PECADOS EN LA SANGRE
Capítulo X
"Sospechas"
Llegó volando al laboratorio de Tark y, luego de encontrarse con él, ambos fueron hacia la casa del Líder de Clase Baja a toda velocidad. Por supuesto que Bardock los esperaba, sabiendo perfectamente que allí irían luego de los últimos acontecimientos. Ya habiendo sido recibidos dentro de la casa del Líder, todos los involucrados debatieron en torno a la mesa de la sala principal.
Había que pensar rápido...
—Déjelos ir, Bardock —recomendó Trunks, quien estaba sentado justo frente a él.
Todos los rodeaban; sólo ellos dos permanecían sentados.
—¿Y cómo sé que esos canallas que eligió ese cerdo son de confianza? —sentenció el poderoso saiyan.
Por supuesto que lo de cerdo iba dirigido a Nappa...
—Kakarotto y yo —explicó el Príncipe— iremos con ellos... Iremos aparte con la nave de su hijo, siempre y cuando ustedes estén de acuerdo.
Kakarotto no pudo hacer más que sonreír. ¡Una batalla! Extrañaba pelear. Aunque, claro, lo mejor en esa situación era que la fuerza no fuera realmente requerida...
—Por mí está bien. ¿Y Goten? —preguntó Bardock seriamente.
El hijo menor de Kakarotto miraba maravillado al Príncipe. ¡Deseaba tanto combatir junto a él! Así como su tío Raditz había peleado con el Rey hacía ya mucho, mucho tiempo...
—Para no levantar sospechas hacia su familia, lo más conveniente sería que Goten fuera con su escuadrón.
El comentario del Príncipe decepcionó al joven. ¡Él quería ir con su padre y Trunks! No con su aburrido grupo de ataque.
—Estoy de acuerdo. —Bardock se permitió reír—. Entonces... —Miró fijamente a su nieto menor—. Tú te vas YA con tu escuadrón; ve a decírselos y márchense lo antes posible a la Central Espacial.
Goten parpadeó ante la orden de su abuelo y, con una clara molestia en su rostro, se marchó sin decir palabra alguna. Justo antes de irse, su tío tocó fuertemente su hombro.
—Vuelve con la victoria, mocoso —dijo—. Deja bien parada a tu clase, a tu familia y a tu maestro... —Su tío le había enseñado casi todo lo que sabía, y claro que lo iba a dejar bien parado... ¡Iba a destrozar a todo aquel que se plantara frente a él!
Rió orgulloso, cosa que no solía hacer muy seguido, pero la sangre era la sangre, y él era saiyan.
—Lo haré. —Dedicó una mirada a madre y a toda su familia en general. No era momento para ser el despistado Goten que tantas canas verdes sacaban a su familia; debía demostrar, frente a ellos y a su Príncipe, que él era un gran guerrero—. Estaré bien, no permitiré que nada me pase... ¡No se preocupen! —Finalmente abandonó su casa.
Una vez que Goten se fue, Bardock y Trunks siguieron con su charla:
—Yo iré inmediatamente, con Kakarotto. —El Príncipe se puso de pie—. Esos dos Clase Alta elegidos por Nappa son fuertes, pero no me ganarán... He peleado con ellos y son sólo basura para mí.
—No me extraña. —Raditz se metió en la conversación—. Nappa es un pésimo maestro.
Era Nappa quien, desde hacía años, entrenaba a los mejores Clase Alta. Incluso el propio Príncipe había sido entrenado por él durante breve tiempo.
Trunks se permitió reír ante el comentario burlón.
—Sí, lo es.
El joven de la Realeza fue hacia Gohan y Videl, los padres de Pan, y estrechó las manos de la mujer.
—¿Cómo está ella? —preguntó la saiyan de cabello corto. El parecido con Pan era evidente, lo cual hizo que Trunks se ruborizara repentinamente, movilizado por el recuerdo de la caricia en su horrendo rostro.
