PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXXII

"Espejo de lágrimas"

¡Príncipe! —lo llamó una voz—. Príncipe Trunks, es hora de despertar...

Se movió en su cama, haciendo caso omiso a la voz, para volver a sumergirse en el sueño que tanto le gustaba experimentar. Dormir parecía lo único divertido, lo único que realmente tenía sentido para él.

Siempre en ese cuarto, durmiendo y estudiando, practicando... ¡Preparándose para ser un Príncipe! El Príncipe Trunks de Vegetasei, poseedor de un gran poder y propietario de la sangre más exclusiva y magna del planeta y el universo.

Esa mujer, la que vivía con él en aquel cuarto, siempre se mantenía fría y cortante con él, sólo limitándose a darle sus clases diarias y a ordenarle practicar los movimientos que su padre le enseñaba cada noche...

Su padre, el Rey Vegeta, era sumamente severo con él, jamás demostrándole algo que siquiera se pareciera a los "sentimientos", esos de los que esa mujer de raza desconocida y piel verdosa hablaba...

Sí, ella hablaba de "sentimientos"... ¡Pero él no los comprendía! Claro que no lo hacía, no encerrado en ese cuarto, en esa eterna oscuridad...

¡Chiquillo! —escuchó otra voz—. Debes levantarte, ha llegado el día.

Trunks abrió sus ojos inmediatamente, incorporándose en su cama para observar al último en hablar: su padre.

Cuando Vegeta lo vio despierto, gesticuló una enorme y soberbia sonrisa.

Te lo había dicho ayer, ¿ya lo olvidaste? —se expresó con frialdad—. Hoy es el día, hoy saldrás de aquí...

Lloró al escucharlo.

¡¿De verdad? —y corrió hacia su padre, abrazándolo—. ¡Que bueno! ¡Sí! Siempre he querido salir...

Tanta inocencia... Esos cinco años de vida habían sido eternos para aquel niño distinto, ese al que la mujer que lo cuidaba día y noche se le hacía cruel y desgraciado.

Un saiyan híbrido... Esa mujer de raza desconocida había dado su vida a cambio de su familia, decidiendo que pasar sus últimos cinco años de vida al lado del engendro más asqueroso del universo era mejor que verlos morir.

Aún extrañaba el rostro de sus hijos, esos que había dejado ir ese fatídico día de la invasión, cuando el Rey Vegeta le había ofrecido aquel nefasto y milagroso trato. "Si das tu vida por ellos, te recompensaré con unos años más de vida, llenos de lujos... Si lo haces vivirán"; esa había sido puntualmente la propuesta, a la cual ella respondió con un "sí", el más doloroso de su vida.

Pero sus hijos estaban bien, lejos de la monstruosidad saiyan... Eso era lo único que le importaba.

Y allí estaba, educando al niño que sería Príncipe sin saber por qué era distinto. Era un engendro que faltaba al respeto a la naturaleza y ella lo aborrecía, pero había regado sobre él el poco amor que le quedaba, ese que sus hijos habían arrebatado de su corazón con la última mirada.

El anuncio del día anterior, cortesía del padre del engendro, avisaba con anticipación que moriría esa misma noche; sonrió al ver al desgraciado muchachito abrazando a su padre pecador, que dibujaba ante ella una imagen por demás patética.

"Morir... Ya es hora".

Rey Vegeta —lo llamó llena de cortesía—. Es hora... Debe cumplir su promesa.

El Rey se sacó de encima a su hijo con absoluta violencia, dirigiéndose a la mujer y tomándola fuertemente del brazo.

Tus deseos son órdenes, sabandija —exclamó—. Obtendrás la paz que deseas con tanto ímpetu.

Se la llevó con él y Trunks permaneció solo en su habitación, mirando la puerta como si ésta fuera lo único que existiera en el mundo; la puerta que lo llevaría al exterior, a ese lugar desconocido donde, según se le había explicado, había saiyans de todas las edades y tipos, seres poderosos capaces de destruir planetas enteros.

Asesinos... Hermosos asesinos con sangre saiyan.

Al cabo de unos 20 minutos, Vegeta regresó y mostró a su hijo la sangre que decoraba sus guantes siempre blancos.

Esta sangre simboliza el sacrificio —le dijo a su hijo, arrodillándose frente a él—. Es la sangre de quien ha sido recompensado con la muerte en manos de un saiyan —puso las manos ensangrentadas sobre los frágiles hombros de su impresionado hijo y sonrió ampliamente—. Morir en manos de un saiyan es un honor, jamás lo olvides.

Trunks asintió con timidez y así supo Vegeta que ya no había más por enseñarle.

"Está listo para el exterior, para codearse con seres crueles que temerán por su sola presencia".

Y eso lo hizo sonreír con más énfasis que antes.

Se retiró unos momentos y volvió al cuarto de su hijo minutos después, con los guantes limpios y con algo entre sus manos.

¿Qué es eso, padre? —preguntó Trunks respetuosamente, así como la mujer de raza desconocida le había enseñado.

Vegeta volvió a arrodillarse frente a su hijo, igualando las alturas que los años diferenciaban.

Es un casco, el cual tapará tu cabeza.

Trunks se sorprendió sobremanera.

¿Taparme? —inquirió al aire en tono confundido.

Sí —y Vegeta lo ayudó a colocárselo—. Ahí afuera, detrás de la puerta, todos esperan al Príncipe Trunks de Vegetasei, guerrero destinado a reinar con mano de hierro este planeta y este universo —explicó brevemente—. Todos te temerán... Pero algunos no lo harán, al contrario: algunos querrán despedazarte porque tú eres especial.

¿Especial?

Especial —repitió su padre—. Por eso el casco: quien vea tu rostro tendrá que morir ya que tu rostro es demasiado especial para ser visto, demasiado particular para ser comprendido.

"Demasiado colorido para no ser considerado un engendro", agregó el Rey para sí.

¿Tendré que usarlo siempre? —siguió indagando el niño a su padre, intentando acostumbrarse al casco que acababa de colocarse.

Sólo aquí, en tu cuarto, podrás quitártelo —explicó el Rey—. Jamás delante de otra persona, ya que ésta morirá si te ve, ¿está claro?

Sin comprender demasiado la situación, el pequeño Trunks asintió y tomó la mano que su padre le ofrecía, saliendo junto a éste del cuarto. Minutos después y frente a una multitud que aclamaba su nombre y que susurraba lástima por la deformidad de la que tanto se comentaba desde hacía años, Trunks finalmente comprendió que era especial...

Demasiado especial... ¿"Especial" sería, acaso, la palabra indicada? No lo sabía, sólo podía repetir lo que su padre le había dicho.

"Soy especial... Y jamás deben ver mi rostro", esas eran las lecciones de vida que su padre le había regalado aquella mañana.

¡El Príncipe Trunks de Vegetasei! —exclamó Vegeta a todo pulmón, mostrándole a la población saiyan al pequeño heredero al trono del poder—. ¡El guerrero más poderoso de la historia!

Y todos siguieron aclamándolo... Y susurrando lo que él no debía oír.

Embargado por una turbación sin igual, Trunks rememoró aquellos hechos casi como si no los hubiera vivido, sin llegar a recordarlos con verdadera propiedad.

"¿Ese era yo? Ya ni recuerdo, ya ni sé...".

Se acomodó contra la puerta del laboratorio de Tark, pegando su espalda a ésta para así impedir el ingreso indeseable de cualquier ser que pudiera invadir la privacidad que necesitaba. Con sus manos apoyadas a cada lado de su cuerpo y con el casco escondido entre sus piernas flexionadas, el Príncipe supo que ya no podía llorar, pues sus lágrimas se le habían acabado.

Todo por culpa de la charla, de esa maldita declaración de su padre.

El descaro que él había tenido era absoluto, no existían palabras que perdonaran tanta fechoría y tanta crueldad; el Rey era un miserable, su padre era un maldito miserable...

—Un desgraciado... Y te odio por ello, padre. Te odio...

Tantos años desperdiciados bajo un casco, el cual no sólo tapaba su rostro sino también sus lágrimas, no podían perdonarse fácilmente…

Menos tratándose de Trunks, el Príncipe sentimental que sí sabía lo que eran los sentimientos… Aquella mujer que lo había educado en sus primeros años de vida se lo había enseñado con tan sólo una mirada.

"Y desde ese día no pude dejar de sufrir…".


Luego de un contacto físico más que prolongado, Vegeta sacó su frialdad de adentro y se alejó un par de pasos de Bra, dejándola por demás confundida por su acción.

—Debes decírselo, papá —lo animó ella con una sonrisa—. Dile la verdad a Trunks... Él es muy sensible, de seguro comprenderá.

—No —sentenció el Rey—. Nada de lo que yo le diga aliviará su pecho.

"Jamás va a perdonarme... Por más que comprenda, jamás será capaz de perdonarme".

Y ese era el pago a todos y cada uno de sus errores, el cual aceptaba satisfecho.

De pronto un ruido, proveniente de la puerta del sótano, distrajo al padre y a la hija. Bra se ilusionó al pensar que tal vez se trataría de Trunks, pero no; Vegeta, por su parte, bien sabía que no era él, ese pensamiento no tenía ni pies ni cabeza.

El sonido de pasos frenéticos anunció aquella certeza.

—¡MORIRÁS! —Pan no terminó de bajar la escalera; saltó antes de terminar de recorrerla para dirigir su puño recargado de poder a la mejilla del Rey.

Vegeta ni se inmutó.

—¡¿Qué haces, Pan? —gritó Bra, interponiéndose entre ella y su padre.

Goten y Tark llegaron instantes después, sujetando el primero a su sobrina e interponiéndose al igual que Bra el segundo.

—¡Muchacha! —exclamó Tark—. Estás equivocada, esta no es la solución...

Pan forcejeó con su tío pero no logró soltarse, dando rienda suelta a su frustración, la cual personificó con lágrimas de odio.

—¡Claro que lo es! —gritó con ojos apretados, incapaz de mirar a nadie—. ¡ÉL DEBE MORIR! Debe pagar por sus errores, esos que destrozaron a Trunks...

Vegeta, inmóvil hasta el momento, se acercó lentamente a la muchachita, mirándola fijamente y con semblante desconocido, indescifrable. La sujetó del mentón y la miró con aún más atención.

