PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo IV

"Inestable"

A través de la ventana de su esférica nave espacial, vislumbró la Central Espacial luego del viaje más traumático y eterno de su vida; en ningún momento había dejado de temblar: estaba completamente en shock. Apretó a la joven malherida con sus brazos justo antes de llegar, esto no antes de ponerse su casco y destaparle finalmente los ojos.

Ni bien aterrizó, abrió la puerta y salió disparado hacia el laboratorio de Tark, a una velocidad tremenda y que, bien sabía él, sería imposible de seguir para quienes trabajaban en la Central. Luego de un corto viaje a pie e intentando no ser visto, finalmente llegó y golpeó la puerta con todas sus fuerzas, atragantando un grito desesperado que se moría por emitir.

Tark lo recibió segundos después, encontrándose con aquella imagen desesperada del Príncipe, al cual consideraba casi su hijo después de tantos años de amistad.

—Le ordené a mi equipo que se marchara —avisó antes de dejarlo pasar.

Trunks se dirigió directamente hacia el cuarto de recuperación, donde estaba la dichosa Cámara en la cual los saiyans se curaban todas las heridas. Entró con la chica y la depositó suavemente en la camilla que se encontraba frente a ésta. Posteriormente dejó a Tark acercarse.

—Ayúdeme a limpiar sus heridas y a sacarle la ropa, así la pondremos en la Cámara —pidió el científico.

—Sí... —Trunks le quitó su capa, con la cual la había envuelto en Tramat; cerró los ojos, avergonzado, al encontrarse con aquella desnudez casi completa.

Tark notó cómo giró su cabeza a un lado y lo retó.

—Vamos, Príncipe... No es momento de sentir pudor.

El pudor era lo menos común en un saiyan, pero él lo sentía y en demasía. Tal vez, el tener que esconder su rostro durante toda su vida lo había traumado y lo había vuelto demasiado vergonzoso y perseguido. Le era imposible no retroceder ante una imagen de esas características, más tratándose de una simple muchacha.

—Tienes razón... —El joven quitó los restos de ropa y entre los dos limpiaron la sangre y la suciedad del cuerpo femenino.

—Está muy mal herida —exclamó Tark, realmente consternado por la cruel imagen que se extendía frente a sus ojos.

—Casi la matan... —comentó el muchacho de la Realeza, aparentemente incapaz de contener sus sentimientos para con esa chica y esa triste imagen.

—¿Y los demás...?

—Los mataron —musitó.

El Príncipe apretó sus párpados fuertemente aunque, claro, Tark jamás lo notó.

—Vaya... —El Líder de Clase Media rascó su nuca en obvio gesto de reflexión—. ¿Quién fue capaz de hacerle algo así? Esto es demasiado extraño y me genera demasiada curiosidad…

—Primero pongámosla en la Cámara —pidió el muchacho como condición para abrir la boca.

—Está bien, pero antes... —Tark, entonces, tomó una jeringa entre sus manos y extrajo una muestra de sangre de la muchachita—. Así sabremos de quién se trata.

Después de esto, el respetable científico la levantó en brazos y la colocó dentro de la máquina. La Cámara de Recuperación ya estaba llena por la mitad de ese líquido verdoso que tantos milagros realizaba en tan poco tiempo. Puso allí a la joven, sentándola sobre la base y haciendo que sus brazos envolvieran sus piernas; le colocó un respirador en su boca y cerró la compuerta. Así, la Cámara se llenó completamente del líquido.

Ambos se quedaron allí, frente a la muchacha, cuando Trunks observó a su amigo muy pensativo, mirándola fijamente.

—¿Qué sucede? —inquirió.

—Me parece muy familiar... Creo que la conozco —comentó el anciano sin sacar los ojos de ella.

Se acercó al escritorio donde había dejado la jeringa y derramó la sangre extraída sobre un recipiente de metal, el cual introdujo en la parte inferior de un aparato muy extraño.

—¿Eso identificará quién es? —quiso saber el Príncipe.

—Sí —aseguró Tark con una sonrisa por demás amable—. En todos los lugares en los que funciona una de estas Cámaras de Recuperación también está esta máquina que identifica la sangre; es para casos de emergencia. Hay un banco de datos de las células de todo saiyan aquí —dijo, señalando a esa extraña computadora—. Esas células se obtienen desde hace décadas de los niños recién nacidos, así es que podemos tener un registro que permite identificar a cualquier saiyan que haya nacido aquí.

—Vaya, es útil —exclamó un Trunks que no recordaba haber prestado atención a ese aparato.

La máquina hizo algunos ruidos que nunca había escuchado y finalmente arrojó resultados en pantalla.

—Sí, la conozco —afirmó Tark al leer la pantalla— Es la hija de un Clase Media que trabaja conmigo... Su nombre es Pan, es una de las mejores guerreras de Clase Baja y, como si esto fuera poco, es la bisnieta del Líder de su clase: Bardock.

—¡¿La bisnieta de Bardock? —gritó impresionado el Príncipe, esto por tratarse Bardock de uno de los saiyans más conocidos y respetados dentro de Vegetasei.

Ser bisnieta de ese guerrero no era un detalle menor…

Tark asintió.

—Es curioso que la hayan dejado para lo último... A lo mejor el enemigo sabía, de alguna forma, que era la más fuerte de su escuadrón...

—Además de que era la única mujer a la cual violar... —mencionó el Príncipe por lo bajo, asqueado a más no poder.