Era una suerte que el casco lo tapara en ciertas circunstancias...
—Bien... Las primeras horas fueron las peores, pero ahora ya nos llevamos mejor y ella ha levantado su ánimo —la tranquilizó.
—Cuídela y también cuide a mi hermano —pidió Gohan suavemente.
Asintió convencido e hizo una seña a Kakarotto para que finalmente se marcharan.
—En la noche, si todo sale bien, nos reuniremos aquí de nuevo —avisó a Bardock.
—Entonces nos reuniremos... —Una última sonrisa soberbia de parte del Líder de Clase Baja, y finalmente se marcharon.
Al salir, Kakarotto hizo una seña al Príncipe para que lo siguiera a las afueras de Vegetasei.
En las zonas del planeta donde no había habitante alguno, reinaba la vegetación y el silencio. Vegetasei era un planeta lleno de sorpresas. Entre unos exóticos árboles, Kakarotto develó su nave espacial, la cual era rectangular y bastante más grande que las típicas esferas en las que viajaba la más poderosa raza del universo.
Trunks sonrió satisfecho.
—Otra de las grandes obras de Tark —dijo.
—Sí —exclamó Kakarotto—. Tark y Gohan la fabricaron especialmente para mí y para mi cometido: traer la mejor comida del universo para mi clase.
Kakarotto cada vez le caía mejor a Trunks. Se sentía relajado a su lado, no había sonrisas burlonas ni carcajadas efusivas... Ese hombre no parecía un saiyan en personalidad; era demasiado alegre, despreocupado.
"... Y feliz".
Subieron a la nave, la cual tenía un centro de mando con dos confortables asientos delante de la ventana frontal. La parte de atrás era amplia y estaba completamente vacía; seguramente, Kakarotto llevaba allí enormes cajas para conservar la comida en sus largos viajes por el espacio. A cada lado de la nave, enormes ventanas laterales terminaban con el sencillo y práctico diseño.
Se sentaron, y finalmente partieron rumbo a Sitma, el planeta elegido para ser invadido aquel día.
Ya en el espacio, Trunks meditó unos instantes.
—¿Dónde queda ese planeta? —preguntó a Kakarotto.
—En la Galaxia del Norte —respondió con una sonrisa por demás amable.
—Galaxia del Norte... —Se puso a hacer cuentas, sus brazos cruzados sobre su pecho, y descubrió algo que no había pensado antes—. ¿Ha notado que los ataques a los Clase Baja siempre sucedieron en la Galaxia del Norte? —comentó a Kakarotto, quien llenó sus ojos de sorpresa por primera vez desde que lo conocía—. Tramat, Kabu, Zet, Mega... —enumeró a los planetas donde tales fechorías habían ocurrido—. Y ahora Sitma...
Kakarotto quedó perplejo unos instantes; se veía nervioso y eso llamó poderosamente la atención del Príncipe.
—Dudo mucho que sea casualidad... —El rostro del hijo de Bardock se tornó sombrío.
—¿Pero por qué la Galaxia del Norte? —Trunks seguía sin poder comprenderlo.
—No lo sé... —Kakarotto le sonrió con convicción—. Pero no permitiremos que más guerreros de Clase Baja mueran... ¡Vayamos a toda velocidad!
Accionó algunos botones del centro de mando y la nave se volvió terroríficamente rápida. ¡Seguramente, a esa velocidad llegarían incluso antes que el escuadrón de Goten! Trunks se sumergió en sus pensamientos contemplando el universo que los rodeaba. Realmente no comprendía aquel ensañamiento con la Galaxia del Norte.
"¿Qué misterio habrá allí?".
Mientras, Kakarotto se sentía más preocupado que nunca.
"No permitiré que se metan con la Tierra...".
—Basuras —exclamó Tirm, uno de los Clase Alta asignados para proteger a la clase más baja de la raza saiyan.