—Impertinente, maleducada y masculina —dijo para luego sonreír con altanería—. Me recuerdas a Bulma.

Esto impresionó tanto a Pan como a Bra, sin que Tark y Goten pudieran comprender del todo.

Pan, ignorando sus lágrimas e incorporándose ante el Rey, descargó su odio con un escupitajo directo a la frente de Vegeta, quien limpió la falta de respeto con su capa, sin mostrarse enfadado por su acción.

Con un rápido movimiento, quitó la venda que censuraba la cicatriz de unión entre su hijo y ella, revelando ante él la prueba irrefutable del ritual propiamente realizado.

—Eres digna —afirmó—. Serás Reina muy pronto, mocosa insolente.

Ella no le tenía miedo, esto ya había quedado en evidencia... Por este motivo, Vegeta no lograba sentir otra cosa por ella más que respeto. Acababa de ganárselo con su mirada, con su actitud...

"Justo lo que Trunks necesita: fortaleza".

La joven, por su parte, no pudo más que impresionarse con la luz verde que el Rey acababa de arrojar sobre ella. ¡Acababa de afirmar que ella era digna heredera al trono! Que ella sería Reina...

—Nada de lo que digas, insecto, aliviará mi sed de sangre.

Y todo fue silencio hasta que Tark se atrevió a hablar.

—Muchacha, detente... Nada lograrás, te lo aseguro.

—¡No me importa! —gritó ella, volviendo al forcejeo con su tío Goten—. Necesito destrozarlo y bien sabes que lo merece... ¡Trunks no miente! Sus ojos no mienten... Este tipo lo único que ha hecho durante toda su vida es ignorar el bienestar de los demás: de Trunks, de todos nosotros... ¡Ha sido el peor Rey de nuestra historia! Incluso peor que su propio padre, ese maldito asesino que bien enterrado en el infierno debe estar por sus actos desprovistos de honor.

Vegeta siguió con expresión inmutable, incapaz de abofetear a la muchacha que tenía en frente. ¿A quién quería engañar? Ella no estaba del todo equivocada. Él había cometido demasiados errores y no podía hacer más que sentirse aludido por tan crueles y hirientes palabras venidas de una niña insolente. Las palabras no lo herían, claro estaba; sin embargo, las palabras sí lograban ser comprendidas por él.

Y nada podía hacer más que comprender.

Bra observó a Pan en detalle, sin permitir que se le escapara nada de ella. La mujer de su hermano se veía decidida y sin atisbo alguno de miedo, cosas que la princesa, ya conociendo cómo eran los saiyans gracias a todo lo que le habían explicado de éstos en los últimos días, entendió como un equivalente a la fuerza, a la fortaleza de la que su padre le había hablado con tanto ahínco aquella noche.

Entendió a Pan, realmente lo hizo; a pesar de ello, no era capaz de perdonarle el trato que estaba teniendo para con su padre, por lo cual decidió que era necesario tomar cartas en el asunto.

—Pan, basta —suplicó con voz quebrada, incapaz de mantener la fortaleza que la caracterizaba y que juraba equivocadamente aún podía dominar—. Realmente entiendo lo que dices, pero...

—¡IMBÉCIL! —Respondió inmediatamente la muchachita de Clase Baja, interrumpiendo a su cuñada—. Eres una imbécil, Bra... ¡¿Realmente le creíste? ¡¿Realmente crees en este patán que nada bueno ha hecho por este planeta? Te compadezco, damita... Ahora siento por ti lo que siento por él.

Y eso le dolió mucho a Bra.

La hermana de Trunks cerró suavemente sus ojos, intentando así digerir todo lo que estaba sucediendo, lo cual supo inmediatamente era imposible. Se quedó callada por largos minutos y nadie se movió de su lugar; todos permanecieron duros como estatuas, sin vida, incapaces de salirse de su lugar de la escena, pensativos... Cada uno en su mundo, navegando en sus pensamientos y convicciones...

—No escuchaste la historia, Pan —dijo repentinamente Bra—. Entiendo tus pensamientos, como ya te dije; mas no puedo compartirlos... Tú no escuchaste, no estuviste presente.

—Es cierto —respondió la muchacha—. Pero eso poco importa, me bastó con ver a Trunks y escuchar su voz ni bien salió de aquí: su voz dice todo cuando su casco lo tapa y bien sé que lo que aquí se dijo no fue bueno, no para él... —rió cínicamente, casi descolocada—. Seguramente sí fue bueno para ti al juzgar por tu actitud para con tu padre.

Bra sonrió levemente por unos instantes, abriendo sus ojos y clavándolos en los de Pan.

—Tienes razón —admitió para sorpresa de todos menos de su padre—. Es cierto... Por eso, papá —y volteó hacia él, no recibiendo ni una mirada por respuesta—, es preciso que arregles esto... —Se acercó a él y tomó su mano con firmeza, mirando hacia la nada del rostro sin expresión—. Es preciso que hables con él. Si no quieres hacerlo por él, entonces hazlo por mí... Y si no quieres hacerlo por mí... —detuvo sus dichos unos instantes justo cuando sus ojos derramaron lágrimas, las cuales borró instantáneamente—, entonces hazlo por mamá.

Y Vegeta sonrió levemente, alejándose de todos luego de un primer instante de quietud.

Nadie dijo ni hizo nada, simplemente se limitaron a observar cómo se alejaba Vegeta, cómo éste abandonaba aquella cruel y tensa escena. Bra, al verlo abandonar el sótano, se acercó a Pan y la observó con vehemencia.

—Él lo arreglará, te lo juro.

Pan no comprendió esa frase pero algo en el gesto de la hermana de su hombre le decía que tenía una convicción llena de fundamentos sólidos.

—Si no lo hace lo mataré —aseguró esquivando la mirada azul—. Eso es lo que yo te juro a ti.


Caminó guiándose por su instinto, buscando a Trunks casi a ciegas. Como él tenía la tiara ocultadora de poder era imposible que lo localizara con su Scouter, así que tenía que seguir al aroma y a la presencia de su hijo. No fue difícil, lo halló rápidamente luego de subir las escaleras. Se acercó a la tercera puerta de la primera planta y supo que allí estaba Trunks.

Dudó unos instantes justo cuando las últimas palabras de su hija lo interceptaron... "Es preciso que hables con él" le había dicho, lo cual Vegeta finalmente fue capaz de comprender.

Tenía que hablar con él, era sumamente importante que lo hiciera. ¿Por qué? Porque Trunks terminaría cometiendo una locura si no lo hacía. Sintió la vida de su hijo dependiendo de él y supo que Bulma lo estaba maldiciendo más que nunca desde el infierno. Por supuesto que merecía toda maldición viniendo de su mujer...

"El reflejo de mis pecados...", ese era su hijo y a él y a nadie más debía darle tregua, a la imagen de la vergüenza que ningún ser soporta ver cuando es propia.

El del espejo, esa persona que un avergonzado sueña conque sea ajena, mas no lo es... El del espejo, la hoja llena de insultos y maldiciones, la misma nada y el total vacío... Su reflejo, Trunks. Su hijo personificando al pecado, a sus errores... ¡Todos y cada uno de ellos! Los errores de un Rey que no hacía bien su trabajo, de un padre que no cumplía sus promesas...

"Y por eso me odias, Trunks...", pensó frente a la puerta del laboratorio de Tark, lugar donde estaba seguro su hijo se encontraba. "Me odias porque soy quien refleja el odio hacia ti...".

Sin más, golpeó fuertemente la puerta.

—Es preciso que hablemos —aseguró sin ternura alguna cuando fue capaz de comprender que no recibiría respuesta—. Es preciso que abras esta puerta, chiquillo.

Desde el otro lado de la puerta, Trunks no pudo hacer más que sorprenderse por el repentino llamado de su padre. Sin moverse ni un milímetro de su lugar, a pesar de ello, dibujó ironía en su rostro y contestó sin chistar:

—Vete, imbécil —y mucho más no deseó decir.

Ahora el sorprendido no era el hijo, sino el padre. Era obvio que Trunks no cedería fácilmente esta vez; sin embargo, su hijo acababa de decir la frase más cortante y fría de su vida, dedicada a nada más y nada menos que su propio padre, el Rey que todo lo había hecho mal, el reflejo que tanto placer daba destrozar...

—Abre, mi historia no había acabado. Aún tengo mucho por decir... —y su voz tembló ligeramente—, mucho más hay por decirte específicamente a ti.

Escuchó risas frustradas al otro lado de la puerta.

—¿Tu princesa no debe escuchar lo que tienes para decir? —indagó el Príncipe—. ¿Acaso temes que deje de amarte si escucha más barbaridades provenientes del monstruo que tiene por padre? Insisto: vete, imbécil.

Vegeta apretó sus puños, conteniendo levemente la furia que se le salía por los poros.

—No debe escucharlas no por "no deber" en sí —explicó—. No tiene por qué escucharlas ya que son cosas que sólo nos conciernen a ti y a mí, mocoso.

Y más risas desde el otro lado...

—Ya escuché suficiente —aseguró su hijo—. Ya no quiero verte ni oírte, no me interesa nada de lo que puedas decirme.

Increíblemente, su padre no hizo más que reír en su típico tono burlón y soberbio.

—Créeme: te interesa —afirmó—. Si no quieres verme, entonces no me veas... Pero oírme, ¡oh sí! Sí que debes oírme...

Trunks, aún sin moverse, se sorprendió por las palabras del Rey. No lograba entender muy bien a qué venía tanta insistencia... ¡Si ya había escuchado demasiado!

—Eres tú el que jamás ha deseado verme... —y rió brevemente—. Papá, ¿acaso has olvidado la cantidad de veces que nos miramos y tú terminaste huyendo de mis ojos? ¡Como un débil y un cobarde! Eso eres para mí y nada lo cambiará... Vete.

Se produjo un silencio demasiado prolongado y Vegeta meditó por unos instantes, aprovechando el ambiente vacío de ruidos que invitaba gentilmente a pensar...

"No me queda otra alternativa".

—Si no quieres hacerlo por mí, entonces hazlo en memoria de tu madre... ¡Y si ella no te importa, hazlo por tu hermana, esa que acaba de abrir mis ojos! Es Bra quien me ha hecho entender el problema que hay entre tú y yo...

