PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXXI

"Odio y pasión, parte III"

El silencio volvió a apoderarse del ambiente, haciéndose uno con los pensamientos. Vegeta no podía dejar de pensar, su cabeza iba a mil por hora y poco y nada podía hacer por detenerla.

No podía detener a la esencia de Bulma, esa que corría por sus venas por culpa y bendición del ritual de unión saiyan.

—Eso sucedió más o menos un año después de conocernos —habló repentinamente, casi por inercia, casi sin sentir ni saber que lo había hecho—. Luego de casi dos años, donde todo siguió de la misma forma, mi padre empezó a mostrarse inquieto por mis escapadas prolongadas... —y allí detuvo su breve relato, hundiéndose una vez más en sus reflexiones.

Sus hijos seguían escuchándolo y, ante la mención del anterior Rey Vegeta, ambos percibieron el torrente de furia que empezó a correr por sus venas...

Ese, el que según Brief la había matado... El canalla, el traidor.

—Lo que sigue no es feliz, me imagino —afirmó Bra luego de un largo suspiro—. Sigue, papá.

Tanto Trunks como ella lo miraron con emoción, la cual se entremezclaba con la impaciencia, el frío y el dolor que sentían...

Y Vegeta cerró sus ojos una vez más, dejando que Bulma tomara la palabra místicamente y le permitiera así expresarse con propiedad.

—En efecto, niña —dijo—. En efecto...

Y los recuerdos bailaron con él una vez más.

Otro mes más con ella... Vegeta iba y venía de la Tierra, casi sin rumbo, aparentemente perdido, pero no... Él no estaba perdido, tenía muy en claro dónde estaba y qué estaba haciendo. El problema era que eso que estaba sucediéndole a su vida podría representar demasiadas cosas como para no darle importancia...

Fue una conversación con Bulma, sumidos en el cansancio y la satisfacción de la pasión y los latidos, donde había decidido volver a irse.

En su oscura nave y a punto de llegar a Vegetasei, el Príncipe rememoró.

Vegeta... Si alguna vez tenemos hijos, ¿cuidarás de ellos? —había preguntado repentinamente Bulma, mientras sus manos acariciaban los fuertes brazos del guerrero.

El saiyan quedó paralizado ante esa pregunta.

Jamás tendremos hijos, mujer... —respondió entonces, con toda la frialdad posible e intentando no darle importancia al asunto.

Bulma, sin resignarse, tocó con más efusividad y volvió a hablar:

No, en serio... —la mujer acarició su rostro como sólo ella sabía hacerlo—. Imagínate que a mí me sucediera algo... ¿Cuidarás de ellos?

Y eso sí que fue capaz de desquiciarlo...

¡No sé para qué preguntas algo tan estúpido! —La tomó de la cintura, recostándose sobre ella con total posesión—. A ti jamás te pasará nada.

Bulma no ocultó la excitación que se dibujó en sus ojos, los cuales se fijaron completamente en los de su hombre, quien devolvió el mismo tinte a través de sus pupilas.

¿Y cómo lo sabes? —ella empezó a besar su cuello y toda cordura terminó yéndose para él.

Yo no lo permitiré —sentenció, entregándose al placer, el cual ella no le permitió sentir pues siguió hablando entre besos y caricias, entre la electricidad que se producía entre las pieles y los corazones.

¡Si es un muchacho le pondré Trunks!... —dijo repentinamente, soltándose del guerrero y tomando asiento sobre el colchón, cuyas sábanas protectoras se mostraron más desordenadas que nunca debido a los actos pasionales de esos seres unidos—. ¡Y si es una niña se llamará Bra! —Ella volteó hacia él y le sonrió con sinceridad y algo parecido a la ilusión—. Ojalá que si es niño no herede tu mirada, Vegeta... —rió brevemente y con jovialidad—. ¿Te imaginas? Un niño con mi color de ojos y tu mirada tan malhumorada... ¡Sin duda él será muy apuesto, pero a la vez dará miedo! —y la risa volvió a sonar.

Vegeta evitó los ojos y eso irritó a su mujer.

No digas tonterías... —espetó—. No podemos tener hijos, ¡en mi raza, las mujeres mueren al dar a luz! Mis hijos serán fuertes y tu cuerpo no lo soportará.

Y lo que encontró de parte de ella en respuesta no fue una sarta de insultos desprolijos sino todo lo contrario. Ella dibujó una sonrisa en su rostro, la cual no se mostró dulce sino más bien soberbia, confiada... Completamente segura, desprovista de grises.

Serán humanos también, Vegeta —afirmó—. Serán fuertes pero no tendrán las características de niños que sólo tienen tu sangre... ¡Eso, tal vez, me salve!

Se produjo un silencio y ambos se miraron por interminables minutos, todo hasta que Vegeta tomó la palabra, visiblemente exasperado.

¡¿Y a qué viene tanta pregunta absurda, mujer? —Inquirió de mala manera—. ¿Acaso esperas un hijo?

Y ella se entristeció repentinamente.

Pues... —dudó unos momentos—. No, no estoy embarazada —carraspeó y buscó sábanas para taparse, pues el frío empezaba a erizarle la piel—. Tuve un atraso hace unas semanas y no había querido decírtelo... ¡Estaba tan ilusionada! Pequeños Vegetas correteando por la casa... ¿No es una linda imagen? —aseguró completamente convencida—. Finalmente llegó mi periodo y con éste mi sueño se fue al tacho de basura... —bajó la mirada y se abrazó a sí misma—. Es una lástima...

Lo siguiente que hizo Vegeta fue tomar su ropa y marcharse, escuchando el llanto de Bulma justo antes de pasar por la puerta.

Al visualizar a Vegetasei, ya alejado de esa escena, recordó algo y esto provocó que tocara todos los botones del pequeño centro de mando que decoraba la parte delantera del interior de su nave, cambiando así el rumbo de su viaje.

Horas después, aterrizó en un planeta desolado por la guerra que alguna vez habían disputado los saiyans contra una raza extremadamente fuerte, batalla que había ocurrido hacía demasiados años como para seguir recordándola tan perfectamente.

Recorrió el planeta y las encontró: unas flores muy extrañas de color azul, las cuales, según se sabía en Vegetasei, podían causar estragos en la fertilidad de una mujer si se las mezclaba con agua hirviendo y se las daban de tomar.

Tomó varias flores con decisión y se la llevó rumbo a Vegetasei.

"No lo voy a permitir... Bulma no puede ser madre".

—Ella podía morir, su teoría no tenía por qué ser cierta —agregó luego del relato.

—Era cierta, somos el ejemplo de ello según nos dijo el abuelo —afirmó Bra con una sonrisa idéntica a la que su madre tenía en los recuerdos de su padre—. Porque, según él, quien mató a mamá fue...

—Basta —espetó—. No nos adelantemos...

Y continuó su historia.

—Para mi sorpresa y su alegría, fui a buscar esas flores demasiado tarde.

Después de un breve paso por Vegetasei, donde todo era burlas de Broly y poca atención de su padre y con el condimento extra de toda una población aburridísima de la paz reinante, Vegeta volvió a la Tierra con aquellas flores, las cuales conservó en agua para no echarlas a perder.

No tenía pensado quedarse dos semanas enteras, pero su padre se había mostrado por demás despectivo con él, con una mirada que el hijo no podía explicar del padre...

Un presentimiento, algo le dijo que se quedara, cosa que hizo con placer, todo para evitar problemas... No deseaba ser molestado y mucho menos por alguien como el Rey.

Finalmente aprovechó una reunión de su padre con los líderes de clase para marcharse, llegando a la Tierra luego de un extenso viaje.

Al llegar a la Corporación Cápsula, descubrió que los padres de Bulma no se encontraban y que ella estaba perdida en alguna parte con su energía intermitente, todo esto dicho a él por su Scouter. Descubrió la ventana de Bulma abierta y se metió por allí, ingresando al hogar y localizando a Bulma en su baño personal, ese que estaba dentro de su habitación.

Se acercó a la puerta y golpeó con severidad, mostrándose más autoritario que nunca.

¡Mujer! —le gritó—. He vuelto. Espero se te hayan ido de la cabeza esas ideas absurdas que tuviste la última vez...

Y del otro lado, para su sorpresa, todo fue llanto, uno tremendamente desquiciado, desgarrador...

¡¿Qué te sucede? —quiso saber, sin obtener respuesta alguna.

Y el llanto, y el dolor...

¡BULMA!

Del otro lado, la muchacha miraba fijamente hacia ese test, el cual explicaba con crueldad y amor la realidad.

Vegeta... —suspiró sin dejar de observar el resultado que el test le exhibía desde hacía minutos—. Me llamaste "Bulma"...

Eso la hizo sonreír, poniéndose de pie y clavando sus ojos en la puerta que la separaba de su hombre. Tocó la puerta con suavidad y las lágrimas no cesaron. La emoción estaba más latente que nunca en su corazón, todo por la certeza que el test le daba.

"Pequeños Vegeta correteando por la casa...".

Y rió entre lágrimas, conmovida por la tonta y cursi idea.

"Y pequeñas Bulma también...".

¡Eso no tiene importancia! —contestó Vegeta, del otro lado—. ¡Dime qué mierda te sucede! ¡HABLA!

Ella volvió a mirar el test y en éste encontró el valor que necesitaba para afrontar lo que seguía, sin saber realmente a dónde terminaría todo pero sabiendo en silencio que no importaría nada más que eso que acababa de averiguar, eso que empezaba a albergar en su vientre.

¿Qué importaba lo demás? Ella amaba a Vegeta y esto había despertado en su interior el imperioso deseo de que ese amor tuviera frutos… Frutos reales, lejos de algo ficticio.

¿Cuándo había sucedido? No lo sabía, lo único que entendía era que él había despertado en ella al instinto maternal que dormía en su interior, habiendo esperado toda una vida para encontrar al hombre ideal, a ese que Bulma pudiera amar con locura, tanta locura al punto de perder la cabeza por él.

Y ella la había perdido… Sin culpa, con amor…

Abrió la puerta y ellos se miraron largos minutos, ella llorando y sonriente y él tremendamente perdido, desorientado.

Explícate —exigió sin vehemencia—. Hazlo rápido.

Ella respiró profundo y tocó su vientre, finalmente decidida.

"Que sea lo que tenga que ser... Ni siquiera él logrará que yo tome otra decisión".

Pues ésta ya estaba tomada, lo estuvo incluso antes del test...

Vegeta... —susurró entre lágrimas—. ¡Estoy embarazada! —afirmó sin tapujos, al fin.

Vegeta se impresionó por demás, respirando con dificultad a partir de ese instante.

Pensó en su madre y en tantas mujeres que habían muerto al dar a luz, en tantas saiyans fuertes y hermosas que morían a diario por un parto demasiado complicado y doloroso.

Las mejores guerreras, las más poderosas y admirables, muertas por niños con un potencial inquebrantable.

