PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXIX

"Odio y pasión, parte I"

Se apretaban como si no hubiera un mañana, como si estuvieran muriéndose de frío... Vegeta no podía evitar, en esa situación, sentir la falta de aire que el calor de las dos personas que estaban contra su cuerpo le generaba.

Trunks y Bra lo estaban ahogando, sí... De una forma tan emocional que hasta le dio deseos de asesinarlos, deseo borrado rápidamente de su mente, dándose cuenta al instante de que ese pensamiento era algo inaudito.

No podía hacerles daño; el espíritu de Bulma, el cual los rodeaba místicamente como sólo ella sabría hacerlo, se lo impedía.

Pero el abrazo tenía que cesar... Él no era así, esa actitud no iba con él.

"Mi orgullo no me permite esto".

Conservó a Bra unos instantes luego de empujar a Trunks, movimiento que tomó completamente por sorpresa al joven Príncipe.

—¡¿Qué haces? —gritó Bra con horror, imposibilitada de comprender cualquier cosa que sucediera de allí en más, afectada como nunca lo había estado ante una situación tan intensa.

Se soltó de su padre, cosa que éste no se había atrevido a hacer con su hija, permitiéndole a Vegeta ir hacia Trunks. Caminó varios pasos sin que Bra pudiera detenerlo y asestó un brutal puñetazo en el sensible rostro, hiriendo no la piel sino el corazón del muchacho.

Trunks cayó al suelo y poco pudo hacer y poco quiso hacer por levantarse.

—¡BASTA! —gritó la princesa crecida en la Tierra, clavando sus uñas en el brazo de su padre, a quien sujetó con una fuerza no conocida, intentando así detener ese reloj que había empezado a correr luego del detenimiento que el abrazo les había significado a los tres presentes.

Trunks limpió el hilo de sangre que escapó de forma traviesa por su boca, encarando la fría mirada de su progenitor.

—Ya me parecía demasiado irreal... —espetó en su cara, ahora sí incorporándose—. ¡Tú no eres así! Te salió muy bien la actuación, padre.

Vegeta lo abofeteó sin que Bra nada pudiera hacer por evitarlo, haciendo que su hijo terminara, una vez más, en el suelo.

—Basura —exclamó para sorpresa y desilusión de sus hijos—. ¡¿Cómo mierda te atreviste a tremendo acto de irresponsabilidad? —giró hacia Bra y en ella se quedaron sus ojos—. ¡Tu hermana no tiene nada que hacer aquí! ¡¿Cómo se te ocurrió traerla, insecto? Eres un imbécil...

"Que desafortunada manera para conocer su voz", no pudo evitar pensar Bra, quien no reprimió nada antes de su próxima acción, la cual fue depositar una cruel cachetada en el rostro de su padre, la cual estaba llena de rencor.

—¡MÁS BASURA SERÁS TÚ! —dijo de la peor forma—. No te permito, ¡¿me oyes? No te permito tocar a mi hermano... ¡JAMÁS VOLVERÁS A HACERLO, SABANDIJA!

Trunks, en un rápido movimiento que denotó suma desesperación, abrazó a su hermana por detrás, inmovilizándola.

—No, Bra... —susurró en un intento de dulzura más que fallido—. No te atrevas a hablarle así...

Ella luchó por soltarse para seguir golpeando de forma imprudente a su padre; mas su hermano no se lo permitió.

—¡TRUNKS! —gritó—. Suéltame, ¡suéltame! ¡¿Cómo se te ocurre permitir semejante falta de respeto? Es nuestro maldito padre y nos tiene que respetar... ¡SÍ! Merecemos muchísimo más que toda esta mierda... —su voz se quebró por completo—. No merecemos esto, tú no lo mereces...

Ella estalló en llanto y Trunks logró mantener la compostura, guiando sus ojos hacia el padre de ambos, quien estaba de espaldas a ellos.

—La traje porque ella quiso, padre —dijo en un hilo de voz—. Ella quería conocerte... Linda manera de recibirla.

Vegeta apretó sus ojos con furia, no sintiendo deseos de seguir escuchando los dichos de su hijo mayor.

—Tendrías que haberlo impedido —le contestó.

Trunks aclaró su garganta y abrazó con más fuerza a su hermana.

—Lo sé, pero no se pudo... Ella es igual a ti, es demasiado cabeza dura... —y se permitió reír levemente, intentando así descomprimir la densidad que los rodeaba a los tres.

Increíblemente, Vegeta acompañó la risa.

—Ignoras que no sólo lo heredó de mí —dijo—. Bulma era más cabeza dura que yo.

Los hermanos, ante la mención del nombre de su madre, no pudieron evitar sorprenderse. Vegeta dijo ese nombre de una forma sumamente natural, sentida, cariñosa...

"Este no es mi padre", pensó Trunks. "Papá no es quien tengo en frente...".

Vegeta les dio la espalda y caminó hacia la pared contraria a las escaleras, donde fijó su mirada.

—Tu cabeza es la más deseada por los saiyans —dijo a su hijo—, si supieran que Bra existe será la de ella la que ocupará el puesto... ¡No era momento para traerla!

Bra rió con soberbia.

—Si mi hermano no me hubiera traído, créeme que yo hubiera venido sola, padre... —apretó sus puños y rió aún más, volviendo a su imagen algo borroso e inentendible—. ¡No subestimes a la hija de Bulma! Tengo lo mejor y lo peor de ustedes dos, por supuesto que hubiera encontrado una forma de venir aquí.

Vegeta no pudo evitarlo, simplemente se dejó llevar y sonrió. Su hija lo hacía estar más que orgulloso.

"Cabeza dura, irrespetuosa y soberbia... Es mi hija, nuestra hija".

Observó el techo unos minutos y volvió locos a sus hijos dado el silencio que lo envolvió. El momento había llegado y lo sabía perfectamente.

"Me he preparado para esto… Durante días, desde que Trunks se fue. Ya basta de silencios, es el momento de hablar".

No por ellos, si siquiera por él… Más bien por Bulma, únicamente por ella.

"Tú hablarás, mujer… No yo".

—¿Y qué era tan urgente? —preguntó con fingida despreocupación—. ¿Para qué querían hablar conmigo, chiquillos?

Trunks respiró profundo y decidió responder:

—Hay mucho por hablar, papá —dijo—. Queremos saber TODA la verdad, esa que nos negaste tantos años...

Vegeta rió brevemente.

—No sé de qué verdad hablan —respondió fríamente—. No tengo nada para decir, nada que Brief no les haya dicho ya.

Y Bra fue quien rió esta vez.

—Oh sí, claro que tienes mucho por decir, papi... —respondió con aplastante frialdad, una mayor a la de su padre—. Tienes que decirnos TODO lo que mis abuelos no saben... ¡Cosas como, por ejemplo, el porqué nos separaste! ¡El porqué usaste así a mi madre! ¡El porqué de toda la mierda que cerniste sobre nosotros! —y perdió la compostura, sintiendo cómo la adrenalina corría por su cuerpo, desesperada por golpear a su padre—. Tenemos todo el tiempo del mundo... —se sentó en el suelo y arrastró a su hermano para que hiciera lo mismo—. Te escuchamos... ¡Y más te vale no saltearte nada! ¡Si lo haces invocaré el mal humor de mi madre y te castigaré!

Vegeta rió a carcajadas, imposibilitado de no sentir simpatía por tan impertinente mujer.

—Idéntica a tu madre —dijo luego de darse vuelta y encarar a sus hijos—. Está bien, tu poco respeto al dirigirte hacia mí me ha inspirado...

"Tenían que ganárselo".

Se sentó en el suelo justo frente a sus hijos.

—Empieza desde el principio —pidió Bra, manteniendo la mirada de su padre con suma facilidad, siendo envidiada silenciosamente por Trunks—. Empieza por cuando conociste a mamá...

Vegeta rió un tanto más y volvió a mirar a sus hijos.

—Está bien... Como quieras, mocosa.

Trunks, por su parte, se sintió ajeno a la situación, invadido por una serie de horrorosos sentimientos negativos que no supo comprender, que no supo titular...

Todo era natural entre Bra y su padre, certeza que formaba un molesto nudo en su pecho... Nudo que cada vez incrementaba más su tamaño.

Vegeta carraspeó y lo sacó de sus pensamientos, a la vez que su hermana volvía a aferrarse a su mano.

