PECADOS EN LA SANGRE
Capítulo XXIII
"La unión y la luna"
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—¿Por qué te pusiste la capucha? —inquirió una molesta Pan—. Es absurdo, ya no tienes nada que esconder... —y arrojó su mirada sobre el suelo.
Inevitablemente, Trunks cerró sus ojos avergonzado.
—Lo siento, es que me cuesta... —respondió tímidamente.
Ella rió.
—Sácatela.
Ya era de noche y la Tierra se había vestido de negro, dejando ver en el cielo unas deslumbrantes estrellas que hipnotizaban fácilmente a quien las mirara.
El Príncipe se permitió observarlas por unos instantes, maravillado de cómo rodeaban la luna, como si significaran pequeños destellos que ésta despedía.
La luna...
Sólo la fogata y la luz de la luna los iluminaba, fusionándose en un cóctel de rojo y blanco que embellecía segundo a segundo a su compañera de viaje.
Meditó unos instantes y, finalmente, se quitó la capucha.
Ella volvió a reír.
—Así me gusta.
Hacía horas que habían comido, sumiéndose luego del banquete (cortesía de un enorme animal de nombre desconocido) en los más profundos pensamientos.
Trunks pensaba en tantas cosas... Su madre, su padre, la Tierra, Vegetasei, su sangre híbrida... Y en Pan, por supuesto. Todo quedaba de lado al pensar en Pan.
"Hay algo que aún no se ha concretado".
No podría concentrarse en sus verdaderas prioridades hasta solucionarlo.
Pan, por su parte, pensaba en su raza, en su familia, en si ellos aceptarían que ella se uniera a un híbrido.
"Mi bisabuelo va a gritar mucho...".
¡Pero era tarde! Tan tarde que le molestaba.
"Es fuerte, me importa muy poco si es híbrido o enteramente terrícola".
Aunque un terrícola no tenía tanto poder...
Unos minutos después de comer, Pan se había colocado el casco de Trunks (pues su Scouter había explotado luego de la extraña transformación de Vegeta) para buscar algún sujeto con poder interesante, pero nada...
Algún que otro poder destacaba, de todas formas nadie era digno rival para ellos.
Giró levemente su cabeza y miró a Trunks. No dejaba de llamarle la atención su cabello.
"¿Realmente se lo cortará?".
—Oye —lo llamó descortésmente—, Tu pelo es muy raro, no es tan estático como el nuestro... Parece mal cortado al juzgar por lo desprolijo de sus puntas, ¿Por qué? ¿Acaso te crece?
Trunks se sonrojó y ella adoptó un semblante por demás extrañado.
"Que idiota".
El híbrido volteó para mirarla.
"Es hermosa".
¡Basta! No podía distraerse tanto...
—Bueno, eh... —rascó su nuca con confusión—. Sí, me crece... Cada tres o cuatro meses lo corto con una navaja, todo para evitar que sea molesto a la hora de usar el casco.
—Un atisbo terrícola —adivinó, y él asintió aunque no del todo convencido.
—Supongo... —murmuró—. No tengo idea, pero seguramente sea por eso.
Pan abandonó el semblante curioso y lo cambió por uno más serio.
"Quiero entrenar...".
—Principito, ya es hora —y se puso de pie—. Es hora de que pelees conmigo.
Y Trunks abrió los ojos enormes, aún más sonrojado que antes.
Un nuevo día despertó en Vegetasei.
Vegeta se revolvió en su cama, molesto por la luz que provenía de afuera, despertándose con el pie izquierdo.
Se asomó por la ventana y vio a esclavos y más esclavos limpiando todo el desastre ocasionado por la batalla, además de arreglando todo lo que había quedado destruido.
Decidió cambiarse, pues en unas horas, seguramente, sería la ceremonia de despedida para los caídos.
"Mucha gente muerta...".
Los viejos de Clase Alta dijeron que iban a encargarse del asunto personalmente, debido que Tark bastante ocupado estaba con las cientos de Cámaras de Recuperación en funcionamiento.
Un desastre, en resumen.
Se vistió envuelto en fastidio y salió de su habitación.
Caminó por el hall y escuchó voces en la puerta del Palacio, seguramente eran los Clase Alta.
"Me vigilan para que no escape, imbéciles".
No perdería tiempo en pensar en ellos.
Fue, entonces, hacia su verdadero objetivo: el intercomunicador.
Un soldado del calabozo subterráneo le contestó.
—¡Rey Vegeta! —lo observó lleno de miedo.
El padre de Trunks refunfuñó.
—Envíame a Kakarotto, necesito hablar con él —y cortó.
Ese sujeto había estado en su cabeza cada minuto desde el final de la batalla. Cómo no había dudado en salvar a su hijo, cómo había aceptado ser encarcelado sin miedo ni odio alguno...
"Es un idiota...", pensó.
Un idiota que conocía la Tierra...
"Descubrirán a Trunks, es algo inevitable".
Pero no lograba comprender la actitud de Kakarotto. Y no le gustaba...
De pronto golpearon en la puerta principal, distrayéndolo.
—¡Rey! —gritó la insoportable Mitis, quien lo había molestado hasta cinco minutos antes de dormir... Y allí estaba de nuevo—. ¡¿Cómo es eso de que quiere hablar con Kakarotto?!
Vegeta abrió la puerta sin preámbulos.
—¡¿Y a ti qué mierda te importa, mujer?! —contestó seca y firmemente—. Son mis asuntos.
La mujer lo observó severamente.
—Debo saber qué asuntos son esos, sino no permitiré que pase al Palacio —afirmó.
—¡BAH! —y cerró la puerta en su cara, escuchándola maldecirlo tras ésta.
Fue a su cuarto y decidió encerrarse allí durante todo el día, sin ni siquiera desear ir a la ceremonia de despedida.
Nada le interesaba, nadie le interesaba...
"¿Trunks la habrá visto?".
Imaginó el encuentro entre ellos, los dos tercios vivos jamás admitidos de su corazón, y una fuerte angustia lo embargó.
"Ella no lo aceptará, no aceptará su sangre".
La débil y el fuerte, unidos al fin...
Y él encerrado en el Palacio sin ni siquiera poder hablar con alguien.
"En la noche iré al calabozo y hablaré con el estúpido de Kakarotto... ¡No me lo van a impedir!".
Porque al hablar con él, quizá, encontraría respuestas.
Respuestas que conocía pero que no quería admitir.
"Trunks llorará como un débil cuando sepa la verdad...".
Quizá ya estaría llorando, mientras él se aburría entre los más bizarros pensamientos.
—Bulma...
Despertó posado en la mejor almohada del mundo: los pechos de Zuzik.
Era la primera noche de verdadera convivencia luego de tantos años y Raditz estaba ciertamente feliz, aunque ella, a lo mejor, no se lo merecía...
"Poco me interesa".
Se levantó y ella despertó ante la falta de peso sobre su piel.
—Raditz... —susurró dormida al verlo parado al lado de la cama, vistiéndose.
—Debo hablar con el mocoso —le dijo, haciendo mención a Goten—. De seguro sigue refunfuñando.
Zuzik se levantó de la cama y fue hacia él, lo acarició y besó apasionadamente.
—Parece que es tu gran debilidad —mencionó.
Raditz la observó en detalle, sin creer aún que ella había vuelto a su vida, sin lograr acostumbrarse a su presencia. Parecía un sueño, una mentira...
¡Y Nappa estaba muerto! La primera noche con ella y sabiendo que él ya no existía había sido la mejor de su vida.
—Lo es —admitió sin vergüenza pero, a la vez, sin mostrarse excesivamente emocional—. Esta es tu casa, puedes hacer lo que quieras —y, luego de besarla profundamente, intentando con esto convencerse de que ella realmente estaba allí con él, se marchó hacia el exterior de la casa, en busca de su atolondrado sobrino.
No tardó mucho en encontrarlo, pues Goten era extremadamente predecible y siempre que estaba enojado o triste iba a parar al mismo lugar: al techo de la casa.
Ni siquiera tuvo que volar, dio un gran brinco desde la puerta y llegó hasta él. Goten se veía pensativo, sentado al borde del techo y con la vista perdida en el cielo rosado.
—Como lo imaginé —exclamó mientras se sentaba a su lado—. Te lo tomaste muy a pecho, niño.
Goten, para su sorpresa, ni siquiera volteó para observarlo.
—No molestes, tío —y eso si que lo sorprendió.
Raditz dejó de mirarlo y fijó su vista, así como él, en el cielo.
—¿Y por qué tan enojado? —preguntó secamente—. Espero tengas buenos motivos, sabes bien que no me agradan los berrinches.
Goten sí lo miró esta vez.
—Tío... —susurró—. Nos estamos condenando, ¡Tark me lo dijo ayer y yo estuve de acuerdo! Nos estamos condenando a desaparecer... —admitió con tristeza—. Yo no quiero que nuestra raza se extinga, quiero que seamos cada día más fuertes, pero... No sé, siento que a nadie le interesa la sangre que, supuestamente, defendemos con uñas y dientes —el muchacho hizo una breve pausa y prosiguió—: A nadie le importa la sangre saiyan, a todos les importa sentirse mejor que el resto del universo... ¿Tan ciegos estamos?
La inocencia y la madurez se hacían uno en las pupilas de Goten, cosa que a Raditz le generó un orgullo inmenso.
Palmeó su hombro con simpatía.
—Estás en lo cierto —afirmó—. Pero así somos los saiyans, así nos educamos los unos a los otros: para no sólo ser la raza más fuerte, sino además la más soberbia del universo.
Goten apretó sus puños, claramente enfadado.
—¡Tonterías! —musitó—. Si vuelve a suceder lo que sucedió ayer estaremos a un maldito paso de desaparecer... ¡La hibridez es la respuesta! Nuevas clases de poder podrían darle a nuestra raza el brillo perdido... ¡Todo se ha vuelto extremadamente rutinario! ¡Es aburrido! Ya no es divertido ser saiyan, tío... No cuando discriminamos a nuestro propio Príncipe por no parecerse físicamente a nosotros. ¿Tan superficiales somos?
Goten se mostraba más reflexivo que nunca, haciendo preguntas plagadas de sentimiento a cada momento.
Raditz estaba más que asombrado: algo había cambiado a su sobrino, ese nada tenía del viejo Goten, del muchacho tonto y distraído al que nada parecía importarle más que comer, pelear y reír.
—Se supone que no nos importan las apariencias, que únicamente nos importa la fuerza —intentó explicarle su tío—, pero no sé qué nos ha sucedido... Tantos años de pocas misiones y de tener a las cuatro galaxias a nuestros pies nos han vuelto unos idiotas que ya ni disfrutan de pelear, que de lo único que disfrutan es de presumir con supuestos argumentos bien sostenidos. Ya no somos saiyans, somos la sombra de lo que fuimos.
Y esa era la verdad.
Goten sonrió ante los dichos de su tío, encontrando en él la respuesta, la que solamente él sabía darle con tanta sabiduría y con tan pocas palabras.
—Estamos volviéndonos cada vez más idiotas —agregó.
—Sí —y Raditz mostró una media sonrisa—. Todo por culpa del poder, de saber que tenemos todos los planetas que queramos a nuestra disposición, de no dejar con vida a ningún rival digno... ¡Ese fue el motivo! Fue por eso que todo esto sucedió: por ser tan fuertes que ni fuertes somos, pues no hay rivales dignos que nos califiquen como tales.
Goten parpadeó repetidas veces, intentando comprender las palabras de su antiguo maestro. Sí, era cierto... ¡Tan cierto!
—¡Nos condenamos a una vida de aburrimiento! Matar tanto no fue la respuesta...
—Exacto —y Raditz se puso de pie—. Ahora cambia la cara y cree en estas palabras, cuando el Príncipe vuelva no estará tan solo como piensas, los días harán que todos reflexionemos.