La soberbia le sobraba a todo saiyan, pero en los Clase Alta eso era llevado al inexistente extremo... Eran sencillamente insoportables.
Goten y sus compañeros miraron despectivamente a ambos engreídos antes de que todos subieran a las esféricas naves en la Central Espacial, rumbo a Sitma. El escuadrón estaba compuesto por Sheka, la única muchacha y quien había ido a avisar a Goten de la misión aquella mañana; Net, un chico de 13 años que lentamente empezaba a perfilarse como uno de los mejores de su Clase; Breu, un muchacho de casi la misma edad del hijo de Kakarotto; Hubec, el más anciano de ellos y Líder del escuadrón; y, claro, Goten.
Hubec era el hermano de Toteppo, antiguo compañero de escuadrón de Bardock, fallecido durante la guerra con Freezer; la cercanía de ambas familias había terminado por hacer que Goten perteneciera a aquel escuadrón.
Antiguamente salía solamente con su tío Raditz pero, un buen día, su tío decidió abandonar las misiones de conquista. Goten jamás había sabido —ni se había atrevido a preguntar— el motivo de esa tan triste decisión.
Un par de aburridas horas de silencio pasaron antes de llegar a Sitma...
Aterrizaron en Sitma minutos antes que el escuadrón de Goten y los Clase Alta, lo cual los alegró debido a la gran preocupación que ambos guerreros sentían. Trunks y Kakarotto habían elegido el lugar más desolado posible para llegar a tierra, ya que los habitantes de ese planeta aún no habían sido exterminados.
Interferir en esa misión no era su propósito...
—Príncipe... —Kakarotto le extendió una de las tiaras que escondían el poder de pelea, a la vez que el Clase Baja se ponía una—. Así no nos localizarán.
Trunks la tomó entre sus manos y, con respeto, pidió soledad en aquella nave.
—Debo quitarme el casco, lo siento... —se disculpó por ocultarse de él, a lo que el hombre contestó asintiendo tranquilamente y con una pequeña sonrisa comprensible.
Solo en la nave, se quitó el casco para así ponerse rápidamente la tiara, una vez hecho volvió a ocultar su rostro. Odiaba ese trámite, pero debía hacerlo... No sólo por deber, sino por deseo: realmente no deseaba ser visto, le daba vergüenza exhibir su rostro.
Salió justo cuando ambos pudieron ser testigos de la llegada de las siete naves esféricas. Allí estaban los saiyans. Listos para el combate, éstos aterrizaron en medio de la civilización del planeta Sitma; la batalla comenzó ni bien salieron de sus naves.
Los Clase Alta permanecieron alejados, flotando sobre los débiles habitantes de aquel planeta, quienes carecían de la habilidad para volar. Los Clase Baja, por su parte, pelearon con pasión, matando a todo lo que se les cruzó por delante, riendo y comportándose de la forma más apasionada posible. Giraron a lo largo y ancho del planeta para cumplir su cometido y, así, en más de una hora la misión estaba cumplida.
Había sido gratificante aquella batalla, únicamente manchada por las constantes burlas de los dos Clase Alta hacia ellos... ¡Cuánta soberbia! Eran indeseables...
Exhaustos, los Clase Baja se sentaron sobre unas rocas para recuperar el aliento, y los Clase Alta se les unieron.
A varios metros y hábilmente escondidos, Trunks y Kakarotto no bajaban la guardia ni por un instante.
—Todo normal —susurró Kakarotto.
—Sí, pero esos sujetos son demasiado engreídos... —contestó el Príncipe—. Hasta que no se marchen no me quedaré tranquilo...
Siguieron escuchando atentamente a quienes espiaban:
—Bastante débiles los habitantes de este planeta —exclamó Hubec, el Líder del escuadrón.
—Sí, muy débiles... —Zarkio, el Clase Alta que acompañaba a Tirm, rió altaneramente—. Aún no puedo creer que tan deplorables guerreros como ustedes hayan logrado ganarles...
