PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XI

"Un extraño en su propio planeta"

—¿Explicar? —Kakarotto apretó el botón de piloto automático de su nave y se levantó de su asiento.

Fue hacia el Príncipe y su hijo menor y se detuvo a observar el planeta Tierra con ellos por unos instantes.

—Yo crecí allí —exclamó con una sonrisa en su rostro, dejando ciertamente descolocados a los dos jóvenes saiyans.

La Tierra quedó lejos de su vista por el avanzar de la nave por el universo, motivo por el que Kakarotto abandonó la ventana para sentarse en el suelo, contra la otra pared lateral de su nave, con el espacio decorando bellamente su espalda a través de la ventana.

Trunks y Goten lo imitaron, sentándose en el suelo uno al lado del otro.

—¿Creció allí, dice? —El silencio fue detenido por Trunks, quien estaba plenamente intrigado por la confesión.

—¡Ah! —Goten pareció recordar algo de forma repentina—. ¿Es ese el planeta del que tanto nos hablabas a mí y a Pan cuando éramos más pequeños?

Kakarotto volvió a sonreír, asintiendo.

—Es ese planeta —afirmó—. El planeta Tierra, al cual se me prohibió volver hace ya mucho, mucho tiempo...

Trunks se sintió aún más intrigado al ver la nostalgia en aquel rostro, el cual se mostraba feliz, pero ciertamente insatisfecho.

Cuántos misterios rodeaban a ese guerrero...

—¿Y eso por qué? —preguntó el Príncipe, sintiéndose el ser más inocente del universo al hacer tal pregunta.

El rostro de Kakarotto pasó de la sonrisa a la inexpresividad, era imposible adivinar alguno de sus pensamientos.

—Bueno... —empezó finalmente a explicar, aún manteniendo la enigmática expresión—. Cuando yo nací tenía un poder de pelea por debajo de lo normal; eso no sólo me colocó entre la Clase Baja, sino que me hizo completamente prescindible para nuestra raza.

Goten parpadeó con curiosidad, mientras que Trunks no podía alejar el retorcijón de su estómago. Típico pensar que un saiyan con un poder por debajo de lo normal era prescindible, pero Kakarotto era uno de los más fuertes de su Clase, según tenía entendido...

¿Qué significaba aquello?

Kakarotto rió brevemente y continuó con su historia.

—Así como a muchos otros bebés en esa época, la época donde las cosas con Freezer empezaban a ir de mal en peor, yo fui enviado al planeta Tierra con el único fin de destruirlo.

Los jóvenes continuaron mirándolo con más que atención; interrumpirlo no era una opción para ellos.

—Claro que nadie pensó que, al llegar, yo me daría un fuerte golpe en la cabeza y olvidaría mi origen, mi misión y mi raza...

Tanto Goten como Trunks abrieron los ojos enormes.

—¿Olvidó? —inquirió el Príncipe, extrañado.

—Sí, olvidé todo... Y un hombre terrícola me recogió y cuidó de mí. —Volvió a sonreír ante tal recuerdo—. Me nombró su nieto y me bautizó Gokuh.

—¿Gokuh? —Goten se sorprendió—. Suena parecido a mi nombre y al de Gohan...

—Justamente, Gohan es el nombre de ese hombre, de mi abuelito... Nombré así a tu hermano en su honor.

—Vaya... —El hijo más joven de Kakarotto no salía de su sorpresa—. ¿Y qué pasó? —lo animó a seguir su relato.

—Pues... —El rostro se tornó sombrío, frustrado, rencoroso...—. Un día, cuando yo tenía unos siete u ocho años...

¡Abuelito! —El pequeño llamó al anciano desde el exterior de la pequeña casa, esperando a que éste saliera—. ¡Vamos a entrenar! Hoy prometiste que seguiríamos practicando... —Y se frustró al no recibir respuesta.

Minutos después, su abuelo Gohan salió por la puerta, viéndose cansado y adolorido.

¡Gokuh! —dijo—. Ayer entrenamos hasta la medianoche. ¡Eres muy fuerte! Hoy descansemos y mañana continuamos por donde nos quedamos, lo prometo.

Gohan le sonrió ampliamente y el niño se acercó a él para fundirse en un dulce abrazo.

Yo quería entrenar... ¡Abuelito, mañana entrenaremos todo el día!

Gokuh era tremendamente noble y tierno, eso era lo que Gohan pensaba de él.

Sí, era un gran misterio de dónde había salido aquel muchachito con cola, pero Gokuh, luego de aquel fuerte golpe en su cabeza, había demostrado ser un gran peleador y un humano bueno como ninguno... Ya no tenía caso pensar en los porqué, lo importante era que ahora tenía un nieto y que lo quería con locura.

Ahora tenía un digno heredero...

Ambos se dispusieron a ir a cazar algún dinosaurio para comer esa noche, cuando un estruendo destrozó los alrededores; la pequeña casa donde vivían salió ilesa casi de milagro.

Los árboles, por su parte, ardieron alrededor de ellos...

Entre el humo, una figura resplandeció e hizo palidecer a Gohan ni bien fue visible.

¡No es posible! —exclamó el hombre mayor.

