PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XII

"Reflejo"

Entró en su habitación luego de mantenerse frente a la puerta de ésta durante más de diez minutos. Estaba demasiado... ¿cómo expresarlo? "Demasiado mal" no parecía suficiente para describirlo. Al entrar y asegurar la puerta con llave, escuchó cómo corría el agua del baño.

"Pan debe estar bañándose... de nuevo".

Eso lo fastidió un poco; tenía muchas ganas de bañarse. Se sentía sucio como jamás en su vida se había sentido. Sin no mucho más por hacer, se sentó en su cama sin lograr hacer funcionar a su cerebro y aguardó eternamente a Pan. Finalmente, ella salió luego de varios minutos y se sobresaltó al ver al Príncipe allí, sentado y en silencio. Nunca había notado que él había vuelto. Se acomodó bien su toalla con cierto pudor y le habló:

—Hola, ¿no? —espetó, escrutándolo con la mirada—. ¿Hablarás o volverás a irte sin decir nada?

No, Trunks no tenía capacidad mental para soportar reclamo alguno. Ni siquiera de Pan... Ella no tenía la culpa, claro... Pero hablarle sería, tal vez, descargarse con ella, persona que nada tenía que ver en esa historia.

No quería cargarla con sus angustias… Ella no lo merecía.

—Me bañaré —avisó secamente y entró al baño sin siquiera mirarla.

Pan notó la indiferencia y no pudo comprenderla.

—Está loco... —musitó.

Realmente no entendía el frío comportamiento del Príncipe. Como no podía ver su rostro, Pan no sabía muy bien cómo darse cuenta de lo que a Trunks le sucedía.

"¿Le pasará algo? Tal vez hoy sucedió alguna cosa...".

Adivinar era imposible, él era demasiado cerrado y misterioso.

—Idiota...


Se encerró en el baño y se desmoronó contra la puerta, llorando con todas sus fuerzas

¡Jamás admitiré que he pecado contra mi sangre!

"No lo admitirá, pero lo dejó completamente en claro...".

Sí: él era medio saiyan, un híbrido. La certeza estaba con él, los ojos de su padre no mentían.

Intentó analizar las cosas fríamente, pero no pudo...

"Soy sólo medio saiyan, o sea que soy una aberración… una falta de respeto, un pecado, un error".

—Soy pura basura —susurró para sí.

Quería irse a la Tierra en ese preciso instante. Quería sentir el aire golpear contra su rostro y las miradas de la gente clavándose en sus ojos... Quería saber si para los cánones de su otra raza él no era una aberración; quería saber si era "bello" de alguna forma y en alguna parte del universo...

¡Quería ser mirado sin miedo, sin asco!

—Solamente quiero ser alguien normal...

Pero tenía cola y, según los dichos de Kakarotto, los terrícolas no tenían una...

—Entonces soy una mentira en ambos planetas; no encajo aquí y no encajaré allí...

Se quitó la ropa y las vendas de sus brazos lo más rápido posible para meterse en la bañera, mojando su cuerpo e intentando obtener la acostumbrada paz del agua. Allí siempre conseguía paz, pero no en aquel momento.

La bañera se inundó rápidamente de agua y él se dejó tapar por ésta hasta el cuello. Consternado, sumergió su cabeza por unos instantes, para aguantar la respiración y provocarse un sufrimiento al ya no poder seguir conteniéndose de respirar. Después de ese momento de autoflagelación, limpió su cuerpo por tiempo prolongado, sintiéndose cada vez más sucio, más putrefacto.

"Soy un híbrido, soy un pecado andante...".

Fregó y fregó sus horrendos brazos, desquiciado por lo que sentía por su propia persona.

—Para papá únicamente soy un error... ¿Habré sido un error para mi verdadera madre? —se preguntó en voz alta.

Su verdadera madre... ¿Estaría en la Tierra? ¿Estaría viva?

Deseaba verla y sentir su calor, sentir el famoso "calor maternal"...

—Mamá... ¿Por qué estoy aquí con papá y no contigo?

"Tal vez para ella también soy una aberración, un error...".

¿Algún ser en el universo lo quería?

Nadie lo querría si supieran su verdad...

Quería saber el nombre de su madre pero, ¿para qué? Tal vez ella tampoco lo quería.

Lloró aún en el agua…

Las respuestas no existían; eso lo hacía sentir horrible consigo mismo.

—Soy una mierda...

Y una nueva sumergida, todo con tal de hacer que esa porquería que sentía que era sufriera…

Sufriera todo lo que debía sufrir…

No había forma de respirar donde no había aire, no había consuelo alguno…


—Háblanos de Zarkio —pidió Kakarotto a Tirm.

En la sala de su casa, Bardock había reunido a toda su familia a excepción de Raditz. Grata fue la sorpresa del Líder de Clase Baja al llegar a su hogar y ser informado de que ya se había ido a espiar a Nappa.

"Mi hijo mayor es un genio, él lo descubrirá todo".

Kakarotto también estaba muy comprometido por la causa, haciendo sentir a Bardock un orgullo inmenso. Sus hijos se preocupaban por su sangre... Nada mejor que eso para él.

—Zarkio no tenía nada de malo, ya se lo he dicho —respondió Tirm mientras se revolvía, con nervios, en su silla—. Seremos engreídos, pero no odiamos a la Clase Baja... ¡Entiendan! Nos educan para burlarnos de ustedes, pero de ahí a matarlos hay un paso muy grande... Todos somos saiyans, matarlos por ser inferiores no tiene sentido alguno.

