PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXII

"Liberación"

-

El aterrizaje, para Trunks, se tornó eterno. Fue como si esos cinco minutos hubieran durado 28 años, casi tres décadas de sufrimiento...

"Pero aquí estoy, mamá".

La tortura terminó por fin, y el Príncipe y su joven acompañante se dispusieron a descender de la nave de Kakarotto.

Pan no pudo ocultar su emoción: estaba en el planeta donde su abuelo había pasado sus primeros años de vida, en el planeta donde él aprendió a luchar... Ese planeta donde Kakarotto era Gokuh, el héroe de las interminables historias que él le contaba a ella cuando niña.

"Abuelo...", pensó. ¿Estaría bien? No lo sabía, pero sí lo deseaba.

Trunks quedó estático frente a la puerta de la nave, provocando que Pan fuera quien la abriera finalmente.

—Te falta convicción, principito... —susurró al hacerlo.

Trunks apretó sus párpados con fastidio, no hacia ella, sino más bien hacia sí mismo.

"No tengo valor, esto es demasiado para mí...".

Luego de que Pan abriera la puerta con la tarjeta, un escenario desconocido chocó con sus miradas.

Descendieron lentamente.

El Príncipe dio sus primeros pasos inundando su casco de lágrimas. Miró hacia el cielo y no pudo evitarlo, cayendo al suelo por verse sobrepasado a causa de sus emociones extremas.

—La Tierra... —suspiró justo cuando Pan se paró a su lado, ambos mirando el cielo...

El azul del cielo...

¡Era impresionante! Un planeta bello al juzgar por ese inolvidable panorama.

El suelo que se extendía bajo los pies de los saiyans eran verde, lleno de plantas, flores, rocas y pasto, como una alfombra fértil y adorable que en Vegetasei era impensada.

Árboles de las más variadas formas, con los frutos más extraños y familiares del universo, flores que jamás en sus vidas habían visto, sinónimo de la belleza que, juraban, todo ese planeta tenía.

Extraños animales cuyos nombres no conocían, correteando por ese hermoso bosque en el cual habían aterrizado, acompañando sus pasos con las melodías más dulces de los innumerables pájaros que sobrevolaban sobre ellos, sobre todo.

Montañas que podían verse de fondo, lejanas y extremadamente cercanas, rodeadas por nubes que escapaban del cielo para unirse a ese maravilloso paisaje.

Y el cielo... Azul, brillante, con el sol decorándolo todo, dándole a sus rostros la belleza apropiada para permitirse pertenecer a aquel ecosistema.

Nubes dibujando locuras en ese cielo, esponjas de algodón incalculablemente pacíficas, amas y soberanas de ese cielo perfecto, azul pero perfecto.

Azul... El color que Trunks más odiaba era el cielo bajo el cual él había nacido hacía ya 28 años... Ya no podía odiarlo, no lo lograba... Se enamoró de ese cielo más que de ninguna otra cosa de su planeta natal.

Una incomprensible oleada de satisfacción se adueñó de su pecho.

—Siento que conozco este lugar desde siempre... —murmuró con la poca voz que tenía, cortesía del enorme nudo que se había formado en su garganta ni bien bajó de la nave.

Pan profirió una media sonrisa, poniendo sus manos sobre sus sutiles pero bien formadas caderas.

—Eso sentimos por el planeta en que nacimos —musitó sin darle mucha importancia al asunto.

Pero no, era imposible negar la belleza de ese planeta, Pan ahora entendía el amor incondicional que su abuelo Kakarotto sentía por ese suelo.

Cualquier ser del vasto universo podía sentirlo: amar a la Tierra por su hermosura incalculable era sencillamente imposible.

Pan miró su ropa y su piel manchada de sangre y sudor, viendo lo mismo en Trunks.

—Quiero bañarme —dijo—. Antes de ir a ver a tu madre será mejor que no aseemos, Busquemos algún lago o algo que se le parezca, ¿quieres?

El Príncipe detuvo su respiración ante los dichos de Pan, saliendo de su estado hipnótico.

—Sí... —balbuceó—. Es buena idea...

"No quiero que mi madre me vea cubierto de sangre ajena…".

Pan se elevó en el aire y él la imitó, mirando la Tierra desde arriba con nostalgia y deseo.

—Vamos... —ordenó la muchacha, y ambos salieron a la búsqueda.


—¡¡¡GOHAN!!! —Tark no podía creer lo que veían sus ojos—. ¡¿Tú?! Puedo creerlo de Bardock, pero no de ti...

El padre de Pan no lograba controlar su enorme poder, el cual se desataba desaforado frente al Palacio y los saiyans de las tres clases que se encontraban presentes.

—¡Hermano! —Goten se puso de lado de Tark—. ¡Trunks nos ayudó a todos, la salvó! Debemos estar agradecidos, no lo odies... —suplicó notoriamente emocionado—. ¡No odies al Príncipe! Si se van a unir es porque Pan está de acuerdo... ¡Además...!

Tuvo que callarse, pues la mirada de su abuelo lo acababa de perforar.

Gohan no lograba controlarse, estaba a merced de la locura, aprisionado por los sentimientos encontrados...

"Mi niña... Con el Príncipe Trunks...".

Raditz lo miraba seriamente y Bardock alentaba su descontrol.

—¡Un híbrido con mi bisnieta! —gritó—. ¡NO LA EDUQUÉ PARA QUE COMETA TREMENDA FALTA! Si se une a él jamás la volveré a recibir en nuestra casa, Gohan... ¡No la voy a admitir! ¡DEJARÁ DE SER MI BISNIETA! No mancharé el nombre de mi familia... ¡¡¡NI POR ELLA NI POR NADIE!!!

Justo cuando Tark iba a volver a golpear a su abuelo, enfurecido por la discriminación cernida sobre su querido Príncipe Trunks, Gohan reaccionó y gritó completamente desquiciado:

—¡¡¡ME IMPORTA UN BLEDO!!! —exclamó, logrando hacer temblar el mismísimo suelo—. ¡No me interesa si es híbrido, si es débil, si es de otro planeta u otra galaxia! —apretó más sus cerrados puños—. ¡¡¡ES MI NIÑA!!! Me la han arrebatado sin pedir permiso, sin autorización alguna... ¡¿Qué le diré a Videl?! ¡¡¡QUÉ LE DIRÉ CUANDO SE RECUPERE!!! ¡"Nuestra hija ya no es una niña, es la Princesa de Vegetasei"! Tiene 15 años... —y su poder logró disminuir, cayendo de rodillas al suelo con impotencia—. Sé que eso no importa, pero... —golpeó el suelo con su puño, agujereándolo con su fuerza—. Mi niña... ¡¡¡SIN MI PERMISO!!! Mi niña...

Bardock fue hacia él y lo golpeó salvajemente en el rostro.

—¡¡¡DÉBIL COMO TU PADRE!!! —gritó—. ¡¡¡DÉBIL!!! Poco importa si "tu niña" crece, ¡eso iba a pasar tarde o temprano! Si te duele que tu hija crezca me importa muy poco, ¡¡¡LO QUE IMPORTA ES QUE VA A UNIRSE CON UNA ABERRACIÓN!!! Con un medio saiyan, con una falta de respeto a la naturaleza... ¡ESO NO! Yo no trabajé duro por nuestra familia en vano, ¡NO!

Y Tark volvió a golpearlo.

