PECADOS EN LA SANGRE
Capítulo XXX
"Odio y pasión, parte II"
Observó a su tío, quien estaba profundamente dormido sobre una silla, en una posición que, al verla, le resultaba sumamente incómoda. Sus ojos, aburridos, viajaron hacia Tark por enésima vez, encontrando lo mismo que las oportunidades anteriores en él: incertidumbre.
Seguramente, él era un espejo de ella en ese instante, pues Pan sentía que la incertidumbre le quitaba el aliento.
Hacía horas que estaban allí, en silencio, ni siquiera queriendo molestar con la respiración y el suave sonido que ésta causaba... Claro que los ronquidos de un Goten que parecía tomarse todo a la ligera, como siempre, le ponían un condimento molesto y hasta "gracioso" a la situación.
—Muchacha... —y Tark habló, cosa que hacía siglos parecía no hacer—. Hace algo de frío, ¿gustas algún tipo de cobija? Creo que esto da para largo, será mejor aprovechar para descansar.
Pan se resolvió sobre su silla y apoyó sus manos sobre la mesa extendida delante de ella, suspirando desganadamente.
—No —sentenció—. Soy una guerrera, por supuesto que el frío no me afecta en lo más mínimo y, además —hizo una pausa y amó no tener un espejo delante, pues bien sabía que se estaba mostrando emocional—... No es momento de descansar, señor. Es momento de estar alerta, de no permitir que ese sujeto dañe a Trunks.
Y sí, acababa de mandar al diablo a su orgullo al decir aquello, pero ¿qué podía hacer? Era tarde, en su pecho había retorcijones, había luz y sentimientos...
Trunks la hacía más fuerte que nunca, pero al mismo tiempo la hacía más débil de lo que recordaba haber sido.
Tark sonrió ante sus dichos.
—Eres admirable —aseguró cordialmente—. Serás una gran Reina.
Pan no pudo evitar sorprenderse ante el comentario, sintiendo un ardor en sus mejillas que le daba la pauta de que acababa de sonrojarse.
Hasta ese momento, ella no había reparado en ese detalle.
"Algún día seré Reina...", estar unida al Príncipe heredero al trono le daba esa certeza.
"Siempre y cuando él esté bien...".
—No sabemos qué sucederá —musitó—. No sabemos qué nos deparará cuando Trunks salga de aquí sin su casco puesto.
Y Tark se mostró orgulloso, cosa poco común en él.
—Yo sí lo sé —exclamó—. Yo sé que daré mi vida por él si es que él lo necesita... No permitiré que lo toquen ni que lo maltraten. Yo lo protegeré, muchacha.
El discurso generó una revolución en su cabeza además de en su pecho... Tark hablaba más que en serio y esto era palpable en el aire, en su rostro...
En las facciones afectadas por el tiempo, en los ojos negros que relataban un sin fin de aventuras...
Giró su cabeza hacia la puerta del sótano, ese en el cual Trunks, Bra y el Rey estaban encerrados desde hacía mucho tiempo.
—Entonces somos dos los que estamos seguros de lo que sucederá, señor.
Se produjo un silencio de minutos completos, el cual ninguno de los tres presentes fue capaz de violar. Los tres, el padre y los hijos, navegaban en la marea de los pensamientos, de las reflexiones, de lo inadmisible y de lo doloroso... Sólo uno navegaba mares apasionados, y ese era Vegeta.
El recuerdo de ese instante lo perturbó y secó su garganta; ahora era incapaz de continuar, eso sentía. ¿Cómo debía seguir? Si el recuerdo acababa de calentar su piel, de personificar su excitación tras su enorme armadura de la Realeza. No podía hablar, no cuando recordaba la piel suave, el aroma dulce y el calor desgarrador de ese fuego, de esa mujer llamada Bulma Brief.
"Frío" era una palabra que, tranquilamente, podía ser perfecta para describir lo que estaba sucediendo; mas no lo era, ya que "frío" no era lo que ella sentía y, estaba segura, tampoco era lo que a él le pasaba por la piel...
Calor, fuego, llamaradas de locura incontrolable, placer abstracto, irreal. Él la asía de una forma que a ella le parecía inaudita, ¡la movía a su antojo! Con una facilidad que la abrumó y que la excitó aún más. Ese hombre la trataba como a una pluma, una suave pluma que flotaba contra él.
El calor latía en su interior y supo que él la estaba pasando tan bien como ella, desgarrando la piel con mordidas que serían inocultables en la tersa piel de la terrícola. Se tendría que cubrir del cuello para abajo durante días, incluso semanas... ¿Algún día se irían esos moretones y cortaduras que él estaba dejando en su piel? Tal vez sí, se dijo. Pero no se irían de sus recuerdos... A partir de ese momento, ya no iba a importar la cantidad y calidad carnal de los hombres que pasaran por su cama, pues ella jamás olvidaría al Príncipe extraterrestre, al guerrero saiyan que la tomaba con soberbia en aquel laboratorio.
"Frío"... El sexo sin sentimientos lo era, pero jamás lo que ellos sentían al estar unidos.
Desnudos, danzaban como fieras, gritaban como animales heridos, se apretaban como si soltarse significara la muerte... ¡Qué utopía! Ser ultrajada por un ser tan extraño, ser violada pero no violada... ¡A quién quería engañar! No la estaban violando, le estaban dando cátedra pasional.
Al final del acto, cuando los cuerpos cayeron en ese lapsus de mentira que la satisfacción sexual significaba pero que no tardaba en volver a encenderse cuando había piel, Bulma y Vegeta yacieron sobre la mesa de trabajo de la primera, exhaustos por la labor realizada.
Estuvieron minutos enteros recobrando la respiración, sin mirarse ni por un instante, ella con los pechos contra la mesa y él con la espalda contra ésta.
El temblor se apoderó de Bulma y ella comprendió que lo que acababa de suceder sería un punto de inflexión en su vida. No comprendió el por qué, pero esa certeza inundó su pecho de allí en más.
—Vegeta... —siendo terca pero sonando indefensa, la mujer habló, intentó cortar con un cuchillo la inevitable tensión que había reemplazado al placer en el aire que los rodeaba.
Sólo bastó ese susurro para que Vegeta despertara, reaccionando de la única manera que le permitió su razón, levantándose de la mesa y vistiéndose a toda velocidad.
Antes de irse del laboratorio y de la Tierra, escuchó los sollozos de Bulma, sabiendo que ella era perfecta en muchos sentidos, pero desastrosa en otros.
Y ella lloró horas enteras, sin ánimos para vestirse, sin deseos de salir de su paraíso, ese al que llamaba "laboratorio". No podía levantarse, su cuerpo aún ardía en deseo, aún reclamaba eso que jamás se le concedería.
—No te vayas, Vegeta... —susurró justo antes del portazo, escena que rebobinó una y otra vez en sus recuerdos.
El punto de inflexión era un hecho: ella no volvería a ser la misma.
Abrió sus ojos y supo que tenía que dar fin al silencio que los había devorado a los tres, por lo cual abrió la boca, sin girar hacia sus hijos. No podía mostrarles el rostro en ese preciso momento.
—Deseé matarla, ella pisoteaba mi orgullo —dijo—. Pero preferí marcharme, volver a Vegetasei.
Los hermanos tragaron saliva a la vez, sin saber qué decir... ¿cómo acotar algo frente a tan poderoso discurso?
"Ya me perdí, no entiendo absolutamente nada", pensó Bra sin ocultar su disgusto.
—¿Por qué lo hacía? —preguntó sin cautela que valiera—. ¿Por qué dices que pisoteaba tu orgullo?
Y Vegeta giró hacia ella, clavando sus ojos en el azul de su hija.
Por supuesto que él no iba a dar explicaciones de más, no deseaba confesar las partes íntimas que bastante aparecían en la historia de Bulma y él... Pero algo tenía que decir, pues en los ojos de su hija veía un mareo sin precedentes.
Volvió su vista a la pared.
—Mi plan estaba quedando olvidado en algún rincón de mi memoria y yo no podía tolerarlo, así que fui a Vegetasei a buscar inspiración, la cual siempre encontraba ante Broly y mi padre.
Y rememoró su regreso con severo gesto en el rostro.
Aterrizó hecho una furia e ignoró a todo y todos, dirigiéndose al Palacio. Allí se topó con su padre, quien escuchaba a unos soldados de Clase Media con notorio aburrimiento.