Todo el escuadrón de Clase Baja se tensó, por sobretodo Goten, quien tenía mucha mala espina ante esa situación.
—No molestes, imbécil —acotó el pequeño Net con gesto victorioso—. Por lo menos nosotros, los Clase Baja, entrenamos todos los días... ¡No como ustedes, guerreros engreídos! Ustedes jamás entrenan; si siguen así seguro que los superamos pronto...
Y el escuadrón rió sin remedio.
—¿Qué dijiste? —Tirm se acercó a él, sin soportar la provocación—. Tú no sabes nada sobre la mejor clase de nuestra raza... ¡Mocoso insolente! Estás muy inmaduro aún...
Net se notaba que era muy orgulloso; su enorme reputación entre los Clase Baja lo había vuelto soberbio marca saiyan, lo cual le permitió mirar al gigante de Clase Alta con la mayor cuota de altivez posible. Goten y su escuadrón contemplaron divertidos la situación: el muchachito era digno de la clase.
—Tus gruñidos no me asustan, desperdicio —dijo Net, riendo, a Tirm—. ¡Más me asusta tu cara feísima! —Rió con fuerza—. ¡Seguro que hasta el Príncipe es más bello que tú!
Trunks, al escuchar eso desde su escondite, no pudo evitar cerrar los ojos con fastidio.
—Sólo es un niño... —dijo Kakarotto, quien seguramente había presentido que aquel comentario podría irritarlo.
—No puedo pelear contra los mitos de mi raza... —Y Trunks se permitió reír también.
Goten reía sin parar, pero aún así se mantenía atento. A lo mejor debía detener a su pequeño compañero de escuadrón, pero los Clase Alta se merecían un poco de burla...
Debían bajarse de la enorme nube en la cual se habían subido hacía tiempo...
Tirm estaba a punto de golpear al preparado jovencito, cuando un estruendo los distrajo a todos.
Trunks tomó el mango de su espada con firmeza... ¡El peligro parecía avecinarse!
Y no se equivocó...
De la nada, frente a los saiyans de Clase Baja y Alta aparecieron dos extraños seres, que se ocultaban debajo de enormes túnicas negras. Las túnicas no dejaban ver nada, ni la ropa ni los rostros... ¡Nada!
¿Quiénes eran?
Trunks accionó su scouter y éste le dijo que esos dos seres eran inmensamente poderosos.
—¡Malditos saiyans! —exclamó uno de los seres, acercándose a los Clase Alta.
Zarkio se puso en guardia y no tardó mucho en empezar el combate cuerpo a cuerpo. Todos miraban atónitos, sin ser capaces de moverse. A la vez, el otro ser encapuchado reía a carcajadas al ver cómo el saiyan de Clase Alta iba perdiendo lentamente el combate.
Trunks y Kakarotto apreciaron todo en total alerta y sin comprender... ¡Eso sí que había sido inesperado! ¿Por qué no eran los Clase Alta los que atacaban?
¡¿Qué estaba sucediendo?
Zarkio y el extraño ser se elevaron en el aire, donde los puñetazos y las patadas cada vez estaban más a favor del ser misterioso... ¡Zarkio no podía ganar! Lo sabía, pero no se dejó vencer. El ser le propinó un bestial puñetazo, el cual lo hizo caer al suelo casi inconsciente... Un rayo de energía bastó para que el Clase Alta muriera de una patética forma.
Trunks tembló... ¡Esos no podían ser saiyans! ¿Por qué de entre todos habían elegido a un Clase Alta? ¡Eso no era posible!
Se sintió fatal por no haber salido a tiempo para salvarlo, ¡no estaba cumpliendo bien su misión! Pero aquello fue de lo más inesperado... Realmente había creído que se detendría, que no lo mataría...
—Prepárese: saldremos pronto al campo de batalla. —Kakarotto lucía nervioso, pero aún así la sonrisa no lo abandonaba. Común eso en un saiyan: la adrenalina que les generaba estar cerca de un combate los hacía sonreír siempre, pasara lo que pasase.