El sujeto era idéntico a su nieto en apariencia, aunque la actitud era la opuesta; el hombre se veía serio y ciertamente malvado. Gokuh no tenía nada que ver con semejante aura diabólica.

Su nieto se paró frente a él, protegiéndolo de una forma cálida.

¡Kakarotto! —gritó el recién llegado. Gohan pudo ver la cola enredada en la cintura de aquel hombre, descubrimiento que lo asustó todavía más.

Gokuh palideció al ver a ese hombre, era igualito a él... ¡Eso no era posible! A él lo habían abandonado en medio de las montañas. ¡No tenía ni madre ni padre! Sólo tenía a su abuelo Gohan, únicamente a él quería...

En un movimiento fugaz e imperceptible para los presentes, el misterioso hombre tomó a Gokuh de la ropa y permaneció de pie delante de Gohan con un semblante amenazador.

Estás débil —le dijo el hombre a Gokuh—. Deberé entrenarte con el mayor grado de severidad posible... ¡¿Por qué la Tierra aún tiene habitantes? Kakarotto, no has cumplido con tu misión: serás castigado cuando regresemos a Vegetasei...

Gohan tembló sin remedio... ¿Regresar? ¡Estaban por apartar a su nieto de su lado! No podía permitirlo... ¡No podía, no podían llevarse a Gokuh de aquella repentina y desafortunada forma!

Gokuh percibió las intenciones de aquel sujeto y, al ver cómo se alejaban paso a paso de su abuelo, empezó a gritar y llorar con locura.

¡Abuelito! —llamó a Gohan—. ¡Abuelito, ayúdame!

Gohan ya no soportó la ira y corrió hacia el hombre. Tan sólo un dedo le bastó al secuestrador para dejarlo inmovilizado en el suelo. Tan sólo un dedo golpeando su frente con suavidad fue suficiente...

Desde el suelo, derrotado, vio cómo su querido nieto se alejaba, vio cómo se llevaban un enorme pedazo de su corazón...

¡Gokuh!

¡Abuelito! —gritó el jovencito una y otra vez, hasta cansarse, hasta ya no tener voz ni aire...

Ya era tarde, uno había desaparecido de la vista del otro.

Habían sido separados...

Goten casi quiso llorar ante el relato, pero lo evitó con todas sus fuerzas. Nunca en su vida había visto así a su padre: Kakarotto lucía triste y consternado, herido... Ese no era su alegre padre, era el lado más oscuro de él.

Era la sombra de él...

Trunks tampoco salía de su asombro ni de su tristeza... ¡Qué historia tan desgraciada! Nunca había pensado en el lado negativo de los viajes de bebés saiyan por el espacio, jamás le había parecido algo cruel... ¡Cuánto estaba aprendiendo de la familia de Bardock en aquel momento!

Kakarotto suspiró y ambos jóvenes dejaron de lado sus pensamientos más profundos, sabiendo que el mayor de los tres deseaba continuar luego de una obligada pausa.

—Llegué a Vegetasei un año y medio después de que Freezer fuera asesinado y aquí fui bautizado Kakarotto —contó—. Naturalmente, yo no considero a ese nombre como MI nombre: mi nombre es Gokuh y soy un terrícola —exclamó con un orgullo no común en él—. Jamás me identifiqué con nuestra raza y más de una vez me escapé a la Tierra... —Empezó a reír, invadido por los recuerdos—. A los 12 años aprendí a usar las naves saiyan y usé una para escaparme por primera vez... ¡Incluso llegué a irme años enteros de Vegetasei! Fui a la Tierra, aprendí todo sobre la Tierra... Aprendí a leer su idioma, aprendí sus costumbres, aprendí su historia... Recorrí el planeta con mi abuelo, porque yo quería sentirme terrícola: aprender fue el único medio que encontré para hacerlo.

—Increíble... —Trunks no encontró algo más inteligente para decir.

—Sí. —Kakarotto le sonrió a su Príncipe—. Estoy seguro de que si hubiera sido al revés, de que si yo hubiera sido terrícola y hubiera crecido aquí, hubiera entrenado hasta el cansancio para sentirme saiyan. La Tierra es mi hogar —sentenció—, en Vegetasei soy un extraño y, en cierta forma, me agrada serlo...

Un nuevo silencio, y Trunks apenas recordó respirar.

Pensó en sus ojos y en su cabello y allí fue capaz de sentir empatía con Kakarotto. Un extraño en su propio planeta, ¡Sí! Así se sentía él también: un extraño entre los saiyans, un tornillo que no cabía en ninguna parte... ¡Extraño! Él lo era, él era capaz de entender al Clase Baja.

Sonrió en el interior de su casco y de su alma: se sentía demasiado comprendido.

—Entonces... —Goten rompió el silencio— ¿El abuelo no te dejó volver allí para que ya no escaparas de Vegetasei?

Kakarotto volvió a reír.

—No exactamente... —respondió—. Cuando conocí a tu mamá y nació Gohan dejé de irme tan seguido... Ahora tenía una familia, un lazo con Vegetasei, y ese lazo me impidió irme tan seguido de allí en más.

—¿Y por qué dijo antes que le prohibieron volver? —preguntó el cada vez más intrigado Príncipe.

