PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXVI

"Entre la espada y la pared"

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—Estamos en el segundo día desde que el Príncipe se marchó —susurró a su sobrino—. Los Clase Alta dieron cinco días de plazo, sino irán a buscarlo a la Tierra...

Goten se puso de pie sobre el techo de la casa, único lugar en el cual podía hablar con tranquilidad y sin interrupciones con su tío Raditz.

Bardock seguía intratable y no se podía charlar en paz con él cerca.

—Estamos casi a mitad de camino... —afirmó, internando sus ojos en el cielo matinal de Vegetasei—. Trunks no sabe lo del plazo, tenemos que avisarle...

Raditz se impresionó por la convicción de Goten, él realmente estaba madurando. Lo hacía a pasos agigantados.

—¿Qué es lo que te ha sucedido? —preguntó el mayor de ambos, tironeando del brazo a Goten, para que así éste volviera a sentarse a su lado—. Me impresiona tu decisión, mocoso.

Él lo miró serenamente, sonriendo con suavidad.

—Tío, tú eres mi maestro y por eso te respeto —afirmó—. Pero jamás olvides quién fue el que me enseñó a dar mis primeros golpes... Tal vez sea por él.

Raditz gesticuló una media sonrisa, despeinando a su sobrino con un poco de rudeza, pero camaradería al fin.

—Mi incompetente hermano...

Y ambos miraron hacia el cielo.

—Debo ir a visitarlo, ¿crees que podré? mamá sigue débil y no quiero que salga de casa. Por más que ya haya salido de la Cámara de Recuperación, prefiero que siga haciendo reposo.

Raditz pareció no inmutarse, pero escuchó claramente los dichos de Goten.

—Intenta ir, cocina algo y ve.

Goten casi cayó al suelo al escuchar eso.

—¡Cocino horrible! —admitió con tristeza, rascando su cabeza así como su padre siempre lo hacía—. ¿Zuzik sabe cocinar? No puedo pedírselo al abuelo...

En ese momento, hablarle a Bardock no era una opción disponible.

Su tío lo empujó y casi hizo que él cayera del techo, mas no cayó porque lo tomó de la mano a último momento, mirándolo desafiante.

—Mi mujer no es ninguna esclava —le aclaró—. Pero entiendo tu punto, no quiero que mi hermano muera envenenado... Le pediremos ayuda a Zuzik.

Y lo dejó caer, saltando del techo segundos después y arrastrándolo hacia la casa.

Linda relación tenían...


—¡ERES INCREÍBLE! —exclamó Bra al contemplar su invento terminado luego de un par de horas de trabajo.

Cuando entraron al laboratorio, le había enseñado a Trunks ese maldito aero-coche, el cual ella no había logrado terminar... ¡Tantos meses renegando! Y él pudo hacerlo arrancar en tan sólo unas horas.

Trunks cerró el motor y limpió sus manos con un trapo. Dejó las herramientas sobre la mesa de trabajo y miró a su hermana.

—Gracias... —admitió con humildad y un enorme sonrojo—. No es para tanto, los saiyans nos especializamos en transportes...

Bra no pudo ocultar su emoción, ¡esa raza tenía que ser tremendamente talentosa! Deseó ir a ver la tecnología de ese planeta, Vegetasei, pero algo le decía que su hermano no querría llevarla allí...

Mientras él trabajaba en el aero-coche, habían conversado bastante. Bueno, en realidad Bra era la única en hablar.

Trunks la escuchó atentamente y rió con ella al oír anécdotas sobre su arduo trabajo como científica en la empresa familiar.

Era fresca, de fuerte carácter y buen corazón... Cada vez amaba más a su hermana.

—Siéntate —Bra le extendió una silla frente a la mesa y fue al refrigerador a buscar unos refrescos, abriendo una lata para él y una para ella—. Descansemos un poco... —y se sentó frente a él.

Se miraron unos segundos y no era posible para ninguno dejar de sonreír... ¡Todo era tan curioso! Dos seres criados en distintos planetas que eran hermanos... Tan distintos y tan parecidos a la vez...

—Cuéntame algo sobre tu planeta —le pidió con entusiasmo—. ¡¿Qué se siente ser Príncipe?! ¡No puedo imaginarlo!

Aunque ella vivía como una princesa, pero no tenía ese título como para creerse por completo esa historia...

Trunks miró la lata de refresco por largos segundos, bebiendo y saboreando un líquido que jamás creyó que pudiera existir. Era dulce y le recordaba al sabor de las frutas... ¡Era realmente rico!

—No es la gran cosa... —comentó él sobre su pregunta, mintiendo un poco—. Somos guerreros, no es que tengamos mucho protocolo o cosas por el estilo...

Bra lo observó un poco decepcionada, ¡ella quería escuchar historias como la de los cuentos de hadas! Sobre Príncipes, Princesas y enormes y hermosos Reinos...

Lo inspeccionó con la mirada, notando algo extraño en él...

—¿Por qué tienes tantas vendas? —inquirió, haciendo alusión a las de sus brazos y su cuello—. ¿Estás herido?

Y él bajó la mirada, haciéndola estremecer.

Sus ojos habían abandonado un poco esa perpetua tristeza que habían mostrado al principio. Sin embargo, ésta acababa de volver a las pupilas y al azul, al mensaje que esas esferas expresaban con tanta facilidad...

—Lo siento... —admitió ella, avergonzada—. No quise ofenderte.

Y él volvió a mirarla.

—¡No! —gritó—. No me ofendes, lo siento... Es que... —y volvió sus ojos al suelo.

Bra se dio cuenta de que debía cambiar de tema.

—¿Por qué no vamos a mi habitación? —dijo con una sonrisa—. Te cortaré el cabello, lo tienes disparejo.

Y él sonrió también, aunque levemente.

—De acuerdo...

Ella lo tomó de la mano y salieron del laboratorio, pasando primero por la sala, donde Brief y su esposa miraban desde hacía horas a una irritada Pan.

No podían creer que ella fuera la mujer de su nieto, era muy joven pero también muy bonita...

No esperaban encontrarse con esa sorpresa.

Pan sintió el aroma de Trunks cerca y se puso de pie. Se cruzó de brazos y miró hacia el pasillo, por el cual apareció él, junto a Bra, instantes después.

Miró a Bra con recelo, sin ser capaz de perdonarla por parecer tan feliz.

"Trunks sufrió tanto y ella parece tan vacía...".

Pero era la hermana de su hombre y tenía que respetarla... ¡Era la Princesa de los saiyans!

"Más parece la princesa de los débiles...".

—Trunks... —susurró al verlo.

Él le sonrió y fue hacia ella, abrazándola.

—Siento dejarte sola, ¿por qué no vienes conmigo y con Bra? —sugirió sin soltarla.

Por detrás de él, Pan logró ver la cara de fastidio de su "cuñada".

—No —le contestó, soltándolo—. Habla con ella, sé que es importante para ti.

Trunks la miró con tristeza, no le gustaba separarse de su muchachita... Pero era cierto, debía pasar un momento a solas con su hermana, era preciso luego de todo lo que acababa de suceder.

Luego de tantas verdades bajo el sol...

La miró en más detalle y se dio cuenta de que ya no traía las túnicas.

—¿Abuela, le diste ropa? —inquirió Bra, mirando mal a la madre de su madre.

La mujer rió pícaramente.

