PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo III

"Masacre"

—Nappa, encárgate de asignar a un Clase Alta para hacerse cargo de los insectos —pidió el Rey a su guardaespaldas y Líder de la mejor clase saiyan—. No quiero que ese imbécil de Bardock vuelva a molestarme.

Luego de la orden, Vegeta se retiró.

Nappa y Trunks quedaron solos en medio del hall del Palacio, sin siquiera mirarse. Finalmente, Trunks lo vislumbró y vio en el hombre una media sonrisa, de esas que solían irritarlo mucho.

—Haz lo que te dijo mi padre y deja de reírte, imbécil —espetó.

Nappa pareció tiritar.

—¡Sí, Príncipe Trunks! —farfulló para luego marcharse rápidamente.

El joven divisó a Nappa mientras se iba, pensativo.

"Les importa tan poco la Clase Baja… No sé si debería confiar en que haga bien las cosas...".

No tardó mucho en tomar una decisión:

"Me encargaré de esto personalmente".

Sin más que hacer allí, Trunks voló a la Central Espacial, dispuesto a hacer algo por los suyos, por los saiyans.

"Mi padre ha olvidado cómo hacer bien las cosas...".


—¡¿Cómo que se fue? —gritó Bardock a los miembros de su familia, quienes lo miraban estupefactos—. ¡¿Acaso viven en un asteroide? Han matado demasiados saiyans de nuestra clase en muy poco tiempo... ¡Acabo de hablar con el Rey y no confío en ese inútil!

Gohan, su nieto mayor, se acercó a él sumergido en la mayor de las preocupaciones.

—Ya lo sabemos, abuelo... —le dijo—. Pero no creo que esconderse sea la solución... ¿Acaso los saiyans nos escondemos de nuestros enemigos? No está en nuestra sangre hacerlo.

Gran verdad, maldita verdad: esconderse no era la solución que él buscaba.

—Iré a ver... —refunfuñó el Líder de Clase Baja—. Perder a una buena guerrera, la chiquilla, por culpa de su escuadrón de cuarta categoría no es algo que esté dispuesto a permitir.

Intentó marcharse pero su hijo Kakarotto lo detuvo.

Su mirada era de alguien tranquilo, de alguien que no estaba preocupado... De un legítimo saiyan.

—Yo iré contigo —afirmó.

—Kakarotto, no molestes...

—¡Vamos, padre! Yo iré contigo —insistió con una sonrisa bastante atolondrada, típica de ese guerrero.

—Yo también —se metió Gohan—. No sabemos si quien está atacando a los de Clase Baja es demasiado fuerte: mientras más seamos mejor.

Bardock vio que Goten estaba a punto de postularse para ir también, pero una mirada suya con la más grande de las iras bastó para hacer que el hijo menor de Kakarotto desistiera.

—Nadie más irá... —sentenció con firmeza—. Te dejaré ir, Gohan, porque eres el más fuerte de nosotros. —Puso una mano en el hombro de su nieto y lo observó con orgullo—, tú serás útil... Y Kakarotto... —Cambió la dirección de sus ojos hacia éste—. Tú eres un inútil, pero fuerte también.

Finalmente se marcharon, y Goten se asomó hacia la puerta, para apreciar cómo los tres desaparecían entre las nubes rumbo a la Central Espacial.

—Yo quería ir... —se lamentó como un niño. Un golpe en su cabeza lo hizo salir rápidamente de su lamento—. ¡Tío Raditz! —se quejó, sobando el chichón del día.

Su tío contempló hacia el horizonte con un semblante más que serio.

—Esto no es un juego... Ya te lo he dicho muchas veces.


Trunks, finalmente y posterior a un corto viaje, llegó a la Central Espacial. Esta consistía en un hall inmenso con operarios en sus esquinas, en cuyo centro se extendía un enorme círculo rodeado de naves resguardadas en las paredes más cercanas. En el medio, dentro de este círculo, había unos cinco círculos más pequeños con telas elásticas que permitían un seguro aterrizaje de las pequeñas naves; también había en los alrededores de la Central.

El Príncipe fue hacia un sirviente apostado frente a una computadora en una especie de escritorio, que era uno de los tantos que trabajaban allí en distintos turnos. Este tipo era de una raza que no recordaba del todo bien cuál era. Tenía la apariencia de un reptil, era de color verde con manchas negras por toda su piel y tenía una típica armadura saiyan puesta. Este era uno de los encargados de la Central Espacial, junto a otro sujeto que pudo visualizar lejos de él, un viejo que en apariencia parecía saiyan pero no lo era ya que su cabello era rubio y no tenía cola.