El padre de Goten lo miró fijamente, volviendo a la mirada indescifrable.

—Al poco tiempo de que Usted naciera —explicó—, el entonces reciente Rey Vegeta, su padre, vedó al planeta Tierra y lo quitó de todos y cada uno de los registros de Vegetasei.

—¡¿Qué? —Abrió los ojos lo más grandes posible y no pudo evitar temblar ante el dato—. ¡¿Y eso por qué?

Tanto él como Goten miraron asombrados al mayor de los tres.

—Nunca supe el motivo... —dijo con una aparente tranquilidad, la cual casi llegaba a irritar—. Lo que sí sé es que no sólo fue el planeta Tierra el vedado... Hubo otros en las cuatro galaxias. Nunca supe qué tenía ese planeta de malo, ni los demás... El Rey lo único que dijo fue "esos planetas no nos sirven", cuando no es cierto si estamos hablando de la Tierra.

—¿Cómo que no es cierto? —inquirió Goten, casi lamentándose de interrumpir a su padre con semejante pregunta.

—El refrigerador encapsulado que le di —le recordó a Trunks—. Ese es un ejemplo claro de lo que los terrícolas son capaces de hacer.

"Ahora sé por qué Pan conocía ese idioma...".

¡Hablaba del mismo planeta!

—Lo sacó de allí. —Kakarotto asintió a la afirmación del Príncipe—. No entiendo... ¿Se refiere a la buena tecnología que hay en ese planeta como motivo para no vedarlo?

—Pongámoslo así —retomó Kakarotto—: el planeta Tierra tiene una excelente tecnología y tierras muy fértiles; se podría haber vendido a un precio inmenso y, además, los científicos más inteligentes de ahí podrían haber sido esclavizados por los Clase Media.

Suficiente.

Trunks entró en trance, se sumió en un sueño del cual le fue imposible despertar por varios minutos. Su cabeza dio vueltas, casi parecía que hubiera consumido alguna sustancia extraña...

¿Vedado? ¿Por qué?

Cerró los ojos, pues el mareo era insoportable.

Allí había tecnología, tierras fértiles... ¿Por qué vedarlo?

Intentó pensar pero no le fue posible.

Había gente que intentaba inculpar a la Tierra de algo que no había hecho... Eso era clara evidencia de que algún secreto prohibido rodeaba a ese planeta...

Algún pecado aún no pagado...

Pecado...

Su padre había borrado personalmente a ese planeta de todo registro... ¿Por qué?

Gimió de dolor al pensar en las posibles respuestas...

Tragó saliva ante la mirada de sus dos acompañantes, quienes observaron su silencio con preocupación.

—¿Está bien? —preguntó sigilosamente Kakarotto.

Temblaba como hoja al viento: claro que no lo estaba...

Inhaló y exhaló buscando la calma que jamás llegaría, y la pregunta que tantas ganas tenía de hacer fue hecha:

—¿Cómo es la gente de la Tierra? —susurró.

Kakarotto se asombró ante la peculiar pregunta.

—¿En qué sentido?

—Fí... —resolló—. Físicamente...

El padre de Goten rió.

—Es muy parecida a nosotros —dijo—. Pero, a diferencia de nosotros, ellos no tienen cola.

—¿Y qué más? —Apretó sus párpados, casi con miedo de escuchar la respuesta.

—Pues... —El guerrero de Clase Baja meditó un momento—. Son casi iguales a nosotros en lo demás, salvo que ellos, a veces, tienen el cabello y los ojos de colores no comunes para nosotros.

Una lágrima se deslizó suavemente por su mejilla.

—¿Colores como cuáles? —indagó luego de una eterna pausa.

—¿A qué vienen esas preguntas? —preguntó Kakarotto con un tono amable—. Disculpe si mi pregunta lo ofende, pero no logro comprender...

Una nueva y eterna pausa, y Trunks encontró la excusa perfecta:

—Es bueno que sepamos cómo son... —explicó—. En caso de que esos tipos vuelvan a aparecer, podemos desenmascararlos y verificar que realmente no son de la Tierra...

—No son terrícolas, ya se lo he asegurado. —Kakarotto se puso más serio que nunca—. Pero entiendo su punto... —Respiró con suavidad y continuó dándole información al cada vez más lastimado Príncipe—. Los terrícolas tienen cabellos de los colores más variados: pueden tener el cabello de colores como los nuestros, por ejemplo negro; o colores muy claros, como el rubio, blanco, celeste, turquesa...

—Lila... —puso el ejemplo y perdió el aire al ver a Kakarotto asentir. Luego, apoyó sus manos en el suelo, intentando conseguir algún tipo de estabilidad.

—Sí, cualquier color —cerró la idea—. Con los ojos es lo mismo, pero no tan variado por lo que he observado en mis viajes... Más que nada los tienen negros, marrones, verdes y azules, salvo excepciones.

—Azules... —Otra lágrima resbaló de sus ojos—. Entiendo...

—Algo debe haber con la Tierra. —Goten cambió de tema olímpicamente—. Es mucho misterio todo esto...

Se murió de ganas de decirles sobre sus sospechas, pero Trunks sabía muy bien que no era adecuado meterlos en aquel embrollo.