—Todo comenzó hace 32 años —comenzó el relato Vegeta, manteniendo la compostura de forma magistral—. Fui enviado a la Tierra por los científicos de Clase Media, todo para investigar la tecnología de los terrícolas —hizo una breve pausa y continuó, enterrando su mirada en el suelo para ya no volver a sacarla de allí—. Los terrícolas que interrogué y torturé me guiaron hacia la Corporación Cápsula y allí me dirigí, aunque no sé para qué se los digo, Brief ya se los debe haber contado... —Bra asintió pero Trunks no lo hizo. Vegeta no le dio importancia al detalle y continuó—. Allí me encontré con Brief y Bulma, a quienes les di cuatro días para construir la nave más rápida posible, todo para probar qué tan inútiles eran...

Y los recuerdos lo invadieron mientras hablaba, sintiendo como todo lo que estaba a su alrededor se distorsionaba, sumiéndose en los recuerdos casi como si volviera a vivirlos...

Casi como si volviera a estar allí, junto a Bulma...

Limpió el sudor de su frente y se dio cuenta de que necesitaba descansar... Más se apuraban, más se retrasaban...

Papá, basta... —dijo en un tono exageradamente cansado—. Si seguimos presionándonos no lograremos terminar a tiempo.

Su padre salió de la parte inferior de la nave a medio hacer y ella lo observó unos instantes; su rostro estaba decorado por una sonrisa.

Tranquila, Bulma —dijo—. Yo seguiré un rato más, tú ve a descansar, lo mereces.

La hija no pudo evitar mirar con preocupación al padre.

Tú también debes descansar... —susurró mientras rascaba sus ojos en busca de calma y paz.

No, aún puedo dar un poco más de mí —contestó Brief aún sonriente—. No te preocupes, ve a dormir una siesta —y desapareció, volviendo a la parte inferior de la nave y al trabajo.

Bulma observó los pies de su padre, que aún podían verse, sintiéndose extrañamente tranquila.

"Entiendo que no pueda dormir hasta ver un proyecto terminado, a mí me pasa lo mismo... pero más me pasa cuando no hay un asesino de otro planeta apurándome".

Con un enorme sentimiento de admiración invadiendo su pecho, el cual estaba dirigido completamente a su padre, Bulma se retiró a su cuarto, deseando como jamás lo había hecho a su cama.

Cruzó sus dedos mientras caminaba por los pasillos con pesadez, deseando no cruzarse con ese monstruo que los obligaba a trabajar tan arduamente.

Su nombre era Vegeta y era realmente intratable... Cada vez que se aparecía frente a ellos, ese sujeto les gritaba y los maltrataba sin fin... Era realmente insoportable vivir así y poco recomendable para el trabajo que estaban realizando. Ella no lograba trabajar bajo presión, odiaba la presión.

La única presión que le gustaba era la que se ponía a sí misma.

Casi llegaba a su cuarto cuando ese tipo apareció frente a ella, vestido con esa especie de armadura tan ridícula y con su acostumbrada media sonrisa decorando su rostro.

¿Qué haces que no estás trabajando? —preguntó autoritariamente.

Bulma lo ignoró y siguió caminando.

Necesito dormir... —dijo—. Aún quedan dos días y medio. No molestes, ¿quieres?

Sin nada más por decir, Bulma se encerró en su cuarto, dando un portazo para alejarse por completo de ese ser que ya le daba asco.

Vegeta se quedó observando largamente aquella puerta, atragantado con la respuesta que ella no le permitió dar.

"Maldita terrícola, es demasiado vulgar".

Sí, "vulgar" era la palabra. Por supuesto que le encantaban las mujeres con carácter que lo encaraban perfectamente y sin miedo, pero no soportaba tal falta de respeto viniendo de una simple y débil terrícola. Las saiyan rudas eran las mejores, pero las terrícolas no lo eran...

"Las terrícolas son vulgares, no tienen nada que ver con las saiyan".

Al fin y al cabo, ninguna mujer del universo llegaba a ser tan llamativa y apetecible como una saiyan.

La puerta se abrió repentinamente y Vegeta fue descubierto por Bulma, quien en su cara expresaba poca simpatía.

¡¿Por qué sigues aquí? Largo —exclamó para luego volver a encerrarse.

Vegeta apretó sus puños pero los relajó al instante. Tal vez ella no lo había notado, pero su aparición en poca ropa (la cual, presumiblemente, se había puesto para dormir) dejó seco al Príncipe.

Sus curvas pronunciadas, propias de una mujer excelentemente desarrollada, habían sido perfectamente captadas por Vegeta, quien de allí en más no pudo borrar ese delicado dibujo de su mente...

Había sido demasiado.

"Aunque tal vez sirva para ser esclava...".

Cuando se quiso dar cuenta, Vegeta ya llevaba muchos minutos frente a la puerta cerrada, puerta que lo separaba de esa chica.

Mi tiempo vale demasiado como para desperdiciarlo aquí —dijo para sí—. Me voy a entrenar...

El problema era por qué. ¿Por qué estaba allí, mirando la puerta completamente atontado?

¿Por qué permitía que ella, una simple y vulgar terrícola, llamara poderosamente su atención?

—No lograba entender el carácter de esa terrícola —relató Vegeta—. Bulma era demasiado agresiva para ser terrícola, demasiado atrevida en el trato para conmigo, siendo yo el guerrero más poderoso del universo —cerró sus ojos, pensativo, para luego abrirlos, sin mirar a sus hijos—. No soportaba su carácter ni su atrevimiento... Pero había algo extraño, ella me generaba algo demasiado extraño...

Aterrizó la enorme nave después de irse de la Tierra por varias horas con ésta, habiéndola probado alrededor del planeta celeste. Furioso, bajó de la nave y encaró a los dos científicos que la habían construido.

¡NO SIRVE! —les gritó—. ¡Es una porquería! Esto ha sido una pérdida de tiempo... —caminó a través de la casa ante la atónita mirada de Bulma y su padre, destruyendo una pared de la sala con su puño a media fuerza—. Merecen morir.

Brief se paralizó pero algo parecía indicar que no entendía la magnitud de la situación. Bulma, por su parte, se mostró aterrorizada como jamás lo había estado, tragando saliva. Vegeta se acercó a ella.

Me dará mucho placer matarlos —dijo a centímetros del rostro de Bulma—. Más placer me dará viendo lo aterrorizados que están...

Bulma tembló y volvió a tragar saliva, estallando en una tos nerviosa que no pudo detener.

"¡¿Por qué le permito intimidarme? No puede tocarme, no puedo permitirlo...".

Oye, lamento que no sirva, pero... —susurró con los ojos cerrados, sabiendo que él hablaba en serio—. ¿Por qué no lo dejamos pasar y somos todos felices? —una risita nerviosa escapó de su boca y eso hizo que el Príncipe se mostrara más enfadado—. Ya, vamos... ¡No es para tanto!

¡SILENCIO! —gritó Vegeta, poniendo fin al discurso poco elaborado de Bulma—. Me sacas demasiado de quicio, mujer... —exclamó en un susurro y sin dejar de mirar a los ojos azules—. Eres una imbécil... Dame un maldito motivo para dejarte con vida.

La mujer estaba petrificada, Vegeta se mostraba más serio que nunca y eso despertó una serie de sentimientos en su pecho: miedo, odio, desesperación... ¡No podía moverse! Ni siquiera podía respirar frente a esa mirada negra y penetrante que no dejaba correr el viento a su alrededor...

La mirada lograba atraparla, le quitaba todo el aire... ¡Ese poder de paralizarla que él resumía era demasiado peligroso! Demasiado deshonroso tratándose de ella, de la genial Bulma Brief que no le temía a nada ni a nadie...

Tragó saliva por enésima vez y dijo lo primero que se le vino a la cabeza, sabiendo que permanecer callada sería su sentencia de muerte.

Soy muy joven y muy bonita para morir —dijo al fin.

Vegeta estalló en risas histéricas.

¡Bah! ¿Realmente crees eso? Que lástima me das.

Finalmente les dio la espalda, mostrándose desinteresado por esa conversación.

Tienen cinco días para mejorar esa nave, sabandijas —exclamó para luego retirarse a algún área desolada. Necesitaba entrenar un poco...

—Quería matarla pero no podía —dijo ante la atónita mirada de sus hijos—. Bulma me irritaba demasiado, pero algo en ella no me permitía destrozarla como me hubiera gustado, como lo hubiera hecho si hubiera sido otra persona.