—Mocoso —llamó a su hijo, haciéndole un gesto a los medios para que se marcharan, lo cual hicieron apresuradamente—. ¿Dónde te habías metido? ¿Tanto te entretuviste en la Galaxia del Norte?
Ya solos, Vegeta se arrodilló frente al trono.
—Es la peor Galaxia del universo —comentó—. No sirve para nada.
Su padre se acomodó en el trono y se cruzó de brazos, mirando inquisitivamente a su hijo.
—Entonces no buscaste bien —sentenció—. Tark me informó que, durante viajes, algunos de los guerreros de su clase vieron planetas llenos de tecnología además de excelentes tierras... —se puso de pie y empezó a retirarse—. No vuelvas hasta encontrarlos para así ir a conquistarlos... Habla con Tark, seguramente él te guiará.
Severo como siempre, su padre le pasó por al lado. Escuchó los pasos alejarse y la puerta de su cuarto cerrándose abruptamente, sabiendo que él ya no estaba presente en el hall.
Poco duró su soledad, ya que Broly apareció tras él, el asqueroso aroma lo anunció.
—¿Aburrido? —preguntó con sarcasmo el saiyan más poderoso, sentándose en el trono. Vegeta se puso de pie ni bien lo hizo.
—Bastante —contestó en el mismo tono—. ¿Y tú? No te ves mejor que yo.
Broly rió brevemente.
—Este planeta cada día es más aburrido —comentó con ligereza—. Este lugar se ha vuelto demasiado monótono, todos se dedican a expandir el reino, no a darle al guerrero lo que el guerrero merece.
Vegeta se sorprendió, sintiendo después de mucho tiempo que realmente estaba de acuerdo con Broly.
—Somos saiyans y, como guerreros, queremos pelear —agregó.
—Pero parece que todos lo han olvidado...
Se miraron largos minutos, ambos aparentemente reflexivos.
Lo que decía Broly era verdad: habían conquistado tantos planetas que ya no había rivales dignos. Éstos aparecían cada tanto, pero cada vez con menos frecuencia...
—Si seguimos así, la Clase Baja será la única que se divierta —sumó el Saiyan Legendario.
Esto también era cierto: a la Clase Baja le daban las peores misiones, las más fáciles... ¡Ya casi no quedaban batallas para la Clase Alta! Ni hablar de la Clase Media, ellos ni a misiones iban porque estaban totalmente abocados a la tecnología… Y, para colmo, las únicas misiones que realmente valían la pena se las quedaban Broly y su padre, haciéndolo a un lado de la sangre, de la diversión...
De la más pura esencia saiyan. Vegeta se estaba quedando sin nada y ya no lo soportaba.
—Tu padre no me escucha —siguió Broly—. Está cegado por las riquezas y el vasto imperio que poseemos. Buscaré una solución.
No agregó ni una respiración más, simplemente se retiró fuera del Palacio, dejando solo a un Vegeta que no pudo evitar sorprenderse.
Por supuesto que sabía que su padre estaba cegado por el reino y el temor que todos le tenían en el universo a los saiyans, de eso se había dado cuenta hacía mucho tiempo; sin embargo, nadie parecía hacer nada, todos parecían conformarse y aburrirse...
"Los saiyans estamos cada día más perezosos, nos dormimos en nuestros laureles y, como ahora tenemos un enorme imperio en nuestros hombros, ya no nos importa lo esencial: nuestra fuerza y nuestra sed de sangre".
Fue a su cuarto y allí, luego de darle un puñetazo a la pared, se dio cuenta de que tenía que pasar algo, de que algo debía cambiar en Vegetasei.
"Alguien debe hacer ruido...".
Y él se moría de ganas de ser ese alguien... El problema era, y ya no pudo evitar rememorarla, Bulma.
Lo que había pasado, ese sexo frío que hirvió la sangre de ambos, ese acto carnal que se sintió demasiado bien, demasiado apasionado...
Esa mujer brusca, más parecida a un animal que a una simple terrícola. Ella parecía lo único interesante.
¿Pero debía volver a la Tierra? No, se dijo. Primero tenía que hacer lo que más amaba: destruir.
Y eso hizo, se marchó de Vegetasei y vagó por el universo durante varios meses, destrozando poblaciones enteras de gente débil que, en una situación normal, jamás se le hubiera ocurrido atacar. ¿Para qué pelear con gente débil? ¿Para qué meterse con ellos si no tenían nada que ofrecer más que miedo y llanto? No tenía sentido alguno, no para el Príncipe...
Más deseos tenía de golpear a Broly, quien por más que lo hubiera sorprendido con aquellas declaraciones, nunca lograría ganarse su respeto.
No el chiquillo que su padre había puesto bajo su tutela luego de la batalla con Freezer. No al niño a quien el Rey había despojado de padre con sus propias manos, todo con tal de tenerlo lo más cerca posible. No al imbécil que tenía el tupé de ser más fuerte que todos...
No a quien lo superaba y le había sacado el título de niño prodigio dentro de la impresionable sociedad saiyan.
Estúpida sociedad...
Aburrida, dormida, cómoda... Sin deseos de sangre, sin justicia que cobrarse...
Ser los reyes del universo no había sido la solución, no los había vuelto los más fuertes, los convirtió en los más idiotas.
Y él no podía soportarlo.
Volvió al Palacio meses después, aún pensando en sacarle de quicio a su padre, en demostrarle a los saiyans que lo prohibido podía ser interesante. Quería sacudirlos, uno por uno... Quería despertarlos de ese largo sueño en el que se habían sumergido hacía años.
Ya no más sueño, era hora de volver a las pesadillas.
¡Sí! Él tenía que volver a inquietar e irritar a los saiyans... Y lo iba a ser costara lo que le costase.
—Esos meses de destrucción enriquecieron mi sed: quería que los saiyans cambiaran y la mejor forma era causando un alboroto, muy típico de nosotros hacernos notar de esa forma.
Trunks asintió mecánicamente, entendiendo a la perfección a su padre.
—Y fuiste a buscar a mamá... —agregó el muchacho, casi temeroso de escuchar la respuesta.
Vegeta rió.
—Después de vagar por el espacio durante varios meses, rara vez pensaba en Bulma. Cuando fui capaz de no recordarla fue cuando volví.
Era fácil irse de Vegetasei, pues su padre cada día le prestaba menos atención. Empezaba a agradarle esa especie de "anonimato", era un buen momento para aprovechar la enorme distracción que tenía su padre cuando de él se trataba.
Estaba tan cegado por el poder... Vivía haciendo negocios con habitantes de otros planetas, vendiendo y comprando planetas, conquistando personalmente los que tenían la población más poderosa... ¿Y los saiyans? Eso se preguntaba Vegeta, quien no podía comprender por qué se le prestaba tan poca atención a enriquecer a los saiyans y no con objetos materiales... Faltaba entrenamiento. Claro que lo había pero ya no tanto como él juraba recordar de su niñez: los saiyans que más entrenaban eran los de Clase Baja, pues los de Clase Media vivían para la tecnología y el comercio de ésta y los de Alta vivían para presumir.
Así de aburridos eran. Así de simple y monótona era la sociedad saiyan.
Claro que él ya no lo toleraba, por eso decidió darle un poco de movimiento a su cuerpo, dirigiéndose a la Tierra, lugar donde se encontraba la mejor amante de las cuatro galaxias...
Ya había olvidado esa sensación de confusión que lo había embargado luego del primer acto con Bulma, ahora se sentía más preparado, más frío que nunca...
Quería sexo y alboroto, nada más.
Llegó a la Tierra y fue hacia la Corporación Cápsula, encontrándose con un Brief a punto de probar una nave en el patio trasero.
Cuando el padre de Bulma vio al Príncipe, el cigarro de su boca se cayó.
—¡Ve-Vegeta! —Tartamudeó con nerviosismo—. Han pasado muchos meses...
El saiyan lo enfrentó con la mirada después de inspeccionar la nave que estaba lista para arrancar a control remoto, el cual Brief tenía en su mano.
—Lindo diseño —dijo sin darle verdadera importancia a su comentario—. ¿Dónde está tu hija? Me urge hablar con ella.
Brief se sorprendió por la pregunta, sin entender el porqué de su naturaleza.
—Se fue de compras —comentó casi divertido—. Volverá en un rato... Si quieres pasa a la casa, mi esposa está preparando jugo de naranja.
