PECADOS EN LA SANGRE
Capítulo V
"Apoyo"
—Maldito mocoso insolente —refunfuñó el Rey luego de que su hijo cortara la comunicación que mantenían por medio del Intercomunicador.
—Señor... —Nappa apareció entre las sombras—. ¿Problemas con el muchacho?
Vegeta estaba muy concentrado en la excelente vista de su reino que le daba la ventana de su habitación, por lo tanto no recibió con buen humor la interrupción del Líder de Clase Alta.
—Ya te he dicho que no me molestes cuando miro por la ventana, insecto —masculló.
—Lo-lo siento Rey... —balbuceó Nappa, mostrándose asustado ante el reto.
—¿Qué quieres?
—Señor, nos han informado que otro escuadrón de Clase Baja fue asesinado —exclamó con una media sonrisa que denotaba cierto desprecio—: fue en Tramat, planeta ubicado en la Galaxia del Norte; encontraron cuatro cuerpos hace tan sólo unas horas. Los trasladaron hacia el laboratorio del Líder de Clase Media para que se los cremara. Esas fueron las órdenes que me permití darles.
—Los escuadrones, por lo general, son de cinco personas... — destacó el Rey, sin inmutarse por la triste noticia—. ¿Y el quinto cuerpo?
Nappa tragó saliva.
—Es de la nieta del Líder de Clase Baja, quien está desaparecida, se desconoce si vive o no —explicó con mucha seriedad.
—¿Nadie más?
—No que yo sepa... —Nappa carraspeó y Vegeta no tardó en notar cierto nerviosismo en él.
—Dile al inepto de Bardock que se encargue de buscarla personalmente, tal vez la muchacha fue capturada por el nuevo enemigo. —Vegeta se propuso cerrar la puerta de su cuarto en la cara de su sirviente, quien permanecía en el umbral de la entrada; mas Nappa lo detuvo con una seña.
—Rey, ¿necesita que vaya al laboratorio para ayudar a encontrar algún indicio o algo?
—¿Qué clase de pregunta es esa? —Vegeta lo observó extrañado—. Tú no sabes NADA sobre esas cosas, eres pura fuerza bruta y no tienes cerebro. Mejor vete a tu casa, ten sexo con tu esposa y duérmete, aquí estás de más.
Finalmente, le cerró la puerta en la cara no sin antes dedicarle una cruel y soberbia sonrisa.
—¡Pero Rey! —protestó el corpulento guerrero tras su puerta—. ¡Puedo ir a supervisar si Usted lo desea!
—NO —sentenció Vegeta, cansado—. Tark será mal guerrero, pero es inteligente y sabe lo que hace, eres inútil allí... Mejor, si tanto quieres quedarte aquí, reúne a los mejores guerreros de Clase Alta y empieza a ocuparte para que desvelen este misterio.
—Pero...
Nappa intentó decir algo de nuevo, cosa que Vegeta no permitió por medio de un imponente grito:
—¡YA NO MOLESTES! Has colmado mi paciencia. Si vuelves a querer convencerme de algo, te mataré con mis propias manos... ¡Y bien sabes que no me dolerá hacerlo! Así que OBEDECE.
—Sí, señor... —Nappa finalmente se marchó.
Internado nuevamente en su preciada ventana, se liberó de su molesta Armadura Real y se acostó.
Miró fijamente al techo por unos instantes.
"Si ella estuviera aquí, Trunks no me odiaría tanto...".
—Estúpido niño terrícola...
Bardock permaneció en silencio, completamente pasmado por ver al Príncipe allí.
—¿Fue Usted el de la carta? —inquirió casi en un susurro, comprendiendo que levantar la voz no era indicado con la puerta de su casa abierta.
—¿Puedo pasar? —preguntó en respuesta Trunks, haciendo gala de su enorme sentido del respeto.
No pudo, entonces, evitar sonreír dentro de su oscuro casco al ver con satisfacción cómo Bardock había entendido que la discreción era vital en aquel momento.
—Claro. —El patriarca y toda su familia, la cual estaba tan o más sorprendida que él detrás suyo, se corrieron a un lado de la puerta e hicieron toda clase de reverencias ante el miembro de la Realeza que se encontraba pisando su hogar.
—Por favor... —Trunks hizo un gesto con sus manos, pidiendo que se detuvieran—. Este no es momento de reverencias, es momento de hablar seriamente.
—Sí, pienso lo mismo. —Bardock cerró la puerta de su casa de un portazo y fue directo a la mesa principal, circular y enorme, donde se sentó justo frente a donde el Príncipe decidió tomar asiento.
Sentó a Pan justo a su lado derecho y Gohan del otro lado. Chichi se sentó al lado de su hijo y Videl al lado de su hija. Goten tomó asiento muy cerca del Príncipe, con su rostro impregnado de fascinación y fijo en él; Kakarotto y Raditz, por su parte, optaron por quedarse de pie justo detrás de su padre.
—¿Qué es todo esto? —Bardock carecía de paciencia aquella noche.
—Realmente no sé cómo empezar... —Trunks puso sus manos sobre la mesa mostrando un enorme nerviosismo, reflejado en el temblor de su cuerpo, que realmente logró llamar la atención de todos los presentes.
Nadie esperaba una reacción tan sincera de un miembro de la Realeza.
—No quiero ser irrespetuoso —afirmó Bardock, tratando de no exasperarse más de la cuenta—, pero este día fue demasiado extraño y doloroso para mi clase. Le agradecería que vaya al grano.
