PECADOS EN LA SANGRE
Capítulo XVIII
"Instinto"
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Permaneció quieta por varios minutos, inmóvil y mirando fijamente a Trunks, quien temblaba expectante.
Quería saber la respuesta de Pan...
Cerró los ojos sin ya poder esperar, ansioso y asustado de lo que seguía.
"Espero no haber sonado muy brusco".
Finalmente Pan reaccionó, poniendo cara de pocos amigos, cosa más que común en ella.
—No entiendo a qué te refieres —Le dijo descortésmente—. Explícate... Tus juegos de palabras empiezan a aburrirme.
Trunks era por demás tímido y eso la irritaba en cierto punto, ¡si tanta convicción tenía él sobre haberla elegido, entonces tenía que demostrarlo!
"Actúa como un saiyan, es hora de que lo hagas...".
El Príncipe se sonrojó. Bien sabía que ella no podía ver a través del casco y lo agradeció ante el desafortunado rubor, sin embargo Trunks temía que ella sintiera, de alguna forma, sus tonterías sensibleras.
—Me refiero a... —Se ahogó en sus propias palabras—. A...
"No puedo decírselo, no logro hacerlo...".
¿Cómo expresar tan caprichoso sentimiento?
"¡¿Cómo?!".
Pan rió burlonamente.
—Bah, Trunks... —Abandonó la sonrisa y se mostró frustrada—. Me aburres, si te vas a quedar callado mejor vete... —Y le dio la espalda, cruzada de brazos—. ¡VETE! No soporto a la gente que no tiene valor.
"Demuestra que no me estoy equivocando contigo...".
Apretó sus párpados con furia.
"Demuestra que tienes valor...".
Trunks quedó paralizado y herido a raíz de esas profundas y dolorosas palabras.
¡Ella tenía razón! Por supuesto que él se estaba comportando como el cobarde que ella no merecía y jamás elegiría... Se comportaba como un completo idiota y lo sabía, pero...
"Ella merece más que esto...".
Respiró hondo.
"Debo hacerlo...".
Soltó el espejo, apoyándolo contra la pared más próxima y, luego, fue directamente hacia ella. Se detuvo a tan sólo unos pasos, observando la hermosa espalda que lo ignoraba olímpicamente.
—Pan... —Volvió a respirar hondo y levantó su mano, dirigiéndola directamente al hombro de ella—. Quiero que me ayudes a mirarme al espejo.
Y Pan abrió los ojos lo más posible.
"¿Qué?".
Volteó y él seguía mirándola, por más que ella no pudiera verlo a los ojos tenía la certeza de que eso hacía él.
—¿Y cómo es eso? —Preguntó entre intrigada y nerviosa, sin comprender nada de lo que sucedía.
Trunks apretó aún más el hombro de ella.
—Quiero... —¡Debía decirlo!—. Quiero mirarme al espejo y que tú te quedes a mi lado, por favor...
Y Pan estalló en carcajadas, soltándose del posesivo agarre de él.
—¡No me hagas reír! —Le gritó—. ¡Si te veo me van a matar! ¡¿Crees que no lo sé?! Me sorprende, principito... Has perdido la cabeza... ¡y aún más que antes!
Y la sonrisa orgullosa se dibujó en aquel rostro femenino.
Trunks la observó tristemente.
—Por favor... —Reiteró con timidez—. Necesito que entiendas algo y si no lo hago así no podré hacerlo de ninguna manera...
Pan sintió curiosidad pero no la suficiente.
—A ver, a ver... —Dijo, dando vueltas alrededor del Príncipe—. ¿Y qué tienes en mente? ¿Que te vea y no se lo cuente a nadie?
No era mala idea, pero Trunks no se atrevía a semejante cosa.
Pan siguió hablando.
—¿O quieres que toque tu rostro? ¿Es que sólo mis manos te hacen sentir "bello"? —Y se detuvo tras él, dándole la espalda—. Pues no, yo no soy la indicada: si quieres levantar tu autoestima tendrás que usar a otra chica, a mí no.
Y Trunks perdió el control, dándose vuelta y encarándola con la oculta mirada.
—¡Ayúdame! No es fácil estar en mi lugar, Pan... —Y levantó la voz—. ¡No puedes mirarme a los ojos y ya no lo soporto! —Perdió el control—. ¡NO AGUANTO MÁS TODO ESTO! ¡Quiero que me conozcas más!
Y la lengua volvió a soltarse...
Eso sí que había sido capaz de llamarle la atención a Pan...
Ella lo observó en silencio, sin comprender del todo pero, a la vez, logrando descifrar el mensaje.
"No puedo mirarlo...".
Ella necesitaba mirarlo...
Recordó los ojos de Trec y abandonó la sonrisa burlona de hasta hacía un momento, mirando con cada vez más atención a Trunks.
"¿Cómo pretende lograr que lo mire 'sin mirarlo', que lo 'conozca' sin observarlo? ¡Yo no sirvo para este tipo de cosas!".
Refunfuñó y se acercó a él, aproximando su rostro lo más posible al casco.
—Dime qué es lo que piensas —Le dijo—. Pero sin rodeos, no soporto a la gente con falta de convicción.
Y eso fue doloroso de escuchar para Trunks...
"Ella tiene razón... Soy un cobarde".
Derramó una solitaria lágrima y sacó todo el valor que tenía de su corazón.
—Acompáñame... —Musitó—. Vamos al baño...
Se fue del laboratorio no sin antes volver a agarrar el espejo, anteriormente abandonado contra la pared.
Fue hacia allí sabiendo que Pan no lo estaba siguiendo, sintiéndose inevitablemente triste.
"Esto no va a funcionar así, de esta forma...".
Mas grata fue luego su sorpresa, pues Pan apareció en el umbral de la puerta.
—Sigo sin entender... —Murmuró.
—Ven —Le dijo, señalando la bañera—. Siéntate en el borde, juro que te explicaré lo que planeo... Confía en mí.
Tenía terror de sonar brusco o perverso... ¡Pan no debía sucumbir por la desconfianza!
Ella dudó unos instantes y, después de meditarlo, hizo lo que él le había pedido.
"Sigo sin tener nada que perder...".