Miró el cuerpo de Bulma por largos minutos, ignorando qué clase de cosas debía decir en tan tenso momento, sintiendo que lo único que podía hacer era voltear para esquivar los ojos azules de la mujer que lo volvía loco. Eso hizo, volteó y ella rió cuando él lo hizo.

Sácate ese hijo, mujer. No puedes tenerlo —le contestó fríamente y casi sin hacer caso al anuncio.

Y ella sonrió con más efusividad.

¿Ah sí? —musitó—. Pues está dentro de mí y yo he decidido tenerlo... ¡No me importa si tú no lo quieres! Si no lo quieres entonces no sé qué sigues haciendo aquí —Y le sonrió de forma más que provocativa—. Lo tendré quieras o no.

¡No puedes tener un saiyan!—gritó, mostrándose más exasperado que nunca—. Será malvado y destruirá tu mugroso planeta.

Eso era cierto, pues un saiyan maleducado podía destruir cualquier cosa y sin reproche alguno. Sin lugar a dudas, un saiyan criado como terrícola y carente de control sobre su poder destrozaría todo lo que estuviera a su paso, no dejando nada en pie, a nadie...

¡Pues no me importa! —Le contestó ella con una convicción capaz de derribar un enorme muro—. No será malvado, no dejaré que sea como tú... —y volvió a reír, de una forma totalmente burlona.

Eso lo hizo enfadar aún más... ¡¿Acaso esa mujer no pensaba? El embarazo parecía causar estragos en su inteligencia, por lo cual Vegeta se vio totalmente sobrepasado por la situación.

"Ella no entiende, no logra comprender...".

Siempre le había gustado esa especie de "ignorancia" de Bulma cuando de saiyans se trataba; sin embargo, esta ignorancia, ahora, le mostraba a Vegeta la peor cara de la moneda: la del peligro.

Bulma corría peligro y no era broma.

¿Cómo metérselo en la cabeza?

¡Bah! —gruñó—. Haz lo que quieras. Es tu problema, no el mío.

Frialdad recíproca, que rebotaba de él a ella y de ella a él... Bulma sintió una puntada en su pecho y todo fue desdicha, una que ella no podía disimular ni con su más grande sonrisa.

Ese comentario había sido... ¿cómo decirlo? Cruel, egoísta, desprovisto de sentir alguno...

Sin calor, sin pasión... Ese no era Vegeta, ese no era su Príncipe Malvado. Aquel hombre era un monstruo, el que ella más amaba y por quien ella quería ser madre.

¡Sí! Por él, por el amor que le tenía y que sentía era recíproco; mas lo único realmente recíproco era la frialdad que él le transmitía y a la cual ella respondía con mentiras gigantes y devastadoras.

No podía mirarlo más, él debía irse...

"Sino lloraré, cosa que no voy a permitirme frente a este monstruo".

Entonces vete; si no es tu problema no sé por qué sigues aquí...- Ella empezó a empujarlo, queriendo sacarlo de su casa mientras reía falsamente—. ¡Anda! Vete, si él no te importa entonces soy yo la que no quiere verte más... ¡Tú haz lo que quieras! Yo lo tendré, estés de acuerdo o no... ¡Y es mi decisión final! Vete, Vegeta...

La sonrisa se fue, y las lágrimas llegaron a aquel rostro femenino... Justo cuando la puerta se cerró y los separó.

¿Para siempre? Ella no lo sabía ni mucho menos lo deseaba, pero...

"Si es lo mejor para este niño, entonces así será".

Increíblemente, la puerta volvió a abrirse y Vegeta la miró inquisitivamente.

En mi planeta están prohibidos los híbridos —dijo para sorpresa de la mujer, quien no pudo evitar ver un haz de luz al final del difícil camino que ese embarazo y esa relación significaba—. Mi padre lo mataría... Mi padre y todos los saiyan, ¡ya ha pasado!

Entonces... —tragó saliva y suspiró, buscando fuerzas en el vientre que necesitó acariciar en aquel instante—. ¿Qué haremos cuando nazca nuestro hijo, Vegeta? —indagó casi sin desear saber la respuesta.

Ella no lo iba a soportar... ¡No se lo iban a sacar! No se lo iban a arrebatar, pues ella tenía demasiado amor por darle a ese pequeño ser.

Vegeta pareció pensativo por unos instantes.

"Nuestro hijo...".

El recuerdo del plan absurdo cuando la conoció lo embargó pero no dejó que éste lo distrajera de la conversación que mantenía con su mujer en ese instante.

"¿Será fuerte? ¿Será débil?", no pudo evitar preguntarse.

El hijo de ambos... Sonaba adorable, azucarado, por lo cual necesitó sacar ese pensamiento de su cabeza.

Finalmente y para fortuna de la poca paciencia de Bulma, Vegeta respondió:

Te quedarás aquí con él, ¡Yo no puedo llevarlos a Vegetasei! Ya te lo he dicho, mujer. No me hagas repetir la misma tontería una y otra vez.

¡Vegeta! —gritó ella con voz trémula, esforzándose al máximo por no vacilar frente a ese hombre que con autoridad le demostraba qué tan frío era—. ¿Crees que aquí en la Tierra es lo más común que una chica tan hermosa como yo tenga un hijo con un extraterrestre?... ¡Por supuesto que no! —hizo una pausa y apretó fuertemente sus ojos, todo con tal de no llorar... Hacía mucho que se había jurado no llorar frente a él, quien aseguraba que ella era realmente fuerte—. Le tienes miedo a tu padre, por eso no quieres llevarnos allí —y rió burlonamente, ocultando con esa risa el dolor punzante que no abandonaba su pecho.

"Sí... Debo admitirlo: ya no quiero separarme de él, no quiero que vivamos alejados el uno del otro...".

Apretó sus puños y sacudió su cabeza.

"Quiero estar siempre contigo, Vegeta...".

Y esa certeza se personificaba en ese hermoso vientre que aún no evolucionaba, pero que ya albergaba al fruto del amor desquiciado de esos seres.

Los opuestos que se amaban, los parecidos que se deseaban...

¡Mi padre no podría importarme menos! —contestó Vegeta— Pero si te llevo nos matarán, ¿acaso crees que realmente me importa una tontería tan grande como esa de "no podemos mezclar nuestra sangre con gente débil"? —Se burló de la autoritaria y característica voz de su padre—. Por más que yo sea el más fuerte todos me eliminarán, ¡y no tengo ganas de que eso suceda! No pienso morir de forma tan patética. Por eso, mujer, ¡tú y el mocoso se quedan aquí!

Vio el fastidio en la mirada de ella y eso lo hizo enfurecer más, además de incrementar el deseo que él sentía por quien tenía en frente...

Bulma se sentía rechazada, violada por ese hombre al que amaba miserablemente.

"Me rechaza y me humilla... ¿Siempre será así?".

¿Y qué le diré a todo el mundo cuando me vean con un niño con cola y súper fuerza? —Se acercó a él e hizo que, con su fuerte y masculina mano, tocara su pequeño vientre—. Vegeta, este niño que está por nacer está destinado a no tener un lugar en el mundo... ¿estoy equivocada? Aquí y allá, nadie lo va a entender...

Vegeta tembló al tocar el vientre, entendiendo que todo lo que decía Bulma era cierto y que su plan de "creación de seres súper-poderosos e híbridos" era el más absurdo que se le había ocurrido en su vida.

"Nadie lo va a entender".

Él jamás podría llevarse a Bulma a Vegetasei, pues una esclava embarazada o, lo que es mucho peor, una esclava con un bebé mitad saiyan, provocaría un escándalo sin precedentes que desencadenaría en el caos y la muerte.

Y no tenía ganas de eso... Claro que él jamás sería bondadoso al decírselo, no era su estilo.

Sácatelo —insistió.

Bulma retiró su mano del vientre y lo abofeteó.

Jamás.

Se miraron un eterno instante y él supo que tenía que marcharse.

"Obstinada... ¡Te morirás!".

Muérete con tu hijo, entonces... —y finalmente se marchó.

Bulma Se sentó en su cama y quedó en silencio largos e interminables minutos: él se había marchado y algo le decía que había sido para siempre.

Adiós, Vegeta... —se despidió sentidamente.

Acarició su vientre y abrazado a éste lloró por días, semanas y meses completos.

"Tú serás el amor de mi vida, hijito... Tú y nadie más".

Por él o ella iba a luchar... ¡Y no importaba nada más! Si Vegeta no lo quería, entonces a quien no quería era a ella...

"Entonces él no me merece...".

Y del otro lado de la puerta en aquella escena inmutable, Vegeta no lograba discernir sus sentimientos, esos que causaban algo desconocido en su interior.

Como una herida de batalla, como un guerrero invencible... Bulma acababa de derrotarlo.

¿Para siempre?

Para siempre...

—Me dije a mí mismo que no me interesaba, que ella podía morirse en paz si eso deseaba, pero que yo no me involucraría con ella —musitó con una impotencia que era inocultable, incluso para alguien de modos tan secos como él.

Los hermanos escucharon atentamente y Trunks no pudo gesticular sus sentimientos con su rostro, pues decir con un gesto todo lo que sentía era algo absolutamente imposible.

Bra, por su parte, estaba desbordada por sentimientos y pensamientos borrosos que no lograban crear una imagen clara; la fotografía estaba incompleta y era imposible volverla más clara, más comprensible...

Lo único que entendía era que su madre había sufrido durante el embarazo... Seguramente estaba feliz por ella y Trunks, de eso no le cabían dudas; mas también sabía que el que su padre no la hubiera acompañado durante los nueve meses habría significado un dolor intenso para ella.

—No te puedo perdonar, papá —afirmó con manos temblorosas y voz quebrada, aferrándose con fuerza desconocida a su hermano—. Dejaste sola a mamá...

Vegeta no pareció inmutarse para ellos, no lograban verlo porque él seguía de espaldas; pero Vegeta sí mutó, cerrando sus ojos al escuchar a su hija, agotado y sobrepasado.

—Esos meses de lejanía fueron necesarios —afirmó. Volteó y se fijó en los sentimientos entrecruzados en los dos pares de ojos azules, respirando profundamente para luego volver a darles la espalda—. Mi padre empezaba a sospechar por mis viajes y mantenerme como un fiel siervo a su lado tenía que alejar sus sospechas, cosa que no sucedió.

El aire fue invadido por odio ya que los tres bien sabían hacia dónde iba a la historia.

—¿Él ya te había descubierto? —preguntó un Trunks que casi no tenía voz dado el nudo que albergaba en su garganta.

—Sí —fue lo único que dijo Vegeta antes de volver a su relato.

Llegó a Vegetasei y, a entrar al Palacio, su padre lo interceptó antes de que pudiera llegar a su cuarto.

Tenemos que hablar —habló con voz severa.

Vegeta lo ignoró magistralmente.

No molestes, padre —musitó—. Estoy cansado.

Caminó hacia su cuarto una vez más y el brazo del Rey lo detuvo.