Y Kakarotto no era la excepción...
Ambos seres rodearon a Sheka, la única mujer presente, y uno de ellos empezó a manosearla ante la atenta mirada de todos.
Goten y Net quisieron acercarse, pero el otro ser no se los permitió.
—No vamos a matarlos, sólo les vamos a dar un hermoso mensaje... —aseguró entre risas.
Tirm no salía de su parálisis... ¡su compañero de clase, muerto! ¡Muerto de la forma más idiota existente! No iba a perdonar a esos enfermos... ¡No lo haría!
—¡¿Qué mierda quieren? —indagó Hubec, completamente fuera de sí.
—Somos del planeta Tierra... —dijo el ser que no tocaba a Sheka, mientras que su compañero no dejaba de manosearla.
Trunks se impresionó en demasía al ver la reacción de Kakarotto ante esas palabras... ¡Pero no era momento de preguntarle qué sucedía! Debía estar lo más atento posible.
De sólo ver cómo manoseaban a la muchacha sentía deseos de vomitar...
—Vinimos a darles un aviso... —siguió explicando el ser—. ¡Ya no queremos que invadan nuestra galaxia! No queremos más muertos aquí... ¡Así que si quieren vivir ya no vuelvan! Porque nosotros, los terrícolas, no les permitiremos seguir haciendo correr sangre en la Galaxia del Norte...
—Imbécil. —Net rió—. Ahora que sabemos de dónde mierda vienen, ¿cuánto crees que tardaremos en ir a matarlos uno por uno?
—Vengan si se atreven... ¡Y elimínennos si son capaces! —El otro ser dejó a Sheka, quien una vez liberada se lanzó al suelo, envuelta en un cruel llanto—. No les dejaremos ganar...
Ambos rieron y se marcharon a toda velocidad.
Trunks respiró aliviado de que no hubieran matado a nadie más, pero la tranquilidad duró poco: abrió los ojos enormes al ver cómo Kakarotto se iba tras ellos a toda velocidad.
—¡¿Qué hace? —se preguntó, siguiéndolo.
Una enorme nave circular, de un modelo que nunca habían visto, se marchó frente a los ojos de ambos saiyans. Ya nada podían hacer, se iban volando lejos de Sitma a una velocidad que no podrían alcanzar de manera alguna.
—¡Debemos seguirlos! —Kakarotto se mostró furioso ante su Príncipe—. ¡No pueden escapar! Son unos canallas... ¡NO LOS DEJARÉ VIVIR!
—Kakarotto, ya se han ido... —admitió Trunks con frustración—. Ya no lograremos alcanzarlos...
El hijo mayor de Bardock se quedó en completo silencio; realmente no sabía qué decir ni qué hacer. Su Príncipe tenía razón, no había forma de alcanzarlos; lo único que podían hacer era seguir investigando.
—No es posible, no entiendo... —Y Kakarotto volvió a volar, pues dejar a un Clase Alta a solas con un grupo de Clase Baja no era recomendable ni aún en tan tristes circunstancias.
Trunks lo imitó, rememorando por enésima vez la escena vivida hacía minutos.
"¿Planeta Tierra? Jamás lo he oído nombrar...".
Ambos volaron hacia los otros saiyans. Al llegar, todo era silencio.
Volvieron a esconderse detrás de unas rocas y se detuvieron a observarlos.
—No puede ser... —Tirm seguía consternado—. ¡Yo no lo creía! Pero ahora veo que esto es en serio... —Se acercó a los restos de su compañero Zarkio y, sin poder evitarlo, se desmoronó—. ¡¿Cómo mierda pudiste avergonzarnos así? —Deseó por un instante que él estuviera vivo, para así castigarlo por tremenda vergüenza, por morir de forma humillante... ¡Por no ganar como un saiyan!