Común era que para las labores que no requerían fuerza se pusiera a trabajar esclavos. Todos los trabajadores que no tenían la poderosa sangre saiyan en sus venas, que se ocupaban de las labores más diversas en los lugares alrededor del planeta, desde limpieza hasta cocina pasando por puestos más administrativos como los que había en ese lugar, llamaban "hogar" a los Calabozos del Palacio. Ese lugar inmenso albergaba a todos los infelices que habían tenido la desgracia de sobrevivir a las conquistas saiyan.

—Disculpa —pidió al tipo verde con respeto e ignorando el miedo que se dibujó en el rostro de éste—. Necesito saber si hoy ha salido alguna misión de algún escuadrón de Clase Baja.

Ambos sirvientes, entonces, se miraron con cierta complicidad que no supo comprender.

—No, señor —aseguró el rubio salvando distancias con su voz.

Trunks los miró lleno de dudas, completamente incrédulo. Empezó a irritarse.

—Le pregunté a tu amiguito, no a ti —musitó perdiendo el respeto con el que había comenzado la conversación.

—Señor... —murmuró el ser verdoso—. No, no hubo misiones en el día de hoy.

Algo le decía a Trunks que, evidentemente, estaban mintiendo; lo miraban con demasiado miedo, más del habitual siendo que siempre lo miraban así, pero sólo por ser el Príncipe. Esta vez, en cambio, parecían más nerviosos.

Y eso no era una buena señal.

—Entonces supongo que... —Se acercó a la computadora y lo empujó de la silla en la que estaba sentado—. No te importará que revise esto...

Se metió en el registro principal mientras ambos sirvientes lo atisbaban perplejos.

El verde empezó a llorar y se arrodilló a su lado, suplicante.

—No me mate... ¡Por favor, no me mate!

—¡A mí tampoco! —suplicó también el rubio, imitando la posición de su compañero de trabajo.

Algo estaba muy mal...

Después de tocar algunos botones, el Príncipe halló un registro de salida de un escuadrón hacía únicamente un rato. Era un escuadrón de Clase Baja y se dirigía a Tramat, un planeta lejano que estaba localizado en la Galaxia del Norte.

—Tramat, ¿eh? —Satisfecho por haber encontrado lo que había ido a buscar, Trunks se levantó de la silla y escrutó desafiante a los dos sirvientes—. Perdonaré sus vidas a cambio de dos cosas.

Ambos hicieron una reverencia entre temblores. El Príncipe prosiguió con su discurso:

—Primero: jamás le dirán a alguien que yo descubrí esto, porque sino los mataré sin piedad —afirmó mostrándose más despiadado de lo que era; ambos empleados asintieron—. Y segundo... Dudo que les moleste que tome una nave prestada...

Y fue hacia la nave más cercana, sin que los sirvientes nada pudieran hacer para detenerlo. Entró en la pequeña nave en forma de pelota que tan célebres había hecho a los saiyans por años, dispuesto a marcharse en ese preciso instante.

—No me tomará mucho tiempo llegar... —aseguró para sí.

Las naves, con los años, se habían mantenido idénticas en estilo, pero con las mejoras de los Clase Media ahora eran muchísimo más rápidas. Un viaje que en otra época hubiera demorado más de una semana ahora sólo demoraría un par de horas.

Tocó varios botones, la nave se cerró y finalmente despegó. Ya en el espacio, se quitó su casco con urgencia. Cuando viajaba éste solía asfixiarlo. Se cruzó de brazos y, mientras observaba el infinito universo por la ventana que estaba frente a él, se sumergió en su mente.

"Es extraño... Ahora que lo pienso, los tres ataques anteriores fueron en la Galaxia del Norte. Y ahora estos sirvientes de porquería me ocultaron justamente un viaje que iba hacia esa galaxia. Encima, se trataba de un escuadrón de Clase Baja... Demasiadas coincidencias... Si los atacan, solamente espero llegar a tiempo y poder encargarme de los gusanos que estén molestando a mi raza...".

—Me las van a pagar... —se juró, cerrando sus ojos para descansar un momento.

Seguramente y por desgracia, una durísima batalla lo esperaba en Tramat.