Se sentó y Trunks apoyó el espejo en la pared, justo frente a ella. Fue hacia Pan y sacó del interior de su armadura un pañuelo negro.
—Tápate los ojos —Le pidió amablemente, cosa que provocó en Pan el más grande desconcierto.
—Dame un buen motivo para hacerlo... —Le habló con disimulada indiferencia.
"Si tan sólo me explicara qué mierda planea...".
—El futuro depende de esto —Fue lo único que se le ocurrió decir, siendo más sincero que nunca con ella.
Pan casi estalló en risa de nuevo.
—¿Qué futuro? —Le preguntó irónicamente.
—El nuestro...
Y eso descolocó a la muchachita.
—No entiendo... —Reiteró.
"Nuestro futuro...".
—Sabes muy bien que tu sonrisa fue mi perdición —Le recordó, ya sin tener fuerzas de contener sus más reprimidos sentimientos—. Sabes perfectamente cuánto significas para mí...
La confesión se tornó más específica y Pan no logró controlar su reacción.
"Me está diciendo que me ha elegido... Yo ya lo sabía, pero que lo diga de forma más explícita es... Es muy raro...".
Se puso nerviosa y no supo qué hacer a continuación.
Trunks volvió a extender el pañuelo, ofreciéndoselo amablemente.
—Hazlo, Pan —. Intentó sonar autoritario pero no lo logró, sonando casi desesperado.
Pan cerró los ojos e intentó calmarse, pero nada...
Tenerlo tan cerca le generaba un nudo en el estómago, uno molesto pero no por no soportar a Trunks, sino por otra cosa...
Apoyó sus manos en sus rodillas y respiró hondo.
"Trec...".
¡Ya estaba muerto! A semejante altura, pensar en Trec era casi una excusa...
Pero no únicamente eso... Era, además, una forma de evadir, de caminar mirando hacia atrás, de no enfrentar a sus enemigos internos.
"¡Me estoy comportando como una cobarde!".
Y ella no era una cobarde...
"¡Basta! Debo dejar de evadir lo inevitable...".
Le arrebató el pañuelo de la mano al Príncipe.
Trunks no pudo evitar sorprenderse al ver cómo Pan tapaba sus ojos con convicción.
Una vez hecho el nudo en la parte de atrás de su cabeza, la muchachita tosió y apretó sus puños con furia.
—Sea lo que fuere lo que quieres hacer, hazlo ya —Le ordenó más que pedirle—. No me gusta darle vueltas a este tipo de cosas.
Y era cierto... ¡Pan no servía para las escenas emotivas! Se le iba la inspiración durante éstas, no sabiendo cómo reaccionar frente a los silencios y a las palabras, sintiéndose constantemente incómoda.
—Pan... —Trunks la miró conmovido notando, de alguna forma, cuánto le costaba a ella toda esa situación.
Intentó recuperar el aliento perdido por tanta belleza imposible frente a sus ojos, sacándose el casco.
Pan sintió el ruido de esa acción, gimiendo con sorpresa.
—¿Te quitaste el casco? —Preguntó ya conociendo ese sonido.
Trunks no respondió, yendo hacia el espejo apoyado en la pared y destapándolo.
Se sentó justo adelante de Pan, dándole la espalda y tomando al espejo de los extremos, cosa fácil dada su infinita fuerza.
Evitó mirarse a éste lo más posible.
Pan, por su parte, sintió que él se había sentado frente a ella, logrando confundirse más aún por ello.
—¿Qué haces? —Preguntó irritada.
¡Ya no más amabilidad! Pan merecía al saiyan más rudo, fuerte y descortés del universo...
Debía sacar lo peor de él a partir de ese momento.
Todavía sentado, Trunks se arrastró un poco más atrás, hacia ella, hasta chocarse con las blancas y hermosas piernas.
Pan movió sus manos con confusión y éstas fueron a parar de casualidad a los hombros de Trunks.
Un calor los rodeó inevitablemente.
—Contesta... —Le pidió Pan nuevamente, sin poder soltar aquellos enormes y varoniles hombros.
Trunks se agitó, en el aire había un exceso de necesidades...
"Quiero merecerla...".
Empezó a excitarse de la manera más peligrosa, tirando su cabeza hacia atrás, chocándola contra el estómago de Pan después de empujar y separar sus rodillas con brusquedad.
"Debo merecerla...".
—Tócame —Le pidió, sin aún mirarse al espejo—. Toca mi cabello...
Y eso logró paralizar a la muchachita de Clase Baja.
Toda su vida había intentado evadir eso... Desde el momento en que ella lo había rechazado.
No podía permitirse verla ni sentir su aroma, ni siquiera podía permitirse algún tipo de acercamiento.
Raditz estaba perdiendo la batalla contra su instinto, pues allí estaba, pegado a la pared de su casa, de la casa de ella...
De Zuzik.
Todo a la redonda olía a ella, poseyendo sin saberlo al saiyan.
Quería más información de Nappa y la batalla, ¡pero no! Nappa acababa de marcharse y él no lo había seguido, lo que acababa de escuchar había sido suficiente.
Había tenido que quedarse allí...
—¡Nappa! —La escuchó gritar—. Estoy preocupada, te vas demasiado seguido y últimamente estás más violento que nunca... ¡¿Qué mierda sucede?! —Preguntó furiosa y derramando lágrimas, o eso le pareció a Raditz al juzgar por su quebrada voz.
Se escuchó un golpe seco, seguido de otro golpe y un grito ahogado.
—No sé en qué mierda estaba pensando cuando te elegí... —Dijo el cerdo—. ¡Todo lo que peleé por ti fue en vano! Eres molesta y débil... ¡ME TIENES HARTO!
Otro golpe y más llanto, más dolor...
Nappa se fue por la ventana minutos después.
Iba a ir tras Nappa pero no pudo, su corazón latió más fuerte y le imposibilitó movimiento alguno.
Y así seguía desde hacía horas, escuchándola llorar...
Cerró sus ojos con fuerza, tratando de encontrar fuerzas para irse, pero no podía... ¡No podía!
Y finalmente se escucharon pasos.
Una ventana estaba relativamente cerca de Raditz y fue por ésta que sintió el aroma más cerca que nunca.
—Dime que no estoy alucinando... —Murmuró ella.
