PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XIX

"Algunas verdades"

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—Así Nappa jamás te encontrará... —Raditz colocó la tiara que hasta hacía un momento mantenía oculto su poder a Zuzik, quien se sorprendió por la extrema utilidad de aquel extraño objeto.

—¡Ahora entiendo...! —ella esbozó una pequeña sonrisa—. Así es como espiaste a Nappa durante todos los días que he sentido tu aroma alrededor de la casa...

Raditz, entre acto y acto, le había contado a Zuzik sobre los traidores y el cerdo, sobre su sobrina nieta escondida en el cuarto del Príncipe y sobre la batalla que se avecinaba...

Ella odiaba a Nappa, lo sabía y no le cabía la menor duda de ello: ¡no desconfiaba de ella! Por eso se lo había contado.

No estaban unidos en vano.

La conocía demasiado, sabía que ella tenía gran potencial para ser aliada en tan compleja situación.

—No diré nada... —Zuzik apoyó sus pechos contra el torso del Clase Baja, quien deseó poseerla una vez más—. Ahora estamos juntos de nuevo y no permitiré que nada nos vuelva a separar...

Raditz rió brevemente, separándose de ella para sorpresa de la mujer.

—Si sobrevives a la batalla me demostrarás que sirves, ¿de acuerdo? —y se besaron—. Luego de matar a Nappa veremos qué sucede con nosotros...

Zuzik se deprimió.

—Creo que me entusiasmé de más... —susurró.

—Sí —le contestó Raditz sin tacto alguno.

—De acuerdo... —y ella le sonrió rebosante—. ¡Ya verás! Te demostraré qué tanto sirvo...

Se besaron nuevamente y se vistieron como pudieron, pues la ropa de ambos estaba destruida, cortesía del feroz acto que había vuelto a unirlos.

Se miraron por última vez y Raditz volvió a su casa.


Quiero unirme a ti... Si no lo hago moriré...

Pan se despertó de un salto.

¡No podía dejar de pensar en él! Trunks la estaba volviendo loca, ¡el aroma se había vuelto más delicioso e insoportable que nunca!

Su orgullo ya no valía, estaba más que entregada.

¡Había una batalla dentro de pocos días, y ella pensando en cosas que no venían al caso y con las cuales no debía perder el tiempo!

"Debo volver a centrarme en mi verdadero objetivo: vengar a Trec y a mi escuadrón".

Se sentó en el suelo, justo al lado de la puerta de donde no se había movido luego de la tensa situación con el Príncipe, y se enfadó mucho, poniendo la peor cara que tenía.

"¿Entregada, yo? Por favor, no me hagan reír...".

Quería matar a Trunks, pero no sólo eso deseaba y necesitaba...

Se deprimió.

"Sí, entregada... Pero no debo dejar que esto me gane, no debo dejar de ser yo misma".

Recordó una vieja charla con su madre, la cual logró emocionarla.

Días antes de ir a Tramat, ya era notorio para todos (por lo menos para los atentos) que entre Pan y Trec sucedía algo...

Videl notó la complicidad entre ambos jóvenes, decidiendo hablar con su hija al respecto.

—Mamá...

Realmente los extrañaba mucho a todos...

Pan acababa de volver de un entrenamiento: Trec y ella habían peleado toda la tarde, oportunidad que Pan había aprovechado para hacerle notar lo más posible al Clase Baja que ella realmente lo pretendía, que todo ese "juego" no era tal cosa para la bisnieta de Bardock...

Llegó a la casa y se bañó y comió junto a toda su familia, dirigiéndose a descansar al exterminar la comida junto a su abuelo Kakarotto.

El deseo le daba hambre, era demasiado insoportable.

Se recostó en su cama pensando en Trec y en el poder que él demostraba, en su terca personalidad y avasallante actitud, cuando su madre, Videl, entró.

¡Mamá! Odio que entres sin permiso... —recriminó a su viva imagen.

Sí, Videl y ella eran enormemente parecidas, excepto por el cabello: ambas lo tenían corto, pero Pan lo tenía un poco más largo, por los hombros.

Su madre rió, sentándose a su lado en la cama.

Somos mujeres —explicó—. No hay problema en entrar así a tu habitación... ¡Si yo fuera hombre y tú estuvieras cambiándote ahí sí tendrías derecho a enojarte! Pero no en estos instantes, pequeña.

"Pequeña"... Su madre siempre la llamaba así. A Pan le irritaba terriblemente ese apodo, pero sabía que Videl no lo hacía con mala intención.

Le dedicó, amorosamente, su peor cara.

¿Qué quieres? —le preguntó bruscamente.

Videl la observó altiva.

Trec —Le dijo, logrando activar el rojo en las mejillas de Pan.

No sé de qué hablas... —intentó hacerse la inocente, cosa que siempre le salía mal, era muy poco creíble.

Su madre despeinó su cabello en un extraño gesto de cariño.

¡Ya has elegido un muchacho! —exclamó entre risas orgullosas de madre—. ¡Espero sea fuerte, sino tu bisabuelo, tu abuelo y tu padre se van a enfadar mucho!

¿Y tú? ¿Te enfadarás? —Pan odiaba que las mujeres se excluyeran a la hora de hablar sobre combates y cosas por el estilo, nunca había entendido ese tipo de cosas...

Yo lo mataré si es que no te merece —y Videl sonrió.

Pan la imitó, quedando fascinada con la convicción y el carácter de su madre.

No había motivos para avergonzarse... Si Trec y ella seguían como hasta ese momento, se iban a unir y todos lo iban a saber.

Es fuerte —le contó a su madre—. No tanto como mi bisabuelo, pero es muy fuerte...

Videl siguió sonriéndole.

Así me gusta, hija —dijo—. Pero espero no estés comportándote como una chiquilla con él...

Pan abrió enormes sus ojos.

¡¿Qué insinúas?! —se sentó sobre el colchón y levantó sus puños, furiosa.

Videl se cruzó de brazos y la miró de mala manera.

Nunca te le regales a un hombre —le dijo severamente—. Tienes MUCHO carácter y por eso sé que no lo harás, pero mi deber como madre es decírtelo de todas formas.

Pan se relajó pero no del todo.

Por supuesto que no... —aunque sí se había mostrado un poco más "entusiasmada" de lo normal con él, ¡era inevitable! Ese muchachito la enloquecía.

Pero, eso sí, su entusiasmo era muy a su estilo, no era algo que fuera de la mano con lo convencional en Vegetasei.

Videl volvió a sonreír.

Esa es mi hija —contestó—. Las mujeres saiyan no tenemos una vida fácil... —y su rostro se ensombreció—. Nos presionan por todas partes y las únicas que podemos protegernos somos nosotras mismas... Estamos solas en este planeta.

Pan se puso más seria que su madre.

Muchas se han resignado a ser damas —habló obstinadamente—. ¡Yo no soy así! No soy ninguna niña débil que deba ser protegida...

Y vaya que no lo era....

Ser femenina y delicada era signo de debilidad para los hombres saiyan, por eso Pan odiaba ese estereotipo, lo odiaba con toda su alma. No por ser ese estereotipo menos apto a llamar la atención de los hombres, sino porque ese estereotipo era demasiado asqueroso para ella... ¡Era una guerrera y no iba a comportarte como algo que no era!

Videl adoptó una mirada más calmada.

Después de la batalla con Freezer —relató su madre—, quedamos muy pocas mujeres. Los hombres siempre habían protegido mucho a las hembras saiyan puesto que son indispensables para la perpetuación de la especie... —se puso más seria aún—. Pero después de esa batalla quedaron tan pocas que los hombres nos protegieron demasiado, así hasta hoy...

Odio eso —le dijo a su madre—. Odio que me protejan.

Lo sé —y su madre volvió a despeinar su cabello—. Y está bien... ¡Nunca te rebajes frente a un hombre! Quiérelo, cuídalo, pero jamás permitas que te trate como a un ser inferior, no permitas que te golpeé a menos que estén entrenando, no te entregues fácilmente... ¡No pierdas tu carácter frente a nadie! Ni siquiera frente a tu hombre...