Los presentes —Bardock, Kakarotto, Tark, Videl, Chichi, Gohan y Goten— sintieron cierta soberbia en el comentario, pero nadie le hizo caso a ello: el tipo era un idiota, no valía la pena golpearlo por algo que no era su culpa en forma directa.

—Entiendo —Bardock se pasó la mano por la cara con evidente fastidio, para luego preguntar algo más—. ¿Alguna vez oíste algo sobre matar a los Clase Baja?

Todos abrieron los ojos lo más posible, pues Tirm se mostró por demás nervioso ante la pregunta.

"¡En el clavo!".

Bardock sonrió.

—No... —aseguró el joven.

Mentía, el más viejo y respetado Clase Baja olía la mentira que los estaba rodeando.

—Muchacho... —Tark y su eterna paz se metieron en el interrogatorio—. Nadie te hará nada; si tú hablas salvarás muchas vidas y te convertirás en uno de los soldados de Clase Alta más respetados...

Tirm lo miró con asombro.

—Usted no entiende... —y el alto empezó a temblar.

—Vaya... —Bardock rió a carcajadas—. El niño tiene miedo... ¿Miedo de quién? —Se acercó a Tirm y con una de sus manos lo tomó del cabello, mirándolo amenazadoramente—. Creo que no has entendido... ¡EL PRÍNCIPE TRUNKS ESTÁ DE NUESTRO LADO! Dudo mucho que haya un saiyan más fuerte que él y dudo mucho que a quien estés cubriendo pueda ganarle...

—¡Mi mujer es de Clase Baja! —gritó con desesperación, ya sin fuerzas de ocultar el secreto—. Si hablo, ella será asesinada... ¡En este maldito planeta las paredes escuchan! ¡MATARÁN A MI MUJER!

—El Príncipe Trunks no lo permitirá —lo tranquilizó Tark, mediador y pacífico como era su costumbre.

—Él no podrá solo contra todos ellos...

—¿Ellos? —Bardock se emocionó—. ¿Son muchos?

—Sí, son más o menos 30 guerreros...

Un silencio sepulcral evidenció el asombro en aquella casa.

—Guerreros de Clase Alta... —Gohan intentó ayudarlo a hablar.

—¡No puedo decir más!

Bardock pensó en la mejor forma de hacerle escupir a ese idiota la información, sin ideas claras para lograr tal cometido. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Raditz llegó. Se veía agitado y exaltado... Los nervios eran evidentes.

—Vamos a matarlo, padre —suplicó a Bardock hecho una furia.

—¿Eh?

Tanto el Líder de la Clase Baja como los demás lo miraron confundidos.

—Vamos a matar a Nappa...


—Estás tenso... —Ela masajeó la espalda desnuda del Rey con especial atención.

—Siempre lo estoy —respondió Vegeta entre jadeos de satisfacción.

—Hoy lo estás más que nunca... —le susurró al oído la morena—. ¿Un mal día con tu hijo?

—No te interesa, mujer.

—Él es muy bueno, tal vez demasiado... Eso me han dicho las esclavas que se acostaron con él. Carece de la maldad de otros saiyans: hasta con ellas es amable.

Vegeta hizo un movimiento para que Ela saliera de encima de él, todo para poder sentarse sobre el colchón. Puso la mejor cara de fastidio que tenía y la mujer lo abrazó para después poner la cabeza del Rey entre sus enormes y redondos pechos.

—Dale una saiyan, Vegeta... —aconsejó en un interminable ronroneo—. Trunks necesita una mujer, necesita una sola que sea para siempre.

—Ninguna saiyan lo querrá —espetó el Rey.

—¿Por ser distinto? Bah, no digas tonterías... Alguna saiyan poco superficial debe existir.

—¡No me refiero a eso! —exclamó, empujándola lejos de él.

Ela rió y le dedicó una mirada despectiva: había sido su amante durante quince años, lo conocía demasiado como para no saber manejar sus malhumores.

—No puedo darle una mujer, no puedo darle nada... —admitió Vegeta, minutos después de sumergirse en un molesto silencio que Ela prefirió no cortar.

—¿Por qué? —inquirió ella.

—Porque nada de eso lo hará sentir mejor... Sólo una cosa lo logrará; esa cosa no estoy dispuesto a dársela jamás.


Salió de la bañera y se secó velozmente: no veía la hora de recostar su cabeza en la almohada y morir con el sueño. Se puso unos pantalones holgados y una túnica que dejaba a la vista sus brazos. Justamente en ellos fijó su vista, aunque no por mucho.

"Debo ponerme las vendas...".

Las marcas le gritaban "idiota" una y otra vez y fue en aquel instante de depresión cuando notó a quien lo acompañaba:

El espejo.

Estaba destapado, brillando y esperándolo.

Pan no había elegido peor momento para desenvolverlo...

Lo miró fijamente por varios minutos y sin lograr reaccionar... El espejo lo atraía cual imán, pero no podía acercarse.

"No lo hagas Trunks, no ahora".

Siguió mirándolo en silencio.

"No te acerques, te lo suplico...".

Casi sentía cómo el espejo susurraba incoherencias en su oído...

—No me voy a acercar —habló en voz alta y fue allí donde olvidó todo... A su padre, a Pan, a su raza...

Se puso la capucha que su túnica traía y se dispuso a salir, pero se detuvo en la puerta, temblando y jadeando.

—¿Quieres que me acerque? ¿Acaso quieres morir?

Volteó y vio de nuevo al espejo. La distancia entre ambos aún no había logrado que su reflejo se manifestara... Por suerte.

¿Hacía cuánto tiempo que no se veía al espejo?

Un año, dos años... Ya no recordaba.