Debía hablar con su padre lo más rápido posible...

¿Encontraría la fortaleza para hacerlo?

—Estamos por llegar. —Kakarotto se puso de pie—. Príncipe, hable con el Rey y explíquele que es imposible que esos tipos sean del planeta Tierra... Con gusto iré con Usted y se lo diré yo mismo.

—De acuerdo... —dijo con desgano, completamente ausente—. Avísele a Bardock también; su fuerte carácter será de ayuda hoy.

Lo que siguió fue silencio, ninguno de los tres pronunció palabra alguna.

Aterrizaron en Vegetasei y Trunks fue el último de salir de la nave. Se quedó unos instantes para quitarse la tiara que ocultaba su poder de pelea en soledad. Kakarotto y Goten lo imitaron afuera, y el Príncipe finalmente salió.

—Vayan a buscar a Bardock, yo iré al Palacio... —dijo—. Cuando estén con Bardock, vayan a la Central Espacial y aguarden por los otros Clase Baja; ellos no deben hablar con mi padre primero que nosotros.

—Perfecto —asintió Kakarotto—. Les explicaré a los Clase Baja, les diré lo que sé... ¡Espero comprendan!

—Usted es respetado por su clase, al igual que su padre... —Trunks puso una mano en el hombro del mayor—. Sé que confiarán en ustedes.

Kakarotto sonrió y miró en dirección a su casa, con intención de irse, pero antes...

—Trunks... —Goten se atrevió a hablarle—. ¿Estás bien?

—Lo estaré cuando este misterio se aclare.

El Príncipe fue cortante, y Goten supo que era mejor no pincharlo más.

—¡Vamos! —El joven Clase Baja saludó al Príncipe con un movimiento de su mano, algo infantil éste, e hizo señas a su padre para que lo siguiera.

Finalmente se fueron.

Trunks se permitió gritar luego de varios minutos de silencio... ¿Cómo enfrentar a su padre?

Mucha información navegaba en su cerebro... La muerte del Clase Alta, el manoseo a la muchacha del escuadrón de Goten, los terrícolas que no lo eran, la historia de Kakarotto, la Tierra...

El cuerpo celeste, prohibido y misterioso, atrayente...

Estaba deshecho.


—¡No me hagan reír! —Bardock se descostilló de risa al escuchar a su hijo—. La Tierra está llena de debiluchos y ambos bien lo sabemos —le dijo a su hijo menor—. Aquí todo está más que claro: inculpando a la Tierra buscan algo, pero no sé qué...

Kakarotto se mostró serio.

—Tengo mis sospechas —le comentó a su padre.

—¿Tú? —La risa desaforada volvió—. Me sorprende que pienses más de lo que acostumbras... Debe ser porque el involucrado es tu querido hogar.

La última frase sonó por demás despectiva, pero Kakarotto no se dejó vencer: ignoró las burlas de su padre y puso en su rostro la mejor careta de indiferencia.

Conocía a Bardock y bien sabía que esa sonrisa lo irritaba de forma extrema.

—¡Vamos, padre! —le dijo.

Bardock rió sin parar, se levantó de la silla en la cual se encontraba sentado en su casa y ambos se marcharon.

Goten los siguió, pero su abuelo le hizo una seña para que no lo hiciera.

—Cuida a tu madre y a tu cuñada —le ordenó—. En el Palacio sobrarás.

El hijo menor de Kakarotto se fastidió, pero aceptó las órdenes con gusto.

—Papá —habló Kakarotto—, déjame hablar con Goten un segundo; tú adelántate a la Central Espacial.

Bardock miró la situación con extrañez, pero no se opuso...

—No tardes, chiquillo. —Y se fue.

En la soledad de la sala, padre e hijo se miraron fijamente.

—¿Sospechas de lo mismo? —le preguntó Kakarotto a su hijo.

—¿Eh? —Goten no pareció comprender.

Su padre se rió casi con ternura.

—Analízalo: la fecha en la cual la Tierra fue vedada, los nervios y las extrañas preguntas del Príncipe... ¡El casco! ¿Estoy loco al pensar que es el Príncipe el eje del problema?

—¿Trunks? —Goten sonrió para sus adentros, feliz por poder llamarlo así y ser su amigo.

Meditó unos momentos y no pudo hacer más que entender el punto de su padre.

—¡O sea que...!

—No se lo digas a nadie —Kakarotto le guiñó un ojo, divertido—. Será nuestro secreto. ¡En cuanto se presente la oportunidad, debes preguntárselo a Trunks! Tú te ganaste su amistad, haz esto por el bien de todos.

—¡Sí! —Goten aceptó el reto y su padre se retiró de la casa.


Entró al Palacio temblando y, para colmo de males, su padre apareció frente a él. ¡No! Realmente no deseaba verlo en aquel instante... ¿Por qué su fortuna estaba tan maldita?

Vegeta lo miró mal, riendo al accionar su scouter.

—Tu poder de pelea está tremendamente inestable —comentó—. ¿Qué sucede? ¿Acaso algún circuito que fabricaste no funcionó correctamente?