Goten suspiró.
—Eso espero...
—Sácate las vendas de las muñecas —exigió Pan con una media sonrisa.
Trunks se impresionó por el pedido.
—Pero... —¡Sus marcas al descubierto! No quería, no lo deseaba en absoluto...—. Eso no es necesario, Pan... ¡Déjalas! No molestan para la batalla.
La muchacha adoptó un semblante serio.
—Basta, Trunks —musitó—. Basta de timidez, hasta que no te la saques del todo no lograrás nada en la vida, NADA —y rió con sarcasmo—. ¿Así de tímido piensas enfrentar a tu madre? ¿Acaso eres tan ingenuo en pensar que ella no preguntará por tus vendas? Deberás enfrentar a tus demonios y decírselo... ¡Deberás contarle TODO sobre ti!
"Lo hago por tu bien, entiende...".
Y la soberbia que reinaba en el rostro desapareció, entrando en escena la furia.
Trunks sabía que ella tenía razón, ¡no iba a volver a entrar en discusión si ella tenía más razón que la razón misma! No quería seguir irritándola, temía perderla, cada vez más...
Todo pendía de un hilo, eso sentía el Príncipe.
Pan, inesperadamente, volvió a reír en un arranque que no supo explicarse del todo.
—¡¿Así quieres unirte a mí?! —exclamó furiosa—. Confía y deja de pensar que todo se irá al diablo cuando despiertes... —y se acercó a él, propinándole un devastador puñetazo en el rostro—. ¡¿Ves?! ¡Estás despierto! Trunks... ¡Vamos!
Increíble, pero ella había adivinado sus pensamientos con una abismal exactitud.
"Pan...".
Cerró sus ojos invadido por una enorme frustración, una que no podía evadir debido al enorme rencor que sentía por su propio ser.
"Soy demasiado idiota, demasiado perseguido...".
Tembló sin abrir sus ojos, aún avergonzado de su prohibida mirada, acercando su mano al brazo contrario, arrancando de un sólo movimiento la venda. Hizo lo mismo con su otro brazo y finalmente abrió los ojos, encontrándose con éstas en el suelo y con Pan sonriendo más que satisfecha.
—Así me gusta —aseguró ella—. Nada de timidez... Vamos a pelear.
¿Podía negarlo? ¡No! Quería pelear lo más pronto posible con él, sin ya poder contener el deseo que ese primer beso entre ellos le había generado. Pan estaba realmente desquiciada, necesitaba esa sangre, ahora era consciente de ello.
Censuró su mirada de Trunks, tapándola con sus párpados.
"Incomprensible, pero creo que fue ese beso el que me hizo elegirlo por completo".
Eso y la mirada, eso y el cabello... Eso y el alma perfectamente reflejada en el azul y el deseo perfectamente reflejado en los labios.
Habían anticipado demasiado ese momento, ella menos que él, probablemente esa era la verdad, pero ahora lo sentía con más fuerza, con la misma fuerza que el guerrero que tenía en frente, quien entre temblores y suspiros no sabía cómo dar comienzo a la batalla final. A la que, de salir bien como la cultura saiyan demandaba, sería la última batalla como elegidos y la primera batalla como una pareja unida, consumada en cuerpo y alma, en sangre y sentimientos...
Una verdadera pareja saiyan.
"Si no peleas con propiedad no me uniré a ti".
—Esta es la prueba final —y Pan, sin ya poder soportar tanto silencio, se puso en posición de combate—. Pelea y demuéstrame TODO tu poder, no quiero lástima ni represión, quiero que seas todo tú, todo tu poder... —le pidió con firmeza—. Vamos, principito... Hazlo.
Trunks la observó y algo pareció resplandecer alrededor de la silueta de Pan, quien acababa de abrir los ojos hacia él.
Los orbes negros gritaban una enorme cantidad de locuras, salvajes e inocentes. Pedían a Trunks una cantidad infinita de cosas, cosas que él tenía miedo de no poder darle...
"¿La merezco? ¿Realmente la merezco?".
La pose de combate tan bien delineada, los ojos tan bien puestos en los suyos, la boca mostrando tan bien los blancos y delicados dientes... Todo en ella era perfección, no había rastro alguno de errores, era maravillosa de la cabeza a los pies.
Sólo faltaba una cosa y sería suya...
"¡¿Por qué lo dudo tanto?!".
Miedo al rechazo, otra vez era ese el problema...
"Tengo miedo de no gustarle, de no ser digno.".
Ese pensamiento casi lo hizo caer de vergüenza.
"Debo comportarme como un saiyan, no debo ser sentimental, no debo...".
¡Pero era inevitable!
"Si soy extremadamente sentimental... ¡¿A quién mierda quiero engañar?!".
No estaba mal serlo, después de todo era parte de su naturaleza…
"¿No se supone que debo ser yo mismo?".
El problema era el temor que serlo le generaba...
—¡¿Qué diablos estás esperando?! —Pan lo sacó de sus pensamientos con un fuerte grito—. ¡No tengo todo el día! Trunks, si no quieres no lo hagas, pensé que lo deseabas pero veo que no...
Y algo apareció en la casi siempre impasible mirada de Pan, una cosa que Trunks jamás creyó ver con tanta claridad en ella al tratarse de él: tristeza.
La muchachita de Clase Baja se cruzó de brazos y le dio la espalda, quizá queriendo evitar que él la viera en ese estado. Mas ya era muy tarde, pues Trunks había apreciado en un sólo instante ese sentimiento que tan poco tenía que ver con Pan y que tan claro se podía apreciar en el profundo negro...
Ella, por su parte, se sintió más frustrada que nunca, incluso más que horas anteriores, cuando él dio las mil y una vueltas para mostrarle su rostro.
"¿Quiere o no? Pensé que le gustaba pelear conmigo...".
Cerró sus ojos en un gesto que denotaba una enorme sensación de fracaso.
"Es un imbécil... ¡Casi me le estoy entregando! ¡Yo no soy así!".
Su abuela Chichi siempre le decía que las mujeres tienen como característica principal su emotividad, propia del sexo femenino, aun en las saiyans... ¡Hasta ellas tenían sentimientos!
Y en ese momento se dio cuenta de tan asquerosa verdad...
Se tapó la cara, enfadadísima consigo misma por llorar y ser débil, sabiendo cuánto le importaba él al juzgar por su malestar, sabiendo también que él era el único hombre que le había hecho sentir ese sentimiento...
"No es justo...".
Repentinamente, él se acercó a ella, depositando sus manos sobre los pequeños y fuertes hombros, plagando al gesto de suavidad y afecto.
—Soy un monstruo, perdón... —susurró Trunks en su oído.
Pan dejó caer más su cabeza.
"Creo que no notó mis lágrimas...".
¡Eso sí la alegró en medio de tan tensa situación! La alegró en demasía.
—Te falta convicción y no lo soporto... —secó sus lágrimas velozmente, enfrentándolo con la mirada.
Supo que ella estaba llorando, por más que la muchachita hubiera limpiado sus lágrimas, él logró notar los dejos de éstas que aún permanecían en tan armonioso rostro.
La abrazó, siendo débil y sentimental una vez más.
—No es tu culpa... —contestó con delicadeza—. Es que le temo a un número abismal de cosas, Pan... Eres demasiado para mí y soy muy poco para ti, no quiero decepcionarte ni mucho menos perderte.
Eso sí que logró descolocar a la muchacha.
—¡¿Es broma?! —exclamó furiosa y soltándose del protector agarre que él ejercía sobre su cuerpo hasta hacía un instante—. ¡Trunks! Deja de pensar en bobadas que no vienen al caso... —y lo golpeó fuertemente en el brazo—. ¡¿Qué hacemos los saiyans cuando peleamos?!
Trunks parpadeó sin comprender, intentando sin éxito volver a abrazarla.
—¿Qué hacemos? —se preguntó en voz alta.
Pensó y creyó encontrar la respuesta, cortesía ineludible de su padre.
—Cuando un saiyan pelea sólo vive para esa pelea, no vive para nada más —afirmó un orgulloso Vegeta a su hijo, quien no tenía más de siete años—. Lo más importante es dejarse llevar, ni pensar ni sentir otra cosa que al rival, dejarse llevar por completo por los golpes y la furia, por el deseo de ganar... ¡Hasta que no lo entiendas no serás un hombre digno de nuestra raza! Que te quede claro de una maldita vez, mocoso... ¡Deja de ser tan emotivo! Empieza a dejarte llevar y no pensar ni sentir demasiado... ¡Me has cansado con tu estúpida actitud!
"Siempre tan dulce, papá...".
Pero tenía que admitirlo, las pocas enseñanzas que Vegeta le había dejado a lo largo de su vida siempre le servían.
"Dejarme llevar...".
Trunks y Pan se miraron fijamente, ella enfadada y él frustrado, ella expectante y él temeroso...
"Dejarme llevar...".
Levantó una de sus manos y la depositó en el rostro de Pan.
"Dejarme llevar por ella, por Pan...".
¡Pero claro! El instinto, lo había olvidado por completo. ¡Estaba tan nervioso que no había reparado en su instinto! Ese era el secreto: dejarse llevar por sus necesidades más primitivas, dejarse llevar completamente por ella, tanto física como emocionalmente.
¡Como la vez de la exploración! La vez que ellos dos llegaron más lejos, en el baño de su habitación y con un espejo roto a sus pies, con una venda tapando los ojos de Pan y con su sexo más erguido que nunca...
La había tocado y todo se había salido de control...
"Basta de nerviosismo, es eso lo que me falta".
Despertar a su instinto, el que estaba despierto de por sí, pero tapado magistralmente por el miedo y los nervios injustificados cuando de Pan se trataba.
Vencer el miedo y dejarse llevar... ¡Esa era la respuesta!
La miró fijamente y su respiración se agitó, sujetando el rostro de la muchachita con fuerza. Se acercó a su cabello agachando un poco la cabeza de Pan, olfateándolo sin miramientos.
El aroma del cabello había sido la primera cosa que le había gustado de ella o, por lo menos, eso creía recordar el Príncipe.
Pan palideció, supo que él percibía su aroma y empezó a sonrojarse. Intentó mantener la calma pero le fue muy difícil, por no decir imposible, hacerlo.
Lo deseaba con locura, era doloroso contener tanto deseo.
Trunks continuó el recorrido, acariciando suavemente el rostro de Pan, acercando su cara a la de ella y saboreando el aroma de su piel. Respiraron uno sobre otro y empezaron a excitarse hasta el punto anhelado, el punto del no retorno.
El punto de la perdición absoluta...
—¿Qué hacemos los saiyans cuando peleamos? —balbuceó Pan, repitiendo su pregunta y perdiendo, al hablar, el poco aliento que le quedaba. Estaba más excitada de lo que pensaba...
Trunks, para su enorme asombro, le sonrió orgullosamente, demostrando que finalmente había comprendido, que finalmente sabía la respuesta a esa simple pero difícil pregunta...
—Nos dejamos llevar por el instinto de nuestra sangre... —y acarició el cuello de Pan con su rostro, logrando estremecer a la muchachita, quien en ese preciso instante logró entender una cosa: era inexperta y su instinto no bastaría para cumplir con creces sus objetivos.
Por primera vez comprendió el significado de la palabra "virgen".
"¿Trunks sabe que lo soy?".
Sí, lo sabía.
—¡Déjame ir al infierno con la virginidad que estaba guardándole a Trec!
Sí, ese día, el de la primera pelea verbal que tuvieron, fue cuando se lo dijo.
"Pero no voy a permitir que me trate como a una virgen...".
¡No! Cualquier cosa menos eso.
Pan no sabía experimentar cariño, le resultaba terriblemente complicado ser acariciada sin reaccionar mal, así la habían educado y poco y nada sabía de afecto.