Trunks suspiró, apretando sus puños.
—Si quieres empiezo yo —Pan abrió la boca y habló sin respeto alguno, incluso sin tratar de Usted al Príncipe, cosa que irritó a su bisabuelo.
—Niña, más respeto —le exigió con sobrada autoridad.
—No la rete, por favor —interfirió el Príncipe—. Quien más ha sufrido hoy es ella y entiendo que no tenga deseo alguno de ser educada; tiene motivos para no serlo en este momento.
Realmente no le gustaba toda esa cuestión de "Príncipe, Príncipe", pero sí le gustaba el respeto. Pan había sido muy ruda con él durante todo aquel día, pero viniendo de una muchacha que vio morir a sus compañeros y casi muere a manos de dos imbéciles, era de entender.
—No necesito tu lástima... —musitó ella, luciendo aquella impertinencia de nuevo—. No soy una pobre niña sufrida: puedo hablar.
Trunks se enfadó un tanto. Más que con ella, con él mismo.
"Al fin y al cabo soy el Príncipe, pero no me atrevo a llegar al eje, me da demasiado odio siquiera decir lo que debo decir...".
—No, hablaré yo —afirmó entonces, sacando de lo más profundo de su alma algo de orgullo.
—Está bien, lo escuchamos. —Bardock lucía muy enfadado, controlando cada palabra para no sobrepasarse por culpa del enorme hermetismo.
"No puedo seguir dando vueltas...".
Decidido, Trunks dio inicio a la charla:
—Bien, en la mañana —empezó a hablar, mirando específicamente a Bardock—, cuando usted fue hacia el Palacio, no pude evitar preocuparme por lo que le contó a mi padre... Las risas burlonas de él y Nappa no me dejaron tranquilo, así que decidí ir a la Central Espacial a averiguar si algún escuadrón había salido recientemente.
Todos lo miraban con suma atención, tratando cada uno, a su manera, de entenderlo, de descubrir el enigma, de identificar la veracidad de sus palabras en su voz al estar imposibilitados de ver su rostro.
Siguió hablando:
—Los dos sujetos de la Central Espacial no quisieron darme esa información, así que la saqué a la fuerza... —Volvió a apretar sus puños ante el recuerdo y así los dejó de allí en más—. Fui directo a Tramat deseando que todo estuviera bien, pero no...
Agachó la cabeza e hizo una pausa mirando de reojo a Pan, cuyo rostro hasta ese momento inexpresivo mostró una mueca de dolor, lo cual le causó una revolución en el pecho.
Faltaba contar la peor parte.
—Encontré a toda la raza originaria de Tramat muerta y a cuatro de los cinco saiyans enviados a ese planeta en la misma condición... —Apretó los párpados y tragó saliva con suma dificultad—. Sólo quedaba ella, aunque malherida y a punto de...
—Eso no hace falta que lo cuentes... —espetó Pan, mirándolo con una especie de asco que le dolió muchísimo.
Sabía que el odio no era dirigido a él, pero aún así la mirada negra de aquella muchacha era dolorosa, imponente.
—¡Pan! No interrumpas —Bardock, hecho un manojo de nervios, volvió a retarla.
—Lo siento... —La aludida agachó su cabeza, en un obvio gesto de frustración.
"Su orgullo está convaleciente", pensó el Príncipe.
—Bueno —prosiguió—, ella estaba muy herida, pero mi sorpresa fue más grande que todos los demás sentimientos que se atravesaron ante mí cuando vi quiénes eran los que estaban haciendo tales fechorías.
Suspiró largamente y sus manos temblaron ante lo que venía.
Bardock abrió los ojos de repente y contempló las manos temblorosas del Príncipe sin perder detalle. Sin desperdiciar ni un segundo, analizó rápidamente las palabras de la carta que él le había escrito aquella tarde.
"Salvar a nuestra raza de ella misma... ¿Será que...?".
Muchas pistas y todo llevaba a lo mismo.
Los otros dos cuerpos encontrados, los cortes por los cuales habían sido asesinados...
—No me diga, por favor no me diga... —y el Líder de Clase Baja cada vez se mostró más nervioso.
Trunks entendió que lo sabía, pero no pudo evadir la responsabilidad de decir la verdad:
—Eran... Saiyans. —Y no hubo alivio alguno al soltar la verdad; fue más fuerte la rabia, la desilusión...
Todos observaron incrédulos al Príncipe, y Bardock se puso de pie, tomando sus cabellos con desesperación. Acababa de perder todo control de sí.
—¡NO!... ¡NO! Por lo que más quiera, no me diga eso... ¡NO ME DIGA ESO! —gritó a su Príncipe, inundando su voz de la angustia más grande que hubiera sentido alguna vez en su vida, más grande que aquella que sintió el día que el anterior Rey Vegeta le dijo a toda su raza que Freezer planeaba traicionarlos.
La cruel verdad... Dolía. Dolía demasiado.
—Lo siento, pero decir otra cosa sería mentir y creo que hay mucha gente mintiendo en este planeta como para hacerlo también... —Trunks habló con la voz quebrada, tenía deseos de llorar pero luchó con todas sus fuerzas para no hacerlo—. Créame —musitó ante Bardock—: desearía mentir, desearía mentirle y mentirme... Pero no se puede. —Y agachó por completo la cabeza, haciendo fuerza una vez más por no derramar aquellas lágrimas sensibles que avergonzarían a cualquier saiyan.