—¡¡¡YA NO SOPORTO TUS FALTAS DE RESPETO!!! —espetó en su cara—. ¡Respetarás al Príncipe Trunks y honrarás la unión entre el mejor guerrero del universo y tu bisnieta...! ¡¡¡Y SE ACABÓ!!! —El Líder de Clase Media le dio la espalda, dispuesto a irse—. ¡Escuchen todos! —le habló a la multitud—. ¡NO JUZGARÁN AL PRÍNCIPE SIN DARLE, PRIMERO, UNA OPORTUNIDAD DE DEMOSTRAR SU SANGRE SAIYAN! Así somos, no lo olviden... ¡Somos justos con los fuertes! Que las tonterías que dice este sujeto —señaló a Bardock son su pulgar, aún de espaldas y de forma despectiva— no los cieguen... ¡PIENSEN! Y basta, me han cansado, los aborrezco por usar al Príncipe y luego darle la espalda... ¡TODOS DEBERÍAMOS SER UN POCO MÁS HUMILDES! Por no serlo hoy ha muerto un cuarto de nuestra población...

Y se fue volando, seguido por un Goten que no pudo estar más de acuerdo con sus palabras, quien no dudó en darle la espalda a su familia para ir con quien, creía él, tenía toda la razón.

Gohan quedó sobre el suelo, furioso y celoso por su única hija, su hermosa y poderosa hija...

"Pan...", pensó. "Me hubiera gustado que fuera de otra manera...".

No odiaba al Príncipe, pero la sola idea de pensar que él se hubiera aprovechado de ella durante la estadía de la muchachita en su cuarto le causaba ahorcadas.

¡Sí! Él, prácticamente, acababa de secuestrarla. Eso sentía Gohan.

—Abuelo —se dirigió al enloquecido Bardock, quien no dejaba de maldecir a Tark y a Goten por defender a Trunks—. Soy un padre herido porque le han quitado a su hija... ¡No soy un saiyan! No ahora, ahora sólo soy el padre de Pan...

Después, salió volando con rumbo desconocido.

—¡¡¡DÉBILES!!! —gritó Bardock—. ¡¡¡MI FAMILIA ES DÉBIL!!!

"Me cansaste, papá".

Raditz le dio un certero golpe en la nuca, el cual lo desmayó.

"Así te quedarás callado por un buen rato".

Ante la atónita mirada de los presentes y haciendo caso omiso de ellos, Raditz se llevó a su padre a su hogar, seguido por Zuzik, quien observó la pelea tan ajena como su hombre.

Algo se había quebrado en el seno de la familia de Clase Baja por excelencia, algo que costaría mucho revertir...


No les costó mucho encontrar agua, ¡La Tierra se llamaba "Tierra" en vano! Había agua por doquier... Sin embargo, optaron por una cascada más cercana a la nave. Esta cascada estaba formada por enormes rocas en medio de aquel sorprendente bosque, rodeada por arbustos y enormes árboles que la escondían como si fuera su mejor secreto, el más agraciado cristal líquido entre el poderoso verde de la naturaleza. La cascada llovía sobre un pequeño lago, mojando todo a su alrededor luego de deslizarse por las enormes rocas plateadas que volvían a esa imagen magnificente, perfecta.

—Haré una fogata detrás de aquellos arbustos, tú báñate primero —dijo Trunks a Pan—. No te miraré, lo prometo...

Ambos transportaban con ellos la caja que contenía ropa y cobijas, cortesía de Kakarotto. La dejaron en el lugar que Trunks había sugerido para la fogata, yendo cada uno a hacer lo que le correspondía.

Pan lo miró con recelo por unos segundos, yendo hacia la cascada.

Trunks la observó irse invadido por una sensación que no lograba discernir. Cerró sus ojos frustrado y fue en busca de algunas ramas para la fogata.

"No debo mirarla, no debo mirarla...".

Pan, ya desnuda, se metió en el lago rápidamente. Agradeció que éste no fuera demasiado profundo y tomó asiento contra uno de los bordes, disfrutando el frío y la pulcritud que aquel líquido le hacía sentir.

Miró el cielo azul sin salir de su asombro: ese planeta era muy bonito, y eso que ella no solía darle tanta importancia a ese tipo de cosas.

Lo extraño era que no habían visto ningún terrícola.

"Quería verlos para saber cómo lucen".

Se sumergió en el agua unos instantes, volviendo a salir cuando la falta de aire se lo demandó.

"Quería tener una idea de cómo debe lucir Trunks...".

¿Cuándo permitiría él que ella lo viera? Empezaba a impacientarse, cosa que la irritaba sobremanera.

Primero lavó su ropa de combate para depositarla al pie del lago, luego enjuagó sus pechos, su rostro, su cabello, sus partes íntimas y cada rincón de su pequeño y femenino cuerpo. Después de eso, nadó unos instantes, aunque la poca profundidad no se lo permitió del todo.

Volvió a sentarse contra el borde, no sin antes ir debajo de la cascada, haciendo que el torrente chocara con violencia y dulzura sobre su cuerpo.

Era delicioso...

Ya no había rastros de sangre, ni suya ni de ninguno de sus rivales, además se sentía fresca y liviana, con un poco de hambre incluso.

"Ya he permanecido de más aquí".

Salió del agua no sin dudar por unos instantes.

Miró en todas direcciones.

"¿Qué es esta sensación?".

Se sintió sumamente observada y eso la hizo sentir muy incómoda, además de, ciertamente, excitada al saber de quién se trataba, sumida en una oleada de sensaciones desconocidas.

"Falta poco".


Quitó las flores marchitas y observó el azul del cielo.

Los sábados, como ese, eran días de compras y lujos que no podía darse en la semana, pero al levantarse aquel mediodía luego de una noche de diversión y excesos propios de una mujer joven, ella se sintió extraña.

"No soporto más este maldito nudo…".

Ella no era emotiva, ¡claro que no! Sólo lo era en ese lugar.

Miró hacia ella y le dedicó la sonrisa que únicamente a tan maravillosa mujer le correspondía.

—Traeré más mañana, no te preocupes —le aseguró dulcemente como cada sábado, prometiendo realizar su acostumbrado ritual de los domingos, el ritual que tenía tremendamente arraigado en su corazón, desde que tenía memoria.

¿Quién lo diría? Una muchacha tan poderosa, rica y frívola siendo tierna…

"¡Pero solamente aquí me lo permito! Por eso me molesta este nudo en el pecho".

Tenía un presentimiento, uno que la estremecía profundamente.

Volvió a sonreírle a ella.

—No importa lo que pase, tú y yo estaremos bien… ¡te lo prometo! —y le dio la espalda antes de derramar alguna lágrima, caminando de nuevo hacia su casa.

"No va a pasarnos nada, te lo prometo… ¡Te lo prometo!".


—¡Trunks no merece esto! —afirmó Goten ciertamente furioso—. No logro entender la actitud de mi abuelo, ¡es inaudito! Es injusto... —y se deprimió.

Estaba en la enorme casa de Tark, donde el Líder de Clase Media vivía solo. Su familia había muerto en la batalla con Freezer y jamás tuvo ánimo alguno de reconstruirla. Solo estaba bien, lo merecía por su soberbia durante esa batalla.

—Goten... —murmuró el anciano—. No lograremos que lo entiendan, ¡yo estaba seguro de que la mezcla no afectaría nuestra condición de guerreros! Lo sabía... —golpeó la mesa de su sala, envuelto en un halo de frustración para nada común en él—. No soporto que sean injustos con él...

Goten se sintió enternecido ante el profundo cariño que ese hombre profesaba por su amigo. Sin dudas, Tark era un padre fiel, un confidente devoto...

—Es bueno saber que no estoy solo —dijo—. Mi padre piensa como nosotros... ¡Trunks no es menos saiyan por ser un híbrido! —juntó sus puños y miró a su acompañante con desesperación—. No es débil, es fuerte y nosotros admiramos la fuerza...