No siendo la bisnieta del estricto Bardock, probablemente el hombre más pegado a las tradiciones saiyans de todo Vegetasei.
"El instinto...".
—Pan, es necesario que entiendas algo... —susurró Trunks en su oído—. Yo soy saiyan, pero también soy terrícola... No sé nada sobre ellos pero supongo que mis dos instintos están fusionados dentro de mí.
¡Eso acababa de entenderlo! Por eso le costaba tanto dejarse llevar con propiedad, ¡porque ignoraba a su lado terrícola! No debía pensar más en "ser más saiyan" o "ser más terrícola", ¡debía ser ambos a la vez!
Debía ser uno solo y derrotar a la dualidad que reinaba desde siempre en su pecho.
Ser Trunks.
Las palabras del Príncipe sobresaltaron a la guerrera de Clase Baja, quien no había reparado en ese detalle en ningún momento.
"Es cierto...".
Él debía responder a ambas sangres, al instinto de cada una de ellas.
"Sino no podrá hacer nada, ni conmigo ni con nadie".
Él la miró a los ojos, mostrando a través de éstos algo de lo cual ella no conocía el significado.
"¿Qué es eso, por qué no lo comprendo?".
Porque nunca le habían enseñado el concepto de ese sentir que Trunks tenía en su interior.
Se puso más nerviosa que nunca, y ahora era él el confiado, el que quería y sabía lo que seguía...
¡Ya no más dudas! Ya no más miedo... Le había mostrado su cabello, su rostro, sus cicatrices... Habían peleado, se habían tocado y habían hablado numerosas veces... ¿Quedaba algo por hacer?
"Sí, unirnos".
No había de qué temer, Trunks tardó en entenderlo pero allí estaba la resolución a sus vastos cuestionamientos.
Ser él mismo, como cuando la había mirado horas antes...
"¿Se me ha permitido ser yo mismo alguna vez?".
Seguramente no... Sería interesante averiguar hasta dónde podía llegar ahora, además de que tan inmaculada compañía sería de mucha ayuda a la hora de perder por completo la razón.
Dejó caer sus manos en forma de caricia por los hombros y los brazos de Pan, tomándola de las manos y volviendo a penetrarla con la mirada.
No sólo quería unirse a ella, quería decirle algo pero no sabía cómo, no conocía las palabras indicadas para describir ese nudo en la boca del estómago, esa falta de aire en sus pulmones y esas enormes ganas de llorar y reír envuelto en una imagen realmente contradictoria.
El sentir terrícola... Quizá esa era la forma de "unirse", sentir esas sensaciones extrañas y molestas en su cuerpo.
Suspiró y la notó nerviosa, impresionándose obligatoriamente.
Ella cerró sus ojos totalmente fastidiada.
"Me comporto como una chiquilla...".
Pan se soltó momentos posteriores.
Trunks, lejos de enojarse por la poca demostración de ella, sonrió satisfecho... Estaba más excitado que nunca, verla indefensa y asustada, entre temblores y rubor, lo encendía hasta longitudes incalculablemente apasionadas.
La abrazó y ella correspondió sin proponérselo, enredando sus brazos en la fuerte espalda, saboreando el aroma de su pecho a la vez que sus nervios crecían aún más.
Más y más...
—Vamos a pelear, Pan... —dijo él envuelto en la felicidad de tenerla entre sus brazos—. Es hora...
Hora de unirse, tal vez... Pero, más que nada, era hora de demostrarse el deseo que se tenían el uno al otro, desembocara en unión saiyan o no.
Desembocara en unión terrícola o no...
Cenó con su familia y se dispuso a salir, arreglándose sólo como ella sabía hacerlo, con exageración y un alto sentido de la moda. Todo lo necesario para ir a Vermillion, su discoteca favorita.
Fue sola, no deseaba llamar a nadie ese día... No tenía gana alguna de escuchar las frivolidades de sus amigas, esas que ella, por lo general, disfrutaba... Pero ese maldito sábado no se encontraba de humor para ellas.
No se encontraba de humor para nada.
Todavía sentía esa inquietud en su pecho, una demasiado latente como para ser ignorada...
Salió de su enorme casa y se subió a su auto deportivo último modelo, uno de los tantos que tenía, ser rica era una fortuna en muchas ocasiones.
En otras no tanto…
Sin hacer fila gracias a sus más que útiles contactos en la noche de la Capital del Oeste, la joven ingresó al establecimiento y compró un trago bastante potente.
"Creo que tomar será la única forma de librarme de esta molestia...".
Eso hizo, tomó un trago, otro trago y otro trago... Se embriagó en poco más de una hora. Siempre había tenido mucha fortaleza al tratarse de alcohol, por motivos que no sabía… Pero esa noche no, esa noche se había esforzado al máximo para arruinarse a sí misma.
Muchos chicos la llevaron hacia la pista, pero en ninguno de ellos encontró algo lo suficientemente interesante como para sacarla de sus pensamientos y del molesto nudo que albergaba en su pecho.
Sin ya fuerzas para estar de pie, la hermosa muchacha se sostuvo de una pared al costado de la pista de baile, enfadada consigo misma y con el nudo...
"¡¿Qué diablos me sucede?!".
¿Qué era eso que la hacía temblar? ¿Qué era esa sensación desconocida, parecida a sentir cerca a algo o alguien importante? ¡¿De dónde sacaba esos conceptos?!
—Linda, hacía mucho que no nos veíamos...
La joven levantó la mirada y se encontró con una de sus viejas conquistas de una noche.
¿Y si se valía de él para distraerse?
Sin pensarlo y sin sentirse poca mujer por hacerlo, ella se lanzó sobre él, besándolo apasionadamente.
Poco tardaron en terminar en un hotel, ese hombre sabía adónde llevarla para que se sintiera a gusto... No era fácil complacer a tan caprichosa chica.
Se lanzaron sobre la cama y el juego de sus cuerpos dio inicio, sin embargo, el ardor en su pecho se hizo más molesto que nunca, distrayéndola y no dejando que se concentrara apropiadamente en el salvaje acto.
Mientras él la poseía completamente sacado, gritando incoherencias y manoseándola atrevidamente en una imagen tremendamente patética que no se hubiera permitido de no haber tomado, ella fijó su vista en el techo, donde había un espejo típico de un hotel de esas características.
Vio sus ojos azules perfectamente reflejados y se paralizó.
"Algo está a punto de suceder, lo presiento...".
Perdió la cordura y, cuando quiso acordarse, su acompañante estaba desmayado a su lado...
—¡Maldita sea! ¡¿Otra vez?! —exclamó fastidiada.
Se vistió, tomó su cartera y se largó de allí.
Ahora el nudo se había mesclado con su ya tan conocida sensación de insatisfacción.
"Es como si hubiera algo desconocido dentro de mí, ningún psicólogo logró explicármelo y ya empiezo a cansarme...".
Si tan sólo ella pudiera hablarle, explicarle más sobre su naturaleza...
Lloró por culpa del nudo, la insatisfacción y el saber que por más que ella le hablara, la mujer más importante de su vida no le contestaría...
No había lazo alguno con su familia más directa... Sin padres y sin hermanos se sentía cada día más sola.
Más lejana a quien supo ser toda su vida... La superficial heredera, la de las tapas de las revistas.
Caminó por las oscuras calles de la Capital llorando e insultando a todo aquel que no la dejara pasar.
"Los medios de comunicación ya conocen mi pésimo carácter, poco me importa lo que piensen".
Ni siquiera tenía un novio como para sentirse dueña de algo...
"Nunca pude encontrar a un hombre que me satisficiera como corresponde, ni carnal ni emocionalmente...".
Un ser de dos caras, así se sentía ella: una cara era muy fácil de comprender, era sociable, superficial y descarada; la otra, más violenta y desgarradora, era la parte de su ser que no lograba comprender...
Y cada día dolía más...
Siempre desmayando, rasguñando e hiriendo a los hombres y sin explicación alguna, nunca logrando sentirse plena en cuerpo y alma...
Miró al cielo en medio de la calle, fijando su vista en la luna que, sin motivo conocido por ella, siempre parecía darle paz...
Pero ni eso, la insatisfacción y saber que ella no le respondería jamás desaparecía levemente, mas no desapareció en absoluto el nudo de su pecho.
"¿Quién o qué eres? ¿Por qué me haces sentir esto?".
—¿Por qué siento una presencia que se me hace tan familiar...?
Destruyeron el abrazo al saltar hacia lados contrarios, separándose varios metros el uno del otro. Parados frente a frente, mirada contra mirada, Trunks y Pan supieron a la vez que el momento había llegado.
Trunks se sintió muy nervioso, mirando hacia todos los ángulos posibles en busca de una tranquilidad que no lograba hallar. Tiritó y evitó mirar a su hermosa compañera, fijando su vista en el desmedido cielo terrícola.
La luna brillaba como nunca y le daba confianza, le aseguraba que todo estaría bien, que debía dejarse llevar al máximo. El Príncipe le suplicó por serenidad, le suplicó también que lo hiciera digno de ella y, por último, se dejó bañar por esa luz maravillosa y tenue que adornaba dulce y salvajemente a la realidad.
Buscó paz y creyó toparse con ella al ver la luna, pero no... La luna iluminó mágicamente a la dueña de la paz y la furia, logrando observar a Pan luego de incontables segundos.
Ella también miraba la luna, guiada por la mirada de Trunks que, increíblemente, no estaba dirigida a ella esta vez... Al ver la luna y saber consistentemente que ésta era la más hermosa del universo, pidió fuerza, esa que la luz del satélite siempre le daba a un saiyan.
Fuerzas para que esta fuera la mejor batalla de su vida.
De sus vidas...
Volvió su vista a Trunks y él ya había vuelto a contemplarla, viéndose emocionado, aunque no de una forma que pudiera llegar a molestarla. Bajo la luna nada molestaba...
Casi como si adivinaran las intenciones del otro al mismo tiempo, sus corazones empezaron a latir al unísono a la vez que sus cuerpos se posicionaban apropiadamente para el combate.
"Ya no más palabras...", recordó el juramento Pan, ese que se había hecho a ella misma en el momento mismo del descubrimiento de los orbes azules, "ya no más explicaciones ni pedidos, basta...".
Tembló y eso le sacó de quicio, pero no, no...
Apretó sus dientes y, sin embargo, no llegó a reaccionar, puesto que Trunks ya estaba frente a ella, golpeándola de forma feroz y desprovista de bondad.
¡Ese era el Trunks que ella quería! El guerrero cruel y sensual... Pero no logró concentrarse lo suficiente...
Algo andaba mal.
El combate cuerpo a cuerpo se desató con brutalidad, denotando desesperación en ambos contrincantes y dándole a Trunks casi todo a favor. Sin dudas era el Príncipe de los saiyans y ser híbrido no le sacaba poder, ella bien lo sabía... Era hábil, elegante en sus movimientos, aguerrido y desquiciado... Era apasionado...
¡Sí! No lo había notado todavía, pero esa era la primera vez que Pan peleaba con él mirándolo a los ojos... ¡Qué mezcla tan demente la del azul y el rojo que sus movimientos hacían salir de su cuerpo! Trunks la golpeaba y gotas de sangre regaban los dos cuerpos, el de él y el de ella, desencadenando en una mayor excitación en los dos peleadores, en los dos guerreros saiyan que peleaban y conquistaban al otro con total entrega y ahínco.
Pan comenzó a retroceder lentamente debido a los cada vez más certeros golpes de su rival, a quien le esquivaba la mitad de los puñetazos, sólo la mitad.
—¡Atenta! —le exigió él, viéndose enredado en una pelea inesperadamente sencilla—. ¡Esta no eres tú, Pan! —y una barrida la colocó en el suelo, del cual el Príncipe la levantó de un tirón.
Ella volvió a estar de pie y jadeó adolorida.
"No, no soy yo...".