Hace mucho tiempo que no haces otra cosa más que irte de aquí —mencionó sin atisbo de vacilación—. ¡¿A dónde mierda vas? Exijo saberlo, mocoso.

Vegeta rió y se soltó de su padre, derrochando arrogancia.

Hasta que lo notaste... —exclamó con una voz que se sentía victoriosa—. Bueno, déjame contarte que estoy buscando planetas con tierras fértiles que podamos aprovechar —inventó sobre la marcha, actuando maravillosamente y sin denotar tambaleos—. La Clase Baja se queja mucho de que, a veces, la comida es muy escasa... Por eso, ya que no me das peleas de mi talle y como no soporto las quejas de esos seres desagradables, me dedico a rastrear buenas tierras —lo fulminó con la mirada y ésta fue capaz de hacer enmudecer al Rey—. ¿Algo más?

Pero su padre no mantuvo el rostro confundido por demasiado tiempo, mutándolo hacia la victoria y la arrogancia, hacia un calco del rostro de su hijo.

Muy bien, Vegeta —dijo—. Entonces te dejaré en paz. Sigue con lo tuyo.

Lo soltó y se alejaron uno del otro...

Vegeta rió para sus adentros, sintiendo lástima por la mente corrompida por el poder de su padre, un cerebro desfigurado que ya no lograba pensar como un saiyan y se dejaba engañar por tonterías como los meros objetos materiales que para nada más servían más que para presumirlos.

Lo que el Príncipe no sabía, sin embargo, era que el Rey tramaba algo, pues si había algo que le sobrara era información sobre su hijo.

"Los de Clase Media me han traído sus investigaciones... ¡Se va a la Tierra, en la Galaxia del Norte! Cuando vuelva a irse, lo seguiré y averiguaré qué mierda trama... ¡No me creo sus cuentos infantiles!".

Ambos entraron en sus respectivos cuartos con la victoria sobre sus cabezas, aunque sólo una era verdadera; la del Príncipe era totalmente ficticia.

Y, lo peor de todo, era que ni siquiera lo sospechaba...

—Mi padre me distrajo y me demostró que era un idiota... —agregó el ahora Rey—. El idiota fui yo por creer que quien me engendró tenía un ápice de estupidez en su cerebro, cosa imposible siendo él mi padre.

"Soberbio como mamá, como la mamá que mis abuelos siempre me describieron", pensó una Bra aún superada, aún sedienta por saber más y más.

—¿Y qué pasó luego? —preguntó la muchacha.

Vegeta sonrió, casi hasta fascinado por lo curiosa que era su hija; contrario a Trunks, quien hacía minutos enteros no articulaba sílaba alguna. Giró hacia él unos instantes y en el rostro demacrado por el sufrimiento percibió meditación: Trunks se veía sumamente pensativo, concentrado en algo más importante que lo que él les estaba diciendo a ellos.

"Siempre igual, siempre tan terrícola".

No le dio importancia al detalle y continuó.

—A veces, luego de largos entrenamientos con saibaimans que ya no alcanzaban en número para derrotarme y a los que era más que aburrido derrotar, yo me preguntaba dónde estaría Bulma, qué estaría haciendo. Me decía que ella era demasiado cabeza dura, por lo cual estaría llevando ese embarazo mortal con orgullo.

"Y de seguro fue así, eso hubiera sido algo digno de tan testaruda mujer".

Bulma, hijita... —su madre la tomó fuertemente de la mano justo antes de entrar al hospital—. Tu vientre está muy grande, ¿seguro que no estás de más tiempo? Dos meses y medio parece poco considerando el enorme aumento de peso que experimentas.

Bulma la fulminó con la mirada y esa fue la única respuesta que su madre obtuvo.

¡Claro que estaba más gorda! Estaba tremendamente deprimida y ya no podía más, hecho que provocaba ataques de ansiedad incrementados por el embarazo... ¡Llevar a ese bebé sola era demasiado difícil! Para colmo, sus padres parecían estar seguros de que Vegeta volvería, cosa que ella estaba segurísima de que no iba a ocurrir.

"Huyó como un cobarde, no volverá...".

Cerró los ojos un momento y se tragó la furia, acariciando su vientre para calmarse.

"Pero tú, bebé, serás el amor de mi vida... Te lo juro".

Esa era la promesa que se había hecho a sí misma y a ella le sería fiel hasta el día de su muerte.

Su padre también iba con ellas y fue el propio Brief quien conversó con un doctor amigo, diciéndole que todo lo que viera en la ecografía de su hija debía quedar guardado bajo el más grande secreto profesional.

Si usted ve algo fuera de lo normal le pido que no se alarme —le susurró justo antes de entrar—. Pagaré todo el dinero necesario con tal de que no lo divulgue.

El doctor asintió de buena fe y Bulma entró junto a sus padres al consultorio, donde el profesional a cargo tomó todas las atenciones para empezar con el estudio médico.

Una vez colocado el gel y con el transductor en mano, el médico empezó a recorrer el vientre de la mujer, examinando minuciosamente la pantalla.

Bulma miraba ésta con emoción... Sus padres tomaban sus manos y eso la relajaba; mas se moría por ver a su pequeño, al niño mitad saiyan mitad terrícola que crecía en su vientre...

El médico vio, entonces, dos cosas que lo impresionaron: la primera fue una especie de "cola" decorando la base de la espalda del feto en pleno desarrollo; la segunda fue que no había uno solo...

Gemelos —habló entre temblores, los cuales fueron provocados por esa imagen irreal de las colas—. Son dos, señorita Brief.

Sus padres se miraron y ella empezó a temblar, siendo interceptada por la "maldición" que Vegeta le había lanzado antes de marcharse.

"Según Vegeta uno sería capaz de matarme... Si son dos es imposible que sobreviva".

Lloró y pidió soledad por unos instantes, lo cual se le confirió no antes de que el médico le entregara una impresión de la imagen, donde Bulma pudo apreciar perfectamente a las dos pelotitas con cola que decoraban maravillosamente su vientre.

No lo voy a permitir... —murmuró sin dejar de sollozar—. No los voy a dejar solos...

¡Dos hijos! Aún más amor…

Los meses pasaron y Bulma los vio crecer con orgullo, averiguando durante su embarazo que eran un niño y una niña, cosa que la alegró tremendamente.

"Podré usar los únicos dos nombres que tenía pensados...", se dijo al ver los resultados de una nueva ecografía.

Sus padres, al salir, le preguntaron cómo los llamaría.

Trunks y Bra —afirmó sin miramientos—. Y serán los amores de mi vida...

Casi a los ocho meses, los niños decidieron adelantarse y los médicos fueron personalmente a la Corporación Cápsula, único lugar donde ella deseaba tenerlos: en su hogar. Esto con el fin de mantener a sus hijos híbridos lo más alejados posible de una sociedad que tal vez podría no comprenderlos y repudiarlos.

Llegado el momento del parto, el dolor fue extremo, indescriptible. Bulma lloró y gritó durante una eternidad, sin ser capaz de soportar tanto dolor... ¡Pero iba a soportarlo! Iba a ser fuerte, así como Vegeta afirmó que ella era... ¡Iba a ser la más fuerte! No lo necesitaba, sólo los quería a sus hijos, a Trunks y a Bra...

Rezó entre gritos y sudor, deseando con toda su alma que sus hijos fueran más humanos que saiyan, que pudieran controlar su fuerza y no la mataran...

Pero no lo soportó, Bulma se desvaneció por unos instantes, presa del dolor que el primero de sus dos hijos en venir al mundo le estaba provocando. El equipo de profesionales decidió realizar una cesárea a modo preventivo, pues el parto se estaba alargando demasiado y esto podría significar un riesgo mayor para los niños y su madre.

Sus padres jamás la soltaron y, luego de colocada la anestesia epidural y que ésta surtiera efecto, no pasó mucho tiempo antes de que el problemático primogénito apareciera.

Bulma lo escuchó llorar y eso la hizo llorar de igual forma… Logró verlo unos instantes antes de que se lo llevaran, entre sudor y lágrimas que volvían borroso todo lo que estaba a su alrededor.

Minutos después, el otro niño abandonó su vientre y todo terminó.

Exhausta, Bulma observó el techo e ignoró a todo y todos, concentrándose en lo que acababa de suceder.

"Estoy viva, Vegeta...".

Soy fuerte... —susurró casi sin fuerzas.

Sí. Así es, señorita —la médica le sonrió sinceramente y eso la hizo sonreír—. El primer niño fue realmente complicado... El proceso fue fuera de lo común y se complicó demasiado, siento el sufrimiento que ha sentido pero ha valido la pena.

¿Puedo verlos? —preguntó sin paciencia y con una violencia que no supo de dónde le salió.

Están en una incubadora —respondió la médica—. Pero no se preocupe, ellos están bien... Nacieron prematuros y es por eso que deberán estar allí unos días.

Está bien... —asintió la nueva madre.

Ahora descanse y cuando recupere energías podrá verlos... —y una enorme sonrisa decoró la boca de la doctora—. Felicidades.

Su padre había mandado a instalar, con anticipación, un pequeño sanatorio dentro de la enorme mansión en la que vivían, facilitándoles el trabajo a los médicos y dándole a Bulma todas las comodidades necesarias. ¡Tenían tanto dinero! Aprovecharlo en un caso tan especial ameritaba todos los gastos posibles.

Para su cuidado óptimo, era en el cuarto de al lado donde estaban los pequeños...

Ni bien pudo caminar y ayudada por sus padres, Bulma fue llevada a ese cuarto donde, con dificultad dada la operación que había recibido, se acercó lentamente a las dos pequeñas incubadoras. Todos abandonaron el cuarto, menos sus padres que se quedaron con ella por precaución y alegría. Y, cuando casi llegaba a verlos...

La luz la deslumbró.

Sus padres la abrazaron por detrás y todos fue sonrisas: dos hermosos niños, dos preciosos retoños...

"¡LO MÁS BELLO QUE HE VISTO EN MI VIDA!".

Bulma gritó y lloró con fuerza frente a ellos, superada por la felicidad que verlos allí y saberse viva le daba.

También se sintió terrible al verlos allí, con algunos cables conectados a ellos y en incubadoras en vez de en sus brazos, pero estaba segura de que la sangre de Vegeta les daría fortaleza de alguna forma incomprensible para la ciencia humana.

Le había dolido tanto sólo verlos de lejos… ¡Mas ahora estaban allí! Frente a ella, hermosos hasta el infinito…

Sus padres lloraron con ella por largos minutos, hasta que Brief pudo recobrar levemente la cordura que había perdido por completo al ver a sus nietos sanos y salvos.

Señaló la primera incubadora y tocó el hombro de su hija.

Ella es Bra —le dijo con felicidad—. Es la menor de ambos...

Bulma apoyó sus manos en el vidrio protector y metió su mano por el pequeño orificio lateral, tomando la manito de la pequeña.

Bra... —dijo con una voz que no se conocía, con un tono que estaba oculto dentro de su ser.