¡La próxima vez morirás! —lo retó severamente su padre—. La próxima vez yo no estaré aquí para socorrerte... ¡Vas a morirte! Solo y humillado... ¡Te morirás desangrado y yo no te ayudaré! Me cansaste, Trunks... ¡Ya no quiero un acto así de estúpido e infantil en mi Palacio! ¡NO VOLVERÉ A SALVARTE!

Y allí estaba.

Agarraba al espejo con ambas manos. Sus ojos aún no se habían abierto...

¿Lograría abrirlos?

¿Quería abrirlos?

—Medio saiyan —susurró—. Híbrido... No soy digno.

El espejo parecía decir "abre los ojos", pero el joven todavía no se atrevía a hacerlo.

—Nadie me ama, soy un error... Un error... ¡UN ERROR!

Su cuerpo entero tembló, su alma lo hizo...

—Híbrido, no saiyan... Terrícola.

¿Su madre lo habría abandonado en brazos de su padre? Casi pudo imaginárselo...

Vegeta, ¡Este niño tiene cola! Llévatelo, no quiero volver a ver a esa aberración... ¡Es un ente, una deformación de la naturaleza!

Sí, de seguro algo así había sucedido.

—Una deformación de la naturaleza...

Deforme, feo...

Sin lugar en el mundo.

—Ese soy yo.

Sus ojos cada vez estaban más apretados, sin capacidad alguna de abrirse. Sintió desquebrajar los extremos del espejo, pues sus manos estaban apretando con demasiada fuerza.

—Sin lugar en el mundo... —empezó a llorar de nuevo, mostrándose más sensible que nunca—. Sin lugar en el mundo...

Agachó su cabeza, suspiró hondo y, finalmente, sus ojos se abrieron.

No miró al espejo; miró sus brazos y allí estaban ellas…

Cicatrices...

¡Cicatrices! Esas que le atribuían a su rostro en las calles y las misiones... En realidad las tenían sus brazos.

Se había cortado los brazos tantas veces...

—Aberración... —masculló entre lágrimas, viendo cómo éstas llovían sobre sus brazos.

El espejo seguía ahí, atrayéndolo... Pero no, aún no era capaz.

—No voy a mirarte... ¡No puedo mirarte!

La primera vez que se había cortado tenía 17 años... Esa fue la primera vez que sintió el dolor de ser distinto. La segunda vez fue meses después de la primera y, así, se cortó durante años... Había roto todos y cada uno de los espejos que habían estado en su habitación; los trozos del espejo, en tanto, terminaban siempre en sus muñecas, también en sus brazos, ¡en sus manos! Siempre terminaba ganando la sangre, único parentesco que veía entre él y su raza. Casi sintió el olor de su propia sangre, entremezclado magistralmente con el aroma femenino que Pan había dejado impregnado en todo su cuarto con su llegada. Sentir el aroma de la muchacha pareció calmarlo por un instante, pero esa calma no duró mucho…

"Si ella me viera pensaría que soy una aberración… Sentiría asco de mí… ¡No me permitiría siquiera acercarme a ella!".

Movió la cabeza de un lado al otro en forma descontrolada, frenéticamente, tratando de librar a su mente de todas esas ideas; mas no, ya no quedaba otra alternativa, ya no había otra solución…

Acercó sus muñecas a sus ojos, miró las cicatrices de años pasados con obsesión durante varios minutos y...

—Aberración...

Allí estaba, el reflejo.

Finalmente se estaba mirando al espejo.

Su maldito reflejo…

Su rostro se veía cansado, ojeroso... Eternamente igual al de su padre, inevitablemente distinto…

Su cabello estaba despeinado y no del todo seco. Lila, siempre lila...

Sus ojos estaban más azules que nunca, más rojos que nunca...

Ese era él, ese era el reflejo de su persona.

Tocó el reflejo de su rostro con sus dedos, como queriendo tocar el rostro que no se atrevía a tocar.

—Basura —se insultó a sí mismo—. Sólo eres una basura, la resaca que ni allí ni aquí desearon conservar... Claro, ¡claro! —Empezó a reír, totalmente fuera de sus cabales—. ¡Papá no va a reconocer sus pecados! Así que tú sufrirás por él... ¡Tú tienes la culpa de todas mis desgracias!

Tembló, rió y lloró sin cordura alguna.

—¡TE ODIO! Te odio, me das asco, eres asqueroso... ¡TE ODIO!

Posó sus manos en el espejo ya no con suavidad y miedo, ahora con furia...

—¡Aberración! Pecado, porquería...

Sus rodillas flaquearon y se posaron en el suelo, mientras que sus manos se deslizaban sin parar por su desafortunada imagen.

La gente moría porque quería que su verdad se supiera, ¡Pan había sido tocada por su maldita existencia carente de sentido!

No merecía nada, no merecía a nadie...

Era un híbrido.

Un pecado...

Un maldito pecado viviente que absorbía la culpa de los demás: de su padre, de su madre, de toda su raza y de todo el universo...

—Te odio...

Sus manos se hicieron puños y lo demás fue borroso...

Nada de cordura, nada de amor...

Nada.

—¡TE ODIO!


Estaba besando y poseyendo a Ela, intentando encontrar a Bulma en ella como cada noche de los últimos quince años, cuando un ruido seco detuvo el beso y el acto. Deshicieron la unión y la morena se aferró a su cuerpo.

—¿Están atacando el Palacio? —indagó con preocupación.

Vegeta frunció el seño y movió su cabeza en negativa.

—Es Trunks...

—No entiendo —y Ela lo miró con fastidio.

—No debes entender...

Vegeta salió de la cama, se puso las primeras túnicas que encontró desperdigadas por el suelo y salió volando por la ventana a toda velocidad.