—¿Y por qué no lo hiciste? —preguntó Bra, no creyendo lo que salía de sus labios—. ¿Acaso vas a decirme que ella te gustaba? Si vas a decir eso, juro que no te creeré.

Vegeta observó a Bra y no pudo evitar recordar a su mujer.

"Son idénticas...".

—Era agresiva —respondió con supuesta indiferencia, la cual demostraba con maestría—. Bulma era tan agresiva que llegaba a simpatizarme de alguna forma retorcida. Por eso, decidí dejarla viva... Ella podía servirme para algo que yo, desde hacía años, deseaba hacer.

Volvió a probar la nave cuando ésta estuvo reparada, aterrizando en la Tierra luego de probarla una vez más.

Fue hacia los dos científicos terrícolas que la habían construido, quienes estaban parados en medio del patio, estáticos. Detuvo su paso frente a ellos y dejó escapar una carcajada de su boca.

¡Nada mal! —exclamó—. Nada mal viniendo de seres tan inútiles... —caminó alrededor de ellos y fue frente a Bulma donde se detuvo—. Sirven más de lo pensado...

Brief miró a Vegeta con nerviosismo y, comprobando que Bulma era incapaz de reaccionar, decidió hablarle personalmente al Príncipe saiyan.

Yo iré con usted con gusto —dijo—. Lo haré por la Tierra y por mi familia... Pero deje a Bulma, ella es muy joven para irse de aquí.

Bulma, ante los dichos de su padre, finalmente reaccionó y no de buena manera. Logró olvidar a Vegeta y estalló por completo:

¡¿De qué hablas, papá? —inquirió con poca paciencia—. ¡No te vas a ir! —un escalofrío recorrió su espalda y allí fue capaz de recordar al monstruo que tenía en frente—. Yo iré, deja a mi padre aquí.

Vegeta gozó sus nervios y no ocultó su placer, lo expuso abiertamente frente a ellos, especialmente frente a Bulma.

Se acercó más a ella y no abandonó sus ojos ni por un instante, penetrándola con la mirada.

Aquella provocación visual empezaba a entretenerlo.

No creas que vales tanto como para merecer vivir en mi Reino, estúpida —musitó—. Primero iré a Vegetasei y lo pensaré bien, después vendré y me llevaré a quien yo quiera, ¡¿está claro?

Fue por demás autoritario y su falta de sentimientos desquició a Bulma, quien deseó destrozarlo con sus propias manos.

"No puedo, no tengo fuerza, pero...".

Una lámpara de imaginación se encendió en su cabeza, gesticulando una media sonrisa al analizar la idea que tuvo.

"Alguna forma encontraré".

Está bien, niño —exclamó con una soberbia calcada a la del Príncipe—. Haz lo que quieras... Por lo pronto vete, me das asco.

Vegeta se descontroló y deseó golpearla, pero golpear algo tan débil no sería satisfactorio para él. Algo no le permitía, además, hacerlo.

"Su carácter la mantiene viva... Sólo eso".

No dijo nada, simplemente se fue volando hacia su nave particular y en ésta se marchó a su planeta.

Mirarla y saber que una simple terrícola era capaz de ganarse algo de su simpatía no le agradaba en absoluto y, muchísimo menos, admitiría semejante atrevimiento de su parte.

Pero ella captaba algo en él, algo que Vegeta aún no lograba comprender del todo...

—En aquella época, Vegetasei pasaba por un momento magnífico —le contó a sus hijos sin dejar de lado la frialdad reinante en su voz—. Conquistábamos planetas a lo largo y ancho del universo y empezaban a escasear los rivales dignos. ¡Éramos los más fuertes! Lo seguimos siendo, por supuesto —su rostro se oscureció repentinamente y eso captó la atención de Trunks y Bra—. Mas había algo que me molestaba, que no me dejaba tranquilo... Nunca me caractericé por mi buen genio y mi mal carácter hacía huir a todos los seres del espacio que se cruzaran en mi camino... Todos menos uno, todos menos a quien yo más odiaba... y odio.

Se mostró serio frente a su padre, arrodillándose frente a él, quien estaba en el trono situado al fondo del Palacio, trono que él mismo terminaría quitando de allí muchos años después...

Los tronos le parecían algo estúpido, más tratándose de la Realeza saiyan. ¡¿Los saiyan sentados y aburridos? Eso no iba con ellos, por eso odiaba ese maldito protocolo, ese arrodillarse frente a su propio padre en un supuesto gesto de respeto que no le tenía en absoluto.

Años hacían sin éste hacia el Rey…

¿Cómo te fue en la Tierra, chiquillo? —preguntó su padre luego de acomodarse en su asiento, mostrándose por demás aburrido y desinteresado—. Habla rápido, tengo cosas que hacer, cosas más importantes.

"Eso ni tú te lo crees", pensó el Príncipe para sí.

Fui a la Tierra y ese planeta es inservible —dijo—. ¡Su gente también lo es! No vale nada, jamás lograremos venderlo —mintió, pues la Tierra era fértil y su civilización evolucionada: por supuesto que sí valía, ¡y muy caro! Pero parte de su plan necesitaba esa mentira—. Fueron días desperdiciados.

El Rey rió sin miramientos y poca atención le prestó a su hijo, pues su máximo protegido acababa de aparecer detrás de éste.

¡Broly! —exclamó—. Al fin llegas... Espero tengas buenas noticias.

Vegeta volteó con fastidio y se encontró con ese insecto, con ese saiyan "legendario" que más parecía un maldito fracasado.

"Lo aborrezco".

Broly lo miró con una media sonrisa y eso logró desquiciar aún más al Príncipe.

Si, mi Rey —respondió al fin y sin inclinarse ante él—. Estamos listos para invadir ese planeta... ¡Son realmente fuertes! La raza más fuerte que nos toca enfrentar en años... De los cuatro guerreros de Clase Alta que envié sólo volvió uno y muy mal herido, los demás murieron... ¡No puedo esperar para ir allí! Hace años que no disfruto una batalla.

A Vegeta, literalmente, se le hizo agua la boca... Para su padre no fue menos.

"¡Una batalla como la gente! Esto es para mí, para el Príncipe saiyan que no puede ser derrotado por nadie... ¡Necesito pelear! Solamente con sangre podré descargar el odio que siento...".

Odio cuyo principal destino era Broly.

Yo iré, padre —le dijo al Rey con seguridad—. Necesito pelear.

El Rey Vegeta no ocultó la ironía en sus ojos.

¡¿Y a ti quién te habló? —espetó—. No estás invitado, esto es para guerreros de verdad... Broly, manda a preparar las naves, iremos en este preciso instante.

Broly asintió a los dichos del Rey y, antes de retirarse, dedicó una cruel mirada al Príncipe, mirada llena de un triunfalismo no expresable con palabras.

A la orden —y finalmente se marchó.

Vegeta giró a mirar a su padre y éste poco caso le hizo, simplemente le pasó por al lado con total indiferencia.

Sigue buscando planetas interesantes en la Galaxia del Norte, poco más tienes por hacer aquí... —le dio unas palmadas en el hombro que lejos estuvieron de ser tiernas y con una media sonrisa siguió hablándole—. Haz lo que te corresponde y déjale las batallas y la sangre a los verdaderos guerreros.

Se marchó y dejó allí a Vegeta, envenenado por una furia que alguien de su linaje no tenía por qué sentir...

Total y absoluta humillación. Ese era el sentimiento.

—Papá... —Trunks no salía de su sorpresa, pues nada sabía de esa rivalidad entre el Guerrero Legendario y su padre.

Padre e hijo se miraron fijamente y Bra quedó de lado por unos momentos, cosa que la princesa no permitió que se extendiera de más.

—No entiendo nada, quiero que me expliquen en este preciso instante —exigió.

Vegeta la observó brevemente y volvió su mirada a Trunks, a quien con un gesto le ordenó que tomara la palabra. Trunks comprendió y eso hizo:

—Broly era el Saiyan Legendario, guerrero de nuestra raza que nace cada mil años... —explicó brevemente a su hermana—. El Saiyan Legendario posee un poder que está muy por encima del de cualquier guerrero. Es el guerrero más cruel y fuerte de las cuatro galaxias...

Bra rió envuelta en fastidio.

—Estupideces, ya me tienen harta con sus creencias infantiles —musitó—. Lo que yo no entiendo es por qué Broly y tú, padre —se dirigió a Vegeta— se llevaban mal... ¿Celos? —insinuó—. ¿Estabas celoso de él por ser más fuerte que tú?