Goten abrazaba fuertemente a Sheka, la cual aún seguía paralizada por el manoseo de los extraños seres.
Recordó lo que le pasó a su sobrina Pan y no pudo evitar enfurecerse...
—Váyanse —pidió seriamente a sus compañeros—. Y llévense a ese sujeto, después de todo es saiyan y merece ser despedido con honor...
—¿Y tú, Goten? —Net lo miró despectivamente—. ¿Desde cuándo das órdenes aquí?
—No es momento de provocaciones, niñito —lo retó Hubec —. Debemos irnos ya... ¡Vamos directamente hacia el Rey! El Rey debe saber de dónde proviene nuestro enemigo... ¡No vamos a dejar esto así!
Al escuchar aquello, Kakarotto no hizo más que tensarse aún más de lo que ya se había tensado con tremenda situación. Trunks seguía observándolo envuelto en esa extraña reacción, sin saber qué decir...
La misión había salido de lo más pésima y se sentía terrible.
Más sangre saiyan derramada, y él sólo se había detenido a observar.
Sólo se había quedado callado y sin moverse...
Hubec abrazó de forma casi paternal a Sheka, a la vez que Tirm recogía los restos de Zarkio. Empezaron a alejarse del lugar, rumbo a las naves que a tan sólo metros los esperaban.
Goten no se movió ni un milímetro, cosa que llamó poderosamente la atención de Net.
—¿Tú no vienes? —preguntó.
—No... —respondió el hijo menor de Kakarotto, disperso y apagado—. Debo hacer algo aquí antes de irme...
—¡Déjalo, Net! —gritó Hubec desde la lejanía—. A veces los saiyans necesitamos estar solos, más cuando cosas así de patéticas suceden.
El muchachito miró a su compañero y, luego de segundos de silencio, se dio la vuelta con violencia y fue hacia su nave.
Minutos después ya se habían marchado.
Al ver cómo despegaban las naves, Goten apretó fuertemente sus puños.
—¡MENTISTE! —vociferó—. Mentiste y yo te creí... Mentiste y todos te creímos... —Trunks y Kakarotto empezaron a acercarse a él sin comprender en absoluto sus palabras. Goten, al verlos, se enfocó en el Príncipe—. Nos mentiste...
—¿Qué? —Trunks lo miró impresionado—. ¿Cómo que mentí?
Goten rió, consternado.
—Nos mentiste... ¡Y ahora tienes a Pan atrapada y seguro la violas todas las noches porque no te permiten tener una mujer saiyan!... ¡SÍ! Yo te admiraba, maldita sea... ¡TE ADMIRABA! Sólo nos estás usando para que los saiyans nos matemos entre todos... ¡Nada te importa más que ocultar tu carita fea de nosotros y hacerte el bueno! ¡MIENTES! ¡MIENTES!
—¡GOTEN! —Trunks no parecía reaccionar, y fue Kakarotto quien retó a su hijo—. Él no miente, ¿de qué hablas? ¿Acaso eres tan idiota como para haberles creído a esos sujetos?
Goten lloró de odio, y Trunks siguió sin reaccionar...
De la nada, el Príncipe cayó de rodillas.
Se sentía impotente, inútil, inservible...
Era la basura más grande del universo...
Goten quiso ir a golpearlo, pero Kakarotto le propinó el puñetazo más doloroso posible.
—¡IMBÉCIL! —Su padre jamás se había visto más enfadado—. ¡Eran saiyans de Clase Alta excelentemente entrenados, estoy seguro! ¡¿Acaso sabes qué clase de planeta es la Tierra? ¡NO HABLES SI NO SABES! El Príncipe no miente... ¡Tiene toda la razón!
Goten, en el suelo, derrotado... Tocó su mejilla adolorida por el golpe y miró con incógnita a su padre.
—¿Y por qué habrían de matar a uno de sus compañeros? —le preguntó a Kakarotto, ya no gritando, ahora más apagado.