—¡Es que es una chica tan bonita! —exclamó dulcemente, haciendo toser a Pan de la impresión—. Quería que se sintiera cómoda aquí. Después de todo, ella es la novia de Trunks, ¿no? —y observó a la parejita con ojos aún más pícaros—. ¡Se ven tan lindos! Hacen una pareja realmente preciosa.

Pan se fastidió en medio de una oleada de confusión.

"¿Novia? ¡¿Qué es eso?!".

Brief asintió a los dichos de su mujer.

—Es una muchacha muy bonita, Trunks —dijo.

Él se sonrojó y ella cerró sus ojos fuertemente, incómoda como pocas veces lo había estado.

Aquella extraña mujer terrícola le había dado una especie de pantalón diminuto que, según palabras de la anciana, era un "short de jean", junto con una camiseta negra y entallada que dejaba ver parte de su vientre y tenía el escudo de la Corporación Cápsula en el centro. Su cola estaba enredada en su cintura y por encima de un cinturón de cuero que estaba atado al short.

Eso era lo que más le había gustado a Pan de entre toda la ropa que la mujer le había ofrecido... ¡Le había dado toneladas de ropa rosa! Sintió retorcijones en su estómago al verla, inclinándose por esa ropa que, según ella, era más cómoda y menos estrafalaria.

Trunks deseó poseerla en ese preciso momento... ¡Se veía bellísima! Aunque seguía prefiriendo su sugerente uniforme saiyan, pero esa ropa no estaba muy lejos de éste.

—Estás muy linda... —le susurró al oído.

Ella le dio la espalda y caminó hacia el patio.

—Si no les molesta —exclamó—, iré a ejercitarme afuera... No los molestaré.

Y se marchó sin más.

—Que educada tu "mujer", Trunks —y Bra poco se esforzó por ocultar lo que pensaba de ella.

Era bonita, sí... Muy bonita aunque exótica. El problema era su actitud. Tenía un carácter fuertísimo y a Bra no le simpatizaba la gente que intentaba sobrepasarla en ese tipo de cosas...

No le gustaba que fueran impertinentes con ella, y esa chica había sido MUY impertinente...

Aunque algo de sus desaforados dichos aún latía en sus pensamientos:

¡¿LO MEJOR?! —soltó a Trunks y amenazó a Brief con la mirada, tremendamente furiosa—. ¡Claro que no fue lo mejor! Tal vez sí para esta damita, pero no para Trunks... ¡¡PARA ÉL NO!!! ¡¡El Rey es un maldito imbécil!! Hizo feliz a su hija, NO A TRUNKS... ¡¡¡A ÉL NO!!!

"¿Qué quiso decir con eso...?".

Trunks se sintió entre la espada y la pared.

—Pan no es mala, Bra... —defendió a su muchacha—. Es un poco difícil de tratar pero es una mujer muy noble y fuerte...

Bra lo miró con confusión.

"¿Fuerte? ¿Acaso eso buscan los saiyans en las mujeres?".

—Lo que sea —intentó restarle importancia a la situación. Tomó a su hermano del brazo y volvió a arrastrarlo—. Vamos a mi cuarto, hermano...

"Hermano"... Sonaba muy lindo de labios de Bra.

Trunks sonrió levemente, sabiendo que Pan no estaba enfadada con él y que tenía razón: este era momento para estar con su hermana, ya aliviaría el mal humor de su mujer en la noche...

"Ella sabe que es demasiado importante para mí...".

Finalmente y luego de charlar por un par de minutos con sus abuelos, quienes siguieron adulando la belleza de Pan a pesar de la cara desaprobatoria de Bra, ambos hermanos fueron hacia el cuarto de la menor, dispuestos a seguir conociéndose.

A seguir recuperando el tiempo perdido...


Se arrodilló frente a Zuzik y besó su mano, agradeciéndole así el enorme favor que le había hecho.

Lo único que recibió en respuesta fue una patada de ella y un puñetazo de su tío.

Adolorido, Goten fue hacia la prisión del Palacio, dispuesto a ver a su padre y cargando con él una caja llena de comida preparada por la mujer de Raditz.

"No hay dudas", pensó mientras volaba hacia allí. "Ahora entiendo por qué mi tío la eligió... ¡Que carácter!".

Llegó a la prisión y un Clase Alta de avanzada edad lo miró inquisitivamente.

—Soy el hijo de Kakarotto —dijo con una sonrisa despreocupada—. Vengo a traerle comida.

—¿Sólo a eso? —preguntó el grandulón que tenía en frente con cara de pocos amigos.

Se puso nervioso pero intentó ocultarlo, sin éxito.

—Eh... ¡No vengo por nada malo! —juró—. Solamente quería traerle comida... ¡Él come mucho! Claro que todos los saiyans comemos mucho, pero él come más, ¡mucho más!

El sujeto lo miró peor.

—Lo-lo siento... —y agachó la cabeza, avergonzado.

—Pareces tan idiota como él —espetó el anciano, sabiendo que tan atolondrado chiquillo no representaría ningún peligro y abriéndole el paso hacia el interior de la prisión—. Camina, yo te guiaré.

Goten caminó siendo empujado por el soldado de Clase Alta, odiándolo pero dejándose hacer... No quería causar conflictos, era preciso ver a su padre.

"No lo arruines, Son Goten".

Finalmente y luego de atravesar interminables pasillos llenos de criminales, esclavos y la más grande variedad de alienígenas, Goten estuvo frente a su padre, quien estaba sentado en el suelo, visiblemente hambriento.

Se puso de pie con desesperación al olfatear la comida.

Ambos, de cada lado de la reja, se aferraron a los barrotes con una mano.

—¡¡¡GOTEN!!! —y Kakarotto tironeó su brazo hacia fuera, intentando alcanzar la caja de comida—. Me muero de hambre, por lo que más quieras... ¡DAME!

El anciano abrió las rejas, empujó a Goten hacia el interior de la celda y cerró con llave.

—Tienes 15 minutos, ni más ni menos —musitó antes de marcharse.

Ni siquiera abrazó a su hijo, Kakarotto sólo fue capaz de abrir la caja y devorar.

Sentados en el suelo, Goten observó el hambre desaforada de su hambre y rió entre dientes.

"No cambias, papá".

Al terminar, Kakarotto abrazó su estómago con felicidad.

—Gracias, ¡estaba riquísimo!

—Lo preparó Zuzik —le comentó su hijo.

—¡Lo imaginé! Ella cocina muy bien y nunca olvido a quien cocina bien... ¡Claro que nadie es como mi Chichi! —y rió sin parar por unos segundos, sintiendo el enorme alivio que la comida siempre le daba.

—Papá... —Goten se puso extrañamente serio, impresionándolo—. Dieron cinco días de plazo para que Trunks vuelva, sino destruirán la Tierra... —murmuró en su oído después de abrazarlo, para así hablar con la mayor discreción posible y, por qué no, para expresar con ese gesto cuánto lo había extrañado en tan difícil situación.

Así los había educado Kakarotto a Gohan y él... Les había enseñado a ser cariñosos, bondadosos, sonrientes y humildes, a no creerse más que nadie...

Claro que también se lo había enseñado a Pan, pero Bardock la hizo su alumna a muy temprana edad, haciendo que su desenfadada y alegre influencia no fuera suficiente para hacerla como él o sus hijos...

Al escuchar los dichos de Goten, Kakarotto se puso más serio que él.

Ya lo sabía y agradeció que su hijo hubiera ido a verlo.

"Esta es mi oportunidad de salvar la Tierra".

Se aferró con fuerza a Goten y eso lo hizo sentir bien...