Vegeta rió unos momentos, gesticulando su clásica media sonrisa.

—Tonterías —respondió—. Mi problema no era algo tan tonto como "celos", mi problema con Broly era otro... —volvió a mirar a Trunks—. M padre, el anterior Rey Vegeta, trataba a Broly como si fuese de la Realeza, cosa inadmisible para un saiyan común y corriente.

Trunks parpadeó sin comprender.

—Pero Broly no era una saiyan común y corriente, papá... —acotó no demasiado seguro de sus palabras.

—NO, ¿pero y eso qué importa? —y Vegeta volvió a ponerse serio—. No fui tratado como un Príncipe, fui tratado como basura por mi padre y ese imbécil de Broly... Desde la muerte de Paragus, padre de Broly, que mi padre lo tenía como su mascota, lo llevaba y traía a todas partes... Era su guerrero de más confianza y yo no podía soportar eso. Me hacía a un lado y le daba las mejores misiones, esas que sólo la Realeza merecía. Papá pecaba contra nuestra sangre guerrera y yo jamás se lo iba a perdonar…

—¡Por celos! —afirmó Bra casi burlándose de su padre—. Eran celos, papi... CELOS —deletreó, fastidiando a Vegeta.

—¡Te equivocas, mocosa! —la retó—. Esto era algo más profundo... Era una cuestión de orgullo saiyan.

Trunks asintió ante los dichos de su padre, cosa que su hermana estuvo lejos de comprender.

—Broly pisoteaba tu orgullo —dedujo y su padre afirmó con la cabeza—. Y tú no podías permitir eso...

—No —y la media sonrisa volvió—. Por eso necesitaba a Bulma, era la única que podía "ayudarme" con una travesura que se me ocurrió, cuya única intención era la de irritar a mi padre.

Ambos hijos se impresionaron por sus palabras, no logrando entender la naturaleza de éstas.

La mirada del progenitor se oscureció y los recuerdos volvieron a agolparse en su mente.

—Lástima que no funcionó. No con alguien como Bulma.

Caminó de un lado al otro de su habitación con efusividad, ¡necesitaba matar a alguien! Necesitaba hacer correr toda la sangre del mundo...

¡Humillarme así! Un simple guerrero que no tiene sangre real, ¡por más Legendario que sea no tiene derecho a faltarme al respeto! —golpeó la pared y casi logró destruirla, apretando sus puños frente a ésta por varios minutos—. No voy a permitir que me humillen de una forma tan asquerosa...

Se recostó en su cama y observó el techo durante horas enteras, absorto en sus planes, en su venganza para con Broly y su padre...

"Esto no va a quedar así".

¡¿Pero qué podía hacer? La maniobra que se le había ocurrido era por demás arriesgada... Podía salir bien, si... ¡Pero podía salir mal! Muy mal…

"Jamás me ha importado la cultura ni las reglas de este maldito planeta... ¡No las necesito! Lo único que me importa es mi linaje, mi sangre que es la más poderosa! No necesito todo lo demás...".

Su orgullo necesitaba revelarse y él se lo iba a permitir con total libertad.

Se levantó finalmente de su cama y se encaminó al único lugar donde podría encontrar respuestas; al laboratorio de Tark.

Voló hacia allí y encontró solo al Líder de Clase Media, quien trabajaba en un nuevo modelo de Scouter.

¡Príncipe Vegeta! —exclamó con respeto al verlo—. ¿Qué se le ofrece?

Vegeta se acercó al científico y puso una silla delante de él, sentándose y cruzándose de brazos.

¿Recuerdas a ese sujeto de Clase Baja, el tal Terik? —preguntó con poca paciencia y el medio asintió—. Ese sujeto le hizo un hijo a una esclava, una mujer de otra raza... ¿Realmente su hijo iba a ser débil?

¡Esa era la forma! El caso de Terik estaba muy de moda en Vegetasei, por lo cual era perfecto para su propósito… En ese instante nada irritaría más a su padre.

Tark rió brevemente.

Se lo he dicho cientos de veces a su padre, mi Príncipe —respondió el científico—. Yo dudo mucho que la hibridación debilite nuestra sangre. Así, sin mezclarnos, estamos condenando a nuestra raza a una extinción inevitable.

Vegeta sonrió ampliamente.

Entonces, ¿por qué mataron a ese sujeto y a la esclava? Si hubieran dejado viva a esa mujer, tal vez hubiéramos podido sacarnos las dudas... ¡¿Cómo lo permitiste? Me sorprende de ti, Tark.

El hombre se mostró acongojado.

Lo intenté, créame que lo hice, pero... Usted sabe, es muy complicado tratar con su padre.

Vegeta se levantó de la silla y se encaminó hacia la puerta de salida.

Sólo era eso, sigue trabajando.

Se marchó al Palacio y allí siguió reflexionando en su cama, mirando fijamente al techo.

"Un híbrido... Si creo un híbrido tal vez logre que los saiyans seamos más fuertes, ¡debo hacerlo! Así fastidiaré a papá, así cerraré su maldita boca".

Haré más fuertes a los saiyans... Así Broly dejará de ser tan especial. ¿Quieren que me encargue de las misiones aburridas? Bueno, muy bien... —su media sonrisa se remarcó más que nunca en su rostro—. Esta no me aburrirá en absoluto.

Se quedó quieto mirando al techo y un recuerdo invadió su mente.

Recordó a Bulma. Recordó sus impertinencias, su mal humor, su carácter...

Tan propio de una saiyan, tan imposible viniendo de un ser débil e inútil...

No podía negarlo, ella había logrado simpatizarle con muy poco, cosa que lo irritaba pero que le daba sentimientos extra.

Probarla... Tal vez eso borraría la simpatía que sentía. Siempre le pasaba con esclavas. Las probaba y luego las tiraba a la basura, cosa fácil para un Príncipe con tanto poder.

Probarla... La recordó ligera de ropa cuando se quedó parado frente a su habitación y su instinto se despertó de su largo letargo... Quería probarla, no había dudas.

Y sus carcajadas se escucharon en cada rincón del Palacio.

—¡¿QUÉ? —Bra se lanzó sobre su padre y apretó su cuello con todas las fuerzas que tenía, muchas de las cuales desconocía—. ¡¿Acaso me estás diciendo que Trunks y yo somos un maldito experimento? —su hermano intentó detenerla pero ella no se lo permitió, apretando aún más el cuello de Vegeta—. ¡¿Acaso intentas decirme que USASTE a mamá?

La fuerza se fue y la impotencia llegó. Trunks logró que ella soltara a Vegeta, abrazándola al ver cómo lloraba con desconsuelo.

—Tranquila... —le suplicó a Bra con dulzura.

—¡NO! —gritó ella en respuesta, con su rostro hundido en el pecho de su hermano—. ¿Dónde quedó la historia que el abuelo nos contó? ¿Dónde, Trunks?

Un sujeto llamado Vegeta, Príncipe de un Reino lejano —relató Brief sin abandonar su sonrisa—, vino a amenazarnos pero lo único que hizo fue enamorarse de tu madre, de Bulma... Bulma y él se enamoraron, a pesar de todo y todos... De las distintas culturas, de las diferencias físicas, del qué dirán y el qué no dirán... Durante tres años vivieron una relación tormentosa, apasionada, difícil como ninguna y, por sobre todo, llena de amor... Un amor incondicional.

Trunks rememoró las palabras de Brief y una lágrima cayó por su mejilla.

Miró a Vegeta y, en ese preciso instante, comprendió por qué no había reaccionado como Bra minutos antes.

"Yo sí sé... Yo sé que papá es capaz de algo así".

—No me sorprende de ti, padre —susurró sin mirarlo—. Nunca has tenido corazón y maldigo el instante en el cual creí que sí lo tenías, el instante en el cual me ilusioné...

Vegeta se puso de pie y le dio la espalda a sus hijos.

—¿Lo dices porque fragüé un plan que consistía en embarazar a su madre y crear "súper guerreros", todo para hacerle la contra a los ideales de mi padre? —inquirió con un tono irónico—. Pues que pena desilusionarte, pero por algo dije con anterioridad que el plan era imposible con alguien como Bulma.

Se produjo un silencio y Bra logró dejar de lado el llanto, girando para clavar sus ojos en la vista de su padre.

—¿Acaso nos dices que realmente te enamoraste de mamá?

Vegeta rió.