—¡¿Y por qué mierda te importa tanto arreglarlo? —respondió su hijo violentamente—. Me conmueve tu amor para con ella, padre... ¡Realmente me conmueve! Pero no mientas más: jamás te ha importado ningún "nosotros"... ¡Jamás te han importado nuestros problemas! Y si lo haces por ella lo entiendo y accederé a hablar contigo; mas no me pidas que te perdone por toda la mierda que has cernido sobre mí... ¡Eso sobre mi cadáver!

Vegeta golpeó fuertemente la puerta, sin ya poder contener su ira.

—¡Si te hace tan feliz convertirte en el mártir de esta historia y pensar algo tan estúpido como yo haciendo algo por los demás, en este caso tu hermana, me parece perfecto! —espetó—. Sin embargo, no te permitiré que armes un juicio tan grande antes de tiempo... ¡DEBO SEGUIR CON MI RELATO! Debes saber mucho más, Trunks... Debes saber la verdad, la "verdadera verdad" de todo este estúpido embrollo.

El siempre emocional hijo se esforzó por no ceder ante la tentación pero le fue imposible: necesitó sentir algún tipo de emoción ante las palabras de su padre. La sensación que sus palabras le causaron fue extrema y necesitó abrir la puerta, cosa que no se permitió a pesar de todo.

—¿Verdadera verdad? Suena gracioso dicho así... —exclamó—. Tú no eres un tipo gracioso...

—Llámale como quieras —dijo Vegeta en respuesta—. Pero debo seguir con mi relato, ¿escuchaste? Y debes escucharme... No me voy a mover de aquí así que no tienes demasiadas opciones.

Trunks volvió a desear acortar distancias y encontrarse con él pero algo en su interior no le permitía abrir la puerta, algo más allá de la razón y el orgullo de un guerrero.

—No quiero verte, papá... —se sinceró, aún sumido en ese sentimiento contradictorio de la emoción y la no emoción—. No puedo hacerlo.

Vegeta refunfuñó.

—¡Hump! Entonces no me veas, date la vuelta y abriré la puerta. Si es así como quieres que sea, te daré el placer de elegir, insecto.

Y más sorpresas en Trunks.

El muchacho tuvo que reconocerlo: la idea de su padre solucionaba mucho la situación ya que él no deseaba verlo y no mentía al asegurárselo a sí mismo; a pesar de ello, era indudable que el trámite sería más veloz de esta forma, por lo cual debió darle crédito al genio de su padre.

Respiró profundamente y agradeció que no hubiera más insistencias del otro lado de la puerta, ya que éstas lo hubieran podido hace desistir de su decisión en un parpadeo. Se puso de pie y fue con pesadez hacia un costado del laboratorio, donde se sentó en el suelo, justo de espaldas a la puerta.

—Pasa —y cerró los ojos con algo parecido a la frustración, la cual estaba condimentada por el sufrimiento de 28 años de mentiras y la desazón de su alma tan corrompida por la oscuridad y las lágrimas.

Lágrimas... Su corazón parecía no latir y esto lo ayudaba a la hora de contener el llanto; realmente se le habían acabado las gotas que simbolizaban la agonía de su ser...

Sintió la puerta abrirse y cerrarse unos instantes después. Pudieron escucharse pequeños pasos que se acercaban sigilosamente al Príncipe, quien con cada paso cerraba un poco más fuerte los ojos. Finalmente, quien lo acompañaba en el cuarto se sentó detrás de él, poniendo espalda contra espalda.

Trunks tardó un poco en reaccionar pero al poco tiempo fue capaz de abrir los ojos; se encontró, entonces, con dos sombras perfectamente dibujadas en la pared. Las dos sombras formaban una sola, un solo ser con dos caras casi iguales.

"Que metáfora tan estúpida de nosotros dos", no pudo evitar pensar el muchacho, sacudiendo su cabeza y alejando su vista de aquella imagen que, debido a todo lo acontecido, le resultaba repulsiva.

Totalmente desubicada.

Sin saberlo, Vegeta pensaba en lo mismo que su hijo, sólo que jamás retiró su mirada de las dos sombras que formaban una sola imagen.

El reflejo de tu propia persona, ese que no soportas observar.

Y qué razón tenía su hija... ¡Eran dos partes distintas de lo mismo! Un solo ser separado en dos partes, la buena y la mala; la pensante y la no pensante... ¡Y él era el no pensante! Pero jamás, por supuesto, lo admitiría.

Pero lo sabía, muy en el fondo lo hacía.

—¿Qué esperas? —habló repentinamente su hijo, con una voz casi sepulcral—. Ya causaste demasiado daño con tu última confesión; es hora de que sigas con tu maldito relato... Éste no me afectará en lo más mínimo.

Vegeta alejó rápidamente su mirada de las sombras unidas y fijó su vista en el suelo en el que estaba sentado, concentrándose en todo lo que tenía que decir.

—No te hablé de Zerta —dijo.

Trunks rió brevemente.

—Dijiste que habías tenido algo con ella pero que esa mujer te adulaba demasiado, razón por la cual no hiciste caso a su elección... Ella te había elegido.

—Sí —contestó el Rey—. Ella me eligió y, cuando tú tenías un mes en Vegetasei, ella reapareció en mi vida.

Hacía un mes que el pequeño Trunks estaba escondido y ya había tenido que matar a Vaugun para resguardar el secreto... Vegeta no podía estar en peor situación. El Rey tenía bien en claro cómo esconder a su hijo: tapando su rostro con algún tipo de casco, invento que tendría que encargarle a alguien a quien tendría que matar luego. El problema era cómo hacer que Trunks encajara en una historia donde no pertenecía. "¿Cómo?" era la pregunta y Vegeta no tenía respuesta para ésta.

Al ahora Rey jamás se le había conocido mujer y que un niño saliera de la mismísima nada no ayudaría a resguardar el secreto. Estaba claro que necesitaba una excusa, una coartada para que la vida de Trunks no corriera peligro.

"Para que Bulma no me odie para siempre".

Repentinamente, Vegeta necesitó sonreír ante la lámpara de idea que acababa de encenderse en su cabeza.

"La única que me ha elegido en todo Vegetasei".

¡Zerta!

Esa mujer, desagradable aunque atractiva, podría servirle... ¡¿Pero cómo iba a convencerla de ayudarlo?

"De la única forma que sabemos convencer los saiyans: en el campo de batalla… Aunque a lo mejor es más fácil de otra manera".

Zerta no era de pasar mucho tiempo en Vegetasei; era una mujer por demás obstinada y lo único que sabía hacer era entrenar, cosa que a Vegeta le agradaba. Ella vagaba por el mundo, decidida por algún motivo desconocido a sobrepasar sus fuerzas, a ser más fuerte que el mismísimo Rey.

"Tal vez piensa que así podría lograr que yo la eligiera".

Cuan equivocada estaba, pensó el Rey para sí.

Decidido como nunca, abandonó la ventana de su cuarto, lugar mágico a la hora de pensar, para ponerse en marcha hacia la casa de Nappa. El sobrino de Vaugun era ahora el Líder de Clase Alta y Vegeta no creía que él lo mereciera; sin embargo, era inútil e influenciable, dos cosas fundamentales en la precaria situación del Rey y el Príncipe híbrido.

Antes de salir de su cuarto, echó una última mirada sobre el bebé que dormía sobre su cama y rodeado de telas, decidido a insertarlo a como diera lugar en la historia donde no pertenecía, en el planeta donde jamás podrían aceptarlo.

¡NAPPA! —gritó frente a la puerta del susodicho una vez en su casa.

El Líder de los altos abrió la puerta inmediatamente.

¡REY VEGETA! —respondió con rostro pálido, invitándolo a pasar cortésmente y entre reverencias que al hasta hacía poco Príncipe mucha gracia no le hacían.

Se adentró en el enorme hogar de tan corpulento guerrero y poco caso hizo a la decoración austera del lugar; se limitó a cerrar los ojos, cruzarse de brazos y darle la espalda a quien era el guerrero de Clase Alta más importante.

Estoy buscando a Zerta, hace tiempo que no la veo —dijo con la frialdad que lo caracterizaba.

Escuchó a Nappa reír pícaramente tras él.

Esa guerrera es ideal para Usted, Rey Vegeta —exclamó—. Me alegra que, después de años de evitarla, finalmente se haya decidido por ella.

"Perfecto" se dijo Vegeta en su mente, sonriendo sin poder evitarlo. Todo parecía favorecerlo, el que ese cerdo pensara que la buscaba para unirse a ella era prueba irrefutable de ello.

¿Dónde está? Habla, insecto —agregó segundos después.

Nappa se sumergió en un gran silencio y el Rey supuso, ante éste, que el guerrero estaba pensando.

¡En el planeta Quis, Su Majestad! —afirmó a Vegeta—. Zerta está empecinada por ganárselo a Usted y, como ella me parece y le parecía a mi tío Vaugun una candidata sobresaliente para ser su compañera, se le dio permiso para que se retirara todo el tiempo necesario de Vegetasei. Por eso, hace algunos meses fue allí a entrenarse duramente.

Vegeta rió a carcajadas pero no por el motivo que Nappa, seguramente, imaginaba.

Perfecto —dijo—. Llámala y dile que debo verla inmediatamente.

Y sin esperar los audibles "sí" por respuesta de un Nappa que cada vez se mostraba más servicial para con él, el Rey se retiró con la victoria al 50 %.

—No quiero escucharte más, padre —pidió Trunks en un hilo de voz casi imperceptible—. Vas a decirme que la mataste... ¡NO QUIERO OIR SOBRE MÁS MUERTES PROVOCADAS POR MI CAUSA!

Vegeta permaneció serio.

—No fue tan así, mocoso... Deja que te cuente cuánto había cegado con mi poder a esa mujer.

¡VEGETA! —gritó alguien en la puerta del Palacio a la mañana siguiente—. ¡VEGETA!

El Rey ni siquiera se apresuró; la dejó gritando un largo rato entre risas, abriendo la puerta de par en par de un instante al otro, encontrándose con una Zerta que se mostraba desesperada por demás.