—¿Recuerdas las letras terrícolas? Te las enseñé desde niño... —murmuró en su oído.

Goten asintió con la cabeza.

Con Pan siempre las practicaban, les resultaban extrañamente atractivas. Claro que a su abuelo Bardock no le gustaba que lo hicieran, por ese motivo lo hacían a escondidas, como un juego... Siempre felices de saber algo que tenía que ver con el pasado de su padre.

El primer maestro de ambos...

—Trazaré lo que quiero decirte en tu mano, no es prudente hablar... Ignoro si nos observan o nos escuchan, en el idioma terrícola será más prudente...

Y se soltaron.

Goten se concentró lo más posible y su padre tomó su mano derecha, trazando letra por letra, en el método de escritura terrícola, lo que quería pedirle encarecidamente:

Ve a la Tierra y trae al Príncipe y a Pan. Mi abuelito Gohan y toda la humanidad corren peligro. Salvarás muchas vidas.

Y cuando completó el mensaje, el cual Goten leyó sin voz, gesticulando cada palabra que armaba para verificar si entendía bien, sonrió a su hijo y volvió a abrazarlo.

—Confío en ti —afirmó, palmeando su espalda con cariño.

Goten se separó de él y supo, al juzgar por los pasos que escuchó cada vez más cerca, que el guardia se aproximaba.

"Lo haré, papá".

—Lo haré —aseguró con convicción y le dio la espalda, justo cuando el guardia apareció.

—Dile a Chichi que extraño mucho su comida... —y Kakarotto volvió a reír, aunque esta vez de forma más nostálgica—. Cuídala.

—Sí... —prometió su hijo sin voltear para mirarlo.

Nada más quedaba por hacer allí, por lo cual Goten voló a toda velocidad a su casa.

"Debo hablar con Gohan y mi tío... ¡Sólo ellos pueden ayudarme!".

—¡Voy a salvar muchas vidas!

Muchas...

Incluidas las de su sobrina y Trunks... ¡Era preciso cumplir con su misión!

—No voy a permitir que más saiyans mueran... ¡No! No quiero más muertes...


Entró lentamente a la habitación de su hermana, sin saber qué se iba a encontrar.

Su sorpresa fue enorme al ver un color específico invadir sus ojos, casi provocándole dolor de cabeza.

¡Jamás en su vida había visto tanto rosa! Había rosa por todas partes: en la pared, en los muebles, ¡incluso en la cama!

Se parecía tanto al cielo de Vegetasei...

—Te gusta mucho el color rosa... —afirmó entre risas que denotaban cierta ternura.

Bra sonrió dulcemente, cosa que parecía extraña en tan temperamental joven.

—Sí, a mamá también le gustaba, pero no tanto como a mí según los abuelos...

Ella lo arrastró hacia el tocador, sentándolo frente al espejo y poniendo una tela alrededor de su cuello.

—A ver... —y empezó a revolver el cajón del tocador—. ¿Dónde dejé la tijera? No confió en nadie más que en mí misma para cortar mi flequillo...

Mientras ella buscaba, ensimismada en su actividad, él no logró reaccionar.

Un espejo.

"Esto era lo que menos tenía ganas de ver...".

Su reflejo no tenía por qué darle asco, ya no. No después de haberse unido a Pan y de haber sido aceptado por su familia terrícola.

Sin embargo...

—¡Aquí está! —y ella le mostró la tijera a través de la imagen en el espejo, tomando también un peine. Vio pálido a su hermano y palideció también—. ¿Qué sucede?

Trunks tragó saliva y cerró los ojos.

—Nada... —aseguró, mintiendo descaradamente.

"Sucede que odio mi rostro...".

Bra supo que él mentía una vez más.

—Trunks... —no logró entender qué le sucedía... ¡si él no le decía nada difícilmente iba a averiguarlo!

"Debo hacerlo sentir bien".

Miró en su tocador y allí lo vio: el cuadro de su madre.

Lo levantó y lo puso frente a él.

—Abre los ojos, mira esto... —enredó sus brazos en el cuello de su hermano y se aferró con fuerza a la foto, poniéndola justo frente a su rostro.

Trunks dudó en si abrir los ojos o no, haciéndolo al sentir el dulce tacto de su hermana sobre él.

Los abrió y...

La luz.

La viva personificación de la belleza... La cosa más hermosa que había visto en su vida.

Se enamoró de lo que acababa de ver.

—Ella es mamá... —y eso lo hizo llorar.

—Lo sé... —no supo por qué, pero realmente había sido así.

Una mujer con una belleza despampanante, muy parecida (por lo decir idéntica) a Bra, pero con algo distinto...

Era totalmente terrícola y en su mirada se notaba. Ésta carecía de ese algo "marca Vegeta" que la mirada de su hermana sí tenía.

Era como con su padre y él... Pero al revés.

Tomó el cuadro y derramó unas sentidas lágrimas sobre él.

—Era perfecta —suspiró—. Era tan bonita...

Bra lo abrazó fuertemente.

—Sí... ¡Tanto como yo! —y ambos rieron con fuerza.

—Tú también eres bonita... —volteó y se puso de pie, abrazándola y, por primera vez en su vida, no sintiéndose culpable de ser cariñoso.

Bra lo recibió con los brazos abiertos, sólo conociendo esa extrema ternura de parte de sus abuelos. De nadie más.

—Y tú eres súper guapo... ¡Ya sé! —y ella empezó a correr de un lado al otro, pensativa y claramente desesperada—. Iré por ropa para que te cambies. Cuando vuelva te cortaré el cabello.

Y, así como así, ella desapareció del cuarto.

Trunks respiró con dificultad y se sentó sobre la cama de Bra, lo más lejos que pudo del espejo.

"No quiero que arruine este maravilloso momento".

Ni quería que su hermana descubriera su tendencia a romper espejos y cortarse los brazos...

Miró a su madre en la imagen de aquel cuadro, sabiendo de la existencia de las "fotografías", pues en su planeta también existían. Pero en Vegetasei sólo se usaban para registros computarizados, no como decorativo.

—Era realmente hermosa...

¿Qué habría visto en su padre? Pensarlo le generaba suma curiosidad.

Y, al pensar en su padre, inevitablemente pensó en su casco.

"No le he hablado del casco a Bra...".

¿Debía hacerlo?

Negó al aire y a la hermosa sonrisa de su madre.

—No se lo voy a decir... No me atrevo a confesar cosas tan tristes...

Pan había tenido razón entre todos sus dichos furiosos aquel día...

VOY A MATAR A TU PADRE, lo voy a matar por ser tan injusto contigo... ¡Tú no fuiste nunca feliz! NUNCA...

Eso no era más que la verdad.

La maldita verdad.

"Pero no es culpa de Bra... No quiero que se dé cuenta de que ella fue feliz y yo no, por algún motivo no quiero que odie a papá...".

Por algo él la había salvado a ella y no a él.

"Seguramente porque ella le gustó más que yo".

O algo así...

"Porque ella se parece a mamá...".

Y le sonrió al cuadro, entre lágrimas.

—Él la quiso más a ella que a mí... Pero no te preocupes, mamá. No voy a odiar a Bra, ella no tiene la culpa. No quiero que sufra por mis tonterías.

Eso sí que no...

Sintió el aroma de su hermana cerca, limpiando sus lágrimas y volviendo frente al espejo, fijando sus ojos lo más posible en el cuadro de su madre.

Por nada del mundo iba a mirarse, hacerlo implicaría delatarse ante su gemela.