"Soy madre...".

Y esa verdad la hizo llorar una vez más.

¿Qué importaba el que Vegeta no estuviera? Los tenía a ellos y eso era lo único que realmente necesitaba.

Miró a Bra con detenimiento, imaginándose paseando con ella por la calle, recorriendo centros comerciales y destrozando las tarjetas de crédito en ellos. La imaginó con un vestido largo y hermoso, llena de joyas que no lograban brillar más que ella...

Rodeada de muñecas y color rosa, así la quería y así la iba a tener. ¡Y qué hermosa sería! Enamoraría a cualquier hombre que se le cruzara por delante, tendría más poder de encantamiento que la propia Bulma... ¡Era su versión mejorada! Por más que tuviera esa cola, Bra se veía humana, idéntica a ella, con pequeños mechoncitos lilas que le gritaban que ella era su hija, que era de ella y de nadie más.

Acarició la pielcita y su corazón dio un vuelco... ¿Cómo iba a despegarse de ella? ¿Cómo lo lograría?

Bulma, y él... —Brief la condujo hacia la otra incubadora, a donde Bulma fue no sin antes sentir un dolor inmenso causado por el alejamiento de su mano y la de su princesita.

Caminó unos pasos y allí estaba, frente a su otro pequeño milagro.

Él es Trunks, Bulma —contó su padre con un orgullo que le traspasaba la piel—. Fue el primero en nacer... Al parecer es muy fuerte.

Bulma lo observó por minutos enteros, embelesada con la imagen magnificente de ese pequeño y perfecto ser.

Es igual a Vegeta... —susurró con una alegría que la impresionó—. Y es...

Metió su mano dentro de la incubadora para sentirlo por primera vez y, al tocarlo, una electricidad viajó por todo su cuerpo, masificándose en su pecho, donde explotó.

Es hermoso... —y lloró como con Bra.

¡Su pequeño príncipe! El que iba a enamorar a todas las chicas, al que le iba a enseñar todo lo que sabía sobre tecnología... ¡Al que iba a mimar hasta el cansancio!

Lo imaginó vestido con ropa casual, enamorando con sólo caminar alrededor de las personas, encandilando y excitando a todas las mujeres y los hombres del universo...

Se vio a ella misma y a una Bra crecida ahuyentándole las novias que no llegaran a merecerlo, esas oportunistas que jamás le llegarían a los talones a tremenda criaturita, a tremendo hombre poseedor de belleza infinita...

¡Jamás lo dejaría solo! A él sí que lo malcriaría... Era el hombre de la familia y lo iba a malcriar hasta el cansancio. ¡Y claro que Bra iba a ayudarle! Porque ellos, se dijo, iban a amarse más que a nada en el mundo.

Pero no es tan igual a Vegeta... Hay algo distinto —agregó instantes después.

No sabía qué, pero algo había... ¡Parecía tan frágil! Se murió de ganas de mirar sus ojos, pues sintió que en éstos encontraría la respuesta a ese extraño presentimiento...

Son míos, bebés... —les dijo, mirándolos a ambos y sin abandonarlos ni por un instante—. Y yo los cuidaré con mi vida... Se los juro.

Ellos la harían feliz... Por ellos olvidaría incluso a Vegeta, el hombre que amaba y el cual le había dado las dos razones más importantes para existir.

—Pasaron alrededor de ocho meses y decidí volver —continuó con su relato un Vegeta que se mostró un poco cansado—. Ya había pasado demasiado tiempo alejado de la Tierra, esa había sido una de mis ausencias más prolongadas y ya no lo soportaba, sentía curiosidad.

"Sólo curiosidad, padre...", pensó Trunks para sí, devastado por la historia y el rumbo que ésta estaba tomando.

Su cabeza daba vueltas y eso le daba deseos de vomitar.

Bra lo notó pálido y le preguntó si estaba bien.

—No te preocupes —le contestó dulcemente—. Estaré bien siempre que tú estés aquí.

Y eso logró que Bra lo abrazara con fuerza, dándole paz a su hermano.

Después del momento cursi de sus hijos, Vegeta carraspeó y decidió continuar:

—Gran sorpresa me llevé cuando llegué...

Bulma estaba feliz: sus pequeños ya habían salido de la incubadora y se encontraban perfectos. Eran niños sanos, aunque ambos parecían tener cierto poder, especialmente Trunks.

"Curioso, pero al parecer fue él quien heredó el poder de Vegeta en su máxima expresión".

Los médicos se habían mostrado enormemente sorprendidos por la rápida evolución de los recién nacidos, quienes abandonaron la incubadora antes de tiempo para sorpresa de ellos y alegría de la flamante madre.

Volviendo a Trunks, intentó usar la lógica para entender su claro poder por encima del de su hermana pero ésta no sirvió. Se dijo que quizá por ser hombre o tal vez por haber sido gemelos... ¡Pero realmente parecía fuerte! Al alimentarlo, él demostraba demasiada fuerza para con su pecho, sacándole varios moretones por los cuales ella jamás pudo enojarse.

"A lo mejor deba mandarlo a estudiar artes marciales, todo con tal de que él pueda manejar su poder".

Sacudió su cabeza luego de dejarlo en la cuna para tomar a Bra, alejando esos pensamientos de su mente.

"Él no será como Vegeta, yo soy fuerte y por eso estoy aquí... ¡Para protegerlos!".

Para hacerlos personas de bien, personas trabajadoras, bondadosas y solidarias.

"Ni siquiera serán como yo... ¡Serán mejor que yo! Mucho mejores...".

Ellos no se enamorarían de alguien como Vegeta...

Una ráfaga de viento proveniente de la ventana interrumpió el amamantamiento a la pequeña Bra, a quien apoyó sobre su enorme cama con muchísimo cuidado y rodeándola de muchos almohadones, yendo hacia la ventana para cerrarla.

Al voltear, sin embargo, Bulma quedó petrificada.

Vegeta... —suspiró inevitablemente, sintiendo una lágrima deslizándose por su rostro.

Él la miró seriamente.

Mujer —exclamó—. ¿Acaso...?

Le impresionó verla sin vientre justo cuando notó a las dos personitas cercanas, perdiendo el aire al descubrir dos bebés.

¡¿Dos? —gritó de impresión e incredulidad.

Bulma se permitió reír.

Dos... Y una madre viva, no soy un fantasma... —lo provocó.

Vegeta, sin sorprenderla, ni siquiera los miró: lo único que hizo fue accionar su Scouter.

Fue hacia quien estaba en la cama, descubriendo que era una niña.

Es débil... —mencionó sin emociones—. Es de Clase Baja.

Bulma no entendía nada y él no pudo evitar decepcionarse, ¡sus hijos eran débiles! ¡Eran de la Realeza pero sumamente débiles!

Volteó hacia la cuna, donde otro bebé parecía dormir. Se acercó lentamente a él y, sin esperar algo de su hijo, quien descubrió era un niño, accionó su Scouter una vez más.

Y vaya sorpresa se llevó...

¡¿QUÉ? —los números se mostraban inestables en su Scouter, el cual perdió el control después de unos segundos, apagándose inmediatamente.

Bulma se horrorizó ante el rostro inconcebible del hombre al que amaba.

¡¿Qué sucede? —inquirió después de pararse frente a la cuna y protegerla con su cuerpo y sus brazos extendidos—. No te permitiré tocarlos, ¡¿me escuchaste?

Y Vegeta sonrió con efusividad.

Es el bebé más fuerte que vi en mi vida —dijo sin ocultar su orgullo, el cual fue inmenso.

El dato desquició a Bulma, quien se acercó a Vegeta y lo empujó inútilmente...

¡NO TE LO LLEVARÁS! —le gritó con voz desgarradora—. ¡No te lo voy a permitir!

Y lo demás fue borroso e inaudito: Vegeta la atrajo contra sí y la besó apasionadamente.

Eres fuerte, tan fuerte que soportaste el parto del guerrero más poderoso... Del saiyan más fuerte de la historia —y volvió a besarla.

—Nunca sabré el por qué de la enorme diferencia de poderes entre ustedes —comentó el Rey—. Trunks tuvo más potencial desde el principio, más potencial que el de cualquier bebé enteramente saiyan.

—Tu orgullo para conmigo me conmueve, padre... —aseguró su hijo con total ironía, cosa poco común en él.

Vegeta lo ignoró.

—Hace un par de años me puse a averiguar en los registros... —contó—. Busqué casos de embarazos múltiples en saiyans y encontré muy pocos. En éstos, nunca había equilibrio: siempre salía un Clase Baja y un Clase Alta, aunque ninguno de los últimos llegaba a tu nivel, chiquillo.

—Tan propio de nosotros... —Trunks volvió a hablar irrespetuosamente.

Vegeta se irritó por la impertinencia de su hijo, no ocultándolo cuando lo miró a los ojos.

—Explícate —exigió.

Trunks sonrió encantadoramente y se puso de pie, penetrando con su azul la mirada de su padre.

—Los saiyans no tenemos grises —dijo—. Tú mejor que nadie lo sabes y tendrás que darme la razón.

Vegeta rió igual que él.

—De acuerdo, te doy la razón —respondió—. A lo mejor es por eso, a lo mejor por otra cosa... Seguramente Brief estaría muy interesado en estudiar genética saiyan, me lo pidió cientos de veces.

—Todo es poder cuando de saiyans se trata —agregó Bra con el mismo tono descortés y soberbio que todos parecían dominar en esa situación—. No hay mucho que estudiar, papi.

Su padre rió brevemente y ella tocó su hombro, provocando sorpresa en el Rey además de desconcierto.

—Sigue, es hora de que llegues al hilo del asunto...

Tomó la mano de su hermano, invitándolo así a tomar asiento. Una vez hecho lo último, Vegeta volvió a darles la espalda.

—La parte más molesta del relato —musitó para sorpresa de sus hijos.

—A esa me refiero —indicó Bra—. No des más vueltas: llegó el momento.

Vegeta asintió y, luego de un enorme suspiro, empezó a hablar:

—Bulma les prestaba demasiada atención y eso me irritaba —aseguró sabiendo que, por lo menos en parte, mentía—. Pero fueron días divertidos, todo volvía a ser como antes justo cuando mi padre irrumpió en su vida...

"Para acabarla para siempre".

Y los recuerdos lo acecharon como dagas venenosas en su espalda y su alma...

Se besaron largos instantes luego del acto... ¡Todo se había acomodado! Vegeta no parecía prestar atención a sus hijos y eso hería a Bulma; mas él seguía teniendo ese tinte particular en sus ojos, el cual le decía que él la amaba en su retorcida y bizarra forma...

Eso le bastaba, se dijo a sí misma después de abandonar la boca del Príncipe para ir hacia las cunas que se encontraban justo al lado de la cama.

Se acercó a sus tesoritos lentamente y les sonrió con amor maternal, ese que ellos habían creado en su pecho.