No existía casco que ocultara tanto dolor.
Bardock lo observó con mucho odio reflejado en su rostro, sintiendo la profunda angustia en el Príncipe y la molesta verdad colarse en lo más profundo de su alma.
—Sabía que sucedería algún día. —Finalmente, tomó asiento de nuevo, mostrándose desquiciado por las noticias—. Sabía que algún día nos mataríamos entre nosotros... —Miró al Príncipe con un exceso de control que terminó por desbordarlo de un instante al otro—. ¡Más lo supe cuando el inepto de Vegeta se puso el maldito Collar Real! Siempre supe que él nos llevaría a la ruina y así es... —rió con malicia—. ¡Siempre lo supe...! ¡SIEMPRE!
Raditz captó la desesperación de su padre y no tardó en depositar sus manos en los hombros de él para intentar calmarlo.
—Estás hablando de más —exclamó con calma el guerrero de cabello largo.
—¡No hay nada "de más" aquí! —le contestó sin poder bajar la histeria—. ¡SIEMPRE LO SUPE! —Y una idea se dibujó apasionadamente en su mente—. Voy a matar al Rey, lo mataré...
Trunks presenció la situación desde su aislado casco con suma impotencia... ¿Podía negar algo de lo dicho por Bardock? Muy probable era que no pudiera. ¿Para qué negarlo? Su padre no había hecho un buen trabajo como Rey; que hubiera saiyans traidores era claro indicio de ello.
Todos los gritos y los nervios fueron interrumpidos por un suave llanto, y quien se desmoronaba no era otra que Pan.
—Lo que el Príncipe —musitó, captando la atención de todos y dotando a la palabra "Príncipe" de un dejo de ironía— olvidó decir fue que eran dos Clase Alta... Dos tipos no mucho mayores que yo, dos imbéciles traidores, dos escorias... —Rió a pesar de estar llorando, totalmente fuera de sí.
Todos la contemplaron con gran preocupación: bien sabía su familia que Pan jamás lloraba frente a extraños, acción que simbolizaba cruelmente el dolor que sentía, que ella volvía palpable más allá de su cuerpo y su corazón.
—Dilo, Príncipe... Dilo. —Lo amenazó con la mirada—. Dile a mi familia cómo esos dos traidores de TU CLASE casi me violan y me matan...
Trunks inclinó la cabeza a un lado, intentando evitar aquella dolorosa mirada.
Ante los dichos de la joven, el cuarto se inundó de odio, éste flotaba en el aire, podía respirarse.
Trunks vio cómo los puños de Bardock y los dientes de Gohan se apretaban, destacando entre los demás presentes.
—¡DILO, MALDITA SEA! —La muchacha se puso de pie, intentando abalanzarse sobre él para golpearlo, pero fue inmediatamente detenida por Kakarotto, quien la abrazó fuertemente por la espalda.
—Ya, Pan... —intentó tranquilizarla—. Él no tiene la culpa. Si fuera como ellos, no estaría aquí mostrándose vulnerable ante gente común y corriente de su raza.
El hombre fijó la vista sobre el casco de Trunks y dibujó una sonrisa en su rostro, la cual tuvo la enorme cualidad de calmar un poco, tan sólo un poco, al Príncipe saiyan.
"Así que él es el famoso Kakarotto... Tark no mentía cuando dijo que era idéntico a Bardock. Bueno, por lo menos físicamente; parecen completamente distintos si lo veo desde otro punto de vista".
Sonrió levemente en su penumbra.
—Ella tiene motivos de sobra para odiarme, pues soy de Clase Alta y no hay nada que odie más en este momento que a mi clase —aseguró, luego de estar callado por largo rato.
Todos se calmaron entonces.
—Concuerdo con Usted —afirmó finalmente Bardock, quien seguía mostrándose completamente superado por la situación, aunque se recuperaba lentamente.
—Bardock, Líder de Clase Baja —Trunks se puso de pie y el aludido también—. No tengo la más remota idea de quién los envió. Ellos negaron haber actuado por designio de alguien, pero no creo que lo hayan hecho por diversión, no me entra en la cabeza, me niego rotundamente a creerlo. Los maté y puse a Pan a salvo, me superó la ira... —Volvió a hacer una pausa y todos contuvieron la furia que los embargaba, a la vez que Pan perdía su vista en la mesa, acariciada por su madre y su abuelo—. Llevé a Pan al laboratorio de Tark, Líder de Clase Media, y él me informó que ella era su bisnieta... Entonces entendí que sólo en usted y su familia podía y puedo confiar...
Bardock logró relajarse por completo, aunque aún seguía furioso, pero calmado al fin.
Se miraron largamente, ignorando a todos los demás presentes con maestría.
Bardock no podía dejar de pensar en todos los acontecimientos.
"Sólo en nosotros, dice... Que alguien de la Realeza confíe en la más baja clase de este planeta es algo que no sucedía desde hacía décadas. Creo que ni con el Rey Vegeta, el verdadero Rey, había sucedido en tal magnitud...".
—¿He de confiar en Usted, Príncipe Trunks? —preguntó Bardock, mirando al muchacho de forma inquisitiva, intentando averiguar si realmente valía la pena aquella confianza.
—Sí... —Trunks respiró profundamente—. Yo quiero ayudar a mi raza... No quiero que corra mi sangre... ¿Entiende eso? No soy como mi padre, eso ya todos deberían saberlo.