—¡Volví! —y se impresionó al ver la enorme cantidad de ropa que Bra traía con ella—. ¡Deja que te corte el cabello y después elegiremos algo para ti! Aunque esto no es lo mejor, pero es algo para empezar... ¡Mañana compraré la ropa más costosa y bonita para ti!

Desperdigó la ropa sobre su cama y fue hacia él, tomando la tijera y el peine y empezando a cortarle el cabello luego de humedecerlo levemente con agua.

Trunks vio los pequeños mechones caer mientras no despegaba su mirada del cuadro de Bulma, evitando a más no poder al espejo.

—Trunks, ¿Por qué no te miras? —recomendó ella, mientras no dejaba de cortar y peinar—. Así ves cómo va quedando...

Lo notó por demás tenso y eso le llamó tremendamente la atención.

"Es como si no le gustara mirarse...".

Siempre quise un hermano, uno guapo, inteligente y valiente...

No soy ninguna de esas tres cosas...

Y dejó de cortar.

Intentó calmarse pero no pudo, algo andaba mal...

—Trunks... —dejó de tijera y el peine sobre el tocador para después agacharse a su lado, tomando suavemente su mano y haciendo que él la mirara—. ¿Por qué no te gusta mirarte? ¿Acaso no hay espejos en tu planeta?

Y eso lo puso en shock.

—Eh, Bra... —tartamudeó—. No, no importa... —y forzó una sonrisa.

Ella notó lo forzada que ésta era.

—Dime la verdad —pidió de una forma no muy amable—. Prometimos frente a mamá que nos contaríamos TODO...

Vio decepción en los ojos de su hermana, acariciándola para alejar ese sentimiento de su rostro.

—Termina con mi cabello... —le pidió dulcemente—. Y entiéndeme: me cuesta.

Estaba hablando de más pero ella tenía razón: se lo habían prometido el uno al otro. Y en ningún otro lado más que frente a la tumba de la madre de ambos.

"Tendré que explicárselo... Por más difícil que me sea hacerlo".

Bra volvió al cabello y cada uno se metió en sus pensamientos.

La princesa permaneció seria, intentando imaginar el motivo de su extraño rechazo a su propia imagen, cosa inédita para ella.

"Siento que me he quejado demasiado en la vida...".

Eso sentía al mirarlo a los ojos.

"Tengo extraños comportamientos y una fuerza que recién ahora logro empezar a comprender...".

Rió con nostalgia.

"He desmayado a demasiados hombres durante el sexo, y a los que no desmayé los lastimé".

Fama de sádica: esa era la mochila que llevaba en su espalda y ante los atentos ojos y apenas audibles voces de la sociedad, ante los chismes de los medios de comunicación… los cuales tenía que acallar con dinero más seguido de lo que cualquiera pudiera pensar…

"No tuve padres... Solamente a mi abuelo y a mi abuela".

Y por ellos estaba agradecida.

"Tal vez Trunks, por más Príncipe que sea y por más que viva con ese tal Vegeta, nuestro padre...".

—Ya terminé.

Trunks le sonrió dulcemente ante su anuncio, sin corroborar qué tan bien o mal había quedado. No miraba ni por casualidad el espejo...

"Quizá él no es feliz".

Y se notaba.

Tanto que dolía...

"Me he quejado tanto... Sin saber que alguien estaba sufriendo a quién sabe cuánta distancia de aquí...".

No pudo evitarlo: se sintió una egoísta.

La más egoísta sobre la Tierra.

Y, ciertamente, afortunada también.


Fue feliz al ver que Gohan, Videl y Chichi, además de su tío, estaban de acuerdo con su viaje.

Por supuesto que Bardock ni siquiera se enteró del hecho. Goten habló con su familia a espaldas de él. Bastante ayudaba el hecho de que él, desde la batalla, apenas salía de su cuarto.

"Si se enterara nos mataría a todos".

Y no era broma.

Videl y Chichi aún descansaban después de tan dura batalla, así que Zuzik se quedó a cuidarlas. Gohan, Raditz y Goten fueron, entonces, a ver a Tark a su laboratorio, sabiendo que sólo él podría ayudarlos.

—Es una gran idea —comentó Tark al escucharlos—. Goten, ¿crees que podrás solo?

El muchacho asintió convencido.

—¡Sí! Lo haré por mi raza, por mi sobrina y por el Príncipe... ¡También por la Tierra! —exclamó enérgicamente—. Gohan debe cuidar a Videl y a mamá y mi tío debe hacer entrar en razón a mi abuelo acerca de Trunks y Pan... —observó a Raditz y él apuntó su mirada para un costado, desinteresado por hacer tal cosa—. Yo soy el único que puede hacerlo. ¡Lo haré por papá y por el planeta que tanto quiere!

Tark le sonrió ampliamente.

—No te pareces en NADA al testarudo de tu abuelo, me agrada eso —se cruzó de brazos y se acomodó mejor en la silla de su laboratorio—. Tengo una nave en reparación... —y apuntó sus ojos hacia Gohan—. Tal vez podríamos modificarle algunas cosas para que el radar de la Central Espacial no registre su despegue.

Gohan asintió.

—Nos llevaría varias horas, pero valdría la pena.

Él y Tark se pusieron de pie.

—Esta nave no es de las más rápidas, te llevará la mitad de un día llegar a la Tierra —explicó amablemente al hijo menor de Kakarotto—. Arreglaré una tiara ocultadora de poder como la de Pan para ti por las dudas —y volvió a mirar a Gohan—. Nos tomará varias horas preparar todo.

—Me quedaré toda la noche de ser necesario —aseguró servicialmente el hermano de Goten—. Todo sea por el bienestar de mi hija...

No el de Trunks, el de su hija. Ya se las vería con el Príncipe después...

"No lo odio, lo respeto... Pero mi hija está antes que todo".

Incluso antes que su propia raza.

—Goten, mandaré a Gohan por ti ni bien terminemos, si es en medio de la noche te levantarás y vendrás de todas formas. No hay tiempo para dormir —ordenó Tark.

Se trataba del bienestar de Trunks y de mucha gente inocente con la que los saiyans no tenían por qué meterse. Era de suma importancia hacer que ese atolondrado muchacho de Clase Baja se tomara más que en serio la situación.

"Lo necesitamos".

El Líder de Clase Media apoyó su mano en el hombro de Goten.

—Hazlo por tu raza, por tu familia, por las muertes que no deben ocurrir y, especialmente, por tu Príncipe. Él te necesita.

Goten asintió con entusiasmo.

—Lo haré.


Trunks tuvo problemas poniéndose la ropa que su hermana le había dado... ¡era tan extraña! Pero resultaba misteriosamente familiar...

Salió del baño completamente ruborizado, siendo mirado con felicidad por Bra, quien corrió hacia él y lo abrazó.

—¡Te ves tan bonito!

Le había dado unos jeans oscuros, unas botas y una camiseta igual a la que tenía Pan pero para hombre, la cual mostraba en su parte frontal el logo de la Corporación Cápsula.

La muchacha se alejó unos metros de él para así contemplarlo de forma más adecuada.

Su sonrisa se desdibujó en pocos segundos.

—Trunks, ¿por qué no te sacas esas vendas? —fue hacia él y tironeó de su brazo, intentando quitar una—. No sé por qué las usas como si fueran tu piel...

Trunks rió con desgano.

"SON mi piel".

Alejó su brazo de ella delicadamente, decepcionándola al hacerlo.

