PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo VII

"Asco"

Comió sin pensar demasiado en ser educada, como todo un animal. El hambre había sido demasiado insoportable, pues ya no tenía energías. Por lo tanto, aquella comida que Trunks le había traído había sido una bendición. Eso sí: su orgullo era demasiado grande como para agradecerle a ese imbécil que tenía por Príncipe el gesto. Jamás lo haría.

Por su lado, Trunks la miraba desde lejos, sin deseo alguno de devorar. Tenía hambre, sí, pero esa mañana su corazón dolía un poquito más de lo acostumbrado. No supo explicar el porqué, pero así lo sentía.

Ese día sería horrible, podía leerlo en las nubes.

Bastante mal presagio había sido la situación con su padre durante la mañana.

—Es molesto que mires a una persona mientras come —musitó Pan luego de tragar.

—¿Y tú cómo sabes que estoy mirándote? —inquirió, un poco irritado, el joven.

La verdad era que Trunks solía pasar tremendamente desapercibido cuando miraba a alguien, pues su casco apenas dejaba ver un esbozo de sus ojos y nadie podía adivinar lo que dentro de éste sucedía.

—Vamos... —Pan rió y dejó la fruta que estaba por comer sobre el platón—. ¿Crees que soy tonta? Tu cabeza está inclinada hacia aquí y siento tu maldita mirada sobre mí... Así que ya basta. —La muchacha dejó de observarlo y volvió a la comida. La fruta antes abandonada desapareció en instantes.

Trunks empezaba a cansarse de aquel maltrato por parte de la muchacha. Por supuesto que la entendía, pero...

"No es justo, ¿estoy metido en el lío de mi vida por ella y así me trata?".

Suspiró y se fue sin decir nada. Cerró la puerta del laboratorio tras él luego de abandonarlo.

Ya en la parte principal de su cuarto, se quitó el casco y se relajó sobre la cama, suspirando una y otra vez.

—¡Príncipe Trunks! —… Pero el descanso duró poco, lo cual lo hizo gruñir de fastidio.

Era Nappa quien lo llamaba detrás de la puerta.

—¿Qué quieres? —preguntó de mala gana.

—Está a punto de empezar la ceremonia en honor a los caídos en Tramat, ¿vendrá?

Se paró automáticamente al escuchar aquello y, después, su casco volvió a ocultarlo.

—Iré enseguida... VETE, bien sabes que no me gusta que te acerques a mi cuarto —susurró luego de pegarse a su puerta.

—Sí, señor...

Los pasos cada vez sonaron más lejanos, motivo por el que decidió ir hacia Pan de nuevo.

Tocó la puerta del laboratorio y habló en un murmullo:

—Pan... Me iré un momento.

La puerta se abrió inmediatamente después de que él dijera eso, y mostró a una chica con un poco más de color en sus mejillas gracias al alimento, pero cuya mirada seguía apagada, furiosa, muerta...

—¿Así que es la despedida a los caídos? —indagó Pan sin salir del umbral de la puerta.

—Sí. —Trunks se entristeció dentro de su casco, pues ella mostró una mueca de dolor al decir despedida, una mueca realmente devastadora—. Me ocuparé de despedir con honor a tu amigo en tu nombre —prometió, poniéndose una mano en el corazón y haciendo un pequeño gesto de respeto.

—No hagas algo que yo no te he pedido... —susurró la muchacha mostrando de nuevo aquel odio.

Obviamente se refería a Trec, y Pan no tenía deseos de que alguien siquiera lo mencionara.

—Aún así, lo haré. —Trunks se marchó.

Pero antes...

Se paró en seco y giró para poder mirarla una última vez.

—Oye, cuando vuelva debemos arreglar la forma en la cual podamos tener ambos nuestra privacidad, ¿sí?

—No sé de qué privacidad hablas, Príncipe... —Y Pan volvió a encerrarse.

Trunks sacudió su cabeza con fastidio, para abandonar finalmente su habitación.