Una costumbre estúpida y molesta, según su bisabuelo, que Pan tenía al pelear era reírse mucho: no podía parar de reír mientras golpeaba a sus enemigos; eso estaba haciendo en ese momento.

Ya casi no quedaba nadie originario del planeta Tramat. Los seres azules y enanos que poblaban ese lugar eran más que débiles y poco habían podido hacer por defenderse de los poderosos guerreros saiyan. Aún así, la joven logró entretenerse un rato.

Luego de unos minutos ya todos habían muerto; su escuadrón y ella se sentaron sobre unas rocas a descansar un poco.

—Qué aburrido... —exclamó Trec, denotando molestia en su voz—. No pensé que fueran tan débiles.

—Y eso que vi que uno te dio dificultades en un momento... —Pan intentó provocarlo, lo cual pareció gustarle a su compañero.

—Creo que no sabes con quién te metes, mocosa... —rió entre dientes Trec; ella lo imitó.

Se miraron por largos y eternos instantes hasta que Tezo, padre de Trec y Líder del escuadrón, tosió brevemente y los interrumpió:

—Dejen sus provocaciones para cuando estén solos, niños —los retó.

Trec pareció sonrojarse pero el que girara su rostro le impidió a Pan afirmarlo. Ella sólo rió y rió de la forma más burlona posible.

Estaba feliz ese día.

—Realmente eran débiles —afirmó entonces Melt, otro de los saiyans del escuadrón; era un tipo bajito y con el cabello negro y largo, de unos 30 años.

—Sí... —asintió Zirio, el último saiyan del grupo y aparentemente el más fuerte. Era un tipo gigantesco y con el cabello de un tono que se inclinaba al rojizo, quien tenía una cicatriz en su mejilla derecha; era el más viejo después de Tezo.

Pan miró con curiosidad esa cicatriz. Le parecía muy atractiva y a la vez le recordaba a su bisabuelo, cosa que le provocó una sonrisa.

—Tengo ganas de pelear —musitó la muchacha.

Realmente se había quedado con ganas de más. Era insaciable cuando de batallas se trataba.

—Trec, golpéala un rato si tanto le gusta —ordenó Tezo a su hijo.

—Será un placer... —El muchacho se puso de pie y le regaló unos enormes ojos amenazantes.

A Pan realmente le gustaba Trec, por eso aceptó pelear con él; quería provocarlo lo más posible para llamar su atención, quería encantarlo con sus técnicas...

Así se cortejaban los saiyans, peleando.

A lo mejor Tezo se daba cuenta de la mutua atracción...

Emprendieron vuelo y se alejaron bastante de sus compañeros, yendo casi a la otra punta del planeta.

—Aquí está bien... —Trec aterrizó en una llanura y volvió a mirarla en forma amenazante.

Esa mirada le generó algo a Pan, un atisbo de calor que se movía inquieto en su estómago. Estaba bastante excitada de estar a solas con él.

Siempre le pasaba en ese tipo de ocasiones…

—Vamos... —La muchacha volvió a reír y la batalla comenzó.

Se elevaron en el aire en medio de puñetazos furiosos de juventud y atracción. Danzaron con sus brazos y piernas en busca de herir, en busca de tocarse el uno al otro...

Trec no podía negarlo: ella era fuerte, persistente, agresiva... Y sensual.

Ya estaban en edad de sentirse atraídos el uno por el otro, por eso no habría problemas...

Tenía que seguir peleando, tenía que ganar para así demostrarle que él sí la merecía, que era lo suficientemente fuerte para una excelente guerrera como Pan, bisnieta de Bardock.

Esquivó unos cuantos puños de su hermosa rival, hasta que Pan logró golpearlo fuertemente en su mejilla derecha, golpe que hizo que perdiera la concentración y estuviera a merced de aquella saiyan que desde hacía tiempo le gustaba.

—Demuestra que sirves, imbécil —exigió ella jadeando al secar el hilo de transpiración que caía desde su frente.

—Sí que sirvo, estúpida... —contestó él, limpiando la sangre que decoraba su barbilla.

—Entonces levántate y sigue peleando...

Trec rió brevemente y obedeció. Siguieron el combate en el aire, pero ninguno lograba golpear al otro; ella esquivaba y él también, ella intentaba y él no se quedaba atrás... La pelea estaba muy pareja. La balanza se inclinó hacia Trec por unos instantes, en los que aprovechó para darle una fuerte patada en el estómago a Pan, la cual hizo que ella cayera de rodillas al suelo.