Se miraron unos momentos.

—¿Qué pasa? —preguntó ella.

Trunks negó con la cabeza.

—Nada, no pasa nada... —intentó abrazarla pero ella lo rechazó—. ¿Qué sucede? —inquirió justo cuando ella le dio la espalda.

Bra respiró profundo y buscó las palabras adecuadas.

—Hay cosas que no quieres decirme... —musitó—. Lo de las vendas, lo del espejo...

Trunks rascó su cabeza con tristeza.

—Lo siento en verdad —le dijo, poniendo sus manos sobre los hombros de ella—. No es tu culpa, Bra... El problema soy yo.

No soy ninguna de esas tres cosas...

"¿Él?".

¿Por qué parecía tan acomplejado?

¡¿Cómo hacía para parecer tan triste?!

—Dime todo... TODO —volvió a pedir ella, casi de una forma egoísta—. No me ocultes nada, no te juzgaré.

"Tal vez tenga que ver con las batallas, a lo mejor tiene alguna cicatriz".

Pero algo le decía que no era eso... No supo qué, pero algo había allí.

Trunks suspiró.

"No puedo...".

¿Mostrarle su debilidad? ¿Las marcas de su sufrimiento?

No, definitivamente no podía...

—Bra, yo... —balbuceó—. No sé, yo...

Y ella volteó.

—¡¿Qué?! No confías en mí, ¿es eso, verdad? —preguntó con inmensa decepción—. No puedo obligarte a confiar, ¡lo sé! Claro que lo sé... —y depositó su mirada en el suelo—. Pero entiende, Trunks... Quiero conocerte.

¡Ella era tan dulce! Le encantaba su hermana y confiaba en ella.

El problema, como bien acababa de decir, era él.

No ella.

La abrazó por la espalda y peinó su largo cabello con sus dedos.

—Perdóname... Todo es más complicado de lo que piensas y temo asustarte...

Se sintió muy bien por sincerarse tanto, Pan le había enseñado a no hacerlo.

"Esta vez no quiero dar tantas vueltas...".

Sus palabras la enfurecieron y no logró detener su furia ni su impulso, tomando uno de los brazos de Trunks y rompiendo la venda de éste antes de que él pudiera reaccionar...

Y la dolorosa verdad...

"Oh, Dios…".

Ambos se quedaron congelados, ¡ni siquiera se los escuchaba respirar!

Ni siquiera se escuchaba el latir de sus corazones...

Trunks se sintió terriblemente avergonzado.

—Lo siento... —susurró, sabiendo que alejar su brazo no era prudente y que tampoco valía la pena hacerlo.

"Es tarde...".

—Trunks... —y los sollozos de Bra decoraron despiadadamente el ambiente—. Dime que fue en una batalla...

Él parpadeó por la confusión y la tristeza.

—Bra, yo...

Su hermana volteó hacia él y nada de amor había en sus ojos...

—¡¡¡DIME QUE FUE AL PELEAR!!! —gritó consternada, sin soltar el brazo de su hermano, el cual no podía dejar de observar.

"Cicatrices... ¡Cortadas! Cortadas...".

En los ojos de su hermano no encontró otra cosa más que la verdad.

Ambos lloraron.

—No quería que lo supieras así... —admitió él, más deprimido que nunca—. No es fácil de explicar, es que... Es una forma de... —tartamudeó— de sentirme mejor...

Bra enloqueció al escuchar aquello, tomando con fuerza el brazo y propinándole una inmensa cachetada en el rostro.

—¡¿ESTÁS LOCO?! —espetó—. ¡Claro que sé lo que es "cortarse", Trunks! Me impresiona que exista en todo el universo...

"La gente tiene problemas en todas partes...".

Trunks sintió su mejilla arder pero no hizo nada por recriminar los actos de su hermana.

"Ella tiene razón".

—Lo que quiero saber es por qué —volvió a preguntar ella, sonando lo más fría posible—. No quiero respuestas estúpidas como la que acabas de darme... ¿Qué hace que te cortes y qué mierda tiene que ver con los espejos?

Y eso lo hizo desmoronar por completo.

El Príncipe se sentó sobre la cama de Bra y ella hizo lo propio a su lado. Se tomaron de la mano y se miraron largamente.

Debía decírselo... Parecía forzado ocultarlo.

No había motivos para hacerlo.

—Mi rostro... —murmuró sin mirarla, alejando sus ojos lo más posible de ella—. Soy horrible...

Bra rió sin miramientos.

—¿Es broma? —preguntó entre risas—. No puedes estar hablando en serio... —tocó el rostro masculino de su gemelo y buscó su mirada, al encontrarla supo que él hablaba en serio—. No es posible, Trunks... —y sintió un nudo en su garganta—. No puedes decirlo de verdad... —y enloqueció—. ¡ERES GUAPO! Eres muy lindo, hermano... ¡Si quieres, puedo llevarte a la calle a caminar! En las miradas de TODOS verás envidia, deseo y admiración. Nadie te pasará por alto, eres bellísimo...

Lloró y poco hizo por reprimirse, lo que su hermano le decía no le entraba en la cabeza, ¡era inaudito! Era, casi, una falta de respeto...

"¿Autoestima baja? No tiene por qué".

Trunks se sintió más conmovido que nunca ante el llanto de su hermana, deseando morir por hacerla llorar de esa forma.

Cerró sus ojos y respiró hondo. Había llegado el momento de las explicaciones.

—En mi planeta —dijo débilmente—. Está prohibida la hibridación: ser híbrido te hace merecedor de la muerte...

Bra limpió algunas de sus lágrimas y lo observó detenidamente.

—¿Y eso por qué? —indagó histéricamente.

—Porque se cree que un híbrido saiyan será débil... La debilidad es un defecto para nuestra raza.

Bra intentó comprender pero no pudo hacerlo.

—Jamás había escuchado algo más estúpido... —aseguró con resentimiento.

Trunks rió brevemente y tomó con fuerza una de las manos de su hermana.

—Además... —susurró, sin despegar los ojos del suelo—. Los saiyans son como Pan: cabello oscuro, ojos negros... Yo no encajo allí.

Y ahora era Bra quien reía.

—¡Bah! Tonterías —Trunks volvió a mirarla y ella le sonrió—. Tú eres fuerte, ¿no? —él asintió y ella prosiguió—: ¿Entonces... cuál es el problema?

Le encantó Bra y le encantó su forma de pensar. Se parecía a Vegeta, sí... Pero no en profundidad, algo dentro de ella demostraba ser extremadamente diferente al padre de ambos.

Volvió a bajar la mirada, arrojándola al suelo.

"Ya no más vueltas, necesito decírselo...".

Sincerarse era la respuesta, esa que había necesitado toda su vida...

—Viví bajo un casco durante toda mi vida... —y volvió a mirarla una vez más.

Bra vio el sufrimiento más claro que nunca en aquellos orbes azules: él decía la verdad, y esa verdad le dolía sobremanera.

—¿Un... casco? —preguntó de forma infantil.

Él asintió.

—Un casco... Uno que tapó mi rostro, mi cabello, mis ojos... Uno que no le permitió a NADIE en Vegetasei ver mis colores pecadores... Uno que me enterró en una enorme soledad... — dejó de mirarla y derramó algunas lágrimas—. Un casco que se convirtió en mi rostro, en mis ojos y mi cabello...

Y mucho más para decir no había.

Bra abrió los ojos lo más grande que pudo, obligando a Trunks a mirarla.