"Sabía que lo volvería a hacer..."


Pan estaba acurrucada contra la pared del laboratorio, como de costumbre, cuando unos ruidos empezaron a escucharse, éstos venían del baño. Preocupada, salió del laboratorio y escuchó a Trunks hablar con alguien, lo cual la paralizó de terror.

"Oh, no... ¡Me descubrirán!".

Después de esconderse debajo de la cama del Príncipe, sin embargo, notó que nadie le respondía.

—¿Está hablando solo?

Finalmente, se acercó a la puerta y allí pudo escuchar la sarta de incoherencias.

—¿Trunks? —susurró por la cerradura; no hubo respuesta.

¿Pecado? ¿Porquería? ¿Traición?

—¡¿Trunks, qué mierda te sucede? —musitó. Pero no, nada...—. ¡Trunks! Háblame, maldita sea...

Se puso extremadamente nerviosa, sin saber bien qué hacer ni qué decir, cuando un ruido seco la paralizó.

—El espejo...

¡Ese ruido, sin dudas, había sido del espejo rompiéndose! Pan desesperó sin saber qué hacer, ¡debía entrar! Pero, ¿y si su rostro no estaba cubierto? No debía verlo... Desesperada, se pegó contra la puerta del baño y sin dejar de llamarlo en voz baja.

"¡¿Qué hago?".

Parecía estar desquiciado al juzgar por sus gritos ahogados y sus gemidos de dolor...

"¿Se estará... lastimando?".

Recordó conversaciones, frases... Así, todo cerró en un círculo perfecto.

¡¿Cómo mierda quieres que te crea si ni siquiera puedo ver tu rostro?

No quieres ver algo horrible, imagino...

¿Tan horrible eres?

Sí, soy muy horrible.

Y más recuerdos...

No pareces tener cicatrices...

No... —y justo en aquel momento, Trunks derramó una lágrima, la cual Pan sintió mojar su mano.

¿Estás...?

Sí... —admitió el Príncipe.

Trunks siempre se ponía nervioso ante la palabra "espejo", eso era un hecho ahora que se lo ponía a pensar.

"Tal vez por eso no tenía uno, porque si lo tenía esto era lo que iba a suceder...".

No entendía nada salvo eso: Trunks odiaba su reflejo.

—¡Te odio! —seguía gritando él dentro del baño, haciendo que la muchacha se tapara la boca, completamente horrorizada.

"Piensa rápido, Pan...".

Sintió lástima por él, ¡un rostro "feo" no era tan grave como para semejante acto de odio! Y el odio no iba dirigido a otro más que a él mismo...

—¡Trunks...! —siguió llamándolo sigilosamente a través de la puerta.

"Escúchame, por favor...".

Jamás se había sentido más impotente.


—¡BASURA! Traidor, pecado... ¡Aberración! Te odio, aberración… aberración, aberración... —gimió y gritó a su rostro y a su brazo, el cual recibía una nueva y profunda herida.

La sangre brotaba con potencia de las heridas recién hechas...

Gimió casi con placer al ver cómo su sangre se derramaba en el suelo, riendo y llorando en una imagen completamente desquiciada e incomprensible. Raspó todo su brazo con un fragmento del espejo roto, abriendo pequeños tajos rojos que brillaban maravillosamente.

Qué bien se sentía herir...

Y siempre se sentía bien cuando la sangre era la de él.

El dolor era placer y Trunks se derrumbó en el suelo mirando sus nuevas heridas, sus nuevas y hermosas heridas.

—Las mereces, basura... —aseguró entre risas—. Las mereces por ser una aberración...

Soltó el trozo de cristal que hasta hacía unos instantes sostenía con pasión, dedicándose a disfrutar al placer del dolor, la satisfacción de estar perdiendo sangre.

De estar muriendo...

De costado, aún sobre el suelo, abrazó sus piernas en una posición fetal, entre jadeos apasionados que el ardor de su piel le provocaba sinceramente. ¡Se sentía TAN bien! Tan, tan bien…

"Morir, desaparecer… Sufrir por existir, por odiarme tanto… ¡Sufrir!".

—Sufre, basura… —exigió a su propia persona—. Sufre…

Todo se le estaba nublando, ya estaba demasiado fuera de sí y sus risas se extendían por todo el cuarto.

—Te lo mereces...

Con una mejilla contra el suelo, sin importarle demasiado los trozos cortantes regados bajo él, siguió mirando sus heridas una y otra vez, balanceándose sin soltar sus piernas, acunándose a sí mismo y odiándose más que nunca.

¿Qué buscaba? ¿Qué necesitaba?

—Morir… ¡SUFRIR! Gemir de placer por verme morir… Quiero morir…

Las aberraciones no tenían otro destino.

Ya no pensaba, sólo sentía y saboreaba el dolor, el que él y nadie más merecía.

Y, entonces...

La luz, el maravilloso calor...

—¡Trunks...! —la vocecita lo iluminó y, de forma inesperada, la cordura volvió.

"Pan... Pan escuchó todo...".

Cerró sus ojos finalmente, llorando con honestidad y vergüenza.

—Vete a dormir, niña... No pierdas el tiempo aquí conmigo...

—¡Vete al infierno, Principito! —la escuchó susurrar al otro lado de la puerta—. Déjame entrar. Tápate la cara y déjame entrar...

—No —suspiró—. Lo que verás es aún más feo que mi rostro.

—Me importa muy poco —aseguró con convicción—. He visto a mi bisabuelo desnudo bañándose en la parte trasera de mi casa con mi tío Goten, ¡nada puede ser peor que eso!