Muy cierto, lo que él decía era cierto, eso pensaba Bardock.
Miró por un instante a Pan, quien se veía frustrada y vacía.
"Esta no es mi bisnieta... Esos malditos Clase Alta...".
—¿Y qué tiene en mente para resolver esta situación? —inquirió.
—Bueno... —Trunks entrelazó sus manos sobre la enorme mesa—. Primero que nada, sospecho que algún grupo de Clase Alta, jóvenes supongo yo, quiere eliminar a la Clase Baja con algún propósito específico... No sé quién estará detrás de esto y, aunque sé que usted odia a mi padre, no considero que él tenga algo que ver.
Bardock bufó.
—Yo tampoco lo creo si he de ser sincero —admitió, captando la atención de todos los presentes—. Vegeta está demasiado distraído de sus deberes como para planear semejante masacre...
—Exacto —afirmó el Príncipe—. Mi padre, hoy en día, piensa en otra cosa, no en matar a la Clase Baja. Por más desprecio que pueda sentir por ustedes, por más invadido que pueda estar por esa falsa sensación de superioridad… ésta es la verdad.
A Bardock realmente le daba placer escuchar a su Príncipe hablar así, pues se notaba que el muchacho era un fuera de serie, y ahora realmente sentía que podía confiar. Aún así...
—¿Hemos de confiar el futuro de nuestra clase a un Clase Alta al que jamás le hemos visto el rostro?
La pregunta del millón.
Trunks agachó su cabeza.
—Mi rostro no puedo mostrarlo y eso lo sabe bien —dijo—. Sé que a lo mejor no soy digno de confianza... Pero quiero hacer esto por todos, no por ustedes, ni por mí mismo, ni siquiera por mi padre... Por todos los saiyans.
Bardock llenó a sus ojos de orgullo.
"No puedo esperar al día en el que te conviertas en Rey, mocoso...".
—De acuerdo... —Bardock y Trunks estrecharon sus manos, aún de pie—. Ahora debemos pensar en qué hacer, ¿verdad?
—Sí. —El Príncipe volvió a sentarse y el Líder de Clase Baja lo imitó—. Por un lado, tenemos el hecho de que eran dos jóvenes soldados de Clase Alta. Yo no sospecho de algún anciano de mi clase, ya que usted bien sabe —dirigiéndose a Bardock y sólo a él— que luego de la era de la auto-superación los saiyans de todas las clases se volvieron unidos y se convencieron de que todos eran enemigos en el universo, pero ¿enemigos entre ellos? No, entre ellos jamás.
—Concuerdo —acotó Bardock entonces—. Algún grupo rebelde de Clase Alta conformado por jóvenes, dice.
—Sí. —Trunks siguió hablando, luego de tomarse un minuto para pensar bien en qué decir—. Y que tienen comprados a algunos en la Central Espacial, lo cual es muy extraño... Además... —Apretó sus puños—. Debo admitir que fui por demás imprudente y ellos me vieron... Tal vez se lo digan a quienes los compraron y, así, sospechen de mí.
Bardock rió fuertemente.
—Ya no... —musitó—. Si estamos hablando del reptil y el rubio bueno para nada, ya los maté por hacerme llegar tarde a Tramat con su estúpida burocracia.
Trunks abrió los ojos lo más que pudo, pasmado y, de forma retorcida, agradecido.
—Entonces esperemos que no hayan tenido tiempo de avisar a los traidores de que yo fui hacia Tramat.
—También está la cuestión de los cuerpos de los Clase Alta cortados por Usted, el único que usa espada aquí es el Príncipe Trunks y todos lo saben... Será fácil sospechar —destacó el Líder de Clase Baja.
—Otra imprudencia... —admitió el joven, derrotado—. Pero Tark lo solucionará por mí; usted bien sabe que es de confiar, y supongo que su nieto también —su cabeza se inclinó hacia Gohan por unos momentos, reconociéndolo como compañero de laboratorio de su amigo.
—Sí, Tark es un gran hombre —destacó Gohan con orgullo.
—Bien... —Trunks cerró sus ojos y se sumió en grandes pensamientos—. Ahora está la cuestión de ver cómo movernos para descubrir a los traidores. No tengo ideas... —admitió con desgano—. Bardock, espero usted sí.
—Ideas... —El hombre mayor se tomó su tiempo para pensar—. Suponiendo que nadie sospeche de Usted ni de nosotros, creo que lo más conveniente sería entrenar duramente a los Clase Baja para que estén preparados para lo peor.
Trunks necesitó sonreír.
—Primero que nada, sí, es buena idea y no creo que levante sospechas; es obvio que están en peligro y no creo que mi padre ni nadie sospeche de un entrenamiento más duro dadas las circunstancias —contestó el Príncipe—. Arregle eso con su clase, por favor.
—Claro... —Bardock dejó que su vista se perdiera en cualquier punto de la habitación en medio de un poderoso afán de concentrarse.
—En caso de que algún escuadrón sea enviado a alguna parte, deberíamos asignar a alguien para protegerlos a espaldas del Palacio —acotó repentinamente Raditz, quien prácticamente no había dicho palabra alguna durante esa reunión.
—Es cierto. —Trunks movió sus dedos sobre la mesa, nuevamente nervioso—. Yo no tengo problemas en hacerlo —se ofreció sinceramente—. El problema es que mis salidas podrían levantar sospechas.