—"Enamorarse" —susurró—... Bulma solía usar mucho esa palabra. Yo nunca entendí su significado...

Poco le importaron las preguntas de los empleados de la Central Espacial, nada ni nadie alejaría a Vegeta de su objetivo: tenía que ir a la Tierra, tenía que volver allí, para implementar su plan...

Todo con tal de fastidiar a su padre, amaba hacerlo y esta era la mejor forma de llevarlo a cabo.

"Así dejaré de ser tu maldita sirvienta...".

Llegó a la Tierra y, al abrir la compuerta de su esférica nave, se encontró con unas enormes montañas. Se dirigió al oeste y poco tardó en hallar el enorme edificio amarillo, la Corporación Cápsula.

Aterrizó en el patio trasero de la casa y entró por la puerta, sin pedir permiso alguno.

¡Insectos! —gritó con todas sus fuerzas.

Brief no estaba y su esposa tampoco, la única presente era Bulma, quien sintió su piel erizarse al escuchar esa voz.

"Esa maldita voz...".

Dejó el invento en el cual trabajaba a la mitad y corrió hacia la sala, donde se encontró con la severa mirada de Vegeta.

Hump, ya me había ilusionado —refunfuñó—. ¿Acaso quieres más naves? —evadió todo su miedo y fue hacia él, penetrándolo con la mirada—. ¿O vienes a aprovecharte de mí? Eso no me sorprendería, muchos quieren aprovecharse de mí...

¡¿Pero qué estaba diciendo? Ese sujeto era un asesino y debía tener cuidado de qué palabras usaba frente a él... Sin embargo, era fácil ser ella misma frente al saiyan, él le sacaba toda la furia y todo lo primitivo de adentro.

Le sacaba lo que más amaba: su razón. Aunque el significado estaba muy lejos de su mente, poco le importaba.

Vegeta no pudo estar más orgulloso de sí, ¡ella era perfecta! Daban ganas de abofetearla y callarla con cada una de sus palabras...

"Esto será sencillo".

Sí, mujer —respondió autoritariamente—. Me ha gustado tu trabajo, eres buena... —dejó que sus ojos viajaran por su cuerpo y la encontró ligera de ropa una vez más, con sólo un vestido celeste tapándola, cosa que encendió algo en su instinto—. Quiero que trabajes en una nave como la última, una con un diseño más compacto —ordenó—. Si no lo haces todos morirán...

Bulma tembló pero no dejó que ese sujeto la intimidara, aceptando el reto con toda su testarudez a cuestas.

De acuerdo —dijo—. Lo haré...

"Y en cuanto pueda usaré el arma que construí para matarte... ¡Ah! Estaba segura de que volvería, que bueno que adelanté la construcción...".

Un proyectil por el cual cualquier ejército daría su vida con tal de obtenerlo… ¡Con eso tenía que bastar para destrozar a Vegeta! Lo tenía bien guardado y pensaba usarlo, en el momento justo, en el instante indicado…

Vegeta sonrió sin dejar de mirarla, hipnotizando la mirada de la terrícola por algún extraño motivo.

Los ojos negros llamaban la atención de Bulma, tenía furia y eso le daba demasiada curiosidad, una que podría llegar a ser letal en cuanto cruzara la línea indicada...

Tenía que tener cuidado, mas le era imposible tenerlo...

Él no le dejaba tenerlo...

Una condición —acotó Vegeta luego de mirar hacia todas las esquinas de la casa—. ¿Dónde está ese sujeto al que llamas tu padre? ¿Y la mujer insoportable?

¿Cómo olvidar a esa mujer rubia que insistía en llamarlo "joven" y le daba comida constantemente? Esa mujer era aborrecible e insoportable, casi parecía no entender quién y qué era él.

Bulma se sorprendió por la pregunta.

"Creo que hablé de más... ¡Ah! Soy muy joven para ser violada y asesinada... Por Kami, siempre abro de más mi bocota...".

No están, se fueron al cine, mamá insistió —comentó como si hablara con una amiga suya y no con un maldito asesino.

Vegeta solamente entendió que no estaban, sonriendo con más efusividad.

Perfecto, entonces aquí está la condición —exclamó, aclarando su garganta para continuar—: no les dirás que estoy aquí, ¿te quedó claro?

Y una sonrisa aún más grande...

Bulma parpadeó por varios segundos, impresionada y desorientada.

¿Y eso por qué? —indagó sin estar demasiado segura de que hacerlo fuera bueno.

"Se va a aprovechar de mí... ¡¿Y ahora qué hago? ¿Cómo será el sexo con extraterrestres? De sólo pensarlo me da miedo... Bueno, admito que me da curiosidad, pero...".

Carraspeó mientras sus mejillas se ponían rojas. Hasta en su mente hablaba de más...

Vegeta se acercó a ella y la tomó del mentón, obligándola a mirarlo fijamente. Eso hicieron ambos por largos segundos, sin ser capaces de dejar de hacerlo...

Bulma estaba aterrorizada, sí... Pero no en demasía. Algo en ese hombre la atrapaba, la envolvía en un velo de incomprensible magnetismo... Él movilizaba algo en ella y lo hacía con tanta facilidad que casi llegaba a preocuparle...

Porque mis cuentas pendientes son contigo, mujer —y la soltó.

—Me dejó dormir en su laboratorio y allí me la pasé supervisando su trabajo, molestándola a cada instante... Bulma era muy fácil de irritar, cosa que no hacía más que entretenerme. Yo también soy irritable, por lo cual ella disfrutó sacarme de quicio... Aunque al principio no supo cómo hacerlo, por lo cual yo gané una y otra vez.

Lanzó sus herramientas al suelo y refunfuñó con todas sus fuerzas. ¡Trabajar para ese sujeto era una tortura! Ya no podía soportarlo, era algo horrible. Para colmo, Bulma jamás había encontrado el momento adecuado para usar el arma que había construido para protegerse de él.

"Es muy astuto, ya no soporto de sus provocaciones...".

Vegeta la observaba desde la pared más cercana, donde estaba apoyado desde hacía horas, observándola.

¿Qué pasó, mujer? —le preguntó con ironía decorando sus palabras—. ¿Ya se te acabaron las energías? —y su tono se volvió severo—. Aún no terminas, apúrate que no tengo todo el día...

Bulma lo observó hecha una furia, haciendo reír a Vegeta.

¡Deja de decirme "mujer"! —gritó—. Eres asqueroso...

Vegeta rió.

¡Pero qué tenemos aquí! La MUJER se revela... —se acercó a ella y casi pegó su cuerpo al femenino, provocándola con los ojos y la lengua filosa que tanto lo caracterizaba—. Creo que no tienes idea de con quién tratas, MUJER.

Y se alejó, dejándola con los insultos atragantados.

—Así fue por varios días —siguió relatando Vegeta—. Yo la provocaba y ella perdía los estribos... A veces también me provocaba, pero yo no le hacía caso, era fácil ignorar sus insultos. Por lo menos así fue hasta que aprendió a irritarme... ¡Y vaya que aprendió bien! Jamás conocí mujer más persistente…

¡Silencio! —gritó Vegeta—. Ya deja de provocarme, únicamente necesito un poco de mi poder para hacerte trizas en un segundo... ¡Piénsalo bien, muchacha! Te irá mal si sigues provocándome...

Bulma lo observó entre risas y volvió a molestarlo con sus impertinentes palabras.

¿Qué pasa, "pequeño"? Al parecer ya encontré la palabra que te irrita...

Vegeta refunfuñó con fuerza.

¡Estupideces! —y le dio la espalda—. No toleraré agravios venidos de una mujer tan vulgar...

Bulma cambió su cara de la diversión a la exasperación en tan sólo un instante.

¡¿Vulgar? ¿Acaso hablas de mí, pequeño? Eres demasiado enano para insultarme... ¡Crece y después háblame! No estás a mi altura...

Las risas volvieron y ella hizo como si nada, siguió ajustando tornillos en la nave que casi estaba por terminar.

Tenía que admitirlo: disfrutaba de esas peleas. Vegeta era un obstinado y ella también, motivo por el cual pelear era casi terapéutico para ellos.

Lo observó por el rabillo del ojo y lo vio pensativo, sintiendo inevitable curiosidad por su expresión facial.

"Casi parece humano al pensar así...".

¿En qué piensas? —preguntó sin dejar de mirar los tornillos que ajustaba con tanto ahínco—. No sabía que pensabas, Vegeta...