Entra. —La dejó pasar y cerró la puerta. Ella caminó tras él y ambos quedaron estáticos en el medio del hall, él a espaldas de ella—. ¿Así que andabas entrenando para conquistarme? Qué persistente —comentó en tono burlón al pasar unos instantes de incertidumbre interminables para ella.

Sabes que te deseo, ¡sabes cuánto lo hago! —Gritó ella sin contenerse, arrojándose a la espalda del Rey, la cual apretujó con todas sus fuerzas—. Desde que entrenábamos juntos de adolescentes... ¡Desde el día que tuve el honor de entrenar con el Príncipe de los saiyans! Mi objetivo dejó de ser lograr más poder; mi objetivo empezó a ser el conquistarte y ganarme tu mordida en mi cuello...

Entre los temblores que su cuerpo experimentaba, claros signos de nerviosismo, Zerta se mostró atrevida y entregada al acariciar suavemente el cuello del Rey, cosa que él le dejó hacer sin darle demasiada importancia al asunto.

"No dejaré que los recuerdos de la terrícola me atormenten, no lo permitiré".

Pero fue imposible no recordar las suaves caricias de Bulma...

Sacudió su cabeza y la alejó de él repentinamente con un empujón poco amable, típico de Vegeta. Zerta fue a parar al suelo.

¡¿Qué mierda debo hacer? —Preguntó ella desde allí, no triste sino más bien furiosa, desencajada por el deseo de tomar a ese hombre que tenía en frente—. ¡DIME! Dime por qué me mandaste llamar...

Vegeta empezó a reír y fue hacia ella, tomándola del cabello y arrastrando su rostro hasta el suyo con brusquedad.

¿Serías capaz de morir por mí? —preguntó con una sonrisa que descolocó aún más a la guerrera.

Ella rió de igual forma al pasar los minutos.

Si me das tu cuello de seguro que sí.

—Poco digna... —comentó Trunks, exasperado—. Una mujer entregada y derrotada de antemano como la que tú describes es una mujer que no merece los respetos de un guerrero saiyan. Ella no merecía unirse a ti. Era poco digna...

—Exacto —dijo su padre en respuesta—. Zerta estaba asquerosamente entregada, me daba asco...

En la cultura saiyan, una mujer entregada era sinónimo de problemas. Los saiyans vivían exigiendo personalidad y fortaleza los unos a los otros; una mujer así era inadmisible. La mujer que para un saiyan era sinónimo de belleza y sensualidad era una que se hiciera rogar, una mujer con la fuerza más grande y con un carácter que le hiciera justicia a este poder. Esa era una mujer valiosa con la cual valía la pena unirse y procrear... Jamás una mujer sin carácter que diera su vida por algo que no fuera la sangre.

Trunks respiró profundamente.

—Eso no te salvará —agregó—. Si me vas a decir que ella se dejó matar por ti yo no te lo perdonaré. No voy a perdonar ni una muerte que hayas ocasionado para justificar el haberme arrancado cruelmente del planeta en que nací.

Todo dicho.

Vegeta permaneció largos minutos en silencio, decidiendo finalmente inclinarse hacia su relato, aunque no de la forma en que tenía pensado hacerlo.

—Ya que tanto te duele escuchar todo esto —dijo en un tono que oscilaba entre la sensatez y la ironía—, simplemente te diré que le permití morderme... Pero la maté luego de que lo hiciera.

Trunks se quedó callado, impresionado por la horrenda historia que su padre le resumía con tan poco tacto. Demasiada frialdad de su parte todo lo que estaba diciendo...

"¿Pero qué más puedo esperar de él?", se preguntó. "No hay mucho más por esperar...".

—Con la mordida en mi cuello y el anuncio de la próxima llegada de un heredero al trono todos los saiyans permanecieron tranquilos, sin sospechar de ninguna forma que todo era una farsa. —Siguió Vegeta, aún sonando frío pero ya no creyéndose el personaje, limitándose a hacérselo creer a su hijo—. Meses después comuniqué su "fallecimiento" durante un parto prematuro, cosa que todos creyeron fácilmente ya que eso le había sucedido a mi madre cuando yo nací. En la historia de nuestro Linaje Real hay demasiadas Reinas muertas.

Eso hizo temblar a Trunks al no poder evitar pensar en Pan.

"Si a ella le pasara algo...".

Desde que se había unido a ella que fantaseaba en silencio con tener un hijo fruto de su lazo, fantasía que se vio opacada por los dichos de su padre. Bien sabía que éstos eran reales y que no podía ignorarlos.

"Además soy un híbrido... No sé qué podría pasar con ella".

Sacudió la cabeza, intentando no sensibilizarse; Vegeta, por su parte, hizo caso omiso al silencio de su hijo y continuó:

—Dot, la mujer alienígena que cuidó de ti durante los primeros cinco años de tu vida, fue con quien te dejé días después de matar a Zerta. Ella y yo hicimos un trato, aceptó cuidarte a cambio del bienestar de sus hijos a la hora de atacar su planeta en una misión de conquista. Los llevé a ti y a ella a la Tierra, donde de ninguna forma me permití acercarme a la Corporación Cápsula, no podía hacerlo...

—O sea que viví en la Tierra durante algunos meses —dedujo el Príncipe.

—Sí —contestó su padre—. No deseaba que alguien más te descubriera; lo de Vaugun había sido suficiente y, cuando me percaté de que tu poder de pelea era demasiado alto y podría ser descubierto por un Scouter, me pareció que la Tierra era el único lugar donde no te pasaría nada. Además, en ese tiempo catalogué a la Tierra como "inservible" y la vedé de nuestros registros.

—Que conmovedor, padre... —volvió Trunks al tono irónico—. Es conmovedor pensar que me llevaste a la Tierra para que "no me pasara nada" en lugar de haberme dejado allí con mi hermana y mis abuelos; digo, para evitarte tantos disgustos a lo largo de casi 30 años... —Cerró la boca y su rostro mutó en distintos tonos que denotaban demasiada inestabilidad—. Tantas molestias... ¿Para qué? —Guardó silencio y, de pronto, descubrió que algo no encajaba—. ¿Para qué, padre? —y su voz se quebró por primera vez—. ¿Por qué hiciste todo eso si yo, para ti, tan sólo era un "soldado de Clase Alta"...? Yo no te importé nunca, lo dejaste muy en claro hoy en el sótano de Tark... —respiró con dificultad y sintió, en su espalda, que la respiración agitada no era únicamente de él; su padre también mostraba una leve agitación dado el sonido abrupto de su nariz y los vaivenes de su cuerpo—. ¡Dijiste que...! —y permaneció en silencio.

Vegeta, ya no tan tranquilo ni tan frío, apretó sus puños sin descruzar esos brazos que siempre tenía enredados frente a él. Lo siguiente no era fácil y eso le generaba nervios que no pudo explicar y que aborreció al sentirlos.

—Lo has entendido —murmuró—. Yo no tomo tantos recaudos en vano, no me ocupo con tanto interés en algo que no me interesa, Trunks... Finalmente has sido capaz de comprenderlo.

Trunks se agitó aún más y sintió un nudo en su garganta, éste producto de la enorme cantidad de palabras que lo atragantaron; quiso decir tanto... Pero sólo fue capaz de decir una cosa:

—Explícate, ya no me lastimes más.

Vegeta no se asombró por la emotividad del comentario; bien sabía que Trunks era así y que eso lo hacía distinto a todos, incluso a su madre.

"Aunque Bulma tenía estos momentos de sensibilidad... Ahora que lo pienso, los tenía y eran molestos. La diferencia entre él y ella radica en que ella era más alegre, más maligna... Trunks no tiene maldad y ese es el gran problema de su persona: no tiene el carácter suficiente".

—Por eso lloras como niña, por eso te cuesta tanto relacionarte con las personas —para sorpresa de su hijo, el Rey siguió sus reflexiones en voz alta—. Te falta carácter, Trunks. —El silencio volvió a domarlos y Vegeta se dio cuenta de que ya no debía hacer pausas; tenía que decir todo y rápido, antes de que se arrepintiera de ser tan honesto—. Imaginemos que estamos en otra realidad. En otra realidad, donde tú hubieras crecido en la Tierra rodeado de paz y alejado de las batallas mortíferas que son tan comunes para los saiyan, seguramente hubieras sido distinto... En una realidad "feliz" donde hubieras podido mirar a la gente sin miedo al rechazo, donde la gente hubiera podido mirarte libremente... —respiró profundamente, tomando el aire que ya sentía jamás volvería—, en una realidad así hubieras tenido esa cuota de sensibilidad que parece tan innata en ti; mas no hubieras sido tan falto de carácter. En esa realidad ficticia, creciendo al lado de tus padres y tu hermana, rodeado de paz... Allí habrías sido otra persona, sensible en el fondo pero más sociable, más arrogante... ¡Ya lo imagino! Arrogante como tu madre y yo, creyéndote el rey del mundo y fanfarroneando, siendo tan egoísta como ella y yo lo fuimos y como yo lo sigo siendo... Ese hubieras sido, Trunks: el hijo de los dos seres más déspotas del universo, el Príncipe sin corona y sin responsabilidades que gozaría de las bondades de la riqueza de tu madre... El que enamoraría a todas las malditas terrícolas, el que sería todo eso que tu madre soñaba para ti: el niño mimado que heredaría todo su imperio tecnológico, quien iba a seguir más que nadie, incluso que Bra, sus pasos...

—Pero tú me arrancaste de esa realidad de la que hablas, padre... —y Trunks finalmente cayó en llanto, ese que había creído ya no sería capaz de volver a atravesar. Ahora lloraba y mucho, demasiado.

Imposible no llorar al imaginar un Trunks teniendo una vida tan fácil... Tan feliz...