Miró hacia Pan por un momento, curioso de saber cómo seguía, y ella parecía hacer oídos sordos a la conversación que se desarrollaba en aquella casa.
"Va a reaccionar muy mal cuando deba decir lo último que tengo pensado...".
—¡Eso se soluciona fácil! —Aquellas palabras, dichas por Kakarotto, fueron acompañadas por una sonrisa pícara y relajada.
Trunks cada vez se sentía más intrigado por él.
—¿Qué tiene en mente? —inquirió entonces el Príncipe.
Kakarotto no se privó de sonreír jovialmente.
—Yo suelo salir mucho por el tema de los alimentos que consigo para mi clase —comentó—. Usted podría decir que quiere ayudarme con eso, o algo así... ¿Qué tal? —y la ingenuidad en ojos tan poderosos hizo reír a Trunks.
Bardock lo observó extrañado desde su asiento.
—No es mala idea... —destacó tímidamente Trunks.
—No, pero sonó muy estúpida viniendo de mi inútil hijo —musitó Bardock, llenando a sus ojos de altivez.
—Usted podría ayudarme con esto. —Y Trunks, finalmente, le habló a Kakarotto.
—Claro, ¡Encantado! Hace mucho que no lucho en una buena batalla… —Y una nueva risa despreocupada.
El miembro de la Realeza empezaba a sentirse fascinado por aquel hombre.
—Bien, pero creo que sería apropiado que alguien más de ustedes nos acompañe, pues más siempre es mejor... —Trunks vislumbró al hijo mayor de Bardock, pensando primero en él que en nadie—. ¿Raditz? Tú eres un gran guerrero y te conozco bien, me encantaría que nos ayudes.
Raditz lo miró fijamente, con rostro indescifrable. Giró hacia su sobrino Goten por unos instantes y vio muy clara la cara de decepción del muchacho.
Recordó, entonces, una escena de años pasados, cuando su, por aquellos tiempos, adolescente sobrino y él habían conquistado un planeta entre los dos.
—Mi sueño es hacer equipo con el Príncipe, así como tú lo hiciste alguna vez con el Rey... ¿Crees que algún día lo logre?
—Lo dudo mucho, más aún si sigues siendo tan irresponsable e infantil.
Rió, sin dejar de mirar a su sobrino y al Príncipe.
Trunks lo observó confundido, sin comprender bien aquella pausa que se le empezaba a hacer eterna.
—NO —musitó finalmente y para sorpresa de todos—. Yo ya no tengo interés en una misión de estas características.
—Es una lástima que no aceptes... —afirmó un decepcionado Príncipe con un susurro.
—Pero tengo una idea —siguió el hombre—. Le ofrezco a mi mejor alumno: a mi sobrino. —Señaló a Goten con su mano en medio de una sonrisa orgullosa.
Goten, quien más que escuchar la conversación estaba volando en su vasta imaginación, pegó un salto de su silla ante la mención de su tío.
—¿Eh? —farfulló, exaltado.
El Príncipe inclinó su cabeza hacia él.
—¿Tu sobrino, Raditz? —inquirió sin alejar la mirada del muchacho.
Goten abrió enormemente los ojos.
—¿Yo? —preguntó, aún entre despierto y dormido—. ¿Yo qué?
—No cambias, mocoso... —Raditz se tapó la cara de vergüenza—. ¡Tú ayudarás y darás tu vida por tu clase! —sentenció—. ¡¿Me escuchaste?
—¿Yo?—reiteró su pregunta.
Entonces, el Príncipe se dirigió a él.
—Tu padre y yo formaremos un escuadrón para proteger a los Clase Baja. ¿Quieres ayudarnos? —indagó.
El rostro del hijo menor de Kakarotto, de un instante al otro y por obra de las palabras de Trunks, se iluminó por completo.
—¿Yo? —Pero una vez más aquella pregunta…—. ¿Hacer equipo con el Príncipe? —se emocionó—. ¡¿Con USTED?
—Sí —respondió tímidamente el aludido.
Goten necesitó dedicar una mirada eufórica a su tío, quien llenó a sus ojos de orgullo. El joven no lograba salir de su asombro.
"Mi sueño... Este siempre ha sido mi sueño...".
Volvió a mirar al Príncipe y estrechó fuertemente su mano, no sin antes ponerse de pie torpemente.
—¡SÍ! —afirmó feliz—. Yo daré todo por mi raza.
—Bien. —Trunks también sonrió, contagiado inevitablemente por aquel aniñado muchachito.
—Príncipe, ¿no prefiere a Gohan? —se metió Bardock—. Gohan es de Clase Media y, además...
—Lo sé —exclamó el Príncipe, casi estallando en risa al ver la decepción en el rostro de aquel Clase Baja con quien había estrechado la mano hacía un instante, producto de las repentinas palabras de su abuelo—, pero prefiero trabajar con gente de Clase Baja, pues de irnos bien quiero que ustedes se lleven todos los honores. —Vio cómo Bardock sonreía ante aquello y no tardó en proseguir—. Además, Tark me ha comentado que Gohan no es muy fanático de las batallas...
—Es cierto —admitió, sin vergüenza y con una sonrisa, el hijo mayor de Kakarotto—. Prefiero quedarme aquí e investigar junto a Tark si Usted así lo dispone.