El muchacho se paró delante de ella y la tomó bruscamente del cabello.

—¿Sirvo? —espetó con arrogancia, agachándose hacia ella. Su rostro rozó el femenino.

Ella, ante esto, mostró los dientes con satisfacción.

—Algo... —respondió en un susurro.

—¿Sólo "algo"? —Y Trec se acercó más a ella.

—Sí... "algo"... —susurró. Su mirada estaba llena de excitación.

¡Sí! Eso era: pura excitación. Eso excitó al joven que la sostenía con fuerza y sin respeto.

Pan, por su parte, ya casi no toleraba la pequeña distancia entre ellos. En un rápido movimiento, lo tomó del cabello para tironearlo en dirección a ella.

—¿Y yo sirvo? —respiró sobre él.

Al parecer, la atracción había llegado a su punto culmine.

—Demasiado... —Sin más, Trec la besó furiosamente.

Se lanzó sobre ella y ambos cayeron sobre el suelo completamente hipnotizados por esa unión nueva, ese nuevo paso hacia lo inevitable que había entre ellos...

Se tironearon de los cabellos el uno al otro con pasión, se besaron con total salvajismo...

¡Pan estaba en el cielo! Durante muchísimo tiempo había deseado eso, había deseado besarlo, tocarlo... Ahora lo hacía, y era delicioso.

Trec también, realmente tocaba el paraíso con las manos. Besaba a una de las mujeres más fuertes de su clase, estaba orgulloso de sí mismo...

Pan le gustaba, sí... Le gustaba mucho.

"Y seguramente es la indicada... Es a ella a quien quiero unirme...".

Sonrió entre besos y jadeos, empezando a tocar cerca de las zonas donde estaba prohibido tocar a cualquier mujer.

"Y es a quien me uniré… ¡Sí! A ella y a nadie más…".

El atrevido beso y sus caricias desesperadas se vieron interrumpidas, entonces, por el sonido del scouter de ambos.

Se quedaron en seco, él sobre ella, mirando lo que éste decía en el ojo de cada uno.

—Esos poderes de pelea... —farfulló Trec sin llegar a reaccionar.

—¡Son demasiado fuertes! —Pan se sacó a su compañero de encima y miró hacia la dirección en la cual sus otros compañeros de escuadrón se encontraban—. ¡Nos están atacando de nuevo! ¡Como a los otros escuadrones de Clase Baja!

Trec se paró tras ella y ambos se miraron.

—¡Vamos!

—¡Sí!

Y emprendieron vuelo a toda velocidad.


—¡No me mientas, insecto! —Bardock tomó del cuello al sujeto verde de la Central Espacial, ya sin querer ser diplomático.

Perdía la paciencia demasiado rápido, más en una situación tan desesperante.

—Le digo que no hay naves disponibles, señor... —aseguró el tipo con suma dificultad debido al ahorque.

—Aquí hay muchas naves. ¿Cómo quieres que te crea si mientes descaradamente?

—Es que... —susurró el verde

El tipo rubio, al cual Gohan tenía tomado del cuello también, se metió:

—Están fuera de servicio... ¡No estamos autorizados!

—Estupideces... —Bardock soltó a quien tenía inmovilizado y Gohan lo imitó.

—Vamos, papá... —su hijo le sonrió con confianza.

De un rápido movimiento, Kakarotto dejó inconscientes a ambos operarios y los tres salieron disparados hacia las naves más cercanas; se metieron cada uno en una y las programaron. Así, salieron rumbo a Tramat.


Pan y Trec llegaron hacia el lugar donde estaban sus compañeros y algo horrible los sorprendió.

Quedaron paralizados en aquel lugar, horrorizados por aquella asquerosa imagen.

Muertos... ¡Los tres estaban muertos!

Pan gritó de horror mientras Trec se acercaba rápidamente a su padre.

—Papá... ¡papá! —lloró, completamente superado por la situación, mientras sostenía en sus brazos el cuerpo sin vida de su padre.

Pan buscó en todas direcciones, sin lograr ver a nadie peligroso, y luego fue hacia Zirio y contempló sus restos... Los brazos rotos, su cabeza reventada a golpes...

"Quienes hicieron esto son unos completos animales..."

No pudo evitar llorar al mirar su cicatriz, esa que a ella le gustaba. Se tapó la boca conteniendo un vómito inevitable y un grito mortal la distrajo repentinamente.

—Trec...