¡Hump! —volvió a refunfuñar el Príncipe—. Soy miembro de la Realeza de la raza más poderosa del universo, por supuesto que tengo mucho en lo cual pensar —y rió unos momentos—. Claro que tú no lo entenderías, solamente eres basura.

Bulma rió al último.

Pues si tan poderoso e importante eres, me sorprende que estés tan desocupado como para venir a un planeta tan pequeño a molestar a una chica tan bonita... ¡Tienes buen gusto! Tonto no eres, me doy cuenta...

El aire se condensó y Bulma, instintivamente, giró hacia Vegeta, soltando el destornillador justo antes de hacerlo.

Vegeta estaba ajeno a la situación, cosa rarísima en él... ¡Pero si hasta parecía haberse olvidado de su presencia!

Caminó lenta e inseguramente hacia él, sin dejar de mirarlo ni por un instante.

Tierra llamando a Vegeta —dijo en un tono infantil—. Disculpe por molestarlo, su Alteza...

Él abrió los ojos y la observó, mirando en detalle el azul de su mirada.

Ella miró el negro de sus ojos y otra vez volvieron a la quietud, a la no respiración, a la ausencia total de palabras... Únicamente ojos, ojos que miraban pero no lo hacían, ojos que intentaban descubrir cosas...

Bulma suspiró sin proponérselo, sonrojándose al hacerlo.

"No puedo creer lo que estoy a punto de admitir, pero... es guapo".

Y los hombres guapos debilitaban su poder.

Sacudió su cabeza con desesperación, intentando así alejar tan trivial pensamiento.

"Es un asesino y estoy trabajando para él bajo amenaza... ¡¿Cómo me atrevo a reparar en algo tan absurdo?".

Volvió su mirada a él y Vegeta estaba inmutable, exactamente igual que segundos antes.

"Piensa, Bulma... ¡Piensa! Has construido un arma para destrozarlo, para salvar al planeta... ¡Y ahora estoy mirándolo como si fuera una adolescente! Estoy loca...".

Una sonrisa apareció en el rostro del observado, cosa que desconcentró a la científica.

Eres débil —aseguró sin chistar—. Muy débil...

El comentario irritó a la mujer.

¡Y tú enano! Así que no molestes, Vegeta...

Se dio vuelta y se dispuso volver a su trabajo y abandonar los ojos negros del masculino guerrero, cuando un brazo de su cuerpo fue sujetado con una fuerza que ella no recordaba haber sentido alguna vez...

Una fuerza totalmente desgarradora.

¡SUÉLTAME! —exigió entre forcejeos—. ¡Déjame en paz...!

Vegeta, para sorpresa de ella, sujetó su mentón con su brazo libre y giró la cabeza de Bulma hacia atrás, apoyando la espalda sobre el pecho trabajado.

"¡¿Qué está haciendo? Va a abusar de mí, lo sabía...".

La terrícola cerró sus ojos con impotencia, esquivando la mirada del saiyan. Eso no hizo rendir a Vegeta, quien sujetó más su mentón y aplicó más fuerza en su brazo.

Allí todo dejó de ser un juego, la situación se puso tensa y Bulma sintió esta tensión en el aire y en su piel, personificada por el poder que ese hombre le mostraba y con lo autoritario que había resultado ser...

Me lastimas... —susurró, presa de un terror que no recordaba y algo más que no podía describir con palabras.

Vegeta pegó su boca en su oreja y susurró unas breves aunque inolvidables palabras.

Soy un Príncipe —murmuró sólo para ella—. No te atrevas a faltarme al respeto, mujer...

Sin más, la soltó y volvió a su pared, donde se apoyó con los ojos cerrados, quedándose así hasta la noche, momento en el cual ella decidió abandonar el trabajo y dormir...

Mucho en lo cual pensar, demasiado.

Vegeta permaneció serio y sin dejar de ser mirado por sus hijos, quienes prestaban cada vez más atención a sus palabras.

—Provocarla era divertido —comentó con seriedad y frialdad—. Mi plan estaba yendo sobre ruedas y nada me importaba... ¡Era tan frustrante! Un guerrero relegado a una vida aburrida y sin emociones, sin nadie a quien golpear... ¡Por supuesto que ella me entretenía! Ella no pasaba de ser una diversión, pero cuánto me equivoqué...

Trunks no salía de su asombro, al contrario de Bra, quien cada vez odiaba más a su padre por lo despectivo que parecía ser al hablar de Bulma. Trunks, sin embargo, no sentía lo mismo que ella. Él conocía más a su padre, por lo cual estaba en posición de decir que él estaba rarísimo en aquel momento, mientras les hablaba...

"Este no es mi padre, no puede ser él...".

Si bien se mantenía frío como solamente él podría serlo, Vegeta estaba hablando mucho, cosa que no era para nada común en él.

"Es como si hubiera estado preparado para esto...", pensó el hijo mayor.

Se veía que había reflexionado, que tenía un discurso armado y que no sentía deseos de seguir ocultando cosas.

Era otra persona, estaba desconocido.

"Tal vez le hace bien descargarse...".

Aunque pensar en algo así tratándose de su padre era un poco extraño.

"Tal vez está cansado...".

Su padre ni por cansancio abría la boca, ¡la actitud le seguía pareciendo inaudita!

"Quizás ha entendido... Entendió que Bra y yo merecíamos esto...".

Miró unos instantes a su hermana y volvió la vista a su padre.

"No, no es eso...", siguió reflexionando el joven. "Es otra cosa... Es por Bra por quien lo hace".

Y eso le dio tristeza.

"Lo hace por ella y por mamá, es por ellas que se siente cómodo, lo suficiente como para hablar de esto con tanta libertad...".

Cerró sus ojos y contuvo sus lágrimas, las cuales no deseaba derramar, no frente a tan frío hombre.

"Es por ellas, no por mí... por mí jamás haría algo de este estilo".

—Bulma empezaba a caer, aunque lentamente... Debo reconocer que era bastante inteligente, otra terrícola habría caído muchísimo más rápido —siguió contando Vegeta—. Lo difícil de mi empresa fue lo que hizo especial a Bulma... No hay nada que le guste más a un saiyan que un rival que no se deja vencer. Ella era un rival que no estaba dispuesto a eso bajo ningún punto de vista.

"Y eso me excitaba...", agregó el Rey en su mente.

Pero no podía mentirse a sí mismo: esa no era la única sensación que Bulma le causaba. Quizá en principio sí, pero luego no... Luego había mucho más, mucha agua corriendo bajo sus pies...

Bulma no era una mujer sencilla, era demasiado especial.

Y ser especial, desde su punto de vista, había marcado con fuego el destino de su mujer.

Abrió sus ojos lentamente y la maldita luz del sol le dijo que ya era de día, cosa que la irritó desde el vamos. Acababa de amanecer maldispuesta desde un principio, sabiendo que ese día sería una pesadilla.

Se levantó de su cama y fue al baño, donde decidió darse una ducha. Ya bajo el agua, Bulma recorrió su cuerpo con el jabón y, al pasar por su brazo, vio los dedos marcados de Vegeta, marca producida por él el día anterior.

Mi piel... —lloriqueó infantilmente.

Pasó el jabón por esa marca una y otra vez, intentando evadir los pensamientos pero sin lograr su cometido. Cada vez más rápido, refregó el jabón hasta perder la paciencia, momento en el cual lo lanzó al suelo, derrotada.

Se quedó bajo el agua largos minutos, pensativa a más no poder.

Pensar en Vegeta, en todo lo ocurrido... Las peleas, la cuasi esclavitud en la que estaba sumida, la clase de "simpatía" que había entre ella y él, el secreto envolviéndolos minuto a minuto... El hombre guapo de mirada seria, el violento que le había marcado así el brazo, gratuitamente.

Tenía miedo de ese sujeto, pero lo que más miedo le daba era que este sentimiento no era intenso, era casi un pretexto, un sentimiento obligado por ella a permanecer allí, latente pero ni eso...

Solían gustarle los "chicos malos", como siempre se decía en la prensa... No le llamaban la atención los príncipes azules, esa clase de hombres no era su estilo. Ella quería que fueran su estilo, pues nada más lejos de la realidad: ella no era una princesa, no era una damisela en peligro, era la mala de la película, la cruel y déspota, la de los planes maquiavélicos...

"Esa soy...".

Y Vegeta se ajustaba perfectamente con sus gustos.

"Pero es un asesino... ¡Ah! Odio que estas cosas me importen tan poco".