Raditz se paralizó más aún.
—Dime que no estoy loca... Que es tu aroma lo que me está haciendo sentir mejor...
Ella se había dado cuenta de que él estaba allí.
Claro que era por el aroma... Un saiyan sentía aromas más que nadie, pero al tratarse de la persona con la que se había hecho el ritual, la percepción era todavía más profunda, más clara...
—Hace días que siento tu aroma... —Siguió murmurando Zuzik en la ventana—. Y sé que si estás aquí es porque algo malo está ocurriendo... Sé bien que no te importo —Dijo con tristeza.
Ella seguía teniendo la capacidad de sentirlo, incluso sin Scouter que fuera capaz de detectar su poder de pelea.
Y qué bien lo conocía...
—Raditz... —Susurró la mujer—. Cometí un error demasiado grande...
Ambos recordaron, cada uno por su lado, ese hermoso y horrendo pasado...
Pocos saiyan se habían unido con tanta pasión... Zuzik y Raditz se devoraban cada noche, inmersos en ese hechizo que la sangre provocaba en un saiyan.
Hacía décadas que se habían elegido el uno al otro, luego de ganar la batalla contra Freezer y su familia.
Quedaban pocos saiyans desde la batalla contra Freezer, siendo las mujeres más escasas que nunca... Raditz no pudo sentirse más orgulloso de sí mismo: era fuerte y por eso había sido elegido por una de las pocas Clase Baja que quedaba y no sólo eso... Zuzik era una de las más fuertes de su clase.
Una mínima cantidad de saiyans se había podido dar el lujo de unirse a una mujer en esos meses posteriores a la guerra y haber tenido esa suerte, para Raditz, fue indicador de su gran poder.
Más orgulloso se sintió al saber, por boca de Zuzik, que su ex compañero de escuadrón, el cerdo, la había pretendido durante meses.
Zuzik había peleado con él y no pudo negar su poder, pero Raditz seguía siendo quien le fascinaba, a quien ella quería a su lado.
No había vuelta atrás: por más esfuerzos que hiciera Nappa, ella ya había elegido y muy bien.
Vivía con Zuzik en las afueras de Vegetasei, entrenando cada día y volviendo a elegirse cada noche, disfrutando del enorme poder que los entrenamientos les daba y de la unión cada vez más grande que sus noches desenfrenadas les brindaba.
Todo era perfecto hasta que Nappa empezó a pretender, nuevamente, a su mujer.
¿Por qué a Zuzik y no a otra? Raditz no lo sabía bien pero tenía sus sospechas...
El Clase Baja había abandonado el escuadrón que integraba con el cerdo y el entonces Príncipe Vegeta, cansado de la constante humillación que recibía por parte de Nappa... El cerdo estaba más molesto que nunca y eso era, por supuesto, consecuencia del rechazo de Zuzik para con él.
Nappa estaba furioso... Seguramente, en su cabeza de altivo Clase Alta no entraba la idea de que una mujer lo hubiera cambiado por un Clase Baja.
Eso sí que debía de haberle dolido al cerdo...
A espaldas de Vegeta, quien hacía pocos meses era el Rey de Vegetasei, Nappa había empezado a frecuentar el hogar de Raditz luego de años de silencio, provocando al Clase Baja y tentándolo constantemente, retándolo a pelear con él para ganarse a Zuzik.
Quería matarlo a través de la humillación pero Raditz no permitía eso, sabía que era más fuerte que esas burlas insignificantes.
Sin embargo...
Cierta noche, Raditz volvió de visitar a su familia y extrañando el calor de su mujer, entrando a su hogar desesperado de deseo, cuando...
Apretó sus dientes ante el recuerdo.
—No fue por lo que tú piensas... —Susurró Zuzik, aparentemente recordando la misma escena que él—. Eso no justifica mi error, pero... —La mujer apretó los puños—. Amenazó con matarte...
No pudo evitar sorprenderse ante la confesión, ¡él nunca había sabido eso!
Pero...
No, eso no la justificaba.
Aquella vez, hacía ya 27 años, Raditz entró a su habitación y vomitó ante la asquerosa y putrefacta escena.
Su mujer, Nappa y la cama...
Se agitó al recordarlo, odiando a la mujer que le estaba hablando en aquel instante.
—Si te dejé ir y nunca te pedí perdón fue porque yo era la del error... —Musitó Zuzik—. Yo no merecía nada de ti, no luego de tan asqueroso pecado.
Luego de ver aquello, Raditz abandonó la casa de ambos para siempre, la cual Zuzik también abandonó al día siguiente.
Esa casa seguía vacía hasta el presente, siendo símbolo de un pasado oscuro y de un pecado imperdonable... Aún esperando a sus dueños originales, los cuales jamás regresaron...
Raditz volvió a la casa de su padre luego del horroroso acontecimiento, justo para presenciar el nacimiento de quien sería su máximo desahogo y dueño de todo su orgullo perdido: su sobrino Goten.
A Goten lo había educado lo mejor posible, dándole lo mejor de él y enseñándole a jamás claudicar, a jamás permitir ser humillado por una mujer.
A no ser como él...
Intentó no volver a pensar en Zuzik pero nunca lo logró. Nunca destruyó la casa donde ellos vivían, jamás tuvo las fuerzas suficientes para hacerlo.
Y todo porque no la había olvidado, la unión que habían consumado no se lo permitía.
—Háblame, Raditz... —Suplicó la mujer—. Sé que estás ahí...
Se pegó más a la pared de la casa del cerdo, no encontrando la respuesta a ese pedido.
"No te lo mereces...".
—Seguramente sabes por qué Nappa se ausenta casi todos los días... —Siguió ella—. ¿Qué es lo que está pasando?... ¡Raditz!
—No grites —Le habló finalmente, provocando en ella un gemido de sorpresa.
—No estaba soñando... —Susurró.
—Tú lo elegiste a él, por más que haya sido "supuestamente" para salvarme, tú elegiste al cerdo, no a mí.
—Lo sé... —Y ella lloró—. Pero ya no deseo más esto... No merezco volver contigo y lo sé, pero me iré de aquí... Iré a la casa que nunca destruiste... ¡Ya no viviré más aquí! Viviré con mis recuerdos... Ellos me darán la poca felicidad que merezco.
