lo atormentaba más, ya se había vuelto incontrolable.

Cada vez que Trunks y él se miraban a los ojos lo era.


La noche pasó y el nuevo día llegó a Vegetasei.

Bardock se levantó temprano para irse directo para el Palacio. Mucho tenía por hablar con el Rey y decidió demorar lo menos posible.

Pan se despertó justo después de que su bisabuelo se fuera. Se levantó de la cama y, sin perder tiempo, abandonó la túnica azul con la que dormía. Luego de bostezar audiblemente, se puso su uniforme. Éste tenía negro, verde y rojo por doquier.

En Vegetasei, era común que los saiyans usaran ciertos colores que identificaran a sus familias. El único que vestía distinto en la suya era su tío-abuelo Raditz, quien jamás dejó de lado su acostumbrada armadura marrón. Su abuela Chichi y su madre usaban colores típicos de sus propias familias; su abuelo Kakarotto, su padre y su tío fueron quienes siguieron la herencia de Bardock. Goten, por su parte, mezclaba un poco el estilo de Bardock con el de Raditz, por respeto a quien era su maestro.

Pan usaba una armadura negra, con líneas verdes decorando su estómago y finas líneas blancas separando las distintas secciones de su cuerpo. Debajo usaba una malla negra; de la original, la cual tapaba todo su cuerpo, sólo había quedado la parte inferior, funcionando como un short cortado de forma desprolija. Éste dejaba ver sus piernas y parte de su estómago. Unas botas negras con una línea verde en el talón y muñequeras rojas completaban su armadura.

Lista para el nuevo día, bajó las escaleras dispuesta a salir a hacer un poco de ejercicio, justo cuando golpearon fuertemente la puerta principal.

Abrió sin más y se encontró con Trec, su vecino. Era de Clase Baja y, además, se trataba del muchacho al que había elegido para el día en que llegara la hora de unirse a un hombre bajo las más estrictas ceremonias saiyan.

Se sentía fuertemente atraída por él... En sus 15 años era normal que ya empezara a aparecer en su persona el instinto salvaje de querer unirse a un hombre y ella, de no mediar inconvenientes, se uniría a él sin dudarlo. Esto ni bien él demostrara interés e intentara cortejarla...

Tenía un par de años más que ella y su cabello era de un tono violeta oscuro, casi negro. El cabello era corto y alborotado como el de todo ser de su raza.

Ambos estaban en el mismo escuadrón. En cada escuadrón era costumbre que sólo hubiera una mujer, y ella lo era en el suyo. Como no había muchas féminas entre los saiyans, se intentaba protegerlas lo más posible. No porque a alguien le interesara realmente, sino porque sin mujeres la especie no se perpetuaría.

Ni se pensaba en la posibilidad de usar a una mujer de otra raza; la hibridación estaba totalmente prohibida en Vegetasei, castigada con la muerte más cruel que se le pudiera dar a un ser.

No era digno mezclarse con sangre inferior.

—Hola, Trec... —lo saludó con fingida frialdad—. ¿Qué te emociona tanto como para golpear mi puerta así? —se burló.

Trec le dedicó una mirada amenazante, digna del hombre al que ella deseaba unirse.

—Nos dieron una misión... —musitó—. Debemos irnos de inmediato hacia el planeta Tramat, en la Galaxia del Norte.

—¿Te lo dijo tu padre? —inquirió ella haciendo alusión al líder del escuadrón: Tezo.

Cuando el escuadrón era de gente joven, un adulto con prestigio los acompañaba, y Tezo era un gran soldado de Clase Baja. Además, era justamente el padre de Trec.

—Sí, así que si tienes agallas ven con nosotros... —agregó el muchacho—. Sino no, quédate si no vas a servir, niña.

Unos nuevos ojos desafiantes y eso revolvió sus hormonas sin poder evitarlo.

—Claro que tengo agallas, imbécil... —exclamó con orgullo la nieta de Kakarotto—. Déjame avisarle a mi padre.

—De acuerdo, nos vemos en la Central Espacial.

Sin darle ninguna respuesta, Pan le cerró la puerta en la cara.