Giró sobre su propio eje y vio a Trec caer al suelo con su pecho perforado por un puño. Frente a él, dos tipos destacaban.

Las risas se extendían a lo largo del espacio y la imagen se volvió surrealista para la bisnieta de Bardock. Ya no fue capaz de pensar de allí en más…

"No, por favor no…".

Se acercó lentamente a ellos, sumergida en lágrimas y furia.

Ya no había dudas, no luego de escrutarlos hasta el hartazgo emocional...

"No... ¡No puede ser!".

—¡¿Ustedes son...?

Saiyans.

Sí, eran saiyans.

Ambos la miraron con ojos desbordantes de soberbia; ella no salía del shock.

Al juzgar por sus coloridas y ostentosas armaduras, era claro que ellos eran de Clase Alta y no mucho mayores que ella.

—Despídete de tu amorcito, muñeca... —recomendó uno de ellos, quien era alto y de cabello largo y negro; a diferencia del otro, que era más bien de la altura de ella, con el pelo alborotado hacia arriba y de un tono más rojizo.

Corrió hacia Trec sin vacilar y lo arrulló entre sus brazos mientras él no paraba de toser sangre.

La imagen se volvió una pesadilla que, juró, jamás podría olvidar…

—No... —susurró, sin ya desear ni lograr contener las lágrimas.

—Estos miserables... —farfulló él con dificultad pero con odio, mucho odio—. Huye, Pan... Ve hacia Bardock, ve hacia el Rey... Pero no pares hasta que ellos paguen por esto, por favor... —le suplicó.

—No... —siguió susurrando ella, dibujando hermosas caricias en el rostro cada vez más frío.

—Tú si sirves... —se sinceró con ella—. Si no fuera por esto, si no hubiera pasado esto... no habría dudado en unirme a ti... —y él le dedicó una hermosa y sentida sonrisa.

—¡No me digas eso, idiota! —Ella lo abrazó más fuerte.

—Linda... Huye... No quiero que mueras... —Trec la acarició brevemente, caricia que a Pan se le hizo eterna… pero el último suspiro llegó.

—Trec... ¡TREC!

Ya no había señal de vida alguna.

"Saiyans matando a saiyans... ¿Qué mierda es esto?".

Pensó en el sentido beso de hacía tan sólo un rato y sintió que se le desarmaba el corazón de dolor.

"Tanto deseé eso... Y ahora...".

Repasó las últimas palabras.

"Y encima se despidió diciendo que quería unirse a mí... Maldito Trec, ¡¿por qué me lo hiciste más doloroso?".

—¿Por qué...? —preguntó sin soltar el cuerpo, desesperada y adormecida por el enorme sufrimiento que nacía en su pecho y se extendía por todo su cuerpo.

Lloró con todas sus fuerzas durante un largo momento, hasta que el odio fue más fuerte que la tristeza.

"¡Huir! No me hagas reír... No pienso hacerlo".

Dejó el cuerpo con mucha delicadeza sobre el suelo, no sin antes depositar un suave beso en la boca de a quien ella había elegido; después, giró hacia los asesinos, los cuales reían a carcajadas detrás de ella.

—Basuras putrefactas —espetó frente a ellos.

—Niña, no seas bromista... —rió el tipo más alto—. Las basuras putrefactas son esos cuerpos que estás mimando tanto... —Una nueva risa decoró el ambiente.

—Mejor mima cuerpos vivos... Y de Clase Alta... —exclamó el más bajo.

Ambos se acercaron a ella.

Pan ya no pudo soportarlo y los atacó con todas sus fuerzas a la vez que un furioso grito salía de su boca.

"Voy a vengarme, ¡lo juro!".


Trunks aterrizó en Tramat luego de un par de horas de viaje, ese que se le hizo eterno. Estaba emocionado por la idea de pelear, pero también preocupado en demasía por su raza, por lo sucedido en la Central Espacial.

"Algo no está bien...", se repitió sin parar durante esas horas de viaje solitario.

Sus malos presentimientos no solían estar erróneos y, al activar el scouter de su casco, lo supo con una abrumadora certeza.

"Solamente tres poderes de pelea... Dos fuertes, uno muy pequeño, intermitente... Alguien está a punto de morir...".

Fijó la vista en el punto que le indicada el scouter y voló a toda velocidad, ajustando su espada tras de sí.

"Llegué demasiado tarde...".

—¡Maldición!