Esto iba de mal a peor…


En la puerta del Palacio se había fijado el lugar de reunión.

Para despedir a los saiyans muertos en combate —los cuales siempre eran cremados— se reunía a los tres Líderes de cada clase, a la Realeza y a los familiares de los caídos que desearan asistir.

—¿Dónde está mi inútil hijo?—preguntó Vegeta a Nappa.

—Ya lo llamé, debe estar por llegar, mi Rey...

—¿Y el Líder de Clase Baja? —volvió a preguntarle a Nappa justo cuando vio cómo llegaba Bardock; venía volando y aterrizó algunas escaleras abajo de la entrada del Palacio.

—Aquí estoy, Rey Vegeta. —Bardock trató de sonar cortés a la vez que subía las escaleras para reunirse con los demás, pero abandonó esa idea al ver aquellos rostros asquerosos de su Rey y el Líder de Clase Alta más de cerca.

Los ignoró por completo y fue hacia la otra persona que estaba allí aparte de esos imbéciles.

—Tark, mucho tiempo sin verte. —Le dio la mano al Líder de Clase Media.

—Lástima tan triste circunstancia... —dijo el anciano.

—¡Mocoso! Ya era hora. —Tark y Bardock giraron hacia el Rey, quien recibió de mala gana a su hijo, el Príncipe Trunks.

—Padre, no te pongas en vergüenza, ¿quieres?

—La vergüenza aquí eres tú, imbécil.

Trunks pasó de largo a su padre y fue hacia ellos.

—Buenos días —saludó de forma seca, signo de su pésimo humor.

Bardock lo observó de forma inquisitiva: realmente deseaba saber si su bisnieta estaba bien.

El Príncipe hizo una pequeña seña con sus manos, imperceptible para su padre ya que estaba de espaldas a él, y así Bardock entendió que ella, efectivamente, estaba en óptimas condiciones.

Luego de una breve sonrisa orgullosa, típica de saiyan, el Rey se dirigió a los presentes:

—Empecemos de una vez… ¿No vendrán familiares de estos insectos?

—No, he dado aviso a ellos pero decidieron que la mejor forma de despedirlos era entrenar para que esto ya no vuelva a ocurrir, para matar a los malditos asesinos... —Si bien a veces los saiyans despedían a las víctimas de las batallas, no siempre era así: celebrar la victoria era algo que los saiyan amaban más que nada, pero sufrir las despedidas no era algo muy feliz para ellos. Por este motivo, los familiares no siempre despedían a los muertos, pues la forma de honrarlos para la mayoría era entrenar más duro que nunca y vengarlos si esto fuera necesario—. ¿Y los Clase Alta que murieron, nadie los despedirá?

—¿Clase Alta? —Vegeta fulminó a Nappa con la mirada—. ¿Murieron altos también? Eso no lo sabía...

—Rey Vegeta, yo... —Nappa se mostró realmente nervioso y la situación asombró tremendamente a Trunks, Tark y Bardock.

Ése era augurio de algo más oscuro… ¡No podía ser de otra forma!

—¿Qué? ¿Acaso me vas a decir que "se te olvidó" —Vegeta se pronunció con un tono tremendamente burlón— y que por eso no me lo dijiste? ¿EN QUÉ MIERDA ESTABAS PENSANDO? Será mejor que tengas excusas...

—Yo... —Nappa transpiraba de los nervios, y Bardock aprovechó la oportunidad para reírse a carcajadas en su cara, cosa que llenó de sed de sangre al Líder de Clase Alta—. ¡La situación era demasiado tensa! Yo no envié a esos Clase Alta... ¡Desconozco qué hacían ahí! Quería investigar antes de decírselo, Rey Vegeta...

Trunks se mordió la lengua de la furia, ¡deseaba tanto decirles a la cara a esos dos ineptos de su padre y Nappa que él SÍ sabía qué hacían ahí! Pero no podía, no era apropiado...

