PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXXIV

"El último paso"

—¡¿POR QUÉ NO? —indagó la joven por enésima vez.

—Porque NO y ya —la cortó él, cansado, para luego alejarse rápidamente de ella—. No quiero escuchar más tu voz, me recuerdas a la rompe tímpanos de tu madre.

Vegeta la observó seriamente y Bra tuvo que callarse la boca. Había apartado a su padre del grupo de saiyans para charlar con él unos instantes, para pedirle que le mostrara el Palacio y que le diera la oportunidad de asistir al momento de la revelación de su hermano. Claro estaba que su padre no podía permitir algo así debido a la poca (o nula, mejor dicho) fuerza de la híbrida, quien no tendría posibilidad de salvarse si quedaba desprotegida por un instante.

—Si se muestra Trunks no entiendo por qué no habría de mostrarme yo —agregó luego de minutos enteros de silencio, donde tanto ella como su progenitor se dedicaron a estudiarse con la mirada.

Era, casi, como si realmente hubieran estado siempre juntos. La complicidad era evidente y ambos, cada uno por su lado y sin dárselo a entender el uno al otro, lo sentían totalmente. Era como si la situación fuera parte de una cotidianeidad que entre padre e hija era irreal.

De toda la vida... Así se sentía tenerse enfrente el uno al otro.

—Trunks es un guerrero poderoso —sentenció el Rey—. No lo respetarán por su apariencia sino por su poder... ¿Entiendes la diferencia? Tú no sabes pelear, eres tan débil como Bulma.

Las palabras destilaron rechazo y provocaron irritación en Bra.

—No es mi culpa no haber sido entrenada... —tomó del brazo a Vegeta después de acercarse rápidamente a él—. ¡Vamos, papá! Trunks me necesita, es el momento más importante de su vida. No soportaría la idea de perderme algo así...

Una lágrima resbaló por su mejilla, la lágrima más humillante de su vida. ¡Sí! Ella se sentía humillada, menospreciada, prejuzgada... ¡Quería ir! Quería estar al lado de su hermano y nada podía sacarle esa necesidad y anhelo de la cabeza y el corazón.

Vegeta, atónito frente a la lágrima de su hija, la cual no hacía otra cosa más que denotar cuán en serio hablaba, realizó un movimiento involuntario, un reflejo. Su mano fue hacia la mejilla y borró la lágrima, aquella que ponía a su hija en un lugar de debilidad que él no toleraba en alguien que llevara su sangre.

La lágrima que le recordaba a Bulma y el sufrimiento final... No, no quería ver algo semejante en su hija.

—Te quedarás y es mi última palabra —espetó. Fue hacia Trunks a pesar del berrinche de su hija ofendida y se le plantó con gesto severo—. Convence a esta inconsciente —le ordenó.

Trunks giró hacia su hermana y al verla en aquel estado tan furioso y triste no pudo evitar la necesidad de acercarse a ella.

—Hermanita... —susurró luego de una dulce caricia que atravesó todo el cabello de ella—. ¿Qué sucede?

Bra llenó de reproche sus ojos, impresionando a su hermano.

—Papá no quiere que vaya con ustedes... ¡¿Puedes creerlo? —gritó fastidiada, cruzándose de brazos. Los demás saiyans presentes no pudieron evitar girar hacia los hermanos.

—Bra... —Trunks la alejó aún más del resto, con un tono por demás precavido—. No sé si sea conveniente...

Y su hermana le dio la espalda.

—Está bien —dijo en un hilo de voz casi indescifrable—. Entiendo...

Pero no, no lo hacía.

¡Era el momento más importante de la vida de su hermano! Ella DEBÍA estar ahí, acompañándolo en tan difícil y transcendental escena. No era por los saiyans, ni siquiera era por su padre... ¡No! Era por Trunks; solamente por él sentía la necesidad de estar allí. Nada ni nadie le importaba más que él.

Su hermano la giró hacia él y le sonrió sinceramente, denotando orgullo y amor por ella. Los sentimientos que él le tenía lograron llegar a su pecho, por lo cual decidió aceptar el trago amargo y tolerar la prohibición de su gemelo y su progenitor.

"Si así tiene que ser para que Trunks esté tranquilo...".