Volvió a sorprenderse frente a sus palabras, pero no quería ser débil, no quería caer otra vez en su juego.
"No quiero que mi instinto sea más fuerte que mi furia".
—Has lo que quieras —Le respondió fríamente—. No me interesa.
La escuchó sollozar y hacerlo le partió el alma, mas no hizo nada para que dejara de llorar...
"Ya no mereces mi preocupación, no mereces nada de mí...".
Escuchó una serie de sonidos extraños que no pudo definir, cosa que llamó poderosamente su atención.
Lo sentía: ella se había alejado de la ventana.
Momentos después volvió, aún sollozando.
—Me marcho, ya he empacado mis cosas —Le dijo—. Ya no quiero morir día a día al lado de este maldito gusano... ¡Me voy! No merezco que me digas lo que sucede, pero lo averiguaré de alguna forma... ¡Adiós Nappa! Adiós Raditz... —Y más llanto—. ¡Volveré a ser la fuerte saiyan de mi juventud!
Y salió disparada por la ventana.
Esa era la primera vez que la veía luego de todo lo sucedido...
¡Y su corazón latió con fuerza al ver a aquel hermoso cuerpo alejarse!
Quedó paralizado y recordó la última parte de la historia, intentando detener a su instinto.
A los pocos días de la horrorosa escena y la separación, Raditz no había podido soportarlo...
¡Los saiyans no arreglan sus problemas hablando o escapando! No los arreglan con silencios... ¡Los arreglan con la fuerza!
Y eso quiso hacer Raditz: pelear con Nappa, descargar su ira sobre él.
Fue a enfrentarlo pero Zuzik no apareció en escena en ningún momento, cosa que agradeció ya que sentía asco por ella y no deseaba en absoluto verla.
Nappa rió sin parar cuando él lo retó a combatir, derrotándolo muy fácilmente.
Raditz ya lo sabía, Nappa era mucho más fuerte que él... ¡Pero debía descargarse!
Humillado, el Clase Baja se recuperó y entrenó día y noche sin descanso, se preparó para el día de su venganza.
¿Vengarse con Zuzik? No, claro que no... Ir contra el ritual de unión traía consecuencias y él lo sabía mejor que nadie, Zuzik jamás volvería a ser feliz, ni con Nappa ni con nadie.
No valía la pena una mujer pecadora y muerta en vida.
¿Vengarse de Nappa? Esa idea le fascinaba...
Vivió de allí en más con la idea de matarlo, escupirlo, reducirlo a cenizas y desaparecerlo en la faz de Vegetasei.
¡Sí! La sed de venganza había logrado que casi olvidara a Zuzik...
Pero acababa de volver a verla...
¡Ya no había vuelta atrás!
Ni con toda la sed de venganza del universo iba a poder calmar ese nuevo encuentro, ese escuchar su voz y percibir su aroma...
¡Debía ir a reclamar lo que era suyo!
Ir a reclamar a su mujer... Quisiera ella o no.
Se odió a sí mismo, pero ya no podía evitarlo...
"Goten... Te mentí. La odio y no se merece nada de mí, pero hay algo que nunca te conté...".
Rió con resignación y cruzándose de brazos.
—Hay algo a lo cual no podemos ganarle... A nuestro instinto saiyan.
"A ese que nos obliga a permanecer por siempre con la persona a la cual nos unimos por medio del ritual...".
Se despegó de la ventana, juntando aire y expulsándolo al instante.
—Mi instinto la reclama...
Y se fue de allí.
A Pan se le erizó la piel ante el pedido, empezando a sentir un extraño revoloteo en su estómago.
Sus manos temblaron levemente, pero sus ojos seguían tapados y eso le sacaba todo pudor de adentro, logrando sentirse libre de alguna extraña y bizarra forma.
Dejar de pensar y empezar a sentir... Eso estaba haciendo y contra su voluntad.
¡Se odió tanto! Pero no podía detenerse... ¡no podía!
"No quiero hacerlo...".
Su razón perdió la batalla contra su instinto, deslizando sus manos por los hombros de Trunks y hasta su cuello, deteniéndose ahí para arreglar su ya agitada respiración y para, sobretodo, intentar que los jadeos sufridos de él no le afectaran.
Y sí... Trunks jadeaba... ¡Las hermosas manos en su cuello! Cuánto las había deseado ahí, donde ninguna mujer lo había tocado, por lo menos ninguna saiyan...
¡Y si así se sentían las manos, cómo se sentirían los dientes! La inevitable rigidez albergada entre sus piernas le dolió más que nunca.
¡¿Cómo lo lograba?! ¿Cómo hacía Pan para excitarlo tanto?
¡Estaba por perder la poca cordura que le quedaba!
Debía calmarse, pero primero quería que ella llegara hasta el destino prometido...
—Sigue... —Le pidió sin aire.
La respiración entrecortada de él era señal ineludible de excitación, Pan bien lo sabía y se sintió entre asustada y entusiasmada al percibirlo con tanta claridad.
Siguió con su viaje luego de la dolorosa pausa, llegando finalmente hasta donde debía luego de pasar por sus calientes orejas, las cuales atravesó en forma de caricia y desatando el primer gemido fuerte de Trunks.
El gemido la asustó y casi terminó por distraerla, pero no...
Hubo algo que la distrajo más aún:
El cabello.
—Es distinto —Susurró agitada y por inercia—. Tu cabello no es como el de un saiyan...
Hundió sus dedos en el cabello y ambos gimieron, envueltos en una especie de encantamiento del que ninguno podía librarse.
No con la situación y la excitación tan avanzadas...
—Exacto —Contestó Trunks—. Es distinto, por eso nadie debe verlo...
La primera confesión… el corazón de Trunks sintió un alivio indescriptible.
Sí, tuvo que sonreír, fue necesario para él hacerlo.
El cabello era lacio, fino, completamente suave...
Carecía de mechones rebeldes, típicos de los saiyan.
No parecía cabello saiyan...
—¿Te tapas por tu cabello? —Preguntó Pan, sonando su voz de forma irregular.
—En parte sí... —Respondió él al borde de la locura.
¡Como un barranco directo al vacío! El Príncipe empezaba a caer por éste con alegría y sin culpa alguna, feliz de perder toda capacidad para razonar, de poder concentrarse en ella y en el tacto.