Se permitió reír ante lo absurdo y fuera de lugar del comentario. Luego, con lentitud, se sentó sobre el suelo para reanudar el llanto.

"Ella escuchó todo".

Empezó a sentir culpa y a recobrar sus sentidos... ¡Otra vez había roto el espejo! Se sintió débil y no era para menos: sus brazos eran carne viva, ¡no paraban de sangrar! Cuánto horror lo rodeaba, cuánta imagen deshonrosa y susceptible que lo describía de manera soberbia y perfecta…

—No seas idiota —Pan reanudó sus palabras—. No te voy a juzgar... Déjame pasar, hablaremos y te calmarás; te lo ordeno.

Ella sonó autoritaria pero, al mismo tiempo, una calidez se desprendió de sus palabras.

... Y allí se sintió más culpable que nunca.

No quería involucrarla en sus problemas pero, al fin y al cabo, lo había hecho de todas formas.

—Soy un idiota... —le confesó—. Se supone que debo protegerte, pero no tengo fortaleza ni siquiera para protegerme a mí mismo...

—Eso no importa en este momento —respondió ella—. Ahora déjame pasar, ¡vamos! Avísame que has tapado tu rostro y abriré la puerta... ¡Si no lo haces entraré igual y veré tu cara!

—No quieres ver algo tan feo...

—Sí quiero, me gustan las cosas feas...

Le siguió dando risa escuchar las tonterías que ella decía para convencerlo, mas esas tonterías eran ciertamente tiernas...

—No merezco tu preocupación, linda... —afirmó, arrastrándose hacia la bañera. Se sentó al lado de ésta y allí apoyó su cansada espalda.

—¡Voy a entrar!

—No... ¡No lo hagas! Déjame solo, así será mejor... Deja que la sangre siga brotando...

Un gemido llamó la atención del Príncipe.

—¡¿Sangre? ¡¿Te lastimaste? Eres un idiota... ¡Te vas a morir desangrado, déjame pasar! —Pan golpeó la puerta con fuerza—. ¡¿Qué mierda sucederá conmigo si tú te mueres? —La voz de la muchacha pareció quebrarse y eso sí que fue capaz de hacerlo llorar con más fuerza, sintiéndose una porquería total... —. ¡Tú ibas a entregarme a los traidores en bandeja de plata para que yo los destruyera! Me lo prometiste...

La escuchó llorar y eso fue demasiado.

—Pan... Lo siento...

"Soy un imbécil, sólo la hago sufrir...".

—Déjame pasar y así te curaré... ¡Te curaré y juntos mataremos a los traidores!... ¡TRUNKS! —Y ella finalmente levantó la voz, sin parecer importarle el que la descubrieran—. No me traiciones... ¡No te mueras como un idiota! No me traiciones... —la respiración agitada traspasó fácilmente la puerta—. ¡Me dijiste que volviera a ser la guerrera y ya no llorara! ¡Que no me dejara vencer por nada! ¡¿Por qué me das consejos que no eres capaz de aplicar a ti mismo?

Se quedó paralizado, escuchando cómo ella lo llamaba horrorizada por su silencio, cuando sus ensangrentados brazos se levantaron por fin. Tomó su capucha y con ella tapó su cabeza. La tapó hasta donde pudo, dejando sus ojos en la penumbra.

"Se lo prometí... no puedo fallarle...".

Ella, de alguna forma, le daba cierto dejo de esperanza…

¿Qué dirían sino Bardock y su familia?

"No debo ser débil, no debo...".

—¡No puedo! —gritó, ambivalente.

—¡BASTA! ¡Voy a entrar! —y Pan finalmente abrió la puerta.

Quedó paralizada al ver la escena...

El espejo roto.

Trozos de éste esparcidos por el suelo.

Sangre por todas partes.

Y Trunks...

Con los brazos destrozados… ¡Con sólo una capucha tapando su cabeza!

—Soy horrible... —farfulló él.

Eso resumía todo.

Pan no pudo evitar llorar, la imagen era demasiado triste, demasiado indignante...

Sin reaccionar del todo, la joven buscó vendas en un armario próximo a la puerta. Se sentó a su lado, sin hacer mucho caso a la sangre ni a los cristales, mirándolo fijamente. Sus ojos y la mayor parte de su cabeza no se veían, únicamente estaban a la vista parte de su nariz y su boca, su mentón...

Vio las lágrimas cayendo lentamente por las mejillas de él y deseó golpearlo para que reaccionara.

—Dame tu brazo derecho —le ordenó más que pedirle, haciendo referencia al brazo que ella más cerca tenía.

Trunks no se movió, haciéndola desesperar; tomó el brazo ella misma. Con una toalla, la cual encontró junto a las vendas en el armario, limpió la herida, remojando y limpiando el rojo de la toalla en la bañera. Quería retarlo, pero no era momento, pues él seguía llorando, viéndose casi hasta adorable...

Con el brazo ya limpio, empezó a vendarlo... Cuando iba por la mitad, él finalmente le habló:

—Jamás en la vida habían hecho algo así por mí... —juró débilmente.

Se sintió tan especial al recibir esa atención de ella...

—Entonces no estás rodeado de buenas personas... —espetó Pan—. No dejes que tu padre te gane.

—No lo nombres...

Sí, el problema era el Rey Vegeta.

"Seguramente fue por pelearse con él o algo, a lo mejor por eso no quiso hablarme hoy".

—Con muchísimo gusto no lo haré —y ella sonrió.

Vio cómo Trunks giraba la cabeza, mirándola a través de la tela de la capucha.

—Eres más hermosa cuando te miro sin el casco...

Pan miró las sombras que cubrían sus ojos y allí se quedó.