No quedaba otra que aceptarlo, se dijo.

"Pero no me voy a rendir... Intentaré escaparme. No sé cómo, no sé si lo lograré o no; voy a intentarlo, eso es lo único que sé".

Ocultó su rostro del resto, dándoles la espalda una vez más. Sintiendo las miradas de los saiyans sobre ella no pudo ocultar una risita. Sus abuelos siempre le hablaban de la Bulma pícara, de la Bulma que no le temía a nada. ¡Ella iba a ser igual de insolente! Iba a copiar a su madre hasta el punto de asustar al mismísimo Rey de los saiyans.

Con la decisión formada en su mente, finalmente acompañó a su hermano y se unió al grupo de saiyans que aguardaban para ir al Palacio.

—Bien, ahora queda una cosa por resolver —exclamó un serio y no soberbio Vegeta, sin dejar de observar a su hija—. No puedo dejar sola a esta chiquilla, corre demasiado peligro.

Bra no pudo hacer más que tragar saliva y observar a su padre con indignación.

"Así no podré escaparme... ¡Ay, papá! Se ve que sí conocías bien a mamá y sus comportamientos atolondrados y caprichosos".

Prácticamente le había leído la mente, lo cual la asustó y alegró por igual. Era lindo y aterrador al mismo tiempo el que su padre, con tan sólo horas de haber hablado con ella por primera vez, hubiera atinado sus planes maléficos y decidido oportunamente que debía detenerlos.

—Estoy de acuerdo, padre —agregó Trunks, sonriéndole a su hermana—. Lo mejor es dejarla aquí y con alguien que se encargue de cuidarla.

Hubo un silencio y todos, menos Bra que bastante estaba esforzándose por ocultar su ira, empezaron a observarse los unos a los otros, esperando que alguien se postulara para tan importante proeza; sin embargo, nadie dijo nada: todos permanecieron en total silencio. Tark, desde su sitio, entendió que nadie quería perderse el momento histórico que estaba a punto de ocurrir, el cual era desenmascarar a Trunks por primera vez en su vida frente a toda la sociedad saiyan. Él estimaba profundamente a Trunks y siempre había soñado con ese momento, mas entendió ante aquel silencio que todo valía la pena cuando era pedido por su Príncipe.

—Yo lo haré —y dio un paso al frente—. Realmente lamentaré estar ausente en un momento tan importante y tan soñado —reconoció francamente—, pero entiendo la importancia de proteger a la Princesa, por lo cual me quedaré.

Trunks sonrió ampliamente por el sentido y respetuoso comentario; se acercó a Tark y le dio la mano sentidamente.

—No te das una idea de cuánto te lo agradezco... —y la sonrisa se amplió aún más.

Goten, casi sintiéndose ajeno a la escena pero estando realmente allí, se lamentó a escuchar aquellas palabras de Líder de Clase Media.

"Tark es, quizá, la persona que más ha deseado que el rostro de Trunks salga a la luz... No puedo permitirlo".

Sabía del respeto y la admiración entre el Líder de los medios y el Príncipe y, repentinamente, entendió que Tark realmente merecía ir, cosa por la cual él debía actuar. ¡Claro que él quería cuidar a Bra! Se moría por hacerlo y ya no podía ocultarlo: necesitaba hacerlo y no con malas intenciones, sino con unas más que buenas.

"Pero temo por la reacción del Rey".

Y eso no podía negarlo: Vegeta parecía protegerla... ¡Ya bastante lo había demostrado al haberla dejado en la paz de la Tierra en vez de hacerla parte de la locura de Vegetasei! Goten quería cuidar a Bra, ella merecía ser cuidada y nadie sería más feliz de hacerlo que el hijo menor de Kakarotto.

Intimidado por la fuerte presencia del Rey, el díscolo muchacho dio un paso hacia atrás, el cual fue percibido por los presentes.

—¿Qué sucede, mocoso? —inquirió un más que extrañado Raditz.

Goten observó a los presentes con nerviosismo, clavando sus ojos no donde quería sino donde debía.

"Es en Tark en quien debo pensar.. ¡Hizo tanto por todos durante toda esta historia! Tengo que devolverle el favor...".