Había que contenerse.

—Pues si estaban ahí y murieron supongo que eran bastante inútiles... Aunque, claro, siento tú el Líder de la Clase Alta eso no es sorprendente... —Bardock fue cortante al decir aquello. Reírse y burlarse de él era demasiado gratificante como para desperdiciar la oportunidad de hacerlo.

—¡Maldito debilucho!, ¿cómo te atreves a decir algo así? —Nappa se abalanzó sobre Bardock con clara intención de golpearlo, pero Trunks se interpuso al instante.

Tomó el puño lanzado del Líder de su clase son una sola mano y sin aparente esfuerzo.

—Nappa, eres un irrespetuoso... —masculló— Primero ocultas información importante y luego armas un alboroto en tan importantes circunstancias... ¡Que ni se te ocurra faltarle el respeto a tu raza el día en el que vamos a despedir a cuatro hermanos! —Lo empujó y Nappa cayó al suelo, completamente derrotado—. Tu comportamiento no es digno de un saiyan… ¡Vete! No mereces estar aquí hoy...

Vegeta rió luego del discurso de su hijo.

—Es inevitable, ¡hoy tengo que ponerme de lado de este mocoso! —sentenció—. Nappa, VETE A TU CASA... No quiero verte hasta mañana... —se acercó al nervioso grandulón, se arrodilló a su lado y lo tomó fuertemente del cuello—. ¡Y MAS TE VALE QUE MAÑANA HAYAS REUNIDO A LOS MEJORES GUERREROS DE ESTE MALDITO PLANETA PARA QUE PODAMOS SOLUCIONAR ESTO, PORQUE SINO MORIRÁS EN MIS MANOS!... —destiló una inmensa carcajada—. ¡SABANDIJA! Disfrutaré al hacer correr tu sangre, no lo dudes... ¡Vete!

Nappa se levantó hecho una furia, pero bajó la cabeza y obedeció para finalmente irse.

—Tiremos esas cenizas de una maldita vez... —Vegeta subió al techo del Palacio y los otros tres presentes lo siguieron.


—¡He vuelto!

Kakarotto entró feliz a su hogar después de repartir frutas entre varias familias de Clase Baja: una vez más había cumplido con ellos.

Chichi lo recibió con un enorme beso mientras que Goten, Videl y Raditz lo miraban fijamente.

—¿A dónde fuiste? —inquirió su hermano mayor.

—Fui a la Tierra —respondió sin tapujos: no le daba vergüenza decirlo.

Por más que aquel planeta estuviera vedado, él no podía ni quería evitar ir allí.

—OH... —Chichi le dedicó una mirada con un ápice de reproche—. Debes tener cuidado, sabes que no puedes ir allí...

—¡Lo sé! —contestó con una sonrisa—. Pero debía hacerlo, es en el único lugar en el universo donde se puede conseguir esto. —Abrió su mano hasta ese momento hecha un puño, mostrando una pequeña cápsula—. Aquí, Pan podrá guardar su comida. ¡Así el Príncipe Trunks no tendrá que pasar penurias para llevarle algo de comer durante su encierro! ¿Verdad que es genial?

Raditz respondió aquella pregunta con un coscorrón.

—Sí, es genial... ¿Cómo va a guardar algo en esa cosa tan pequeña?

Kakarotto rió mientras sobaba su chichón.

—¡Mira! ¡Así! —Accionó el botón que estaba en uno de los extremos de aquella cápsula y la lanzó al suelo. Luego de unos instantes, una pequeña explosión dejó ver un cubo blanco de como un metro de altura por medio metro de anchura—. ¿Ves? —dijo a su hermano. Después de ver la mirada sorprendida de todos los presentes, abrió aquel cubo—. Es un refrigerador, como las cajas con frío que usamos nosotros para guardar los alimentos... —Se acercó a éste y apretó un botón al costado del aparato, provocando que, inmediatamente, aquella cosa se volviera una cápsula de nuevo—. ¡Es un invento fascinante!