—Es una encrucijada —exclamó Tark acerca de las palabras del muchachito—. Somos tan contradictorios... Por un lado, decimos que la fuerza lo es todo, que un guerrero con cola que tenga un poder infinito es el que más respeto nos merece; por el otro, afirmamos que un débil debe morir... ¡Y no sólo eso! Afirmamos que somos únicos y que nadie merece nuestra sangre... ¡Goten! —fijó sus ojos en él—. Si el Príncipe es así de fuerte es porque la mezcla favorece a nuestra raza... ¡¿Qué no lo entienden?! Por no mezclar nuestra sangre con nadie nos hemos confinado a una extinción que está cada día más cerca, a cada vez menos batallas de distancia... ¡Esta puede ser la solución! Unir nuestra sangre a otras razas puede salvarnos del olvido, de una cruel nada que nos persigue desde que existimos...

Goten comprendió las palabras de Tark, venidas claramente de un gran científico.

—Estamos destinados a desaparecer... —susurró—. Y todo por ser soberbios y creernos mejores que todos.

Tark asintió.

—Si mezclamos nuestra sangre perpetuaremos la especie... ¡Cuántas razas hay que han mezclado su sangre con éxito! Pero no, todos nos rebajamos ante una creencia sin pies ni cabeza... ¡Una raza pura! Pura... ¡¿Para qué?! Para dejar de existir pronto...

—Exacto —necesitó decir Goten.

—Amar nuestra raza es hacerla crecer, no estancarla... Es hacerla cada día más fuerte, es hacerla cada día más sólida... Y el Príncipe Trunks es la bandera que necesitamos para extendernos por el universo... Quizá eso nos vuelva más humildes a todos, aunque esa humildad sea sólo un ápice de la humildad de él...

Tocaron a la puerta y Tark se levantó de su silla con incomodes.

—Si es tu abuelo lo mataré —le comunicó a Goten.

Pero no, no era Bardock, era Gohan.

—Te estuve escuchando... —dijo ni bien el Líder de Clase Media abrió la puerta—. Estoy de acuerdo contigo, no lo dudes.

Tark sonrió, volviendo a ser el de siempre por un instante.

—Ya me extrañaba... —Gohan entró y ambos se sentaron junto a Goten, quien no se había movido de su lugar en torno a la mesa—. Gohan, eres uno de mis mejores alumnos, me alegro de que mi educación te haga comprender, porque si es por tu abuelo...

Gohan asintió con amabilidad.

—Lo sé, pero me invadieron los celos... Los saiyans somos posesivos de los nuestros —Tark le dio la razón—. Me hubiera gustado que el Príncipe tuviera valor y me lo comunicara a mí, no que se lo dijera a los demás, no que lo hiciera sin mi consentimiento...

—Eso es cierto —tuvo que admitir el anciano—. Pero entiende, muchacho... Todo ha salido mal para él, todos se pusieron en su contra y tuvo que huir...

Gohan seguía enojado, lo sabía, pero era una suerte que entendiera, aunque fuera un poco, su punto de vista.

—Sólo espero que la cuide, que no la lastime, que no la obligue... ¡Sino...!

Y los tres se sumergieron en un profundo silencio.


Juntó muchísimas ramas del otro lado de la cascada, detrás de árboles y arbustos que lo alejaban de la imagen más hermosa del universo.

Deseaba verla, besarla, tocarla...

"Ya no quiero sufrir más".

Trunks se sentó junto a las ramas aún no encendidas, nadando entre sus pensamientos con deseo y temor.

"Ya no quiero pensar más en Vegetasei, en lo único que quiero pensar es en mamá... Y en Pan".

Especialmente en Pan.

"Tengo miedo, miedo de que mamá esté muerta, de encontrarme con cenizas, de no tener un lazo con este hermoso planeta...".

Un lazo, eso necesitaba para sentirse a gusto allí.

Estaba anonadado por la Tierra, pero no había lazo alguno, no había afecto del suelo hacia él, no como si lo había de él hacia el suelo apenas conocido.

Quiso llorar pero no se lo permitió.

"Debo ser fuerte...".

El sonido de la cascada le dio paz, fusionado armónicamente con el canto de los pájaros que volaban a lo largo y ancho del cielo, con el leve viento que le decía al oído que el sol empezaría a bajar a partir de ese momento, que movía las hojas de los árboles con tanto ahínco.

"Pero no sé ser fuerte... Eso no me lo enseñaron".

Se dejó llevar por el la melodía de la cascada y el movimiento del agua y la respiración, cuando se asomó por detrás de un enorme árbol para dejarse vencer, para ser débil con respecto a sus sentimientos, para verla.

Y lo que vio fue como un torrente de pureza, antagonista despiadada de su rostro, de sus ojos, de su cabello...

"Ya no quiero sufrir…".

Pan mostrándose en la esencia misma de su belleza, decorada por las gotas que resbalaban por su cabello, por la humedad que todo su cuerpo poseía y disfrutaba en ese preciso instante.

Los hermosos pechos, redondos y pequeños, el veneno de un fruto prohibido que causaba las más grandes alucinaciones... Las caderas, dignas, curvilíneas, humildes y aún no desarrolladas en su plenitud. Sus brazos, sus piernas, extensiones que sintonizaban con armonía con todo ese pequeño y enorme cuerpo, que nada tenía que ver con el poder o la sangre saiyan: era la mismísima expresión de la perfección, la más honesta que había visto en su vida.

Quiso ir hacia ella y ensuciarla, dejar que su piel absorbiera el agua y la secara, refregar su rostro contra los senos, dejar que sus manos tocaran sus caderas, deslizarse en cuerpo y alma por ese ser, esa obra de arte, esa espalda blanca y ajena de matices, suave, adictiva...

La estaba mirando sin pudor alguno, dejándose excitar por su droga favorita, por ese cuerpo que, ahora, veía con ESOS ojos por primera vez, los ojos del deseo, la pasión y la elección... Los ojos que la sentían de su propiedad, que no deseaban dejarla ir, que la querían por siempre enredada en su cintura, gozando, gritando, gimiendo de felicidad...

Supo, entonces, que acababa de volverse loco.

Ella salió del agua y se aproximó a donde había dejado una túnica para taparse, y donde su ropa de combate descansaba, ya limpia, olvidando los recuerdos de la batalla que ese mismo día había acontecido.

Ella se puso de espaldas a él y, luego de unos instantes de temblor que seguramente le era causado por el frío del viento, volteó hacia donde se ubicaba él, atinando con una certeza difícil de creer su localización.

Su mirada se mostró salvaje, pero no sólo eso... Había algo más y no pudo explicar qué.

Se sobresaltó por los ojos negros, los cuales lograron despertarlo y dormirlo aún más, en medio de un sentir contradictorio y exasperante.

—¡Dijiste que no me mirarías! —gritó ella, rompiendo la adorable escena con su fuerte y severa voz—. Principito, mejor ven y báñate, después me vengaré de ti.

Trunks se había visto muerto al ser descubierto, pero ese gesto no del todo explicable de los ojos había sido el que le había contestado, impresionándose sin poder evitarlo ante las palabras de su muchachita.

—Lo... lo siento... —tartamudeó justo cuando ella apareció al lado suyo con una túnica negra tapando, casi por completo, su cuerpo.

—Vete, yo soy una guerrera de palabra y no te miraré, te lo aseguro —musitó—. Vete antes de que te golpee...

Otra vez la mirada enigmática, y Trunks no pudo hacer más que obedecer.


Bardock despertó de un sobresalto, sin lograr recordar qué había sucedido exactamente. Grande fue su sorpresa al encontrarse en su cama, en su habitación, en su casa...

"¡¿Cómo mierda llegué aquí?!".