—No, por favor no... —murmuró confundido, sonando casi como un infante—. Tark, no lo hagas... —tragó saliva, sintiendo cómo, casi literalmente, el techo se le venía encima —. Yo... ¡Yo la cuidaré!

Y todo fue silencio...

Silencio...

Más silencio...

—¡¿Y tú qué tanto te crees como para pedir hacerte cargo de tan importante misión? Sólo eres basura.

Las tremendas palabras de Vegeta lo hicieron palidecer, titubeando en volver a pronunciar su voluntad pero sin lograr atreverse a hacerlo nuevamente.

"Todo está dicho: soy un imbécil".

—Goten... —Lo nombró Trunks con suma tranquilidad no sin antes haberse acercado a él, quien prácticamente no lo notó hasta escuchar su voz dado el estado catatónico en el que lo había cernido el Rey—. ¿Realmente estás dispuesto a algo así?

Goten balbuceó cosas sin sentido y giró su cabeza en todas direcciones, pasando por la mirada asesina de Vegeta, por la burla explícitamente mostrada en los ojos de su tío Raditz, por los nervios de su hermano, por la tranquilidad de Trunks y la incredulidad de Pan...

Y por ella, por una Bra que se mostraba sorprendida pero también agradecida de alguna extraña e inesperada forma.

Hizo una reverencia ante Trunks y depositó en sus ojos toda la confianza que tenía en sí mismo.

—Todo sea por Usted, Alteza. Tark no merece perder la oportunidad de acompañarlo en un momento tan importante... yo los acompañaré en sentimiento.

—¡Pero...! —Bufó Vegeta, siendo detenido por la mano tranquilizadora de su hijo mayor.

—Goten es de suma confianza, padre. Si no fuera por él, yo no estaría aquí y probablemente hubiera tardado años enteros en volver, lo cual no sólo hubiera generado muertes de todo tipo, sino además sufrimiento y caos en la Tierra y aquí mismo... —Apretó los hombros de Goten con fuerza y le dedicó una sonrisa sincera—. Cuento contigo.

—Gracias, Príncipe —exclamó el muchacho ante su amigo, a quien se dirigió con respeto para impresionar al Rey y ganarse un poco su confianza.

Vino el turno de las despedidas y, pronto, no sin antes una amenaza de muerte de Vegeta a Goten totalmente sanguinaria, el muchacho y la Princesa estuvieron solos en casa de Tark. Por recomendación de este último, fueron a refugiarse al sótano, donde el guerrero mantuvo encendido su Scouter en caso de que algún poder de pelea peligroso se manifestara.

Sentado en la escalera estaba, observando a una Bra que se había abandonado en el suelo del sótano con claro aburrimiento impregnado en sus facciones.

—Realmente quería ir, ¿verdad? —necesitó preguntar el muchacho, visiblemente nervioso por verse, como la noche anterior, a solas con la Princesa que le quitaba sueño y aliento.

Bra bostezó, casi como si no le diera importancia a los dichos del saiyan que la custodiaba.

—Siento que dejé solo a mi hermano —admitió sin saber bien por qué lo hacía.

"Este tipo te hace hablar por los codos... Debe ser por su cara de tonto".

Goten le sonrió ampliamente, aparentemente enternecido con ella, cosa que la distrajo un poco.

—No se preocupe —exclamó el joven—. Está con mi sobrina y con Tark, ellos lo cuidarán y protegerán ante cualquier peligro que se manifieste.

La muchacha continuó observándolo en el más puro silencio, sabiendo que no sería fácil escapar de esa situación. Debía distraer a Goten y escapar. La pregunta era... ¿Cómo? ¿De qué forma?

"Es un poco atolondrado, pero es saiyan y eso significa que tiene poder y velocidad que para mí son invencibles...".

¿Ella tendría fuerza también?

"Qué buena pregunta...".

Cerró sus ojos y fraguó un plan, alejando su mente de la de Goten y de todo Vegetasei.

"Debo estar allí, con mi hermano...".

—Así lo hubieras querido, mamá... —murmuró suavemente para sí.


Volaron a toda velocidad por los rosados cielos de Vegetasei, cada uno metido en su propia mente e incapaz de dialogar con quien tuviera al lado. Quien más callado estaba, por supuesto, era Trunks. Su padre lo había provocado con un par de palabras odiosas, pero el joven nada había hecho contra éstas. Estaba reprimiéndose, pues estaba desesperado por gritar... ¡Sí! Quería gritar con todas sus fuerzas, hasta que su garganta sangrara...