La Central Espacial estaba tras el Palacio Real; era de donde salían TODAS las naves rumbo a los distintos planetas. Eran muy pocas las naves que tenían permiso para aterrizar en cualquier parte de Vegetasei, todo esto con el fin de llevar un registro ordenado de quién salía y quién entraba al planeta.

Emocionada por la batalla que se le acercaba, fue a despertar a su padre. Lo movió unos momentos hasta que finalmente logró sacarlo de su sueño.

—Papá, debo ir a una misión... —le informó.

—¿Dónde? —preguntó un Gohan que aún no estaba del todo despierto, a la vez que Videl despertaba a su lado.

—Planeta Tramat —contestó.

Su padre era muy inteligente, como una verdadera base de datos. Conocía perfectamente el nombre y la ubicación de cada planeta del universo.

Luego de meditar unos momentos, el hombre abrió la boca:

—Mmm, no es complicado... Hay tipos poco poderosos allí —anunció—. No hagas tonterías y vuelve con la victoria.

Su padre puso una mano en su hombro y la miró con orgullo.

—Me extraña de ti, padre... —rió entre dientes la muchacha—. Claro que no perderé...

Y se marchó.

Buscó su scouter de color verde en su habitación y fue directo hacia la Central Espacial, invadida con la magnífica sensación de saber que dentro de poco estaría poniendo a prueba su fuerza.

Dentro de poco, lo sabía, estaría haciendo lo único que realmente amaba en el mundo... Pelear.


Llegó al Palacio volando y golpeó la puerta con fuerza.

Nappa era el guardaespaldas y sirviente directo del Rey, quien iba cada mañana a hacerse cargo de los asuntos del más importante saiyan, lo cual hizo al recibirlo. Bardock lo ODIABA; no soportaba su presencia desde hacía años. Cuando lo vio, el mismo pensamiento de décadas se cruzó por su cabeza.

"Infeliz... Jamás te voy a perdonar".

Tenía motivos de sobra para no soportarlo...

Nappa lo saludó cordialmente, con una falsedad que se detectaba desde la galaxia más lejana.

—El Rey te está esperando —informó el guerrero más corpulento con una soberbia asquerosa.

Bardock, haciendo caso omiso al asco que le producía aquel ser tan desagradable a sus ojos, avanzó por el hall del Palacio con un caminar lento, observando cada rincón, cada detalle...

El Rey apareció de la nada, con su impecable armadura, su capa roja y su maligna y orgullosa sonrisa, conocida como la sonrisa más avasallante del Reino.

—Insecto, te estaba esperando —exclamó al verlo. Por lo menos no era falso como Nappa.

Detrás de él, el Príncipe Trunks mantenía su cabeza gacha y tapada por su clásico casco. Por mucho era el sujeto más misterioso de Vegetasei. Nadie jamás había visto su rostro, lo que era muy notorio siendo que los saiyans expresaban todo a través de la cara y la mirada. Nadie sabía qué pensamiento se cruzaba por la mente de ese joven, el heredero del imperio más poderoso del universo.

—Rey Vegeta —hizo una reverencia ante él—. Príncipe Trunks…

Y otra reverencia... Odiaba los formalismos, no eran su estilo. Era un guerrero, no una sirvienta.

—¿Qué sucedió con los escuadrones? —interrogó el Príncipe, con un tono que escapaba de la típica soberbia de su padre… y saiyan, de hecho.

Siempre diferenciándose tanto de la raza que lo vio nacer…

—Como dije ayer, Príncipe...—suspiró con desgano un Bardock que, al parecer, había amanecido irritado—. Hace un mes y medio, un escuadrón de Clase Baja no muy fuerte fue derrotado en Zet; hace tres semanas lo mismo sucedió, pero con un muy buen escuadrón, en el planeta Mega; finalmente, hace dos días uno de los mejores escuadrones de mi clase fue derrotado en Kabu.

El Rey lo miró despectivamente.

—Pues yo creo que eso fue debido a que no entrenan como es debido, Líder de Clase Baja.

Bardock sintió unas inmensas ganas de asesinarlo, pero se contuvo con todas sus fuerzas.