—¿Eh? —Se impresionó el Líder de los medios, quien escuchó claramente lo que dijo el Príncipe entre dientes—. Sentémonos y cuénteme, por favor… Se lo suplico.

Ambos se sentaron en unas sillas que estaban frente al escritorio. Una vez allí, Trunks respiró profundamente y miró fijamente a Tark, detestando que el anciano no fijara su vista donde estaban sus ojos pecadores.

En sus 28 años, jamás había podido acostumbrarse a ello.

—Eran... —farfulló—. No sé cómo decirlo... —Movió sus manos, con nerviosismo, sobre sus rodillas—. Los que la atacaron... —tragó saliva—. Eran saiyans... De Clase Alta...

Tark no ocultó su sorpresa.

—¡¿Qué?

—Sí... —afirmó el muchacho—. Lo mismo dije yo cuando los vi... —Respiró hondo y apretó sus piernas, mostrándole a Tark la impotencia que sentía bajo su casco y en su pecho—. Atacaron a los otros cuatro y cuando yo llegué estaban intentando violar a esa chica.

—A Pan...

—Sí, a ella.

—¿Y los mató, Príncipe?

—Sí... —admitió con desgano—. Intenté que uno de ellos admitiera quién los había mandado, pero no hubo caso... Era torturarlo hasta que hablara y dejar que Pan muriera.

… Cosa que el guerrero de la Realeza no estaba dispuesto a permitirse.

—Fue un poco imprudente —exclamó Tark, quien puso una mano en su hombro para darle algún tipo de ánimo—, no tendría que haberlos matado...

—Lo sé, pero... —agachó su cabeza y apretó sus párpados—. Cuando ya no podía sacarle nada, el sujeto se mordió la lengua para no decir palabra alguna… ¡Se auto-silenció de una forma demasiado cobarde! Fue imposible sacarle algún dato de interés…

—Mmm... Muy extraño —tuvo que admitir el guerrero de Clase Media—. ¿Y si fue ocurrencia de ellos?

—¡NO! —Espetó el muchacho, desesperado—. No lo fue; ellos dijeron que sí, pero estoy seguro de que no... En la Central Espacial tenían cómplices; ellos no quisieron decirme que un escuadrón de Clase Baja estaba viajando...

—Vaya... —Tark internó su mirada en el suelo, completamente pensativo.

Al predominar un silencio que fue capaz de ponerlo sumamente incómodo, el Príncipe decidió romperlo:

—¿Entiendes que aquí algo huele a podrido? Alguien DE NOSOTROS intentando MATAR a uno de nosotros... No tiene sentido, juro que no lo entiendo...

Sintió que el casco le sacaba el aire pero realmente no podía permitir que Tark lo viera. Intentó aguantar, pero no lo estaba logrando.

Se estaba ahogando en la desesperación…

—Príncipe, si le falta el aire puede sacarse el casco... —lo animó Tark, comprensivo y paternal como siempre—. Le daré algo para que se cubra. Sé que no quiere que nadie lo vea y lo respeto.

El muchacho no pudo evitar sonreír.

—Gracias...

Tark se dio media vuelta y Trunks se quitó el casco y envolvió su cabeza con una tela negra que el mayor le proporcionó; envolvió su cabeza y dejó en penumbras sus ojos.

—Listo —avisó a su amigo y confidente—. Te lo agradezco.

Se volvió a sentar en la silla, procurando mantener su cabeza en la posición que más impidiera que Tark pudiera atisbar algo de su rostro.

—Es tan sensible, Príncipe... —destacó sentidamente el Líder de Clase Media—. Es todo lo que los saiyans necesitamos para liderarnos; jamás dude de ello.

Se sonrojó ante aquel comentario.

—No creo que nadie aquí permita que alguien sin rostro lo gobierne.

Y el medio le sonrió, intentando transmitirle al muchacho algo de confianza, algo de la tranquilidad que necesitaba en aquel tenso momento.

—Su padre no está haciendo bien las cosas... —explicó el anciano—. ¿Sabe? El Rey Vegeta antes no era así.

—¿Ah no?—indagó el joven ante los dichos de su amigo.

—No... —negó éste—. Vegeta era orgulloso como ninguno de nosotros: era arrogante, déspota, maligno... Era seguro, tenía poder de liderazgo... Ahora sólo es una sombra de lo que solía ser, ya no tiene la fuertísima presencia que tenía; es una pobre imitación del Vegeta de antes.

Trunks se quedó impresionado ante aquel comentario.

—¿Y tú cuándo crees que cambió?

—Después de que Usted nació... —Tark dibujó nostalgia en sus pupilas.

—¿Yo? —Parpadeó repetidas veces.

—Tal vez extraña a su madre o algo así...

—Vamos... —Trunks rió cínicamente— Mi padre no tiene tantos sentimientos...

"Creo que ningún saiyan además de mí los tiene...".

—Tal vez no los deje ver por algún motivo, Príncipe —afirmó el mayor de ambos—. Los saiyans somos fríos pero muchos guerreros tienen puntos débiles entre su familia y amigos… —El rostro de Tark se ensombreció—. Todos podemos sentir algo… ¡Claro que siempre seremos fríos! Pero el corazón del guerrero puede sentir algo por más que no lo demuestre.

Trunks se quedó mirando a Tark, cuestionándose la veracidad de aquellos dichos. ¿Realmente sería así? ¿Realmente los saiyans podían sentir por más que lo ocultaran y fueran expertos en negarlo ante el universo?