No podía más: sentía demasiada presión ante la situación y, por más que sabía que lo que estaba por hacer era lo más correcto, no podía con su genio y su baja autoestima: temía por las miradas ajenas...

Aquella verdad era irrefutable.

Miedo... Cada vez más cerca del Palacio y cada vez más tembloroso, cada vez más asustado...

Parecía fácil antes de emprender el viaje, realmente había creído que podía; su corazón, sin embargo y a pesar de ello, le estaba diciendo que tremenda creencia no tenía ni pies ni cabeza. Era mentira que alguna vez se había sentido seguro de sus acciones... Ser visto por TODOS era distinto a ser visto por algunas pocas personas de confianza. Le tenía miedo a la masa y a la reacción que la misma pudiera tener para con él.

"Quiero ir a la Tierra" se repitió un millón de veces por minuto, al borde del llanto como si de un niño pequeño e indefenso se tratara. No quería llegar...

No podía, no tenía fuerzas para hacerlo.

Pero, como sucede cuando se atraviesan situaciones a las que uno está obligado a exponerse, cuando menos lo deseaba fue cuando sucedió: acababan de llegar al Palacio de Vegetasei.

Un tumulto de gente aguardaba al pie de las enormes escaleras que separaban a la enorme central de poder de la plaza de reuniones, cosa que hizo que la piel del Príncipe se erizara y que sudor frío recorriera su espalda.

"No quiero, por favor...", pensó justo cuando se detuvo en medio del cielo. "No quiero...".

—Trunks... —Pan fue la única en darse cuenta de lo que sucedía, tal vez por conocerlo mejor que todos los presentes—. Es momento, no hay vuelta atrás...

—¡ES EL PRÍNCIPE TRUNKS! —gritó uno de los tantos guerreros saiyans que esperaban por él—. ¡Dará la cara!

Y ahora sí: realmente, no había vuelta atrás...

Aterrizaron en el Palacio y un enorme silencio se adueñó del ambiente, el cual se volvió denso e insoportable para Trunks, quien aún deseaba huir... ¡Si hasta estaba fantaseando con una magnífica idea para irse volando a la Central Espacial y escaparse! Se convenció de que el plan era perfecto, pero los ojos negros de Pan, llenos de seriedad, lo detuvieron.

—Es lo que has esperado... —afirmó ella, hablando más en serio que nunca—. Tu momento, Trunks...

Su habilidad para encontrar sus ojos en medio de la oscuridad de su casco volvió a asombrarlo como tantas otras veces, haciendo que el plan perfecto dejara de serlo y se convirtiera en una estupidez.

"No lo hago ni siquiera por mí, Pan... Lo hago por ti".

Porque quería amarla frente a los ojos de todos, sin tener que ocultar los sentimientos vivos y salvajes que sus orbes azules expresaban.

¡No! Debía quedarse...

Pero qué difícil era...

—¡Príncipe Trunks! —un grupo de diez ancianos de Clase Alta apareció frente a él, escaleras arriba para alcanzarlo. Ya cerca de él, se detuvieron—. Lo estábamos esperando... Hay mucho por decir y por discutir aquí.

Quien hablaba era Mitis, probablemente la guerrera más poderosa del planeta. Todas las mujeres de Vegetasei, ante la ausencia de Reina, respetaban e idolatraban a Mitis como la mujer más importante de toda la sociedad saiyan. Era digna de admirar, su poder era verdaderamente infinito. Ni hablar de sus hazañas como guerrera, éstas le sobraban. Y sus ojos eran sanguinarios como los de cualquier hombre saiyan... Notar la severidad de los ojos envejecidos y enfadados intimidó a Trunks.

—Señora Mitis —articuló dificultosamente mientras hacía una reverencia, innecesaria tratándose de la Realeza, ante ella—. Sí, hay mucho por hablar...

—Hable, entonces... —pidió Mitis ante el silencio que se apoderó de él repentinamente.