Él únicamente rió, viéndose idéntico a su padre, Bardock, al hacerlo.
—Despecho, traición, odio, envidia... Los motivos sobran, solamente hay que investigar y te aseguro que algo sobre ese tal Zarkio saldrá a la luz. O, simplemente, lo mataron por no querer unirse a la noble causa de matarnos a nosotros... Sobran los motivos, Goten... Sobran. Reflexiona y me darás la razón.
Kakarotto volvió a adoptar su semblante tranquilo y despreocupado, acercándose al atónito y desmoronado Príncipe.
Se lo señaló a Goten.
—Este tipo es el más fuerte de nosotros —le explicó a su hijo—. Y si oculta su rostro es porque no quiere que lo juzguen por su imagen... ¡Debes disculparte! Discúlpate con el que, bien sabes, es el más bueno además del más fuerte...
Goten se sintió tremendamente mal de un instante al otro. Su padre jamás había tenido más razón. ¡Ese hombre, el Príncipe Trunks, era el guerrero al que más admiraba! Sí, incluso más que a su padre, a su abuelo y a su tío... ¡Lo admiraba tanto! ¡¿Cómo se había permitido tratarlo así? Con todo el respeto que sentía por él, no pudo evitar odiarse por sus palabras.
"Siempre hablando antes de pensar, Son Goten...".
Se acercó al arrodillado Príncipe e imitó su posición. Puso sus manos en los hombros caídos y buscó su mirada dentro del oscuro casco.
Trunks se había sentido comprendido por primera vez en su vida con las palabras dichas por Kakarotto. Eso lo hacía feliz de alguna forma, pero eso no quitaba que todo le estuviera saliendo mal.
No protegió a su compañero de Clase.
No protegió bien a Pan tampoco...
Defraudó a aquel muchacho que tanto lo admiraba por alguna extraña razón...
Goten siguió buscando en las sombras y pudo detectar, al fin, un dejo de sus ojos, solamente un dejo, pero era algo; fijó su vista allí.
—Soy un idiota —dijo entre risas—. Siempre hablo de más... Si mi tío estuviera aquí, ya me habría matado a golpes por faltarle al respeto, Su Alteza. —Le sonrió sinceramente—. Perdón por juzgarlo sin conocerlo.
Trunks lo miró fijamente también, agradeciendo aquella sincera sonrisa.
—Qué inútil soy... —afirmó—. Pero no puedo permitir que más saiyans mueran... Lo siento, soy yo el que lo siente en verdad.
—Príncipe, nadie esperó que el ser raro matara al Clase Alta, yo tampoco reaccioné a tiempo. —Kakarotto se metió en la conversación—. No nos culpemos, es tarde para hacerlo... Vamos a Vegetasei; en el camino les explicaré por qué estoy SEGURO de que esos seres eran de la Clase Alta.
La sonrisa llenaba de convicción el ambiente, y Trunks y Goten se pararon de un instante al otro.
Kakarotto parecía demasiado convencido de lo que decía.
Por un motivo por demás desconocido...
Los tres caminaron hacia la nave del mayor del grupo y subieron sin decir palabra alguna.
La nave despegó y fue frente al enorme universo que Goten se atrevió a hablarle a su Príncipe.
Trunks miraba el espacio por una de las ventanas laterales de la nave, habiéndole cedido el asiento del copiloto al atolondrado Clase Baja.
Goten no soportó su silencio y se acercó a él sin más.
—Príncipe Trunks, en verdad lo siento... —reanudó sus disculpas.
Trunks rió brevemente.
—No te disculpes; en momentos de odio, los saiyans, a veces, herimos más con la lengua que con los puños...
Nada más cierto que eso.
—Aún así, quiero pedirle algo... —Goten, quien hasta hacía un momento miraba el espacio por la ventana al igual que Trunks, se giró para observarlo—. Sé que se siente solo... Entre los saiyans es sabido que Usted es alguien solitario y misterioso... ¡Eso debe ser muy feo!