Pan era golpeada sin piedad por el tipo bajo, mientras el más alto la sostenía de los brazos, inmovilizándola por completo. Le estaban reventando la cara a golpes, ya podía sentir la sangre manchando cada rincón de su cuerpo. Varios puñetazos en el estómago ya la habían dejado casi inconsciente, sin posibilidades de defenderse.

"¿Así de vergonzosa será mi muerte...?".

Lloró por verse derrotada de forma tan asquerosa.

—Espera —pidió el más alto a su compañero—. ¿Por qué antes de matarla no la aprovechamos?

—Tienes razón —asintió quien la golpeaba—. Después de todo es una chica muy bonita... Y se ve que nunca la han usado...

Las anteriores ganas de vomitar volvieron cuando el bajo acarició su cuerpo de forma morbosa, mientras que el otro hacía lo mismo con su cola, signo de su herencia saiyan.

Que un hombre le tocara la cola saiyan a una mujer era signo de posesión en su cultura, estaba visto como algo demasiado íntimo, como paso inicial al ritual de unión.

La estaban violando...

Y de la manera más humillante que existía.

—¿Sabes? —comentó el tipo bajo, quien la golpeaba momentos antes—. Tu ataque inicial fue tan impertinente que me había cegado: necesitaba matarte... Me había hecho olvidar de mi ritual ya acostumbrado.

—¿De qué mierda hablas? —jadeó ella con odio.

El bajo empezó a rasgarle su armadura hasta llegar a despedazarla, dejando apenas cubierta la parte inferior de su cuerpo por retazos de tela de la malla que solía usar debajo de la protección. Pan gritó ante su acción desalmada y vacía de orgullo, sonrojándose y llorando por verse desnuda ante seres tan desagradables.

Entonces, el alto habló.

—El ritual que hemos hecho hábito... ¿Sabes cuál es? —inquirió al relamer sus labios con su lengua—: hemos violado a cada mujer de los tres escuadrones que matamos antes... Y tú no podías quedarte sin ese privilegio.

Tomó su cola con fuerza mientras el otro masajeaba con total perversión sus pechos.

Ella lo atisbó, alienada por el asco, por el odio, por la furia que sentía.

—La vamos a pasar muy bien... Irás al cielo antes que al infierno, ya verás... —y con una sonrisa completamente desquiciada, empezó a mordisquear su cuello mientras el otro seguía apretando su cola.

—Suéltenme… —pidió mientras sus dientes rechinaban.

No podía moverse, no podía hacer absolutamente nada…

La voluntad de matar ya no era suficiente, su cuerpo no la ayudaba... Estaba demasiado herida, demasiado asqueada.

Se sentía demasiado humillada.

—Vamos... —exclamó el sujeto alto detrás de ella entre gruñidos que le hacían saber que estaba realmente excitado, al juzgar también por cómo tocaba su cola—, no te va a doler tanto como los golpes, lo pro... —y un golpe seco detuvo el tiempo para siempre.

El tipo bajo se alejó de ella caminando hacia atrás, con el rostro horrorizado por el miedo, deformado por la sorpresa.

A la vez, Pan sintió cómo el agarre de quien estaba tras ella ya no era tal. De un momento al otro, lo vio caer a su lado con el pecho perforado por algo que sin dudas era muy filoso.

Volvió a mirar al tipo bajo y su cara cada vez estaba más deformada por el miedo.

Entonces, un mareo se apoderó de ella y cayó hacia atrás, con el suelo como destino final... Pero algo no la dejó llegar.

El suelo no era su destino.

Miró hacia arriba, con tremenda dificultad, y un famoso casco le dejó saber quién era su salvador.

—Príncipe Trunks... —susurró antes de desmayarse, perdiendo la batalla contra el fuerte dolor, psicológico y físico, que sentía.

Trunks la vislumbró, alienado por la imagen que se presentaba ante él, completamente afectado por ver a una muchacha tan joven en tal situación. Giró, furioso, hacia el sujeto que había quedado vivo y, luego de depositar a la hermosa muchachita en el suelo, tomándose todo el tiempo y la delicadeza al hacerlo, fue hacia él.

—Saiyans matando saiyans... Esto sí que no lo puedo creer —espetó en su cara.

—Príncipe, por favor no me mate... ¡Por favor! —El guerrero de Clase Alta no tuvo más opción que suplicar, completamente vencido por la cobardía.