Pan sonrió, y no de una forma burlona sino más de una forma sincera.

Jamás, mamá... Antes tendrán que matarme.

Y se abrazaron, cosa que no hacían muy seguido, pero que ambas sintieron en el alma que debían hacer en ese momento...

Vio emoción en el rostro de su madre, suponiendo que ésta significaba orgullo de verla crecer...

¡Jamás defraudaría semejantes palabras! Ni a semejante mujer...

Abrazó sus rodillas y lloró levemente.

—Los echo de menos... —todavía faltaban dos días más, dos eternos días para verlos...

"Odio ponerme tan sentimental...".

¿Se estaba rebajando frente a Trunks?

"No, no me estoy rebajando... Si me hubiera rebajado habría permitido que me hiciera lo que él quisiera...".

Eso era muy cierto.

¿Y si salía por la puerta en aquel preciso instante, se estaría rebajando?

"No lo sé...".

La inquietud entre sus piernas aún le molestaba, sabía muy bien que estaba excitada, que realmente deseaba a Trunks, pero...

"Debo verlo primero".

Entonces, recordó la última frase de él horas antes:

Eres saiyan, Trunks...

Sí, pero no tanto como me gustaría...

"Él tapa su rostro...".

Pan volvió a recostarse en el suelo, sin salir de al lado de la puerta por alguna extraña razón.

"Pero no es por su rostro en sí, es por otra cosa...".

Él le había dicho que sus ojos y su cabello eran "distintos"...

"Pero no había signos de que fueran deformes o algo así... Aunque su cabello era demasiado lacio y suave para ser saiyan...".

Al lugar en que nací...

"No es por su rostro en sí que se oculta... Es por sus ojos y su cabello".

¿Pero qué podía ser lo "distinto"?

¡¿Qué?!

Y la respuesta vino a ella casi sin desearlo...

"Los ojos y el cabello saiyan son particulares a la vista por UN solo motivo".

—Los colores...

Sí, los colores siempre eran oscuros, nunca claros, los ojos SIEMPRE negros y el cabello siempre oscuro, en gamas que iban del rojo al azul hasta el negro propio, pero siempre eran oscuros...

Al lugar en que nací...

"¿Y sí su madre no es saiyan?".

Palideció al pensarlo.

"Su padre es saiyan, ¡él tiene cola y es muy fuerte!"-

La creencia popular decía que un híbrido, mezcla de saiyan con otra raza, siempre nacía débil.

¿Había pruebas de eso? No, pero a esa altura aquella creencia ya estaba instaurada en la sociedad.

"Trunks no es débil, madre mía que no lo es...".

Se tapó la boca para que su grito no fuera audible.

"Un híbrido...".

Sabía demasiado, ¿cómo podría llevar esa carga a partir de ese momento?

Y peor aún, ¡¿Ella deseaba unirse a un híbrido?!

"Yo deseo unirme a alguien fuerte, me importa muy poco si es un híbrido...".

No se convenció demasiado ante ese pensamiento.

"No lo sé...".

Volvieron las dudas, las cuales se irían SOLO cuando viera a Trunks.

—No sé...

¿Qué era más fuerte, el rechazo popular o su fuerte deseo?

El aroma de Trunks se sentía por todas partes, embelleciendo mágicamente el aire.

"La respuesta es tan obvia que me duele...".


"Hoy vuelve papá", ese fue el primer pensamiento que tuvo Trunks al despertarse por la mañana.

Pan golpeó la puerta y se puso pálido, no esperaba escuchar ese golpe a tan sólo segundos de despertarse.

Se puso la capucha y le avisó a Pan que pasara.

—Buenos días... —susurró con timidez.

Mas no tuvo respuesta, Pan se metió en el baño sin pronunciar palabra alguna.

Se cambió y puso el casco rápidamente, y ella salió del baño... Tampoco hubo diálogo.

Cuando Pan se encerró en el laboratorio de nuevo, Trunks se sentó sobre su cama y respiró resignado.

"Me odia".

Quiso llorar pero Pan volvió a salir.

—Entrenemos, sabandija —le dijo autoritariamente y ya vestida con su uniforme—, entrenemos antes de que vuelva el imbécil de tu padre.

—Está bien... —contestó en voz baja.

Ella salió primero de la habitación, seguida por él con el rostro más triste.

"Otra vez hay una pared entre nosotros...".


—Vegetasei... —murmuró dentro de su esférica nave, observando por ésta su planeta natal, al cual estaba a punto de llegar luego de siete días fuera.

Vegeta acababa de terminar un duro entrenamiento a lo largo del universo, habiéndose vuelto, otra vez, más fuerte.

Sonrió satisfecho.

"No me ganarán... Ni toda la elite unida detrás de Nappa logrará derrotarme, yo solo sería capaz de matarlos a otros... ¡Soy el saiyan más fuerte del universo!".

Y que orgullo le daba saberlo...

Ni el mismísimo Broly sería capaz de derrotarlo...

"Pero no deseo pensar en él".

Cerró sus ojos, poniéndose pensativo.

Su primera visita durante su viaje había sido el planeta Tierra, hogar de la mayor parte de sus pecados, de sus malas acciones...

¿Deseaba seguir escondiendo la verdad a Trunks?

"Es aburrido seguir guardándome todo".

Se cruzó de brazos con fastidio.

Verla a ella allí, a la mujer que había abandonado hacía ya tantos años... Verla tan hermosa, como siempre la había soñado...

"Ella es feliz y Trunks no".

Jamás lo admitiría, pero el afortunado destino de ella y el desgraciado destino de Trunks lograban irritarlo.

Trunks merecía saber la verdad, siempre lo había sabido, pero ahora lo comprendía aún más.

Y todo debido a ella, a su débil muchacha, al tercio más inexplorado de su corazón.

Tenía que equilibrar la balanza a favor de Trunks, Bulma se lo había pedido en sueños durante esos siete días...

"Pero ya es tarde, el chiquillo jamás será feliz".

Triste pero real.

"Bulma, casi logro sentir tus gritos desde aquí...".


—¡Vaya...! —murmuró su padre—. Entonces estábamos en lo cierto...

Kakarotto y su hijo Goten estaban bañándose a la intemperie, cosa que todo hombre de Clase Baja hacía en la parte trasera de su casa.

Cada uno ocupaba un barril alargado y cilíndrico de un material parecido al metal, calentado apropiadamente antes del aseo. Estaban uno al lado del otro, mirándose.

Goten metió la cabeza bajo el agua unos instantes, respirando al salir.

—Sí... —Goten respondió en el mismo tono reservado—. ¿No te pone contento? Mitad terrícola...

Goten bien sabía cuánto amaba su padre a ese lejano planeta.

Kakarotto sonrió.

—Creció aquí y a veces no lo parece —dijo—. Tiene la sensibilidad de un terrícola —y recordó a su abuelito Gohan por unos instantes—, claro que no todos son sensibles, pero algunos sí. Realmente no me sorprende... De alguna manera siempre lo supe.

Ambos se sonrieron.

—No permitiré que lo juzguen —susurró Goten seriamente y con convicción—. No lo merece.

Su padre adoptó el mismo semblante.

—No, no lo merece...

Siguieron aseándose y Goten miró preocupado el tercer barril presente, el cual había preparado para su tío Raditz.

—Mi tío no se levantó aún... —se permitió hablar más fuerte frente al cambio del tópico—. Que raro...

Kakarotto puso su mejor cara de despreocupación.

—¡Ayer llegó muy tarde! —gritó entre risas—. Dejémoslo descansar y vamos a entrenar, Goten... ¡Sólo nos quedan dos días más para hacerlo!

El más joven no se convenció del todo ante el comentario de su padre, pero aceptó.

—Ok... ¡Sequémonos y, antes de entrenar, comamos algo!

Y eso hicieron padre e hijo luego de salir del agua.