Sus mejillas se sonrojaron puesto que no esperaba tal frase... ¿alguna vez le habían dicho algo así?

Recordó a Trec y supo que sí, alguna vez le habían dicho algo de ese estilo… Aunque el muchacho al que había elegido alguna vez no era tan directo.

—Trec está muerto —aseguró ella con convicción y fortaleza—. Él no tuvo la oportunidad de vivir, otros escuadrones de mi clase tampoco... ¿Te darás el lujo de quitarte la vida sin más, cuando ellos no tuvieron la oportunidad de elegir? No seas así, Trunks...

Nuevas lágrimas cayeron, y él volvió a girar su cabeza hacia adelante.

Fue en aquel devastador instante cuando Pan entendió todo...

"Sí… Yo también sobreviví al ataque... Y deprimiéndome he estado desperdiciando la vida que me fue regalada".

Sonrió sin remedio.

—Tú me regalaste una vida extra... —admitió sonriendo.

Trunks volvió a voltear; así, ella pudo ver cómo él se había sonrojado.

Era sensible, era débil... Pero era bueno y eso era lo que importaba realmente.

—Pan... —murmuró con voz desdibujada.

El primer brazo ya estaba vendado y la muchachita se levantó para ir a atender el otro, cosa que no llegó a hacer: Trunks tomó su mano y la detuvo.

El hombre mantuvo su mirada en el suelo y supo todo, entendió todo...

¡Pan le había dicho algo con demasiado sentido! Tenía tanto sentido… Casi dolía.

"Imbécil Trunks... Creciste siendo un completo saiyan, ¡debes comportarte como tal! No debes permitir que esa sangre haya corrido en vano...".

Pero era tan difícil convencerse de todo eso...

Ella lo miró fijamente y sin comprender el agarre.

—Perdóname —pidió él.

Ella rió brevemente.

—Acabo de aprender algo que mi bisabuelo jamás me enseñó.

—¿Qué? —inquirió el Príncipe con curiosidad, sin soltarla.

—Que los saiyans también sufrimos, también lloramos, también tenemos momentos de debilidad... No hay raza en el universo que esté exenta de ello.

—Los saiyans también tenemos sentimientos... —reflexionó él.

Ambos sonrieron.

—Sí...

Trunks era un idiota, en ese momento lo supo.

¡Se había permitido a sí mismo perder el control! No se había detenido a pensar lo suficiente… ¡No pensó en nadie! Ni siquiera en tan bella muchachita…

—Soy un idiota —repitió ante ella, estrechando aún más su mano—. No puedo morir hasta que tú seas libre y feliz...

¡Sí! Había olvidado su misión más importante: ¡al mirarse al espejo, la había olvidado a ella! Y no podía permitirse tal atrevimiento... ¡Debía luchar por ella! ¡Por Pan!

—Trunks...

Él se puso de pie, estirando su capucha con su mano derecha para que no se desacomodara. Se sentó al borde de la bañera y extendió su brazo izquierdo hacia ella.

—Gracias, Pan.

Y ella lo miró ciertamente emocionada, aunque jamás lo admitiría.

Era hora de decir lo nunca dicho...

"Tal vez así él se sienta más motivado, y tal vez así yo me meta en la cabeza que si sobreviví debo seguir luchando...".

—Gracias por rescatarme de esas sabandijas Clase Alta...

Trunks se tuvo que tapar el rostro para que ella no viera las nuevas lágrimas. Pero no, éstas no eran de tristeza ni de odio, eran de emoción... Ella jamás, hasta ese momento, le había agradecido...

Pan supo que él no era malo, que era bueno y que estaba poniendo todo y más para que todo estuviera bien... ya no debía tratarlo mal ni debía desconfiar de él. Ya no más las faltas de respeto y caras largas, ¡Eso debía parar!

El Príncipe era noble, y la nobleza también era condición fundamental de cualquier guerrero. Ella también debía ser noble, no debía dejarse vencer por estupideces... Eso, justamente, debía enseñarle a Trunks: a no permitir que simples tonterías derribaran a un guerrero.

¡Un guerrero sólo debía permitirse caer ante un digno rival!

No ante un par de pervertidos...

No ante un estúpido reflejo...

Sí, esa era la respuesta...

Si Trec había muerto y ella aún vivía por algo era, algo significaba... ¡Y ya que ella seguía viva, debía seguir haciéndose cada vez más fuerte, para dar felicidad a la sangre y gloria a la raza!

Tenía que comportarse como una saiyan.

—Tenemos que superar el sufrimiento que sentimos... —susurró ella mientras atendía el otro brazo.

—Lo sé, pero cuesta...

—Sí —asintió ella, bien sabía eso—. Si no lo hacemos, nos derrotarán en la próxima batalla… Eso sí que no será digno de saiyans como nosotros.

Ambos volvieron a reír al unísono.

Ella siguió atendiendo su brazo. Terminó de limpiarlo y empezó a vendarlo rápidamente, con manos expertas.

—Gracias de nuevo... —farfulló el Príncipe.

—Deja de agradecer, te la debía.

Aquel comentario hizo sonreír una vez más a Trunks.

En silencio, Pan terminó con el brazo. Ambos se quedaron quietos y callados por largos minutos. Luego, él volvió a voltear para observarla y juró que se embellecía segundo a segundo.

Ella también lo observó.

—¿Qué? —indagó la muchacha con claro fastidio, mostrándose más saiyan que nunca.

Trunks levantó lentamente su brazo derecho a la vez que, con su mano izquierda, tiraba para abajo a la capucha. Ambos quedaron frente a frente.

Su mano derecha fue a parar, con timidez, al rostro de Pan.