Al parecer, el poder de Trunks tenía mejor reputación entre los saiyans de la que hubiera pensado. El horror de la mirada de ese hombre se lo daba a entender.

—No matarte... —musitó el Príncipe—. Es buena idea siempre y cuando me digas quién te mandó a hacer esto.

—Yo... yo... —tartamudeó el asesino—. ¡No me mandó nadie! Mi amigo y yo sólo estábamos aburridos, ¡así que empezamos a matar por diversión!

Trunks necesitó reír ante sus dichos.

—¿"Diversión"?, ¿Hacer correr sin piedad la sangre de tus hermanos es divertido para ti? —Siguió acercándose y quedó a muy pocos centímetros del asustado soldado de Clase Alta.

—Señor, yo... —Lo miró avergonzado.

Sacudió su espada, removiendo de ella la sangre del otro saiyan. Lo apuntó con ésta sin miramientos.

—Te daré una última oportunidad... —afirmó Trunks—. Si me dices quién te mandó, juro que no morirás... —habló lenta y pausadamente, asegurándose de ser entendido a la perfección por aquel asqueroso ser que tenía enfrente—. En cambio, si no me lo dices, te mataré sin piedad. Te destrozaré de tal manera que ya nadie sabrá reconocer tus restos...

El soldado tembló, presa de un enorme miedo.

—Nadie... —y cerró los ojos.

—¿Nadie?

—¡NO! Nadie —se tapó la cara para no mirarlo.

Trunks, con la mano que no sostenía la espada, lo golpeó en la boca del estómago.

—¿Nadie?

—¡NADIE!

Continuó golpeándolo por varios minutos y siguió preguntando completamente en vano, pues el traidor no daba respuestas. Se detuvo a mirar a la joven que había salvado y ella no se veía bien.

"Debo terminar con esto, sino ella morirá...".

—De acuerdo... —En un movimiento certero y veloz, apuñaló en el pecho, sin piedad alguna, al guerrero de su clase.

Los brazos del soldado de Clase Alta cayeron a cada lado de su cuerpo y éste miró al Príncipe con los ojos vacíos de significado.

—Antes de cortarte por completo... —volvió a espetar—. ¿Nadie?

Y el tipo mordió su lengua, auto-censurándose para no hablar.

—Imbécil —con un movimiento de su espada cortó su cuerpo en dos, dejándolo completamente destrozado.

Limpió su espada con un retazo de tela proveniente de la capa que usaba el último sujeto que había matado y, luego de guardar su fiel arma de combate, fue hacia la muchacha.

Se arrodilló a su lado y comprobó su pulso: estaba viva, pero si no se apuraba no seguiría teniendo tanta suerte.

—Seguramente alguien más vendrá por estos cuerpos... Tú te vienes conmigo.

La levantó y la llevó en brazos hacia su nave.

Una vez allí, se quitó su capa negra y roja de un tirón y envolvió a la muchacha con ella, ya que su ropa estaba tan destrozada que dejaba ver demasiado de su cuerpo; eso realmente era humillante para una guerrera y para una mujer.

Para una saiyan…

Se sentó y colocó a la joven sobre él para después programar la nave rumbo a Vegetasei.

Ya fuera de Tramat, ató un retazo de tela de su capa a los ojos de la joven para así sacarse el casco con tranquilidad. Estaba demasiado asfixiado, con un doloroso nudo en su garganta producto de las horrendas imágenes que acababa de visualizar.

"Saiyans contra saiyans... ¿Cómo hemos llegado hasta este punto?".

Abrazó a la joven moribunda envuelto en un velo de dolor e impotencia, tratando de meterse aquella macabra idea en su cerebro, en su corazón...

Sensible, eso era lo que su padre y Tark solían decirle que era. Y sí, tenían razón.

¿Esos dos saiyans… realmente se habían mandado a sí mismos?

"Lo dudo mucho... Pero lo más preocupante es que no hayan querido hablar ni con tortura... Es demasiado extraño...".

¿Debía hablar con su padre?

"Ya ni en él confío...".

¡¿Qué diablos debía hacer?

"No lo sé... No sé que hacer...".

A su lado, en la nave, una pequeña pantalla con varios botones servía de Intercomunicador. Con éste era posible comunicarse con la Central Espacial y, si se conocía el código de números del lugar, también con el Palacio y con el laboratorio del Líder de Clase Media.

Lo prendió y apretó cuatro números luego de taparse su prohibido rostro con restos de tela que siempre llevaba encima por precaución.