—¡Atácame! —Pan le propinó un descomunal puñetazo en la boca del estómago, derrumbándolo hacia el inevitable suelo—. ¡¿Qué mierda te sucede hoy?! ¡HAY QUE ENTRENAR! Hoy vuelve tu padre y ya no podremos hacerlo... ¡Gáname! ¡Atrévete a ganarme, cobarde!

La muchachita estaba más concentrada que nunca y a diferencia de él, que estaba distraído y emocional, completamente imposibilitado de pelear con propiedad.

No dejaba de recordar la noche anterior, excitándose al hacerlo y avergonzándose también.

"La ofendí y me rechazó, ya la perdí...".

Estaba demasiado triste y, para colmo, ese mismo día volvería su padre... ¡No deseaba verlo!

Debía demostrarle su fuerza a Pan, pero ¿para qué? Si ya había perdido toda posibilidad frente a ella...

Se levantó del suelo y la observó en medio del aire, a pocos metros del techo del Palacio. Decidió atacarla, yendo hacia ella y combatiendo cuerpo a cuerpo durante varios minutos, hasta volver a ser dirigido al suelo, cortesía de una fuerte patada de Pan.

Cuando cayó sobre el mármol del piso, la puerta del Palacio se abrió de par en par.

—¡Pero qué sorpresa! —escuchó decir a su padre en tono burlón—. Me voy por unos días y, cuando vuelvo, me encuentro con mi imbécil hijo siendo rebajado por una NIÑA...

No llegó a reaccionar que Vegeta lo estaba pateando.

—Muy débil —lo retó su padre mientras lo golpeaba en la espalda—. ¡Es sólo una chiquilla de Clase Baja! ¡¿Qué no te da vergüenza?!

Los golpes pararon y escuchó cómo Pan aterrizaba en el suelo.

Se levantó y vio a su padre y ella mirándose fijamente...

—Basura —espetó ante la ofendida y hambrienta mirada de Pan—. Muy joven y muy débil... Mi hijo debe estar loco por ti para estar perdiendo un combate tan fácil...

Eso sí que logró avergonzar al Príncipe...

—¡Papá! —le gritó, poniéndose entre él y Pan—. No deseo hablar contigo, ¡no molestes!

Vegeta se sorprendió por la honestidad de su hijo.

—¡Bah! —le dio la espalda entre risas—. Yo tampoco deseo verte... Voy a mi cuarto, pero antes déjame decirte algo —y volvió a mirarlo.

Trunks lo escrutó con la mirada, sin poder evitar abandonar un dejo de rencor en ésta.

Vegeta volvió a sonreír.

—No pongas en vergüenza a la Realeza... —lo amenazó tomando fuertemente su brazo, logrando que su hijo lo mirara con detenimiento—. ¡Faltan dos días para la batalla más importante desde la guerra con Freezer! ¡ENTRENA COMO SE DEBE, MOCOSO! Esta noche tú y yo pelearemos sobre el techo del Palacio, te espero cuando oscurezca... ¡Y no acepto un "no" por respuesta!

Tironeó del brazo y Trunks cayó, derrotado y rebajado, al suelo.

Antes de irse y luego de humillar frente a una fémina a su hijo, Vegeta fijó su vista en ella.

—Así que tú eres Pan... —la observó de pies a cabeza, mostrándose más que asqueado—. Por tu culpa este solemne Palacio huele a Clase Baja... ¡Cuando esto termine espero te vayas a donde perteneces!

Para su sorpresa, Pan no hizo más que sonreírle, cargando a ese gesto de una soberbia que hacía tiempo no veía.

—Creo que tendrá que ir acostumbrándose a esto, Rey Vegeta... —aseguró con ironía la muchacha.

Vegeta se sorprendió por la misteriosa respuesta.

—¡¿A qué mierda te refieres, niñita insolente?! —inquirió sin paciencia. Más se irritó al ver como Pan se iba de allí, sin abandonar en ningún momento su sonrisa marca Bardock.

—Déjala, padre... —Trunks se levantó del suelo, aún atontado por los golpes y con un sentimiento indescriptible en su pecho, el cual acababa de nacer al escuchar a Pan—. Ni se te ocurra acercarte a mi cuarto...

Y se marchó, dejando a Vegeta con sed de pelea.

"¿Acaso se habrán unido? Eso no me parece, este chiquillo no se atrevería a hacerlo...".

Sin embargo, una marca en el cuello de Pan había relucido ante sus ojos.

"Pero si la ha elegido... Aunque no sé si ella lo habrá elegido a él".

Envuelto en una gran confusión e ira, Vegeta fue hacia su cuarto, hacia su ventana, hacia su eterno silencio y remordimiento...


Creo que tendrá que ir acostumbrándose a esto, Rey Vegeta...

¡¿Qué significaba esa frase?!

Pan había logrado sorprenderlo de una forma desgarradora, dejándolo totalmente confundido.

Corrió, como pudo, hacia su cuarto, entrando en él esperando que Pan no se hubiera encerrado en el laboratorio.

Al cerrar la puerta y voltear en dirección a éste, no pudo sorprenderse más.

Pan estaba frente a la cerrada puerta del laboratorio, dándole la espalda.

"¿Acaso me estaba esperando?".

—Pan... ¿Qué fue eso? —preguntó acercándose a ella, quien no volteó en ningún momento, aún cuando el Príncipe estuvo a un paso de ella.

Rió brevemente.

—No te lo diré... —aseguró fríamente—. Hoy peleaste pésimo, no lo mereces.

—Lo siento... —susurró avergonzado—. No tuve fuerzas para pelear bien... No después de lo de anoche.

Vio como Pan apretaba sus puños.

—Deja de ser débil, principito... —musitó—. Tu sensibilidad no me conmueve en lo más mínimo.

Trunks cerró los ojos ante el ataque verbal.

—¿Por qué le dijiste eso a mi padre? —inquirió luego de una debida pausa, en la cual se dio cuenta de que si le hablaba con ternura y bondad no lograría sacarle nada.

"Ella quiere que sea rudo, que me comporte como un hombre...".

Pan suspiró.

—No te lo voy a decir, te lo acabo de avisar —dijo secamente—. No te lo diré hasta pasado mañana...

Trunks volvió a abrir sus ojos.

—¿Pasado mañana? ¿El día de la batalla?

¿A qué se refería Pan con eso? ¿Qué pretendía?

—Pasado mañana, sí... —ella volteó finalmente, clavando sus ojos más que nunca en el casco del Príncipe—. Hasta entonces entrenaré sola en el laboratorio... No romperé nada, no te preocupes—y volvió a darle la espalda—. No quiero que me dirijas la palabra hasta entonces, nos hemos ido de tema, hay una venganza por cobrar...

"Vengar a Trec... No lo ha olvidado", pensó Trunks, invadido por una fuerte tristeza.

Pan no tenía idea de cuánto acababa Trunks de malinterpretarla…

Pero eso era cierto, debían cobrar venganza por tantas muertes dentro de dos días...

—Está bien... —aceptó el Príncipe—. Yo... —iba a agregar algo, pero no lo hizo.

"No hay nada que agregar...".

Contuvo sus lágrimas.

"Ya la perdí...".

Esa frase había representado un haz de luz en la vida de Trunks, realmente había pensado que ella lo había elegido, pero todo había sido impresión suya...

"Es tarde, ayer lo arruiné... Arruiné toda pequeña posibilidad de unirme a ella".

—Iré a dar una vuelta, nos vemos... —Trunks le dio la espalda a Pan, ya que si seguía mirándola iba a llorar, cosa que no quería –o, más bien, no debía– hacer.

Al sentir cómo él cerraba la puerta del cuarto, Pan se metió en el laboratorio, encerrándose allí.

"Así será mejor... Por lo menos hasta la batalla".

Cerró sus ojos con fastidio, derrumbándose contra la puerta y abrazando sus rodillas.

—Debes aprender a ser fuerte, Trunks...

"Por favor entiende… Si me uno a ti antes de la batalla me desconcentraré de más, no debo ser tan irresponsable".