"Ahora entiendo...".

—¿Es por eso que te crees tan feo? —preguntó con una voz quebradiza.

—Sí.

"Me precipité, no debí hacerlo… ¡Le arranqué la venda sin saber, sin comprender! Ahora entiendo por qué es tan tímido…".

Se sumergieron en un enorme silencio, sin saber qué decir... No había nada bueno para decir, nada que ayudara a Trunks a sentirse mejor y a borrar todo horrible recuerdo de su corazón...

—¿Y por eso te cortas? —volvió a preguntar Bra.

Él volvió a asentir con su cabeza.

Un nuevo silencio y Trunks tuvo le imperiosa necesidad de cerrar sus ojos, cometido que no logró llegar a ser cumplido puesto que Bra lo tomó de ambas mejillas, clavando su mirada en la de él cual filosas dagas.

—ESTUPIDECES —repitió entre lágrimas—. Te discriminaron y no puedo soportar eso... —y lo abrazó—. ¡¡¡CUANTAS ESTUPIDECES!!! Todos discriminan, no es exclusivo de la Tierra hacerlo...

¡Y qué razón tenía! ¿Cuántas veces se había burlado de otras chicas por ser obesas, esqueléticas o estar mal vestidas? Cientos de miles de veces.

Demasiadas veces como para perdonárselo en aquel místico momento...

Sí, era cierto: Trunks se sentía discriminado, pero no por toda su raza... Por Vegeta.

Las miradas que terminaban en su padre marchándose, el que no le permitiera tener una compañera saiyan... Todo era culpa de él, todo había sido planificado en detalle por él.

Jamás lo había odiado tanto...

"Y eso que nos salvó de morir en manos de mi abuelo, pero no... No puedo perdonarle haberme negado vivir aquí con mi hermana y mis abuelos maternos... No puedo perdonarle no haber salvado a mamá".

Ni podía perdonarle haber sido tan cruel con él.

¿Por qué me trajiste?

Porque eras de Clase Alta.

"Jamás te lo perdonaré, papá...".

—Antes de conocerlos a ti y a los abuelos —habló Trunks, luego de eternos segundos de silencio—, las únicas personas que me habían visto a los ojos eran Pan, mi padre y Tark, quien es como un segundo padre para mí.

"Primer padre... Tark ha sido más padre que el verdadero".

Bra se impresionó, ciertamente en shock y sin palabras inteligentes para decir.

—Eso es muy triste... —fue lo único que fue capaz de decir.

—Lo es —afirmó él—. Es por eso que odio los espejos, ellos me muestran lo que yo más odio: mi rostro. Odio a mi rostro por no ser igual al de los demás, por no ser digno de mi planeta —y lloró con más descontrol—. Lo odio porque es un rostro pecador...

Ella lo abrazó fuertemente.

—No, Trunks. Silencio —le habló dulcemente al oído—. Ya no vives en ese planeta. Ahora vives AQUÍ. Conmigo, con el abuelo y la abuela... Si quieres, esa muchachita impertinente será bienvenida también, respetaré el amor que se tienen —acarició su cabello al escucharlo sollozar, sintiéndose casi una madre al ser tan tierna con él—. Trabajaremos juntos en la Corporación Cápsula y ya no habrá más peleas ni sangre en tu vida, ¡ya no habrá espejos rotos! Sólo tu familia, sólo la felicidad que tu familia va a darte a partir de ahora... ¡Y nos vamos a pelear como solamente dos hermanos saben hacerlo! —y lloró con él—. Hasta eso nos han arrebatado, hermano... Hasta el derecho a ser hermanos y saber pelearnos e insultarnos a diario... Por eso... —y lo soltó, fijando su vista en la de él—. VAMOS A SER UNA FAMILIA. Y vamos a ser felices, te lo juro.

Una sonrisa final y ella se quedó sin aire, habiendo dicho todo sin detenerse a analizar sus propias palabras, sin pensarlas siquiera... Las dijo con todo su corazón y eso era lo único que podía hacer por él.

"No olvidará, pero aprenderá a vivir alejado de ese asqueroso pasado...".

Pasado al que el padre de ambos lo había condenado.

"Jamás lo voy a perdonar...".

Trunks se sintió comprendido y amado.

—No puedo quedarme... —... pero tenía que ser sincero.

¿Él había ido con intenciones de quedarse? No.

¿Él había ido con intenciones de abandonar Vegetasei? No.

¿Quería dejar de lado las batallas y el instinto guerrero de su raza paterna? ¡NO!

Amaba a la Tierra, pero no pertenecía allí...

"Mi planeta es Vegetasei, no puedo abandonarlo, ni a él ni a todas las cosas que me atan a él".

Ni siquiera a su injusto y cruel padre.

"No, ni siquiera a él...".

Bra sintió una puntada en su pecho al escuchar los dichos de su hermano.

—¿Y eso por qué? —inquirió—. No tiene sentido que te quedes allí y vuelvas a condenarte a un casco... ¡Aquí serás libre!

—Pero aquí no seré yo mismo, Bra...

Más verdad...

Ella se puso de pie y caminó por su habitación, visiblemente nerviosa.

"Viniste y ya quieres irte...".

—¡¿Por qué me ilusionas?! —espetó ante él, furiosa—. ¡Pensé que habías venido a vivir aquí! ¡EN NINGÚN MOMENTO MENCIONASTE ESTAR DE PASO! —cayó de rodillas al suelo y tapó su rostro con sus manos—. Eres injusto, Trunks... ¡Me ilusionaste sólo para hacerme sufrir! Esto es una mentira...

Él buscó aire pero éste pareció rehusarse a entrar en sus pulmones, tosiendo al sentirse ahogado y triste, devastado por las palabras de su hermana.

—Tampoco dije que me quedaría... No dije nada —explicó con toda la dulzura que le fue posible.

—¡Viniste sin saber a qué mierda venías! —aseguró ella y enloqueció al verlo asentir—. ¡¡¡IDIOTA!!! Ahora me has ilusionado... ¡Pensé que seríamos una familia!

Él intentó abrazarla pero ella volvió a darle una cachetada.

—¡NO! —gritó—. No me toques, no hasta que aceptes mi propuesta: QUÉDATE AQUÍ, conmigo, en la Tierra... ¡¿Tan difícil es renunciar a ser un guerrero que pelea día y noche?! ¡¿Tan difícil es vivir en paz?!

—Sí —aseguró él entre nuevas y molestas lágrimas—. Es difícil porque así fui criado, hermana... Entiende: soy un híbrido, sí, pero fui criado como un saiyan —aclaró su garganta y la miró fijamente—. SOY un saiyan...

"Por más que odie serlo, la verdad es que no lo odio... Amo ser saiyan, muy en mi interior lo hago...".

No logró ordenar sus pensamientos y se sintió confundido: había mucho por meditar.

Mucho.

—Eres un terrícola... —farfulló ella, tomándolo de la camiseta y mostrándole los dientes—. ¡Eres un maldito humano! Tu cabello, tus ojos...

—No soy nada, Bra... —y él la abrazó—. No soy todo lo terrícola ni todo lo saiyan que quisiera...

—¡¡¡ENTONCES APRENDE A SERLO!!! —y ella se soltó de su agarre—. Yo te convertiré en humano, ¡te sacaremos esa cola y olvidarás lo que es un saiyan! Trabajarás, saldrás a pasear con tu esposa y vivirás una vida tranquila, llena de afecto y con la comodidad del dinero que nuestra familia tiene... ¡VAS A SER FELIZ! Muy feliz, muy muy feliz...