—Vaya... —Raditz tuvo que quedarse callado, pues Kakarotto le había cerrado el pico con ese artefacto tan peculiar—. Será de utilidad, me alegra que a veces uses tu marchito cerebro, hermano.

Kakarotto volvió a reír y, pasados unos segundos, todos rieron con él.


Tark le había dejado a Gohan una tarea realmente asombrosa, lo cual no hizo más que emocionarlo. Mediante unos planos hechos por el Líder de Clase Media y el Príncipe Trunks, hacía varios modelos de la tiara que ahora mantenía oculta a su hija Pan dentro del mismísimo Palacio Real.

Estaba en el laboratorio de Tark, trabajando con otros Clase Media, compañeros de él durante años.

—Esto marcará un antes y un después en las batallas de los saiyan... —afirmó Tario, un muchacho muy joven e inteligente, asistente de Tark.

—Realmente, este invento es una maravilla —contestó Gohan, fascinado por aquel accesorio.

"Además, esto está protegiendo a mi hija... Me pregunto si estará bien, seguramente está sumamente angustiada... ¡Si tan solo se pudiera averiguar rápido quién es el que está detrás de todo esto!".

Su poder de pelea se elevó un poco, signo del enfado que empezaba a invadirlo. Su hija oculta sin poder pelear y él y su familia sin pista alguna sobre el nuevo enemigo... ¡La situación era desesperante!

Los scouter de todos sus compañeros se accionaron ante aquel levantamiento de poder.

—Gohan, ¿qué sucede? —inquirió Mecu, otro de sus compañeros de clase y laboratorio, el mayor de todos los presentes.

El hijo de Kakarotto no prestó atención; se quedó mirando fijamente la tiara que tenía hecha a la mitad en sus manos, dejando sobre la mesa de trabajo la herramienta que estaba utilizando hasta hacía un momento.

"… ¡Pero claro!".

—¿Cómo no lo pensé antes? —se preguntó de un instante a otro mientras se levantaba de su silla—. Debo irme, muchachos... ¡Hay algo muy importante que debo dialogar con mi abuelo! —Se fue corriendo del lugar, dejando atónitos a todos sus compañeros por tan repentina y extraña reacción.


La ceremonia de despedida de los caídos ya había acabado y Bardock, Tark y el Príncipe Trunks se habían marchado hacia la zona en la cual vivían los Clase Baja. El Rey Vegeta se había ido sin emitir palabra alguna luego de esparcir las cenizas, permitiendo así que el Príncipe se marchara con ellos sin levantar sospecha alguna. Llegaron a la enorme calle principal, esa donde la casa de Bardock estaba asentada, y el Príncipe pudo ver con sus propios ojos el duro entrenamiento al que todos los Clase Baja se estaban sometiendo. Todo en los alrededores eran grupos de saiyans golpeando, moviéndose, siendo golpeados y respirando con dificultad... ¡Ese entrenamiento se veía más que intenso!

—Bien, ya los reunieron... —susurró Bardock con una media sonrisa, aterrizando en el medio de la calle junto a sus dos acompañantes—. ¡Toma, Serippa! —saludó a un hombre alto y canoso, con un físico privilegiado, y a una mujer con el cabello corto, de baja estatura y ciertamente muy hermosa a pesar de que el pasar de los años ya se le notaba. Bardock hizo una seña hacia el Príncipe y Tark—. El Príncipe Trunks está de nuestro lado —les dijo—, así como el Líder de Clase Media... ¡Esto no se va a quedar así!

Tark sonrió ampliamente mientras Trunks intentaba entender la situación.