—Los Clase Media son tan distintos, son tan pensantes... —destacó el muchacho, dejando ver claramente la enorme admiración que sentía por Tark.

—Porque no somos ni los mejores ni los peores... No somos tan competitivos como los demás.

Ambos rieron, y Trunks decidió ponerse el casco de nuevo, ya más calmado. Luego de hacerlo a espaldas de su acompañante, fue hacia Pan, la muchacha que había rescatado.

—Es muy joven... —no pudo evitar decir al verla, tan pequeña y tan frágil físicamente hablando.

El científico apareció tras él, contemplándola.

—Según la computadora tiene 15 años.

El dato que Tark acababa de suministrarle hizo que sintiera más pena y más odio… ¡Era una niña! Tan sólo una niña y ya habían intentado ultrajarla de tan cruel forma…

—Tendrías que haber visto a esos traidores... Hacerle algo así a una chiquilla que ni debe saber lo que es el sexo... —musitó, observando a su compañero desde la oscuridad de su prisión.

—Realmente cruel... —Ambos volvieron a sumergir su mirada en la Cámara de Recuperación—. ¿Qué haremos ahora?

—Iré a dejar un aviso a Bardock en su casa... ¿Cuánto tardará ella en recuperarse?

—Yo creo que esta noche ya estará bien.

La Cámara de Recuperación había mejorado mucho en los últimos años; cada día era más veloz, lo cual Trunks necesitó agradecer.

"Ella corre peligro y no tenemos mucho tiempo… Debo apresurarme y pensar rápido".

—Bien... —suspiró con desgano—. Vendré a buscarla durante la medianoche y la llevaré a su casa... Mientras tanto pensaré en un plan.

—Ya me imaginaba que no dejaría esto así, sin resolver —Tark sonrió con orgullo al ver así a su Príncipe, tan predispuesto para ayudar a los suyos.

—Mi sangre es lo más importante... —respondió el muchacho—. No voy a permitir que alguien destruya lo que mis antepasados construyeron...

—Seguramente vayan por los cadáveres al ver que el escuadrón no regresa, así que descubrirán que ella no está y probablemente sospechen que vive.

Ya había pensado en ello pero, aún así, no pudo evitar aterrarse al escuchar a su amigo; él tenía toda la razón.

—Entonces supongo que debo ponerla a salvo, ocultarla de todo peligro.

—Sí, yo diría que sí.

—Pero... El scouter... —farfulló.

Los scouter permitían percibir cualquier poder de pelea. Por lo tanto, la muchacha no estaría segura en Vegetasei, pues un solo scouter podría encontrarla fácilmente. El problema era inmenso.

—Y a eso quería llegar... —Tark le hizo una seña para que lo siguiera y fueron a la parte central del laboratorio—. En vez de irse —El Líder de los medios sacó algo de un cajón del mueble que estaba contra la pared—, ayúdeme con esto; estoy seguro de que Usted sabrá ayudarme —Le enseñó una especie de tiara en color plateado, una que jamás había visto—. Esta tiara la hice para ocultar el poder de pelea de quien se la ponga... Muy necesario para cuando un rival puede detectar a un saiyan sin necesidad de scouter.

Trunks estudió el artefacto con la mirada. Se veía interesante.

—Sin embargo, hay algo que estoy haciendo mal y no sé qué es... Si Usted quiere, podríamos encargarnos de esto durante esta tarde, ¿qué dice?

—Gran idea... —El Príncipe se emocionó ampliamente—. Y con esto podré esconderla y ponerla a salvo... —Tark asintió y ambos esbozaron una pequeña sonrisa que algo de calma logró darles—. Excelente.

Tomaron asiento frente a la mesa de Tark, donde ya tantas veces habían trabajado juntos; se llevaban extremadamente bien en muchos ámbitos, especialmente en el ámbito de la tecnología.

—Lo único —exclamó el menor de ambos—, es que debo dar aviso a Bardock para que espere despierto a medianoche... Le mostraré que su bisnieta sigue con vida y hablaré con él para forjar un buen plan.

—Buena idea —lo felicitó el Líder de Clase Media—. Bardock es un excelente guerrero.

—Lo sé —afirmó el Príncipe—, he escuchado muchísimas historias interesantes sobre él de los más ancianos. Además, su hijo es Raditz, antiguo compañero de mi padre.

—Sí; también está ese otro hijo de él, Kakarotto...

Trunks parpadeó de sorpresa.

—¿Es hijo de Bardock ese hombre que consigue comida para los Clase Baja?

Tark rió efusivamente.

—Nunca lo ha visto por lo que veo, Príncipe... ¡Son idénticos en lo que a físico se refiere! Kakarotto es uno de los saiyans más extraños que existen y uno de los más fuertes de su clase, incluso se dice es más poderoso que Bardock; eso es mucho decir.

—Sí...


Mediante el Intercomunicador de una de las naves en las que llegaron, Bardock pidió a la Central Espacial una nave grande para transportar e incinerar los cuerpos de los caídos una vez estuviera en Vegetasei. En la cultura saiyan, era común que los cuerpos fueran incinerados y las cenizas se arrojaran desde el techo del Palacio hacia el Reino. Con este ritual se representaba el poder de los muertos asimilado por los vivos.

Mientras aguardaban a la nave, permanecieron al lado de sus transportes completamente pensativos. Kakarotto y Gohan insistieron en irse, pero Bardock no confiaba en que esos cuerpos llegaran a destino...

Ya no confiaba en nadie, en realidad.