Trunks volvió a reír.
—Lo es —admitió con honestidad.
Goten rió con él.
—Es por eso que yo siempre he soñado con ofrecerle mi amistad...
Trunks abrió los ojos enormes y giró su cabeza para mirar al muchacho de Clase Baja.
¡Jamás le habían dicho semejante cosa!
Goten sonrió ampliamente.
—Mi tío Raditz se llevaba bien con el Rey Vegeta, y yo siempre he querido ser como él... —Volvió su vista al espacio—. Siempre he querido llevarme bien con Usted, Su Alteza, y no sólo por lo de mi tío, sino porque siempre lo he visto demasiado solitario y siempre lo he admirado como guerrero. Un guerrero tan admirable no merece tanta soledad... ¡Si se siente solo, confíe en mí! Confíe en mí y yo confiaré en Usted...
Era un maldito niño sensible, pero Trunks no podía evitarlo: lloró ante aquellas palabras.
—Ya no me llames Su Alteza —le pidió—. Sólo llámame Trunks... —Y le sonrió, aunque por obvios motivos Goten no vio esa sonrisa, pero algo le dijo al Clase Baja que ésta allí estaba, decorando el misterioso rostro.
Instantes después se estrecharon las manos con fuerza.
Kakarotto, que iba escuchando la sentida conversación, se alegró por ambos. El Príncipe tenía tan sólo un año más que su hijo menor, y a ambos les vendría bien un poco de compañía de gente de la misma edad.
Goten todo el día con Raditz, Trunks con Tark...
Aquello seguramente sería una novedad para ambos.
Pero no más espera: había llegado el momento de sincerarse con ambos, de decirles sobre su pasado, sobre su querido planeta...
—Es ese —dijo, señalando por la ventana un planeta celeste.
—¿Qué planeta es ese? —Trunks lo miró fijamente y se sintió un inútil al no recordarlo. Le encantaba estudiar el universo y creía reconocer cualquier planeta de éste; ese no, ese jamás lo había visto...
"Qué extraño... ¿Acaso no figura en registros? No es posible...".
—Papá, yo tampoco lo recuerdo... —Goten jamás alejó su mirada del planeta, con una curiosidad casi infantil—. ¿Qué planeta es?
Kakarotto sonrió ampliamente, sin abandonar los controles de su nave.
—Es el planeta Tierra...
Goten abrió la boca sin dejar de mirarlo, mientras Trunks pegaba sus dedos a la ventana, sin parpadear, sin lograr respirar siquiera.
Algo le atraía de aquel lugar, pero no sabía explicar qué...
Un magnetismo incomprensible, un aura magnífica rodeaba a aquel extraño y desconocido planeta.
¿Qué era?
Estaba más que seguro de que ese planeta no aparecía en ningún registro de Vegetasei... ¿Por qué?
¿Por qué ese planeta no había existido para él hasta ese momento?
—Kakarotto —susurró, sin sacar la mirada de la esfera—. Creo que tiene mucho que explicar...
Demasiado, seguramente...
Nota Final del Capítulo X
Lo peor que pudo pasarme en la vida fue inspirarme en medio de esta durísima semana de exámenes que acabo de superar... (por suerte me fue bien n.n).
¡Uf! La inspiración viene a visitarme cuando no puedo hacerle caso. u.u
Qué caprichosa que es. XD
En fin, capi raro, lo sé... Aunque no lo crean no falta mucho para que se arme la "hecatombe" (?)... Pero esa pelea no va a ser ni por casualidad el final del fic. Créanme... ¡Falta mucho! (esa afirmación me dio miedo... o.o).
A lo mejor algunos cabos sueltos los confundan, pero prometo explicar todo más adelante.
Espero la inspiración venga cuando DEBE de ahora en más...
En fin, cualquier duda que tengan pueden preguntarme. ¡Saludos! n.n
Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.