La furia se transformó en súplica y Bra volvió a desmoronarse.

Trunks se sintió fascinado por la idea de su hermana, casi logrando sucumbir ante sus palabras.

"Pero Pan no querrá quedarse conmigo...".

El dilema apareció una vez más, sintiéndose entre la espada y la pared.

"Pan o Bra... ¿Elegir a una de las dos? No, no puedo...".

—Tú me atas aquí y Pan a Vegetasei... —afirmó en un susurro—. No puedo elegir entre ella y tú, Bra. No me pidas algo así...

Ella enloqueció, golpeando sin suavidad alguna el fuerte pecho de su hermano.

—¡¡LA ELIGES A ELLA POR SOBRE MÍ!! ¡Lo estás haciendo! Eres cruel, Trunks... Eres muy cruel...

Verla así lo destruía, lo hacía añicos...

"No podré hacerla feliz, si lo hago haré infeliz a Pan...".

Y se haría infeliz a él mismo.

"¿Pero cómo puedo engañarme así? ¿Cómo lograré vivir sin Bra? Ahora que la tengo no puedo abandonarla...".

Lloró.

"No puedo...".

Y en ese instante, en ese momento de reflexión en medio de tanto llanto y tanta confusión, Trunks entendió que amaba a Bra. La amaba tanto como a Pan, pero de manera diferente...

"Ambas son importantes para mí, no puedo abandonarlas, a ninguna de las dos".

—Ven conmigo a Vegetasei, Bra... —y volvió a abrazarla—. Por favor...

Bra, sin soltarse de los brazos de Trunks, abrió los ojos enormes en señal de sorpresa.

"¿Irme de la Tierra?".

Sus abuelos, la empresa familiar, la ropa, la comida, los paisajes...

Y allí fue capaz de entenderlo...

El color del cielo al amanecer, el viento entrando por la ventana de su habitación... El desayuno de su abuela, la sonrisa de su abuelo... Ellos, todo ellos...

Y lo más importante: la tumba de su madre.

"Vivir lejos de mamá...".

Sí, lo entendió por completo.

Volvió a cerrar sus ojos y devolvió el abrazo.

—Soy humana, Trunks... —murmuró—. No puedo irme...

Y él sonrió melancólicamente.

—Ahora me entiendes...

—Sí —dijo ella en respuesta—. Ahora te entiendo...

Se abrazaron con más fuerza.

—¿Qué haremos entonces? —preguntó él, en un tono indescriptiblemente emotivo.

—Yo pensaré en tu oferta y tú pensarás en la mía... —y se separaron suavemente—. Ambos lo analizaremos y tomaremos una decisión.

Se sonrieron levemente, afirmándose el uno al otro que se habían entendido apropiadamente.

—¿Estás apurado por volver? —preguntó Bra, ahora más tranquila,

Trunks negó con la cabeza.

—Para nada...

Ella sonrió.

—¡Entonces sigamos divirtiéndonos! —ella lo tomó de la mano y ambos se pusieron de pie—. Disfrutemos todo lo posible y, en las noches, pensemos sobre la propuesta que nos hemos hecho... —le sonrió y él la imitó—. ¡Vamos a cenar, me muero de hambre! Encima no almorzamos… —y se sonrojó al escuchar salir de su propio estómago un ruido ensordecedor, el cual anunciaba su voraz hambre—. Después iremos a caminar por la ciudad... Así dejarás de sentirte feo.

Lo último fue dicho con un extra de emoción, tocando lo más profundo del corazón del Príncipe.

"Gracias, Bra...".

Ahora se sentía un poco mejor que antes.

Por lo menos un poco, pero el deseo de cortarse al mirarse al espejo aún estaba latente.

"No lo superaré de un día para el otro".

—¡Vamos a comer! —y ella volvió a tironearlo del brazo.

"Pero tenerlas a ellas, a Pan y a Bra, me ayudará a hacerlo".

La siguió y no se sintió para nada incómodo.

"Tal vez no sea mala idea quedarme aquí... Por lo menos un tiempo".

Ya hablaría con Pan sobre el tema...

Chocó con su hermana cuando ella se detuvo, sintiéndose desconcertado al verla parada frente a él, estática.

—¿Qué sucede? —le preguntó con suma preocupación.

Ella volteó lentamente hacia él, acompañando a sus ojos con un semblante por demás acongojado.

—Trunks... —y tocó suavemente su cuello—. ¿Y tu cuello? ¿Por qué tapas tu cuello?

Trunks se sonrojó.

"No me esperaba esa pregunta".

Intentó tartamudear una respuesta pero el fuerte abrazo de su hermana se lo impidió.

—¡¿Acaso te cortas ahí también?! —y ella lloró—. ¡¡¡TRUNKS!!! No puedo creer lo afortunada que soy... ¡¿Pero por qué tú?! ¡¿POR QUÉ TÚ Y NO YO?! Odio al imbécil que nos separó...

Las palabras volvieron a conmoverlo y acarició el cabello de su hermana una vez más.

—No, no es por eso que mi cuello está vendado —susurró en su oído para después sonrojarse más—. Hay cosas de nuestra naturaleza saiyan que no sabes y que es prudente explicarte...

Ambos se separaron y Bra se veía un poco mejor.

—¿Naturaleza? —inquirió.

—Sí —afirmó él, sonrojándose a más no poder—. Pero... eh... —sintió sus mejillas más calientes que nunca y tosió—. Le pediré a Pan que te lo explique, yo no me atrevo.

Bra se sumió en la más cruel desaprobación.

—ESO NO —sentenció—. Me lo dirás TÚ, ella no me cae bien, lo siento.

Y ahí estaba Trunks, entre la espada y la pared...

"Otra vez...".

—Es algo íntimo, Bra —intentó calmarla—. No es algo que un hermano deba hablar con su hermana.

Y ahora era Bra la sonrojada.

—¿Íntimo?

Se recordó desmayando inconscientemente a varios de sus amantes y no pudo evitar emocionarse, oscilando sus sentimientos entre la alegría y la tristeza, entre la vergüenza y la satisfacción...

Su dualidad, su tan bien conocida dualidad...

"A lo mejor aquí está la respuesta que ningún psicólogo logró darme...".

La respuesta que más había querido conocer en su vida: el porqué de su sadismo involuntario durante el sexo.

"Guerreros y una venda en el cuello de Trunks... Seguramente es por eso".

Rió brevemente.

"Y, ahora que lo recuerdo, esa niñita también tiene el cuello vendado".

—Creo que entiendo... —y le sonrió.

Trunks, entonces, comprendió que su hermana también había tenido problemas con su naturaleza, problemas que él bien conocía...

Bra entendió a Trunks y sus motivos para no contarle "ese" tipo de cosas...

—Ni modo, hablaré con esa chiquilla... —se cruzó de brazos y escruto con la mirada a su gemelo—. Mejor te doy una camiseta de mangas largas, así los abuelos no notarán tus cicatrices...

El Príncipe agradeció su discreción para con ese tema y dejó a su hermana buscar la prenda perfecta con tranquilidad, sumergiéndose en sus pensamientos y mirando, una vez más, el cuadro de su madre.

"Tal vez ella tampoco fue feliz... O por lo menos no lo fue al nivel que Pan y yo creemos...".

Si ella había comprendido sus tímidas palabras, esa posible respuesta tenía muchísimas chances de hacerse certeza.