Sintió una puntada en su nuca y buscó el origen del dolor con una de sus manos.

—Alguien me atacó... —balbuceó, aún confundido.

—Era necesario —le dijo una voz y, al girar su cabeza, descubrió la impasible mirada de su hijo mayor en el umbral de la puerta—. Estabas pasando vergüenza frente a todos, hablaste de más, papá.

Bardock fulminó a Raditz con sus ojos, levantándose de su cama y tomándolo del cuello, sin lograr controlar su ira.

—¡¿Qué insinúas?! —inquirió—. ¡¿Acaso estás de acuerdo con Tark?! El Príncipe no puede vivir y, mucho menos, puede abusar de mi bisnieta... ¡QUE LO HAGA SOBRE MI CADAVER! No lo voy a permitir... ¡No lo voy a permitir!

Raditz lo empujó sin dificultad, pues cuando su padre estaba perturbado era más vulnerable que nunca.

—Papá —musitó sin temerle a los negros ojos—, no sé si él merece vivir o no, pero es FUERTE, es fuerte y es lo que importa... No podemos olvidar su fuerza, él fue amable con nosotros.

—¡Bah! —refunfuñó el Líder de Clase Baja—. Estupideces... ¡se llevó a Pan y seguramente abusó de ella! ¡¡¡SÍ!!! Ella jamás se uniría a un híbrido, ¡lo sé!

Raditz rió sin reparo alguno, irritando a más no poder a su padre.

—Pan jamás se uniría a un debilucho, pensé que la conocías —afirmó.

Esas palabras hirieron profundamente a Bardock.

Cerró sus ojos aturdido.

"Tiene razón, pero...".

—Deja que pasen las horas y entenderás mi punto —exclamó su hijo, haciendo caso omiso a la supuesta concentración que su padre mostraba—: durante toda la vida hemos creído que un híbrido sería débil, y ahora resulta que el Príncipe Trunks es más fuerte que nadie... ¡Analízalo! —y dio media vuelta sobre su propio eje, dispuesto a marcharse—. Piensa, papá... Eres inteligente, lo eres y por eso me irritó tanto tu comportamiento de hoy, fuiste infantil, INFANTIL, y eso no te lo perdono.

Sin más, se marchó cerrando la puerta de la habitación en la cara de Bardock, quien al verse solo en aquel reducido espacio se volvió a lanzar sobre su cama.

—Soy inteligente... —farfulló—. Claro que lo soy...

Pero la situación lo superaba y, cuando eso sucedía, su inteligencia se diluía rápidamente.

—Soy inteligente, soy inteligente...

Y eso fue lo único que fue capaz de decir durante horas.

Estaba fuera de sus cabales.

Perdido en una situación que no podía ni sabía cómo manejar...

Perdido en un laberinto entre su bisnieta y los mandamientos de la sangre.

Entre la naturaleza y el cariño.

Entre todo lo que conocía y lo que le faltaba por conocer...

—Maldita sea... ¡¡¡MALDITA SEA!!!


Se aseó con el frío de aquel lago, relajándose por minutos enteros bajo la cascada que violaba su rostro con suma violencia, y ni el frío fue capaz de bajar su enorme excitación.

Había cometido un grave error y lo sabía.

"Otra vez estoy cambiando el orden de mis prioridades".

La batalla ya había terminado, por lo cual quedaban dos cosas por hacer: conocer a su madre y la mitad de su historia y dejarse llevar por el encanto diabólico de Pan.

Pero el orden, ahora, era distinto.

"Si no la hago mía, yo...".

Haberla visto desnuda, sin nada ni nadie que la cubriera, lo había vuelto loco.

"Debo hacerla mía...".

Quería unirse a ella, morderla, sentir el sabor de su sangre en su boca, poseerla con salvajismo y suciedad, cediendo a sus instintos más primitivos.

"Pero debo hacer lo otro primero...".

¡Debía conocer a su madre primero! No podía ser tan egoísta... ¡Pan lo volvía demasiado loco!

La odió por ejercer tremendo control sobre él, sobre su cuerpo y su pasión, golpeando el agua con violencia para deshacer la imagen de su rostro sin casco que acababa de descubrir reflejada frente a sus ojos.

"No, no deseo verme...".

No ahora, no tenía fuerza alguna para soportarlo.

Finalmente salió del agua, secándose el cabello con desesperación. Se sentía demasiado avergonzado y no deseaba ser visto ni siquiera con una capucha, debía ser el casco quien lo tapara.

"¡¿Cómo pude atreverme a mirarla así?! Ahora no puedo alejar la excitación de mi cuerpo...".

Miró hacia el cielo y éste empezaba a cambiar de color.

"Está oscureciendo".

No sería apropiado ir a ver a su madre a esa hora, ¡desconocía a qué hora descansaban los terrícolas! Aunque estaba casi seguro de que descansaban de noche, como la gran mayoría de las razas del universo.

"Además, qué triste si viven de noche y se pierden de la belleza del día...".

O sea que debía esperar hasta el nuevo amanecer para ir en busca de su madre.

"Será lo mejor, pero...".

¿Qué haría con Pan mientras tanto?

La sola idea de QUÉ sería lo que haría con ella erizó su piel.

Cerró sus ojos y tocó su cabello, hallándolo bastante seco, lo suficiente para colocarse el casco. Luego de hacerlo, cortó la larga túnica negra (la única con capucha que había encontrado en la caja de Kakarotto) hasta la altura de su cola saiyan, enrollando su extremo inferior con ésta. En la parte de abajo de su cuerpo se puso una especie de pantalón, bastante holgado y también de color negro. Se colocó sus botas de combate y, con unas vendas que había llevado con él a la hora de asearse, se cubrió las asquerosas cicatrices de sus brazos, como de costumbre.

No podía negarlo: después de todos los acontecimientos de ese largo y tortuoso día, se sentía más horrendo que nunca.

Y, para colmo, Pan...

Fue hacia ella y descubrió la pequeña fogata encendida.

—Al fin, Trunks —musitó la muchachita en tono burlón—. Pensé que te habías ahogado.

Ignoró la provocación torpemente y notando para su desgracia cómo ella había cortado también su túnica, la cual tapaba únicamente hasta la mitad de sus muslos, con la cola saiyan sirviendo de sensual cinturón. Se sentó frente a ella, justo al lado de la fogata, sobre una piedra que, al parecer, Pan había colocado allí. Ella también estaba sobre una.

Cuando él se sentó y dejó su uniforme de pelea al lado del fuego, dispuesto a que así se secara, Pan lo observó por el rabillo del ojo, penetrándolo con su irritante mirada.

"Es el momento".

Miró el cielo que pasaba de azul a violeta en un espectáculo que ella desconocía.

"Es ahora o nunca...".

¿Pero cómo lo iba a convencer?

"No lo obligaré por más que eso fuera lo más fácil... Debe desearlo, sino no lo admitiré".

—Debes ser fuerte, Trunks —susurró en un hilo de voz apenas audible.

—¿Hablaste? —preguntó él sobresaltado, todo parecía asustarlo.

Ella lo enfrentó con la mirada, como siempre y como nunca.

—Hazlo —dijo sin rodeo alguno—. Si no lo haces no lograrás estar en paz.

Trunks parpadeó sin capacidad de comprender.

—No entiendo... —admitió—. ¿A qué te refieres?

"Ay, principito...".

—Eres lento—afirmó ella—, demasiado para mi gusto.

Eso, sin llegar a entenderlo del todo, lo deprimió.

—Pan... —la miró fijamente, cayendo en su ensueño más amado una vez más.

Ella volvió a decirle algo, pero no logró escucharla, no logró entender el idioma que ella utilizaba, nada tenía sentido cuando la miraba...