Pan siguió acariciando el cabello de él, percibiendo por primera vez el aroma de éste, cosa que la hizo temblar.
Sin planearlo, empezó a acercar su rostro al cabello.
"¡¿Por qué hago esto?!".
Pero no, ya no se podía detener...
Hundió su nariz en el cabello, sintiendo con todos sus sentidos el dulce aroma, la fragancia que sería su perdición.
Gimió con fuerza y derrumbó sus manos en el cuello, concentrándose en el embriagante aroma prohibido...
Quiso apretar sus piernas, pues en la unión de éstas había sentido una fuerte puntada, una conocida pero no en tanto detalle por la muchachita de Clase Baja.
¿Cuándo había sentido una puntada de tales características? Sólo en dos ocasiones: entrenando con Trec y entrenando con ese hombre, el Príncipe al cual, en aquel momento, le olía el cabello de forma casi infantil.
Apretó sus caderas contra el borde de la bañera, intentando buscar un alivio que no conocía.
Que no sabía cómo obtener...
Una nueva puntada y tuvo que hundir aún más su nariz en el cabello, embriagándose con aquel aroma inconcebible y molesto, dulce y amargo...
¡Se estaba volviendo loca! ¡¿Por qué hacía algo así?!
"¿Por qué no puedo parar...?".
Casi lloró frente a la puntada, frente a la creciente insatisfacción que sentía en su pecho y entre sus piernas.
Trunks, por su parte, no estaba mucho mejor...
Sentía la nariz de ella olfateando el aroma de su cabello y tuvo que tirar la cabeza aún más atrás, necesitando sentirlo con más claridad, de darle a ella todo lo que existía en su universo...
De olerla como ella lo olía a él.
Tomó el espejo con más fuerza y fue allí cuando lo recordó, perdiendo parte, pero no toda, de la concentración en la que estaba sumido.
"Debo hacerlo...".
La excitación sería de ayuda, pero no tanto como ella...
"Ahora sí, estoy listo para hacerlo...".
Y gimió nuevamente.
"Debo mirarme...".
Y eso hizo, se miró fijamente en el espejo.
Una lágrima cayó de uno de sus ojos al hacerlo, lágrima que siempre caía y de igual forma al mirarse... Pero, esta vez, había algo diferente en la imagen.
Estaba ella...
¡Y no pudo evitarlo! Lloró ante la hermosa imagen, ante el sentimiento de mirarse al espejo sin reproche... ¡Era la primera vez que no sentía asco!
Ella, el rostro hundido en el cabello, las manos nerviosas tomando posesivamente ambos lados de su cuello, las piernas a cada lado de su cuerpo...
¡Era perfecta! ¡PERFECTA!
—Pan... —Susurró emocionado—. Mi cabello no es lo único distinto...
La segunda confesión, y Trunks pudo llorar de felicidad por primera vez en su vida.
La muchachita jadeó confundida.
—No entiendo... —Y se separó del cabello, habiendo logrado aquella frase de Trunks distraerla lo justo y necesario como para hacerlo.
—Sí... —Musitó Trunks sin dejar de mirarse ni de mirarla en el perfecto reflejo—. Mis ojos... Mis ojos también son distintos...
Y eran éstos los que más lo lastimaban.
El azul era el color más odiado por Trunks, porque el azul era el color de esos ojos pecadores...
Era a ese color al que Vegeta no soportaba mirar... ¡Su padre jamás mantenía su mirada fija en éste! No lo lograba, siempre se iba...
Pan perdió por completo el aliento, deslizando sus manos hasta el rostro de Trunks.
—¿Por qué...? —Preguntó con dificultad.
Trunks tembló ante el tacto, ese que ya extrañaba sentir en su horrendo rostro...
Y que bello se sintió ante ese reflejo, el reflejo de las manos embelleciéndolo con tremenda sencillez...
Con tremenda honestidad...
"Ella me desea, lo siento...".
Sonrió y lloró, contradiciéndose por completo.
—Son raros... No son dignos de nuestra raza... —Le explicó entre emociones encontradas.
Odio, deseo, amor...
Su padre, su raza, la Tierra...
Ella...
—¿Por qué...? —Repitió ella, aún deslizando sus dedos por el rostro de él.
—¡Porque son distintos! —Gritó él, sobrepasado—. Y por eso ellos no pueden mirarte, porque son una vergüenza... Tienen miedo de que no les gustes, de tu rechazo...
¡Y cuánta verdad! Cuanta desgarradora verdad...
Pan se paralizó.
"¿Qué intenta decirme?".
Apretó el rostro con un poco más de fuerza.
—Trunks... —Suspiró—. No entiendo... ¿Qué los hace distintos?
—Pan... No puedo decirlo... —Susurró con tristeza.
Y ella volvió a hundir su rostro en el cabello, sin desear dominar a su odiado instinto, ese que no le permitía huir de esa escena.
Sus manos volvieron a viajar y Trunks debió cerrar sus ojos, pues Pan hacia éstos se dirigía.
Tocó alrededor de los ojos, buscando alguna mal formación, algo raro, alguna cicatriz detectable a partir del tacto...
—¡No tienen nada! —Gritó ella desesperada y sin alejar su rostro de su cabello—. Deja de mentirme, Trunks... ¡No eres anormal! No te falta ninguno de tus ojos...
Siguió tocando y terminó acariciando la nariz de él, la cual era masculina, derecha...
—Tampoco tienes nada extraño allí... —Musitó cansada y jadeante.
Bajó sus dedos casi con miedo, era a sus labios a los que quería ir ahora...
Los tocó con delicadeza, provocando en él el punto más alto de excitación, dejándolo al borde del clímax.
Recorrió el labio superior con la yema de sus dedos índice, sin encontrar algo raro... Y en el labio superior pasó lo mismo: nada, esos labios no eran raros, eran finos, ni demasiado ni muy poco carnosos, agradables al tacto, apetecibles por su extrema suavidad.
Deliciosos para la imaginación...
—Tu boca no está torcida... —Dijo, sintiéndose una idiota ante sus palabras—. No eres raro, ¡no eres diferente a otro saiyan!