Su padre pensaba que él había estado con Tark... ¡Ojalá hubiera sido así! Se quedó callado y fue directo a su habitación, pero no llegó, pues quedó paralizado a algunos metros de su puerta...

"Eso es...".

Un objeto plano y casi tan alto como él estaba apoyado en la puerta, envuelto con telas blancas.

—Ahí está el espejo —habló Vegeta tras él—. Si vuelves a tener un accidente ya no te volveré a dar uno... —Los pasos cada vez más lejanos le indicaron al muchacho que su padre se había marchado del hall del Palacio.

Caminó lentamente hacia ese objeto y lo tomó delicadamente con sus manos.

"Esto no pudo haber aparecido frente a mí en peor momento...".

Lo soltó y tocó sus muñecas, las que siempre estaban cubiertas por vendas blancas...

Las vendas le recordaban cosas horrendas y humillantes, por eso siempre estaban allí, tapando lo peor de su persona.

Su lado más vulnerable y menos saiyan...

Dentro de su armadura buscó la llave de su habitación y entró con el espejo.

Cerró la puerta tras su espalda, asegurándola bien; luego reanudó su marcha hasta el baño, lugar en el cual depositó el espejo. Estuvo microsegundos frente a éste, mas lo abandonó ni bien tuvo las fuerzas para hacerlo. Salió del baño y, frente a él, el alivio, la belleza y la paz decoraron sus prohibidos y horrendos ojos...

—Trunks... —Agradeció que ella sólo lo llamara por su nombre y no por su Título Real—. Han pasado horas desde que te fuiste...

Pan casi hasta se mostró preocupada, y él deseó abrazarla con todas sus fuerzas, deseó el calor de alguien que fuera capaz de darle ánimos, de hacerlo sentir mejor consigo mismo...

Pero no podía permitirse semejante atrevimiento.

—Dejé el espejo en el baño —susurró como pudo, sin fuerzas.

—¿Qué sucedió? —preguntó entonces la joven.

No fue capaz de contestarle, simplemente se retiró de la habitación lo más rápido posible.

Ya no tenía fuerzas para enfrentarla, ni a ella ni a nadie...


Llegó a la Central Espacial y allí Bardock y los Clase Baja recién llegados lo aguardaban.

—Ya era hora, mocoso. —Bardock se mostró tan simpático como siempre.

Kakarotto no había tardado mucho más que su padre en llegar allí, pero el Líder de Clase Baja siempre tenía una frase soberbia para dedicarle a él y a cualquiera.

Sonrió sin remedio.

Observó que los únicos presentes eran Tirm, el único Clase Alta que había sobrevivido; Hubec, el Líder del escuadrón de Goten, y su padre.

—Breu y Net se llevaron a Sheka —explicó Hubec—. Ella estaba devastada...

—¿Les has contado? —le preguntó Kakarotto a su padre.

—Sí, era lo mejor... —respondió Bardock—. Además, Hubec ha recordado al planeta Tierra...

—Sí —comentó él—. Cuando venía volando en la nave rumbo hacia aquí pude recordar a ese planeta —dijo—. Allí eran débiles, es imposible que fueran terrícolas...

—Exacto —afirmó Kakarotto.

—¿Entonces, por qué inculpar a un planeta con gente débil? —inquirió Tirm, sin salir de la frustración y la confusión—. No tiene sentido...

—Sí lo tiene —lo contradijo Bardock—, pero después hablaremos de eso tú y yo...

Bardock miró con complicidad a su hijo, y Kakarotto se alegró de que su padre fuera tan inteligente; no se le escapaba ni un cabo suelto.

—Vamos al Palacio, papá —sugirió.

—Vamos...

Los cuatro guerreros volaron a toda velocidad.


—¿Qué es lo que te pasa? —Vegeta, su padre, volvió a aparecer en el peor momento.

Trunks estaba bloqueado y ya no sabía cómo controlar sus nervios. Estaba sentado en las escaleras del Palacio, mirando el atardecer con nostalgia.

"El planeta Tierra...".

—¿Desde cuándo te importan tanto mis sentimientos? Jamás te han interesado —musitó a su padre.

Vegeta refunfuñó.

—Estupideces —dijo—. Eres transparente como una niña, te conozco demasiado... A ti te pasa algo.

Tembló ante el comentario: sí, era transparente como él solo, pero la tardía preocupación de su padre no lograba moverle ni un pelo.

"No te creo nada...".

—Haberlo pensado antes —contestó, desafiante—. Te acordaste muy tarde de ser un buen padre...

Vegeta bajó, con fastidio, varios escalones, para ir frente al rostro de su hijo.

—Hoy, por lo que veo, estás más sensible de lo normal... —Rió burlonamente en la cara de Trunks—. Espero no sea por el espejo, porque te daré una paliza si es por eso...

Aquello logró sacarlo de sus casillas.

¡Odiaba la palabra espejo más que a nada en el universo!

—¡YA NO ME LO NOMBRES! —gritó con todas sus fuerzas, derrotado—. Déjame tranquilo, no tengo deseos de hablar contigo...

Mentira: sí quería hablar con él, pero primero lo primero: los Clase Baja debían llegar…

Y eso hicieron instantes después, haciendo que Vegeta se fastidiara aún más por no haber tenido los segundos suficientes para contestarle a su impertinente y débil hijo.