Los acarició lentamente y tomó a Trunks en sus brazos, acercándolo a la cama y a Vegeta, quien se incorporó para observarlo con detenimiento, uno que no había tenido hasta el momento.

¿Has visto sus ojos, Vegeta? Trunks se ve tan dulce... Es demasiado dulce considerando a sus padres... —aseguró su mujer con ternura.

Vegeta lo observó por primera vez a los ojos y allí vio exactamente lo que Bulma había descrito.

No parece un saiyan —afirmó.

Bulma rió con suavidad.

Y eso que es igualito a ti...

Ella lo acarició prolongadamente, muriéndose de amor al ver los ojitos serenos y frágiles de ese niño que, cuando la tocaba, lo hacía con verdadera fuerza.

Su dualidad me asombra —agregó la madre—. Es tan terrícola y tan saiyan... En Bra no veo eso.

Bra... Vegeta no le había prestado ninguna atención hasta el momento y todo porque ella era débil. A Trunks sí lo había mirado un poco, pero a Bra ni eso.

"No es digna de mi sangre".

Bulma dejó a Trunks en la cuna y volvió a Vegeta, abrazándolo sin importarle qué tan tierno fuera ese gesto para él, simplemente disfrutándolo con todo su corazón...

"No puedo evitarlo, lo amo...".

Y por eso lo había aceptado a pesar de sus enormes falencias, de su frialdad y sus actos reprochables: él era el padre de esos niños y por eso y mucho más lo amaba.

"Mis hijos me harán la mujer más feliz, pero mi corazón no estaría completo si Vegeta no estuviera aquí".

Sobre Bra... —volvió a tomar la palabra—. Ella se parece mucho a mí, pero también a ti, Vegeta... Ella es igual a los dos, pero más a ti. La mirada lo dice todo.

¿Mirada? —se dejó impresionar por eso y se puso de pie con incomodidad.

"Me niego a creer que una simple beba pueda expresar tanto con sus ojos. Que mística resultó ser esta maldita mujer...".

Se alejó de Bulma justo cuando Trunks empezó a llorar, por lo cual su madre volvió a llevarlo con ella a la cama, donde se dedicó a amamantarlo. Mientras lo hacía, fijó su vista en la cuna de Bra y a través de los barrotes apreció hacia dónde se inclinaba la cabeza de la pequeña princesa, quien se encontraba más que despierta e, increíblemente, sin llorar.

Mírala, Vegeta... ¡Ella no deja de mirarte! —Aseguró Bulma mientras Trunks no dejaba de alimentarse de ella, cosa que le provocó un poco de dolor pero que toleró con todo el amor posible—. ¿Por qué no la cargas? Creo que quiere tocar a su papá —afirmó alegremente.

Vegeta observó a la pequeña pelotita que lo miraba desde la cuna que estaba próxima a él. Era la primera vez que prestaba real atención a sus ojos, los cuales estaban apenas abiertos... ¡Azules! Nada de saiyan había en esos ojos...

Ni siquiera se parecía a él, cosa que Trunks sí... ¡Pero ella era igual a Bulma! Idéntica, una copia en miniatura...

La niña siguió mirando atentamente hacia él, y Vegeta sintió un impulso recorrer su cuerpo, un algo que lo obligaba a ir hacia ella.

Se acercó con recelo, descruzándose de brazos y extendiendo uno hacia la beba.

Dile hola a Bra, papá —Bulma siguió animándolo con una voz tremendamente dulce, aniñada, lejana a la Bulma que él había conocido hasta ese momento.

Vegeta acercó un poco más su mano, sin saber si tocarla o no... Era débil, demasiado débil...

Y, de pronto...

¡Ah! —Exclamó Bulma—. ¡Mira! Tomó tu dedo... —y la madre de los pequeños no pudo evitar emocionarse—. Le gustas, Vegeta.

Impresionante, se dijo la mujer. Bra lo miraba fijamente y en ella se notaba mucha actitud, cosa que le pareció ilógica y que, de alguna manera, le daba la pauta de que esos niños habían terminado por enloquecerla con amor y cosas rosas... Mas ella lo miraba, lo tocaba y hasta casi lo desafiaba.

Ella era más fuerte, más parecida a ambos...

"Ella es el reflejo de nosotros".

El ahora Rey de los saiyans quedó perplejo... ¡Pero si sólo era una beba! Pero en su mirada tenía actitud... SU actitud.

Ella lo miraba desafiante, eso o él lo estaba imaginando... ¡Su mirada era la más saiyan que hubiera visto en su vida!

Y con sus manitos tomaba fuertemente su dedo índice, sin soltarse de éste ni por un segundo.

Y lo supo, no comprendió cómo, pero lo supo...

"Ella será como yo".

Su corazón pareció vibrar y alejó su dedo abruptamente, haciendo llorar a la niña y sumiéndose en pura confusión.

¡Ay, Vegeta! —Refunfuñó su mujer—. No seas así de brusco, solamente es una beba... ¡Una beba que ama a su papá!

Y eso no era bueno en absoluto...

La niña y él siguieron mirándose fijamente, justo cuando ella dejó de llorar.

Y no quedaban dudas: ella acababa de robarle el corazón.

Su sanguinario, frío y cruel corazón...

Y creo que a papá le gusta Bra —agregó la terrícola—. Como siempre pasa: la madre muere por su hijo y el padre por su hija... Creo que Trunks está destinado a ser mimado por mí... ¡Tú vas a mimar a Bra!

¡Deja de decir tonterías! —Exigió con histeria—. En mi planeta no se habla de estupideces como la que estás diciendo...

Bueno, bueno... —intentó calmarlo entre risas, las cuales la distraían del dolor que Trunks le provocaba—. Entonces, si no mimas a Bra, yo los mimaré a los dos, Vegeta...

—Bulma se había vuelto infantil y adorable, cosas que yo no toleraba... —siguió relatando Vegeta—. Pero no le di importancia y sólo me limité a trazar un plan, el cual tenía como misión proteger a esa mujer tan impertinente y a los dos hijos que traía consigo.

Si es necesario —dijo él luego de un nuevo acto, en medio de una conversación trivial con Bulma—, te marcharás de aquí con ellos, mujer. Y es mi última palabra.

Bulma se impresionó por sus palabras, soltándolo e incorporándose sobre la cama.

¿Y eso por qué? —indagó.

Vegeta también se incorporó.

Mi padre podría sospechar y enviar espías para saber a dónde me dirijo desde hace ya cuatro años... —afirmó—. Claro que sólo la última vez pareció mencionar el asunto, él siempre está demasiado distraído en sus estupideces de poder y riquezas como para prestarme atención.

Que superficial... —dijo ella casi riéndose—. Bueno... —y se detuvo a pensar unos momentos, cruzándose de brazos y girando su cabeza hacia las cunas que albergaban a sus dos amores—. Si es por ellos, entonces confío en ti... —y le sonrió con amor y honestidad.

"Todo con tal de que ellos estén felices y de que tú estés a mi lado...".

¡Qué bajo había caído! Tan bajo que ya no le interesaba.

"No puedo mantenerme con orgullo siendo él mi hombre... No puedo porque él me saca todo de adentro, lo mejor y lo peor".

Tú me has cambiado para siempre... —agregó instantes después.

Se miraron y él se dio cuenta de que a él le había pasado lo mismo.

"Me he vuelto débil, tal vez Broly tiene razón".

¡¿Pero a quién quería engañar? Un guerrero necesitaba paz para estar concentrado en sus batallas, paz que ella le daba sabiamente y con una sencillez que se incrementaba minuto a minuto.

Y, para su propia sorpresa, dijo algo que lo hizo sentir realmente distinto:

Mañana les sacaremos las colas —profirió—. Si las siguen llevando podrán encontrarlos con más facilidad.

Bulma sonrió enormemente ante los dichos de su hombre.

De acuerdo... —y lo besó, arrastrándolo hacia el colchón y hacia la pasión que tan bien conocía en sus brazos.

Unidos y con dos hijos que demostraban cuánto lo estaban... Claro que ella lo amaba y, en silencio, sabía que él también.

Después del salvaje acto, en el cual volvieron a amarse con ímpetu, se miraron y lo supieron: eran fuertes y tenían que seguir siéndolo.

Tenían que seguir unidos... Todo para asegurarles a esos dos pequeños toda la felicidad del mundo.

Los hare felices y siempre aguardaré por ti... —dijo ella, aceptando encantadoramente el destino que le deparaba al lado de un guerrero—. Mientras ellos y tú estén bien, no me interesa nada más...

Ni siquiera sus autos, su ropa, las cosas que más le gustaban... Ni la tecnología que tanto amaba le importaba más.

"Sólo ellos y sólo él...".

No será fácil, pero lucharé por esta familia.

"Familia", Vegeta necesitó reír ante la mención de esa palabra.

Un guerrero necesitaba paz para pelear en su máximo poder y, según siempre decían los ancianos de su clase, una familia que sirviera de soporte sin dudas se la daría a un saiyan...

Por eso había tantas familias en Vegetasei...

"Porque son la paz que el guerrero necesita para concentrarse en las batallas que tan feliz lo hacen".

La paz que le daba al saiyan el poder de la plenitud mental y emocional...

La plenitud que lo llevaba sin escalas al máximo nivel de poder.

Yo también lo haré.

—Le dije una frase poco común en mí y ella lloró toda la noche... —un ensombrecido Vegeta siguió su historia, casi raspando el final de ésta—. Esa fue la última noche de su vida.

Trunks y Bra se abrazaron instantáneamente al escuchar las últimas palabras de su padre, preparándose para la peor parte.

—Sólo dilo —pidió Trunks, enredado más que nunca en los sentimientos más encontrados—. No seas detallista, no hay mucho que detallar... Simplemente apúrate y llega a la parte que me interesa, padre.

¿Por qué me trajiste?

Porque eras de Clase Alta.

Era a ESA y no a otra parte a la que quería llegar Trunks.

Ya sabía que su abuelo paterno la había asesinado y no deseaba escuchar detalles absurdos de un hecho tan triste. Luego de la desafortunada historia, simplemente quería la verdad de labios de su padre, esa que él le había negado toda su maldita existencia.

Hiriéndolo más que nunca y sabiendo que así era, Vegeta sonrió con altivez.

—Imagino a lo que quieres llegar —le respondió con poco tacto—. Pero primero lo primero...

Y su rostro se ensombreció una vez más, abandonando su típica arrogancia, transformándose por un instante en el Vegeta de aquel fatídico día...

El día del adiós...

—Primero la parte que más odio recordar...

Llegó a Vegetasei después de una misión extensa compartida con Broly, Vaugun y Nappa, los únicos compañeros que toleraba últimamente. Todo por culpa de su hijo...

Y, cuando llegó al Palacio, unos soldados de Clase Media de confianza tocaron la puerta, la cual abrió con pocas ganas y mucho resentimiento.