—¡Trunks! —llamó con fastidio, sintiendo el bloqueo del Príncipe—. Maldita sea... ¡HAZME CASO!

—Pan... —volvió a suspirar, casi saboreando la preciosidad salvaje de la muchachita—. Dime qué es lo que debo hacer...

"Ya no te soporto, Trunks".

—¡Un poco de convicción! —contestó ella, superada por la lentitud de él—. Eres cobarde y no puedo soportarlo —decidió decírselo sin miedo, sin timidez, escupirle su deseo de una manera inolvidable e ineludible—. ¡¡¡TU ROSTRO!!! Debo verlo AHORA...

Y la piel del híbrido volvió a erizarse.

El tiempo dejó de pasar, el viento dejó de soplar y las llamas de la fogata congelaron su movimiento.

Lo único que veía era a Pan, en una imagen tan estática que lograba marearlo.

"Mi... Mi rostro...".

Suspiró con resignación.

"Llegó el momento...".

Y saberlo lo asustó hasta el infinito, muchísimo más de lo esperado.

"No...", tembló. "No puedo, no puedo...".

Sus brazos se tensaron y no logró moverlos, tampoco logró articular palabra, ¡ni siquiera logró respirar! Terminó tosiendo, débil, miedoso...

"Soy la peor porquería, no logro merecerla por más que lo deseo...".

No podía, no había valor alguno en su pecho…

No había nada…

—¡¡¡NO!!! —gritó completamente sacado—. ¡¡¡NO PUEDO!!! —y se aferró a su casco con sus manos, meciéndose hacia adelante y hacia atrás, temblando y conteniendo las lágrimas—. ¡Es tan fácil pedirlo! ¡¡¡TAN FÁCIL!!! ¡Pero...!

Y esa, para Pan, fue la gota que rebalsó el vaso: Trunks acababa de hartarla.

—¡¡¡BASTA!!! —se levantó de la roca y fue hacia él, arrodillándose a sus pies, casi en un gesto de súplica que nada tenía que ver con ella y sus intenciones—. ¡Eres egoísta! ¡¿Así piensas mostrarte ante tu madre?! ¡¿QUÉ NO ENTIENDES?! Lo hago por ti, maldita sea, ¡lo hago por ti! —él tembló y lloró levemente, cosa que desquició más a la muchachita—. Aprende a mirar a los ojos sin miedo... ¡¡¡APRENDE A VIVIR SIN TU CASCO!!! No puedes mostrarte así ante ella ni ante nadie, ¡¡¡QUE TE IMPORTE UN BLEDO TU IMAGEN!!! Basta, Trunks... Si no me muestras tu rostro me iré, porque si no lo haces me estarás demostrando que no me mereces... ¡¡¡YO QUIERO UN HOMBRE VALIENTE!!! No un trastornado...

La miró fijamente.

"No puedo...".

Se abrazó con sus propios brazos, sintiendo un frío atroz sobre su piel.

—No... No puedo... —susurró para furia de Pan.

Ella se puso de pie, con la mirada más seria que tenía, llena de odio dirigido hacia él.

—¡¡¡BUENO!!! —le gritó en la cara, dándose vuelta después, dándole la espalda—. Me cansaste... Ve con "mami", pídele que te dé una nave de la Corporación Cápsula y vuelve a Vegetasei para morir sin honor... ¡Yo no sentiré nada cuando suceda! —y comenzó a alejarse, sabiendo que Trunks estaba hecho piedra y sin capacidad de moverse—. Eres demasiado cobarde, ¡sabes que debo verte! ¡¿Para qué mierda me trajiste a este lugar?! Te odio, Trunks...

Y se alejó con rumbo a la nave.

"Pan, no...".

Trunks la vio irse y todo se nubló.

"¡NO!".

Hijo, muéstrame tu rostro... —le susurraba dulcemente su madre en sus más dulces sueños.

No, mamá... —le contestaba él con tristeza—. Tengo miedo...

¿De qué? —le preguntaba, entonces, ella, con el gesto más triste que había visto en su vida.

Porque temo que me rechaces...

—Temo que me rechaces... —susurró entre lágrimas, sin abandonar la roca que le servía de asiento.

Pan seguía alejándose.

"No voy a soportar esta humillación, no voy a permitir que él me pisotee... ¡no soporto más su inacción! No soporto más su falta de principios...".

Una enorme tristeza que ella jamás admitiría la embargó, haciendo que apretara sus puños con toda su fuerza, lastimándose con sus uñas al hacerlo.

"No lo voy a soportar...".

Quiso voltear pero su orgullo no se lo permitió y, de esa forma, supo que alejarse de él le dolía.

Supo que realmente lo deseaba...

¡Supo que alejarse de él la estaba matando instante a instante!

"Pero no...", se dijo mentalmente y aguantándose magistralmente las ganas de llorar. "No voy a dejarme vencer...".

Trunks siguió mirando cómo ella se alejaba, susurrando lo mismo una y otra vez.

"Debo detenerla".

¡La estaba perdiendo! Y de la peor forma, de la forma más cobarde y menos saiyan del mundo.

"Debo... debo detenerla...".

¡¿Pero cómo?! Sus piernas no tenían fuerza, su alma menos que menos...

Y casi le pareció que Tark se hacía lugar en sus pensamientos valiéndose de todo su poder par lograrlo...

Los colores no hacen a la esencia de un saiyan... Grábate eso en la cabeza —le dijo tranquilamente—. Tú eres saiyan, te criaste como tal... Eres tan saiyan como tu padre o yo... ¡Un saiyan es un ser poderoso! Y tú lo eres...

—Pan... —volvió a suspirar.

"Detenla, Trunks, te lo suplico...".

¡¿Por qué le costaba tanto?!

"Tengo tanto miedo a ser rechazado, y más tratándose de ella... es el miedo, el miedo al rechazo, a que sus ojos no muestren lo que muestran a veces al mirarme, a que ella desee escupirme y humillarme...".

—Temo que me rechaces... —volvió a susurrar por enésima vez, sintiendo un torrente de convicción que poseyó a su cuerpo y su alma, haciendo que se pusiera de pie y corriera tras ella, deteniéndose a tan sólo unos pasos de la muchacha—. ¡¡¡TEMO QUE ME RECHACES!!!

Y ella se detuvo.

"¿Qué acaso ya no le he demostrado que lo elegí?".

Pan se sintió más frustrada que nunca.

"¡¿Qué acaso no lo he besado en el cuello, diciéndole así que todo estaría bien?!".

¿Por qué Trunks era incapaz de entenderla?

"Porque no sabe lo que se siente mirarme y saberse mirado por mí...".

Quizá él le temía, quizá él temía mirarla porque ella, para él, era...

Era...

—¡Pan! —y sintió a Trunks tras ella, aferrándola de los hombros—. No eres cualquiera, ¡no eres cualquier persona! Si mi padre, tu bisabuelo o cualquier saiyan me mirara con asco lo soportaría —mintió a medias—. Pero contigo no, si tú me miras con asco yo moriré.

La guerrera cerró sus ojos, conteniendo su claro enojo.

"Qué sentimental eres...".

Pero era fuerte, y su fuerza borraba todo del panorama de la joven.

De todas formas, debía hacerle comprender... Sino esa escena estaría cerca de un devastador desenlace.

"Y devastador no solamente para él...".

—Deja de humillarme, Príncipe —espetó a la vez que él la abrazaba por la espalda con todas sus fuerzas—. Basta de destruir mi orgullo... —y perdió los cabales—. ¡¡¡BASTA DE TEMER!!!

Finalmente volteó, sin ser consciente de lo que acababa de sucederle...