"Te salvaste de esta, hijito...".

Kakarotto, Tirm, Hubec y Bardock aparecieron frente a ellos.

—¡Bah! —bufó el Rey—. ¿Y ahora qué mierda quieren? No me dejan en paz.

Bardock apretó sus puños con genuina furia:

—Si fueras buen Rey no te molestaríamos en absoluto, niñito... —largó en su rostro.

Trunks se impresionó por la valentía de Bardock, y Vegeta quedó un tanto desconcertado.

—Te felicito, has llamado mi atención —admitió finalmente al Líder de Clase Baja, entre risas soberbias que siempre lo acompañaban—. ¿Otra vez salió mal la misión?

—¡Sí, Rey Vegeta! —Tirm perdió el juicio, la humillación lo sobrepasó por completo—. ¡Han matado a Zarkio, mi compañero!

Por primera vez en mucho tiempo, Bardock y Trunks pudieron ver sorpresa en el rostro de Vegeta.

Y eso no era todo...

—¡¿Qué significa esto? —exigió saber el Rey.

—Significa que hay alguien muy fuerte dispuesto a eliminar a nuestra raza —exclamó Bardock—. Y no sólo eso: hay más...

Bardock rió y Vegeta se sintió tremendamente frustrado, ¡no deseó algo más en aquel momento que golpear a ese anciano de Clase Baja!

"No cabe ninguna duda, es ese sujeto...".

Vegeta había despejado casi por completo sus dudas acerca del enemigo a vencer, pero otro de los presentes no tardó en bloquearlo por completo:

—Rey Vegeta —Kakarotto tomó la palabra—. Esos tipos inculparon de todo esto a los habitantes de un planeta de la Galaxia del Norte llamado Tierra.

"¡¿QUÉ?".

Trunks vislumbró a su padre al igual que todos los presentes: la expectación era inevitable. Kakarotto no podía esperar a ver su reacción: si el problema era el misterioso Príncipe Trunks, Vegeta debía reaccionar con demasiada fuerza a sus palabras, así sus sospechas estarían acertadas.

Y, entonces…

Trunks tembló al ver el rostro de su padre...

Tembló como jamás lo había hecho en su vida...

Vegeta no logró reaccionar, pero su rostro mutó aun en contra de su voluntad.

Estaba aterrorizado.

Bulma, el secreto de su hijo, el secreto guardado allí...

¡Su reinado pendía de un hilo!

"Ella corre peligro", se dijo una y otra vez en su cabeza.

Kakarotto finalmente tuvo la certeza: la Tierra, Vegeta y Trunks estaban estrechamente relacionados. Aún así, también tuvo otra certeza: Trunks no tenía idea de esa relación. El joven era muy sensible y su reacción, de haberlo sabido, hubiera sido muy distinta a la que había tenido en su nave horas atrás.

Un remolino de imágenes de Bulma atacó los recuerdos de Vegeta. Sólo respirando profundo fue capaz de recuperar una pequeña parte de la compostura necesaria.

Se dio vuelta; ya no deseaba mirar a ningún presente.

—En la Tierra son débiles —aseguró.

—¿Y tú cómo lo sabes? —interpeló Trunks, tocando la fibra más sensible del Rey casi sin sospecharlo.

—Cualquier persona de mi edad lo sabe.

—Exacto —se metió Hubec, ajeno a los sentimientos que condensaban el aire en aquel instante—. Yo lo sé, pues recuerdo a ese planeta de los viejos registros.

—Además… —agregó Kakarotto—. Yo viví allí algunos años y sé que ni todos los terrícolas juntos serían capaces de derrotar a un saiyan.

Vegeta, aún de espaldas a los presentes, se asombró ante aquel dato.

Volteó y miró fijamente a Kakarotto.

Le costó, pero logró recordarlo...

"El hermano de Raditz, el imbécil que olvidó matar a los terrícolas".

—Entonces no sé para qué estamos hablando, si ya sabemos que no fueron los terrícolas los culpables —sentenció, ya más en sus estribos.

—El problema es que debemos averiguar por qué habrían de inculpar a ese planeta, ¿por qué la Tierra y no otro planeta? Algo sucede con ese planeta —profirió Bardock.

—Todos los ataques a los escuadrones de Clase Baja fueron en la Galaxia del Norte, ¿por qué en esa galaxia y no en otra? —agregó Kakarotto.

—Ya no hay rivales dignos para nosotros en el universo, menos aún para los Clase Alta... —comentó, ampliando la idea, Tirm—. ¿Quiénes pueden ser los culpables?

—¿Y por qué se ensañarían con la Clase Baja? —acotó a último momento Hubec.

—Padre... —Trunks estaba fuera de sí: todo era evidencia, todo dolía y nada le daba respuestas—. ¿Por qué vedaste al planeta Tierra?

Vegeta se sintió abrumado por las preguntas; no tenía la tranquilidad como para armar una estrategia...

No debía hablar de más.

—Mañana por la mañana nos reuniremos. —Volvió a darle la espalda a los presentes—. Meditaré y ustedes también lo harán. Ahora váyanse, tenemos que trabajar.