—¿Dónde estará? —se preguntó Gohan una vez más—. Ni siquiera tenemos una pista…

—Sí la tenemos —exclamó de forma brusca Bardock—: los dos de Clase Alta tienen heridas de algo cortante, algo parecido a una espada... Eso ya es raro de por sí.

—Sí, es cierto—afirmó su nieto—. Pero Pan...

—La chiquilla aparecerá... —lo tranquilizó el patriarca de la familia—. No está muerta, estoy seguro. Esta misma noche iré hacia el Palacio y, si es necesario, mataré a Vegeta.

—Papá, ¡por favor! —Kakarotto, quien hasta entonces mantenía su vista fija en el cielo, se atrevió a hablar—. ¿No crees que deberíamos esperar? He estado investigando alrededor del planeta hace un rato: falta una nave.

—¿Eh? —exclamaron Bardock y Gohan al unísono.

—Sí... —Kakarotto se puso de pie y empezó a caminar alrededor de su familia, con una especie de despreocupación que irritaría a cualquiera en ese tipo de situación—. Cuando nuestras naves saiyan aterrizan dejan una circunferencia hundida en medio de la tierra, ¿o no?

Su padre y su hijo afirmaron con la cabeza.

—Bueno, hay uno de esos aquí cerca... —explicó con torpeza en sus palabras—. A lo mejor los enviados de Clase Alta del Palacio eran tres, y uno sobrevivió y rescató a Pan para que estuviera a salvo. Ella ahora, a lo mejor, está en una Cámara de Recuperación...

Fascinante, a veces Kakarotto era tan observador que costaba pensar que se tratara del mismo idiota que siempre era.

Bardock sonrió con orgullo.

—Bueno, entonces primero iremos a casa para ver si Pan está ahí o algo... Y después al Palacio.

—Entonces vete a casa con Gohan —sugirió su positivo hijo—. Yo me quedaré a esperar a los de Clase Media que vienen a buscar los cuerpos.

Kakarotto sonrió y todo estuvo dicho.

—Me parece bien —opinó Gohan—. Quiero ver a Pan lo antes posible...

—De acuerdo —Bardock se puso de pie y su nieto hizo lo mismo— Vámonos... —Antes de irse, contempló seriamente a su hijo menor—. Te lo encargo, niño.

—Está bien —Kakarotto volvió a reír, destilando alegría. Luego, Bardock y Gohan se marcharon.


—Debo dar aviso a Bardock... —susurró Trunks mientras terminaba de atornillar la tiara, la cual habían conseguido hacer funcionar con éxito y en tiempo récord: no les había demorado más de una hora.

—Es Usted un genio, Príncipe... —afirmó su orgulloso amigo—. No miento cuando digo que tiene talento para esto, pues me estoy peleando con esa basura desde hace varias semanas.

—No es para tanto... —Trunks ignoró el halago y se propuso retirarse.

—Espere —Tark puso una mano en su espalda y lo detuvo—. Creo que es mejor que no se presente de día ante ellos; mejor aguarde a la noche... Mientras tanto, escríbales algo en un papel y yo lo llevaré. Me preocupa que sospechen de Usted... Además, no sería sospechoso que yo vaya allí: el padre de Pan, Gohan, trabaja para mí.

—Buena idea... —reconoció el muchacho—. ¿Tienes una pluma?

—Sí —Tark le acercó un tintero y una pluma para escribir, esto junto con un papel.

—Bien... —Trunks volvió a la mesa y escribió un corto mensaje, el que pensó por un par de minutos. Luego envolvió el papel en forma de rollo, listo para ser entregado.

—¡Iré inmediatamente!

Justo cuando Tark se iba, un ruido en su Intercomunicador le dijo que alguien lo estaba llamando. El medio fue directo hacia la pantalla, ésta ubicada al lado de la puerta de su laboratorio. Frente a la misma, accionó un botón rojo para contestar.

La imagen de otro soldado de Clase Media fue lo que se mostró.

—Líder, estamos camino hacia Tramat, en la Galaxia del Norte. Aparecieron seis saiyans muertos por motivos desconocidos. En cuanto volvamos necesitamos incinerarlos. —Respiró hondo y prosiguió con sus palabras, mostrándose consternado—. El Líder de Clase Alta dio órdenes para que usted supervise esto.

Tark volteó hacia Trunks y lo miró con cierto dejo de tristeza y algo más que un dejo de preocupación.

—De acuerdo. —Y cortó la comunicación.

—¿Qué haremos ahora? —inquirió un preocupado Príncipe.

El hombre dejó la mirada apenada de lado e intentó contagiar de optimismo al miembro de la Realeza.

—Usaré el Laboratorio Central de la Clase Media —dijo—. Dejaré que mis súbditos se encarguen de todo hasta que yo llegue, esto luego de medianoche... ¡A propósito! —Tark pareció recordar algo importante—. ¿Usó su espada para matarlos?

—Sí... —Trunks lo vislumbró dubitativo, sin comprender a qué venía ese comentario.

—Entonces le haré un favor —afirmó el hombre con una gran sonrisa en sus labios.

—Gracias... —exclamó el Príncipe, finalmente entendiendo a qué se refería.

"Si en la autopsia se descubren las heridas de mi espada alguien podría sospechar de mí... Tark, te la debo".

El anciano se fue minutos después.

Trunks, una vez solo, fue hacia Pan nuevamente. Atisbó a la joven por un interminable instante, aún sin poder creer lo que había sucedido hacía tan sólo unas horas.

—Creo que no llegué tan tarde después de todo...