—NO —sentenció su padre—. Quien más te arrancó fue mi padre, no el tuyo —y se enfureció—. ¡MI PADRE! Ese imbécil... ¡Él tuvo la culpa! Bulma y yo teníamos todo planeado: tú y Bra crecerían y yo iría a visitarlos, yo te entrenaría durante mis estancias en la Tierra... ¡Ese era el plan! Tú ibas a ser feliz y mi padre borró toda posibilidad... ¡Porque yo tuve que condenarte! Tuve que hacerlo porque no quería irme de la Tierra con las manos vacías, no quería irme y borrar de mis recuerdos todo lo que había sucedido con Bulma, negarme a mí mismo los frutos de nuestra relación... ¡NO QUERÍA! —Estiró una mano hacia atrás y encontró la de su hijo, tomándola con fuerza y ya no dejándolo ir de allí en más—. No quería borrar a Bulma de mí... —no pudo evitar odiarse por lo que acababa de decir; sin embargo, había abierto tanto su corazón que cerrarlo, en aquel momento, sería imposible—. Necesitaba llevarme algo de ella, un recordatorio de que una vez yo me había unido a una mujer y había tenido con ésta dos hijos... Necesitaba un recuerdo, algo que me recordara a Bulma y, a la vez, me recordara todos mis errores... —apretó la mano con fuerza—. Necesitaba tener un trozo del pasado en mi vida, en mi presente... No podía dejarla ir, no podía olvidar a tu madre... Ni a ustedes.

Trunks apretó la mano de su padre, casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo.

—¿Acaso me estás diciendo que me quieres, padre? —inquirió débilmente, deseando, en el fondo, no escuchar la respuesta.

—Sabes que no soy tan sentimental —musitó el Rey, inestable por las palabras y los sentimientos—. Quise que Bra fuera la reencarnación de Bulma, que ella fuera la mujer hermosa y poderosa que fue tu madre. Quise, también, que tú fueras como yo... Un guerrero sin corazón, el guerrero más fuerte de nuestra historia... ¡Y todo salió mal! Olvidé que Bulma tenía corazón y que ella misma me advirtió que tú también lo tenías, ella lo veía en tus ojos... ¡Olvidé que tú te parecerías más a ella y que serías aún más bueno que ella! Que tú serías el niño mimado que ella soñaba, no el guerrero que yo quería... —aún sin soltar la mano de su hijo, el Rey giró su cabeza hacia la pared, donde las dos sombras que parecían una seguían reflejándose con soberbia—. Bra me lo ha hecho entender, Trunks... "el espejo que destruyes para sentirte bien", ese eres tú para mí: el espejo que rompo porque no soporto ver tanto de mí en ti, no soporto haberte transformado en el monstruo sin carácter y demasiado delicado en el que te transformé... ¡Es por ver demasiado de tu madre y demasiado de mí que no logro mirarte! Es por eso, por ver en ti todos y cada uno de mis errores, que te castigué toda mi vida, casi sin darme cuenta…

La respiración del más joven desapareció. Trunks olvidó respirar, ya no era capaz de comprender para qué debía hacerlo. Se agitó y su cuerpo se convulsionó por las palabras y el gesto de la mano de su padre, desesperándose por la oleada de pensamientos y sentimientos que reclamaban ser escuchados y entendidos en su cerebro y su pecho. ¡Era inconcebible! Todo lo que su padre le decía lo era; mas era hermoso lo que estaba diciendo... Frío, irrespetuoso y difícil de digerir, pero hermoso al fin.

—¿Fue por eso, padre? —preguntó—. ¿Realmente ese fue tu motivo? ¿Acaso el motivo era conservar un recuerdo de mi madre?... —Se le secó la garganta y necesitó secar las lágrimas pecadoras que empapaban sus mejillas—. ¿Fue por ella? ¿Fue por nosotros? Padre... —Tosió sin ya poder hablar, estrujando la mano de su padre con fuerza descomunal, la cual logró arrancar un gemido de dolor de su progenitor—. Por nosotros, por la historia que nos contaste a Bra y a mí...

—Fue por todo eso —musitó su padre, apretando con la misma brutalidad la mano de su hijo—. Pero no logro nada diciéndotelo, ¿verdad? —admitió el Rey entre risas irónicas—. Sé perfectamente que jamás me lo perdonarás, así como yo jamás podré perdonar a mi padre por haber matado a Bulma... —suspiró largamente y sintió más sollozos de parte de su hijo—. La historia de nuestra Realeza es de odio entre padre e hijo y yo no podía arruinar esa costumbre...

—Estupideces —aseguró su afectado hijo—. Lo que daré a tu favor es que sé, no me preguntes por qué, que no lo hiciste con la intención de hacerte odiar por mí... —carraspeó y alejó su mano de la de su padre—. Mas no te equivocas: hay cosas que jamás seré capaz de perdonarte, padre... Lo siento.

Vegeta sonrió ante lo predecible de la respuesta de su hijo.

—Lo sé perfectamente —afirmó con tranquilidad—. No te preocupes, ese es mi castigo... El castigo por llevar tantos pecados en la sangre, esos pecados que tú has heredado y que yo, a la vez, heredé de mi padre... Está en tu deber cortar esta racha y hacer las cosas bien una vez que este collar —llevó su mano, por instinto, hacia el dije del Collar Real que siempre llevaba en su pecho— decore tu cuello...

Trunks se impresionó por las palabras de su padre.

—¿Papá...? —farfulló confundido.

Vegeta se puso de pie, lamentándose al ver que la sombra que era una en la pared ahora se había convertido en dos mitades imperfectas, nada parecidas.

—Mañana por la tarde saldrás de aquí y les gritarás en la cara a todos quién y qué eres —ordenó—. Les mostrarás tu rostro y les demostrarás tu fortaleza, esa que tienes que sacar de Bra y de tu chiquilla... De ellas dos y de nadie más debes sacar la fortaleza que te hace falta y el carácter que yo jamás cultivé en ti, Trunks. —Hizo una pausa y giró hacia su hijo, a quien hasta hacía un momento le seguía dando la espalda. Desde su perspectiva, lo vio apretar el casco con sus manos, aferrándose desesperadamente a éste—. Debes demostrar tu valor y tu calidad como guerrero... —apretó sus puños—. ¡Y si te exigen algo, si te miran mal, tú expulsarás todo tu poder y les demostrarás que un híbrido no tiene por qué ser débil! Tú eres el saiyan más fuerte que conocí en mi vida... Sé el más fuerte en la de ellos también.

El Príncipe no pudo evitarlo: por un lado, sonrió por lo conmovido que se sintió por las palabras de su padre; por el otro, giró hacia él sin ya poder estar alejado de sus ojos.

Y los ojos quedaron fijos en él por largos minutos...

Por primera vez en la vida de ambos.

—No sientes asco, padre —murmuró el muchacho entre lágrimas, las cuales vio claramente reflejadas en las pupilas de Vegeta; él, por su parte, decoró su rostro con su típica sonrisa.

—Nunca fue asco —aseguró fríamente, de la única forma que sabía hablar—. Te lo acabo de explicar: rra por el color... El azul de tu madre, ese que está plasmado a la perfección en tus ojos, idéntico a ella... Y por la mirada fría y enojada, esa que Bulma definió como idéntica a la mía.

Trunks se puso de pie y fue hacia él, mirándolo totalmente embobado, incrédulo.

"Jamás podré perdonarlo...".

Y le sonrió sinceramente.

"Pero es mi padre y, como tal...".

—Te quiero, padre...

Vegeta estalló en risas.

—No seas así —musitó—. No seas dulce, tu dulzura te quita carácter y fortaleza.

—¿Realmente quieres que sea Rey?

Su padre asintió.

—Lo serás tarde o temprano, es la ley de la vida —aseguró—. Así que debo prepararte para ese día, mocoso. El día en que yo desaparezca de este mundo será el día en que tú deberás convertirte en el verdadero Trunks, el día en que dejarás esta sombra que veo ante mí lo más atrás posible... ¡Y basta! —sentenció—. Serás Rey y te harás más fuerte, yo me ocuparé de ello.

El muchacho parpadeó sin comprender.

—¿Ocuparte...?

—Sí —afirmó Vegeta— No descansaré hasta que estos granujas te acepten y hasta que puedas demostrarles que eres capaz de transformarte en Súper Saiyan —y la sonrisa de su rostro, siempre orgullosa, se amplió.

Trunks no ocultó su sorpresa.

—¿Hablas de la transformación que te hizo rubio durante la batalla con Nappa? —indagó.

—Sí —asintió su padre—. Los saiyans nos hacemos más fuertes a través de la furia, esa que yo sentí cuando tu madre fue asesinada —su rostro se tornó sombrío repentinamente—. Cuando la furia, la impotencia y el dolor se hacen uno, cuando el odio y la pasión se vuelven lo mismo, como nuestras sombras en la pared cuando estábamos uno a espaldas del otro —señaló la pared con una de sus manos—, es ahí cuando estalla nuestro verdadero potencial. Luego de años de entrenarme en ese estado pude comprender la teoría de Tark que a mi padre lo hizo reír durante días: todos podemos ser Súper Saiyans, supongo que hasta el más efímero Clase Baja puede, aunque me cuesta imaginarlo.

Trunks no pudo evitar enfadarse.

—No los discrimines así, no frente a mí —pidió.

El Rey sonrió ampliamente una vez más.

—¡Cierto! —bufó—. Tu chiquilla es de esa clase... Con un entrenamiento adecuado, tal vez hasta ella pueda lograr ese estado... ¡Y fíjate lo valioso de la información que estoy dándote! El día que yo no pueda detenerte, tú podrás decirle a los saiyans que todos somos iguales, que no hay clase que valga... —rió brevemente al ver la cara de impresión de su hijo—. Tú darás igualdad a esta sociedad, esa que a mí jamás me interesó darle y que dudo mucho le dé alguna vez... ¡Tú y la chiquilla, primera mujer en la maldita historia de nuestra sangre que llegará a Reina siendo una insignificante Clase Baja! Ella me lo hizo comprender hace un momento, cuando tú te fuiste del sótano y ella vino dispuesta a matarme por hacerte sufrir...

—¡¿Pan qué? —exclamó horrorizado el Príncipe.

"Está loca... ¡Enfrentarse a mi padre así! Y por mí...".

Vegeta inundó el aire con risas desenfrenadas.