Sin más, Vegeta se marchó.

Bardock miró a Trunks sin comprender, y el Príncipe se puso de pie.

—Hable YA con Raditz —ordenó a Bardock. El tono amable ya no existía, ahora todo era nervios—. Por si no lo ha notado, el molesto Nappa no está presente. Bien sabe usted que ese imbécil no se perdería una oportunidad como esta de burlarse de ustedes.

Bardock se permitió reír nerviosamente.

"Es cierto... El cerdo no está aquí, qué casualidad…".

—Venga a mi casa por la noche —pidió al Príncipe—. Llevaré a este Clase Alta —refiriéndose a Tirm— e intentaremos atar los cabos sueltos.

—No. —Trunks le dio la espalda en una acción idéntica a la de su padre—. Yo iré a mi habitación. Así como ustedes, yo también debo pensar mucho... Lo siento; mañana, aquí, hablaremos y me contará lo que este sujeto dijo.

Bardock lo miró extrañado, al igual que Kakarotto: esa actitud no era normal en el siempre amable y educado Príncipe.

Trunks giró su cabeza hacia ellos.

—Kakarotto sabe qué preguntar, confío en él. —Y se marchó.

Tirm dedicó una mirada a los confundidos Clase Baja con todavía más confusión: no entendía NADA.

—Vamos a mi casa, sabandija —Bardock lo tomó del brazo—. Si realmente te importa la humillación que tu amiguito asesinado regó sobre ti, entonces vendrás y me dirás todo lo que sabes. TODO.

Tirm era más fuerte que aquel sujeto, pero en ese instante y luego de haber presenciado tantas cosas extrañas, supo que no tenía más opción.

—Vámonos —dijo, y todos se marcharon.


La noche no tardó mucho más en aparecer en Vegetasei.

El Rey contempló a su Reino por su acostumbrada ventana durante largos minutos, y la paz jamás llegó.

"Me han descubierto".

¿Quién podría haberlo hecho?

No le había confiado su secreto a nadie, por lo cual no tenía idea alguna de quién podía ser el traidor. No recordaba actitudes extrañas de nadie... ¡Estaba en la nada! Y odiaba estar en la nada.

La nunca violada puerta de su habitación se abrió lentamente, distrayéndolo de sus turbios pensamientos, para luego cerrarse abruptamente. Escuchó unos ruidos, y la voz sin eco brotó de la boca de quien estaba allí, tras él:

—Papá... —Era Trunks.

—Vete. —Ni siquiera se gastó en voltear; no tenía deseos de mirar ese rostro que, bien sabía, no estaba tapado por el casco en aquel instante.

Su hijo se acercó a él y apoyó sus manos en sus hombros, a la vez que apoyaba su frente en su nuca.

—No quiero pelear —dijo débilmente—, solamente quiero que me digas la verdad... Tus nervios de recién delatan algo detrás de todo esto, padre. Dímelo.

—Suéltame —musitó.

—No, papá... —Su hijo sonaba devastado, tal vez demasiado para la poca información que tenía, pero el chiquillo era inteligente y se daba cuenta de que algo no andaba bien.

"A veces soy tan evidente como él, me he vuelto débil yo también...".

—No hay nada que decir —aseguró.

—Sí que hay algo... —Trunks apretó los hombros de su padre en forma de súplica—. Te juro que no me enfadaré contigo, padre... No te reclamaré ni te gritaré ni me comportaré como un chiquillo insolente e irrespetuoso... Sólo quiero saber la verdad.

—No la encontrarás en mí —contestó—. Vete, no soporto tu debilidad.

—Soy un extraño aquí... —Vegeta supo que su hijo estaba llorando al juzgar por el quebradizo tono de su voz—. Tengo cola, soy fuerte... Pero no soy un verdadero saiyan; soy algo distinto, otra cosa...

Vegeta, este niño que está por nacer está destinado a no tener un lugar en el mundo... ¿estoy equivocada? Aquí y allá, nadie lo va a entender...

—Eres mi hijo. —Se odió por decir algo tan emotivo, pero ya no podía más... ¡Quería que él desapareciera, que lo soltara y se fuera!

—Pero soy el hijo de otra persona también...

"Bulma... ¡Maldita mujer terrícola!".

—Zerta, tu madre se llamaba Zerta y murió al darte a luz... Puedes revisar los registros si no me crees —masculló.

—No le creo a los registros, papá... —Trunks siguió apretando sus hombros con cada vez más violencia—. Es a ti al único al cual le creeré... Por eso, dime que no es por mí que tanta gente está muriendo en nuestro planeta... ¡Dime que no es por mi maldita existencia que tanta gente está muriendo!

"Dime que no es por mí que tantos murieron y que Pan casi fue violada...".

Vegeta ya no podía defender a su hijo. Sí, era por culpa de su maldita existencia que tanta gente estaba muriendo, pero... ¿Realmente era así?

—No es por tu culpa, mocoso mártir... Deja de echarte la culpa.

"Es culpa mía... ¡¿Qué no lo entiendes?".

—¿Soy 100 % saiyan?

Y ésa era la pregunta que jamás habría querido escuchar de su hijo...

—No te responderé.

Entonces...