Ella estaba viva: eso era lo importante. Eso, también, provocó una sonrisa que no estaba acostumbrado a gesticular.

Las cosas, quizá, no habían salido tan mal.


Finalmente, una enorme nave llegó a Tramat. Kakarotto se encontró con los soldados de Clase Media, quienes eran los que solían encargarse de ese tipo de cuestiones. Juntos, recogieron los restos de los saiyans asesinados.

La nave se retiró pero Kakarotto decidió quedarse un poco más.

Se tiró al suelo en medio de aquellas llanuras y contempló el cielo de ese planeta, el cual tenía un color violeta bastante peculiar.

—Necesito volver... —se dijo a sí mismo.

Realmente extrañaba ese lugar; lo echaba de menos todos los días, todos los minutos...

No tenía nada contra Vegetasei ni contra su familia... ¡Al contrario! Amaba a su familia y amaba entrenar con ellos cada día.

Aún así, una parte de él estaba incompleta, vacía...

Era como si hubiera seguido un destino equivocado, como si en realidad él tuviera que haber hecho otra cosa en su vida.

Estaba demasiado insatisfecho. No encajaba y, sinceramente, eso no le interesaba.

Sólo le interesaba ayudar a sus compañeros y poder ser cada día más fuerte.

Sólo le interesaba intentar recuperar su verdadero destino; bien sabía dónde debía buscarlo.

—Hace dos o tres años que no visito a mi abuelo... —sonrió con nostalgia y finalmente se retiró.

Subió a su nave y marcó como destino a Vegetasei, el planeta en el que había nacido, pero al que sentía que no pertenecía en lo más mínimo.


Chichi y Videl ya no podían más de la preocupación. Nada de noticias ni de Pan ni de los muchachos, lo que no parecía indicar algo positivo. Raditz y Goten, por su parte, se dedicaron a entrenar en la puerta de la casa y junto a algunos vecinos, todos ellos de Clase Baja. Peleaban entre todos más por diversión que por otra cosa, cuando Raditz descubrió entre la gente al Líder de Clase Media, Tark.

"Mal presagio...".

—Raditz... —Tark se acercó respetuosamente a él—. Necesito hablar con tu padre.

—Está fuera del planeta. ¿Qué quieres? —No pudo evitar mirarlo en forma despectiva, sin saber bien qué quería ese viejo y deseando saberlo con todas sus fuerzas.

—Ven un momento, por favor.

Ambos caminaron por las calles hasta llegar a un callejón donde nadie los rodeaba. Una vez solos, Tark mostró preocupación y observó atentamente a Raditz, captando toda su atención.

—Debes entregarle esto a Bardock antes de medianoche. —Le dio un misterioso papel—. Alguien lo manda para él. Juro que todo tendrá respuesta... Por lo pronto, te SUPLICO no lo abras antes que él y que estén tranquilos. No le digas a NADIE sobre este papel ni sobre mí... —Respiró hondo, abrumado—. Todos corremos peligro —lo último fue dicho en un susurro apenas audible.

Raditz quedó perplejo.

—De acuerdo —dijo, sin saber qué otra cosa decir.

—Gracias.

Y Tark se fue.

Raditz tuvo la tentación de abrir aquello, pero no, prefirió esconderlo entre su armadura. Fue hacia Goten y lo metió a la casa casi tironeándolo de los pelos.

—Pero tío... —se quejó. Bastante bien la estaba pasando con sus vecinos en aquel entrenamiento improvisado.

—¡Te he dicho que esto no es un juego!


Bardock llegó junto a su nieto a la Central Espacial y dedicaron una mirada asesina, recargada de completo odio, al rubio y al reptil, los encargados del lugar, esos que los hicieron llegar demasiado tarde a Tramat.

El mayor de ambos guerreros se acercó a ellos.

—Por culpa de ustedes hay seis saiyans muertos... Deberían estar orgullosos —espetó.

Los dos tipos miraron al imponente guerrero invadidos por un mal presentimiento.

—No debería hacer esto, pero realmente lo merecen... —Bardock dejó de lado la poca piedad que tenía y los atacó.

Tomó del cuello al reptil y lo rompió sin usar demasiado sus fuerzas. Acto seguido, fue hacia el rubio, quien no logró escapar fruto de la parálisis que tal escena escalofriante le provocó.

—Ahora sigues tú... —un grito ahogado fue lo último que se escuchó de aquel sujeto, quien fue traspasado por un puño furioso—. Considera un honor morir en manos de un saiyan —y eso fue lo último que el sujeto escuchó, justo antes de caer muerto al suelo.

Gohan observó la crueldad con asombro.

—Abuelo, creo que eso no era necesario...

Bardock sintió un escalofrío recorrer su espalda.

—¡Claro que sí lo era! Estamos hablando de TU HIJA; deberías dejar de ser tan amable, te pareces al imbécil de tu padre... —refunfuñó con fuerza y se cruzó de brazos, intentando detener su furia—. Vámonos.

Luego de volar y volar sobre Vegetasei, llegaron a la casa en la que todos vivían.

Al entrar...

—¿Qué sucede aquí? —indagó el Líder de la clase al ver a toda su familia reunida entorno a la mesa principal donde todos solían comer.

—Padre —Raditz estiró el brazo hacia él luego de pararse en gesto de respeto, entregándole un trozo de papel—. Lo trajo Tark en nombre de otra persona y me pidió total discreción... Dijo que todos estamos en peligro.

—¿Qué? —Bardock contempló el papel sin llegar a entender la situación— ¿Lo has leído?