Y Trunks palideció.

¡Sí! Eran lágrimas, lágrimas frustradas, enojadas, furiosas y asqueadas de sus dudas.

Lágrimas que a ella le dolían, lo sabía, más que a él.

—Ya no me temas, Trunks... —musitó ella con frustración, aún sin notar sus lágrimas—. ¡¿Qué no te interesa?! He permitido que me toques, que me beses en el cuello que jamás nadie tocó... ¡He dejado que veas mi cuerpo y vivas para contarlo! ¡¿ESO NO TE DICE NADA?! Yo quiero... —y se sobresaltó al sentir humedad en sus ojos.

"No puede ser...".

En shock, Pan levantó lentamente sus manos, tocando sus propias mejillas, las cuales descubrió mojadas, manchadas, humilladas, débiles...

Rió sin parar de llorar, sin saber cómo detenerse.

—Vaya... —admitió entre risas y llanto—. Creo que algo anda mal... Estoy llorando por un guerrero sin orgullo y, encima, me dejo mostrar... —y se ahogó en su propio lamento—. No me humilles más... —suplicó llorando aún peor—. Basta, no me humilles...

—Pan... —y él logró detener su propio llanto, poniendo sus manos vendadas sobre el suave y blanquecino rostro—. No llores, no es digno de una guerrera como tú.

Ella se alejó de la caricia con un movimiento bastante violento, aunque sin darle la espalda a Trunks.

—¡¡¡CLARO QUE NO ES DIGNO DE MI!!! —afirmó avergonzada y enojadísima consigo misma—. Ya te lo he dicho: deja de humillarme, deja de provocar que yo me rebaje... ¡No lo soporto! No soporto tu falta de certeza, es increíble que un guerrero tan fuerte como tú, que en el campo de batalla se muestra cruel y elegante, sea un niñito caprichoso y llorón como tú... ¡Deja de engañarme! Sé uno con el guerrero, deja de... —y lo golpeó en el pecho, haciendo que Trunks retrocediera varios pasos—. ¡¡¡DEJA DE NEGAR TU NATURALEZA!!! Eres saiyan también, al diablo con los terrícolas, YO DIGO QUE ERES SAIYAN, por más ojos, por más cabello...

Y le dio la espalda, provocando desesperación en un Príncipe que ya no podía observar más a su princesa, los ojos de la mismísima paz que decoraban tan magistralmente sus orbes azules.

—No dejes de ser tú misma... —le pidió él, quebrado y serio—. Basta, Pan... No te dejes contagiar por mi debilidad.

Ella volvió a mirarlo.

—¡Y TÚ NO OLVIDES QUE ERES UN SAIYAN! Tu dualidad me da asco... Muéstrate, sino me iré.

Volvió a irse, logrando alejarse tan sólo diez pasos.

—¡¡¡PAN!!! —porque él la detuvo, superado por toda la situación, por todas las palabras, por el llanto de ella, por verla irse lejos de él... ¡por todo!

"No puedo soportarme a mí mismo, ella no merece alguien tan indigno".

Tenía que volver a ganársela.

"Siendo un saiyan, siendo para ella lo que soy para mi pueblo".

Sin decir nada más, la tomó del brazo, la subió a su hombro y la llevó hacia la fogata, sentándola sobre la roca que le perteneciera a ella minutos antes.

Él se sentó frente a Pan, quien no logró ocultar su sorpresa y excitación.

"No me esperaba eso...".

Por más que no veía su rostro, Pan supo que él había cambiado su actitud, era otra persona, alguien distinto.

"Acaba de hacer algo demasiado saiyan".

Y le gustó, ¿para qué negarlo?

Sonrió, limpió sus deshonrosas lágrimas que nada simbolizaban de su esencia, y lo vio apretar sus propias rodillas con fuerza.

—Hazlo —reanudó su pedido—. No me iré espantada ni aunque tus ojos estén en tus orejas y tu nariz en tu pera... NO ME VOY, ¿escuchaste? Muéstrame al saiyan de los entrenamientos, al Trunks que yo elegí...

Se odió por decir algo tan sentido, pero no había manera, sin miradas recíprocas no había otra manera de decirle lo que sentía, lo que quería... Al fin lo había comprendido, por eso les costaba tanto comunicarse.

"Pero a partir de ahora ya no será más así, no lo permitiré".

El Príncipe, por su parte, ahogó un gemido nervioso en su garganta.

"El Trunks que yo elegí", esa simple frase fue la que despertó el atisbo de convicción que buscaba en su corazón.

La miró fijamente y se juró a sí mismo que esa sería la última vez que lo haría a través del casco o de cualquier cosa que tapara su mirada.

"Ya no voy a humillarla... ¡Voy a merecerla!".

¡Sí!

En el cielo ya no tan azul, pudo observar un dejo, solamente un dejo, de la luna.

"La luna de la Tierra".

Se sorprendió de que estuviera en su cuarto menguante, ciclo lunar presente en todos y cada uno de sus sueños eróticos que había tenido con Pan.

Era una suerte que la luna no fuera llena debido a la posible transformación en Ohzaru, pero poco le importó el detalle...

"Qué coincidencia... Parece una broma".

Sonrió con nostalgia y sintió cómo su corazón se aceleraba.

"Has aparecido para convencerme por completo", le habló mentalmente a la luna. "Está bien, lo haré...".

—Lo haré... —dijo en un volumen que ni Pan logró captar.

El latir de su pecho, la emoción de mirar al astro en el cielo...

"Soy un saiyan... No hay de qué temer".

Por más terrícola que fuera, su esencia era saiyan, su corazón lo era...

"Todo mi ser lo es".

Y ese ser, y no su débil y asustado terrícola, era quien debía aparecer frente a Pan.

"Ella tiene razón... si no me muestro ante Pan, no seré capaz de mostrarme frente a nadie más, ni siquiera a mi madre…".

Sorprendiendo a su muchachita, Trunks dirigió sus manos a su nuca, deshabilitando el seguro de su casco.

"Si no le muestro mi rostro, ¿cómo, entonces, podré enfrentar a mi raza? Porque es en Vegetasei donde pertenezco".

Ahora lo sabía, se sentía más saiyan que nunca.

Más convencido que nunca.

El latido cada vez más desenfrenado de su corazón ante la hermosa luna se lo decía a gritos.

Tomó su casco con sus manos, empezando a tirar, lentamente, hacia arriba.

"Y, lo más importante... ¿Cómo podré unirme a Pan si no le muestro mi rostro? ¿Cómo podré vivir si no lo hago? Si no lo hago la perderé, y con ella perderé todo en lo cual creo, todo lo que me hace sentir...".

Ella era el motor de su convicción.

Ella era todo... Todo.

Por los siguientes diez segundos, los únicos dos sonidos que escuchó fueron, primero, el de Pan respirando fuertemente y, segundo, el de su casco caer a sus pies.

Ese golpe, y no otra cosa, fue el que lo despertó del miedo, de la soledad, del sufrimiento...

Lo despertó ante ella, ante la mujer que había elegido con cada célula de su cuerpo.

Con cada partícula de su alma...

Se aferró a la roca poniendo sus manos a cada lado de su cadera, casi temeroso de caer, de desmayarse, de vomitar por los nervios...

—Trunks, abre los ojos —suplicó ella con una voz que sonó rarísima, en un tono indescriptiblemente... ¿emocionado?

"Pan...".

Nacer ante su planeta natal, ante el mundo, ante la galaxia, ante el amor... ¡Ante ella!

Ser libre, ser libre de mirar, de ser mirado, de sentir el viento golpeando en su rostro, de unirse a una mujer, de gritarle al mundo quién y qué era.