Trunks tiró su cabeza hacia atrás, volviendo a abrir sus ojos, viendo como ella acariciaba sus mejillas con urgencia, buscando lo inexistente
—Pan... —Susurró con dolor—. No encontrarás nada así... Ya no lo hagas... —Le pidió—. Lograrás que me vuelva loco...
Sí, como la vez de la confesión...
Trunks sabía que si no se alejaba de ella en ese preciso instante iba a cometer una locura: rompería el espejo, lanzaría a Pan contra el suelo y la poseería con todas sus fuerzas.
Iba a violarla y no le iba a importar.
Las palabras de él, sin embargo, lograron el efecto inverso en Pan, quien volvió a sentir la horrenda puntada entre sus piernas...
Cada vez era más fuerte y dejaba más estragos en su confundido cuerpo, haciéndole perder todo dejo de cordura que pudiera asomarse en su mente.
Pero no, nada... Ninguna cordura y en ninguno de los dos.
"¡BASTA!" gritaba en su interior... ¡Pan ya no soportaba!
"Si no me detengo...".
Ella apretó sus dientes con furia y deseo.
"Basta, Pan... ¡BASTA!".
¡Pero no podía!
"Yo no sirvo para estas cosas serias, yo no soy seria... ¡No lo soy! Soy una niña insoportable y orgullosa, una guerrera...".
¿Qué le sucedía a su cuerpo? ¿Por qué tenía esa imperiosa necesidad de tocarlo, de sentirlo?
¿Qué le estaba sucediendo? ¡¿Por qué no era capaz de detenerse?!
¿Por qué Trunks era tan adictivo…?
Y entonces comprendió algo, lo cual le dolió y dio alivio en demasía:
"Es la primera vez en mi vida que me siento así...".
Era la primera vez que se sentía como toda una mujer.
Se sonrojó y Trunks pudo apreciarlo en el espejo. Fue entonces cuando ambos perdieron el control...
Trunks sintió un latido demasiado fuerte en su interior, algo parecido a cuando los saiyan se transformaban en Ohzaru, pero el efecto era distinto...
Instinto puro.
Pan sintió lo mismo, gritando de dolor y miedo ante lo desconocido.
¡Ahora sí! Ninguno de los dos sabía lo que iba a pasar, no serían conscientes de sus actos a partir de ese momento... ¡No había vuelta atrás!
Caminó lentamente hacia esa pequeña casa, la cual estaba levemente alejada de la zona de los Clase Baja.
Solo entre las piedras y la suciedad, allí estaba el hogar que solía pertenecerle.
A él y a ella...
Entró esquivando las telarañas y la mugre, encontrándose con un desastre, un desorden que le indicaba el paso del tiempo.
Y la vio a ella en el fondo de la habitación...
Sujetando sus rodillas con fuerza y sentada en el suelo, Zuzik temblaba en medio de la oscuridad, levantando su rostro al verlo.
Y no todo indicaba el paso del despiadado tiempo, se sintió 27 años atrás, como siempre y como nunca...
Zuzik lo miraba a los ojos luego de un largo tiempo...
—Raditz... —Susurró ella.
Se acercó a su mujer y se arrodilló frente a ella.
—Imbécil —Le dijo cruelmente—. Hubiera preferido morir en manos de ese cerdo a que tú cometieras semejante estupidez.
Ella lo miró severamente.
—Hubiera preferido morir yo a verte morir a ti...
Era increíble, pero el paso del tiempo no había causado estrago alguno en ella: su belleza era más madura pero permanecía intacta, era como una brisa… siempre se sentía igual.
Su aroma, sus ojos... Su cabello largo y rojizo, casi tan inflado como el de él.
—Nappa quiere eliminar a la Clase Baja —Le contó—. Quiere matarnos a ti y a mí, a todos nosotros...
Ella se sorprendió pero no del todo: siempre supo, de alguna forma, que ese era el objetivo de aquel asqueroso ser.
—Daré la vida por mi clase —Le contestó Zuzik sin titubear.
Raditz amó aquella decisión, aquel gesto de seguridad que había sido el desencadenante de la atracción tantos años atrás.
No podía negarlo... Aún la deseaba, aún la sentía suya...
Se miraron largamente, sabiendo lo que querían pero sin saber cómo empezar a obtenerlo...
Ella debía volver a conquistarlo y lo sabía, por lo cual decidió, al darse cuenta de que él deseaba lo mismo, dar el primer paso hacia la perdición...
Se lanzó sobre él y lo besó apasionadamente.
Y allí perdió ese Clase Baja... Raditz no pudo contenerse ni deseó hacerlo, lo único que podía hacer ahora era destruir las ropas de Zuzik y entrar rápida y desesperadamente en su cuerpo.
Eso hizo... Y todo fue placer.
Dos saiyans entregados al instinto volvían a unirse, confirmaban una vez más su unión como tantas otras veces, mordiéndose en el cuello el uno al otro...
Y la violencia y la pasión fueron uno, ellos dos lo fueron.
Sin ya poder detenerse, ambos se embarcaron hacia el mundo sin juicio.
Hacia el universo que tan bien conocían y al que tanto extrañaban... El universo del instinto.
Ese donde lo único que mandaba era la locura.
¡Y qué bien se sentía después de tantos años...!
El rojo en las mejillas de Pan había significado la famosa gota que rebalsó el vaso... El Príncipe ya no pudo razonar ni detenerse... Tenía algo muchísimo más importante que hacer.
Soltó el espejo, el cual cayó hacia atrás y se rompió por completo.
Sin darle más vueltas al asunto, se arrodilló frente a Pan, la arrastró al suelo para que estuviera a su altura y la abrazó con todas sus fuerzas.
—Soy distinto... —Susurró en el cuello de ella, al cual se acercó al instante para así olerlo—. Si tú me vieras me rechazarías...
Ella permaneció arrodillada al igual que él, muerta en sus brazos y viva entre sus piernas... Estaba mareada y le dolía tremendamente la cabeza.
Lo único que entendía en tan confusa y desenfrenada situación era que se moría por verlo.
Deseaba eso más que nada en el mundo...
—Maldito principito... —Musitó en el cuello de él, percibiendo el perfecto aroma de éste—. Si eres feo me importa un bledo... Debo mirarte y lo sabes...