Vegeta se sintió asqueado de la casi simpatía que ese sujeto parecía tenerle. ¡¿Acaso había olvidado que él fue quien los amenazó meses antes? Era increíble, ese tipo se tomaba todo a la ligera.
—La espero —y se encaminó a la casa... No porque quisiera ver a esa mujer rubia e insoportable que se lo tomaba aún más a la ligera, sino porque no iba a permitir que Bulma se le escapara...
Quería algo y lo iba a obtener.
—¿Qué querías? —no pudo evitar preguntar Bra, cada vez más perdida en el relato.
Estaba claro que su padre se estaba salteando una parte, porción de la historia que ella se moría por comprender.
Vegeta rió una vez más, ella ya empezaba a acostumbrarse y a comprender los extraños gestos y actitudes de su padre.
—¿Realmente quieres saberlo? —indagó.
Bra rió al igual que él.
—¿Acaso te lo estaría preguntando si no fuera así? Cómo me subestimas, papi...
El tono de Bra erizó la piel de Vegeta. Bra tenía una actitud digna de un saiyan y de una mujer tan testaruda como Bulma. Su hija era la viva imagen de ambos...
No se podía decir lo mismo de Trunks.
"Pero esa es mi culpa y por ella Bulma me castiga con pesadillas".
Y esa era la verdad.
Su hijo, callado por varios minutos, carraspeó.
—Creo que comprendo —exclamó—. Querías irritar a tu padre y para eso necesitabas a mamá... —y su voz se oscureció—. Querías... —y no fue capaz de seguir hablando, pues el final de la frase no le sentaba bien.
—Había "piel" entre nosotros —agregó inesperadamente el Rey, haciendo sonrojar a sus hijos—. Si era eso lo que querían saber, ahora lo saben... Ese fue el principio del problema, más adelante entenderán por qué.
Y siguió recordando...
Respiró hondo al estacionar en el garaje de su casa. Miró el asiento trasero de su aero-coche y sonrió al ver las enormes bolsas llenas de ropa y accesorios.
No había nada que hacer, amaba la ropa y comprarla era terapéutico.
Justamente eso necesitaba: terapia. Desde hacía meses que no dejaba de pensar, de reflexionar... Siempre llegaba a la misma conclusión, siempre se decía que estaba loca y que otro porqué no había... Pero era inevitable volver al principio del proceso, a la parte donde pensaba en el causante de su estado de total apatía...
"Vegeta... Hace cinco meses que no vienes, ¿ya no volverás...?".
Esa era la raíz del problema y, a pesar de que le causara odio, también era la solución a tanta paranoia. No quería pensar más en él, pero el recuerdo fugaz de las manos sobre su piel y de las uñas de ella desgarrándolo era demasiado poderoso como para dejarlo.
¡¿Por qué pensaba tanto en un asesino? Claro que ella amaba a los "chicos malos", pero esto era inaudito... ¡Era de otro planeta! Ni siquiera sabía de dónde... Mas ella no podía dejar de pensar en él, en las manos y la boca tan sabias que la habían poseído con autoridad cinco meses atrás...
Entró en su casa llena de bolsas y más bolsas que estaban dedicadas a ella, las cuales se le escaparon de las manos al entrar en la sala y encontrarse con sus padres bebiendo jugo y a la persona que era el principio y el fin de todo.
—¡¿Qué mierda haces aquí? —gritó sin poder contener la furia que sintió al verlo. Todo él le sacaba furia, todo él le causaba pasión, de todos los tipos y colores.
Vegeta decoró su rostro con una media sonrisa y se acercó a ella lentamente, ante la mirada inquisitiva de los padres de la muchacha.
—Tenemos que hablar —manifestó—. En tu laboratorio, hay algo que deseo pedirte, mujer...
Y la piel de Bulma se erizó, cosa que le causó odio pero que no pudo contener... La soledad que él le pedía tenía un propósito y ella bien lo sabía, lo veía en los ojos de ese hombre, lo sentía en las palabras pronunciadas...
¡Cuanto odio! Qué poca razón... Dejó las bolsas tiradas en el suelo y les pidió un momento a sus padres, guiando a Vegeta hacia el laboratorio. Una vez allí y con la puerta cerrada con llave, ella volteó para mirarlo, encontrándose con una mirada llena de lujuria.
—Sólo una terrícola —dijo el Príncipe—. Pero más que digna.
Las palabras asombraron a Bulma, quien nada hizo por detener las manos, la lengua y el cuerpo de ese hombre, dejándose poseer en el suelo, de una forma sucia y desprolija...
Y ella lo supo, supo esa certeza que evitaba decorar su mente: ella lo deseaba, lo hacía de una forma fuera de lo explicable y lo entendible... Simplemente lo hacía. Y algo le decía que él también.
—Piel... —susurró Bra. No tenía idea de esa faceta de su madre y escucharla no la asombró en absoluto: ella era exactamente igual.
Trunks miró a su hermana unos minutos y en ella vio emoción, sus ojos la demostraban claramente.
—Piel —repitió Vegeta—. Los detalles no interesan, simplemente diré que ella y yo nos entendíamos en muchos sentidos, más de lo que ustedes podrían llegar a comprender.
Trunks sí comprendió a su padre, aunque en silencio. Al parecer no había notado la venda que tapaba su cuello, cosa que, de alguna forma, agradeció.
"No deseo ver su reacción al descubrir que me uní a una muchacha de Clase Baja... Aunque con lo que dice, al parecer, no tiene mucho por criticar...".
La que no lo comprendió fue Bra, quien jamás había sentido la conexión que su padre insinuaba con maestría.
"Nunca lo he sentido con nadie... Todo por esa maldita violencia que me sale de adentro...".
Se murió de deseos de abrazar a su madre y pedirle consejos, sabiendo que ella sería la única capaz de dárselos con pleno conocimiento de causa.
"Te necesito más que nunca, mamá...", ahora entendía cuánto.
—Nos entendíamos hasta en palabras. El diálogo era fácil... Siempre discutíamos, a cada minuto... —siguió relatando el Rey—. Así fue por un mes, un mes lleno de piel y locura, plagado de discusiones que ambos disfrutábamos... Nos llevábamos pésimo porque ambos éramos soberbios y déspotas; pero eso, justamente, era lo que hacía del otro una buena compañía.
Algo, una pizca de sentimientos se sintió en las palabras de su padre, las cuales Trunks volvió a comprender.
"Su forma de amarse... Tal vez fue así".
Deseó que sus pensamientos se volvieran realidad, por lo cual pidió a su padre que continúe, no sin antes apreciar la mirada emocionada y confundida de su hermana, quien parecía sentir, al igual que él, cada palabra del relato.
—Sigue, papá... —pidió el Príncipe.
Vegeta, sin más, reanudó las palabras.
Y una mañana más...
Bulma despertó y allí estaba Vegeta, a su lado. La habitación de huéspedes poseía una cama sumamente incómoda, incomparable a su hermosa cama de princesa; pero de ninguna manera lo llevaría a su cuarto, no sabiendo que sus padres descubrirían su relación clandestina.
Aunque ya era muy obvio, Bulma intentaba encubrir ese "algo" que había entre ellos, todo porque no comprendía la naturaleza de los hechos y tampoco quería pensar en un título. "Amantes" parecía oportuno, pero...
No se iba a arriesgar a las miradas confundidas de sus padres, por más que ellos se hubieran adaptado a Vegeta como si fuera un chico común y corriente... ¡Incluso, su madre le hacía enormes cantidades de comida! Todo era bizarro, la prensa no mentía cuando etiquetaba a los Brief como una familia excéntrica...
Lo eran, era la única explicación que podía darle a tan extraña situación.
Permaneció al lado del saiyan por largos minutos, sin ser capaz de moverse. Él era bellísimo y ella no podía negar la realidad. Tenía una belleza fuera de lo común pero real... ¡Estaba lleno de cicatrices! Aún con ellas, ese cuerpo lucía imposiblemente atractivo, decorado por hermosos y perfectos músculos que le sacarían la respiración a cualquier mujer en sus cabales.
Tenía mucho carácter y eso le fascinaba. Amaba a los hombres con carácter y a él le sobraba, tenía demasiado. En su rostro se notaba, con esas facciones masculinas y soberbias que lo volvían un pecado imposible de no cometer.