—No, nadie lo ha hecho... —aseguró—. Goten intentó, pero no lo dejé —Y apreció el triste e infantil semblante de su nieto menor.

"Imbécil".

Gohan y él tomaron asiento y, con total nerviosismo, Bardock le pidió al padre de Pan que leyera para todos.

—Bien... Aquí dice... —empezó su nieto mayor.

Bardock, Líder de Clase Baja:

Sé que no cree en el Palacio ni en los Clase Alta... Yo tampoco lo hago, por eso hoy a la medianoche iré hacia su casa y hablaré con usted... Juntos, tal vez, tengamos una buena idea para salvar a nuestra raza de ella misma.

No le diga esto a nadie, muchísimo menos vaya al Palacio... Ya no sé si confiar en ellos.

Aguárdeme, por favor.

—Y no firma nadie... —Gohan miró cada rincón del papel buscando algún nombre que identificara a quién escribió esas palabras, pero nada.

—¿Quién pudo escribir esto? —Bardock ya no soportaba la intriga ni los nervios, todo eso era demasiado.

Sólo quedaba esperar hasta medianoche para averiguarlo...

"Lo más extraño es esa frase... salvar a nuestra raza de ella misma... ¿qué quisieron decir con eso?".

—¿Qué sucedió con Pan? —inquirió una desesperada Videl, ya sin soportar la angustia reflejada claramente en su bello rostro.

—Pues... —El relato de Bardock comenzó.


Trunks estaba quieto, sentado sobre la silla del laboratorio de Tark. Intentaba pensar en qué hacer ante aquella extenuante situación, pero nada se le ocurría; estaba en blanco. Lo ponían en blanco los recuerdos de los cuerpos destrozados de los de Clase Baja, y los Clase Alta intentando violar y matar a la muchacha. Las heridas de ella, cómo gemía de dolor inmersa en una profunda inconsciencia. Ensangrentada en sus brazos...

Un ruido muy fuerte, como de un golpe, fue lo que lo sacó de aquella pesadilla. Salió corriendo hacia la Cámara de Recuperación y la vio a ella golpeando el vidrio, totalmente histérica.

Al verlo, ella quedó completamente paralizada.

"Se recuperó antes de lo pensado...", agradeció el joven con una sonrisa oculta.

Apresuradamente, apretó unos botones y, cuando la compuerta de abrió, se dio vuelta para no mirar la desnudez de la muchachita, tratando de ser respetuoso con ella y evitando morir de vergüenza al contemplarla.

Pan acababa de despertar hacía instantes. Primero no recordaba nada, todo parecía tranquilo y normal; fue entonces cuando recordó. Los besos de Trec, su muerte, sus otros compañeros, más muerte, la asquerosidad que le generaban los Clase Alta…

Y cuando vio a quien le abrió la compuerta para salir de esa Cámara de Recuperación, recordó lo último que le faltaba.

"Él me salvó...".

Salió caminando de la Cámara, mirando la espalda del Príncipe totalmente extrañada, intentando entenderlo, intentando descifrar el enigma.

—Hacia la derecha tienes ropa para ponerte... —susurró él, con una timidez que le dio risa a Pan al ser ésta proveniente de un miembro Familia Real.

—Gracias —musitó ella sin hacerle mucho caso.

No le gustaba en lo más mínimo ser respetuosa, simplemente no era su estilo.

Pero él era imponente, demasiado.

Tomó una especie de túnica blanca no muy bonita, pero que servía para tapar su cuerpo. Luego, se sacudió un poco para alejar de su piel el líquido verdoso y se colocó la ropa ya escogida.

—Listo —dijo.

Trunks volteó y la miró fijamente; no pudo evitar sentirse feliz de verla bien.

—Pensé que recién a medianoche estarías totalmente recuperada.

—Me subestima, Príncipe. —La muchacha rió con marcada soberbia.

Aquel comentario le pareció un tanto impertinente a Trunks, pero entendía que, seguramente, ella estaba a la defensiva. Ese día había sido horroroso e inolvidable para todos los involucrados.

No podía esperar más de ella.

—Tengo algunas cosas que conversar contigo, Pan —comentó con mucha tranquilidad. Un tanto disimulada, pero tranquilidad al fin.

—¿Cómo sabes mi nombre? —Pan se sintió extraña al escuchar aquel nombre suyo de la boca del Príncipe saiyan, era algo extraño...

Nunca le había pasado.

—Eso no es relevante ahora. Por favor, sígueme. —Con su mano le indicó el camino.

Pan siguió a la mano y pasó por una puerta, reconociendo un enorme laboratorio ante sus ojos.

—¿Dónde estamos? —preguntó, sin dejar de mirar en todas direcciones.

Los nervios eran fuertes y su piel estaba erizada… ¡Se sentía tan asfixiada!

—En el laboratorio de Tark, Líder de Clase Media.

—Mi padre lo conoce... —mencionó.

—Lo sé —contestó el Príncipe—. Ahora siéntate, por favor.

Corrió una silla para ella y la muchacha se sentó rápidamente, casi asustada de la situación. Seguía pensando en Trec, en la muerte... Y en...

—¿Cómo sé que no vas a matarme? —indagó directamente y sin tapujos—. Después de todo, también eres un Clase Alta...

—Pero yo no soy como ellos.

Trunks respiró hondo, quería que ella se relajara pero no sabía bien cómo lograrlo.

—¿No? —la joven lo escrutó con la mirada, mostrándose más incrédula que nunca.