—Vamos... —Vegeta, sin cambiar el tono despectivo, caminó a su alrededor—. Ustedes son la peor clase, error nuestro haber mandado tan malos guerreros que no volvieron con la victoria, pero...

"Admitió un error, qué milagro…".

El Líder de los bajos respiró hondo y escupió un detalle que había pasado por alto:

—Rey Vegeta —musitó—, los habitantes de esos tres planetas también estaban muertos cuando fuimos a ver qué había sucedido.

Se sintió un idiota por haber olvidado tan importante detalle; mas la ira contra su Rey no lo dejaba pensar bien.

Vegeta se detuvo en seco.

—¿Ah, sí? —bufó.

—Sí... Mi preocupación es que se trate de alguien que busque algún tipo de venganza, Señor.

El Rey volvió a pararse frente a él perdiendo la mirada soberbia, aunque poco tardó en volver a ésta, más irritada de lo normal frente a un simple soldado de Clase Baja.

—De ser como tú aseguras… ¿Por qué empezarían por tan insignificantes soldados? —preguntó finalmente, volviendo al tono burlón y a las risas despectivas. Era evidente que el Rey era un gran actor.

A Bardock casi se le escapó un puñetazo al escuchar la risa de Nappa ante los dichos del Rey; sin embargo, se calmó al apreciar cómo los puños del Príncipe Trunks se apretaban con fuerza.

"Tal vez debería hablar con él en vez de con estos dos imbéciles".

—Tal vez nos están poniendo a prueba —respondió luego de unos momentos.

—¡Hump! —Vegeta volvió a reír con despreocupación inocultable—. Designaré a alguien de Clase Alta para investigar —aseguró a pesar de todo y para enorme sorpresa del Líder de Clase Baja—. Ahora vete, tu presencia me irrita, gusano.

El Rey se retiró luego de esas últimas palabras.

Nappa le pidió que se retirara y, antes de hacerlo, el Príncipe pareció observarlo... ¿Se estaría riendo? Bardock estaba seguro de que no.

Fue volando a su casa, gritando su furia por el cielo. Cuando llegó a su hogar, los deseos de gritar no se le fueron, al contrario.

—¿Dónde está la mocosa? —exigió saber por Pan al no verla comiendo junto al resto de su familia.

Kakarotto tragó apresuradamente.

—Fue al planeta Tramat.

Permaneció estático por largos minutos, mirando a su hijo menor sin parpadear.

Sintió temblar su mano...

—¡¿QUÉ? —gritó y todos quedaron petrificados en sus lugares, sorprendidos.

"No confío en el Rey ni en el escuadrón de cuarta en el que está la chiquilla ruidosa...".

—¿Qué sucede, abuelo? —inquirió Gohan luego de acercarse a él, a lo mejor intentando calmarlo.

No era cuestión de no enviar más tropas tampoco... Esconderse no era digno de un saiyan y Bardock bien lo sabía. A pesar de ello, algo le decía que una cosa rara estaba sucediendo y que confiar en la supuesta "investigación" y "cuidado" del Rey no era una opción ni para él ni para su clase.

Mucho menos para su irritante y poderosa bisnieta.

"¡Voy a matarlos a todos!".


Nota Final del Capítulo II

¡Hola! Actualicé más lento de que lo quería, pero este fic lo tengo que pensar muy bien. Por eso quise tomarme unos días para hacerlo.

¡Les agradezco los reviews desde el fondo de mi corazón! Respondí todas las preguntas por PM y tengo pensado seguir haciéndolo...

¡Así que, ante cualquier duda, ya saben! ¡Les voy a responder!

Sigo sentando bases... Recién en el capi que sigue empieza lo interesante (?).

Escribí una escena MUY LARGA explicando cómo obtuvo Trunks su espada (¡siii! fue contra Tapion XD), pero apreté algo sin querer y la borré. XD

Decidí no rehacerla: tomé ese "borrón accidental" como una señal del destino (?)... La escena era un poco tonta y traída de los pelos. XD

Ojalá se haya notado el fan service dedicado a las "Vegeta Fans"… "Veggie" duerme desnudo. XD

¡Hasta la próxima! n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.