—No debo regalarme… No ahora.


Giró a lo largo y ancho de Vegetasei, deseando que oscureciera lo antes posible.

Estaba furioso consigo mismo, decepcionado y frustrado, se sentía la peor basura de la galaxia.

Y todo por ella...

Deseaba unirse a Pan, la sangre que corría por sus venas se lo exigía de una manera violenta.

Quería tenerla para él solo, a su merced. Quería besarla, golpearla y poseerla.

Quería morderla...

¡Quería tenerla en su cuarto para siempre! Así de desgarrador era su sentir...

Pero no, no se podía.

"¡Me odio tanto por eso!".

Finalmente y luego de horas de martirizarse sin fin, Trunks se dirigió hacia el Palacio, en cuyo techo su padre aguardaba pacientemente.

Aterrizó frente a él.

—Papá... —murmuró—. No estoy para estúpidas escenitas, peleemos ya.

Vegeta sonrió burlonamente.

—Si tanto lo deseas...

Y el combate empezó.

Trunks no estaba del todo concentrado, por lo cual Vegeta dominó el combate en principio. Al cabo de varios minutos el Príncipe ya estaba derrotado sobre el suelo.

—¡Los sentimientos te hacen débil! —aseguró su padre, caminando alrededor de él—. Esa muchachita te hace más débil que nunca... ¡siempre has sido débil! Todo por culpa de tus malditas emociones.

Lo pateó como horas antes, en la espalda y en el casco.

—¡Inútil! —lo siguió humillando—. Así serás el primero en morir en la batalla...

Vegeta estaba terriblemente irritado, la marca en el cuello de la mocosa, Pan, en las últimas horas se había vuelto cada vez más importante y asquerosa para él.

—Mocoso... —lo tomó del cuello y lo levantó en el aire, ahorcándolo—. ¡TE PROHIBÍ UNIRTE A UNA SAIYAN! —gritó, lanzándolo lejos de él, al punto de casi tirarlo del techo.

Trunks quedó tirado al borde de éste, imposibilitado de acto alguno.

—Cállate... —le suplicó a su padre—. Tú tienes la culpa de todo...

Vegeta rió a carcajadas.

—¡Así que ESE es el problema! —y fue hacia él, obligándolo a pararse—. Escucha atentamente, niñito... —le habló al oído, apretando fuertemente uno de sus hombros—. Si eres infeliz por no saber quién o qué eres, entonces demuestra que mereces saber la verdad...

Trunks se impresionó, soltándose del agarre de su padre y mirándolo fijamente.

—¿Qué intentas decirme? —le preguntó confundido.

Vegeta le dio la espalda.

—Si me derrotas te daré información...

"¡¿Qué?!".

Trunks encaró a su padre.

—¡¿Qué tipo de información?!

Su padre lo miró amenazadoramente.

—Derrótame.


Después de otro día de maravilloso y agotador entrenamiento, toda la familia, a excepción de Gohan, quien aún estaba entrenando con la Clase Media, se reunió en la casa de Bardock.

—Poco más de un día... —dijo luego de terminar de comer un enorme banquete hecho por Chichi—. ¡Ya puedo saborear la victoria! —Bardock estaba más que ansioso, siempre se sentía así antes de un combate importante.

Todos se mostraron de igual forma que él, a excepción de Raditz, quien estaba muy sumido en sus pensamientos, o eso parecía.

La mayoría se marchó a descansar, tanto entrenamiento lo ameritaba, menos Bardock, Raditz y Goten.

El hombre más joven de la familia se quedó por la única razón de querer hablar con su tío.

"Lució así todo el día, quiero saber qué le pasa...".

Bardock, sin que Goten lo sospechara, se quedó por lo mismo.

"Seguramente, este niño se quedó para habar con él... Bah, no perderé más tiempo".

—¿Qué mierda te sucede? —le preguntó a Raditz su padre.

Goten se sorprendió y Raditz ni se inmutó.

—Zuzik... —murmuró para sorpresa de los presentes—. Ayer la he vuelto a ver.

Goten gritó de sorpresa y Bardock quedó estupefacto.

—¿Y eso qué? —le preguntó—. Quiero creer que ver a esa traidora no te afectó en lo más mínimo...

Raditz rió.

—Te equivocas —contestó mirando fijamente a su padre—. Dejó a Nappa... Estoy sorprendido de que él no haya aparecido por aquí buscándola.

—¡¿De verdad?! —Preguntó Goten—. ¡Entonces...!

—Vete —pidió Raditz a su padre—. Es con Goten con quien deseo hablar.

Eso irritó al Líder de Clase Baja, pero de alguna forma lo entendió.

"Nunca admitirá un acto de debilidad en frente mío...".

Se retiró sin más.

Tío y sobrino quedaron solos, mirándose atentamente el uno al otro.

—Tío, tú... —Goten iba a hablar pero Raditz lo interrumpió.

—Antes de permitir que haberla visto me afectara —explicó—, me acordé de ti.

Goten parpadeó sin comprender.

—¿Yo?

—Sí... —Raditz se cambió de silla, acercándose a su sobrino y sentándose a su lado, donde estaba Kakarotto hasta hacía unos minutos—. Goten, ella no merece nada, pero fue el instinto quien me acercó a Zuzik... Ayer comprobé algo que temí durante 27 años: unirse a una mujer significa que jamás podrás negarte a ella, que jamás podrás olvidarla o rechazarla... Fue inevitable.

Goten se sorprendió y se sintió halagado a la vez: Raditz era un guerrero muy serio y de fuerte carácter, que estuviera diciéndole todo eso y habiendo pasado por alto a su propio padre era un honor para el muchacho.

Le sonrió sin pensarlo.

—Me alegra que haya sido así... —susurró—. Tío, ella fue una imbécil, sí... Pero si es con ella con quien quieres estar y si es contigo con quien ella desea quedarse... ¡Entonces está bien!

A Raditz le causaba gracia la eterna inocencia de su sobrino, pero era esa la característica que distinguía a Goten de los demás saiyans y de los demás miembros de su familia.

"Es irremediablemente bondadoso".

Rió junto a su sobrino.

—Aún no he decidido el futuro —le explicó—. Después de la batalla se verá... Primero lo primero: debo matar a Nappa con mis propias manos.

—Y yo te ayudaré... —agregó Goten con una media sonrisa muy significativa.

Siguieron hablando de cualquier cosa cuando todos los Scouter de la casa sonaron a la vez.

Goten corrió a su habitación a buscar el suyo –el cual siempre dejaba encendido desde que Pan estaba en el cuarto del Príncipe y por cualquier eventualidad– y se lo colocó sobre su ojo.

—Dos poderes de pelea descomunales... —le contó a su sorprendido tío—. El Príncipe Trunks y el Rey Vegeta...

Ninguno de los dos lo dudó:

—Vámonos —dijo Raditz a Goten—. ¡Tal vez Pan corra peligro!

Y volaron rumbo al Palacio a toda velocidad.


—¡Es una puta! —volvió a gritar por enésima vez en el día Nappa, quien no cesaba en buscar, sin éxito, a Zuzik.

Había sobrevolado todo el planeta, ningún rincón de Vegetasei había sido pasado por alto... ¡Pero nada! Su mujer había desaparecido de la faz del planeta, no estaba en ninguna parte.

Estaba en su cuarto, mirando la cama vacía, los muebles sin pertenencia alguna de ella...

"¡¿Dónde mierda se ha ido?!".

Lo primero que pensó fue que había vuelto con Raditz, cosa que logró hervirle la sangre... Sin embargo, cuando había ido allí para corroborar su hipótesis no logró encontrar nada, el Scouter no la detectaba ni ahí ni en ninguna otra parte.

"Es como si estuviera muerta...".

Destruyó su propia cama de un puñetazo, partiéndola a la mitad.

—¡Maldita puta! Y yo que te di todo... ¡Te dejé estar al lado del Líder de la mejor clase! Y nada... ¡Y nada!

Estaba furioso...