—Príncipe —lo llamó Bardock—. Ellos son Toma y Serippa, mis antiguos compañeros de escuadrón durante la batalla de Freezer e incluso antes de ella. —Trunks se sintió honrado de conocer al famoso y mortífero "Escuadrón de Bardock", el cual ganó tremenda fama luego de la guerra con Freezer. Justamente, gracias a esa fama fue que Bardock consiguió ser el Líder de su clase—. Éramos cinco, pero desgraciadamente nuestros otros dos compañeros, Punbkin y Toteppo, murieron durante esa difícil batalla... —El Príncipe estrechó con orgullo la mano de aquellos héroes, luchadores incansables de su raza. Ambos lo saludaron con sonrisas engreídas típicas de guerrero—. A ellos he designado para que se encarguen de que toda la Clase Baja entrene duramente, y también —dijo, con voz más baja— les he contado nuestra situación... Son mis hombres de confianza, así que no se preocupe.

—He oído mucho sobre ellos, así que yo también confío en que harán todo por esta misión —aseguró el Príncipe a los guerreros.

—No vamos a permitir que esto quede así —acotó Serippa, la mujer madura—. En el último escuadrón asesinado estaba mi pareja —mencionó destilando furia—. Debo vengar a Zirio... —Y la furia pasó a ser orgullo, y la hermosa guerrera se mostró fuerte.

Trunks adoraba a las mujeres de su raza. Tal vez, esto era porque nunca había conocido a su madre y la tenía tremendamente idealizada, pero ese símbolo de belleza y fortaleza que las mujeres saiyan encarnaban con tanta facilidad realmente lo volvía loco, lo hacía sentir orgulloso como nada más en el mundo.

El momento fue interrumpido por Gohan, quien llegó volando a toda velocidad; aterrizó justo frente a su abuelo y al Líder de su clase.

—He tenido una idea, me gustaría conversarla con ustedes.

—Vamos a casa —Bardock hizo una seña a Trunks y Tark para que los siguieran, mientras indicaba a Toma y Serippa que continuaran con los entrenamientos de la Clase Baja.


Vegeta miraba, una vez más, su eterna ventana, la de su habitación. La ventana le decía lo mismo todos los días, le mostraba su reino.

Le mostraba algo que tapaba lo que no quería ver.

Pensó en los ataques a la Clase Baja y se descolocó de furia al recordar que también gente de Clase Alta había muerto.

"Soldados de Clase Baja no me sorprende que mueran, pero... ¿Soldados de Clase Alta? Ellos no son vencidos por nadie, esto es demasiado preocupante, más de lo que quiero admitir".

Gimió de odio y apretó sus puños con fuerza.

Siguió mirando y no mirando por aquella ventana, pensando y no queriendo pensar...

Nos vemos, Vegeta...

Esa horrenda frase fue recordada por el Rey luego de AÑOS enteros sin evocarla bajo ningún aspecto, y no pudo evitar cerrar los ojos y sacudir la cabeza. Quería olvidar, quería no recordar aquello.

"Tranquilamente podría tratarse de él, pero no tiene sentido que los mate a todos. Él de seguro sólo piensa en mi cabeza...".

Odiaba a esa persona como a casi nada en el universo, y aquella promesa pronunciada muchísimos años atrás se veía más cercana que nunca, lo sentía en cada poro de su piel: se acercaba el gran día.

"He entrenado para esto durante años... ¡He entrenado demasiado! Él no me vencerá, no teniendo mi arma secreta".

Empezó a reír a carcajadas y, desgraciadamente, recordó por un momento a su hijo.

—Debería regalarle una amante hoy, así dejará ese estúpido mal humor de lado.

Sin más, se marchó de la ventana y de su habitación.


—¿Usar la tiara para espiar? —Bardock miró sin entender del todo a su nieto Gohan.

Toda su familia más el Príncipe y Tark se habían reunido en su casa, sentados uno al lado del otro en torno a la enorme mesa, contemplándose entre todos.

—Sí: ya que la tiara oculta el poder, podríamos aprovecharnos de esto y utilizar algún espía. Este espía podría seguir y escuchar todo lo que digan los máximos sospechosos, así esto podrá avanzar más rápido —y el hombre de Clase Media sonrió.