No sólo habían tenido sexo, también habían hablado de tecnología, de cualquier estupidez... Y, cuando ya no había tópicos posibles, todo derivaba en hermosas peleas que empezaban llenas de gritos y miradas penetrantes y terminaban horizontalmente...
Y qué bien se sentía; ese hombre parecía leer sus ojos, le daba demasiado placer...
Y la hacía sentir bien.
Se dio vuelta ensimismada en sus pensamientos, dándole la espalda al saiyan. Tapó su rostro con sus manos y unas lágrimas se escaparon de allí, sabiendo que ese era el problema, ese "sentirse bien con él" significaba la absoluta perdición para ella.
¡¿Qué era ese calor que inundaba su pecho?
"No puede ser...", pensó. Volteó hacia él y todo fue certeza, la peor que recordaba haber descubierto en su pecho...
Ese calor era más que deseo, más que cordura o vergüenza... Era amor.
Lo observó y todo fue lágrimas, llanto que liberaba el sentimiento que, bien lo sabía, no era correspondido...
"¿Pero por qué sigue aquí? ¿Por qué no se va?".
Por el placer, quizá.
"Ni el placer detiene tanto tiempo a un Príncipe de un Reino lejano que se ocupa de matar gente alrededor del universo...".
¡¿Cómo pasó? ¡¿Cómo se atrevió a enamorarse de él?
"Me gusta su actitud, su cuerpo y el placer que me da... Me gusta su mal humor, sus pocas pero significativas palabras... Todo me gusta, él me gusta".
Él la completaba, era imposible que no fuera así, pues ella se sentía demasiado bien a su lado.
"No hay un porqué, simplemente es así...".
Levantó una de sus manos y, con lentitud, la acercó al rostro del guerrero.
Lo recordó diciéndole que los saiyans eran seres invencibles, que todos les temían y que nadie podía ganarles... Lo recordó desparramando orgullo por su boca, asustándola con esas palabras tan poderosas.
Se recordó a sí misma, poniéndose el vestido azul y el perfume carísimo para impresionarlo... Lo recordó rechazándola... Y la decepción, dolor cruel que viajó a lo largo de sus venas, materializándose en la tristeza, en el desgano...
Abulia total, ningún deseo de salir adelante... Sólo deseos de él, del Príncipe que la humillaba pero que, a la vez, la hacía sentir viva.
Increíble pero eso era: él prendía el fuego que había en su interior.
Y por eso había amor en su pecho, porque él le daba vida al invierno de su alma.
Se levantó y fue hacia la ventana, no antes de buscar un cigarrillo y un mechero en el cajón de su mesita de luz. Prendió el cigarro y volteó hacia Vegeta, quien todavía estaba sumido en el más profundo sueño.
Él parecía ser el principio de sus problemas y el final de éstos... Era la cara y la seca, lo que amaba y lo que odiaba...
¡Claro que no era sólo placer! Era mucho más. Química, pura química. Eran dos mitades que se complementaban, dos egoístas y malhumorados seres, los cuales no sabían llevarse bien con nadie.
Ella sentía que él encajaba en ella a la perfección... Eso provocaba amor en su pecho.
Eso y tanto más... Tantas cosas inexplicables, tantas cuestiones existencialistas... Pero ella lo amaba, lo había percibido al ser rechazada la vez del vestido y el perfume y lo había corroborado aquella tarde del primer acto pasional.
Era suya... Y eso, bien lo sabía, era firmar con el diablo. Ya no había vuelta atrás, ya no podría salir adelante... Ese hombre había llenado su mundo, ese lleno de circuitos y cosas materiales; lo había plagado de desenfreno y locura, de pasión por todo, no sólo por la pasión entre sabanas...
Él la había vuelto apasionada, había logrado que esa adolescente a la que le gustaba vivir aventuras y comportarse como un hombre alocado y no como la dama que la sociedad pretendía sintiera con todas sus fuerzas el valor de la vida y la felicidad...
¡¿Cómo lo había hecho? No lo sabía, ella se sentía más ignorante que nunca... Mas él lo había hecho y eso era lo que importaba.
El "clic" en su cabeza, él lo había generado.
Y lo amaba y odiaba por ello...
Apagó el cigarrillo en el cenicero sin casi haberlo disfrutado; sus pensamientos eran más importantes, no le permitían sentir otra cosa más que los sonidos de la maquinación de su cerebro, ese que jamás descansaba...
Solamente en esos brazos, únicamente bajo ese hombre autoritario, déspota y sensual. El Príncipe saiyan, Vegeta. Un príncipe digno de una princesa tan excéntrica como ella, de una princesa de la vanidad y lo material como Bulma Brief.
"Pero no todo es frivolidad, no... Sino no estaría cayendo tan bajo".
Volvió a prender un cigarrillo y éste tampoco lo disfrutó. Al terminarlo, fue hacia Vegeta y se subió encima de él, tocando la piel y encendiéndose al hacerlo...
"Si todo fuera frivolidad él sería un amante más de esta soltera empedernida que jamás halló al príncipe azul de los cuentos de hadas… Pero no lo es".
—No lo eres, Vegeta…
Vegeta despertó sintiendo una mano en su entrepierna y gimió sin haber salido totalmente de sus sueños...
¡Y vaya manera de despertar! La mano era una lengua, eran labios que querían darle placer...
—¿Tan impaciente eres, mujer? —preguntó con la voz ronca, presa de la excitación que ella estaba logrando encender en su cuerpo.
Enredó sus dedos en el cabello lila e impuso el ritmo que deseaba... Ella era tan ocurrente, cosa que le encantaba en una mujer: ninguna sumisión, imaginación e instinto. La terrícola no tenía vergüenza, se dejaba llevar por él y le exigía, cosa que al Príncipe no le pasaba seguido ya que las mujeres con las que había estado, algunas saiyans y otras esclavas, siempre se entregaban al miedo que él generaba en las personas, no al placer...
Nunca había encontrado una amante así, una que se adecuara a sus gustos tan a la perfección...
¡Perfecta! Su amante más recurrente, la única con la que había tenido sexo una y otra vez... Adictiva y peligrosa, lejana a comprender quién y qué era él... ¡Esa era la raíz de todo! La ignorancia, la falta de magnitud a la hora de entender la situación...
Se la iba a llevar a Vegetasei, de ninguna manera se permitiría alejar a su mejor amante de él.
Ella cesó el movimiento de su boca y recorrió el vientre del Príncipe con sus labios, en un viaje ascendente que desembocó en el rostro de Vegeta, el cual besó, lamió y mordió.
Ambos abrieron los ojos a la vez y ella hizo los arreglos, dejando que él la penetrara en esa posición.
Y el acto una vez más... Bien salvaje, poco cuidadoso...
Entre gemidos, sin embargo, Vegeta percibió algo extraño en ella, algo que él no llegó a comprender del todo, sin capacidad alguna para hacerlo.
"¿Lágrimas?".
Ella lloraba... Y los ojos suplicaban, gritaban más que esa boca que dejaba escapar jadeos de éxtasis por todo el cuarto. Bulma lloraba, sufría...
Vegeta la observó fijamente, sin perder detalle, permitiéndole tener el control absoluto del acto.
"¡¿Por qué llora?".
Y ella... Bulma moría, entendía que lo amaba y se movía más rápido sobre él, casi como queriendo alejar ese sentimiento de su pecho.
¡Él la estaba volviendo loca! Y no sabía si quemarse en su fuego o no, ya no sabía nada...
La única certeza era el amor, la obsesión y el calor... Esos tres sentimientos que él le generaba con semejante magnitud.
—Vegeta... —jadeó al borde del clímax—. Vegeta...
El azul, las lágrimas, los gemidos y el sufrimiento...
¡Eso no era posible!
Lanzó a Bulma sobre el colchón y se levantó rápidamente de éste, buscando su ropa y yéndose por la ventana.
A su nave, a Vegetasei...
"Se me fue la mano, ¡soy un imbécil!".
Y ni pensar en ella... Jamás quería volver a hacerlo, no después de ese instante de miradas y lágrimas...
Jamás.
—Después de un mes de vivir de forma inestable, me fui luego de un instante peligroso que vivimos —prosiguió Vegeta, más serio que nunca—. En sus ojos, mientras ella me miraba, juré ver algo... Algo que no soporté reconocer.