Ella se quedó quieta y sin reacción. A diferencia de la última vez, aquella del vómito, la esclava y la venda en los ojos, la caricia iba dirigida a ella.

—Eres hermosa...

Pan volvió a sonrojarse.

—Lo sé —y rieron brevemente.

Él siguió acariciándola, haciendo que Pan se sintiera extraña...

Al principio sintió molestia ante la caricia, mas ésta se fue velozmente...

"Debo aprender a ser tocada de nuevo...".

No se sentía mal... Era justo lo que necesitaba luego de tanto sufrimiento:

No estaba mal aquella caricia.

"El Príncipe no lo hace con mala intención, de alguna forma lo siento".

Lejos de esa inocente caricia estaba el manoseo recibido por Pan en Tramat.

Trunks, metido en sus propios pensamientos, la atisbó sin perder detalle... ¡Lástima que siempre había un filtro entre sus ojos y los de ella! El filtro siempre era el casco y, en ese momento, era la tela de su capucha.

El aroma de ella, el aroma de su sangre, de él mismo... La agradaba la combinación.

Pan tembló y él también, sumidos en una especie de hechizo que Trunks comprendía más que ella...

Tuvo que admitir lo evidente desde que la conoció:

"Me agrada su aroma...".

Se sonrojó, ella lo notó y la situación se volvió un tanto tensa.

—Tu casco no está tapándote... —dijo la muchacha con cierto pudor, dándole aviso del color distinto de sus mejillas.

Trunks emitió un gemido de vergüenza y alejó su mano del hermoso rostro femenino.

—Lo siento...

Pan quedó algo perturbada. Recordó la forma en la cual Trec solía mirarla y en Trunks volvió a encontrar esos ojos, aunque los últimos de forma metafórica: no los veía, mas sí los percibía.

Eso la paralizó por completo.

Ella empezaba a "acostumbrarse" a Trunks, empezaba a asimilar su aroma, a leer sus movimientos y a conocerlo en sí. De alguna forma, él le caía bien. Era todo lo contrario a un saiyan típico con respecto a su personalidad, pero su extraña manera de ser era llamativa, intrigaba...

Llamaba poderosamente la atención...

Y eso era atractivo para la siempre curiosa jovencita de Clase Baja.

Aún así...

Trec, el hombre al que ella quería unirse en cuerpo y alma bajo las más tradicionales costumbres saiyan, había muerto hacía muy poco. Ella todavía debía superarlo el todo, debía terminar con su duelo... Sin embargo, sin haberse dado cuenta, Pan había despertado "algo" en el Príncipe Trunks, algo que ella no deseaba despertar, pero que había sucedido de todas formas...

¿Qué seguía?

Pan supo la respuesta, pero no quiso siquiera dibujarla en su mente:

Hasta ahí había llegado la escena, ella debía marcharse.

Esa era la única verdad.

—Iré a dormir... —avisó.

Se puso de pie para así marcharse, pero él la detuvo tomándola nuevamente de la mano.

—¿Te ofendí? —preguntó suavemente.

—No... —contestó ella, sin observarlo—. Pero no debo dejarte seguir con esto... Lo siento, pero no puedo permitirlo.

No era tonta... Se daba cuenta de que algo más que simpatía generaba en él...

"Por eso no debo quedarme, yo no sé...".

—No sé...

—Pan... —Trunks tomó su mano con fuerza—. Perdóname si te presioné.

¿En qué momento la situación se había dado vuelta?

Habían pasado del llanto y el odio a la ternura y la compasión...

No estaba incómoda, no le molestaba hablar con él ni estar a su lado, pero...

No pudo seguir reflexionando: Trunks se había puesto de pie y estaba tras ella.

—No tengo un rostro para ti... —susurró él en el oído femenino—. Incluso no sé por qué sigo haciendo esto... —tocó sus hombros con suavidad, disfrutando demasiado el tacto—. Pero me gusta hacerlo...

"Me gusta hacerlo"... Qué palabras tan primitivas y honestas.

Pan suspiró.

"No quiero herirlo, hacerlo ahora haría que cometiera quien sabe qué locura... Pero...".

—Es porque nunca has estado con una saiyan, tener una aquí a tu lado te emociona más de lo debido —explicó Pan nerviosamente.

Eso que ella le acababa de decir podía ser cierto, Trunks lo sabía bien.

Aún así, muchas veces había hablado y se había relacionado socialmente con saiyans —de Clase Alta, más que nada— y nunca se había sentido así. Tal vez era porque ella estaba bajo su cuidado, tal vez era porque le parecía muy bonita a pesar de su inmadurez...

Pero era el aroma el gran problema...

Hundió su rostro entre el cabello de Pan, deleitándose con el suave y dulce aroma de la joven. Pan quedó paralizada y sin saber bien cómo reaccionar...

"Trec...".

Trec le gustaba, ella bien lo recordaba. Le gustaba porque era terco, mal hablado y fuerte. Se lo habían arrebatado y eso la lastimaba demasiado...

¿Qué diría él al verla así?

Pan, ese tipo es débil, no te merece.

¿Realmente diría algo así?

—Tus emociones son inestables, estás inestable... —dijo ella, sin saber cómo alejarse de él sin lastimarlo.

—Tú también... —respondió el Príncipe.

Eso era cierto, pero ver a Trunks en tan paupérrima situación minutos antes le había abierto los ojos.

—Ya lo he entendido: si estoy viva debo luchar...

Finalmente se alejó de él, pero fue seguida camino al laboratorio.

—Pan... —Se miraron desde cada punta de la habitación, con sólo la cama separándolos.