Intentó buscar el porqué de su comportamiento infantil y no logró averiguarlo, Trunks tampoco la dejaba pensar demasiado...
Más golpes, más puños y patadas que cada vez la debilitaban más.
Volvió a caer al suelo luego de un atinadísimo golpe en su estómago, y el rival al que más había deseado en su vida quedó de pie frente a ella, mirándola desde arriba.
—¿Qué pasa? —inquirió aún agitado por los rápidos movimientos—. Pan... Me haces sentir que no soy digno...
Nada más lejos de la realidad.
Trunks era sentimental, dulce, caballeroso, tímido y muchas cosas más que nada tenían que ver con un saiyan, pero su poder y su nobleza hacían un cóctel excesivo de pasión al fusionarse con esas características que quizá eran terrícolas...
Pasión... acababa de descubrirla en Trunks, siempre había estado ahí pero en sus ojos se notaba desmesuradamente, definitivamente... ¡Ahora era claro! Tantas escenas en el baño de su cuarto, tantas caricias, abrazos... ¡Los entrenamientos!
Trunks era apasionado, y su pasión, en cierta forma, la abrumaba.
¿La... asustaba?
¡Eso no era posible...!
Se levantó de un salto y empezó a atacarlo sin reflexión, sin comprensión alguna de lo que le sucedía. Era una máquina que daba golpes innecesarios y que parecían, por cierto, de una principiante...
Trunks no tardó mucho en inmovilizarla, sujetándola de espaldas contra su pecho y cayendo de rodillas al suelo con ella. Depositó su aliento sobre el cuello blanquecino y jadeó en su oído, ya que tenerla tan cerca había significado una nueva oleada enloquecedora, un nuevo paso hacia la perdición de la sangre.
Sin lograr contenerse, refregó su rostro contra el cuello y, soltando uno de los brazos de Pan, puso una de sus manos sobre el vientre de la muchacha, lugar que hacía mucho tiempo se moría por tocar.
Acarició el vientre y lo apretó, involuntariamente, con demasiada fuerza.
Pan permaneció dura como una estatua, incluso conteniéndose de respirar, haciéndolo entrecortadamente
—Quiero seguir peleando contigo... —resolló al borde del abismo que esa piel le significaba—. Pero si sigo tocándote no podré seguir haciéndolo...
Las palabras casi sofocadas del Príncipe explotaron dentro de la muchacha, quien nada pudo decir ni hacer ante las cada vez más atrevidas caricias de ese hombre.
Trunks siguió explorando su cuerpo con la mano que no la bloqueaba, deslizándola por la fina cintura y subiéndola hacia el lugar que más deseos tenía de sentir con sus manos y todo su cuerpo: sus senos.
Subiendo desde el ombligo con dos de sus dedos, el Príncipe llegó a la unión de esos dos humildes pero suaves y redondos pechos, sujetando uno de ellos con una fuerza bastante desmedida pero incontenible, pues la dureza que alojaba entre sus piernas le exigía hacerlo sin delicadeza alguna.
Pan abrió los ojos y dejó de respirar, ahogando el aire en un gemido que lejos estuvo de ser placentero.
Los destellos de su memoria la calcinaron:
—Hemos violado a cada mujer de los tres escuadrones que matamos antes... Y tú no podías quedarte sin ese privilegio.
Tomó su cola con fuerza mientras el otro masajeaba con total perversión sus pechos.
Lo miró, alienada por el asco, por el odio, por la furia que sentía.
—La vamos a pasar muy bien... Irás al cielo antes que al infierno, ya verás... —y con una sonrisa completamente desquiciada, empezó a mordisquear su cuello.
—... ¿Pan? —Trunks se detuvo en seco, ese gemido ahogado no le daba buenas noticias y ella no reaccionaba, seguía estática delante de él—... ¡PAN!
La volteó y sintió un golpe devastador en su pecho al ver la cara horrorizada que se sumaba al estremecimiento imparable del pequeño cuerpo.
Se horrorizó casi tanto como ella.
La muchacha levantó sus brazos temblorosos y se aferró a la túnica de Trunks, arrancándola y dejándolo con tan sólo el pantalón. Cayó hacia delante y su cabeza fue a parar al trabajado pecho de él.
—¡Pan! —la llamó en vano, seguía sin reaccionar—. Linda, háblame, ¿te ofendí? ¡¿Qué te pasa?! Pan... —y la abrazó con todas sus fuerzas.
El temblor del cuerpo se volvió cada vez más excesivo, desembocando finalmente en un grito desaforado, plagado de miedo y odio.
Golpeó el pecho de Trunks con todas sus fuerzas y cayó al suelo, lugar a donde él se arrojó para mirarla, para abrazarla una vez más.
—Cálmate, pequeña, por favor... —suplicó devastado por haberle provocado algo así.
¿Ella lo escuchaba? Sí, pero las palabras carecían de sentido.
—Violadores... —habló finalmente—. Los violadores... —y se meció en brazos del Príncipe.
Y allí fue que Trunks se dio cuenta.
"En Tramat, cuando la salvé, esos imbéciles de elite la estaban...".
¡¿Cómo se había atrevido a olvidarlo?!
Apretó sus dientes odiando a esos traidores, deseando retroceder en el tiempo y matarlos luego de una tortura mucho más prolongada de la que se le permitió. Deseó escupirlos y desmembrarlos con su poderosa espada... Deseó destrozarlos con sus propios dientes.
Acarició amorosamente su rostro e intentó calmarla.
—Yo no soy como ellos... —aseguró.
Pan normalizó su respiración pero no del todo, aferrándose con todo su poder al Príncipe. Debía calmarse, debía alejar el miedo de su corazón... ¡Deseaba hacerlo! Lo deseaba con toda su alma, el problema era que le costaba demasiado...
"Fui una ilusa al creer que esto sería fácil...".
El sexo era un misterio para ella, saber que estaba cayendo por un barranco directo a la sexualidad la hacía tiritar de miedo... Del terror que se siente al estar frente a algo completamente desconocido.
—Lo sé, pero... No puedo dejar de recordarlos, ya me había pasado en tu baño y vuelve a pasarme ahora... ¡Maldición! —y se permitió llorar, mandando al diablo a su orgullo y desmoronándose en brazos de quien ya había elegido, abrazándolo con el mayor poder que sus brazos le permitían.
Trunks, con suavidad y lentitud, apoyó la espalda de la muchacha sobre sus piernas flexionadas, permitiendo así que la luna pegara de lleno en el hermoso rostro.
La acobijó como a una niña, acariciando dulcemente sus brazos.
Le sonrió dulcemente.
—No pasará nada que tú no quieras... —murmuró mientras pasaba sus manos por su rostro—. Pero, ya sea ahora o cuando deba ser, debes confiar en mí... Si no confías en mí no lo superarás.
Ella se sobresaltó, mas no se soltó de él.
—Pensé que lo había superado —le explicó furiosa consigo misma—. Me hierve la sangre saber que no fue tan así...
Trunks siguió mimándola, intentando transmitirle de esta manera toda la calidez posible, toda la dulzura que ella seguramente rechazaría pero que él veía como obligación en ese preciso momento de vulnerabilidad.
"Es cierto, ella es...".
—Hermosa... —suspiró solamente para ella—. No te sientas mal, todo pasamos por esto... Creo que me extralimité contigo, tendría que haber sido más cuidadoso y no tan brusco...
Las palabras lograron enervar a la muchacha, quien se incorporó de un tirón y permaneció sentada al lado del Príncipe, con la mirada más sumida en él que nunca e interrumpiendo sus dulces palabras.
—NO —afirmó con una convicción que poco tenía que ver con la flaqueza que acababa de demostrar ante él y la luna—. Yo soy valiente y fuerte, no tienes que ser tierno, ¡no seas tierno conmigo! No seríamos saiyans si tú fueras tierno conmigo... —y no pudo evitar llorar, tapando su rostro para no mostrárselo gratuitamente—. No seas tierno... No me gusta...
Trunks rió cálidamente, entendiéndola y no pudiendo evitar sentir mucha dulzura por ella...
—Tonta —y la atrajo hacia él, hundiendo el rostro en su pecho—. Me besaste con tanta pasión que olvidé tu edad y tu condición —le dijo—, soy un idiota... Pero no te sientas culpable, todos pasamos por esto y tus más sexuales recuerdos van de la mano con algo terrible... —suspiró y siguió sonriéndole aunque no mirándola, hundiéndola más aún en su pecho, puesto que el calor de su piel sobre la suya era un placer que nadie podría negarse, no alguien que la deseaba de tan desgarradora forma—. Confía en mí, déjate llevar como lo hacemos cuando peleamos y deja que todo lo malo de tus recuerdos se borre... —reanudó sus caricias sobre el rostro y el cabello, aspirando el aroma como si de la última gota de aire del universo se tratara—. Llegaremos hasta donde tú quieras, lo prometo...
Ella adoptó un semblante por demás furioso ante esas palabras.
—No me gusta la ternura... —volvió a afirmar—. No me gusta ser la débil...
Él tenía razón pero ella no lo iba a admitir. Sus caricias habían sido tan repentinas que no había llegado a reaccionar, de por sí no había reaccionado al pelear… Necesitaba dejarse llevar, era ese el problema y era esa la solución.
Trunks volvió a reír, impidiendo que alguna palabra de ella lo irritara. ¡La entendía! Claro que lo hacía...
—No eres la débil —intentó convencerla con un tono terriblemente comprensivo—. Eres fuerte y por eso te elegí... Nada me importa más que hacerte sentir bien y darte todo el placer de la galaxia...
Eso hizo sonrojar a la muchacha.
"Placer...".
—Piensa en el placer, no en los violadores y sus cobardes métodos... Piensa en mí, Pan —se sintió un egoísta por pedir algo así. Sin embargo era inevitable, sentía demasiado por ella, no podía contener su deseo ni su cariño, la necesitaba con él, allí y en ese momento, bajo la luna y bajo su cuerpo...—. Déjame borrar todos esos malos recuerdos...
Ella cerró sus ojos, sintiéndose sobrepasada por la frustración.
"Estoy siendo todo lo que odio, todo a la vez...".
Se concentró en el fuerte pecho que la albergaba con tanto afecto, sintiéndose fantástica en éste y saboreando el aroma y la textura con todos sus sentidos.
Lo deseaba y no lo tendría a menos que dejara de pensar en la parte mala del sexo, a menos que olvidara a los traidores.
Comprendió que no le temía al acto, el problema era que la brusquedad de él le había recordado a lo sucedido en Tramat, poniéndose nerviosa al instante al rememorar. Debía alejar a los demonios y entregarse al instinto, sino no se permitiría a sí misma el placer que tanto anhelaba…
Su instinto... Estaba oprimido en su pecho y supo que tenía que despertarlo.
"He superado todo, lo sé... Pero queda el último vestigio de ese horrendo trauma, si no lo acallo en mi interior...", apoyó la palma de su mano en el pecho, haciendo estremecer al Príncipe. "... No lo tendré".
¡Y eso no lo iba a permitir!
Pegó su nariz al pecho y sintió el fabuloso aroma que de esa piel se desprendía, acariciándolo con su mano, recorriéndolo despacio, buscando concentración.
Trunks volvió a excitarse y quiso lanzarla al suelo y hacerla suya, aún así no podía permitírselo con tanto vandalismo, ahora lograba entenderlo bien.
Ir paso a paso, eso haría… Tenían toda la noche para dedicarse a explorar el cuerpo del otro, para darse a conocer y acostumbrar a Pan a cada parte, a cada momento.
Eso sí que sería placentero para él… Ir despacio y saborear hasta la locura cada instante de calor.
Gruñó, presa de la excitación, y entendió que si ella seguía tocándolo no podría contenerse de mandar su plan al diablo.
—No lo hagas más difícil... —suplicó sumido en los más profundos y descarados jadeos.