"Mamá lo amaba...", concluyó Bra en su mente, no pudiendo evitar enfadarse ante el avance de la historia.
"Más le vale haberla amado, sino lo destruiré... Te vengaré, mamá...".
Trunks casi no lograba respirar, ¡que historia tan intensa! Que mal se sentía al escuchar cada palabra que salía de la boca de su padre...
"Tal vez fuimos un accidente, seguramente ellos no nos deseaban, pero...".
¿Por qué su padre hablaba tanto? ¿Por qué se sinceraba por primera vez en su vida?
"Tiene que haber un porqué...".
Y saberlo le daba la pauta de que no todo era tan frío ni tan oscuro... Algo de luz habría en esa historia, eso sentía y sabía la ver a su padre allí, pensativo y reflexivo, comunicativo...
"Si hablas tanto es porque deseas hablar sobre ella, es porque extrañas hacerlo...".
Sonrió brevemente y tomó con fuerza la mano de su hermana, tratando de alejar la furia de ella.
—¿Y qué hiciste? —preguntó el muchacho, dándole el pie a su padre para continuar.
Vegeta sonrió unos instantes.
—Volví a Vegetasei y me di cuenta de algo terrible.
"De eso que fue capaz de destruir todos y cada uno de mis planes".
Llegó a Vegetasei una vez más, procedimiento que ya era parte de una rutina que no soportaba. Se trasladó desde la Central Espacial hasta el Palacio y se encontró con un alboroto que no esperaba ni deseaba: miles de personas conglomeradas frente a las escalinatas y, al pie de éstas...
—¡Broly! —gritaban todos al unísono.
El Saiyan Legendario mostraba una cabeza cortada despiadadamente al público como si de un trofeo se tratase. Al mirar con más detalle, Vegeta apreció cientos de cadáveres de una raza entraña desperdigados por el suelo.
Entre la multitud, Nappa, sobrino de Vaugun, el Líder de la Clase Alta, se acercó a él rápidamente.
—¡Hubo una invasión sorpresiva! —le contó con efusividad—. Estos imbéciles se agruparon para destruirnos y eran realmente fuertes, pero Broly los detuvo... ¡Los destrozó a todos!
Vegeta, ante sus dichos, le dedicó la mirada más despectiva y arrogante que tenía.
—¿Y por eso están tan felices? —manifestó—. Estupideces... ¡Se quedaron mirando cómo Broly los mataba! Y nada hicieron...
Nappa lo miró con confusión.
—Claro que sí ayudamos, Príncipe —le habló con respeto y casi hasta con miedo—. Pero Broly les demostró quien manda en el universo, ¡sí! Él lo demostró mejor que nadie, es el mejor de nosotros.
Vegeta respiró profundamente y dejó solo a Nappa, volando hasta la puerta del Palacio y entrando en éste sin darle importancia alguna a su padre y a Broly, quienes seguían exhibiendo la cabeza con orgullo.
Ya en el interior de su hogar, se encaminó hasta su cuarto pero su padre lo detuvo antes de que pudiera llegar.
—¡¿Dónde mierda estabas? —Inquirió con poca paciencia—. Te perdiste la mejor batalla en años.
Vegeta se puso aún más serio.
—Por lo que me dijeron fue la mejor batalla para Broly, no para nuestra raza... Así que no me interesa.
Fue hacia su cuarto y allí se encerró.
Pasaron horas y horas y Vegeta no lograba dormir... Seguía el alboroto en el exterior, seguían los gritos que proclamaban a Broly como el héroe de la sangre.
"¿Héroe? Un tipo que le saca la diversión y la sangre a un saiyan no es un héroe...".
Tanto protagonismo ya lo asqueaba, por lo cual salió disparado por la ventana, volando hacia los exteriores de Vegetasei, hacia esa zona donde nadie habitaba.
Siempre era así... Enemigo derrotado y Broly alabado por toda la población.
¡Por más legenda que lo diera como héroe, él no merecía tanto! No era de la Realeza, no era más que un estúpido soldado de Clase Alta.
Expulsó su poder invadido por la impotencia y el odio que ese sujeto le causaba, liberando toda su fuerza en enormes rayos que destrozaron varios árboles de la zona. Ya no lo soportaba... Bulma, su padre y Broly se entremezclaban en su mente, causándole jaqueca además de un retorcijón en el pecho.
—¿Furioso? —y él acababa de aparecer tras Vegeta.
El Príncipe volteó y se encontró con Broly, quien lucía la sangre ajena en su piel y no paraba de sonreír.
—No molestes, escoria —espetó.
El Guerrero Legendario se acercó lentamente a él, inclinando su cabeza justo en la oreja de Vegeta.
—Si tan molesto estás, ¿por qué no peleamos? Será divertido, eres el único que puede hacerme frente en este sucio planeta.
¡Sí que sabía cómo llamar su atención! Claro que el orgullo de Vegeta se sintió reconfortado por esas palabras, anhelando más que nunca un enfrentamiento como la gente, ese que el muchacho de la Realeza merecía desde hacía tiempo.
Descargarse... Eso necesitaba.
Saltó lejos del protegido de su padre y se puso en posición de combate, dando inicio a éste ni bien la sonrisa de Broly decoró su rostro.
Pelearon por varios minutos de forma aérea, siendo Broly el ganador desde el vamos. Vegeta, por su parte, no lograba concentrarse... Algo lo distraía, algo hacía borrosa su vista al pelear...
Y los recuerdos lo atormentaron entre golpes.
Recordó a su padre, a la poca atención que le prestaba; también a los saiyans, quienes parecían ignorar lo importante que era él como el más fuerte miembro de la Realeza; recordó los otros, las manos y los gritos de adulación a Broly, un Broly que cada día parecía más aburrido...
Menos inspirado...
—¡Creí que sería divertido! —exclamó el Legendario justo antes de lanzar a Vegeta contra el suelo, derrotándolo.
Éste yació allí, inmóvil y confundido, mareado a más no poder.
Todo se le venía encima... La estupidez de su raza, lo aburrida que se había vuelto, lo rica que era y lo poco que esto le importaba... Su padre, su maldito padre que siempre había querido lo más grande para los saiyans, desviándose de su propósito al convencerse de que esa grandeza era el poder económico, cuando realmente no era eso lo que un saiyan necesitaba...
Misiones aburridas y cada vez más fáciles de cumplir, enemigos que eran cualquier cosa menos dignos...
Y Bulma... ¡Bulma!
El llanto, el sexo y la pasión. Ella moviéndose sobre él, jadeando de placer... Pero había llanto, más llanto del que él podía soportar.
Tantas amantes en su vida, ¡y las había matado a casi todas! Cuando una esclava lo aburría, la mataba. Incluso esa relación poco extensa y errática que había mantenido años atrás con Zerta, una saiyan de Clase Alta que estaba catalogada como una de las mejores de la clase, no había causado semejante obsesión en él...
¡¿Convivir un mes con una mujer que sólo le daba placer? ¡Inaudito! Inaudito para el Príncipe del aburrimiento y el orgullo banal, ese que estaba vacío de significado desde hacía décadas, desde la muerte de Freezer, el único rival digno que había conocido la raza saiyan.
Y Bulma... La terrícola, la que lo provocaba e ignoraba quién y qué era él, la que lo divertía, la que casi lograba ser "buena" compañía...
Broly lo pateó en las costillas, entre risas malévolas.
—Te has vuelto débil, Vegeta —dijo—. De entre toda esta estúpida raza de seres aburridos, de quien menos lo hubiera esperado es de ti... ¡¿Qué te pasó? Has perdido la sed de la sangre, ya no deseas pelear... Sólo te distraes, ya no eres el frío y calculador de antaño —más patadas y Vegeta no reaccionaba, seguía sumido en el más profundo mar de pensamientos irracionales—. Te falta algo, ya no eres fuerte... Ya no peleas concentrado, ya no sientes deseos de matarme, como cuando éramos niños y peleábamos por horas... Ya no lo disfrutas, Vegeta…
Lo tomó del cabello y lo levantó, dejándolo suspendido en el aire.
—¡Eres débil! Ya no tienes voluntad, algo te falta, estás incompleto... —y lo lanzó al suelo para luego irse de allí.
Y Vegeta permaneció quieto por horas, por días... No lo supo, lo único que sabía era que Broly acababa de humillarlo y que lo que decía tal vez era cierto...