—Voy a adelantar el ataque...

Se dispuso a contactar por intercomunicador a Nice y Keu, sus más fieles súbditos, para así empezar un ataque sorpresivo contra la Clase Baja y el Palacio, cuando su Scouter aún prendido reaccionó.

Se lo colocó y pudo ver dos enormes poderes de pelea, enfrentándose no muy lejos de su casa.

—El Rey ha vuelto... ¡Y pelea con el engendro que tiene por hijo!

Voló hacia allí lo más rápido posible, olvidando el ataque casi había efectuado nublado por el odio y sin estrategia alguna.

"¡Debo dejar de ser tan imprudente...!".


Trunks se agitó por las palabras de su padre.

—Dime qué me dirás si te derroto... —exigió el Príncipe.

Vegeta caminó lejos de él, mostrándose más tranquilo que nunca.

—No te voy a decir NADA hasta que me demuestres TODO tu poder... Vamos, niñita llorona... —lo provocó—. Demuéstrame que has crecido.

Trunks cerró sus ojos y supo que debía hacerlo.

"Debo tranquilizarme y concentrarme... ¡Así, tal vez consiga algún tipo de información que me ayude a encontrar a mi madre!".

Gritó con todas sus fuerzas y fue hacia su padre.

Una lucha enardecida empezó y ambos sacaron lo mejor de cada uno. El combate iba tremendamente parejo.

No pasaron muchos minutos antes de que varios saiyans, de las tres clases, se acercaran a observar.

Siempre sucedía... Cuando el Rey y el Príncipe peleaban, todos iban a ver. Como eran los dos saiyans más fuertes era inevitable despertar la curiosidad de los mejores guerreros del planeta.

Trunks pudo ver, entre la creciente multitud, a Raditz y Goten... También vio a Nappa, luchando contra el deseo de ir a matarlo.

Pelearon parejos durante un largo rato, hasta que la balanza empezó a inclinarse hacia Trunks. Luego de varios puñetazos y en medio del aire, el Príncipe finalmente logró derribar a su poderoso y hábil padre, quien cayó al suelo sin poder evitarlo.

Trunks aterrizó a su lado y entre las miradas de los habitantes de Vegetasei.

—Vamos a tu habitación... —ordenó—. Aquí no podrás decirme nada...

Vegeta se puso de pie con menos dificultad de la pensada.

—Esto aún no ha terminado, insecto... —y el combate se reanudó.

A varios metros de distancia, Raditz y Goten observaban anonadados el terrorífico poder de la Realeza.

—¡Es genial! —gritó Goten completamente emocionado—. El Príncipe es el mejor de todos...

Bardock llegó unos momentos después.

—Dejé a Kakarotto con Chichi y Videl... ¡¿Qué mierda hacen aquí?! —retó a su familia—. ¡Se fueron más rápido que yo!

Tark llegó un instante después, acompañado de Gohan y otros dos Clase Media.

—¡Hacía mucho que no los veía pelear! —dijo asombrado al ver la función de puñetazos, patadas y rayos de energía del Rey y el Príncipe.

Mientras todos comentaban el furioso combate, Raditz notó a Nappa, quien se veía más irritado de lo normal.

"Sufriendo, ¿eh? Cuenta tus últimas horas, cerdo...".

Mientras tanto, en el techo del Palacio, Trunks tenía todas las de ganar, le estaba dando una verdadera paliza a su padre, envuelto en un halo de furia, de necesidad...

"¡Si no lo hago no sabré nada!".

Volvió a depositar a Vegeta en el suelo, quien lo observó amenazadoramente al acercarse su hijo.

"Maldito niño... ¡Cuando tiene ganas me supera mucho en velocidad! Si no me transformo en Súper Saiyan no lo derrotaré...".

Observó a la multitud de espectadores.

"Pero no deseo que ellos lo vean, ¡Ni siquiera quiero que Trunks lo vea! No hasta que mi máximo enemigo vuelva a Vegetasei con intenciones de derrotarme... ¡No hasta luchar contra esa sabandija!".

Trunks entrelazó sus manos y se propuso pegarle en el pecho a su padre cuando él lo interrumpió.

—¡Basta! —y miró a sus alrededores—. Lo has hecho bastante bien, vamos a mi habitación...

Trunks gritó de fastidio, ¡deseaba seguir peleando! A través de sus puños estaba liberando toda la frustración que tenía en su pecho...

"Pero necesito saber ALGO, lo que sea...".

—Vamos... —y ambos se fueron hacia el Palacio sin decir palabra alguna y para decepción de todos los presentes, los cuales se fueron marchando de a poco.

Raditz y los demás fueron los últimos en irse, más tranquilos al ver que Pan nada tenía que ver en ese supuesto entrenamiento improvisado.

O eso pensaban ellos...

Ya en el cuarto de Vegeta, el Rey lanzó a su hijo contra la pared y cerró la puerta. Fue hacia la ventana y la observó largamente.

Trunks quedó derrumbado contra una de las paredes laterales de la habitación, donde decidió sacarse el casco para observar mejor a su padre.

—Habla —le pidió—. Cuando matemos a Nappa y los traidores iré hacia la Tierra... Me duele admitirlo, pero... —apretó sus dientes con frustración—. Sin información alguna no podré encontrar a mi madre...

Vegeta rió.

"Como si pudieras encontrarla…".

—Me necesitas... —dijo y sin apartar la mirada de la ventana—. Bien... ¿Qué quieres saber? No responderé todo lo que tú quieras, sólo te diré lo que yo desee.

Trunks lo miró intrigado.

—Entonces dime lo que quieres decirme... No me hagas preguntar cosas como un inútil.

—ERES un inútil —sentenció su padre—. Pregunta, vamos...

"No voy a ser tan fácil, aprende a obtener lo que deseas por tus propios medios".


¡Que temblores tan terroríficos!

Pan se sorprendió por estos, dirigiéndose a la cama de Trunks, donde se sentó envuelta en total confusión.

"¡¿Qué mierda sucede ahí afuera?!".

Recordó el Scouter que había traído al Palacio junto con otras pertenencias, yendo hacia el laboratorio a buscarlo y volviendo a la confortante cama.

Se lo colocó y pudo ver dos asquerosos poderes de pelea.

—Trunks y su padre… —murmuró.

¿Estarían entrenando? ¡Pero claro! El Rey lo había citado a Trunks horas antes…

"¿Quién estará ganando? Me gustaría ver esa batalla…".

Aprovechó su soledad para reflexionar un poco.

"Pasado mañana…".

Se recostó en la cama y percibió ávidamente el fabuloso aroma real, con la maléfica intención de impregnar de su propio aroma aquella cama.

"No puedo dejar pasar más tiempo… Antes de ir a la batalla debo decírselo….".

Ella bien sabía cuán desanimado estaba él. No era su misión en la vida ir regando esperanza en la gente, pero Trunks estaba, de alguna forma, malinterpretando su silencio.

"Debe saberlo…".

Fue hacia la almohada de Trunks y se quedó abrazada a ella por unos momentos.

—Debo decirle lo que decidí…

"Debe saber que lo elegí…".

Pero no antes ni después, era antes de la batalla, justo antes de ésta, que debía decírselo…

"Si lo hago antes, él perderá el control".

—Bah, principito… —refunfuñó—. Con tu poder te lo has ganado…

"Te has ganado que yo te desee… ¡Y que me rebaje ante ti como una idiota!".

—Es por mi orgullo por quien debo esperar…

Si no lo hacía así, a la difícil, se sentiría la dama que no era.


¿Por dónde empezar? Había demasiadas cosas que el Príncipe deseaba saber...

Trunks cerró sus ojos y dejó que las palabras brotaran de su pecho.

"Debo aprovecharme de esto, es mi única oportunidad".

—¿Soy mitad terrícola? —preguntó por fin, era una primer pregunta más que adecuada.

—Quizá... Te dije que jamás lo admitiría —contestó fríamente su padre, quien todavía miraba por la ventana, esa que guardaba todos los secretos del Rey.