¡¿Qué mierda quieren? —preguntó con el peor humor que tenía, siendo observado detenidamente por un Broly sonriente y ajeno a todo lo que él sentía y deseaba, quien en lo único que lograba pensar era en destruir, destruir y destruir...

No en las tierras que habían ido a negociar a la otra punta de la galaxia.

Alteza... —tomó la palabra un joven que, al juzgar por su tono y su rostro, parecía sumamente atemorizado—. El Príncipe Vegeta ha vuelto a irse...

Y eso desquició al Rey.

¡¿QUÉ?

Ha vuelto a la Tierra hace ya unas semanas... Ya lo corroboramos.

Y ni siquiera lo pensó, salió disparado hacia la Central Espacial con el peor presentimiento en su cerebro,

"Algo ocurre... ¡¿Qué mierda trama? ¡¿Acaso desea crear un nuevo reino y desobedecerme?".

Con los pensamientos entrecruzándose con salvajismo en su mente, tomó la primera nave que encontró y partió sin que nadie pudiera detenerlo, seguido por un Broly que no conseguía dejar de reírse...

"Viene una batalla de esas que suelen gustarme mucho... ¡Por supuesto que no me lo voy a perder!".

Horas después y del otro lado del universo, Vegeta y Bulma, en el laboratorio de la última, se disponían a sacarles las colas a los niños, sin saber muy bien de qué forma hacerlo.

¡No puedes arrancárselas! —Ella detuvo a su hombre, quien parecía dispuesto a arrancar la cola de su hija—. Los vas a lastimar y son muy pequeños...

¡Bah! Tonterías —espetó el Príncipe—. Son saiyans, toleran el dolor.

Y Bulma se puso frente a sus hijos, cubriéndolos.

¡Son mis hijos también! Y yo no quiero verlos sufrir, ¡¿me oíste?

Se miraron con furia por largos minutos, terminando en besos apasionados que chocaron contra la pared de la habitación, esa que Vegeta acababa de escoger para volver a tomarla.

Arrugó su ropa entre sus manos y se sumergió en el hermoso escote de su mujer, acariciándolo con el rostro ardiente y escuchando con avidez la música que Bulma le ponía al ambiente con sus gemidos desgarradores.

Se besaron una vez más, poniéndole al beso la pasión más grande que tenían, casi con desesperación y con ahínco, cuando un estruendo interrumpió su acto pasional.

Una pared acababa de ser destruida y, por fortuna, ésta era contraria a donde estaban las cunas de sus hijos.

¡¿PADRE? —gritó Vegeta cuando el polvo se disipó y el llanto de los bebés dio inicio, observando la silueta diabólica del Rey.

Bulma, al verlo, quedó completamente petrificada, sin ser capaz de moverse pero haciéndolo cuando el llanto de sus hijos penetró sus oídos, corriendo desesperadamente hacia ellos y ocultándolos tras su cuerpo.

¡¿Una mujer? ¡DE OTRA RAZA! —gritó el Rey fuera de sus cabales, siendo uno con el odio y la pasión que sus ojos demostraban: pasión por su sangre y odio hacia lo que ésta no admitía...

¡NO TE METAS! —respondió Vegeta mientras dejaba escapar chispas de poder a su alrededor—. ¡NO TE ATREVAS A METERTE!

Desquiciado, su padre lanzó una risotada al aire.

¡CLARO QUE ME METO! —y, para desgracia de Vegeta y Bulma, el llanto de los niños llegó a sus oídos—. ¡¿BEBÉS?

Se acercó a ellos sin que su hijo pudiera detenerlo y apartó a Bulma de un manotazo, parándose frente a las cunas.

Accionó su Scouter y notó mucho poder en el niño y poco en la niña, desesperándose y perdiendo todo control de sus actos al ver las colas que decoraban la base de sus espaldas.

¡HÍBRIDOS! —y levantó sus manos en el aire, dispuesto a arrojarles un rayo de energía, cosa que Vegeta evitó tomando a su padre de la capa y lanzándolo por el agujero que había provocado en la pared con su llegada, dirigiéndolo al patio de la Corporación Cápsula en plena mañana.

Su padre se puso de pie rápidamente, fulminando a su hijo con sus ojos.

¡TRAIDOR! —espetó—. ¡MI PROPIO HIJO! —y volvió hacia él, atacándolo con sus puños—. ¡UNA MUJER TERRÍCOLA Y DOS ASQUEROSAS ABERRACIONES! ¡VEGETA, VAS A PAGAR!

Pelearon unos instantes y su padre logró inmovilizarlo por la espalda con rapidez.

¡DÉBIL! Estás débil, Vegeta... Cegado por toda esta mierda en la que te has cernido... ¡No puedo permitir que sigas con tus acciones tan reprochables! —puso más presión en el agarre y Vegeta apretó sus dientes con furia e impotencia—. ¡NO PUEDO PERMITIR QUE MANCHES MI SANGRE Y MI PUEBLO! El pueblo por el que tanto he luchado, la raza por la cual he trabajado arduamente… —y lo soltó, volando a toda velocidad hacia las cunas—. ¡ELLOS DEBEN MORIR! ¡NADA NI NADIE AVERGONZARÁ A LA REALEZA! No te lo permitiré…

Vegeta lo vio dirigirse hacia ellos y voló con su máximo poder para alcanzarlo, sólo para ver cómo Bulma se le oponía, no abandonando las cunas sino todo lo contrario.

¡BULMA! —Gritó el Príncipe con total desesperación—. ¡No te hagas la valiente! ¡TE VA A MATAR!

¡NO ME IMPORTA! —Gritó ella entre odio y lágrimas—. ¡LO ÚNICO QUE QUIERO ES QUE ELLOS VIVAN! ¡NADA MÁS!

El padre de Vegeta rió con todas sus fuerzas ante tan vergonzosa imagen. Su hijo lo alcanzó instantes después, tomándolo por detrás, aferrándose con fuerza a su cuello e inmovilizándolo a la mitad.

¿Tanto deseas morir? —le preguntó con crueldad a Bulma—. Bueno, entonces te lo concederé...

Y levantó su mano libre, esa que Vegeta no había logrado inmovilizar. El dedo índice apuntó a Bulma y, en ese preciso instante, Vegeta lo soltó y fue hacia ella en vez de forcejear, sin lograr llegar a tiempo por un maldito segundo...

¡MUERE! —y todo fue sangre a partir de ese momento.

Vegeta reconoció ese ataque: era el Death Beam de Freezer, capaz de matar a una persona con un sólo rayo certero dirigido al corazón o la cabeza... Y a donde su padre lo dirigió no fue a otro lugar más que al pecho de su mujer, quien se vio perforada y sin que la sangre pudiera detenerse. Ésta, con crueldad y desafortunadamente, manchó completamente a sus propios hijos, quienes lloraban ante el peligro que se encarnaba en el aire, en los corazones...

Bulma cayó al suelo justo cuando Vegeta logró llegar a ella.

¡Mujer! —Gritó al sostenerla en sus brazos, con los ojos descolocados y la boca descontrolada, con temblores domando a su cuerpo y a su espíritu—. ¡Bulma!

Vegeta... —susurró ella, tomándolo de la mano con las pocas fuerzas que tenía.

Tocó su pecho y, al mirar la mano que acababa de sentirlo, supo que era tarde: demasiada sangre.

¡Silencio! —Exclamó el Príncipe—. ¡No hables, te morirás!

Ella rió mientras de su boca escapaba aún más sangre.

Es tarde... —aseguró con lágrimas en sus ojos—. Ya está...

¡NO! —musitó él, sintiendo horrorosas lágrimas en sus mejillas, entendiendo así cuánto le importaba ella... Cuanto la "amaba", como ella solía llamar a esa locura, pasión y descontrol que él le generaba con tanta actitud y de manera totalmente avasallante.

Ella volvió a sonreírle y, sin dejar de llorar, con la mano que no lo sujetaba acarició su rostro.

No es digno de ti —dijo por las lágrimas que se dibujaban cruelmente en su rostro—. Ahora, sólo necesito que me escuches...

Tosió sangre y Vegeta sintió un torrente de poder recorrerlo, el cual hizo que la apretara con demasiada fuerza, haciéndola gemir de dolor.

Escucha... —volvió a tomar la palabra ella—. No seas severo con Trunks... —pidió débilmente—. Lo veo en sus ojos, ellos me lo dicen... él será el más sensible de los dos... Trátalo bien, sé dulce con él...

¡Cállate, mujer! —ordenó un desquiciado Príncipe de los saiyans ante la sanguinaria mirada de su padre, la cual intentaba ignorar pero sabía muy bien que estaba allí, clavada en su espalda y con una sonrisa que acompañaba armoniosamente—. Cállate, yo no los educaré, lo harás tú... ¡Yo no tengo tiempo para andar atendiendo niños!

Bulma, emocionada, triste y feliz, apretó como pudo la mano de su hombre, ese al que ella amaba con locura y pasión...

Con pura pasión...

Cuídalos por mí, Vegeta... También cuida a Bra, ella será muy parecida a mí y te dará muchos problemas...

¡NO! —volvió a gritar él—. No lo haré...

Sí lo harás... —lo contradijo entre pausadas caricias que cada vez eran más frías, más leves—. Déjalos aquí, en la Tierra... No permitas que les hagan daño... Por favor... —tosió sangre una vez más y su vista se nubló, aferrándose más al rostro de su hombre—. No los separes ni te los lleves a tu planeta... Los matarán y bien lo sabes...

Vegeta gritó y balbuceó cosas sin sentido, sin soportar sus lágrimas ni mucho menos ver a su mujer irse de allí con tanta rapidez...

Cuídate... Te extrañaré, Vegeta... —y volvió a acariciarlo, casi cerrando sus ojos—. Te espero en el otro mundo... Nos volveremos a ver, te lo juro... —él la besó sin ser ya consciente de lo que hacía, cosa que la hizo sonreír enormemente—. Te amo, Vegeta...

Y sus ojos se cerraron, y su corazón se detuvo, y Vegeta sintió al propio romperse en mil pedazos, dándole a entender que sí tenía corazón... Uno que ella había creado, de la misma forma que creaba esas máquinas extrañas... Con pasión, amor y carácter...

Con hermosa fortaleza, la que, desgraciadamente, no había logrado salvarla...

¡MALDITA MUJER! —Farfulló mientras la zarandeaba, incrédulo—. ¡¿Cómo te atreves? ¡¿CÓMO SE TE OCURRE? —la abrazó y lloró entre la sangre, manchándose con ésta y con el dolor que ese cuerpo inerte le provocaba devastadoramente—. ¡¿Cómo puedes hacerlo? ¡NO PUEDES MORIR! ¡BULMA! —y gritó con todas sus fuerzas, apretándola desgarradoramente—. ¡BULMA!

El piso empezó a temblar y él se elevó en el aire, quitando la sonrisa del rostro de su padre cuando su Scouter explotó por culpa del poder que empezaba a recorrer su cuerpo, sus venas... Su sangre saiyan actuando, transformando...