Y ese comentario, el que le daba a entender que él realmente la deseaba, generó en el interior de Pan la convicción suficiente.
"Quiero unirme a él...".
Levantó un poco su rostro, acariciando con éste el pecho y yendo a parar al cuello, donde se dedicó a sentir en su máxima amplitud el aroma del Príncipe que tanto la quería para él, que con tanta posesión la deseaba...
La sangre, la necesitaba...
Fue hacia su boca y, sin ser consciente de lo que hacía, mordió el labio inferior sin delicadeza, escuetamente, haciendo correr un hilo de sangre que lamió con su pequeña lengua adolescente.
Trunks gruñó con más fuerza, tomándola de la cintura mientras se dejaba hacer con total entrega.
Cuando ella saboreó la sangre, el cuerpo de Trunks se estremeció y sintió desfallecer. Gimió con una sinceridad que lo sorprendió sobremanera, nunca lo había hecho con tanta libertad.
Sí, se sentía libre en los femeninos brazos de la niña... Más libre que nunca.
Ella lo tomó del cuello y, finalmente habiendo logrado acumular la convicción necesaria, depositó su boca sobre la de él.
Trunks la tomó con fuerza y la besó, dominando la danza con soberbia, haciéndole en la boca todo lo que quería, dejándose caer en el barranco de la pasión, moviendo su lengua con fiereza dentro del pequeño orificio.
Ella se dejó hacer, porque, ahora lo sabía, esa era la solución: confiar ciegamente en él y permitirle hacer lo que quisiera con su cuerpo y su sangre, todo hasta el momento de responderle, de unirse a él...
Era suyo y ella era de él.
No más dudas... Tenía que crecer y dejar todo atrás, transformarse ante y dentro de ese cuerpo, del cuerpo masculino excelentemente trabajado y tremendamente excitado. Tenía que ser saiyan, más saiyan que nunca ante Trunks y ante su propia sangre. Dejarse guiar hacia el barranco, hacia la perdición y los designios de la sangre que corría por sus venas caliente y deseosa, expectante de placer y de nuevos rumbos corporales.
Él quiso desnudarla pero sabía que el ritual no era así, por lo cual se incorporó e hizo lo propio con ella sin soltar su boca, hundiendo más su lengua en los labios rosados de la muchachita.
La besó con tal posesión que sabía jamás podría dejarla, jamás podría contenerse de hacerla suya, de poseerla con crueldad y cariño... Viviría desnudo a su lado, estudiaría su cuerpo hasta el cansancio y sin cansarse, sin hartarse de esa piel perfecta que acababa de envenenarlo con descaro.
Lo sabían: no había vuelta atrás y eso no les importaba en absoluto.
Trunks hizo un esfuerzo sobrehumano para soltarse de los labios que aún saboreaban su pequeña herida, separándose de ella y tomándola de los hombros, fijando su vista en ella con desesperación.
Esto fastidió a Pan, quien en el sabor de la sangre, el maravilloso sabor, encontró la convicción anhelada: ya estaba cayendo por el barranco, era tarde. Muy tarde.
—Peleemos... —le pidió Trunks con menos voz de la pensada—. Ya, ahora, por favor...
Pegó un salto y ambos volvieron a ponerse en posición de combate, a tan sólo unos metros de separación, mostrándose los dientes el uno al otro y diciéndose que no hubiera reparo alguno, que no hubiera cordura ni excelencia: suciedad, desprolijidad y necesidad, eso era lo único que necesitaban para pelear.
Pasión y deseo de combatir, como la sangre les pedía.
Ella se permitió sonreír, recordando que esa era la cosa que más le gustaba al pelear, haciendo a un lado a los violadores que no habían cometido su objetivo y habían sido asesinados por el hombre que tenía enfrente.
"Basta de pensar en cosas inútiles, no los necesito... ¡No puedo permitir que logren su objetivo y arruinen mi vida!".
Claro, porque reprimirse y temer al sexo era darles el gusto... La muchachita no podía permitirse eso. Jamás.
¡No más excusas! Se iban a unir, no le importaba cómo, no le importaba si ella dominaba o si él lo hacía... Se iban a unir con todas sus fuerzas.
Se dejaron arrastrar como si de un imán se trataran para el otro, sumiéndose en la esperada batalla, la cual se desató con una violencia sin escrúpulos y una pasión sin precedentes en tan tranquilo y aburrido planeta.
Se golpearon y se gritaron de todo, en medio de un combate cuerpo a cuerpo que no mostraba ganador más que la convicción. Pan rió en su cara y se permitió burlarse de él, decirle "Príncipe Feo" solamente para provocarlo, únicamente para desatar en él la furia necesaria.
Pero al Príncipe nada le importaba, nada de lo que ella dijera la salvaría de la mordida que ya fantaseaba con darle al borde de la locura.
¿Al borde? Por supuesto que no, ya estaban locos, locos el uno por el otro y por la batalla, por la imperiosa necesidad de sentirse en cuerpo y alma, de saborearse mutuamente.
El aroma de sus cuerpos los rodeó al igual que la sangre y los puños, al igual que el sudor y los gritos, los jadeos de cansancio y expectación.
Trunks le atestó un gran golpe en el estómago, lanzándola al aire y elevándose él también.
Bajo la luna y por sobre el nivel del suelo, se observaron como si lo hubieran hecho durante todas sus vidas y no desde hacía horas.
Como conociéndose de otras dimensiones, de otras historias lejanas que se contaban con facilidad al mirarse.
Pan rió con todas sus fuerzas, llorando por la felicidad de saber que era poderosa y que merecía a tan valeroso guerrero, limpiando con el borde de su mano la sangre que despedía su boca y permitiendo que su cuerpo se adaptara a la situación, cumpliendo ampliamente con el primer paso del ritual: extendió su siempre enredada cola saiyan en el aire, desatándola de su cintura y moviéndola libremente a sus espaldas.
Trunks sintió que la deseaba más que nunca entre sus piernas, sabiendo que la erección era perfectamente visible para ella entre sus ropas e intentando ignorar el detalle.
"¡Ya no me importa! Está llamándome, está pidiéndome que la posea...".
La cola saiyan era el miembro más íntimo e importante de todo guerrero, siendo ley mantenerla siempre enredada en la cintura, siendo posible extenderla sólo en casos específicos, siendo uno de estos durante el ritual, siendo la hembra quien llamara al macho en primera instancia y por medio de este movimiento.
La mujer le decía al hombre, de esta forma, que él era digno de ella.
Sonrió satisfecho y sintiéndose un animal, el animal más salvaje del universo... El placer que le generó sentirse tan así casi lo hizo llegar al clímax tan esperado por su cuerpo. Miró la luna buscando paz y allí no encontró nada más que una tonelada de locura, de pensamientos y sentimientos abstractos que lo drogaban hasta el punto de querer matar a Pan con sus propias manos y dentro de su cuerpo.
Cerró los ojos y dejó que la luna lo poseyera, extendiendo sus brazos y, luego, su cola saiyan.
Pan sintió exactamente lo mismo que él ante su actitud, gritando de placer, odio, furia y alegría mientras iba hacia él, reanudando el combate que carecía de rayos de energía y desbordaba en puños y patadas.
Un combate sincero y vacío de injusticia.
Cuando ambos saiyan extendían sus colas en el espacio, esto significaba que estaban listos para el ritual, el cual daría inicio en el momento preciso en que el macho se aferrara con fuerza a la cola de la hembra, afirmando de esta manera que ella era de su propiedad. Esta parte era la definitoria, la que daba inicio a la parte más sexual de la unión.
Ella deseaba provocarlo, confinarlo en una locura verosímil además de excitarlo hasta límites imposibles para el cuerpo de cualquier ser vivo... ¡¿Qué estaba esperando?! Quería sentirlo, por más miedo que sintiera ante lo que la esperaba al final del barranco, quería sentirlo sin culpa y con verdad. Gozarlo sin detenerse a entender sino a percibir. A experimentar, con un orgullo avasallante y sin atisbo alguno de vergüenza, qué tanto podía sentir su cuerpo, qué tanto podía ella subordinarse ante un placer que poco y nada, o quizá todo y mucho, tenía que ver con el goce que pelear le significaba.
Trunks se permitió ganar levemente el combate, el cual se mantenía terriblemente parejo. Estaba desquiciado y ya no aguantaba las ganas de poseerla entre las heridas y el sudor, su miembro endurecido se lo suplicaba con una impaciencia aplastante y, en el mismo momento que esta dureza empezó a dolerle por el desgarrador ansia de su cuerpo demandante, entendió que ya no podía aguardar ni un momento más.
Debía entrar en ella y morder su cuello, sino moriría en el intento.
"Serás mía, te lo juro...".
¡El momento se acercaba...!
Con un combo desesperado de golpes, Trunks la lanzó lejos de él, chocando el cuerpo de la excitada muchacha contra un árbol en medio de ese bosque que observaba a los amantes, totalmente ajeno al calor y el fuego que los rodeaba. Voló hacia ella con única intención de alcanzarla, posando su cuerpo sobre el de ella, encerrándola contra el tronco e imposibilitándole movimiento alguno.
Lo único que le iba a permitir era respirar, nada más. Así se posesivo lo volvía Pan.
Se miraron a los ojos, excitados como nunca y respirando con una dificultad sin precedentes.
Pan vio el deseo, la convicción y la posesión en él. El azul dejó de reflejar, por primera vez, cualquier dejo de sufrimiento, mostrando únicamente la enorme necesidad de tenerla, de marcar su cuerpo para siempre en medio de una locura que los dejaba sin aliento.
Trunks vio lo mismo, vio una entrega sin igual, una confianza y una cólera que no se relacionaban en nada con la apariencia de la virginal quinceañera... ¡Tenía que ser un error! Una saiyan tan digna, tan fuerte y tan orgullosa parecía mucho mayor, estaba tan bien educada en lo que a la sangre respecta que se sintió orgulloso de sí mismo por encontrarse al borde de toda cordura con ella, con la muchacha que de niña no tenía nada, era una mujer con todas las letras y en toda la extensión de la palabra.
SU mujer, suya y de nadie más... Ya no permitiría que otros se le acercaran, ya no consentiría sufrimiento alguno en el rostro, le entregaría una galaxia entera de ser necesario, la llenaría de lujos y felicidad, de afecto y pasión...
Pasión, tanta pasión... Esa se la daría con una facilidad inquebrantable, con una alegría que no se relacionaba en absoluto con su propio pasado y con una fuerza que sería capaz de destruir a toda la raza saiyan de un solo golpe...
Así de suya la sentía, y eso que aún no se habían unido...
Se internó en las esferas negras de sus ojos y se preguntó si el precio a tanta mujer era haber sufrido durante toda su vida, se preguntó si ella era el motivo de su existencia, si por ella, sabiendo que ella llegaría a él tarde o temprano, el Príncipe jamás había llegado a suicidarse de tristeza...
¡Sí! No tenía dudas, nada de éstas se dejaba ver en su pecho.
"Si sufrí todo lo que sufrí para luego recibir este premio...".
Tomó su cola saiyan con todas sus fuerzas y de un momento a otro, haciéndola gemir más fuerte que nunca.
"Todo ha valido la pena...".
Todo.
Borró su dolor, borró a su padre, a su condición de híbrido y a todo rastro de sufrimiento de su pecho, besándola y entregándose por completo al instinto, quien lo tomó con fuerza en el mismo instante en que unió sus labios a ella.
Pan se aferró con desesperación a la espalda, rasgándola con sus uñas y dejando correr hilos de sangre por ésta, provocando en el Príncipe un placer que hizo que gimiera locamente dentro de su boca, la cual besaba con dedicación, desorden y entrega.
Ella intentó seguirle el ritmo y se entregó a su instinto de igual forma, penetrando la cavidad con su lengua, la cual siguió el ritmo de su compañera, entrelazándose en un baile sin fin que los movilizó más de lo posible.