—Eso mismo —dijo el Príncipe—. Prefiero que te quedes aquí; tu gran inteligencia será muy útil. —Sin más, volvió sus ojos hacia el extraño muchacho distraído—. ¿Cómo te llamas? —le preguntó.
—¡Son Goten, Señor! —Y éste le dedicó una reverencia—. Es un honor para mí hacer equipo con Usted, Su Majestad.
Trunks, un tanto apenado, volvió a reír dentro de su casco.
—Mucho gusto. —Le sonrió por más que él no fuera a notarlo—. Tú y tu padre me ayudarán con esto... —Acto seguido, se dirigió al padre de Goten—. Kakarotto, ¿usted posee una nave de gran velocidad, dice?
—Una de las más rápidas —contestó—. Además, mi nave es enorme y salgo de Vegetasei desde cualquier parte, no suelo pasar por la Central Espacial... Luego, cuando Usted quiera, le mostraré mi nave y le explicaré mejor a qué me refiero.
—No sé por qué no usamos esa nave hoy —masculló Bardock por lo bajo—. Nos hubiéramos ahorrado algunas molestias.
—¡Es que no se me ocurrió! —respondió el alocado guerrero, rascando su nuca con efusividad.
—Perfecto —Trunks sonrió con ánimo, ignorando aquel pequeño reclamo que se había colado en la escena—. Mañana seguramente pase por aquí, claro que después de decirle a mi padre mis nuevos "planes comunitarios".
Y todos rieron como los saiyans que eran.
Llegó, entonces, la hora del último tópico a discutir...
—Y bueno... —Trunks observó a la inestable Pan por unos instantes—. Sólo queda hablar sobre ella...
—¿Pan? —inquirió un curioso Bardock.
—Sí... —El Príncipe asintió levemente—. Es obvio que ella vio demasiado, y que su cabeza será el tesoro más codiciado de Vegetasei a partir de ahora... Todos querrán encontrarla, algunos para que hable, otros para que no lo haga... En resumen —suspiró—, su vida corre peligro, ¿me equivoco?
Pan lo observó simulando desinterés.
—Como si eso me importara ahora… —dijo.
—Debería importarte —aconsejó Trunks—. Eres joven y no mereces morir; nadie aquí lo merece.
—Mocosa —Bardock se dirigió a ella—. El Príncipe tiene razón: estás en peligro...
—Lo está sin dudas —continuó Trunks—. Por eso, quiero pedirles a todos ustedes permiso para esconderla.
Los presentes lo miraron sin comprender.
—Quiero ponerla a salvo... —agregó, encogiéndose de hombros.
—Aquí está a salvo —acotó Bardock, algo molesto por lo que significaba ese comentario para su orgullo.
—No, no lo está... —Con palabras suaves, el Príncipe buscó explicarse mejor—. Si los traidores son inteligentes, sospecharán que un saiyan la rescató, ya que ningún otro ser conocido en este universo es capaz de derrotarnos, menos a dos Clase Alta juntos... —Carraspeó, nervioso—. Ella está viva y no tardarán en sospechar que está a salvo en Vegetasei. Querrán matarla y al primer lugar al que vendrán será aquí...
Lo irritaba mucho pensarlo, pero Bardock tuvo que reconocer que aquello era cierto.
—Para su seguridad —Trunks siguió hablando—, Tark y yo le colocamos esa tiara que tiene en su frente, la cual esconde el poder de pelea sin que ningún scouter pueda localizarlo... Así nadie la encontrará en ninguna parte.
—Entonces sí está segura aquí. —Con cierto capricho destilado en sus palabras, esa fue la respuesta de Bardock.
No quería a nadie de su familia lejos de él. No porque la lejanía le importara realmente, sino porque él se sentía responsable absoluto de la seguridad de todos ellos y no quería que nadie le arrebatara el puesto.
No ahora, luego de tantos años...
—Bardock... —Trunks sonrió para sus adentros, entendiendo de alguna forma el orgullo y los sentimientos de ese poderoso y respetado guerrero—. Piense con objetividad, por favor... Sé que usted es muy inteligente. Si el traidor es alguien de renombre, no le costará NADA venir a revisar su casa; no creo que usted desee eso.
El Líder de Clase Baja hizo una mueca de disgusto, se estaba comportando como un novato y eso no le hacía gracia alguna.
—¿Qué tiene en mente? —preguntó entonces.
—Bueno... —Trunks puso una mano en su nuca, pues no sabía cómo decirlo.
Había tenido una idea para esconder a la muchacha, pero era algo polémica y seguramente ni su familia ni mucho menos ella estarían de acuerdo.
"No luego de todo lo que le sucedió...".
—En Vegetasei sólo hay un lugar seguro, el lugar más seguro de todos, el que esconde el mejor secreto de nuestra raza... —dijo, con claro nerviosismo en sus palabras.
Nadie ocultó la sorpresa que la actitud y las palabras del Príncipe generaron en el ambiente.
—¿Qué lugar es ese? —indagó entonces Gohan, seguramente preocupado por su hija.
"Aquí vamos...".
Trunks tragó saliva por enésima vez, decidido a exponer su idea por más nervios que le causara hacerlo.
La vida de esa muchacha, se dijo, era más importante que cualquier pudor que pudiera tener en situaciones sociales.
Por ella, solamente por ella debía afrontar las palabras que debía decir…
—Mi habitación —murmuró entonces, luego de una larga pausa.