"Estaba seguro de que sería su primera pregunta, que ingenuo es al pensar que se la contestaría".

—Lo estás admitiendo de alguna forma... —replicó su hijo.

Vegeta ni se inmutó.

—Otra pregunta.

Trunks dio un puñetazo contra el suelo, completamente frustrado.

"Odio la facilidad que tiene para cambiar de tema...".

—Bien... —pensó unos momentos—. ¿Mataste a Vaugun, el anterior Líder de Clase Alta?

"Mejor ni pregunto por mi abuelo y Broly, esas, seguramente, sólo son suposiciones mías".

Su padre se sorprendió ante la pregunta.

"Sabe más de lo que pensé...".

—Si no lo hubiera hecho no estarías vivo —respondió para sorpresa de Trunks.

El Príncipe se puso de pie, dejando su casco en el suelo y sosteniéndose contra la pared.

—¡Papá! —debía admitirlo: su padre acababa de decirle, de alguna forma, no sólo que había matado gente... ¡Sino que lo había hecho por él! Le estaba diciendo que él le interesaba, eso sí que era algo inédito...—. Entonces tu secreto es más grande de lo que yo creía...

—Ya te lo había dicho —aseguró—. Pero no te desvíes... Eso no es relevante, si te lo digo es porque poco me interesa haberlo hecho.

La frialdad era avasallante...

Trunks quedó paralizado por unos instantes, prosiguiendo luego de darse cuenta de que no lograría digerir tan horripilante información.

"Papá es un verdadero traidor...".

Se sintió muy mal al saber cuánto.

—¿Zerta era mi madre? —siguió preguntando.

Esa era una pregunta decisiva y ambos lo sabían.

¿Debía responder eso?

"La respuesta se ha vuelto demasiado obvia".

—No.

Trunks gimió de sorpresa.

Deseó llorar pero lo evitó.

"No es momento de ser débil...".

Buscó fortaleza y casi logró encontrarla.

—Papá... —estaba irritado ya que su padre aún no lo observaba—. ¿Mi verdadera madre vive?

La pregunta del millón.

Vegeta finalmente volteó hacia él.

—No te lo diré...

Se miraron durante no instantes, sino minutos, minutos de silencio donde únicamente se sentía la agitada respiración de Trunks, Vegeta no hacía ruido alguno.

Trunks buscaba la verdad en los ojos de Vegeta, quien, por primera vez en mucho tiempo, logró mantener los ojos azules fijos en él durante mucho tiempo.

Sin embargo, el Príncipe no encontró nada allí...

—¿Por qué no quieres responderme? —preguntó el muchacho, realmente afectado y perdiendo la batalla, llorando.

"Bulma…".

—Porque no... —¡su padre estaba emocionado! Trunks lo sabía, lo conocía bien y nunca lo había visto tan así.

—Está muerta, ¿verdad? —preguntó llorando más fuerte.

Vegeta cerró los ojos. Si seguía mirándolo, Trunks tendría la respuesta en bandeja.

"Ni siquiera quiero pensar la respuesta".

Volvió su vista a la ventana.

—Otra pregunta.

Eso enfureció al Príncipe.

—¿Tú la mataste?

Vegeta empezó a reír, cosa que sorprendió tremendamente a su hijo.

"Que idea tan absurda...".

—Jamás.

La respuesta fue contundente, ¡estaba llena de convicción! Pero, de todas formas, no le decía ninguna verdad a Trunks.

"No me lo dirá, no sabré si vive o no hasta que vaya a la Tierra...".

—¿Nací aquí? —otra cosa que se moría por saber.

Vegeta no mostró emoción alguna.

—No —respondió secamente, abandonando toda emoción de preguntas anteriores.

Quiso preguntarle si había nacido en la Tierra, pero de alguna forma sabía que su padre no respondería.

Era mejor pensar en otra cosa...

Trunks limpió sus lágrimas y siguió con el interrogatorio.

—¿Me trajiste aquí a la fuerza?

—Sé más específico —pidió increíblemente su padre.

Trunks suspiró.

—¿Mi madre te dejó traerme aquí o me "robaste" de su lado?

Vegeta volvió a reír, sin abandonar ningún momento la ventana.

—Ninguna de las dos opciones —respondió.

"No tuvo tiempo de suplicarme para que te quedaras con ella...".

Trunks se quedó callado.

"Si no fue ni eso ni lo otro... ¿Entonces cómo fue?".

—¿Por qué me trajiste? —esa era la única pregunta que se le ocurrió para sacarle algo más con respecto a eso.

Vegeta volvió a contestar con frialdad:

—Porque eras de Clase Alta.

Ahora era Trunks quien reía, pero no como su padre, él reía de locura, de total locura.

Estaba totalmente consternado.

—¿Sólo por eso? Esto no explica nada, padre... —musitó con frustración.

"Entonces, si yo hubiera sido débil, quizá él me habría dejado allí...".

O sea que, para el corazón atrofiado del Príncipe, Vegeta no sentía nada por él.

"Siempre lo supe... Aunque haya tenido dejos de 'cariño' conmigo... él no siente nada por mí".

Al fin y al cabo nadie lo quería...

Ni su padre ni Pan...

Nadie.

Volvió a llorar, superado por la situación.

Vegeta siguió mirando la ventana...

—Demasiado débil —dijo con firmeza—. Me has cansado, vete.

Trunks lo observó detenidamente y cayó de rodillas al suelo, sobrepasado.

—¡¿Ya no me dirás nada?! —preguntó con furia.

Su padre volteó para mirarlo en aquella deplorable escena.

—NO, no lo mereces... Cuando estés por ir a la Tierra quizá te diga algo más, pero ahora no... ¡No lo mereces, niño! —y le dio una fuerte patada en el rostro, logrando tirarlo al suelo.

Trunks permaneció allí varios minutos, levantándose justo cuando logró calmarse un poco.

Tan sólo un poco...

Fue hacia su habitación, habiéndose puesto el casco antes de hacerlo, y jamás volteó, se encerró en su cuarto y se arrojó en la cama, llorando con todas sus fuerzas.

¿Por qué me trajiste?

Porque eras de Clase Alta.

Eso había dolido demasiado...


Un nuevo día y aquella mañana Nappa decidió adelantar sus planes.

Tenía pensado, en principio, reunirse con el Rey y los otros dos Líderes de Clase al otro día, el mismo día del ataque. Mas no pudo soportar tanto misterio, ¡deseaba pelear y matar a todos los débiles y traidores!

Por lo tanto, Nappa reunió al Rey y los demás ese mismo día.

Bastó hablar con el Rey por el intercomunicador y convocar a Tark para que le avisara al imbécil de Bardock.

Una hora después, los cuatro estaban reunidos en el hall del Palacio.

—¡¿Qué mierda quieres?! Estoy de pésimo humor... —le comunicó Vegeta con cara de pocos amigos.

Él estaba frente a Nappa, Tark y Bardock, quienes estaban uno al lado del otro.

—Bueno, yo... —Nappa rascó su cabeza, mostrándose atolondrado a propósito—. Mañana me gustaría hacer una reunión muy especial frente al Palacio, por eso quería pedirles a ellos que convocaran a sus respectivas clases —señaló a Tark y Bardock—. Yo reuniré a mi clase... También, por supuesto, deseo que Usted venga —refiriéndose al Rey—, además del Príncipe.

Bardock no pudo disimular la sonrisa: no había tenido tiempo para comunicárselo al Rey, pero él y Tark ya sabían, gracias a Raditz, qué se proponía Nappa con eso.

Lo sorpresivo fue el adelanto de planes... Pero el día de la batalla no había cambiado, eso era, en realidad, lo que contaba.

—Por mí no hay problema —manifestó el Líder de Clase Baja.

—Por mí tampoco... —agregó Tark—. ¿Usted qué opina, Rey Vegeta?

El Líder de Clase Media intentó transmitirle con la mirada lo que Vegeta ya sospechaba.

"Con esa reunión, seguramente, Nappa desee empezar a pelear... ¡Mejor así! Será divertido".