Después de todo... ¿Qué tenía de malo un poco de pasión? No era que lo quería para casarse y tener hijos...

Un poco de pasión... Hacía mucho que no la pasaba bien, ¡y eso que era joven y hermosa! No tenía nada de malo pasarla bien...

"Pero una cosa es con algún empresario y otra muy distinta es con un Príncipe extraterrestre".

¡Pero ella era Bulma Brief! La alocada, excéntrica y retorcida "princesa" de la Corporación Cápsula. Por supuesto que para ella, que siempre había sido "rara" para la gente dado el historial de científicos locos de su familia (donde su padre y su extraño gusto por la naturaleza y los animales de todos los tamaños y colores era la punta del iceberg), tener una aventura con el hombre que ella quisiera, por más que este fuera un cruel asesino intergaláctico, no era raro en absoluto.

"¡Claro que no! Pero hablo como si él se muriera por mí...".

Claro que eso no sería un problema: bastaba con un poco de perfume, la ropa adecuada y su siempre efectiva mirada azul. Nada más, eso era lo único que necesitaba.

Rió bajo la ducha, como cuando se le ocurría un plan de esos que estaban destinados a causar polémica.

"Eso te pasa por provocarme, principito...".

Salió de la ducha y revolvió su armario en busca de la ropa ideal, encontrándose con un vestido azul y blanco que dejaba ver sus piernas y que remarcaba asombrosamente sus senos. Se peinó su corto cabello y aplicó un poco de maquillaje en su hermoso rostro.

Bella en instantes, bendición que sólo unas pocas tenían y entre las cuales, afortunadamente, se encontraba ella. Bulma se vio perfecta en el espejo de su tocador, sabiendo que cualquier hombre caería en su hechizo... ¿Vegeta sería inmune a éste?

"No lo sé y tampoco sé por qué lo hago... simplemente deseo hacerlo".

Algo en su interior se lo pedía.

Minutos después fue hacia su laboratorio, donde al entrar se encontró con un Vegeta inmutable, fijo en su sitio, con la espada pegada a la pared y sus brazos cruzados.

Ni siquiera la miró.

Hueles mal —le dijo para luego caminar a lo largo del laboratorio, examinando la nave que Bulma construía para él y girando hacia ella—. Espero hoy avances, has estado demasiado retrasada, imbécil.

Sin más, Vegeta abrió la ventana del laboratorio y salió disparado por ésta, desilusionando a Bulma.

Ella se quedó mirando la ventana, envuelta en sentimientos encontrados y una sensación parecida a la frustración.

"¡¿Qué? ¿Acaso dijo que huelo mal? ¡Mi perfume es carísimo!".

Más imbécil serás tú...

No sintió deseos de trabajar, otorgándose a sí misma el día libre y marchándose a su habitación, lugar donde volvió a ducharse, mas nadie le sacaría la sensación de suciedad que la invadía con tanta propiedad.

"Regalada... Este no es mi estilo... ¿Qué me pasa?".

—El juego se apagó por unos días, ella parecía distraída en otra cosa —contó Vegeta a sus hijos—. Eso me irritó, me faltaba mi rival... ¡Ella tenía un pésimo carácter y jamás se callaba la boca! Últimamente, sin embargo, lucía tremendamente silenciosa... El silencio me desquicia y no iba a permitir cobardía de su parte.

"Esa no era Bulma... Algo faltaba".

La humillación no se le iba. Ya había pasado una semana y en tan sólo un día más, según sus cálculos, terminaría la maldita nave. Eso significaba que él se iría y que ella podría olvidarlo. Claro, para ella no era difícil olvidar algo de ese estilo...

"Olvidaré la humillación y volveré a ser yo misma".

¿Realmente iba a ser así?

"Lo será... ¡No voy a permitir que un imbécil como él me rechace! Que tonta fui...".

¿Cómo se le había ocurrido provocarlo? ¡¿En qué cabeza cabía semejante cosa?

"¡Ya! Debo admitirlo: me dejé llevar... ¡Pero no es tan importante! No es nada extraño...".

Su mente era infinita y su creatividad también. Bulma lo sabía, mas a veces pecaba de demasiada curiosidad, de demasiado atrevimiento...

Fue al laboratorio aquella nueva mañana luego de evadir las preguntas de sus padres durante el desayuno. Ellos estaban pensativos, especialmente su padre... ¡Pasaba todo el santo día en el laboratorio! Claro que ella siempre pasaba horas allí, pero no dejaba de ir de compras o asistir a eventos sociales por su laboratorio. No dejaba su vida social de lado por éste...

Algo ocurría y ellos, quizá, lo percibían... Pero Bulma no podía detenerse, tenía que lograr que él se fuera, que la nave le gustara y eso provocara la desaparición del Príncipe Vegeta de su vida.

Ya no lo quería más cerca... ¡Sentía asco! Era repugnante, cada vez más después de aquel rechazo disimulado que fue por demás explícito.

Entró en el laboratorio y cerró la puerta con llave. Vegeta estaba donde siempre, contra la pared...

Hoy la terminaré —dijo secamente—. En la noche podrás probarla.

Vegeta adoptó una de sus sonrisas.

Ya era hora —contestó en idéntico tono—. Ya me estoy aburriendo de permanecer aquí.

Nada más lejos de la realidad: Bulma, durante los últimos días, había abandonado las discusiones y se había cortado la lengua. Permanecía callada durante todo el día, cuestión que manchaba el plan del saiyan.

"Ni siquiera responde a mis provocaciones, esto se ha vuelto aburrido...".

Y un miembro de la Realeza del poder no toleraba el aburrimiento, por supuesto que no.

No iba a permitir que ella siguiera muda... ¡Tenía que despertarla! Tenía que seguir con su plan...

"Nada me sacará mi misión de la cabeza: humillar las estúpidas ideas de mi padre".

Y de sólo pensar en él y en Broly su estómago se revolvía...

Observó a Bulma, observó su ropa de entre casa, su cabello revuelto y su rostro serio y paralizado frente al motor. Se dijo que ella no era la terrícola, que ella no era a quien quería para desarrollar su venganza... ¡No! Ella no, esa mujer silenciosa y trabajadora no era a quien él necesitaba.

Necesitaba fuego, no cenizas.

Y obtendría ese fuego...

Sin pensar más, se acercó a ella y la miró de mala manera, refunfuñando a su lado.

¿Acaso te has quedado sin insultos, mujer? —inquirió—. Eres demasiado aburrida.

Bulma, como venía haciendo los últimos días, se atragantó con réplicas y siguió en su labor; sin embargo, Vegeta parecía no rendirse. Una risita escapó de él.

Patética —musitó—. Esto ha dejado de ser divertido...

Ella apretó sus párpados y rechinó los dientes, histérica. Ya no podía soportarlo, tenerlo cerca erizaba su piel. Ya no quería percibir su presencia, ya no lo deseaba. Estaba consciente de que él podía ver aquellas demostraciones de sumisión, cosa que la irritó aún más.

"Humillada por un ser extraño venido de otro planeta... ¡Esto sí es patético!".

Y ya no lo toleraba más...

Vegeta volvió a reír.

¡Estúpida terrícola! —reanudó con creces sus insultos—. Te reprimes... Los seres que se reprimen son lo más tristes. Realmente eres patética, en cuanto termines con esa nave me iré.

Bulma apretó más los párpados y Vegeta abandonó la risa, se puso completamente serio.

Ella no servía... ¡Y ahora lo entendía! Había tardado demasiado en entenderlo y eso levantó su poder de pelea, presa de la furia... ¡Había perdido el tiempo! Ella no era digna, no de él, no del Príncipe que sería Rey, no del guerrero de sangre azul...

No de Vegeta, el orgulloso guerrero saiyan de Clase Alta que la había escogido para un plan absurdo...

¡¿Y de qué plan hablaba? Poco le importaba el plan en aquel instante, únicamente podía pensar en ella, en la mujer que había dejado de luchar, que ya no lo provocaba y que hacía aburrida su estancia en aquel pequeño y obsoleto planeta.

En Bulma, la terrícola, la que desalineada como estaba no se veía atractiva, la que dejaba relucir su aroma, el de su piel y su cabello, ese aroma que intrigaba a Vegeta, que lo sacaba de sus casillas...

"Desde ese día, cuando no tenía su acostumbrado aroma, que me he estado aburriendo...".