Sí, él lo sabía.
Trunks la apretó con más fuerza.
—No debo permitirlo...
Y Pan, por primera vez, lo abrazó.
Apretó esos fuertes músculos con sus manos y sus brazos, clavando sus uñas en la espalda del Príncipe. Su rostro se hundió por completo en el cuello de él.
Ambos respiraron con dificultad.
—Debo mirarte... —Susurró ella—. Y quien tendrá problemas si no lo hago serás tú, yo no...
Clavó más sus uñas en la espalda, logrando que él la arqueara. El movimiento lo hizo alejarse del cuello, quedando hacia arriba su cabeza.
Abrió los ojos y se encontró con el techo.
"No puedo mostrarme...".
La situación se había ido de las manos de ambos... ¡Trunks no quería llegar tan lejos!
"Fui demasiado imprudente… ¡Era obvio que yo reaccionaría así! Pero juro que no sabía que Pan también reaccionaría de esta forma…".
Y lo peor ocurrió:
Pan se apretó más a su cuerpo, furiosa por haber sido alejada del cuello de él... Cuando se abrazó más a Trunks sintió algo golpeando contra ella, contra su estómago... un algo demasiado férreo y completamente desconocido.
Gimió sin comprender y él se sonrojó.
¡Sí! Trunks estaba demasiado excitado... Iba a explotar en cualquier momento.
Invadida por la incertidumbre, Pan intentó soltarse… mas no lo logró, el Príncipe la tomó con más fuerza.
—Lo siento... —Le dijo al oído.
¡Él estaba excitado! La deseaba y eso la confundía...
"No puedo...", lloró la muchachita.
Quiso decirle, gritarle que la soltara, pero no podía...
Su boca no reaccionaba, su cuerpo tampoco... Se agitó de más y el mareo se intensificó.
Trunks quería unirse a ella en ese preciso instante, incluso ignorando parte del ritual... Deseaba unirse sin sexo alguno, la mordida le importaba más que el acto en sí.
¡Y eso que se moría de ganas de poseerla! Pero la sangre estaba primera, él quería esa sangre más que a nada.
Se separó levemente de ella pero aún aferrándola con una de sus manos, la cual hacía fuerza en la cintura de ella, la pequeña cintura adolescente cuyas curvas eran tan pecaminosas hasta el punto de doler.
Intentó recuperar el aire pero no lo logró, fijando su vista en el pañuelo que tapaba los ojos de Pan.
Ella apretó los dientes y no pudo hacer nada contra las acciones del Príncipe.
Del pañuelo Trunks pasó al cuello, quedándose allí su mirada.
El cuello le hablaba, le decía que no lo dudara más, que lo mordiera... ¡Que mordiera a Pan con todas sus fuerzas!
El aroma de la sangre... Ya conocía ese aroma de Pan, lo había sentido al salvarla en Tramat. Pero no le había prestado atención, ¡en aquel momento no pensaba en nada más que salvarla!
¡Quería prestarle atención! Quería sentirlo aunque fuera una vez...
Y ni hablar de sentir el sabor de ese néctar rojo que navegaba por las venas de aquella muchachita...
Soltó su cintura y dirigió su mano directamente a su nuca, hundiendo su rostro por completo en el blanco y apetecible cuello.
Con la otra mano inmovilizó el brazo derecho de Pan.
—Quiero unirme a ti... —Le dijo, ya sin cordura que lo salvara—. Si no lo hago moriré...
Pan entró en crisis ante esas sentidas y honestas palabras.
Trunks abrió su boca y, por primera vez, tuvo el privilegio de besar ese cuello, succionándolo sin delicadeza alguna. Lo raspó con sus dientes sin ser consciente de lo que hacía, excitando tremendamente a Pan.
Pero no sólo la estaba excitando... La estaba asustando.
Como un botón en su memoria, automáticamente y frente al acto apasionado de Trunks, Pan recordó a Tramat, el planeta donde todo había empezado...
Esta vez, eso sí, no recordó en absoluto a Trec... Recordando más bien a aquellos dos asquerosos saiyan de Clase Alta, a esos dos cerdos traidores que casi la habían violado...
Y su cuerpo dejó de sentir excitación en ese preciso instante, soltándose del fuerte agarre de Trunks con todo su poder.
—¡NO PUEDO! —Le gritó temblando y con sus ojos aún tapados—. ¡No puedo! ¡Basta! ¡BASTA!
Cayó al suelo envuelta en temblores, llorando y gritando incoherencias, completamente fuera de sí.
Trunks seguía arrodillado frente a ella, observándola excitado, asustado y confundido.
"Entonces... Ella no me desea...".
Cerró sus ojos con resignación.
"Yo lo sentí, sentí que ella me deseaba...".
Apoyó sus manos en el suelo, sintiéndose completamente derrotado.
"Pan jugó conmigo...".
—Vete —Le pidió en un susurro pausado y adolorido—. Vete de aquí en este preciso instante...
Pan se dio cuenta de que lo había herido, pero no dejó que eso le importara.
—¡No puedo hasta que vea tu rostro! ¡ENTIENDE! —Le gritó con todas sus fuerzas—. ¡Sigues siendo un guerrero sin rostro para mí! ¡No puedo confiar en ti hasta que te mire a los ojos! ¡NO PUEDO! —Y se sentó en el suelo, abrazando sus piernas—. No puedo...
Luego de eso, Pan lloró con todas sus fuerzas, al igual que Trunks.
Sí... Trunks lloraba pero no sabía bien por qué.
¿Ella había jugado con él o realmente había sentido algo frente a esa escena?
"Dudo mucho que estuviera jugando...".
Eso sentía.
¿Hasta que lo viera a los ojos? Eso tenía mucho sentido...
Debía mostrarle sus ojos a Pan, sino jamás la tendría a su lado.
Sino jamás se uniría a ella...
Sin rostro, Trunks no se diferenciaba mucho a esos horrorosos violadores de Tramat...
Pero... ¿cómo hacerlo? ¿Cómo si aún no conocía del todo su otra naturaleza?
¡¿Cómo frente a una batalla tan importante?!
Y una idea vino a su atrofiada mente.
No se atrevía a decírselo, tenía miedo de su respuesta...