Incompleto... Quizá ese era el problema.
—Zerta y tú... —Trunks pareció impresionado por el dato que acababa de darle su padre.
Zerta era la que él siempre había creído su madre, esa a la que había llorado por 28 largos años...
Bra no pareció comprender y su hermano decidió explicárselo después. No era momento de interrumpir a su padre.
Vegeta se cruzó de brazos.
—Ella me había elegido —dijo—; sin embargo, yo no la elegí a ella... Ella me adulaba demasiado, no soporto a una mujer que me adula, me gustan las mujeres que no me temen… Adular es sentir un respeto tan grande que casi llega a convertirse en miedo, ese que yo aborrezco cuando de una mujer se trata.
—Y mamá, estoy segura, no te temía... —agregó su hija.
El Rey asintió.
—Eso la hacía perfecta... ¿Entiendes, mocoso? —volteó hacia él y clavó sus ojos negros en los azules de su hijo mayor—. Bien sabes lo que pasa cuando una mujer es perfecta.
Trunks parpadeó y no pudo evitar emocionarse.
—Acaso tú... ¿Tú...? —su voz tembló y frunció el seño, desesperado por seguir escuchando a su padre.
"Si es lo que creo... Oh, por favor... Si lo hizo es el traidor más grande de la historia de este planeta".
Y eso le daba alegría, una realmente genuina.
Vegeta volvió a darles la espalda y a tomar la palabra.
—Broly me dijo que estaba incompleto, que algo me distraía de los designios de mi sangre... Tenía que averiguar por qué sucedía eso, y prefiero no contar esa parte... Me la saltearé porque no tengo deseo alguno de que tu hermana grite como una loca, ella jamás entenderá y poco me importa que lo haga.
Trunks aceptó y sonrió levemente., confundiendo terriblemente a Bra.
—Me estoy perdiendo de algo... —musitó.
—Deja que saltee esa parte, hermana —pidió el Príncipe—. Es la parte siguiente, si es que entendí bien, la que nos interesa.
La tomó de la mano y eso pareció tranquilizarla.
Y Vegeta, así, continuó...
Se levantó del pasto y salió volando, yendo hacia los calabozos subterráneos del Palacio. Sólo allí encontraría respuestas...
Ya era de noche y nadie seguía molestando frente a su hogar, por lo cual llegó rápida y tranquilamente a destino.
Los guardias, seguramente al apreciar la mirada fulminante y la furia en él, lo dejaron pasar sin objeciones. Vegeta, una vez dentro de los largos pasillos de los calabozos, se dirigió hacia donde estaban las esclavas y se llevó dos, tironeándolas del cabello hasta su cuarto.
Una vez allí, las desnudó y poseyó con crudeza, desgarrando los cuerpos y las almas de esas dos muchachas de razas desconocidas y belleza exótica.
Al terminar el furioso acto del que fue protagonista, miró fijamente a ambas mujeres y no tardó ni dos segundos en matarlas, ahorcándolas a ambas, quienes gritaron sumidas en la desesperación de ese hombre desquiciado y perverso.
Rodeado de dos cadáveres y con el cuerpo aún agitado por el placer que jamás sintió con ellas, Vegeta observó sus manos hecho una furia, personificando a la misma locura, comprendiendo todo de una maldita vez.
"Ellas no son Bulma".
Y todo se reducía a eso.
¡Claro!
Él quería Bulma, no a otra esclava. Ninguna mujer, por más que ésta fuera incluso saiyan, le daría ese "algo" que Bulma le daba. Ninguna mujer en el vasto universo podría darle ese tacto infernal, esa piel que se conocía de toda la vida...
Perfecta. No saiyan, pero perfecta.
¡Sí! Durante ese mes, aun antes... ¡La había elegido! La quería para él y para nadie más. Quería que fuera el trofeo, la recompensa a una mañana de entrenamiento y una tarde de masacre; quería que fuera la musa en su cama, la que siempre le diera inspiración pasional...
El cuerpo desnudo aguardando en su lecho... La mujer que no le temía, la que era tan rebelde como él... Bulma, la científica, la terrícola.
La perfecta terrícola...
¿Acaso había existido un plan para embarazarla y hacer experimentos con ella? ¿Acaso con ella quería irritar a su padre y enfurecer a su raza? Ya ni se acordaba de eso...
Sólo la piel, la blanca y débil piel... Y la fortaleza de la esencia de esa mujer perfecta, la base de su elección.
El aroma, el tacto y la química... Poco le quedaba por hacer en Vegetasei; ahora tenía un destino, una misión, un ritual por delante...
¡¿Y qué importaban su padre y Broly? ¡¿Qué importaba su estúpida y dormida raza? Se divertiría a su manera, haría sus propias reglas y dejaría de preocuparse por un pueblo que no lo admiraba como Príncipe digno que era.
Era hora de rebelarse, de escaparse...
De unirse...
—El ritual de unión con una simple terrícola —dijo entre risas maquiavélicas—. Estaba a punto de pecar contra mi sangre, de hacer eso que jamás nadie había hecho... Puedes tener algo con una esclava que no sea saiyan, peor para nuestras reglas tomar a una mujer cualquiera y encima débil y unirte a ella es el peor pecado...
Trunks sonrió sin saber bien por qué y, al mismo tiempo, entendiendo perfectamente el impulso de hacerlo. Bra, por su parte, rememoró la conversación que había tenido con Pan acerca de ese "ritual".
—Como ya te dije —comentó la muchachita—, los saiyans elegimos a nuestro compañero por medio del instinto. El instinto nos guía hacia un aroma específico, hacia una piel específica... Nos guía hacia la fortaleza, hacia el carácter y el orgullo de otro saiyan. Nos guía hacia un digno rival, hacia el guerrero más poderoso y valiente que se nos aparezca delante.
—Pero no entiendo... —respondió Bra—. ¿No se fijan en lo físico? Aquí en la Tierra eso siempre parece ser lo más importante.
Pan rió.
—Claro que nos atraemos físicamente, pero no es lo primordial. Tenemos otros gustos, princesita... —y la mirada se tornó pícara—. Nos gusta la fortaleza; eso es, para mí, lo más importante para un guerrero: la fuerza y el vigor que te exprese otro guerrero, el aroma que te erice la piel y el carácter que te atrape por completo... —un breve silencio y Pan decidió continuar—. Déjame decirte que Trunks, en esto, es sumamente particular. Él es noble, humilde y tiene baja autoestima, cosas que los saiyans vemos como "estúpidas" en algún punto... Pero Trunks tiene fortaleza, una que ni él conoce. Eso lo hace especial... Eso y su enorme poder de pelea.
Bra sonrió ante los dichos inesperadamente sinceros y confidenciales de su cuñada.
—¿Y qué simboliza la sangre? —siguió preguntando la curiosa híbrida.
Pan volvió a reír.
—Simboliza la unión del poder... Es darle tu fortaleza al otro, es obtener su fortaleza y materializarla en tu cuerpo... Tú eres él y él eres tú. Te complementas con el otro...
Bra quiso llorar, pues todas esas palabras, de una forma un tanto mística, habían logrado emocionarla.
—Me gustaría vivirlo algún día...
Y Pan terminó por ceder por completo ante la risa, desmoronándose sobre su silla.
—Sólo en un saiyan encontrarás lo que buscas, princesita. Ningún ser del universo es como nosotros, porque nosotros vemos en el otro lo que realmente importa: el instinto, la piel y el poder... La fortaleza del otro, todo lo que ese otro personifica y demuestra ser. Ningún ser vacío de significado, los saiyans somos gente que con carácter y actitud nos comemos al universo.
—Mamá tenía fortaleza... —susurró dulcemente, en un tono que no quiso hacer sonar así, pero que le fue imposible no imprimirle a sus palabras.
Vegeta se impresionó.
—¿Y tú qué sabes sobre eso?
Bra se mostró soberbia ante la mirada inquisitiva de su padre.
—Digamos que alguien me habló del tema... —y le guiñó un ojo a su hermano, diciéndole a éste a través de ese gesto que no había sido otra que Pan.
Trunks sonrió, agradeciendo a su mujer el favor que le había hecho.
Vegeta no alejó la incertidumbre de su mirada.
—Un saiyan se une al otro porque el otro despierta en uno el instinto, eso primitivo que logra atraerte de forma casi mágica... En la Tierra, me gusta llamarle "amor" a eso.