Ni un terrícola, ni un saiyan.

Trunks, sólo Trunks, únicamente Trunks.

¡Era hora! Hora de, por primera vez en su vida, no ser gobernado ni por su padre ni por nadie, ni por el miedo, ni por el asco que sentía por él mismo...

Mirar la verdadera luz del universo por primera vez.

Liberarse de su propia prisión, del casco que tanto lo había martirizado por años...

"Hazlo, hazlo...".

Y sintiendo todo eso, percibiendo el viento más anhelado de la historia, Trunks logró mostrarle los ojos al mundo, mostrarle sus sentimientos al mundo, volver a nacer sin vergüenza, con orgullo y sin dudas, sin resentimientos...

"Ser yo por primera vez".

Mostrarle sus más profundos sentimientos a Pan, la niña que ya sentía su mujer.

Su corazón dio un vuelco sumamente doloroso y, a la vez, gratificante, pues Pan lo miraba fijamente, sin parpadear, sin ni siquiera respirar...

—Trunks... —susurró, mostrándose extraña, ajena a ella misma, casi hasta emocionada, casi hasta hipnotizada.

"Este es Trunks...".

Grande había sido su sorpresa al ver el cabello lila que NADA tenía que ver con los saiyans, sintiéndose extraña al ver lo lacias y suaves que parecían esas hebras pecadoras al caer y moverse con el viento, al mostrarse vivas y no estáticas como el cabello de todo saiyan.

Lo segundo fue el rostro, que le recordó a alguien, tardando en darse cuenta que ese rostro era igual al del Rey Vegeta, pero no... El lila distraía demasiado, poca importancia tenían esos rasgos de la Realeza, de hecho, los rasgos severos se veían distintos con el lila, con el lacio cabello, cortado desprolijamente hasta más o menos sus orejas.

¿Cortado? ¿Acaso su cabello crecería? Y sí, parecía cortado, era el único signo de desprolijidad que mostraba, pues se veía perfecto entre el brillo y el lacio impecable.

Perdió el aire al caer hipnotizada por ese cabello, no sabiendo definir esa ensalada de sentires que la inundaba, sentires intangibles e indescriptibles, infinitos y épicos, inmortales y dolorosos...

Satisfactorios...

Y, de pronto, los ojos... Esos que mantuvo cerrados por más de un minuto, temblando antes de por fin darlos a conocer.

"Azul...".

Allí, Pan perdió todo control de sus emociones y pensamientos racionales, nadando, sumergiéndose como en el lago, pero no allí... En el azul de sus ojos, un azul irreal, de ensueño, igual al cielo de la Tierra, hablando a favor de ese desconocido planeta, diciéndole incontables historias, mostrándole miedo, felicidad, odio, tristeza...

Soledad, mucha soledad...

¡Lo entendió! Ahora sí lograba hacerlo, lograba comprenderlo... ¡Tantos años ocultándose! Ocultando un rostro que todos creían deforme cuando estaba en el polo puesto de eso...

Porque sí, no era deforme, no era el Príncipe Feo que ella había imaginado toda su vida, era exótico, saiyan pero no saiyan, algo distinto... La mirada severa llena de frustración...

Se notaba tanto el sufrimiento que ella casi lograba sentirlo, erizándole con sencillez y honestidad la piel hasta los límites más morbosos de la empatía.

"¿Tanto has sufrido?".

¡¿Cómo era posible que se notara tanto?!

"¿Cómo hace para decir tanto con los ojos?".

Esa sensación, ese descubrimiento era desconocido para ella, era un mundo que ella ignoraba pudiera existir...

Sus pupilas negras, tan pequeñas como contundentes, llamaban tanto la atención que parecía que en cualquier momento escaparían de sus ojos, parecía que iban a saltar hacia la nada en cualquier momento.

"No puedo negarlo...".

Sí, Pan ahora lo sabía: nada de Príncipe Feo, él era bello, y no sólo bello, era hermoso, bendecido por una belleza tan exótica como fascinante.

Ni la belleza de la Tierra que tanto la había conquistado, ni la belleza del propio Vegetasei se le comparaba...

Pero, claro, ella jamás lo admitiría.

"Ya no más palabras, jamás podré volver a hablar de más frente a esos ojos".

Porque esos ojos acababan de envenenarla, acababan de hacer que el veneno azul se metiera en sus venas, que poseyera su alma y su cuerpo.

Mas no pudo seguir mirándolos, ya que un asustado Trunks los desvió hacia un costado, mostrándose tan nervioso como triste, tan asustado como impotente.

Sin dudarlo, ella se acercó lentamente a él.

Trunks mantuvo su mirada en el suelo, sin ser consciente del poder de sus ojos, de la transparencia casi dolorosa de éstos.

La mirada de Pan acababa de decirle todo y nada al mismo tiempo, no había logrado descifrar nada... Ella se había quedado quieta, sumida en algo que él no conocía, en algo desconocido que lo asustaba pero entusiasmaba.

"Debo parecerle una aberración".

Miró sus muñecas vendadas.

"Una aberración...".

Cerró sus ojos justo cuando ella se agachó frente a él, propinándole una enorme cachetada.

—¡NO! —le gritó ante la nula reacción de él—. No te atrevas a cerrar tus ojos ni, mucho menos, te atrevas a desviarlos... ¡Mírame! Maldita sea, mírame.

El Príncipe tardó varios segundos en reaccionar, obedeciéndola, pues nada podía hacer ante un pedido de la mujer que había elegido con semejante decisión.

Volvió a mirarla y encontró respuestas: los ojos de Pan le mostraron dos cosas demasiado notorias... ¿Qué cosas? Tardó un poco en convertir la sensación de saberlo en palabras, comprendiendo que allí había tanto orgullo como emoción, una que lo sorprendió en demasía.

—Pan... —habló por primera vez, provocando en ella una media sonrisa que se clavó en su corazón como una puñalada de pureza.

Ella suspiró, sin abandonar ese gesto orgulloso y emocionado.

—Así que este es el Príncipe Feo... —murmuró—. El Príncipe Deforme, el Príncipe que todos han descrito como algo que no es...

No pudo controlarlo, Trunks derramó una lágrima que ella limpió con su mano, manteniendo ésta sobre su mejilla, sumando su otra mano al otro lado de su rostro.

—Pan, yo... —quiso hablar pero ella depositó, con suavidad, un dedo sobre sus labios, esos que eran iguales a lo que había tanteado la vez del baño, la venda y el espejo roto: suaves, ni muy carnosos ni muy finos.

Perfectos.

Trunks tembló ante el contacto en sus labios.

"Es cierto...", pensó. "Ella no me mira con asco...".

¡Y recién en ese momento lo notaba!

"No hay asco... ¡No hay asco!".

—El Príncipe Feo no es feo, ¿sabes? —susurró ella sin atisbo de timidez alguno—. El Príncipe Feo es... —y se detuvo.

"No, Pan... Este no es tu estilo, compórtate como una guerrera".

Como la mejor guerrera de su clase...

—Ya no volveré a decirte nada —exclamó la muchacha sin dejar de lado la media sonrisa—. Jamás volveré a explicarte nada...

Trunks no supo si alegrarse o entristecerse con esa frase.

"¿Qué intenta decirme?".

Y, justo en ese instante de búsqueda insaciable de comprensión, ella hizo algo que logró hacerlo brincar de impresión, algo que aceleró su corazón, algo que excitó su cuerpo...

Algo que le hizo desear, más que nunca, la sangre que corría por las venas de ella...

De "su" muchacha, de Pan.

"No puede ser...".

Ninguno de los dos había cerrado los ojos, aún se miraban mientras se unían por primera vez. Sí, Pan lo estaba besando en la boca.