Mutando en odio, odio y pasión hacia la misma sangre que tan orgulloso lo hacía.

Gritó, fulminando su garganta al hacerlo y, sin soltar a Bulma, un resplandor dorado lo envolvió.

¡NO ES POSIBLE! —fue lo único que escuchó de su padre, a quien apuntó con vista turbia, tapada por las lágrimas y la sangre terrícola, por el odio y la pasión.

¡BIG BANG! —espetó en la cara del Rey, destrozándolo con sólo un rayo de energía... Energía dorada, energía incontrolable...

Vio caer al suelo al cuerpo sin vida de su padre y poco le importó, simplemente aterrizó y lloró quién sabe cuánto tiempo a Bulma, sin ser capaz de soltarla ni por un momento.

Y lloró... Y siguió llorando... No había resplandor dorado que detuviera su llanto, ni siquiera podían detenerlo los padres de Bulma, quienes habían hecho aparición justo cuando mató al maldito asesino.

Llanto... El de los niños, el de los padres... El del hombre, ese que acababa de perder a su mitad, a la mujer a la cual se había unido.

A Bulma Brief... La que con su muerte acababa de llevarse su fortaleza...

Para siempre.

Sus hijos lloraron una vez más, tal vez sin saber cómo manejar a la imaginación, esa que disfrutaba tanto de construir en las mentes lo que el corazón no deseaba ver...

Manchados por la sangre de su propia madre, por las lágrimas de quienes la habían amado...

Y en ese preciso momento Bra lo notó en él: Vegeta acababa de derramar una pequeña lágrima, casi imperceptible pero tremendamente significativa. Sus ojos se encontraron con los de él unos momentos y el Rey limpió rápidamente su dolor, ocultándolo de ella y Trunks.

—Papá... —y ella corrió hacia él, abrazándolo con todas sus fuerzas—. Papi...

Trunks observó la imagen con emoción, la cual fue borrada abruptamente por el brazo de Vegeta, que acababa de abrazar a Bra, devolviendo así el gesto de amor que ella había tenido para con él. El primer gesto de amor entre el padre y la hija que era su debilidad...

"La que significa para él todo lo que yo jamás signifiqué...".

—¿Por qué nos separaste, papá? —Preguntó repentinamente Bra, quien no fue capaz de soltarlo ni por un instante—. ¿Por qué...? —y las lágrimas siguieron corriendo.

Y Vegeta miró fijamente a Trunks, quien se había puesto de pie y le había dado la espalda.

Así, rememoró la última parte de la historia.

Los padres de Bulma seguían llorando a su lado, cada uno sujetando a uno de sus nietos, a quienes ya habían aseado, alejándolos de esa devastadora sangre que los había manchado para siempre.

Vegeta, por su parte, seguía sosteniéndola, hundido en el pecho sangrante y destruido en cuerpo y alma.

¡Pero qué sorpresa! —dijo alguien repentinamente, con sonidos de pasos apresurados y terrícolas que flotaron a su alrededor—. Llorando, siendo débil... Este no eres tú.

Levantó la vista y vislumbró a Broly, quien acababa de llegar volando al lugar. Cuando sintió a los padres de Bulma huir con los niños, finalmente se puso de pie y lo enfrentó.

No te metas, basura —musitó.

Broly le sonrió.

Eres un Súper Saiyan... ¡Lo sabía! —afirmó emocionado—. Sabía que todos podíamos, pero tu estúpido padre no me creía.

Hacia los restos del Rey se dirigió, a quien le retiró el Collar Real que con tanto orgullo portaba y desapareció su cuerpo con un solo rayo de energía.

Se lo merecía —aseguró fríamente—. Estaba demasiado cegado por los negocios y poco concentrado en el poder...

Vegeta lo ignoró olímpicamente.

Has cometido demasiados pecados juntos, Príncipe Vegeta... —aseguró—. Claro que poco me importa, porque yo no creo en las estupideces que creen esos estúpidos "hermanos de sangre" —habló con total ironía—. Yo creo en mi fuerza... —y apretó sus puños—. Creo en perder el control y destruir... ¡Allí será cuando vuelva! Ahora me iré.

Vegeta siguió ignorándolo, ajeno a todo menos al cuerpo que llevaba en sus brazos.

Al no ver respuesta, Broly siguió:

Me iré para no volver por largo tiempo, hasta el dichoso día en el que me demuestres que eres capaz de despertar la pasión por las batallas en los saiyan, hasta el día que sus poderes de pelea atraviesen las cuatro galaxias con crueldad y sin compasión... —hizo silencio y se acercó a él, quedando cara a cara con el Príncipe—. Ahora, toma esto —y le dio el Collar Real, al que Vegeta tomó sin demasiada fuerza, sin ningún interés—. Te lo ganaste sólo por ser cruel... Aunque por lo que vi había un niño detrás tuyo, ¿no? —el comentario hizo que Vegeta abriera enormemente sus ojos—. Un niño, un híbrido...

"Sólo vio a uno, al otro no...".

Al parecer, uno de los padres de Bulma había huido lo suficientemente rápido como para no ser visto.

Los híbridos me dan asco —afirmó un Broly que parecía no saber cómo cerrar la boca—. Ahora llevas demasiados pecados en la sangre... ¡Cuando menos te lo esperes te haré pagar por todos ellos! —y rió una vez más, aparentemente divertido con la situación—.Te mataré a ti y a ese engendro al que llamas "hijo"... ¡Pero no te preocupes! No te haré pagar porque me importe, simplemente lo haré porque será divertido pelear con un Súper Saiyan...

Le dio la espalda y empezó a marcharse con pasos lentos, no sin antes girar y mirarlo por última vez.

Sabes muy bien que siento el poder de pelea de los rivales dignos, esos que ustedes jamás quisieron aprender a sentir, condenándose a esos malditos Scouter que no sirven para nada— aseguró con orgullo—. La presencia que acabo de sentir en tu hijo era imponente, digna de la Realeza... ¡Así que entrénalo bien! Entrénalo para que también se transforme en Súper Saiyan y para que pueda pelear conmigo cuando yo te mate... —y volvió a darle la espalda, caminando varios pasos más—. Nos vemos, Vegeta... Cuando ese día llegue, los destruiré a ambos y obtendré la sangre, la pasión y el odio que deseo...

Y se fue volando con rumbo desconocido.

—¡¿ESTÁ VIVO? —Gritó Trunks, completamente fuera de sí—. ¡¿ACASO BROLY VIVE?

—Sí —se limitó a contestar de forma cortante su padre—. Y vendrá pronto; esa batalla contra Nappa debió haberlo despertado... Nos sintió, te lo aseguro.

Eso asustó al Príncipe, ante la mirada de una Bra que no entendía de qué estaban hablando.

—Estamos en peligro... —afirmó débilmente el muchacho.

—Así es —y una sonrisa orgullosa, digna de él, decoró su rostro—. Vendrá y yo lo mataré... ¡Me preparé durante años para este momento! Así que no hay de qué temer, yo le ganaré... Lo destrozaré por todas las que me hizo pasar, por toda la humillación que regó sobre mi persona...

"Y será realmente divertido, Broly... Ya no puedo esperar".

Bra lo abandonó momentáneamente y fue hacia su hermano.

—¿De qué están hablando? —Preguntó, volviendo a mirar a su padre—. Hay una parte que no nos has dicho.

El comentario de Bra despertó a Trunks, quien alejó el miedo de él y le dio la bienvenida al odio, a la incertidumbre...

—¿Por qué nos separaste, padre? —inquirió finalmente.

Vegeta no respondió, simplemente se dedicó a recordar...

Bulma ya había sido enterrada y sus padres habían llenado la tumba de flores, las más hermosas que encontraron en la florería.

Vegeta sólo se quedó un momento en la ceremonia, la que ellos describieron como "funeral", para luego retirarse hacia el cuarto de su mujer, donde Trunks y Bra descansaban ajenos a todo el dolor que se vivía en el patio trasero de su casa.

Se encerró un día entero con ellos, observándolos en detalle, casi memorizándolos... Hasta que la decisión fue tomada.

No podía irse y olvidarlos... Algo o alguien tenía que torturarlo para siempre, ya que por su culpa su madre, la que tanto los amaba y la que con tanto afán quería hacerlos felices y cuidarlos de todo y todos, estaba muerta y se había quedado sin hacer eso que tanto deseaba...

Educarlos, darles todo el amor y la felicidad del universo...

El final no podía ser tan feliz, se dijo. No podía, él no soportaría la idea de irse y olvidarlos, de alejarse de eso que su mujer tanto amaba...

¿Y él también? Tenían su sangre y eso los hacía importantes para él, por más orgullo que tuviera y por más frío que fuera esa y no otra era la verdad.

Miró a Bra y pensó en llevársela, idea que abandonó al instante.

"Es débil... La van a descubrir".

Además, ella era demasiado parecida a Bulma... Nada de saiyan había en ella, sólo la cola y sólo la mirada atrevida de toda mujer saiyan.

Aun cuando ella lo había conquistado con una mirada, Vegeta no podía permitirse tanta felicidad, por lo cual tomó una decisión.

Te quedarás aquí y serás feliz... —le dijo, tomándola entre sus brazos y mirándola fijamente—. Vivirás una vida pacífica... Serás una terrícola aburrida y jamás sabrás que eres saiyan —la observó en silencio durante unos momentos—. Jamás lo sabrás...

Besó su frente y la dejó sobre la cuna, tomando a Trunks minutos después, a quien envolvió con una manta.

Y tú... —lo observó largamente y logró captar ese "algo" que Bulma veía en él, lo cual fue un presagio, un extraño y horroroso presagio—. Tú serás el mejor saiyan que haya pisado Vegetasei. Le cerrarás la boca a todos y destruirás planetas enteros... —volvió a mirar a Bra y deseó soltar a Trunks, cosa que no se permitió hacer—. Serás más frío que yo y más cruel que mi padre... ¡Serás el próximo Rey! No sé cómo, pero ocultaré tu hibridez, la dejaré visible sólo para mí... —divagó unos momentos y una idea se le vino a la cabeza—. Y cuando estemos solos te miraré y me torturarás, Trunks... ¡Serás el pecado viviente! El pecado de mi sangre, el recordatorio de tu madre y de mi padre...

El recordatorio de todos sus errores... De absolutamente todos.

Te entrenaré y serás más fuerte que todos... ¡No dejaré que te humillen! Demostrarás que las ideas retrógradas de mi padre son puras patrañas... ¡SERÁS MI MEJOR ALUMNO! Mi mejor alumno y mi peor pecado...

Volvió a mirar a Bra y supo que ella tenía que ser feliz, que ella tenía que ser la reencarnación de la Bulma que acababa de sepultar.

Y tú serás la mía, mocoso... Mi reencarnación.

¿Por qué? Por ser fuerte, por haber heredado más de él que de su madre...

Por tener su poder, por eso lo haría: por ser su más digno heredero le daría lo que él mismo merecía, lo que Vegeta mismo recibiría...