El Rey rió.

—Me gustaría saber qué es lo que quieres decir, basura —dijo.

Nappa se puso nervioso.

—Es... —tartamudeó—. ¡Es una sorpresa! Es algo muy bueno para nuestro planeta.

A Bardock le hirvió la sangre y únicamente la fulminante mirada de Tark logró calmarlo.

Vegeta volvió a reír.

—Bueno, está bien... Mañana al mediodía, entonces —ordenó—. Y ya no me hagas perder valiosos minutos de vida, hasta mañana —y se marchó, sin más, a su habitación.

Nappa se marchó después del Rey y sin mirar a los otros presentes. Tark y Bardock se miraron, entonces, el uno al otro.

—Algo bueno para la raza, que caradura... —refunfuñó Bardock.

Tark puso una mano en su hombro.

—No permitas que te afecte, mañana no tendremos piedad con él, vengaremos a todos los Clase Baja que murieron en vano.

Bardock apretó los puños con emoción.

—¡Así será! No perdamos más tiempo, hay que seguir con el entrenamiento...

Y se marcharon del Palacio.


Ya en su cuarto, Vegeta volvió a su eterna ventana, recordando irremediablemente a su hijo Trunks y la escenita de la noche anterior.

"Demasiado terrícola, demasiado débil... ¡Ya no soporto sus inútiles lágrimas ni sus emociones inservibles!".

Trunks era un caso perdido, cosa que lo irritaba en demasía.

Pero… ¿por qué le había dado la opción de preguntar?

"Viajar a la Tierra me ha afectado de más, me ha vuelto idiota".

No podía dejar de pensar en la débil, la que se había quedado allí hacía ya muchos años...

Verla crecida, hermosa, radiante y feliz lo había movilizado hasta niveles insospechables.

"Ya no tiene caso ocultarle cosas al chiquillo... Tan sólo me gustaría que mostrara un poco más de compostura frente a este tipo de cosas... ¡Aborrezco su debilidad!".

Pero esa debilidad era culpa de él, del Rey Vegeta.

"Es tarde para salvarlo, no me interesa perder el tiempo... Cuando vaya a la Tierra sabrá todo, ya es forzado, a esta altura, ocultarle la asquerosa verdad".

Cerró los ojos con fastidio.

"Ya no deseo guardar tanta mierda en mi interior...".

El rostro de Bulma no le permitía soportarla.

—Debo hablar de ti, tu hijo debe saber de ti...

Y volvió su vista a la ventana, al cielo, a su reino...

—Bulma... ¡maldita mujer terrícola! Debes estar maldiciéndome día y noche, donde quiera que estés...

Sí, él lo sabía: ella era quien no lo dejaba vivir en paz.

Los pecados que corrían por su sangre ya no le permitían estar tranquilo...

"Ya no me permiten ser el orgulloso saiyan que solía ser".

Esa era la verdad.


Y el día de la batalla llegó.

Trunks no había dormido en toda la noche, ansioso y triste por los últimos acontecimientos.

Durante todo el día anterior había estado tumbado en su cama, llorando de a ratos, maldiciéndose constantemente.

Pero eso, lejos de ser lo peor, no era lo que más le dolía.

"Pan...".

Ella le había pasado por al lado numerosas veces, jamás deteniéndose a preguntarle algo, a saber qué le ocurría... ¡Ni su respiración se sentía! Nada, ningún signo de bondad, de amistad, de deseo, de nada...

NADA.

¡Para colmo, su cama olía tremendamente a ella! Casi como si la muchachita se hubiera recostado allí...

"Parece a propósito".

Entre la indiferencia de Pan y las horrendas palabras de su padre, Trunks había tenido suficientes excusas para sentirse la peor basura de la galaxia, el pecado más grande y asqueroso del universo.

Ni siquiera tenía deseos de pelear...

¿A quién engañaba? ¡Quería morir! Quería perecer... Ya ni su madre le importaba, nada lo conmovía ni movilizaba...

"Así sería mejor...".

Se duchó y vistió con sus ropas reales con inercia, sin planearlo. Se puso el casco y, en ese preciso instante, Pan golpeó la puerta.

—Pasa... —contestó débilmente luego de asegurar la prisión de su cabeza.

La muchacha salió y fue indiferente, así como el día anterior, encerrándose en el baño. Salió al cabo de varios minutos y se volvió a encerrar en el laboratorio, saliendo de allí un rato después ya vestida con su uniforme de combate.

Ella empezó a caminar cerca de su cama y Trunks pensó que ella volvería al baño cuando, para su sorpresa, la muchacha se sentó a su lado.

Se observaron durante unos instantes.

—¿Has comprendido? —preguntó ella.

"¿A qué se refiere?".

—No te entiendo, Pan...

Ella rió brevemente, hermosa como siempre. Miró hacia el suelo y entrelazó sus manos.

"Creo que no entendió nada…".

—Si todo seguía como hasta hace dos días, hubiéramos perdido el hilo de nuestras obligaciones... Tuve que pararte, principito —explicó con altivez—. Si no lo hacía, todo terminaría saliendo al revés... Mi venganza es más importante ahora.

Trunks tembló.

"Entonces...".

Suspiró confundido.

—¿Intentas decirme que si seguías hablándome todo se saldría de control? —inquirió con una enigmática esperanza.

Ella volvió a reír y a mirarlo.

"¿Qué acaso solamente comprende con palabras? Los saiyans no somos gente que converse… Somos gente que demuestra con actitudes".

No le gustaba comunicarse tanto, no era su estilo… Pero con Trunks, a esa altura, parecía algo indispensable.

—Exacto —contestó con firmeza—. Lo que sucedió en tu baño la última vez fue demasiado peligroso, Trunks... —y una extraña mirada se apoderó de sus ojos—. Nos olvidamos de la batalla...

"¿'Nos'?".

—Pan... —murmuró confundido.

Ella se puso de pie, parándose justo frente a él.

—Te conozco —susurró, adoptando una sonrisa orgullosa y cruzándose de brazos—. Eres débil de alma y fuerte en el campo de batalla... ¡Debes ser fuerte en todos los aspectos! Quiero que me demuestres que eres el más fuerte, que puedes vencer a todos sin esfuerzo alguno...

"Oh, que difícil es decir esto…".

Pan sacudió su cabeza con fastidio.

"Pero sino no me entenderá".

Debía ser sincera… ¡Era inevitable serlo con él!

"Basta de rodeos, no estaré entregada ante él por decirlo…".

Era hora de ser honesta.

—¡Demuéstrame el poder de la Realeza! —y todo orgullo se apartó de su rostro, mutando hacia un costado casi sensibilizado, transparente…—. Así sabré que elegí bien...

Y una sincera e inesperada sonrisa final.

Trunks dejó correr por sus mejillas unas cuantas lágrimas.

"Elegir...".

¡Elegir! Ella había elegido...

Su corazón dio un vuelco y fue capaz de sonreír...

"Me eligió...".

¡Ella lo había elegido!

"No lo puedo creer…".

De alguna forma lo sabía, algo de eso había sentido aquella noche en el baño, pero con la indiferencia abismal de los últimos días toda esperanza se había borrado de su pecho.

—¡Pan...! —se puso de pie—. No me ilusiones en vano, no seas tan cruel...

Ella le dio la espalda y rió a carcajadas.

—¡No soy cursi! No soy ninguna niñita sentimental... Acostúmbrate a ello —le dijo—. Hoy vamos a pelear y en la noche, de ganar, nos iremos... ¿Aún quieres ir al lugar en que naciste, verdad?

¡Pero claro! Él se lo había pedido y ella jamás había contestado.

No pudo evitarlo más, apoyando sus manos en los hombros de la muchachita.

Lloró por unos instantes.

—Gracias... —susurró sentidamente.

Ella, con un movimiento, se soltó del agarre.

—No seas tan sentimental, eso no me agrada —aseguró con crueldad—. Compórtate como el Príncipe Feo que eres.