—¡Papá! —Trunks lo volteó hacia él, y Vegeta pudo ver los ojos, el cabello...

"Es idéntico a ella...".

—Dilo, dime "tu madre no era saiyan"... Dilo, padre. —Su hijo ya no podía más, lloraba mares...

—¿Para qué? —El Rey rió—. No tiene caso decir algo semejante.

Trunks, sin más, perdió el control.

—¡DIMELO! —Tomó a su padre del cuello, fuera de sí.

Vegeta rió a carcajadas; lo humilló con la risa, con la poca empatía.

—No, no te diré nada...

Trunks lo chocó contra la pared, sin soltar su cuello.

—¡¿Por qué no?

Y fue Vegeta quien perdió el control esta vez.

Lo empujó, haciendo que su hijo fuera a parar al suelo. El casco voló por los aires.

—Jamás lo haré... ¡¿Me escuchas? —Lo señaló con la sonrisa más cruel y falsa que existía.

—¿Por qué?... —Trunks se puso de pie para acercarse a su padre.

Se miraron por largos e interminables minutos, en completo silencio.

Padre e hijo, el mismo rostro, lo demás distinto...

"Bulma... Perdóname".

Vegeta... Si alguna vez tenemos hijos, ¿cuidarás de ellos?

Jamás tendremos hijos, mujer...

No, en serio... —La mujer acarició su rostro como sólo ella sabía hacerlo—. Imagínate que a mí me sucediera algo... ¿Cuidarás de ellos?

¡No sé para qué preguntas algo tan estúpido! —La tomó de la cintura y se recostó sobre ella con total posesión—. A ti jamás te pasará nada.

¿Y cómo lo sabes? —Ella empezó a besar su cuello y toda cordura terminó por irse.

Yo no lo permitiré.

"¡Perdóname! Maldita sea...".

La soberbia se fue y todo lo que quedó frente a Trunks fue la impotencia, esa que su padre le exhibía en ese momento.

—Jamás admitiré frente a ti ni frente a NADIE algo así...

—Papá, por favor... —Trunks iba a seguir hablando, pero el Rey no se lo permitió:

—¡Jamás admitiré que he pecado contra mi sangre!

Y eso fue todo.

Trunks quedó paralizado... En tan fría frase, mucho había sido dicho.

Demasiado...

Lloró por varios minutos frente a su padre, quien volvió a darle la espalda para observar por la ventana.

—Vete, Trunks.

Su hijo buscó el casco que, en el forcejeo, había caído cerca de la puerta. Con éste en manos, finalmente se fue.

Portazo, y la soledad era genuina de nuevo.

La oscuridad de la noche era como una despiadada melodía... Ahora sí, ya no había dudas:

"Perdí a tu hijo, Bulma... Lo perdí".

Pero no, él era el Rey... ¡El mismísimo Rey saiyan! Él jamás le faltaría al respeto a su orgullo: su orgullo siempre estaba primero.

Fue hacia el Intercomunicador y llamó a la prisión subterránea. El guardia apareció en la pantalla segundos después. Ni siquiera lo saludó, fue directo al hecho:

—Manda a Ela al Palacio.

Y cortó.

¿Era tan malo?

¿Era tan despiadado?

¡Acababa de llamar a su amante, porque no era capaz de atravesar esa noche en soledad!

Volvió a fijar la vista en el cielo negro de la noche y nada, no había absolutamente nada...

Ninguna respuesta, ninguna certeza...

Sólo un rey que había ido contra todo y todos... Contra su propio padre, contra su propia sangre, contra la mujer a la cual se había unido y contra el fruto de esa unión...

Y todo por su orgullo.

Ya nada quedaba del viejo Vegeta. Ahora no era más que los vestigios del guerrero más fuerte de su raza.


Nota Final del Capítulo XI

Hola a todos/as, siento la tardanza... Muchos exámenes y apuntes que leer en la universidad... ¡Extraño la secundaria! Cuando estaba ahí tenía tiempo para todo, pero ya crecí y las cosas cambiaron...

Aun así, no me quejo. n.n

A lo mejor el Gokuh de mi fic les resulte extraño, pero quiero aclarar que no es que yo lo esté haciendo OOC porque "se me canta" (XDDD)... Él sufrió mucho en esta historia, y algo de la inocencia del Gokuh que nosotros conocemos tan bien tuvo que haberse ido...

En fin, espero les guste...

Seguimos avanzando, disfruté mucho la escena final entre Trunks y Vegeta... Fue fácil escribirla, me dejé llevar tremendamente y surgió de un minuto al otro, ¡me encanta cuando me pasa eso!

El capítulo que viene está casi completamente dedicado a Trunks, YA lo empiezo a escribir... Se viene la escena clave que más estuve deseando escribir, qué emoción. n.n

Y, si se fijaron, no falta mucho para que los misterios dejen de serlo... ¡Ya vendrá la hora de las explicaciones! Estoy muy emocionada, de verdad...

Bueno, espero no pase mucho tiempo para la próxima actualización... ¡Gracias por los reviews, las visitas y las palabras de aliento! Significan mucho para mí...

¡Saludos! Cualquier duda PM o Review, les respondo con cariño.


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.