Desdicha eterna.

—Bra era débil... Es débil —afirmó sin desviarse de la mirada de sus hijos—. Tu eres fuerte, Trunks. Tú ibas a encajar más aquí que allá, por eso te traje: por tu potencial saiyan.

Y todo fue silencio.

Bra abrazó a su hermano y éste lloró frente a su padre, sin poder ocultar la enorme frustración.

¿Por qué me trajiste?

Porque eras de Clase Alta.

Por algo tan frío, estúpido y desgarrador lo habían separado toda la vida de su hermana... ¡Por algo así le habían negado las miradas terrícolas! ¡La libertad!

¡Lo habían condenado a un casco porque era fuerte! ¡SÓLO POR ESO!

"No es posible, ¡tiene que estar mintiendo!".

Lo miró y llenó los ojos negros de su padre con odio, uno realmente puro, real.

Uno capaz de destruir todo Vegetasei...

—De todos los motivos que hubieras podido darme... —afirmó entre lágrimas y furia—. Este fue el peor de todos.

Se soltó de su hermana con una brusquedad que logró sorprenderla, yéndose del sótano a toda velocidad.

Bra, sorprendida y sensibilizada, intentó seguirlo; mas Vegeta no se lo permitió. La tomó fuertemente del brazo, deteniéndola y negando con la cabeza cuando ella volteó hacia él buscando explicaciones.

—Sé que crees conocerlo, pero el chiquillo es más complejo de lo que piensas —dijo—. No es momento de que lo sigas.

Bra lo observó por minutos enteros para después desmoronarse en sus brazos, aferrándose con fuerza a su padre.

—¡¿Por qué nos separaste? —gritó con toda su energía, golpeando a su padre mientras éste la contenía, inmutable—. ¡¿Cómo pudiste hacerle algo así a Trunks? ¡EL PODER NO IMPORTA MÁS QUE LA FELICIDAD! Has sido demasiado cruel con él, papá... —detuvo los golpes y volvió a abrazarse a él—. ¡¿Cómo pudiste?

Y de Vegeta brotó la verdadera respuesta, esa que no era capaz de darle a Trunks ni de recordar en el pasado... Esa que sólo Bra podía sacarle y que únicamente Bulma le había sacado alguna vez...

La verdad, la verdad suprema.

—Quería llevarme un recuerdo de la Tierra —exclamó luego de abrazar fuertemente a su hija, ocultando el rostro de ella entre sus brazos—. Quería llevarme algo de Bulma y a él es al único que podía ocultar lo suficientemente bien como para que nadie sospechara... Con su casco y su poder, con su poder infinito y desgarrador...

Bra enmudeció al escucharlo, incrédula.

—¡¿Y por qué le dijiste eso a Trunks, papá? —indagó—. ¡Fuiste tan cruel! Acabas de decirle que lo condenaste porque se te dio la gana, no que lo hiciste en un intento desafortunado de tener algo de mamá cerca de ti…

Y él rió, sin soltarla y sin dejar que ella lo mirara en ese momento de miradas vulnerables y recuerdos amontonados en su mente.

—Porque frente a él jamás he sido capaz de admitir algo —contestó con voz inestable—. Porque él es el espejo de todos mis errores, de todo lo que hice mal... —y abrazó con más fuerza a Bra, movilizado por sentirla tan cerca después de ese beso final, de esa despedida tan cruel...—. Trunks es mi reflejo, es demasiado parecido a mí, tanto que ni su parecido con tu madre logra sensibilizarme...

Y por las palabras, Bra fue capaz de sentir empatía por él.

—Es en quien reflejas toda tu frustración... —murmuró—. El espejo que destruyes para sentirte bien. El reflejo de tu propia persona, ese que no soportas observar.

¡Y qué bien lo había leído su hija! Increíble, casi como Bulma...

Y qué parecido que era a Trunks... ¡Y acababa de darse cuenta! ¡Jamás lo había notado!

"Romper un espejo para sentirse bien... No sólo Trunks lo hace".

Se recordó mirándolo a los ojos y no soportándolo, también recordó las torturas, las burlas y los maltratos físicos y verbales hacia él.

Lo recordó llorando... Derrotado, destrozado, muerto...

¡Muerto en vida! Muerto como su padre desde el día en que Bulma había desaparecido para jamás volver...

Muerto... Dos muertos, mirándose y no logrando encontrar en el otro un corazón, sin saber cómo o dónde buscarlo...

Muertos, sin sentimientos, deshechos por los infortunios, por el destino tan cruel que se había cernido sobre ellos desde el día de la muerte de Bulma.

—Exacto —y ambos se quedaron en silencio por interminables minutos, dándose el uno al otro el calor que jamás pedirían con palabras pero sí con acciones...

Padre e hija, fortaleza y debilidad...

Juntos... Al fin.

Pero no completos, pues Bulma estaba muerta y Trunks se había marchado del sótano... Personificando el pecado, siendo la desdicha con forma humana... Siendo el reflejo que Vegeta quería destruir pero que amaba demasiado como para hacerlo.

"No soy el Rey que debería ser, tampoco soy orgulloso y frío... ¡Fue tu culpa, Bulma!".

Por culpa de Bulma era así... Por culpa de ella, Trunks tenía corazón.

Y él también.


Salió del sótano y Goten despertó cuando Tark exclamó efusivamente el nombre del Príncipe, quien apareció frente a ellos con el casco puesto.

—¡Trunks! —gritó Pan al verlo, acercándose rápidamente a él y encontrándose con un muro de indiferencia y frialdad, dos cosas imposibles cuando de Trunks se trataba.

—¡¿Qué te sucede? —inquirió cuando él la esquivó y se encaminó hacia las escaleras.

—¡Quiero estar solo! —Sentenció con la voz más quebrada que esas tres personas presentes habían escuchado alguna vez—. Déjenme solo... Tark, iré a tu laboratorio. No vengan, se los suplico —y desapareció rumbo a éste.

El Líder de Clase Media, Goten y Pan se miraron los unos a los otros con incógnita dibujada en sus rostros y ojos.

Increíblemente, Bra se había quedado con Vegeta...

Pan observó la escalera y allí perdió su vista, apretando sus puños con fuerza y rechinando los dientes.

—¡Maldita sea! —gritó—. Ese imbécil... ¡Voy a matar a Vegeta!

"Sigue destrozándolo, no le da tregua... ¡TIENE QUE INCLINAR LA MALDITA BALANZA!".

Tanta sensibilidad lo merecía, tanta nobleza y bondad también...

Trunks lo merecía, y ella iba a darle la tregua que necesitaba, costara lo que le costase.

—¡VOY A MATAR AL REY! —y hacia él se dirigió, corriendo hacia el sótano con claras intenciones plasmadas en sus ojos.

Ya no quería que Trunks sufriera ni que llorara... ¡Quería que él reaccionara! Que pudiera sacarse de adentro a sus más temidos demonios y superarlo... ¡Que tuviera la fortaleza que merecía!

"Pero si siguen así lo matarán de tristeza...".

Y ella no iba a permitirlo.


Nota final del capítulo XXXI

¡Ah! El capi se hizo eterno pero fui capaz de terminarlo en dos días... ¡Este sí que fue mi record! XD... Encima quería poner más cosas en el capi pero ya se hizo demasiado largo, por lo cual corto un par de cositas para el capi que viene...

Las palabras cada día me limitan más: ya no sé cómo decirles "gracias", porque esa palabra me parece demasiado vacía a la hora de expresar mi gratitud para con Uds.

Pero bueno, ninguna palabra es más cercana a esa, por eso GRACIAS desde el fondo de mi corazón... Sus comentarios me hacen inmensamente feliz, más hoy que estoy un poquito emocional n.n

(No mal, simplemente sensible XD... yo soy así, no me hagan caso).

Gracias, gracias, gracias... n.n

Sobre Broly: ¡Chan! Está vivo XD...

Acerca del comentario que me hizo Alexeigirl, realmente lamento mucho que siempre se haya mostrado a Broly como un "uni-neuronal" XD... No estoy para nada de acuerdo con visiones de él que he visto en fics y fanmangas (como DB Multiverse, excelente fanmanga, se los recomiendo... No coincido con el Broly de esa historia pero hay personajes muy bien elaborados n.n), por eso acá quiero hacer algo bien distinto con él, creo que ya se notó un poco por dónde viene la mano.

Broly siendo criado como la mano derecha del Rey y al que se le dé todas las batallas que necesite para satisfacer a su necesidad imperiosa de destruir tiene que ser un Broly pensante... No sé qué pensarán Uds. pero esa es mi perspectiva. Quiero que Broly sea interesante, que tenga una profundidad como personaje... Es una pena que sólo sepa decir "Kakarotto" para mucha gente, yo creo que él puede dar mucho más como personaje.

Sobre el parto de Bulma: yo nací por cesárea (?). Con mi hermano mi mamá tuvo algunos problemitas así que cuando vine yo a molestar (porque yo desde que nací que torturo a la gente con mi voz de pito y mis ataques sensibles XD) el médico prefirió que así suceda.

Me tuve que poner a leer un rato largo... Pido perdón por posibles errores pero aún no soy madre y no sé muy bien cómo es la cosa (y no quiero saberlo hasta ser un poquito más grande u.u... Aún soy muy joven). Traté de guiarme por lo que sé y por lo que leí, sumado a lo que hablé con mi papá mientras escribía esa escena... Espero no haya salido tan mal, creo que si (en el hipotético mundo de mi fic) las mujeres saiyan mueren durante el parto es porque no existe la cesárea en Vegetasei XD

(?... Tark, inventala XD).

El nacimiento de Trunks y Bra fue traumático, fue un parto escribirlo (?).

Con la próxima actualización voy a subir un par de correcciones a capítulos anteriores, más que nada porque los primeros capítulos (de los cuales ya subí las correcciones del prólogo y el capi I) tienen errores asquerosos en la escritura y por un par de incongruencias que cometí accidentalmente en capis del medio... Soy humana y no tengo un editor atrás de mí (yo soy mi propia editora XD, por lo cual esto me ayuda a ser mejor en mi carrera n.n), así que no pude evadir un par de errores menores, los cuales no son graves (sólo uno sí lo es... Al final del capi que viene les cuento bien cuál es XD). Para este último error voy a tener que agregar una escenita…

Lamento haberlos cometido, realmente es difícil escribir un fic siendo tan extenso... Por suerte creo saber cómo evitar los errores de acá en más y estoy contenta porque en futuros fics no me va a pasar, o eso voy a intentar porque voy a seguir siendo humana, no creo que me haga saiyan pronto (?).

En fin XD

Lo importante acá es el cariño que le ponemos a la serie... Y como DB es TAN genial, por supuesto que quiero hacer la historia más prolija que me sea posible, todo con tal de que a Uds. les guste y para que esté un poquito al nivel de esa serie que tanto amamos... n.n

Gracias por todo, nos leemos n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.