Dejó que sus manos rasgaran la piel hasta la base de la espalda de Trunks, desclavando las uñas y buscando con desespero la cola saiyan, tomándola con una de sus manos y haciendo que él soltara su boca al hacerlo.
Trunks quiso hablar pero no pudo, le dijo todo con los ojos, todo lo que no sabía explicar con palabras.
Era feliz... ¡¿Qué más importaba?!
Feliz, al fin...
Ella mostró rudeza en sus ojos, pidiéndole que continuara de inmediato con el rito... No lo sabía tan bien, creía entenderlo pero no era así... Se moría por poseerlo, por borrar con su piel las marcas indignas de su cuerpo y su alma.
Lo quería, en verdad lo hacía por más que no lograra ni le importara comprenderlo del todo.
Ambos apretaron sus manos a la vez, generando dolor al ultrajar de esa forma la cola saiyan del otro, cayendo al suelo sin dejar de tocarse y apretarse, sin separar las pieles que empezaban a hacerse una.
Ya con los pies en el suelo pero sin abandonar la corteza del árbol donde Trunks apretaba tan a gusto a Pan, volvieron a besarse con fiereza, mordiéndose el uno al otro y soltando sus colas definitivamente.
Había que pasar a la siguiente etapa...
Se acariciaron sin saber ya dónde tocar, volviéndose la ropa más molesta que nunca.
¡Quería verla! Verla y tocarla a la vez, iluminada por la silenciosa luna que tanto decía con su luz... Y lo hizo, desgarró de un sólo tirón la túnica que la tapaba tan molestamente, mostrándole al mundo y solamente a él el hermoso cuerpo esculpido hasta el más mínimo detalle por la naturaleza que tanto amó en ese preciso momento, tanta belleza debía ser agradecida hasta el infinito...
Gimió al verla y ella se sintió un poco intimidada, alejando las dudas de su corazón al sacudir su cabeza.
¡Era tan raro! Saberse desnuda, sentirse transparente frente a ese hombre... ¡Se sentía tan avergonzada! Pero la mirada de él no mostraba disgusto, haciéndola sentir tremendamente deseada...
Terriblemente anhelada.
—Tócame... —suplicó más que ordenarle en un hilo de voz que no logró sostener demasiado bien, siendo egoísta y queriendo gozar y ser atendida con ahínco por él.
Quería ser la primera en disfrutar, en conocer...
Se sintió mal a la vez, sabiendo que estaba siendo la débil, la tonta que nada sabía hacer, aún así no le interesaba. Las piernas le temblaban y su intimidad ardía en deseo, decorada por puntadas cada vez más fuertes. No podía hacer absolutamente NADA.
"Pero solamente será esta vez, principito...".
Nunca más le dejaría tomar el control, no era digno de tan orgullosa muchacha algo de este estilo.
Finalmente, cerró los ojos y se dejó hacer, avergonzada, furiosa y deseosa de lo que seguía...
No tuvo que pasar ni un segundo para que él la obedeciera, hundiendo el rostro de la muchacha en su pecho y yendo directamente a otro de los lugares que más deseaba tantear: sus nalgas.
Fascinado por darse el maravilloso lujo de conocer ese cuerpo centímetro a centímetro, hundió sus dedos en los glúteos, haciendo que ella gritara, tirando su cabeza hacia atrás y explotando en color rojo sus mejillas. Esa nueva postura de la muchacha fue aprovechada por Trunks, quien enterró su rostro en el cuello para así aspirar el aroma que de éste se desprendía, sabiendo que ella estaba tan dispuesta como él a seguir con esto y entendiendo la repentina sumisión de Pan, quien, estaba seguro, se sentía más inexperta y avergonzada que nunca. Poco importaba esto... él estaba más que dispuesto a poseerla y a guiarla hacia lo más profundo de la luna... ¡Iba a hacerla gozar! Si no lo hacía, entonces, no la merecía...
Obsesionado con el aroma, la piel y esa idea, el Príncipe acarició atrevidamente los glúteos, intentando conocerlos lo más posible y saciando (aunque no del todo, eso era imposible con tanta mujer que tenía al frente) el ansia que hacía tanto tenía por esa zona del pequeño cuerpo...
Pan, extasiada y confundida, tomó el cabello lila entre sus dedos y tironeó, pidiendo sin palabras y con acciones más que sentidas que fuera hacia otras partes, cosa difícil para Trunks debido a que cada zona del bellísimo cuerpo femenino significaba un mar infinito de deleite que se deshacía y reconstruía en sus manos. Igualmente, hubo una zona que más capturó su avidez: los pechos...
Volvió a ellos sin proponérselo y dejando atrás la escena tan triste que habían protagonizado minutos antes, sin proponerse nada en realidad pues su instinto lo dominaba, y provocó en Pan los más frenéticos gritos al restregar su rostro en los pechos.
Ella, en primera instancia, reaccionó a la defensiva, pero cedió pasados unos segundos, permitiendo que Trunks capturara uno de los pezones entre sus labios con una desesperación que sólo se parecía a una sed insaciable, como cuando después de una pelea mortal se deseaba beber el agua más fresca de la galaxia...
Saber que los labios tocaban una de las puntas rosadas de sus bustos hizo que Pan apretara más el cabello lila, haciendo que él gimiera mientras no dejaba de beber de aquel pequeño y adorable seno de muchachita...
De uno pasó al otro y fue lo mismo: mordeduras que nada tuvieron de medidas sino que fueron todo lo opuesto, aparte de la succión constante y el calor propio de la boca del Príncipe... Todo hacía un cóctel desesperante y cruel que logró que Pan gimoteara su nombre sin poder evitarlo.
El cuerpo femenino temblaba más que nunca, sedado por el placer y abatido por lo no conocido, asustado y ansioso por lo que venía, molesto por no haber comprendido antes todas esas sensaciones que ahora intentaban pero no lograban llenarla, puesto que era imposible sentirse completamente satisfecha en brazos de tan adictivo hombre.
Lo supo: siempre iba a querer más, siempre.
Trunks, desquiciado por el sabor magníficamente dulce de los pechos de su compañera, casi sintió ganas de devorarla, de saborear la carne, ¡tanta locura! Locura imposible de contener, inaudita y despiadada... Cada vez era más suya.
Se agachó ante ella y abandonó con ira los dulces manjares que acababan de drogarlo con su sabor, manoseando descaradamente el cuerpo entregado e introduciéndose de lleno entre las piernas de la muchacha, dispuesto más que nunca a saborear con sus labios y su lengua la parte más íntima, más escondida del cuerpo...
¡Y que reacción de Pan! Poco le importó que ella gritara como una loca y clavara sus uñas en sus hombros casi como si suplicara que se fuera de allí... Ya no podía, no quería irse de ese lugar que fue capaz de envenenarlo aún peor, volviéndose más grande el deseo de tomarla y devorarla... El aroma y gusto de esa zona le gritaba que fuera poseída, ultrajada despiadadamente de un instante al otro, sin miramiento alguno.
Lamió con desesperación, ahogándose en una sed imposible de saciar, provocando en ella más gritos, más gemidos, jadeos imposibles que lejos estaban del miedo y la timidez de las esclavas a las que les había hecho eso alguna vez.
Pan casi no lo soportaba... ¡era demasiado...! Lloró y rió entre sollozos, sintiendo maravillosas cosquillas y un ardor que cada vez era más inmenso, que salía sin pudor de su interior e iba hacia fuera...
Sin ya poder tolerar tanto placer, intentó alejar al Príncipe de su intimidad pero no lo logró, él la tomó con más fuerza, abrazando sus caderas con sus brazos y hundiéndose más entre sus piernas.
Y, de pronto, algo que casi llegó a asustarla...
Sus mejillas quemaron más que nunca al igual que su femineidad, sintiendo fuego, no calor, sino fuego puro, el cual empezó a quemarla... ¡Era como estar en medio de un incendio! No, era peor que eso... ¡Era como si se quemara en carne viva!
—¡Trunks...! —chilló buscando salvarse del fuego, mas no lo logró porque éste la quemó por completo, explotando entre sus piernas y extendiéndose a lo largo y ancho de su cuerpo, hacia las longitudes más desconocidas de su alma...
Gritó una y otra vez, incoherencias y palabras que no eran tal cosa... Balbuceó mientras sus lágrimas la ahogaban, eso había sido demasiado...
Apoyó su espalda sobre el tronco y supo que estaba rendida, saturada de calor y placer...
Ese había sido el momento más sexual de su vida… Las puntadas en su entrepierna finalmente habían sido atendidas, con un talento sin igual…
Increíble, pero su cuerpo era capaz de sentir algo así… ¡Algo tan placentero como pelear! Aunque, en medio de tanta demencia, debió admitir que era mejor que pelear…
Mucho mejor…
Instantes después estaba sobre el suelo, recostada bajo el gran culpable.
Trunks limpió su boca con el borde de su mano y se abalanzó sobre ella sin soportar de ninguna forma verla recostada allí, tan imposiblemente bella y satisfecha, intentando colmar una vez más su más perversos y apasionados deseos.
La recorrió desde el cuello, habiendo pasado antes por su cara y su boca, yendo hacia los pechos, el estómago y el ombligo, acariciando sus piernas, besándolas y saboreándolas con total necesidad.
Pan sintió la nueva atención sobre su cuerpo y siguió gimoteando, intentando por primera vez recobrar la cordura perdida, intentando volver a ser ella misma y no un animal desesperado por gozar...
Respiró hondo al sentirlo una vez más besando lo que había entre sus piernas, accionándose en su interior un "algo" que le ordenó cambiar de roles, ser ella la que tocara y no más la tocada.
No más la sumisa... ¡No más la pasiva!
Esa no era ella, por más virgen que fuera no podía negarse la inquebrantable necesidad de tocarlo y conocerlo, de darle aunque fuera un poco de todo el placer que él le había dado...
Gritó como cuando se disponía a atacar a un enemigo y lo tironeó del cabello, para grata sorpresa de Trunks, arrojándolo a su lado y subiendo sobre él desesperadamente.
Lo besó y no lo dejó reaccionar, descargando por completo su peso sobre él, acomodándose sobre los fuertes músculos y empezando a recorrerlos en una aventura no conocida pero terriblemente satisfactoria, codiciada como ninguna.
Besó el cuello, besó el pecho e hizo lo propio en su estómago, escuchándolo gruñir por sus impertinentes y desordenadas acciones. En su recorrido descendente, sin embargo, terminó por toparse con la única prenda de ropa presente entre los dos y con otra cosa...
Él jadeó y se aferró con sus manos al pasto que yacía bajo él al sentir el aliento de ella tan cercano, percibiendo inevitablemente el temblor de ella sobre él.
—Pan... —susurró como pudo y se incorporó, abrazándose a ella, quien se veía deseosa, sí... Pero también se veía superada por la situación. La muchacha enredó sus piernas en la cintura de él, volviendo a unir sus labios en un baile apasionado y desorganizado que no hacía más que evidenciar la locura que ambos arrastraban.
Trunks la soltó unos instantes después, sintiendo su masculinidad más necesitada que nunca y sabiendo que ella la percibía bajo sus nalgas.
Se internó en el cuello femenino y ella desesperó por verse dominada una vez más por él, soltándose con esfuerzo sobrehumano y tomando fuertemente su cintura con sus manos, aferrándose especialmente al pantalón que ocultaba lo único de Trunks que no conocía...
Se miraron después de no hacerlo por muchos minutos, volviendo a encontrar en el otro la convicción y la pasión... Pan necesitó hacerlo, su instinto se lo ordenó, así que tironeó del pantalón y lo destrozó con su fuerza saiyan.
Trunks se sonrojó y eso casi logró distraerla, pero el rojo se fue rápidamente y el deseo volvió.