—No. Si lo fuera, no me habría molestado en salvarte, ¿no crees?

—Buen punto... —Pan se sintió un poco avergonzada de actuar como una chiquilla frente al Príncipe.

Ni que él le importara, pero...

"Es mejor que el estúpido Rey Vegeta, sin dudas...".

—Sé que todo fue duro para ti... Pero quiero pedirte que confíes en mí, Pan.

Trunks tocó con su mano, ésta cubierta por un guante blanco, la mano de la muchacha que estaba sobre la mesa del laboratorio. Aún a través de la tela del guante logró sentir el frío y el temblor.

Pan cerró los ojos con frustración y retiró la mano casi inconscientemente.

—Lo siento —se disculpó él, ciertamente asombrado por el gesto.

—No quiero que vuelvan a tocarme... —farfulló con enormes y repentinos nervios.

Agachó la cabeza, reviviendo cada vez mejor los recuerdos. Ahora ya no tenía fuerzas para ser impertinente, ahora sí estaba asustada; estaba muy triste.

—Destruyeron mi orgullo... Tus malditos amiguitos.

Traidores querrás decir —la corrigió él.

—¡Los Clase Alta mataron mi orgullo! Y mataron a... —Apretó sus puños de tal manera que con sus uñas terminó por lastimar su piel.

—Muchacha, no...

Trunks salió corriendo hacia el cuarto de enfermería y trajo unas vendas y agua en un recipiente consigo. Se sentó delante de ella enfocando la silla hacia Pan y tomó su mano de nuevo, para así tratar de limpiar la sangre.

—Déjame... —pidió ella con un doloroso susurro—. Mataron a Trec, ya no me interesa que otro me toque...

Trunks la miró a los ojos y ella derramaba una lágrima tímida. Se notaba que ella era orgullosa, pero sí... Su orgullo estaba muerto ahora. Se sintió devastado ante aquella visión de una guerrera derrotada.

De una mujer saiyan sin fortaleza.

No soportaba eso en una mujer…

—No te haré daño... Te lo juro —aseguró con grandes sentimientos.

—¡¿Cómo mierda quieres que te crea si ni siquiera puedo ver tu rostro? —Y ella volvió a retirar la mano, pero esta vez de forma más violenta.

"Buena pregunta...", no pudo evitar pensar el Príncipe.

—No quieres ver algo horrible, imagino...

—¿Tan horrible eres? —inquirió entre lágrimas, haciendo la pregunta que siempre había soñado hacerle de niña al Príncipe.

—Sí, soy muy horrible…

Y Pan pudo escuchar una risita sincera traspasar al casco.

Sonrió por primera vez, aunque levemente.

—Ya no llores, muchacha... Ahora quiero que me escuches... —pidió un Trunks tremendamente dulce y delicado, contento de haberle sacado una sonrisa; mientras hablaba, curaba sus manos—. Esos Clase Alta… no tengo idea de por qué provocaron tremenda masacre, pero tengo la ligera sospecha de que sólo eran peones de algo más grande.

—¿Aquí en Vegetasei?

—Sí... —afirmó con impotencia—. Sospecho que hay un Clase Alta tras todo esto... Últimamente he sentido más que nunca el desprecio que los de Clase Alta tienen por los de Clase Baja y no me gusta, no lo comprendo... Todos somos saiyans, eso debería ser suficiente.

Pan lo miró atentamente y en las variaciones de su voz pudo notar la angustia latente que sentía...

Aquello la movilizó.

—Coincido —acotó—. Yo tampoco entiendo por qué tanta maldad... Tanta crueldad... Ellos eran dos y yo sólo una... Eso no es de guerrero, no es leal, no es... No es nada... —Volvió a agachar su cabeza, superada.

—Tienes razón. Por eso, cuando vayan a buscar los cuerpos y tú no estés, quien está realizando esta masacre estará desesperado por encontrarte; eso no es buen signo... Tú viste demasiado, ¿entiendes? —intentó razonar con ella.

—Sí.

Pan miró al casco polarizado e intentó buscar algún indicio de la mirada del Príncipe, sin éxito. Trunks supo que ella buscaba su mirada, lo cual lo hizo sonrojar un poco. Sacudió su cabeza con consternación y volvió a su explicación.

—Hoy, cuando la noche sea bien profunda, iremos a tu casa... Ya he dado aviso a Bardock de que me espere. Cuando hablemos con tu bisabuelo seguramente encontraremos un plan apropiado para ejecutar… Necesito un buen estratega para esto y estoy seguro de que Bardock será de ayuda.

Pan sonrió con orgullo, pues le encantaba que hablaran así de su bisabuelo. Esto se multiplicaba cuando del Príncipe de la raza se trataba.

—Claro que sí —exclamó ella, mostrando algo del orgullo perdido por medio de una nueva sonrisa.

Trunks sonrió también.

—Bien... —el joven respiró hondo y prosiguió—. Ahora, debo pedirte que te coloques esto —tomó la tiara ocultadora de poder de la mesa y la acercó a su frente.

—¿Para qué? —preguntó la joven, mirando extrañada aquel ornamento desconocido.

—Esto ocultará tu poder de pelea de cualquier scouter, ayudará a que no te capturen.

—Bueno... Si tú lo dices…

Trunks la ayudó a colocarse la tiara justo cuando Tark volvió.

—¿Ya ha despertado? —inquirió con asombro.

—Es una chica muy fuerte —afirmó Trunks como cumplido, tratando de levantar un poco más aquel orgullo que de a poco intentaba renacer en ella.