Raditz, quien hasta ese momento permanecía de pie detrás de su padre y al lado de su hermano Kakarotto, empezó a reír con fuerza.

—Esto era lo que yo necesitaba...

Bardock giró para escrutarlo.

—Tú querías espiar a Nappa, ¿no? Pues aquí tienes... —la mirada del patriarca de la familia se paseó por toda la habitación—. No me gusta esto, es demasiado estúpido y no tiene sentido: los saiyans no se valen de tontos espías para ganar batallas, se valen de la fuerza... ¿Pero acaso puedo pedir más de ti, Gohan? Eres de Clase Media, claro que piensas con el cerebro y no con los puños...

Gohan sabía que, aunque esas palabras sonaran claramente como desaprobación, Bardock le estaba dando luz verde para su idea.

El Príncipe Trunks pareció querer acotar algo, pero el hijo mayor de Kakarotto no se lo permitió, interrumpiéndolo amablemente.

—Tío Raditz, entonces espía a Nappa... Sé que tienes tus razones para desconfiar de él.

Trunks no entendió muy bien a qué se referían con eso, ¿por qué Raditz desconfiaría de su ex compañero de escuadrón?

"A lo mejor es al revés, y justamente por eso es que desconfía...".

Que Nappa no hubiera dicho a su padre que los Clase Alta habían muerto, sumado a sus nervios al ser descubierto, eran signos de que algo andaba mal con aquel sujeto.

—Príncipe —Tark tomó la palabra—. Hoy, Nappa se comportó de lo más extraño... Nunca se caracterizó por ser extremadamente meticuloso en sus actos, pero desprecia como nadie a la Clase Baja… Sus nervios lo convirtieron en sospechoso.

—Justamente pensaba en ello, Tark —le respondió el joven—. Nappa es nuestro primer sospechoso. No tenemos pruebas pero puede ser un primer paso en nuestra misión.

—Sí —exclamó Bardock—. No confío en él, nunca confié en él y jamás lo haré... Es la peor escoria que habita este planeta. —Sonrió, como cuando un guerrero desea matar.

—Yo me encargaré de juntar información. —Raditz aceptó el reto—. Príncipe, la ASEGURO que Nappa tiene algo que ver.

—No sé por qué estás tan seguro, pero... —Trunks se puso de pie y estrechó su mano— confío en ti.

Raditz rió, orgulloso como nunca. Vengarse de Nappa era una cuenta pendiente en su vida, y finalmente llegaba la oportunidad ideal para hundirlo en lo más profundo de la mugre del universo.


Nappa estaba furioso. ¡Odiaba ser humillado! Más aún si se trataba de un insulso soldado de Clase Baja como Bardock, sujeto débil e inútil que no tenía ni la mitad de honores que él, soldado de Clase Alta, Líder de su clase y guerrero formidable, mano derecha del Rey.

—Seguro que él mataría por ser yo —espetó entre risas, recostado sobre la cama de su cuarto, dentro de la enorme casa que le pertenecía.

Su mujer se acercó a él de pronto, mirándolo sin comprender.

—Nappa, ¿por qué el Rey se enfadó tanto contigo? —inquirió, a lo cual Nappa reaccionó dándole una cachetada, la cual lanzó a la mujer sobre la cama.

Se puso sobre ella, tomándola fuertemente de las muñecas.

—Eso no te incumbe, mujer.

—Nappa, suéltame —pidió la mujer, enfrentándolo con la mirada con tremenda valía. De igual a igual.

—¡NO! —La tomó más fuerte—. Yo sólo quiero lo mejor para todos... ¡Lo mejor para mi raza! Si el Rey no lo entiende entonces no tiene la cabeza donde debe tenerla... Pero claro, sólo escucha a los insectos... Su estúpido hijo, el inepto de Tark, el despreciable Líder de tu clase...

—Bardock es un gran guerrero y lo sabes, si lo escucha ha de ser porque el Rey sabe que él piensa más que tú. —La mujer rió y no pareció importarle el puñetazo que su marido le propinó: volvió a desafiarlo con la mirada.