—¡Si hasta me escupió en la frente! Está totalmente loca y eso la hace valiosa: ella es como Bulma... No es fuerte, para mí no lo es, pero tiene fortaleza. ¿Comprendes la diferencia? —Su hijo asintió y él prosiguió con sus dichos—. Todo saiyan que tenga la fortaleza que la sangre demanda podrá llegar al estado de Súper Saiyan que Broly presumió a todos hasta el cansancio... ¡Y los saiyans seremos invencibles incluso entre nosotros! Y tú revolucionarás todo el día que yo no esté... —su rostro mutó hacia la más seca seriedad—. Tú harás que la balanza esté más equilibrada; lograrás que en Vegetasei haya una revolución de poder... ¡Y lo harás con esa chiquilla! Te lo digo porque Broly está cerca, siento su energía flotar en el aire...

—¡¿Broly? —la sorpresa por las sinceras palabras de su padre se transformó en miedo ante la inminente llegada del monstruo legendario.

—Sí, el Broly que, cuando yo maté a mi padre, se burló de mí por no saber sentir el poder de pelea... —rió brevemente—. Aprendí con los años y no logro sentirlo del todo bien ya que nadie me enseñó a hacerlo, tuve que aprenderlo solo —comentó—. Mas lo siento... Él está cerca, mocoso. Y no sé si sobreviva a esa batalla... ¡Aunque te aseguro que le daré pelea! Soy más fuerte que lo que todos ustedes han visto durante la batalla con Nappa; ese no era todo mi poder como guerrero dorado.

—¡Pero si tu energía era monstruosa! —declaró el muchacho ante las palabras de su padre—. Destruyó todos los Scouter a la redonda...

—¡Pero no era nada comparado a todo lo que puedo hacer! Puedo llegar aún más lejos, muchísimo más lejos... Por eso estoy seguro de que ganaré.

La confianza que su padre desbordaba era avasallante y digna de admiración, por lo cual Trunks necesitó sonreír.

—Yo te ayudaré —afirmó.

—NO —sentenció, entonces, su padre—. Es mi batalla y NO quiero que interfieras... Lo siento, tendrás que desear mi muerte si es que quieres tocar a Broly con el filo de tu espada.

—Padre... —suspiró el muchacho con desgano.

Vegeta volvió, por su parte, a mostrarse confiado.

—No te dejaré interferir a menos que mañana, cuando le muestres tu rostro a todos los saiyans que viven en este planeta, muestres la fortaleza que tu madre tenía y que yo tengo —aseguró el Rey—. Si mañana muestras tu fortaleza ante todos, les cerrarás la boca sin remordimientos y con todo el orgullo que caracteriza a nuestra raza y la Realeza a la que perteneces.

El hombre levantó una de sus manos y la puso sobre el hombro de su hijo. Trunks, ante el gesto, se encogió de hombros.

—No puedo sacar fortaleza de donde no la hay —se llevó una mano a su pecho—. Tienes razón al afirmar que no tengo carácter, padre... —sollozó, reconociéndolo—. No sé hacerlo y no será tan fácil el cometido que me imploras... ¡No puedo! De sólo imaginarme ante ellos, mostrando mi rostro y mirándolos a los ojos... —agachó su cabeza y apretó sus párpados—. ¡No puedo imaginar algo tan inconcebible! No me lo pidas... No, papá.

"Así jamás lo convenceré", pensó el Rey para sí.

Trunks era sumamente emocional y Vegeta no pudo evitar preguntarse si era "justo" pedirle que sea algo que, sin lugar a dudas, no era...

"Pedirle a Trunks que sea fuerte es como pedirme a mí que sea amable... ¡No está en mi esencia!".

Observó el rostro consternado de su hijo y negó con la cabeza, haciendo que el joven lo observara con interés.

—¿No qué? —preguntó.

Vegeta se puso serio.

—No es como pienso —se aseguró en voz alta—. No es pedirte algo que no tienes... —Apretó el hombro de su hijo con más fuerza—. ¡Eres hijo de dos seres que jamás fueron buenos, que jamás se preocuparon por agradar sino por cumplir sus propios caprichos por más excéntricos que fueran! Claro que tienes fortaleza en tu interior, chiquillo... ¡La tienes! Sólo debes despertarla, sino jamás serás Rey.

Trunks se quedó en silencio largos instantes, maravillado por el hecho de que su padre fuera tan honesto por primera vez en la vida y, sobretodo, emocionándose por la mirada que no lo abandonaba, distinto a como siempre había sido.

Se miraban y su padre ya no parecía ver pecados en sus pupilas, parecía ya no verse a él mismo... Simplemente miraba a su hijo.

Y a nadie más...

El muchacho, para sorpresa del Rey, sonrió.

—¿Y ahora qué? —inquirió su padre ante el gesto para nada común de su hijo—. ¿Qué te hace sonreír?

—Me miras a mí, padre —afirmó el joven—, a mí y a nadie más... —Quiso abrazar a Vegeta pero no se lo permitió a sí mismo, sacando de algún rincón oscuro de su pecho las fuerzas suficientes para no ceder ante sus sentimientos, esos que siempre lo gobernaban con puño de oro—. Ya no ves en mí al espejo que rompes para sentirte bien...

Vegeta, instintivamente, alejó la mano del hombro de su hijo. Quiso darle la espalda; mas no lo hizo.

—Esto es fortaleza —explicó—. Mirarte es ser fuerte, Trunks... ¡Mirar a la víctima de mis pecados! Al hijo que se parece demasiado y demasiado poco a mí. Ese eres tú.

—Tu espejo... —agregó su hijo.

—Sí —asintió el padre—. Pero ya no lo serás más... ¡Y no lo hago por ti! —mintió sabiendo que él sabría detectar el engaño necesario para el carácter del hombre—. Es por Bulma, por quien no pudo convertirte en el niño mimado que soñaba.

Trunks creyó ver algo extraño en los ojos de su padre, algo parecido a los sentimientos que él siempre veía desparramados por el suelo cada vez que se cortaba y cada vez que miraba sus ojos en el espejo próximo a romper...

Jamás perdonaría a su padre y lo sabía; sin embargo, necesitaba darle crédito.

—Me alejaste de mi hermana y mis abuelos, de la mitad de mi esencia —murmuró.

—Y eso no te importará porque eres fuerte —completó la idea Vegeta, sonriendo con orgullo y altanería, las cuales estuvieron condimentadas con una pizca de alivio.

¿Por qué alivio? Para el Rey era muy obvio...

"Alivio por haberme sacado todos los secretos de adentro, por haber sido capaz de admitirlos frente a los ojos que más temo en todo el universo".

Los ojos azules de su hijo, tan parecidos a los de él y a los de Bulma que lograban dar terror a quien los mirara.

"El hijo de dos seres soberbios, egoístas y pecadores...".

Vio las intenciones en el rostro de Trunks y extendió sus brazos en el aire, dándole ánimo disfrazado de condescendencia inexistente en alguien como el Rey Vegeta de Vegetasei.

"El sujeto más absurdamente bondadoso que conocí en mi vida".

Trunks se acercó lentamente, inseguro de hacer lo que deseaba tal vez, pero arrastrado por Vegeta con la mirada, con las acciones y las respiraciones.

"El guerrero más fuerte y el Rey que cambiará para siempre a los saiyans".

—Esta será la primera y única vez que te meterás dentro del espejo —aseguró sin miedo—. Luego de esto jamás volverás a demostrarme tus emociones y yo jamás volveré a demostrarte las mías...

Trunks se paralizó ante las palabras de su padre.

—Necesito reconciliarme con el espejo... —farfulló.

Vegeta lo tomó fuertemente del brazo y, acto seguido, pegó el pecho de su hijo al suyo, abrazándolo con la mano que acababa de tironearlo. Al sentir las manos de su hijos aferrarse con fuerza a su espalda, sonrió sin poder evitarlo.

—Serás fuerte cuando salgas por esta puerta —exclamó el Rey—. Nadie te derrotará y nadie te cuestionará... ¡Nadie tendrá recriminaciones para ti! Serás el Príncipe que siempre debiste ser y el futuro Rey que todos desearán ver portar este collar.

Trunks lloró por unos segundos, sintiéndose más feliz que nunca en los brazos de la mejor y la peor persona que había conocido en su vida; absorbido por el deseo de quedarse así y, al mismo tiempo, de asesinar a quien se aferraba cálidamente.

—Serás el Rey de una nueva era, esa que permitirá híbridos con poderes que jamás soñamos y Súper Saiyans que terminarán por eliminar la diferencia de clases —siguió exclamando Vegeta, con la mano estática sobre la espalda de su hijo—. Serás todo lo que yo tendría que haber sido... ¡Pero yo me llevaré el honor de haber destrozado al Guerrero Legendario! Broly morirá en mis manos y no serás perfecto en la historia de nuestra sangre únicamente por no haberlo hecho tú. Te lo juro, Trunks... —nuevos sollozos de parte del hijo y el Rey recordó a Bulma y al amor que ella aseguraba tener por él—. El odio por lo que te hice y el afecto por tu hermana y la chiquilla insolente te harán el ser más invencible del universo... ¡Odio, pasión y tristeza! Esos son los secretos que te dejo de obsequio para el futuro.

—¿Por qué, papá? —preguntó el muchacho, aún sin lograr entender cómo habían llegado a aquella inesperada situación.

—Porque se lo debía a Bulma por no cuidarte como ella me lo pide en sueños hasta el día de hoy; por la felicidad incompleta de tu hermana y por la eterna desdicha que regué sobre ti con ese maldito casco, el que jamás te permitió demostrar la fortaleza que tienes por herencia mía y de tu madre.

—Papá...


Todos estuvieron en silencio después de que Vegeta se marchara, trasladándose a la sala de Tark cuando entendieron que nada quedaba por hacer en el sótano.

—En algunas horas amanecerá —comentó repentinamente Tark, quien no deseaba otra cosa más que cortar la racha de molesto silencio; éste era especialmente doloroso en el lugar que Pan y Bra ocupaban sobre un sofá, sin dirigirse la palabra la una a la otra y sin siquiera mirarse por largos y asquerosos minutos.

El Líder de Clase Media observó a Goten por unos instantes, viéndolo dormido una vez más.

"¿Qué le pasa a la juventud? Todo debería ser gritos aquí...".

Bra se movió unos instantes sobre su asiento, mostrándose incómoda. Al percatarse de que aún llevaba una túnica negra tapando su cuerpo, la cual ya no era necesaria en la privacidad de su hogar, Tark pensó en pedirle que se pusiera cómoda.