Pan terminó de ponerse la tiara y Trunks accionó su scouter buscando poder en ella… ¡NADA!

—Funciona de maravilla —admitió feliz—. Esto será de ayuda...

—¿O sea que estoy condenada a usar esta cosa? —Pan no se veía muy feliz con la tiara en su frente.

—Así como yo estoy condenado a mi casco... Sí.

Tark rió junto a Trunks. Pan rió brevemente también, para luego volver a deprimirse en forma repentina.

—Malditos recuerdos, me molestan... —admitió con furia, sabiendo que hablaba demasiado pero desesperada por expresarse.

—A mí también... —Trunks, necesitándolo enormemente, acarició el brazo de la muchacha, intentando darle ánimo.

Ella, entonces, volvió a mirar fijamente el casco.

"No se ven sus ojos... Ni un ápice de ellos".

Y se movió para soltarse de él.

Trunks se sintió un poco mal por aquel rechazo, pero realmente la entendía.

"No es fácil superar un intento de violación".

En Vegetasei, la violación era algo muy mal visto, condenado con la muerte. Un saiyan capturado por violación era un saiyan muerto ya que, debido a que no había exceso de mujeres en la raza, no estaba bien visto que se traumara a una de ellas con semejante acto vacío de orgullo.

Las mujeres saiyan eran lo más vital para la especie; eso era respetado a rajatabla.

No era digno de un saiyan violar a una mujer de su raza.

No era digno de un guerrero humillar a su propia sangre...

Vio a Pan, luchando internamente, temblando y haciendo muecas extrañas a cada momento. Lucía demasiado inestable, demasiado vulnerable. Y si era bisnieta de Bardock, siendo él uno de los saiyans más orgullosos que existían, eso debía doler de más.


Ya era medianoche y Tark le facilitó a Pan una túnica negra y larga que tenía una capucha para tapar su cabeza, perfecta para no ser vista. También le dio una a Trunks, quien se la puso rápidamente.

Finalmente, ella y el Príncipe estuvieron listos para irse, pero de pronto...

—¡TARK! —Se escuchó una fuerte voz proveniente del Intercomunicador—. ¿Mi inepto hijo está contigo?

—Sí, Rey Vegeta... —El Líder de los medios se acercó rápidamente a la pantalla por la que el Rey salía, agradeciendo que Pan hubiera estado lejos de ella en aquel momento.

—Dile que venga.

Y Trunks se acercó, no sin antes quitarse de un arrebato la túnica que podría hacer sospechar al Rey.

—¿Cuándo vuelves? —quiso saber su padre.

El muchacho no pudo evitar fastidiarse.

—Estoy trabajando en un nuevo proyecto —mintió—, cuando termine iré.

—¡Estupideces! Eres Clase Alta, deja que los medios se encarguen de eso.

Y más fastidio…

—No molestes, padre —pidió el muchacho justo antes de apagar el Intercomunicador.

—Príncipe... —Tark presenció aquello enormemente impresionado.

—No le basta con ocultar mi rostro, que necesita vigilar y contradecir todo lo que hago... —Se acercó a Pan, quien lo miraba sin comprender. Tironeó delicadamente de su brazo para marcharse.

—Suerte y cuidado. —Tark se despidió de ellos y ambos se marcharon.

Con mucho respeto, Trunks tomó a la muchacha entre sus brazos y empezó a correr a una súper velocidad, siendo más fácil correr libremente gracias a la ausencia de gente afuera.

En pocos minutos llegaron.

Dejó a Pan delante de la puerta y se quedó a un costado de ésta, pues primero lo primero: debían saber que ella estaba bien. Esa era la prioridad.

Bardock abrió la puerta a una velocidad abismal luego de que Pan la golpeara. Inmediatamente se encontró con su bisnieta, quien levantó un poco la capucha para dejarse ver lo suficiente.

—Mocosa... —El Líder de Clase Baja tomó a la muchacha de los hombros envuelto en una expresión indescriptible, mientras Videl, Chichi y Gohan la abrazaban, Goten festejaba, y Kakarotto y Raditz suspiraban aliviados.

Pan tenía una mirada difícil de descifrar. Mezcla de orgullo, tristeza y alegría.

La muchacha contuvo sus lágrimas lo más que pudo.

—¡¿Quién te trajo aquí? —preguntó el estupefacto bisabuelo.

Y enorme fue la sorpresa de Bardock y su familia cuando, de entre las sombras, la figura del Príncipe Trunks emergió.

—Tenemos que hablar, Líder de Clase Baja.


Nota Final del Capítulo IV

¡Uf! Escribí este capi en tiempo record, estoy feliz. n.n

Disculpen si les parece que me ando tomando muchas libertades con la cultura saiyan, pero me gustó la idea de llenar los huecos que jamás conocimos con cosas que tuvieran sentido en sus vidas, que mostraran un lado más "sensible" de ellos, si se quiere... Quiero creer que no todo en sus vidas era odio y sangre, creo que había algo más, sino miren a Bardock y su frustración cuando Freezer estaba por destruirlos... Lo único que los saiyans aman (según esta humilde servidora) es su sangre y el orgullo que ésta les da; esa es la idea central de esta historia.

Lo de las cenizas me pareció algo muy apropiado, dudé en ponerlo pero realmente me pareció una buena idea, por eso decidí dejarlo.

Cualquier duda, como digo siempre, ¡review! Prometo responder. n.n

¡Saludos! n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.