Se besaron una vez más, cada vez más rápido y con más mordeduras de por medio, justo para que él tomara una de sus manos con fuerza y la arrastrara lentamente hacia el lugar que él deseaba que ella conociera...
"Sin miedo" le susurró al oído una y otra vez y entre beso y beso, llegando a su intimidad, la cual hizo hervir a Pan ni bien la tocó.
Ella se sintió más desesperada que nunca, puesto que tener entre sus manos al origen de la excitación de ese hombre era movilizador y peligroso. Gimió con fuerza y él la imitó cuando, con timidez, las caricias dieron inicio.
Dejaron de besarse y se internaron en la mirada del otro, viendo de la forma más explícita el delirio y la entrega, el deseo de fundirse en el mismo ser lo más rápido posible.
Soltando la ya no tan tímida mano de Pan al percatarse de que ya no necesitaba ser guiada, Trunks se hizo presente en la intimidad de ella, acariciando de igual forma y logrando ver en ella lo que ella veía en él.
Cada vez con más ahínco, ambos saiyans se miraron y se tocaron, conociéndose tanto visual como tangiblemente, sentados uno frente al otro bajo la eterna luna terrícola.
Era como en sus sueños... Trunks se permitió mirar la luna y la reconoció una vez más: era la que aparecía de fondo cuando se unía mentalmente a Pan, era el cuarto menguante que lo volvía loco y que lo hacía feliz...
Entonces, la luna le dio la certeza.
Era el momento, había llegado el instante más anhelado de toda su vida.
Volvió a mirarla y sus ojos fueron tan honestos que ella detuvo sus desprolijas acciones. Se arrodilló frente a ella y la besó apasionadamente, mas no con desorden... Sus labios eran cariñosos.
Pan entendió sus intenciones, asustándose inevitablemente.
"Es el momento...".
Le había costado mucho dejar de pensar en los viejos y malos recuerdos, ¡había significado un esfuerzo molestísimo! Igualmente, Trunks la había ayudado a olvidarlo todo, borrando con sudor y placer toda huella de su piel.
Ya no había rastro de odio por el pasado…
Aún así, fue ineludible temer...
Ese era el miedo a lo desconocido.
"¡Tengo que ser yo...!", se martirizó mentalmente una y otra vez...
Entregarse al hombre, al sexo, al fuego...
Al instinto y la experiencia de su compañero...
Trunks la recostó nuevamente en el suelo y él se colocó sobre la muchacha, sin soportar más la excitación y sin poder tolerar estar fuera de ella ni un minuto más.
—Dolerá, pero sólo un poco... —le explicó dulcemente, haciendo que Pan se fastidiara en medio de la excitación.
"Debo ser yo misma a como de lugar...".
—Puedo soportarlo... —contestó más impertinente que nunca.
Esa era "su" muchachita... Irrespetuosa y orgullosa, con un lado inconscientemente adorable y uno más orgulloso y temible, que simbolizaba armoniosamente a la saiyan que llevaba dentro...
Sabía de su temor, sabía de sus dudas y de sus conflictos internos... ¡claro que sí! Pero ella se esforzaba al máximo para evadir toda esa maraña de sensaciones, estaba decidida a disfrutar y eso era algo admirable.
La adoraba por ello, justamente porque a él le costaba mucho más que a ella evadir lo negativo...
Depositó dulces besos por todo el rostro, intentando relajar al extasiado corazón.
Entrar al paraíso prohibido a través de su cuerpo era, para él, el honor más grande que se le hubiera conferido... ¡Incluso ya se había resignado! Se había cegado por la tristeza y se había dicho que moriría solo y sin conocer nunca la plenitud sexual propia de su especie, además de la plenitud emocional de la que poco se hablaba pero de la que mucho se sabía en silencio...
Y todo era mentira, todo cuanto conocía carecía de valor frente a esa niña que se disponía a convertir en mujer...
¿Convertir? ¡Ella ya era una mujer! Una maravillosa y de ensueño, estaba tan feliz que quería destruir el universo, todo con tal de no volver a sentir dolor alguno...
Todo con tal de vivir en ese instante para siempre, sumido en la exquisita muchacha.
Siendo uno con ella...
Se recostó por completo sobre el cuerpecito, besándolo y saboreándolo una vez más y sin poder dejar aquello de lado, separando delicadamente sus piernas en busca del sitio que con tanto afán lo aguardaba.
Ella lo observó largamente y se permitió tener miedo de nuevo, uno que no estaba permitido en medio de batallas pero que era inevitable en ese momento. Se agitó y cerró sus ojos, abriéndose éstos luego de un apasionado beso.
—Mírame... —le suplicó él—. No dejes de mirarme…
Sí, algo de terrícola tenía y se notaba, Pan lo sabía por más que no conociera a esa raza... Era extraño recibir tanta ternura y delicadeza, no estaba acostumbrada a tratos tan amables y preocupados, a una calma mostrada por una mirada que también se veía desquiciada... Ese era Trunks, el de los ojos azules y el cabello lila, el saiyan que era terrícola y el terrícola que era saiyan... Y no le importaba.
Abrió aún más sus piernas, diciéndole que lo esperaba y que ya no lo soportaba, lo quería en su interior, quería sacarse de su alma el miedo y conocer lo desconocido.
Quería hacerlo... realmente lo quería.
Trunks agradeció ese gesto tan propio de Pan, colocándose al borde del paraíso y hundiéndose en éste de un sólo movimiento, el cual provocó furia en Pan y liberación absoluta en él...
Y, así, la tomó.
Al final del barranco se descubrió, de esta forma, el mar de la satisfacción, ese donde ahogarse era obligatorio, pues sin perder el aire no se podía disfrutar de él. Nadar se volvió sencillo y adictivo, jamás desearían salir de allí… No mientras estuvieran juntos en la perdición.
Ahora todo había llegado a su punto culmine, al límite esperado… a la consumación del cuerpo, a la fundición de las almas…
Ya no más por separado, ya no más sufrimiento…
¡Unidos! Unidos al fin... Los cuerpos lo estaban, mas no la sangre, pero ya nada le interesaba, el calor que rodeaba a su hombría era más, el calor que rodeaba a su cuerpo y a su corazón superaba todo lo que él hubiera podido desear o sentir.
Era perfecto.
Se relajó en el hombro de la muchacha unos instantes, percibiendo su aroma favorito y queriendo acostumbrar a la femineidad de Pan, sintiéndola estrechísima y extremadamente caliente, cosas hasta ahora desconocidas para él.
Ella no pudo evitar llorar, el dolor por sentirlo dentro era indescriptible pero tenía un dejo de satisfacción, algo de ese dolor le gustaba, era como pelear pero sin puños, era más saiyan que la lucha en sí.
El calor lo mataba y a ella también, Trunks necesitó moverse, penetrarla lentamente... Aún así, la lentitud y el tremendo cuidado no fueron eternos sino que duraron instantes, microsegundos que fueron insoportables... Ese no era él, su instinto necesitaba más, él necesitaba más...
Más velocidad y ella empezó a acostumbrarse, clavando sus uñas por todas partes, por cada rincón de él, haciendo sangrar cada lugar tocado mientras gritaba sumida en el pleno y desaforado placer, en los gemidos de ambos y en el sudor que empezaba a cubrir insanamente sus pieles.
La velocidad se volvió exagerada pero no para dos saiyans, Trunks la tomaba con fuerza, aferrándose a su cabello y restregando su rostro por doquier, perdido por ella y necesitado como nunca, como siempre... Tomarla así, de forma tan posesiva, apenas permitiéndole moverse dado su peso abandonado sobre el delicado y poderoso cuerpo, era algo que demostraba ser más que adictivo, era más bien algo urgente, irremediable... ¡quería destruirla! destrozar el universo, quería hacerlo y no era una broma...
Los poderes de pelea subieron y ambos se entregaron a la fuerza saiyan, mordiéndose en las bocas, en las mejillas... Dejando la marca de sus labios por todos lados, incluso golpeándose el uno al otro, poseídos por el lado más desgarrador del instinto de la sangre, sin permitir que el movimiento oscilante finalizara en ningún momento.
Pan cada vez lo sentía mejor, cada vez más profundo y convencido, volviéndose el cosquilleo algo no doloroso sino más bien enloquecedor, generando en ella gemidos cada vez más descontrolados y desgarradores, cada vez más necesitados de expresar algo inexpresable.
El vaivén de los cuerpos hizo que el Príncipe dejara de gruñir y empezara a gritar con todas las fuerzas de su corazón y sin represión alguna, olvidando rápidamente esos tristes encuentros con esclavas asustadas que terminaban provocando un profundo vacío en él al saber que ellas no eran felices ni él tampoco, entre gritos contenidos que no debían extenderse de ninguna manera por el Palacio.
¡No! Era libre de gritar el nombre de Pan y de llorar y reír al embestirla, al entrar y salir de ella con total entrega al vaivén y a la danza, a ella y a él mismo, a los cuerpos que, juraba, ya se conocían o debían conocerse... ¡Era una locura! Tocar sus pechos y volver a penetrarla, cada vez más rápido y más fuerte...
La levantó en seco asiéndola de la cintura, desesperándose al saberse fuera de ella y volviendo a entrar al colocarla sobre él. La meció sobre su cuerpo agarrándola de las nalgas con una fuerza incalculable, abrazándola con intensidad, casi con miedo a que ella pudiera alejarse...
¡Claro que eso no iba a suceder! Ella gozaba sin parar, perdida en su pecho y tironeando cada vez más fuerte del cabello lila que tanto la había hipnotizado al verlo por primera vez, entregada y decidida a hacerlo disfrutar tanto como él lo hacía.
Ahora conocía el placer, ¡él se lo presentaba con soberbia! Y que bien se sentía estar unidos corporalmente, que bien se sentía poder disfrutar de una manera tan completa...
Él era apasionado y rayaba la violencia, sin llegar a ella explícitamente pero plasmando en cada movimiento un indicio de ésta, siendo inevitable hacerlo al tener sangre saiyan en las venas...
Pero sí, se golpeaban desordenadamente, como saiyans que eran, como sangre saiyan que tenían…
Sangre saiyan... Estaban disfrutando al máximo, gritando, rasgando y mordiendo todo lo que tuvieran cerca, enloquecidos ante la idea de deshacerse y ansiosos por unirse cada vez más, empezando Pan a tomar un poco el control, dejándose guiar por el siempre sabio instinto para hacerlo.
Con crueldad, ella apartó los brazos de Trunks de sus glúteos, intentando aprender a dominar la situación, queriendo regalarle todo el goce que ella sentía al abrazarse de su cuello y moverse sobre él.
¡Todo quedaba lejos! Era una mujer entera, no una niña manoseada vilmente... ¡Ya no más la que sabía todo de las batallas, pero no así de la intimidad!
Ahora sabía todo, o eso creía… Bizarro pensar que apenas empezaba a conocer todo ese placer…
Ese arranque de control volvió loco al Príncipe, quien no le permitió ganar, volviendo a asirla y arrojándose sobre ella una vez más, dando desenfrenadas vueltas por el suelo, sin saber ya cómo disfrutarla por completo, volviéndose la pasión un manojo de insatisfacción emocional...
Algo le faltaba, danzar así con ella no era suficiente.
Pan volvió a quedar sobre él, posición perfecta para que Trunks observara fijamente la luna, la cual pareció hacer latir algo más que la felicidad en su cuerpo, algo que iba más allá de su comprensión...
Abrió los ojos lo más grandes posible mientras ella se deshacía en besos, rasguños y caricias que poco tenían de tiernas, siendo hipnotizado por algo más que el otro cuerpo, sumiéndose en el hechizo que la luna representaba para todo saiyan.