Vegeta hizo una mueca de disgusto.
—Estupideces terrícolas, le dije a Bulma una y mil veces que sus tonterías no tenían sentido para mí.
—Pero sí tenía sentido la unión, la elección... —siguió su hija, poniéndose de pie y acercándose a su padre, a quien tomó de la mano—. Tú elegiste a mamá porque en ella viste una digna rival, una mujer con carácter y fortaleza... Eso te hizo amarla... Por más que no me lo digas, esa será la idea con la que me quedaré, padre.
Y la sonrisa fue tan encantadora que Vegeta se mostró vacilante por primera vez.
"Alguien se lo explicó y de una forma magistral...".
¿Pero quién?
—Chiquillo, ¿fuiste tú quien habló con tu hermana? —preguntó seriamente, casi irritado.
Trunks encogió sus hombros.
—No... Después hablaremos de eso, papá... —los nervios se apoderaron de él y supo que ya no tardaría en ser descubierto, su cuello estaba a punto de delatarlo.
Y fue allí cuando Vegeta notó la venda asomándose por debajo de la ropa de Trunks, justo en su cuello... Justo allí.
Se lo quedó mirando largos minutos y el silencio los domó a los tres.
Trunks perdió el aire, pues su padre parecía enfadado y bien sabía él que Vegeta no era tonto... ¡Claro que sabía a quién se había unido! Lo sabía porque la venda lo delataba y porque el aroma lo hacía.
Y Vegeta soltó a Bra y volvió a darles la espalda.
—Si ella fue quien lo explicó con tanta propiedad, entonces no elegiste tan mal, sabandija...
Trunks abrió los ojos enormes.
—Papá... —susurró envuelto en los sentimientos más encontrados.
—Pero eso lo dejaremos para después —sentenció con autoridad, casi dejando entrever algo que se aproximaba, que era necesario...—. Ahora seguiré, ya me estoy aburriendo de hablar tanto, deseo terminar.
Ambos hijos quedaron mudos y Bra, además, un poco contrariada. Ahora lo entendía, su padre era realmente frío... Pero algo de él le agradaba, tenía que admitirlo por más que le costase hacerlo.
"Pero ya veremos qué tan bien o mal me cae a partir de este momento...".
El momento vital del relato se acercaba.
Desarmó el rifle y desparramó sus restos por todo su escritorio, por todo su laboratorio... ¡Ya no lo necesitaba! Ese rifle que había construido para mantenerse a salvo de un Vegeta que por más "simpático" que le cayera no dejaba de ser peligroso ya no era necesario...
No luego de las estúpidas lágrimas de debilidad con las cuales se había rebajado, a través de las cuales se había sincerado profundamente con él...
"Ya no volverá", y esa certeza la hizo llorar.
Bulma lloró por horas, envuelta en un halo de incomprensión, impotencia y odio a sí misma... ¡¿Cómo se había permitido actuar de esa forma? ¡¿Por qué se tomaba todo tan a la ligera?
"¿Por qué siento esto por él..?".
Lloró tanto que el tiempo dejó de ser relevante y, cuando se quiso dar cuenta, ya era de noche.
Miró el reloj de su celular y vio que eran las dos de la mañana, sabiendo así que esa noche no sería capaz de dormir. El insomnio desde hacía días que la había hecho suya, casi con tanta autoridad como él, ese al que ya no podía nombrar...
Al que quería nombrar...
"Vegeta...".
Y el llanto reanudó.
Vegeta la observó en silencio por largos minutos, impresionado por la enorme distracción que esa mujer demostraba en ese instante: ¡ni siquiera había notado su presencia! Estaba allí, observándola, desde hacía horas enteras...
—Estúpida —musitó, logrando que ella gritara por la impresión que esa voz le generó—. ¿De qué te sirve llorar? Esa no eres tú —Se acercó a una Bulma que se había quedado inmóvil y susurró en su oído, respiró en éste con la única intención de erizarle la piel—. Tú no eres sensible, eres una mujer perversa, salvaje y de pésimo carácter...
Y cumplió su misión: la piel de Bulma no sólo se erizó, sino que además se volvió blanca como un papel, como una nube...
—Vegeta... —fue lo único que pudo decir ella, presa de una presión que se imponía y que no podía controlar y de una sed que no podía describir con propiedad.
El Príncipe puso sus manos en sus hombros y eso quitó la respiración de la terrícola. La levantó con suma facilidad y la sentó sobre su escritorio, abriendo bruscamente sus piernas.
Se miraron y todo estuvo dicho: no se podían evitar, no podían detener la excitación y sus instintos no iban a permitir que sus razonamientos impidieran lo inevitable, eso que TENÍA que pasar...
Y se besaron, uniendo sus cuerpos luego de quitarse la ropa de forma desprolija y salvaje. Justamente fue salvajismo lo que condimentó al acto, el cual se mostraba más desesperado de lo que Bulma podía recordar.
Perfecta... Así la sentía Vegeta. Bulma tironeaba de su cabello de forma irrespetuosa. Rasgaba su piel con sus uñas largas y picudas, lo lastimaba...
Gritaron a la vez que sus cuerpos se buscaban más, se apretaban más. Querían romperse pero sólo uno sabía por qué ese sentimiento se materializaba en su interior.
Ese punto del ritual, el de la locura de no saber lo que se estaba haciendo, de perder el control y tratar con violencia a la otra persona, a la persona perfecta... ¡Había llegado a ese momento!
No quería a otra, ninguna era más perfecta que Bulma.
Débil, sí... Tan débil que gritaba por sus apretones, por cambiarla de posición con tanta autoridad... Débil pero fuerte, decorada por una fortaleza inquebrantable, esa que la hacía especial.
No supo bien por qué pero a la vez sí: ella no le tenía miedo, ella no lo respetaba y ella no dudaba en provocarlo...
Atrevida, sensual y diabólica...
Todo ella, todo el cuerpo decorado por ese aroma exótico que era capaz de drogarlo. Todo era perfección y pecado...
Bulma sería el pecado que llevaría en la sangre, el que jamás podría sacarse de adentro... ¡Tenía que ser ella y no otra! Ella iba a ser su pecado, ella iba a ser su firma para entrar al infierno...
El aroma, el rincón del cuerpo que palpitaba contra él, rodeándolo posesivamente... ¡La sangre!
Y ya no pudo tolerarlo, simplemente decidió ser el pecado de su sangre, hacerla el pecado de la suya...
Ser el pecado en la sangre del otro... Contra todo y todos, sólo comprendiéndose el uno al otro.
—Vegeta... —la escuchó sollozar sobre la mesa, esa en la cual la había apoyado de frente, elevando hacia afuera las caderas que tomaba con tanta autoridad. Tironeó de su cabello con todas sus fuerzas, arrancando varios en el transcurso, yendo hacia su cuello y mordiéndolo con todo su poder.
Bulma gritó y juró que eso era un sueño, que era imposible que alguien le estuviera haciendo algo así... Era como los vampiros de la televisión, esos que tan de moda estaban entre las jovencitas... ¡Mas esto era diferente! Significaba algo más que sobrevivir, era más profundo que alimentarse...
Él la volteó y volvió a subirla a la mesa, sentándola al borde y tomándola de la cintura. Su boca volvió a internarse en el cuello, volviendo a succionar esa sangre que para el Príncipe había sido el néctar prohibido por el cual lo encarcelarían de por vida, el pecado de su sangre, el más hermoso, prohibido y apasionado pecado.
Se miraron una vez más, cada vez más envueltos en el placer que el baile de sus cuerpos les daba y en la sangre que decoraba el cuello de ella y la boca de él. Al mirarlo, Bulma lloró, pues en sus ojos vio vida, fuego, pasión...
Vio amor... ¿Estaría alucinando? No lo sabía y no le importaba, únicamente quería disfrutarlo al máximo, hasta explotar en clímax y humedad... Hasta morir de placer.
Lloró y Vegeta volvió a morderla cuando lo hizo, pero sólo por breves instantes. Después volvió a sus ojos, a sus labios, los cuales manchó de rojo y llenó con su propio sabor.
Y él, inesperadamente, le entregó su cuello en bandeja, no sin antes rasgarlo con sus uñas, abriéndolo para ella.
—Muérdeme —pidió justo al borde del esperado orgasmo—. Hazlo, mujer...