—No sienta vergüenza, Princesa —le pidió amablemente—. Aquí está segura, puede quitarse esa túnica si lo desea.

La muchacha abrió los ojos después de interminables minutos de mantenerlos cerrados, asintiendo ante los dichos del hombre. Delicadamente, se puso de pie y quitó la túnica de su cuerpo, rascando su cuello en un claro gesto de cansancio y sacando de entre su camisa un collar, ese que le perteneciera a su madre. Al dejarlo a la luz por unos segundos, el Líder de Clase Media gimió, pasmado ante lo que se vislumbraba frente a él.

—¡El Collar Real! —exclamó—. El collar que lleva sobre su pecho, Princesa... ¡Es el Collar Real que perteneciera a la Reina de Vegetasei, la madre del Rey Vegeta!

Bra quedó boquiabierta ante el dato, mirando a Pan casi por instinto.

—¿Por eso te lo quedaste mirando cuando nos conocimos frente a la tumba de mamá? —indagó.

Pan ni se inmutó.

—Sí —afirmó secamente—. Había olvidado decírtelo y, al parecer, Trunks no lo notó demasiado... ¡Con ese escote asqueroso que luces claro que no quiso mirar hacia tus pechos, si eres su hermana! Deberías taparte un poco, damita...

Bra se sonrojó y abrochó varios botones de su camisa, exasperada.

—¡En la Tierra los escotes están de moda y yo tengo unos hermosos pechos! —aseguró con soberbia—. ¡Claro que los muestro! ¡¿Cómo crees que voy a llamar la atención de los hombres si no muestro mis atributos? ¡¿PELEANDO? —terminó en tono irónico.

Pan rió a carcajadas.

—Siendo tú misma —respondió—. Qué triste la forma de cortejo que tienen los terrícolas...

Bra la observó hecha una llamarada de nervios.

—¡Lo dices porque tú no tienes pechos! —le gritó luego de refunfuñar igualito a su padre, dándole la espalda a los presentes y cruzándose de brazos.

—Mis pechos crecerán un buen día, aún soy muy joven —le comentó, sin mostrarse herida por sus palabras, una Pan que se mostraba más altanera que nunca—. Además, tu hermanito no se queja de ellos...

Eso hizo explotar de rubor a la gemela de Trunks.

—¡NO ME CUENTES COSAS TAN ÍNTIMAS DE MI HERMANO Y DE TI! —exigió—. ¡Una hermana no tiene por qué imaginarse a su hermano en ESA situación!

Pan, de un instante al otro, se puso de pie y apretó sus puños, traspasando la espalda de Bra con su mirada.

—¡Entonces no te quejes de mis pechos y admite que hay formas más inteligentes de cortejar a un hombre! Los saiyans cortejamos durante una batalla y miramos en el otro el instinto al pelear, ¡NO los pechos y el trasero de quien tenemos en frente! —la empujó con una mano y, así, la obligó a mirarla—. Te lo dije en tu planeta, damita... RESPETA MI MALDITA CULTURA. ¡Respétala, maldita sea!

Y ambas siguieron gritando y gritando, cosa que Tark observó con leve tono rojizo en sus mejillas.

"Mujeres...".

Se sorprendió de sí mismo por pensar algo tan trillado y sacudió su cabeza, acercándose a las dos mujeres que peleaban enardecidamente.

—Señoritas, por favor... —suplicó con cierta timidez—. Ambas son hermosas y ninguna de las dos necesita demostrar nada, ambas son...

—¡SILENCIO! —gritaron las dos al unísono, con rostros deformados por las emociones extremas de la batalla femenina.

—Ya basta, Pan —y Goten, increíblemente, se metió en la discusión—. ¿Qué diría el bisabuelo si te viera discutir así por algo tan trillado? Ambas son preciosas y todos los saiyans matarían por pelear con ustedes...

Una sonrisa final y todo fue silencio, el cual fue detenido por el golpe que Pan le dio entre los ojos a un Goten que aún no se había despabilado del todo; el joven cayó sobre el sofá, inconsciente.

—Bien hecho, cuñada —la felicitó Bra—. Esa sabandija no tiene por qué meterse...

"Y encima decirme algo tan cursi... ¡Es patético!".

Tark las distrajo con su enorme y jovial risa.

—Así deben ser los jóvenes —aseguró—. Enérgicos y llenos de vida... —observó a las dos mujeres y sonrió con más honestidad que antes—. Me agrada que se lleven así, su relación es tensa porque ambas estiman al Príncipe, lo cual agradezco de todo corazón.

Eso hizo que Pan y Bra sintieran una punzada en sus respectivos pechos, dándose cuenta de que no se llevaban mal y disfrutaban pelear por tonterías... Mas todo era por Trunks, por el amor de la vida de ambas.

—Papá le dará ánimos... —dijo su hermana—. Sé que lo hará, tiene las palabras indicadas si es que las usa bien...

Y ambas se sentaron, adoptando la misma pose que antes, la del enorme y molesto momento de silencio.

Pan no destacó nada ante sus palabras y Tark se permitió continuar:

—Como le decía —le habló a Bra—, el Collar Real desapareció poco tiempo después de la muerte de la Reina Duva, madre del actual Rey Vegeta. Ella murió dando a luz a su padre, Princesa —explicó pausadamente—. Verlo en su cuello me hace pensar que el Rey lo tuvo en su poder todo el tiempo...

Bra se conmovió ante el dato, acariciando lentamente el dije del collar.

—Era de mi madre —dijo—. Mamá adoraba este collar según me contaron mis abuelos... Al parecer mi padre se lo regaló… Ignoro el dato, es sólo una suposición.

Sintió deseos de sonreírle a Tark y lo hizo, entendiendo por qué Trunks lo apreciaba tanto.

"Es un hombre por demás amable... Un hombre con un instinto paternal que escapa inconscientemente de sus poros".

Entendió que quería a Trunks como un hijo y eso le hizo sonreír.

—Es un hermoso collar, el cual tiene la forma de una parte de la Insignia Real, esa que a lo mejor ya vio en las armaduras de su padre y su hermano.

Bra se impresionó por no haberlo notado, negando con la cabeza los dichos de Tark.

—Miraré la insignia de la que habla cuando ellos salgan de ese cuarto...

Y las miradas de ella, de Pan y de Tark se dirigieron al mismo sitio: la escalera arriba.

—Seguramente —susurró Tark—, la señorita Pan use ese collar algún día...

La muchacha rió ante las palabras.

—Ni loca, es ridículo.

Y todo fue silencio una vez más...

Cada uno se dedicó a pensar. Pensaban en la vida de cada uno, en el destino de Vegetasei y la Tierra... En Vegeta, en Bulma y, especialmente, en Trunks...

Bra entendió que las tres personas que estaban allí eran las que más querían a Trunks, por lo cual sintió un lazo con esos seres de ropas extrañas.

"Ojalá Trunks te contara dentro de esa lista, papá...".

Sujetó el dije del collar con fuerza.

"Ojalá puedas decirle lo que sientes y puedan entenderse... Seguramente él no te perdone, pero debes darle la paz que necesita para ser fuerte, para tener más carácter y menos miedo de su alrededor...".

Y sus ruegos se hicieron realidad cuando Vegeta apareció en las escaleras, las cuales bajó rápidamente. Tras él, Trunks decidió bajar con más lentitud.

Pan fue hacia su hombre y Bra hacia su padre. Tark se quedó en el mismo lugar, expectante.

—Me voy al Palacio —espetó el Rey ante los presentes—. Mañana por la tarde nos reuniremos unos minutos aquí y luego iremos allí... Todos menos Bra, a ella la cuidarás —y miró a Tark—. Ella no debe ser vista.

Pan quiso agregar algo ante esas palabras pero Trunks no se lo permitió, asiéndola de la mano. Con una leve sonrisa, intentó comunicarle a su mujer que todo estaba bien.

—Mañana a la tarde, padre —y ambos se miraron.

Vegeta decoró su rostro con su media sonrisa, recordando la última parte de la charla entre ambos.

Ya no llorarás, los guerreros no deben llorar sino pelear —dijo a su hijo en voz baja, la cual no era necesario levantar debido al abrazo que los mantenía uno demasiado cerca del otro.

Jamás volveré a llorar —aseguró Trunks casi sin creer en las palabras que decía, rezando íntimamente a su madre para que lo ayudara.

Si sigues llorando y escondiéndote perderás la cabeza y harás sufrir a esas dos niñas —mencionó Vegeta, haciendo alusión a Pan y Bra—. Por ellas y por la memoria de tu madre... ¡Sé fuerte de una maldita vez! Aprende de ellas a forjar el carácter que yo no te enseñé a forjar y mañana todos quedarán pasmados por tu poder y tu presencia, por uno de los guerreros más poderosos de nuestra historia.

Lo intentaré —susurró el joven.

Vegeta recriminó las palabras apretando de más la espalda de su hijo.

Lo harás y punto.

Se separaron y se miraron, uno orgulloso y el otro esperanzado y asustado al mismo tiempo.

Mostrar un rostro hasta ahora desconocido...

"Sino jamás podré volver a caminar por las calles de Vegetasei".

Si no lo hago jamás me respetarán...

"Si no lo hago terminaré volviéndome loco y arruinando la vida de los que amo".

Exacto —y su padre le dio finalmente la espalda—. Demuéstrales que eres mi hijo.

Y la puerta se abrió lentamente...

Trunks observó la espalda de su padre alejándose de él y comprendió que jamás se le devolverían los años perdidos con Bra ni los años perdidos bajo un casco; sin embargo, también supo que llorando tampoco solucionaría nada.

Absolutamente nada.

¿Qué había solucionado con tantos años de sufrimiento, brazos cortados y espejos rotos?

NADA.

"Nada...".

Nunca había tenido la fuerza suficiente para revelarse ante su padre. ¡Jamás había intentado mostrarle su rostro a nadie! Jamás había querido ser rebelde... No tenía la fortaleza suficiente para hacerlo.

Entendió finalmente que sin fortaleza no llegaría a ninguna parte. Sin ésta, Pan y Bra jamás serían felices... Muchísimo menos él. ¡Y el Reino! ¡Y los saiyans! Su sangre jamás sería feliz…

Tenía que extirpar los pecados de su padre de sus venas, sacarlos de su sangre y poner allí vida, fuerza, valentía...