No le gustaba eso a lo cual ella llamaba "perfume", no entendía su función... ¡Y si los saiyans usaran algo semejante, el ritual de elección sería imposible de realizar! Para los saiyans todo era aroma, todo era primitivo, todo era animal...

Y ella ya no era un animal, era una tuerca más de esa nave, un tornillo que penetraba el metal, no uno que se negaba a hacerlo.

Ya no era interesante...

No lo era.

¡Estúpida mujer! —perdió el control y la tomó del brazo, arrastrándola frente a él. Bulma perdió el aire ante el contacto, sin ser capaz de razonar, de sentir...

Ese pecho, ese agarre...

El aroma del guerrero, la furia de sus ojos...

Se mareó pero no logró luchar, estaba hipnotizada.

Ese agarre era salvaje pero no lograba irritarla... Lograba algo muy distinto.

Lo opuesto.

Suéltame... —pidió en un hilo de voz, expresando en sus ojos eso que no logró captar con el habla, esa incomprensión y esa impotencia... Esa furia, ese odio...

Ese deseo...

Vegeta la miró por largos minutos, sin soltarla, sin moverla de donde estaba.

El aroma se colaba en su cuerpo y le decía cosas... Le decía que ella tenía algo, le mostraba fuego en las pupilas...

¡¿Cómo negarlo? ¿Cómo darle la razón a los pensamientos que lo embargaban hacía minutos?

Ella no era inservible... Era perfecta.

Para su plan, ese en el cual ya no pensaba, ese que ya había olvidado.

Perfecta para pelear, para combatir...

Perfecta para el placer, para la pasión...

La tomó de la nuca y poco hizo Bulma por soltarse, los ojos ya habían dicho todo.

Él la besó con pasión y violencia, con desorden y empeño, uno que no recordaba haber tenido con otra mujer... De ninguna especie.

El aroma despertaba todo en él, la figura de esa mujer también lo hacía.

Y Bulma... Ella tampoco podía negarlo. Ese hombre le caía mal, le parecía repugnante y desagradable, despreciable... Mas no podía mentir, ese hombre despertaba algo demasiado profundo en ella, un deseo sumamente desesperado.

¡Sí! Era desesperación lo que ella sentía... Total y absurda desesperación.

Por esos labios, por ese cuerpo... Por los músculos en forma, por el cabello curioso...

La poca altura, las manos sabias... No pudo dejarse hacer, él le daba inspiración a su rebeldía, le decía que debía ser ella misma...

Las uñas actuaron y viajaron por toda la espalda del guerrero, la cual se arqueó ante el contacto.

¡Perfecta! Digna aunque débil, fuerte en esencia...

Poco le importaba el protocolo, la cultura, su padre y el imbécil de Broly... Poco le importaban las creencias.

Sólo ella, la terrícola.

Sólo Bulma...

Ella gimió sin dejar de besarlo, sin apagar el fuego de sus ojos y su piel. Él la arrastró hacia la mesa de trabajo, donde la sentó y tocó con más énfasis, con más comodidad...

Y ella lo supo: ya no podría terminar esa nave. Mañana, si lograba despegarse de esa piel, lo haría...

Aunque ya no le importaba, ahora lo sabía.

No quería que él se fuera, de ninguna manera lo deseaba...

—Lo que sigue no lo contaré, es mi problema y no el de ustedes —musitó frente a Trunks y Bra—. Simplemente les diré que Bulma tenía talento. Ella sabía dónde pincharme y yo sabía dónde pincharla a ella... Nuestra relación parecía fría, eso creíamos, pero lejos estaba de serlo.

Bra buscó aire, pues hacía rato que lo había perdido, atreviéndose a hacer una pregunta que le carcomía el pecho y la mente:

—¿Acaso no lo era? —preguntó con una timidez que la sorprendió, tanto a ella como a su hermano, quien la miraba atentamente—. ¿Vas a decirme que te enamoraste de mamá?

"Porque esa es la parte que me interesa...".

Vegeta no giró en ningún momento, permaneció con la vista en los ladrillos de aquel sucio y frío sótano. Desde ese anonimato, gesticuló una sonrisa que poco tenía de soberbia, era inesperadamente nostálgica.

—Aquí no usamos ese término —le explicó a su hija—. Ese término me parece absurdo.

Trunks sollozó y captó la mirada de su hermana.

—¿Qué sucede? —preguntó ella.

Su hermano limpió la suave lágrima que acababa de abandonar uno de sus ojos y miró fijamente la espalda de su padre.

—Tú no conoces a papá... Yo sí lo conozco —dijo para sorpresa de Bra, quien no pudo evitar sentir cierta molestia por las palabras de su hermano.

Vegeta dejó escapar una risa.

—No eres tan idiota, chiquillo...

"Entendió lo que quise decir".

¿Qué había querido decir? Tal vez Bra jamás lo entendería, ¡ni siquiera él lo hacía!

"Pero después de ese beso no fui capaz de abandonarla... Ya no pude irme, ya no pude dejar de darle rienda suelta a mi instinto en su cama... Ya no se pudo, y eso me dio la pauta de que algo no andaba bien".

Un Príncipe saiyan atado a una simple terrícola, ¿cómo había ocurrido algo semejante?

"No sé cómo, pero ocurrió...", pensó mientras apretaba sus puños e ignoraba la presencia de sus hijos. "Bulma tenía ese poder sobre mí".

El poder de hipnotizarlo, de pegarlo a su piel...

El poder de desearla con más fuerzas de las que tenía, ignorando a su padre, a Broly y a toda la sociedad saiyan.

Ignorando a todo y todos...

Sólo teniendo ojos, voluntad y pasión para ella.


Nota final del capítulo XXIX

Hola a todos. Pido disculpas, en serio.

Entre los exámenes y el mundial (soy ENFERMA del mundial de fútbol XD... Felicidades españoles n.n) poco tiempo queda para escribir... Además no anduve demasiado inspirada, seguramente sea porque estoy distraída con otras cosas (también ando dibujando y escribiendo un fic nuevo que pinta para muchos capítulos XD)... Espero inspirarme un poco más para la próxima actualización.

Así que, de nuevo, disculpen el retraso n.n

¡Lo lindo es que aprobé! Ahora me falta un examen final y tengo otra materia dentro... Cada vez más cerca del diploma (aunque aún falta, pero estoy caminando con confianza e ilusión... jiji n.n).

Bueno, no hay mucho que decir más que GRACIAS, porque los 200 reviews no los logré yo, los lograron Uds. y me hicieron demasiado feliz... GRACIAS TOTALES por cada uno de esos comentarios... Los quiero n.n

No creo que el siguiente capi se haga esperar porque al fin estoy de vacaciones n.n

Wii (?).

Espero poder volver a la regularidad que había adquirido a fines del año pasado... Realmente quiero terminar esta historia, no porque me haya cansado sino porque ansío escribir las escenas finales... ¡Muero por escribir mucho sobre este fic! Y el momento se acerca... Alrededor de cinco capis más... ¡chan! o.o

GRACIAS por tanto cariño expresado en sus comentarios... ¡Gracias! Y gracias por las pequeñas críticas también... Me hacen bien porque me ayudan a ver mis fallos y todo es respeto y buena intención... Gracias por eso, el respeto y la buena onda son cosas que yo valoro infinitamente n.n

Sobre algunas de esas críticas y consejos tan amables que me han dado voy a hablarles más adelante, por ahora ya escribí demasiado en esta nota final. Además, algunas cosas seguramente las comente a fondo cuando termine el fic, hay comentarios que no puedo hacerlos antes de que la historia termine porque necesito que el círculo esté completo para explicarme mejor. De todas formas, no se preocupen que tengo todo en cuenta y alguna cosita que me han comentado la tenía en vista y con total propósito XD

Soy muy mala (?).

Sobre el capi... Bueno, sé que es extraño, pero aún falta mucho flashback para terminar de explicar todo, si algo no se entendió del todo bien será explicado con más detalle en el próximo capi, lo prometo.

El final fue medio abstracto pero así me gustó... Cuando arranque el capi que sigue esas palabras cobrarán más sentido.

Odio que al subir el capi se borren los signos finales de exclamación cuando los pongo con signos de pregunta, quedando así: ¡¿? y no como se debe... No sé cómo solucionarlo, pido disculpas por la desprolijidad... Odio estos cambio de formatos absurdos u.u

Eso es todo, cualquier cosa me preguntan, ¿sip? Espero les guste el capi n.n

Los quiero, ¡besotes! n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.