Y ella, no supo por qué, sonrió. Siempre que cedía ante sus deseos recibía grandes recompensas y algo en los ojos negros de Vegeta le sacaba el miedo de adentro y expulsaba su fortaleza hacia afuera.
Mordió el cuello y succionó la sangre, como él se lo pidió y como ella quiso hacerlo.
El placer explotó por todas partes y esa noche ninguno de los dos durmió; todo fue calor, sangre y fuego. Fortaleza, instinto y sentimientos primitivos, reprimidos...
Ese hombre era su perdición y, en los ojos negros, había visto su propio reflejo, su propio amor dibujado magistralmente en las pupilas del saiyan.
Amor y pasión teñidos maravillosamente de rojo, el color que jamás olvidaría.
El color del pecado que jamás podría borrar de su piel...
Sintió a sus hijos llorar ante sus breves palabras.
En medio de sus recuerdos, lo único que Vegeta les había dicho fue que unirse a una mujer de otra raza era un pecado pero que a él poco le importaban las estúpidas creencias de su raza, esas que en ese mismo momento estaban llevando a los saiyans a la extinción indetenible.
Eso había bastado para hacerlos llorar, para emocionarlos más de lo debido.
—La amabas, papá... —susurró Bra con una felicidad que no recordaba haber sentido alguna vez—. No fuimos acto de una venganza ni de un odio absurdo, tampoco de un error... Fuimos acto de un amor...
Muy cursi, Bra tenía un lado idéntico a ese detestable que tenía Bulma.
—Ya te dije que aquí no nos expresamos así... —afirmó—. Piensa lo que quieras, no me interesa.
¡Pero sí que le interesaba! Por algo les estaba hablando...
"Porque se lo debo a Bulma".
Sólo por ella lo hacía, por nadie más que ella...
Los hermanos se miraron y se sonrieron. Era raro escuchar a un padre hablando de cosas tan íntimas, de esa parte que los padres no les contaban a sus hijos... Pero Bra entendió que los saiyans no tenían pudor, que eran frontales y honestos, transparentes...
"Y eso los hace distintos a nosotros, los terrícolas...", pensó. "Nosotros somos demasiado reservados, estamos demasiado reprimidos...".
Empezó a preguntarse si no era mejor la manera de ser de un saiyan, conclusión que no tardó en descubrir.
"Es un poco de cada uno... Ambas razas somos exceso de aspectos negativos... Si fuéramos más sinceros todos seríamos más felices".
Y sonrió al pensar en ello.
Todo fue emoción de parte de los hermanos, quienes volvieron a tomarse de la mano y a mirarse...
No importaba lo demás… Ahora sabían que, aunque hubiera sido a su manera, su padre había amado a su madre... Brief no había mentido al contar la historia y eso significaba alegría para ellos dos.
Su madre había muerto, sí... Pero seguramente enamorada, seguramente lejana a los arrepentimientos...
Y eso los dejaba tranquilos por algún motivo.
Vegeta, por su parte, no pudo evitar recordar la parte final de esa escena.
—¿Por qué hiciste eso, lo de la mordida? —preguntó ella envuelta en la capa de Vegeta, lo único que encontró para tapar su desnudez en aquel frío laboratorio, escenario de tanto calor—. Fue muy extraño...
Vegeta rió brevemente y se mantuvo con la mirada lejana, fija en la luna que se observaba en el cielo a través de la ventana. El cuarto creciente parecía simbolizarlos: la mitad saiyan que se había unido a una mitad oscura, oculta... La luz y la sombra, el hombre y la mujer, el saiyan y la terrícola...
Partes de lo mismo: de un solo ser.
—Porque así nos unimos los saiyan, mujer —respondió secamente, aún observando la luna, sin perderle detalle.
—¿Unirse? —inquirió curiosa, con una sonrisa que era incapaz de abandonar.
—Nos unimos para darnos fortaleza, para crear más poder del que tenemos por separado.
Y eso entristeció a Bulma.
—Pues yo soy muy débil, Vegeta...
Se acurrucó contra los músculos y en ellos encontró un alivio maravilloso, celestial.
—Eso es lo que tú crees —y volvió a tomarla allí, sobre el suelo en el cual estaban recostados...
Frente a la luna de la ventana, al cuarto creciente que le decía que poco y nada importaba su raza, su planeta, su padre y el inepto de Broly.
Sólo la pasión importaba... En brazos de esa mujer perfecta aunque terrícola.
¿Y qué importaba si ella era débil?, se dijo. ¿Por qué importaba? Ella sí era fuerte... No en sus puños, si en su carácter.
En esencia, Bulma estaba a su nivel de poder.
Y en esos momentos de intimidad, en la cama y en las peleas llenas de provocaciones infantiles y no tanto, Bulma siempre estaba a su nivel.
Porque eran la luz y la sombra, el hombre y la mujer...
La misma calaña, cortados por la misma tijera...
Orgullosos, malhumorados y, por sobre todas las cosas, fuertes.
Los más fuertes...
Nota final del capítulo XXX
Antes que nada, un muy feliz cumple a Alexeigirl n.n, este capi es para vos (aunque Pan aparece poquito, pero bueno..., ya volveremos al TxP XD).
Siempre que escucho Yousei Teikoku (una banda de rock gótico que escucho hace unos meses) pienso que es una banda perfecta para el fic. Encima las letras, cuando las leo, les juro que hablan de Trunks (?)... Va demasiado bien con esta historia, se las recomiendo para escuchar después de un capi (?), especialmente el tema "Baptize", mi favorito en este preciso instante.
(Yo y mi maldita tendencia de imaginar openings XD... supongo que no debo ser la única autora de fics que lo hace, eso espero o.o).
Sobre el capi: mientras escribía una parte recordé a Irene, mi mejor amiga. Irene ama a los hombres llenos de cicatrices, no sé por qué (?). Por supuesto que gustos son gustos, pero lo de ella ya es fascinación XD... Con mi novio, incluso, llegamos a querer presentarle a un chico al que queríamos lastimar (?).
No, mentira (?).
Justamente, ella ama a Vegeta... Yo también lo amo, pero le tengo, además, muchísimo respeto. Creo que junto a Gokuh, Mirai Trunks, Bulma, Bardock y Piccolo es el mejor personaje de la serie, sin lugar a dudas. También es cierto que es dificilísimo de usar, por eso se me atrasan un poco los capis... Vegeta me hace reflexionar demasiado.
Por eso espero que les guste, no soy fanática de Vegeta x Bulma en fics, lo leo muy poco y no creo que vuelva a escribir sobre ellos, mas como autora quería ponerme este reto, además de darle un condimento necesario a la historia. Espero no me esté saliendo tan mal, realmente le estoy poniendo todo mi corazón a esto.
Preferí, no por falta de imaginación ni por querer simplificar la historia, hacer de la "piel" el tema central de su atracción... Soy una ferviente creyente de que eso tuvo mucho que ver, porque estoy segurísima de que Trunks fue un accidente (el más hermoso de toda la historia n.n), tal vez contemplado a futuro por una Bulma que nunca dejó de ser una adolescente soñadora, pero jamás pretendido por un Vegeta que sólo pensaba en ser más fuerte que Gokuh. Eso pienso, son teorías que es lindo compartir en fics.
Igualmente, sé que se aman... Recontra a su manera (?), pero lo hacen. Se complementan, ¡si son dos soberbios y malvados seres! XD, eso los hace geniales y eso les da miles de fans alrededor del planeta...
Están locos y por eso los amamos n.n
Su forma de amarse es compleja y, de alguna manera, me veo un poco reflejada en ellos... Mi novio y yo somos medio Bulma y Vegeta (?), creo que todas las relaciones que funcionan con el tiempo son medio como ellos... Es lo normal, siempre hay que discutir, siempre tiene que haber piel, siempre tiene que haber momentos especiales, pinceladas de amor imperceptibles para los ojos ajenos, pero no para el seno de un amor de dos personas. Mi novio es muy Vegeta y me saca la Bulma de adentro (?), por eso escribir esto me recuerda a nosotros... Marki, te amo (?).
Bueno, basta de nota final XD
Cualquier duda me escriben, sip? En el capi que viene estará la conclusión de estos flashbacks y nos encaminaremos por completo al final del fic...
¡Nos leemos! Gracias por los comentarios y por leer... No saben lo feliz que me hacen n.n
¡Hasta pronto!
Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.