"Pero si ella me desea, entonces aceptará...".
Limpió sus lágrimas y la miró seriamente.
—Te mostraré mi rostro luego de la batalla —Le prometió sin toda la convicción necesaria—. Para hacerlo, debo ir a un lugar primero... Y me gustaría mucho que tú me acompañaras...
Pan logró calmarse un tanto debido a esas palabras, pero su confusión no hizo más que crecer.
—¿Qué lugar?
Y él volvió a llorar.
—Al lugar en que nací... —Susurró—. Y sólo eso te diré por ahora.
Se levantó y se fue del baño, acostándose en su cama y tapando su cabeza con la almohada, intentando ahogarse y muriéndose de ganas de aprovechar el espejo roto para cortar nuevamente sus muñecas.
¿Realmente la Tierra era el lugar en que nació? No lo sabía bien, pero eso sentía en su corazón...
En su oscuro y herido corazón...
Pan se quitó la venda de los ojos y observó el desastre que el espejo roto había ocasionado en el suelo.
Mecánicamente, la Clase Baja se puso a limpiar ese desorden, no deseaba que él se cortara de nuevo.
Era mejor prevenir que curar...
Luego de barrer los cristales y llevarlos a la cocina envueltos en telas, Pan volvió a la habitación, notando a Trunks sobre la cama.
—Te vas a ahogar... —Volvió a su acostumbrada frialdad.
—Eso ya no importa... —Lo escuchó decir—. Es la única manera de calmarme...
La barrera entre ambos se había roto, ya no había pared que los separara... Ambos sabían lo que sentían y lo que querían, pero seguía faltando una cosa...
"¿El lugar en que nació? ¿Acaso no nació aquí?".
Lo miró fijamente y algo la hizo pensar.
"Si el problema es su cabello y sus ojos...".
—Eres saiyan, Trunks... —Susurró sin realmente desearlo, más bien necesitándolo.
¿Qué iba a contestarle luego de tantas revelaciones?
"Ya no me importa si sospecha... ¡No me importa!".
—Sí, pero no tanto como me gustaría...
Y eso hizo que Pan abriera enormes los ojos.
"No puede ser...".
Con eso ya le había dicho mucho, debía encerrarse en el laboratorio lo más pronto posible.
Dejó de observarlo y eso hizo, cerrando la puerta de un portazo.
No tuvo fuerzas para ir bajo la mesa, derrumbándose contra la puerta que acababa de cerrar.
Quiso volver a abrirla, pero no debía hacerlo...
"No hasta que pueda confiar por completo en él...".
¡Pero quería abrirla! Por más que no pudiera eso deseaba...
Tocó su cuello y lo sintió irritado, seguramente Trunks la había marcado entre beso y beso.
Suspiró con desgano y recostó su cabeza en el suelo, tapando su avergonzado rostro con sus manos.
Ya no había Trec que valiera, incluso sin ver a Trunks había llegado muchísimo más lejos...
"Es Trunks quien me hizo sentir como una mujer...".
Era él, y no otro.
Era al Príncipe al que deseaba unirse.
Nota Final del Capítulo XVIII
Amo a Raditz, siempre me encantó este personaje... Por eso quise darle su pequeño pero significante protagonismo en esta historia, quise mostrarlo como lo que creo que es: un gran guerrero y un gran hombre.
En DBZ, cuando Raditz está a punto de morir frente a Piccolo, le dice a éste que estaba seguro de que sus compañeros (Nappa y Vegeta) lo salvarían con las dragon balls... Como bien sabemos, eso jamás ocurrió y me pone triste que así haya sido. Como Bardock, creo que Raditz tenía mucha personalidad y podría haberle dado a DB mucho más que esos pocos capítulos... ¡Me hubiera encantado volver a verlo! Desgraciadamente no se pudo, por eso acá queda incluido.
Cuando Raditz le dijo eso a Piccolo sentí que en el fondo era bueno, que si era malvado era porque así lo habían educado, no porque realmente lo fuera... Sentí cierta inocencia al escuchar esa frase, la cual me hizo sentir mucha pena por él.
En fin... Como mucho no conocemos a Raditz intenté apegarme a lo poco que sabíamos... Lo considero un hombre serio y de mucho carácter, con un lado ciertamente bondadoso pero que aflora en muy específicas ocasiones. Este es el Raditz que yo sentí al ver la serie y por eso así lo hice acá.
Y Trunks y Pan, bueno... XD
Intenté hacer algo "erótico" pero sin acto sexual alguno, algo que le permitiera a Pan conocer más en profundidad a ese hombre sin rostro al cual desea debido a su poder, quise que se diera cuenta de qué tanto le importa y atrae... Espero haber logrado algo más o menos bueno XD
Algo que me atraía al empezar el fic era hablar un poco sobre el instinto, ese en el cual yo creo con todas mis fuerzas (?). Yo creo en que por un aroma o por una cuestión de "piel" podamos perder el control frente a una persona específica, creo en la falta de cordura en ciertas situaciones... ¡Y ni me imagino cuánto de eso tendrán los saiyans! Por eso este capi se lo dejo al instinto, al que yo imagino en los saiyans.
Mil gracias por los comentarios que vienen dejándome... Me alegro infinitamente de que les guste este fic, espero no defraudarlos cuando los más grandes misterios se desvelen... n.n
Respondiéndole a Alexeigirl (si, si... no debo hacerlo acá, pero quería compartir mi respuesta con uds n.n): es un placer usar mi tiempo libre para escribir este fic, no sólo para que quienes disfrutan de los fanfictions puedan leer una historia que, con todo mi esfuerzo, intento que sea lo mejor posible, sino también porque me hace muy bien escribir y descargarme, decir lo que pienso a través de esta historia...
Es una catarsis necesaria para mí XD
Internet, últimamente, me aburre en demasía... Así que mis minutitos de ocio en la computadora los uso para escribir esto con mucha alegría... ¡Espero sigan disfrutando la historia!
Y... ¡estoy de vacaciones! Así que voy a intentar terminar este fic durante estos meses... n.n
Mil gracias, me siento muy agradecida por la buena onda que me transmiten.
Uy, otra vez alargué demasiado la nota final, perdón u.u
Cualquier duda pueden escribirme, ¡saludos!
Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.