Los rostros se impresionaron. Raditz rió entre dientes, Goten no dejó de mirarlo con una curiosidad que casi hasta lo irritaba en aquella tensa situación, Kakarotto sonreía con una calma envidiable y los demás sólo fueron capaces de observarlo con gesto desaprobador.
Ni se hablara del rostro de Pan...
Movió sus manos frenéticamente en un intento de calmarlos.
—No quiero que piensen que quiero hacerle algo porque NO ES ASÍ —juró.
—Me das asco —aseguró Pan repentinamente—. Hoy vi morir a mis amigos, hoy dos asquerosos traidores me tocaron y también quisieron matarme... ¿Acaso me vas a decir que me salvaste para tomar aquel trofeo como tuyo? ME DAS ASCO.
La mirada se volvió más cruel que nunca, más feroz y despectiva.
—No es por desconfiar, pues si Usted está aquí es porque le interesa ayudar —acotó Bardock luego de la furia de su bisnieta—. Pero no me parece apropiado... —El hombre respiró hondo y el enfado se notó a la legua—. ¡¿Cómo quiere que meta a mi bisnieta en ese maldito agujero? Aún no sabemos si el Rey tiene algo que ver o no, por más de que sospechemos que no sea así no estamos seguros de nada... ¡NO LO PERMITIRE!
Y el descontrol…
—¡Usted no entiende! —Trunks se puso de pie, enfadándose por primera vez—. NADIE entra allí, ni siquiera mi padre entra muy a menudo, y si lo hace debe ser con mi consentimiento. —Intentó controlarse pero no pudo: la ira ya estaba fuera de él—. NADIE puede ver mi rostro y mi padre vela por mi habitación más que nadie… ¡Tendremos al Rey protegiendo a la muchacha aún y sin saberlo! ¡El que quiera entrar será condenado a una muerte segura y humillante! El espacio es gigantesco, así lo dispuso mi padre para mi comodidad, ya que es la única que puedo tener fuera de este maldito casco del demonio...
Bardock llenó sus ojos de lástima, la cual se extendió a todos los presentes.
La historia del joven era bastante triste y demasiado misteriosa.
—¿Y a mi qué mierda me importa si eres un niño sufrido? No pienso compartir una habitación contigo ni que fueras el último ser vivo de este maldito universo... Insisto, me das asco. —Pan le habló con los brazos cruzados, inclinada hacia atrás, sin abandonar su asiento.
—Además —se metió Gohan, con muchísima seriedad en su rostro y voz—. Si lo llegara a ver a Usted por accidente, ella sería condenada a muerte… Usted mismo la mataría, ¿o no?
Trunks se quedó en silencio; quería ayudar pero sentía que no lo dejaban.
—Ella no me verá, yo no lo permitiré —aseguró con aplastante convicción—. No quiero que muera... Entiéndanlo, por favor. —Volvió a sentarse—. No quiero más soldados de Clase Baja muertos, no quiero y no lo voy a permitir.
Bardock empezó a reír a carcajadas, llamando inevitablemente la atención de todos.
—Usted es sensible como pocos en este planeta, y por eso sé que lo hace con buenas intenciones —afirmó—. Yo no tengo problema en permitirlo, pero eso sí... —Pan intentó hablar para quejarse pero él la detuvo—. Si Usted la toca, seré yo quiero verá su rostro, para vomitar sobre él y matarlo a golpes luego... —La sonrisa altanera típica de saiyan decoró su rostro—. No se atreva a meterse con ella, porque LE JURO que sufrirá, y mucho.
—Es un trato. —Con una sonrisa que decía cuánto entendía la advertencia de Bardock, Trunks extendió su mano hacia él—. Si hacemos las cosas bien, será por muy poco tiempo...
Bardock iba a estrecharle la mano, justo cuando Pan la golpeó para impedirlo.
—¡YO NO VOY! —Salió de su asiento y empezó a gritar, invadida por la histeria de sus emociones inestables—. ¡¿Acaso mi opinión aquí vale tan poco? Prefiero morir antes que encerrarme en una triste habitación... Prefiero morir tratando de defenderme de los traidores que estar escondida como una pobre esclava sin poder... ¡YO NO SOY ASÍ! No voy; tendrán que matarme si no hay lugar más seguro que ese.
Trunks sintió un dolor muy fuerte en su pecho, pues ella lo había herido con aquellas palabras impregnadas de desprecio.
—¡CHIQUILLA! —Bardock le dio una cachetada a su bisnieta, acción que intensificó la tensión reinante—. Me cansaste con tus impertinencias y con tus faltas de respeto... El Príncipe es el único maldito ser en el cual podemos confiar y tú desperdicias la oportunidad... ¡Entiendo que te guste la idea de morir luchando! Pero no creo que te maten, más bien creo que te tocarán y violarán hasta cansarse, te torturarán de la forma más humillante que existe... sobran pervertidos entre los Clase Alta... ¡Y si eso te sucede, te juro que yo mismo me encargaré de destruir este planeta! ¡ES POR TU MALDITO BIEN, MOCOSA!
Superada por todos los acontecimientos de tan desgraciado día, Pan apretó los ojos y lloró, cayendo de rodillas al suelo.
—Tengo miedo... —Empezó a temblar mientras era sujetada con fuerza por su madre, Videl.
—¿Realmente intentaron violarla? —preguntó la mujer de Gohan al Príncipe.
Trunks, apenado, asintió.