Carácter.

Si Vegeta le había dicho todo eso, ahora lo comprendía, era porque sin saber toda la verdad no podría odiarlo lo suficiente. Su padre deseaba despertar en él todos los sentimientos que un saiyan necesitaba para ser fuerte: odio, pasión y tristeza.

"Qué ironía… Un saiyan, ser despojado de sentimientos si los habrá, necesita sentir emociones para hacerse más fuerte que nunca".

Rió al pensarlo, entendiendo el error que su raza había cometido, el cual los había alejado de la verdad de su poder.

"Tantos años aburridos, sumidos en batallas fáciles y negándonos los unos a los otros algún tipo de sentimiento… ¡Los saiyans debemos sentir! A nuestra manera, no a la terrícola… ¡Pero debemos hacerlo! Sino nos estancaremos en un poder que no nos hace justicia y terminaremos matándonos los unos a los otros… Nos terminaremos extinguiendo".

Lo cual él, a pesar de todo, no deseaba.

"No deseo un futuro así para mi pueblo… A pesar de todo en lo cual no estoy de acuerdo con esta raza… Yo la amo".

Y rió una vez más, entendiendo que su padre había cometido un pequeño error.

"Odio, pasión y tristeza… En realidad sólo es pasión. Pasión positiva y pasión negativa… Los saiyans somos apasionados, esa y no otra es nuestra esencia".

Se juró a sí mismo, antes de salir por aquella puerta, que la charla con su padre sería un punto de inflexión en su vida.

"No volveré a llorar ni a ser débil... ¡No recuperaré el tiempo perdido haciéndolo!".

No estaba seguro de si sería capaz de cumplir esa importante promesa; deseaba cumplirla y, por el momento, eso era suficiente para él.

"Debo aprender a sentir de otra manera, de una forma que sea útil para mi raza y mi poder… ¡Sino jamás podré mirarlos a los ojos! Sino jamás me respetarán…".

Buscaría la verdad en su esencia, allí y no en otra parte se encontraba.

Suspiró y, en ese momento, fue capaz de comprender por qué habían tenido esa charla su padre y él. El motivo era uno solo: darle fortaleza al Príncipe. ¿Por qué Vegeta había querido darle fortaleza? Para que pudiera mostrar su rostro por primera vez…

"Ya que, si no lo hago, me matarán y destruirán la Tierra".

Y su padre, evidentemente, no deseaba tan nefasto destino.

No más espejos rotos, padre... Ya no habrá más espejos rotos, sólo seremos tú y yo, nada más.

Y Vegeta, increíblemente, se asomó por la puerta de la cual aún no se había alejado.

Revélate y ya no me hagas caso, eso es lo que debes hacer de ahora en más.

Trunks le sonrió y odió al mismo tiempo, sabiendo que el odio tampoco era un sentimiento útil. Desechó ese sentimiento al salir por la puerta.

Ya no más una sombra en la pared...

"Ni espejos rotos ni sangre en mis brazos...".

Ahora había que crecer: tener carácter, afrontar los miedos...

"Ser yo mismo como cuando miré a Pan por primera vez... Nacer ante mi pueblo y convertirme en el ser con rostro que siempre debí haber sido".

Vamos, mocoso —ordenó su padre—. Creo que tu adorada chiquilla y tu hermana están discutiendo...

—Mañana será un día muy divertido... —y el Rey, con palabras tan indescifrables, se retiró del hogar de Tark.

Pan y Bra miraron fijamente a Trunks, jurando que algo en él había cambiado. El joven, por su parte, acarició por eternos segundos a su mujer, dedicándole una hermosa sonrisa.

—Será mejor descansar, ya es tarde y no faltan demasiadas horas para el amanecer.

El Príncipe vio a Bra sonreír con sinceridad y él imitó esta sonrisa.

—Sabía que si usaba bien las palabras lo arreglaría... —no pudo evitar decir la híbrida.

¿Arreglar? ¿Era ese verbo adecuado para lo que había pasado? Trunks no lo sabía, pero estaba casi seguro de que no.

"No fue arreglar el rumbo; el rumbo se cambió...".

Y su nuevo rumbo le daba miedo, uno que no podía evitar sentir.

"Pero si no lo alejo, mañana no seré capaz de hacer lo que debo, quiero y deseo hacer desde hace años...".

—¿Qué sucederá mañana por la tarde, Príncipe? —inquirió Tark.

Trunks le sonrió a él también.

—Mañana cambiará el curso de esta historia... Y de mi vida.

Y de las vidas de todos los saiyans... De eso sí estaba seguro.

Porque ya no se iba a ocultar ni iba a ser una sombra: cuando amaneciera, él sería Trunks por primera vez.

Ante todo… Ante todos…

"Y espero me mires, mamá… Porque papá, a pesar de todo, sí tiene sentimientos. Lo sé porque él los tuvo cuando moriste… Por eso lo respeto a pesar de no poder perdonarle sus errores…".

Jamás iba a perdonar las muertes absurdas y los años de soledad.

"Pero sí apreciaré lo que hizo por mí hoy".

Darle fortaleza, la cual se juró que empezaría a forjar en ese preciso instante.

"Porque sino no podré mirar a nadie a los ojos…".


Nota Final del Capítulo XXXII

¡Hola a todos! Disculpen la tardanza, mi suegra tuvo un problema complicado de salud y la situación se volvió horrorosa para mi novio y para mí... Agradezco a la vida que ella esté bien ahora y les pido perdón por no actualizar antes; mi prioridad pasó a ser ella y mi pareja, a quien intenté cuidar lo más posible en los momentos de incertidumbre. Además de esto, los estudios, los libros y la búsqueda de trabajo que día a día me frustra más hacen que mis días no sean lindos últimamente... Por suerte, todo parece irse acomodando lentamente, espero todo siga hacia arriba y no hacia abajo.

Subo junto a este capi la corrección de los capítulos II, III (que, por cierto, quedaron un poco distintos en la escritura... Que horror leer cómo escribía hace dos años u.u) y XV, además de la corrección del Capítulo XX, capi en el que agregué una pequeña escena justo antes de la batalla...

Como les comenté en mi actualización anterior, cometí un error bastante molesto en el fic, el cual paso a contarles: En el capítulo XXI: "Venganza, parte II", Pan le dice a Trunks, en el momento de la necesaria huída: "¡Vamos! Iremos a la Tierra, el lugar en que naciste"... ¡CHAN! Resulta que JAMÁS había escrito una escena donde Trunks le dijera a Pan que el planeta en el que él había nacido era la Tierra.

En resumen: ella no podía saberlo, no tenía manera de saber que Trunks se refería a la Tierra cuando le habló del "planeta en que nació". Si éste hubiera sido un detalle menor, seguramente no necesitaría agregar algo; mas es un detalle bastante trascendental ya que, así, Pan se hubiera enterado de la familiaridad de Trunks con el planeta "natal" de su abuelo preferido... Esto hubiera provocado algún sentimiento en ella, el cual me interesa dejar plasmado, con brevedad, en el fic.

Por eso, queda incluida una pequeña escena en el Capítulo XX: "Venganza, parte I", con el fin de arreglar esta falla, no sin antes pedirles disculpas por un error tan estúpido XD

Como saben, es muy difícil escribir un fic (muchos de Uds. lo saben por experiencia propia) y un error así, para mí, es inadmisible. Intento ser lo más profesional que puedo pero siempre se escapa algo, por lo cual pido disculpas nuevamente.

Espero disfruten la pequeña escena agregada n.n

Buscando noticias sobre DB en Daizex (una página excelente en lo que a noticias de nuestra serie favorita se refiere) me topé de casualidad con la existencia de tres relatos breves (y OFICIALES, lo que es mejor) acerca de los pensamientos de tres de los personajes más misteriosos (si se quiere) de la serie: Vegeta, Piccolo y Mirai Trunks.

Me detengo en el relato del último, teniendo que recomendarselo a todos los fans de tan genial personaje ya que expone de forma fantástica sus sentimientos. La imagen de un Trunks que describe cómo durante toda su vida no fue capaz de imaginar el rostro de su padre, sólo siendo capaz de imaginar su espalda, realmente me resultó fascinante y me sirvió mucho para este capítulo. Trunks, como digo siempre, es quizá el más emocional de los saiyans que conocemos (sí, aún más que Gohan en mi opinión). En este texto también describe (está escrito en primera persona) cómo jamás pudo volver a sonreír después de la muerte de Gohan, incluso a pesar de que Bulma se esforzaba mucho para ponerle una sonrisa en el rostro...

Impresionante, como fan de Trunks me hace asentar muchos pensamientos que tengo sobre él. Sin dudas tengo que escribir más sobre Mirai Trunks... Aunque, eso sí, sostengo que todos los Trunks tienen una esencia como personaje, por eso siempre rescato su sensibilidad innata, porque creo que es parte fundamental de su esencia. El Trunks que creció con sus padres unidos y sumido en la más hermosa paz seguramente tiene sus sentimientos más escondidos, más perdidos detrás de la careta de orgullo robada a su padre; pero creo fervientemente en que debajo de todo eso hay un muchacho sensible, ese "Mirai Trunks" que siente tanto...

Y por eso adoro a Trunks; en cierta manera me recuerda mucho a mí misma... Y hace relativamente poco tiempo que entendí lo identificada que me siento con él.

Lo lindo de escribir fics es compartir con otros fans de la serie lo que pensamos de los personajes y explorar dentro de sus mentes de una forma distinta a la del autor n.n

El planeta Quis... ¡¿KISS? I wanna rock'n roll all niiiite and party everyday XD

Un pequeño homenaje a esa banda loca que tantos aman... (?). Ni siquiera quiero imaginarme la existencia de un planeta kissero, me da miedo... (?). Mi novio huiría allí para jamás regresar XD

Sin más por decir, les agradezco desde el fondo de mi corazón los hermosos comentarios y el ánimo que me dan por acá y por msn.

Gracias, gracias, gracias... De verdad. Me hicieron sonreír mucho.

Nos leemos. Si la inspiración acompaña (espero que sí) será más pronto, lo prometo.

¡Besotes a todos!


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.