Acarició la espalda de Pan, la recorrió con sus brazos en movimientos ascendentes y descendentes, excitándose y enloqueciéndose cada vez más por el calor que estar en ella le provocaba. Siguió mirando la luna y, al estar Pan mordisqueando desprolijamente el lóbulo de su oreja derecha entre despiadadas caricias y desenfrenados sollozos, lo supo...
Debía unirse a ella.
Sino moriría.
Jadeó sufridamente, casi sintiendo dolor al gozar tanto del cuerpo que movía con tanta autoridad sobre él, sacándosela de encima en un arrebato y volviendo a poseerla sobre el suelo. Gritó cada vez más fuerte y al ritmo de sus movimientos, casi dejando a Pan sin aliento, pasada de sentires apasionados, y el clic sonó en su pecho.
Sintió como la luna y la hermosa figura de su compañera se deshacían al igual que todo el universo, jurando ver la sangre dentro de las venas de la muchachita... ¡Adiós cordura! Adiós sufrimiento...
Era el momento, el maldito e inmaculado momento...
Lloró y elevó su poder hasta el límite más lejano, gritando como si de una bestia sin razón se tratara...
¡Ya no más remordimientos! ¡Basta de llantos absurdos y presiones inútiles!
"¡Basta...!", gritó en su mente antes de que su poder estallara.
Ya no podía más... ¡No existiendo esa sangre en el universo!
No existiendo tan perfecta muchachita...
¡La sangre!
Sin más, apretó el cuerpo femenino que ya no toleraba gozar y fue hacia el cuello, inmovilizándola con posesión y corriendo con su cabeza la de ella, atacando directamente al lugar que, ahora lo sabía, más le gustaba de ese cuerpo...
El cuello.
Los dientes se clavaron rápidamente, haciendo que Pan gritara con todas sus fuerzas y él la imitara sin soltarla, pues ahora sí, lo estaba...
¡Estaba completo! Completo de verdad...
Pan abrió los ojos confundida entre gemidos y sintió la violenta succión que esos labios ejercían sobre su piel, junto a unos dientes que se clavaron sobre ella sin respeto existente.
Su sangre se iba y creyó que se desmayaría pero no, se sintió inexplicablemente viva, poseída por un torrente de placer y dolor que se entremezclaban como si fueran el uno para el otro, así como esos dos amantes que tan explícita y sinceramente se decían todo cuerpo a cuerpo.
Trunks sintió la sangre ajena deslizándose por su garganta, provocándole unas maravillosas convulsiones. Su cuerpo empezaba a asimilar todo y el clímax le exigía llegar.
Pudo percibir a Pan de una forma que casi le hizo perder la poca cordura, ella lo poseyó y casi juró escuchar sus pensamientos, sentir como todo su cuerpo vibraba bajo él y adivinar todos y cada uno de sus movimientos.
El vaivén se detuvo unos instantes y ella se dejó succionar, cosa que él aprovechó para hundirse más que nunca en el cuello, aspirando el aroma de la piel y la sangre, saboreando por primera vez el sabor de ésta en tal esplendor, la cual se convirtió en tan sólo un instante en su droga, en su escape hacia otros mundos, en su refugio...
Las lágrimas caían de los ojos de Pan, quien pasó de los movimientos histéricos a la total quietud... ¿Estaría respirando? No lo sabía, no sabía nada más que eso:
Él la había elegido y la había vuelto completamente suya.
Tiró su cabeza hacia atrás y se fijó en la luna, la cual se vio borrosa y misteriosa, perversa e inmaculada...
"¡Debes hacerlo...!" le gritó el instinto en su atrofiada mente, exigiéndole completar el círculo, finalizar con creces dignos de tan fuerte guerrera el apasionado y cruel ritual.
Gimió de dolor sabiendo que a Trunks se le estaba yendo la mano, empujándolo a un lado y subiéndose frenéticamente sobre él, reanudando la vida, el baile y el sudor, corriendo cruelmente sus cabellos lilas hacia la derecha y yendo directo a donde su instinto, su mente y su corazón le pedían ir.
A donde más había querido ir...
Y la sangre, al fin... ¡Al fin! Se sintió tan relajada, tan completa... ¡Sí! Esa era la palabra: completa.
Clavó sus dientes en el cuello del Príncipe y éste lloró y rió al mismo tiempo, volviéndose más contradictorio y honesto de lo que había sido alguna vez, aún sintiendo exquisitamente el sabor del néctar rojo en su boca, además de la succión desesperada en su piel...
Pan sintió el sabor mezclado con el sudor y el aroma, enloqueciéndose y queriendo más, queriendo matarlo, destrozarlo con sus manos hasta no dejar rastro de él... ¡Cuanta posesión! La de él sobre ella y la de ella sobre él...
Dos guerreros unidos, intentando detener al inevitable clímax y luchando por no matar a su oponente, por no matar de placer al amante con el que se apareaban.
Como dos bestias en celo, como dos demonios primitivos, ninguno supo qué siguió a la unión, pues perdieron todo control de sus acciones, todo control sobre sus mentes...
Nada, nadie... La unión y la luna, los saiyans, el instinto y la magnífica sangre que ahora los unía...
Porque por las venas de ella ya no corría su sangre, ahora corría él... Así era al revés y de igual forma, Trunks tenía a Pan en lo más profundo de sus venas, en lo más profundo de su alma...
Lo único que alcanzaron a recordar fue la utopía, ese momento que no cabía en la mente de ningún ser vivo del universo... El placer absoluto, ese que era capaz de matar por su fuerza, más fuerte que toda la raza saiyan unida, más fuerte que la propia naturaleza...
Él, ella y la luna... Los cuerpos unidos y el placer estallando.
Uno sobre la herida del otro, llenos de tierra, sudor y sangre.
Gritos, arañazos y manos apretando cuellos...
Falta de aire, falta de juicio. Poder, puro poder...
Y dos saiyans apretándose tanto, tanto el uno al otro, casi al punto de herir, llegando a hacerlo... Dos saiyans sabiéndose unidos, sabiéndose enlazados, parte de la misma cosa...
No más dos guerreros, sólo uno, un único guerrero y la luna que tanto simbolizaba para su alma de peleador.
El acto, el amor y la posesión... Habían consumado todo en un mismo ser.
El clímax se extendió por el cuerpo de ambos y yacieron sobre el pasto durante un tiempo incalculable... Agotados, aún sedientos...
Se miraron el uno al otro y todo pareció cobrar sentido.
Unidos, irremediablemente unidos.
Trunks levantó con pesadez uno de sus brazos y puso su muñeca sobre los labios de Pan, los cuales estaban manchados de sangre al igual que los de él. Ella aceptó la muñeca, apretándola contra su boca con una de sus manos y usando la otra para hacer lo mismo que el Príncipe.
Con su mano libre, Trunks se aferró idénticamente a la muñeca que Pan acababa de depositar en sus labios, mirándola a los ojos antes de continuar.
En los ojos negros encontró la respuesta, tan evidente que dolía, tan clara como el agua...
"Hazlo" decían los ojos, intentando él decirle exactamente lo mismo.
Ya no más palabras, las miradas hicieron todo por los cansados cuerpos y transmitieron perfectamente el mensaje.
Ambos mordieron suavemente la muñeca del otro, saciando la sed que aún los inquietaba, sabiendo los dos que ahora eran adictos a la sangre, al sabor y el aroma de ese líquido rojo que tan insignificante parecía pero que tanto les decía, tanto les contaba, tanto les juraba...
Lo hicieron sin dejar de mirarse, cerrando el ritual con broche de oro.
Por costumbre, luego de "robar" la sangre del otro y terminar el acto sexual, un saiyan le ofrecía su sangre a su compañera y ella hacía lo mismo con la suya, simbolizando el mutuo consentimiento.
Se soltaron al mismo tiempo y observaron el hilo de sangre que decoraba los labios de cada uno de ellos.
Trunks intentó explicar lo que sentía pero no lo logró, lo único que pudo hacer fue lanzarse sobre ella y volver a besarla, volver a poseerla apasionadamente.
Felicidad, esa era la felicidad...
¡Y que bien se sentía haberla conocido! Consumada bajo los designios de la sangre, bajo la cultura de los saiyans...
En brazos de tan hermosa mujer...
Su mujer.
Nota Final del Capítulo XXIII
¡Hola! Mil perdones por el pequeño atraso u.u
El personaje misterioso (aunque seguro que ya saben quién es XD) iba a aparecer formalmente en este capi pero finalmente no quiso (es una diva, quiere alargar el sufrimiento de sus fans hasta el último minuto XD)... No quería que su aparición y encuentro con Trunks distrajera de lo verdaderamente importante del capi:
Trunks y Pan se unieron n.n
Esta escena del bosque la fantaseé por MESES... La espera se hizo larga y por un momento dudé de cuándo debía suceder, pero creo que era necesario para el avance de la historia que sucediera ahora. Y perdón por lo extenso, pero había mucho que decir y este capi no podía ser corto, por ser un momento tan especial quise regalarles el capi más largo hasta el momento.
La escena tenía que ser lo más perfecta posible, demasiados sentimientos acumulados a lo largo del fic como para que suceda rápidamente.
Créanme que es la escena que más me costó escribir de la historia, porque me sentí limitada por las palabras y no conseguía plasmar con excelencia lo que quería transmitir (por eso la actualización se demoró un poco más de lo deseado)... Finalmente superé un poco la autopresión y me dejé llevar, por eso espero que les guste, fue difícil y placentero hacerlo.
Me superó este capi... Me sentí muy insegura toda la semana, preguntándome si era bueno o no... Esto me generó un poco de tristeza por verme superada por mis propias palabras, no es fácil plasmar lo que siento, no soy lo talentosa que me gustaría...
Los "agregados" al ritual (como el tema de las colas) se me ocurrieron cuando me pregunté cómo podía hacer aún más saiyan al asunto (?), y me pareció que agregarle algo de ese estilo valía la pena y simbolizaba de alguna forma (o por lo menos eso se intentó) la manera de ser que tiene esta raza, lo posesiva que es sobre el otro... ¡y qué mejor que el "punto débil" de los saiyans!, si les pareció medio estúpido disculpen pero así lo imaginé XD
Lo del "ofrecimiento final de sangre" es lo mismo... Tanto instinto, tanto instinto... ¡tenia que haber algo hecho a consciencia! XD
Me agrada la idea de que los saiyans no sólo sean bestias sin razón, me gusta que tengan una cultura y que, a pesar de la manera de ser tan "blanco o negro" que tienen, sean capaces de construirse una cultura que les vaya como anillo al dedo.
Por eso esos agregados.
Gracias por seguir leyendo y no mandarme al diablo. Lo lindo es que les va gustando capi a capi, por eso les agradezco... ¡Y si aún no me escribieron, anímense! Yo no soy de suplicar por reviews y todos lo saben, pero escuchar (bueno, leer XD) opiniones me hace crecer, les juro que me hace muy bien...
Mil gracias también a mi ADORADA JJAmy, amiga del alma y aficionada a DB y muuuuchas otras cosas al igual que yo, quien hace un par de meses atendió a mi frustración por sentir que mis lemon no eran buenos. Sus consejos calaron hondo en mí y me hicieron crecer en esto (o eso espero)... ¡Te adoro! Gracias mi Hachi n.n
El jueves pasado vi a Metallica en vivo... No les puedo explicar todo lo que senti, fue INCREIBLE. Así que Metallica sonó mucho de fondo mientras escribía este capi (re loco XD).
Bueno, eso, gracias por todo el apoyo y nos seguimos leyendo en unos días.
¡Ah! Y si les gusta la pareja Goten x Bra, quizá les guste el one shot que publiqué hace unos días: "Frivolidad" (bueno, perdón por ser atrevida u.u... un poco de publicidad gratuita no le hace mal a nadie XD). Creo que lo voy a continuar, vamos a ver cuando "Pecados..." termine XD
En fin... ¡Kiu! n.n (Alexei me entiende XD).
Nos leemos n.n
Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.