"O quizá, simplemente, no se puede ser feliz cuando se desconoce parte de la naturaleza que rige nuestros cuerpos...".

Y eso haría sumamente difícil la decisión que ambos tenían que tomar.

Trunks quería quedarse en la Tierra, pero su naturaleza le pedía volver a Vegetasei.

"Esto será más difícil de lo que imaginé...".

La espada y la pared, cada vez se sentía más atrapado...

Atrapado y sin respuesta.


Compórtate, chiquillo... Creo que le diré a tu tío Raditz que te entrene, ya no confío en tu padre para eso...

Goten lo miró, aún dormido.

Tío Raditz es muy severo...

Justamente, eso es lo que tú necesitas.

Raditz lo había entrenado más que apropiadamente, pero Goten jamás había sido capaz de ocultar la enorme influencia que su padre ejercía sobre él.

Ya había anochecido en Vegetasei y el muchacho de Clase Baja se sintió extrañamente nostálgico, observando el cielo desde el techo de su casa, como siempre.

—¿Otra vez aquí? —y su tío se sentó a su lado—. Cada día eres más predecible, mocoso.

Rió ante las palabras de Raditz.

—No sé qué me pasa, tío... —murmuró—. Me siento raro.

Raditz no se sorprendió: era obvio que Goten se sentía así.

—Te pareces mucho al inútil de Kakarotto —le dijo secamente—. Eso es lo que te pasa...

Goten sonrió.

—Ya sé, lo sé muy bien... —y cerró sus ojos, sumiéndose en sus pensamientos.

"No es justo que tanta gente muera ni es justo que nuestra raza se extinga...".

—No es justo que maten a Trunks, no lo es en absoluto... ¡Además! —agregó—. No es justo que la Tierra, el planeta que papá tanto aprecia, desaparezca por un motivo tan absurdo.

—Estoy de acuerdo contigo: morir por la existencia de un híbrido que creció aquí y PERTENECE aquí es lo más estúpido que escuché en mi vida —Goten le sonrió y él prosiguió—: Creo que Kakarotto nos dio sentimientos a todos —y Raditz rió con soberbia—. Tiene ese "maravilloso" talento de cambiar a las personas que rodea, nos hace más buenos a todos.

—Igual que Trunks —aseguró el muchacho.

Raditz volvió a reír.

—Son terrícolas, ambos lo son —exclamó—. Y tú también tienes algo de eso, heredaste mucho de mi hermano, por eso te afecta tanto todo esto.

Goten se sintió aliviado: ¡era tan fácil de explicar! Su tío siempre daba en el clavo al tratarse de él.

Agradeció su presencia en la vida y no sintió arrepentimiento alguno de haber sido su alumno, ¡eso jamás!

"Es por él y por papá que yo soy yo, por ambos a la vez".

Y por eso los quería tanto...

—Pero cambiaré el destino de todos... —afirmó con una convicción pocas veces vista en él—. Salvaré a la Tierra, a Trunks y a Pan del castigo que quieren darles los malditos ancianos de Clase Alta...

Raditz rió junto a él y, cuando iba a seguir con la conversación, Gohan apareció frente a ellos.

Se acercó a ambos y les susurró con discreción:

—Es el momento, Goten. La nave está lista.

Tío y sobrino se miraron y la convicción inundó el ambiente.

—Vamos al laboratorio de Tark... —propuso Raditz.

Goten fue a su casa y abrazó fuertemente a su madre, quien estaba recostada en su cama.

—Cuídate, mamá —le pidió—. Volveré lo más pronto posible.

Ella acarició su rostro como sólo una madre con su hijo lo hacía en Vegetasei.

—Vuelve sano y salvo. Así mi Gokuh podrá salir de esa prisión...

"Gokuh", su madre llamaba así a su padre en momentos especiales y sonrió al escucharla susurrar ese nombre.

—Así será.

Saludó a Videl y a Zuzik, y los tres hombres se encaminaron hacia el laboratorio de Tark.

Hacia el viaje y la esperanza.

"¡Debo salvarlos a todos!".

¡Y cuántas ganas tenía de tener éxito!


Hacía un par de días que la había sentido: energía de sus hermanos de sangre explotando.

Consumiéndose, aumentando, disminuyendo... ¡Apareciendo con una notoriedad no vista durante años!

Rió al verse rodeado de cadáveres, teniendo la certeza de que había llegado el momento.

—Han despertado... ¡Han dejado de ser aburridos! —exclamó mientras pateaba cuerpos en pleno estado de descomposición, abriéndose paso en el camino—. Ahora sí vale la pena volver...

Esbozó una sonrisa orgullosa y buscó su nave, la cual estaba enterrada bajo los miles de cadáveres que habían vivido hasta su llegada a aquel lejano planeta.

Muchos años vagando sin rumbo, perdido en la marea del tiempo y el espacio... ¡Tantos años luchando! Cegado por la sed de sangre, por matar de la forma más sanguinaria...

Él, el elegido por la sangre para ser el más poderoso, para ser el más cruel...

¡El elegido para exterminar! Exterminar a todo y a todos.

Incluso a sus hermanos saiyans...

Se subió a su nave, la cual estaba vieja y deteriorada por el tiempo, y puso rumbo al planeta que lo vio nacer.

—Vegetasei... Han pasado tantos años, ¡o tal vez minutos! No lo sé, no me interesa saber cómo pasa el tiempo... Lo único que importa es que, finalmente, voy a volver a ti...

Finalmente iba a encontrarse con rivales dignos, no con guerreros reprimidos y aburridos. No con lo monótono sino con lo apasionado.

Con la esencia misma de los saiyans: la pasión por los golpes.

Con rivales dignos... Aunque no tanto, NADIE era digno rival para él.

Para el más fuerte, el más sanguinario...

Para el saiyan más despiadado de todos: él.


Nota final del capítulo XXVI

Chan, ¿y ese final? XD

No sé qué me pasa: hoy no me sale el neutro y tuve que corregir varios acentos típicos de mi español rioplatense n.n

Porque yo no digo "¿Tú qué piensas?" sino "¿Vos qué pensás, che?"... AHHH el neutro me da dolores de cabeza a veces...

Y yo soy de la capital de Argentina así que imagínense... ¡Tengo el rioplatense demasiado marcado! Casi hasta límites de exageración sin precedentes (?).

Pero si escribo en neutro es para facilitar la lectura, no por vergüenza hacia mi dialecto favorito (te amo español rioplatense XD), sino porque a mí me costaría un poco leer un fic con dialectos típicos de otros países (por los modismos, más que nada) e imagino que es lo mismo al revés n.n

Porque si yo pongo algo así como "Che, Pan! Vamo' a entrena', dale?" (?) como que va a sonar medio bizarro... XD

Me fui por las ramas XD

Volviendo al fic... ¡Obvio que esto no se termina! Si leyeron los últimos párrafos del capi ya lo habrán notado n.n

Y mucho más al respecto no voy a decir...

Sobre Goten: ¡Jeh! ¿Quién mejor que Goten para ir a la Tierra? Quiere mucho a Trunks, quiere mucho a Pan y tiene curiosidad por la Tierra... ¡Es el más parecido a Gokuh! No podía ser otro.

Espero les guste el capi... n.n

¡Cualquier duda, no duden en escribirme! GRACIAS por sus comentarios, es por ustedes y por todo lo que expresan palabra a palabra que siento tantos ánimos de actualizar lo más seguido posible...

De corazón: mil gracias.

Nos leemos n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.