—Trunks... Príncipe Trunks —la muchacha cerró los ojos, intentando mantener la compostura y no ser brusca—. Es tarde, perdiste mucha sangre... Descansemos por hoy.

—Es que... —él fue hacia ella, pero Pan le dio hábilmente la espalda.

—Si estás vivo, lucha...

Lo siguiente fue inesperado, esperado e impresionante:

Él la abrazó por detrás, con una fuerza que no era bruta sino emocional.

—Me gusta mucho el aroma de tu cabello... —aseguró Trunks completamente fuera de sí, disfrutando aquella esencia femenina y saiyan.

Pan sonrió ciertamente enternecida. ¡No había forma de pararlo! Era como un niño...

¿Qué podía decirle?

Los brazos vendados de Trunks estaban rodeando su cuello, a centímetros de su rostro. Se quedó quieta y pensando, cuando notó algo:

Se sentía el olor de la sangre del Príncipe... Y le gustó sentirlo.

Apretó sus ojos, mucho habría por reflexionar esa noche...

Eso había sido suficiente.

—Trunks —habló con firmeza—. Eres débil, sensible y adorable —dijo con suavidad—. Pero eres noble, fuerte y bueno... Eres una gran contradicción.

El Príncipe se quedó quieto y sin aire... "Contradicción"... Su naturaleza era contradictoria, de eso no tenía dudas.

"¿Será por ser medio terrícola y medio saiyan?".

—Soy más contradictorio de lo que crees... —afirmó él entonces, con pena y rabia.

Pan gesticuló una media sonrisa.

—Debes aprender a controlar tus sentimientos... —le recomendó. Tomó aire y giró levemente la cabeza.

"Jamás creí que fuera a decirle esto al Príncipe de los saiyans...".

Trunks la soltó y quedaron frente a frente.

"Pero, a lo mejor, la vida es así... Es contradictoria".

Él volvió a tironear para abajo su capucha, permaneciendo ella totalmente inmutable ante la situación.

"Y es graciosa... Si Trec no hubiera muerto y yo no hubiera sido manoseada así, no habría tenido relación alguna con el Príncipe de mi raza..."

La muchacha volvió a sonreír.

"¡Quién sabe! Quién sabe qué provoque todo esto...".

—Si aprendes a controlar tus sentimientos y logras que yo sea libre de esta prisión...

—¿Qué cosa? —Trunks se impacientó sin poder evitarlo.

La cabeza ya no le daba para más...

—Si lo logras... —Pan se puso seria.

"No puedo decirle algo así... No es mi estilo".

—¿Pan?

La muchacha rió brevemente.

—Mañana... ¿Podríamos entrenar?

"A lo mejor entrenar me dé respuestas... Estoy demasiado reprimida ahora, el encierro empieza a enloquecerme".

La capucha no llegaba a tapar la boca del Príncipe, la cual mostró una bonita sonrisa ante aquel pedido.

—Claro.

—Hasta mañana... —y Pan se encerró en el laboratorio.

Trunks se dejó caer en la cama luego.

Cerró los ojos e intentó dormir, pero no... No era posible. Miró las vendas que ella le había colocado alrededor de sus brazos, provocando en él una serie de sonrisas. Quiso llorar, pero había escuchado a Pan...

"Debo controlar mis sentimientos".

¡Ya no más espejos rotos!

Debía luchar contra su mayor enemigo: contra el reflejo.

—Y debo luchar por ella y mi raza... Mi verdadera raza...

Aún estaba triste, y mucho... Pero ya no quería pensar.

Mejor descansar, mejor despejarse...

Mejor dejar de ser el híbrido de la Realeza saiyan por un par de horas...


Apagó su scouter y volvió al Palacio después de volar a lo largo y ancho de Vegetasei durante un buen rato.

Entró en su cuarto y su amante allí lo esperaba.

—¿Vegeta? —exclamó Ela al verlo—. ¿Qué sucedió? No me gusta cuando te vas así, sin decir nada...

La morena lo miró con fastidio.

Vegeta poco caso le hizo, únicamente se acostó y apoyó su cabeza en la almohada.

"Su poder de pelea subió de un instante al otro, luego de minutos de agonía... El mocoso, tal vez, no es tan débil...".

Increíble, pero tal vez eso significaba que algo de fortaleza aún conservaba…

A lo mejor no todo estaba perdido con su inestable hijo...


Nota Final del Capítulo XII

Una de las cosas que más quería hacer al escribir este fic era que Trunks se enamorara de Pan antes que ella de él... XD

Cosa poco común en fics en español de esta pareja, si lo analizamos... Y bueno, hete aquí el resultado (?).

Trunks está herido y falto de amor, Pan tiene un carácter fuerte pero es noble... La inocencia de él para con las mujeres de su raza y la dificultad de ella de expresar cosas "tiernas" hace un cóctel medio raro y poco común... No quería que todo fuera rápido, y creo que éste sólo fue un paso de los muchos que cada uno va a tener que dar para que esto funcione... Pan no va a ser muy fácil en este fic. n.n

(Maldita XD).

La escena de Trunks y el espejo es lo que más anhelé escribir desde que empecé con "Pecados..."... Estoy muy feliz, quedó justo como la imaginé durante este último año.

Que él odie mirarse, considerando su situación en la historia, me parece lo más natural del mundo... Por eso la idea de que él "matara a su imagen" me resultaba demasiado tentadora como para dejarla pasar... Así que acá queda incluida.

Espero les guste... Mucho más para decir no tengo.

Espero la inspiración siga acompañando y pueda subir otro capi lo más pronto posible...

¡Besotes! Cualquier cosa que necesiten saber pueden escribirme vía review o PM.

Nos leemos. n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.