—Zuzik, me decepcionas... ¡A veces no sé por qué luché tanto por ti! —Y la dejó al retirarse de su hogar.

Voló por todo su planeta, hecho una furia y sintiéndose tremendamente impotente.

"No puedo creer que todos menosprecien mi inteligencia... ¡Si no fuera por mí aquí todo sería distinto!".

—¡No dejaré que mi raza se vaya por la borda, no permitiré que ensucien el nombre de los saiyans!


Pan estaba en la misma posición desde hacía horas, o eso quería creer... El tiempo en el Palacio no parecía transcurrir, hecho que empezaba a enloquecerla.

¿Realmente habían pasado horas? ¿O tan sólo minutos?

—Quiero irme... —susurró, abrazando sus rodillas contra la pared, en un rincón del laboratorio personal del Príncipe.

Un ruido desde afuera la hizo reaccionar, así que se puso de pie delicadamente y para así acercarse con sigilo a la puerta.

"¿Será el Príncipe?".

Se apoyó contra la puerta e intentó escuchar. Bastó con oír a quién era para que su cuerpo se paralizara por completo.

—Tú te quedas aquí —dijo el asqueroso dueño de aquella voz—. Espera a mi inútil hijo y sácale el mal humor que tiene... Me pregunto a quién habrá traído ese mocoso aquí, hay demasiado aroma a mujer...

Luego, pasos y un portazo le dieron a entender a la joven que el dueño de aquella voz, nada más y nada menos que el Rey Vegeta, se había marchado.

Esperó unos instantes, alejando a los nervios lo más posible de ella, y abrió lentamente la puerta.

Sorpresa enorme se llevó al ver a una muchacha atada y con los ojos vendados sentada sobre la cama del Príncipe, tapada solamente con una túnica rotosa.

Ella temblaba y lloriqueaba...

¿Acaso...?

Pan se tapó la boca, pues las ganas de vomitar la invadieron.

Pasó delante de ella, quien tembló más al sentir a alguien cercano, y fue directamente hacia el baño, cuya puerta estaba del lado contrario de la cama al de la puerta del laboratorio. Una vez allí, se tiró en el suelo y ya no pudo evitarlo: vomitó con todas sus fuerzas, ensuciándose todo su pecho, sin sentir remordimiento por permitir que eso sucediera...

Nada importaba, sólo el asco... Esa muchacha parecía muerta en vida y le recordó demasiado a ella misma.

"¿Cómo pudiste, bisabuelo? ¿Cómo pudiste encerrarme con un maldito violador?".

Siguió vomitando y llorando, totalmente deshecha, tanto en cuerpo como en alma.


Nota Final del Capítulo VII

¡Uf! Otra vez perdón... Sigo con la universidad (por suerte el esfuerzo rinde sus frutos y me está yendo bien n.n) así que no hay mucho tiempo para los fics...

La buena noticia es que en julio estoy de vacaciones, así que mis noches voy a tratar de dedicárselas lo más posible a este fic para así avanzarlo lo más posible y no colgarlo tantos meses otra vez...

Espero les haya gustado. n.n

Y antes de despedirme, me gustaría tranquilizar a las fans de Vegeta... Sé que él figura como protagonista de esta historia y no anda apareciendo mucho. Es que el momento clave para el personaje viene más adelante; ahora hay cosas que solucionar en la trama antes de que Vegeta se vuelva completamente protagonista junto a su hijo, ¡tengan paciencia y ya van a ver! XD

Y además, los cabos sueltos ya van a ir atándose... ¿De quién sospecha Vegeta? ¿Por qué Raditz odia tanto a Nappa? ¿Qué pasó con Bulma?... Todas las preguntas tendrán respuesta a lo largo de la historia, lo prometo.

En fin, saludos... cualquier duda review que respondo vía mail o pm.

Bye! n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.