Ambos rieron por un momento.

Pan sonrió de forma casi nostálgica, sabiendo que debía hacer lo que tenía planeado…

"Tengo que devolvérsela".

—Sácate el casco... —y eso sí que logró asombrar a Trunks.

¿Qué significaba ese pedido?

—Pan... —susurró con confusión.

Ella volteó y lo miró un instante, para después cerrar sus ojos.

—No los abriré, no deseo espantarme y salir corriendo... ¡Me perdería la batalla!

Aquel comentario absurdo logró que él riera una vez más.

Dudó unos instantes, pero no demasiados...

"¿Para qué lo pienso tanto? Ya no me importa nada, no mientras ella esté a mi lado...".

Eso sí: él no deseaba ser visto.

"No estoy preparado para eso...".

¿Lo estaría alguna vez? No lo sabía, pero prefería averiguarlo en otro momento.

"Después de la batalla... Primero los traidores, después mi identidad y, para el final, ella... Pan".

¡Sus prioridades! Que cambiante era, pero ahora veía una luz al final del camino... Y esa luz se llamaba Pan.

¡Se sentía radiante!

Se quitó el casco con convicción.

Pan sintió el ruido que le indicaba lo que él acababa de hacer, sonriendo satisfecha.

"Hazlo, chiquilla…", se animó a sí misma.

Levantó sus brazos y recorrió los hombros de Trunks, justo para depositar sus manos en su cuello.

—Siéntate —pidió ella sin soltarlo.

Trunks obedeció feliz, sentándose en su cama.

Empezaba a excitarse y, de alguna forma, supo que ella también.

"Vamos, principito... déjame darte algo de fortaleza, vuélvete el saiyan que merezco a mi lado".

¿Le importaba que él, supuestamente, fuera un híbrido?

Deslizó sus manos por el cuello por unos instantes, corriendo suavemente la cabeza del Príncipe hacia un lado, posición perfecta para correr un poco su ropa, dejando la base del cuello desnuda frente a ella, frente a esos ojos cerrados que se guiaban por medio del tacto.

"Ya no puedo negar a mi instinto, a mi naturaleza... ¡Me importa un bledo si él es feo, deforme o híbrido! Ya lo he elegido, es tarde...".

—Es muy tarde, Trunks... —y él pudo ver con sorpresa y deseo cómo ella se agachaba en dirección a su cuello, mordiéndolo y besándolo suavemente.

Instintivamente, Trunks se tiró hacia atrás, atrayéndola contra a él al aferrarse a su cintura. Ambos cayeron sobre la cama y ella jamás soltó el cuello, siguió besándolo con sus labios, mordiéndolo con sus dientes...

La abrazó y así permanecieron durante unos maravillosos minutos, los cuales Trunks aprovechó para, con toda sinceridad y felicidad, acariciar la espalda de Pan.

De la muchachita que él había elegido...

"Si muriera así no me importaría...".

Ella no se sentía peor.

No podía mentir, lo estaba disfrutando... El sabor de aquel cuello era reconfortante, exquisito... ¡Era una locura! Se sentía demasiado agradable, demasiado perfecto...

Pero debía parar y eso hizo. Se deslizó hacia la cama y quedó recostada a su lado, sin abrir en ningún momento los ojos.

¡Era increíble! Se sintió muy bien al saber que no le temía a Trunks, que él no la intimidaba...

"De alguna forma, sé que he superado los manoseos de esos asquerosos Clase Alta".

De todas formas, matar a Nappa y los traidores le daría el toque final, el pase definitivo a la superación.

"Me sentiré más segura luego de eso...".

—Pan... —suspiró Trunks como pudo, lo que acababa de suceder le había quitado el aliento—. ¿Intentas decirme que...?

Ella rió y sin moverse de su lado.

—Cuando la batalla termine... —susurró, pues a ella tampoco le quedaba demasiado aliento—. Cuando mate a los traidores con mis propias manos... Quizá, a lo mejor tú y yo nos conozcamos un poco más.

Todo dicho.

Trunks cerró sus ojos y deseó detener el tiempo.

"Es imposible, esto no puede estar sucediéndome a mí…".

Si decía que se había quedado con las ganas de llevar esa situación más allá no estaría mintiendo, pero aquellos besos, además de excitarlo, habían logrado conmoverlo.

Por ello, y no por otra cosa, era que Trunks había logrado controlarse.

"Así es mejor... por lo menos por ahora".

—Gracias... —murmuró entre lágrimas de felicidad.

"Me has dado un motivo demasiado hermoso por el cual luchar...".

—Y sobre esa marca que acabo de dejarte —agregó ella—. Te la debía, la de mi cuello aún no se fue, no sé qué le diré a mi bisabuelo cuando la vea... ¡Maldito Príncipe! Tápate tu cara, esto ha llegado demasiado lejos.

Que ruda era... ¿Pero para qué negarlo? Esa brusquedad le fascinaba.

Se tapó el rostro con el casco y le indicó que abriera los ojos.

Pan los abrió y se levantó de la cama, dándole la espalda.

—Será mejor que me tape —dijo—. Dame alguna túnica de esas que tú tienes, una con capucha... ¡Quiero que mi entrada en la batalla sea triunfal e inolvidable!

Trunks sonrió, yendo hacia su armario para sacar una de esas túnicas, entregándosela a Pan.

—Lo será... —dijo dándosela.

Ella se la colocó, pero sin tapar su cabeza con la capucha.

Se miraron unos instantes, cosa que a Trunks le agradó tremendamente ya que sabía que ella podía percibir sus ojos por más que no los viera directamente. Siempre atinaba, siempre fijaba su vista en el lugar adecuado de su casco...

¡Y ni decir lo contento que se sentía! Ella había cambiado mucho...

"Se ha recuperado de todo lo horrible que le ha sucedido".

Se sintió orgulloso por ella.

—Vamos a pelear... —musitó la muchacha—. No tendremos piedad...

Vegeta tocó la puerta y, con una abismal frialdad, avisó a su hijo que la reunión comenzaría inminentemente.

—Iré en un momento, papá —contestó a quien ya se había alejado de la puerta.

"Sigue sin interesarse en mí...".

Pero no, ¡él no permitió que eso lo afectara!

"Me uniré a Pan luego de esta batalla, no permitiré que se me escape de las manos… ¡No dejaré que la mierda de mi padre me tape!".

Fue por su espada pero Pan ya la tenía en sus manos, entregándosela a Trunks.

—Vamos... —Pan se tapó finalmente con la capucha, y ambos decidieron salir.

Trunks abrió su puerta, ese último obstáculo que los separaba de la batalla.

—Vengaremos a los Clase Baja que han muerto... —aseguró a su compañera—. Y luego nos iremos al planeta en que nací...

—¡Así será! —gritó la muchacha.

Y, de esta forma, ambos salieron del cuarto, sabiendo y no sabiendo lo que les deparaba, emocionados y desesperados por hacer lo que más amaban en el universo...

Pelear.


Nota Final del Capítulo XIX

Videl no me fascina, lo admito. Ni ella ni Gohan son personajes que me fascinen, de hecho creo que Videl me gusta más que Gohan XD

Pero quise darle una pequeña escena en el fic, para mostrar la versión saiyan de ella.

Tardé un poquito más de lo que hubiera querido, pero acá estoy, firme XD... De yapa les dejo el capi más largo hasta la fecha, ojalá les guste n.n

Gracias por tan cálidos reviews... Mil gracias a ustedes que leen y firman o simplemente leen, a quienes les dedico este y todos los capis de acá en más...

Especialmente a Zuhy, tu review me llegó en un momento medio triste, me hiciste sonreír demasiado... ¡gracias! No tenés idea de cuánto me levantó el ánimo.

n.n

Gracias por sus comentarios, nos leemos en el que, seguramente, sea el último capi del año... ¡se viene la pelea! ¡Sí! La ansiada pelea al fin llegó n.n

La voy a escribir con todas las ganas del mundo.

¡Saludos y feliz navidad!


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.