Momentos después, Tark apareció en la pantalla, pasmado por lo que la ésta le mostró.

—Tark... —empezó a hablar el Príncipe, meciéndose por los nervios con la muchacha en brazos y apretando los ojos para que no se pudiera ver el azul no digno—. Atacaron a otro escuadrón de Clase Baja. Logré salvar a una muchacha y necesito que la metas en tu Cámara de Recuperación... Por favor… —suplicó en un hilo de voz—. Que NADIE se entere... Después te explicaré...

Tark se mantuvo en silencio durante unos instantes, y por su rostro en la pantalla se notaba que no lograba comprender.

—De acuerdo, Príncipe... —y la comunicación se cortó.

Apagó el Intercomunicador y volvió a estrechar a la muchacha.

—Y encima quisieron violarte... No puede ser obra de un par de desquiciados, tiene que haber algo más... —Miró su rostro deformado por los golpes y una suave lágrima cayó por su mejilla—. Tal vez debería haberlos dejado con vida, pero no... No iban a hablar, estaban muy convencidos de lo que hacían...

"¿Qué puede darles tanta convicción como para cometer semejante masacre?".

Demasiadas incógnitas.

Tiró su cabeza hacia atrás y cerró sus ojos luego de suspirar largamente, intentando no pensar, pero sin conseguir tal cometido.

No veía la hora de llegar a su planeta...


Luego del largo viaje, las tres naves llegaron a Tramat.

Bardock, Gohan y Kakarotto no ubicaron ningún poder de pelea con sus scouter, por lo cual, con mucha incertidumbre iluminándolos, se dedicaron a recorrer el planeta a vuelo.

Final y desafortunadamente, encontraron varios de los cuerpos. Sin embargo, lo extraño fue que también había dos soldados de Clase Alta, asesinados de forma distinta: los otros no estaban cortados, ellos sí.

—Qué extraño... —exclamó Kakarotto revisando bien los cuerpos.

—Esto no está nada bien... ¡Gohan! ¡¿Encontraste a tu mocosa? —gritó Bardock ya sin mucha paciencia.

—¿Crees que estos tipos hayan sido enviados por el Rey para proteger a los Clase Baja? —le preguntó Kakarotto a su padre.

—Tal vez... Pero sin duda eran inútiles.

—Abuelo, padre... —Gohan aterrizó frente a ellos y, al juzgar por su rostro ensombrecido, no traía consigo buenas noticias—. Pan no está... —Y el más joven de los tres se desmoronó en el suelo, visiblemente afectado por la situación.

Kakarotto se inclinó hacia su hijo para contenerlo, haciendo gala de su tan conocido lado amable.

—¡¿Cómo que no está la chiquilla? Acaso... ¡¿Acaso me estás diciendo que quienes mataron a nuestros compañeros la secuestraron?

—No lo sé... —musitó Gohan, tomándose la cabeza con total consternación, conteniendo la furia que deseaba guardar para quienes se hubieran metido con su pequeña—. No lo sé...

—¡MALDITA SEA! —Y el Líder de Clase Baja se arrodilló en el suelo para golpearlo fuertemente con sus puños, sintiéndose más impotente que nunca.

Miró hacia el cielo, poseído por la enorme frustración de no haber llegado a tiempo para rescatar a su bisnieta y de ver a tantos hombres de su raza muertos...

Ese no era un buen signo...


Nota Final del Capítulo III

¡Hola! Me tardé mucho en subir capi nuevo y pido disculpas, quienes ya me hayan leído sabrán que soy muy irregular para actualizar...

Es que, ustedes entenderán si escriben fics también, la inspiración muchas veces se va cuando más se la necesita y yo a fin de año no suelo inspirarme mucho... Muchos acontecimientos que me dejan pensativa, demasiado como para concentrarme en un fic.

Y ya que estamos con eso... ¡Feliz 2009!, espero las cosas les vayan bien. n.n

Una aclaración que quería hacer es el porqué puse "poder de pelea" en vez de ki... Mirando capis viejos de la serie (soy de Argentina y acá pasaron el doblaje mexicano), noté que los únicos que usan la palabra ki en la saga de Freezer son Gokuh y compañía. Vegeta, Freezer y todos los demás dicen "poder de pelea"...

Bueno, cualquier duda review, ¿sip? Prometo responderles.

Escribí más de la mitad del capi sólo hoy, inspiración caprichosa... XD

Saludos a todos. n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.