—Usted no comprende, Príncipe Trunks... —La que parecía ser la mujer de Kakarotto se metió—. Ser mujer en Vegetasei es algo muy complicado. No tenemos Reina ni mujer que nos represente... Estamos solas.
—Sí... —habló la mujer de Gohan—. Y todas las clases se pelean por nosotras, como si fuéramos viles trofeos, para ver quién duerme con quién... —Un largo suspiro y todos los hombres presentes parecieron, por algún motivo, conmoverse—. Nadie nos trata como lo que somos: guerreras.
—¿Entiende la frustración? —inquirió la mayor de ambas, más afectada que nunca por la situación.
Inmediatamente, el Príncipe pensó en su madre, a quien ni siquiera había tenido la oportunidad de conocer.
Y no pudo evitar llorar… No hubo manera.
Derramó una pequeña lágrima, la cual no fue vista por nadie.
Pero allí estaba...
Existía.
—Lo siento, pero ¿podrían decirme sus nombres? —pidió el Príncipe.
Ambas sonrieron.
—Chichi —dijo la mayor.
—Videl —siguió la madre de Pan.
—Ahora sí... —El Príncipe se acercó a ambas después de ponerse de pie—. Realmente lamento que nadie las represente, prometo encargarme de eso cuando todo esto termine...
—Ahora sólo encárguese de proteger a mi hija, por favor —pidió Videl—. Ella está dolida... Entiéndala, perdió mucho más que a sus compañeros hoy.
Trunks entrecerró los ojos y recordó la charla con Pan esa misma tarde.
—Mataron a Trec, ya no me interesa que otro me toque...
Y la vislumbró, enternecido y frustrado.
"Realmente lo siento, muchacha...".
—Cállate, madre... —Pan seguía en shock sobre el suelo, con su rostro oculto entre sus brazos, los cuales abrazaban sus rodillas—. Estás hablando de más.
—No, no lo estoy... —Videl acarició la cabeza de su hija en gesto protector—. Yo quiero luchar, así como tú, pero lo que más quiero es que estés bien y que no mueras. Entiende eso.
El Príncipe sintió una repentina culpa.
"Ni siquiera se pasó por mi cabeza la idea de invitarlas a ayudar... Debe ser demasiado frustrante para una guerrera el que no le permitan luchar".
—Creo que al final soy tan imbécil como los traidores —masculló.
—No diga eso —imploró Chichi—. Usted quiere ayudar y eso no es una acción imbécil. Es algo valeroso, digno de la Realeza.
—Pero me encerrarán con él durante quién sabe cuánto tiempo... No es justo... —Pan empezaba a calmarse, aunque era apenas perceptible.
—Sino podríamos llevarla a un planeta lejano —exclamó Kakarotto repentinamente—. Yo conozco un planeta muy tranquilo en la Galaxia del Norte, se llama...
—NO. —Bardock, sabiendo a qué planeta se refería, lo interrumpió—. Tenerla lejos hará que, por más que su poder de pelea esté oculto, su seguridad no esté garantizada... Si los Clase Alta que están detrás de esto tienen mucho poder, seguro que revolverán el universo entero para encontrarla y no estaremos allí para protegerla.
Pan refregó su rostro.
Se sentía fuera de sí, no era ella... No se reconocería de ver su reflejo.
El Príncipe quería ayudarla y se lo había demostrado durante todo ese largo y horroroso día... ¿Por qué dudar tanto?
"Tengo miedo...".
Odiaba a los Clase Alta, pero él no era como ellos.
Aún así, no le caía demasiado bien...
—Lo haré. —Y sorprendió a todos de un momento al otro—. Pero con una condición. —Se puso de pie, justo frente a Trunks—. Harás todo lo posible para que no esté allí por mucho tiempo...
—Así será, muchacha —contestó él, emocionado por sus palabras.
—No lo hago por ti ni por mí, lo hago para que mi familia esté tranquila... Cada día será un infierno, pero si puedo cortar la cabeza de los traidores con mis propias manos, entonces valdrá la pena sufrir ese asqueroso encierro.
Y le dio la mano.
En ella vio el enfado, la desaprobación... Pero también vio la sed de venganza.
"Me vengaré... Y te dejaré vengarte también", pensó el Príncipe, sonriendo levemente.
—Entonces ya vámonos... Cuando lleguemos al Palacio te explicaré algunas cosas importantes para que estés protegida... Aquí ya no hay mucho que hacer.
La muchacha salió disparada hacia la parte superior de su casa.
—Seguramente fue a buscar algunas pertenencias —explicó Chichi al confundido Príncipe.
—Bien, entonces...
Hizo un paneo general de la familia de Bardock. En ellos acababa de encontrar el apoyo necesario para enfrentar la traición.
Para buscar la verdad...
Pan volvió con algunas cosas envueltas en una cobija algunos minutos después, y ambos se marcharon rápidamente.
Ese sólo era el principio...
Nota Final del Capítulo V
Bueno, ¡capi nuevo al fin!... Jamás voy a volver a decir "actualizo x día" porque me auto presiono y sólo termino por atrasarme. XD
¡Ah! Voy a aprovechar este update para corregir un par de errores GARRAFALES de gramática (gracias Makai Alexa por tus consejitos n.n) y de concordancia... Me equivoqué en el capi anterior al poner la edad de Pan, y créanme que no fue a propósito.
Perdón si maree a alguien. XD
Cualquier duda review, ¿sip? ¡Respondo!
Saludos. n.n
Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.