"No... No puede ser...".

Con una suave caricia y después de que el tiempo se detuviera para siempre para ellos, Pan cerró los ojos de Trunks, yendo de los párpados a la nuca, donde se aferró al cabello lila, sintiendo la suavidad y el aroma perfecto de éste, besándolo con más profundidad.

"Jamás volveré a explicarte nada...".

Su excitación subió al saber las manos de él sobre su cintura, instantes antes de caer los dos al suelo, invadidos por la excitación y el calor, por la falta de gravedad que esa unión labial les provocaba.

"Ya no necesito explicarte nada después de esto, principito... ¡Ya no más palabras! No volveré a hacerlo, no volveré a explicar mis sentimientos, yo no sirvo para eso…".

Rió mientras lo besaba, acariciándolo posesivamente, provocando en él un desenfreno que sería difícil, por no decir imposible, de frenar.

"No sirvo para explicar, sirvo para hacer, para demostrar con acciones...".

De pocas palabras y contundentes acciones, de inquebrantable valentía y sin ningún dejo de miedo: esa era su esencia guerrera y no pensaba volver a quebrarla jamás.

No luego de ese beso.

Trunks apretó la cintura hacia él, pasando de estar ambos de costado a estar él debajo, posición perfecta para tocar la espalda que tanto le había fascinado al verla desnuda en el lago.

Ella lo besaba como ninguna mujer lo había besado, ¿Realmente tenía 15 años? ¿Todo eso podía hacer el deseo?

"Ella me eligió...".

Y nada más importaba.

No eran nada más que dos saiyans besándose, dos saiyans diciéndose sin palabras, de forma implícita y explícita, que se habían elegido mutuamente.

"Dos saiyans…".

Eso parecía explicar el inmenso impacto sexual y sentimental que ese beso le había causado.

Siguió acariciándola y comprendió que ese beso estaba cargado de deseo, pero también de una especie de "inocencia" que no podía descifrar.

Succionaban la boca del otro como si allí estuviera el agua tan deseada luego de un largo entrenamiento, el medio para refrescarse y lograr hacer sentir al cuerpo satisfecho.

Aún así... No, ninguno de los dos se sentía del todo satisfecho. El beso quería hacerse más profundo y erótico, mas ninguno de los dos lo permitió.

Ese beso era el primero y todo había sido demasiado emotivo entre ellos como para perder el control a la primera.

Ella no abandonó en ningún momento la piel de él, acariciándola y casi rasgándola con sus uñas, empezando a sentir el descontrol y las ganas de unirse a él, por primera vez con tremenda contundencia.

Pero no, se dijo basta y se separó de él a regañadientes, sin querer hacerlo realmente, pero sabiendo que era lo mejor.

"Primero lo primero...", pensó casi sofocada.

Rodó hacia el suelo, abandonando ese cómodo colchón que acababa de acogerla con tanta calidez para volver al verde pasto.

Trunks se la quedó mirando y, antes de que pronunciara alguna palabra emotiva que pudiera irritarla, ella se puso de pie y le dio la espalda.

—Vamos a entrenar —dijo—. Mañana iremos a ver a tu madre, no puedes posponerlo por más tiempo... Por lo pronto, será mejor que comamos algo y nos dediquemos a un buen entrenamiento —y bajó un poco el tono de su voz—, quién sabe los peligros que pueda depararnos este planeta...

Ella rió y él, para su propia sorpresa, también.

"A mí no me engañas...".

Trunks lo supo: ese entrenamiento tenía otro motivo.

"Y ese motivo me fascina...".

Se puso de pie, aún emocionado y deseoso de volver a sentir el apetecible sabor de la boca de la muchachita, yendo hacia ella, volteándola e intentando volver a besarla. Desgraciadamente no lo logró, ella lo esquivó con elegancia.

—Primero entrenar —aseguró ella, aún riéndose y escapando por completo de la emotividad de la escena anterior.

¡Era impresionante! Ella lo miraba con una naturalidad que lo conmovía, con una media sonrisa que lo excitaba y, lo mejor de todo, sin ningún rastro de rechazo.

Supo que ella decía la verdad, que era mejor ir a ver a su madre al día siguiente, con los primeros rayos del sol... en el momento en el cual ese cielo volviera a aclararse y se pintara de azul una vez más.

Pan y él se miraron durante unos instantes.

Los ojos azules del ya no más Príncipe Feo le hablaban con una facilidad casi molesta pero por demás honesta y sentida.

"Ya no más Príncipe Feo, ahora es el Príncipe de los ojos azules".

Rió brevemente y desafió los orbes que la observaban sin perder detalle.

—Principito azul —musitó entre risas—. Cacemos algún animal y comamos, me muero de hambre.

Trunks respiró con dificultad al darse cuenta de lo cómodo que se sentía frente a ella y con su rostro desnudo.

"Me uniré a ti, es ahora o nunca...".

Después de tanto sufrimiento merecía algo de felicidad, y nadie más que ella podría dársela en ese delicado momento.

La incertidumbre de estar a punto de conocer a su madre lo mataba, sí... Pero los ojos negros fijos en sus esferas azules tan claras como el cielo terrícola le daban esperanza.

Ya no volvería a sentirse solo...

Nunca más.


Nota Final del Capítulo XXII

Pan y Trunks mirándose a los ojos por primera vez... ¡Ah! Cuánto soñé este momento... Me cuesta creer cómo me contuve tanto de hacerlo antes de tiempo... Es increíble.

22 capítulos tuvieron que pasar, pero acá estamos n.n

Creo que fue cuando tenía que ser, ni antes ni después... Por lo menos esa es mi perspectiva.

Estoy convencida de que los ojos son el lenguaje del alma, y sé que al mirar a alguien con honestidad podemos sentirlo y entenderlo por completo... sin importar nada ni nadie. Eso intenté plasmar en este capítulo.

¿Trunks en Capsule Corp.? Se las debo n.n... No fue por mala, pero así tuvo que ser... Sino en este capi iban a pasar demasiadas cosas... Por lo pronto, parece que el orden de las tres famosas prioridades de Trunks va a darse vuelta del todo... ¡chan!

Por supuesto que Trunks no iba a aguantar, había esperado demasiado la posibilidad de tocarla... Después de ese beso (dominado casi por completo por ella, jeh) quién sabe a dónde vaya a parar todo (?!).

Creo que él tiene que estar en paz antes de ver (o no, quién sabe... bah, yo sé pero no les cuento XD) a su mamá, antes de conocer su otra esencia... Primero tenía que reconciliarse con el saiyan que tiene dentro de él, y qué mejor que Pan para hacerlo.

"Naturaleza"... Escribí "Narutaleza" como diez veces por accidente XDDD... (Odio Naruto, me persigue XD). A muchos de mis amigos les encanta pero yo no le encuentro el encanto, se me hizo gracioso haberme equivocado justo con eso tantas veces XDD

"Unleash" de Epica es la canción de este capi... Juro que, si este fic hubiera sucedido en otro contexto en vez de en Vegetasei, además de que las reglas actuales de esta web ya no lo permiten, hubiera puesto la letra intercalada durante todo el capi... Es TAN Trunks, TAN Trunks que este capi hubiera sido imposible sin esa canción.

Escúchenla si pueden y/o quieren... Les garantizo que define con totalidad este capítulo.

Sí, así de emotiva soy XD

A lo mejor este capi les resulta un poco "abstracto", pero así sentí que debía ser, alejado de las peleas y demás, Trunks tenía que mostrarse tal cual es y él es sensible como ningún saiyan que haya aparecido en la serie.

Gracias por sus comentarios y espero les guste.

Saludos n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.