Se quedó callado por un par de minutos, sintiendo cientos de ojos clavándose en cada rincón de su cuerpo. Más nervioso que nunca y no sin antes mirar unos instantes a Pan con la única intención de obtener fuerzas, finalmente prosiguió:

—Para hablar... —apretó sus puños y observó a todos y cada uno de los saiyans que lo contemplaban disparmente, algunos furiosos y otros, inesperadamente, orgullosos...

Sin grises... Los saiyans era más saiyans que nunca en ese instante.

—Para... hablar... —tartamudeó. Inundó de aire sus pulmones antes de seguir—, necesito una ausencia total de exabruptos: mostraré mi rostro cuando haya terminado de hablar.

Se sintió orgulloso por la repentina correcta articulación de palabras, sintiendo fuerzas para seguir y deseando que éstas duraran varios minutos, todos los que necesitara para desnudar su alma ante la poderosa multitud.

—¡Habla, ABERRACIÓN! —y gritó una voz que, desgraciadamente, conocía muy bien—. ¡Habla antes de que no pueda contener el escupitajo que quiero darle a tu rostro, basura! ¡HABLA DE UNA MALDITA VEZ, PORQUERÍA!

Y todo fue silencio...

Pan sintió lágrimas en sus ojos, pues quien hablaba era a quien más respetaba... Su maestro, su referente... El guerrero que más admiraba...

—Bisabuelo... —farfulló.

Podía tolerar semejantes palabras de cualquiera, ¡incluso de sus padres! Pero no de Bardock, de él no podía soportarlo bajo ningún punto de vista.

—¡Ya no somos nada! —gritó éste a Pan, desquiciado como nunca—. ¡YA NO TE HAGAS LLAMAR MI BISNIETA, MOCOSA! Estás unida a este asqueroso ser... ¡A una aberración! JAMÁS te lo voy a perdonar, Pan... —se acercó a ella y la tomó violentamente del cabello—. Jamás en la vida perdonaré la suciedad que has esparcido sobre mi buen nombre... JAMÁS.

Los ojos de Pan se desorbitaron completamente, hipnotizada por el odio que su bisabuelo profesaba.

—Tú... —musitó—. Tú...

La imagen era irreal desde la perspectiva del Príncipe: ¿ese realmente era Bardock? El hombre que le había pedido encarecidamente por el bienestar de su bisnieta, quien había dado luz verde para que Pan viviera a su lado...

¡Era gracias a ese guerrero que ellos estaban juntos! Y ahora, él tomaba del cabello a su mujer, tironeándolo con rencor y llenando el ambiente de un odio incomprensible... Y todo por su causa.

No, no podía ser cierto...

El puño del bisabuelo de Pan se levantó e iba en dirección al rostro de la muchachita, cosa que cegó completamente al Príncipe.

—¡BARDOCK! —se metió, empujando al Líder de Clase Baja para alejarlo de su mujer—. La cosa es contra mí... ¡No contra ella! —y perdió totalmente la compostura—. ¡CON ELLA NO!

Los Scouters de toda la población presente se volvieron locos, marcando números extraños y llenos de altibajos al señalar al Príncipe, a quien rodeó una poderosa aura blanca, brillante como ninguna.

Vegeta se sorprendió y necesitó sonreír satisfecho y orgulloso, altivo como él solo. Las cosas, al parecer, no saldrían tan mal...

"Estás más cerca de lo que pensé... Me sorprendes gratamente, mocoso".

Mitis necesitó meterse, apartando aún más a un Bardock desquiciado que ya no era dueño de sus actos.

—¡¿Acaso se ha unido a esta chiquilla? —interpeló invadida por una gran cuota de vehemencia, desesperada ante lo que veía y escuchaba—. ¡No es posible...!

Sin que nadie pudiera evitarlo, la poderosa guerrera se acercó a Pan y tironeó del cuello de su ropa, tras el cual apareció una marca que no significaba otra cosa más que unión saiyan totalmente consumada.

La muchachita quedó perpleja ante los actos de más madura de ambas.

—Esto vuelve todo más complicado... —Mitis se mostró preocupada por motivos que nadie, ni siquiera sus compañeros de clase, pudieron comprender—. Esto cambia todo, pequeña...

Pan la miró impresionada, incapaz de articular sílaba alguna.

"Ya no se ve tan severa... ¡¿Por qué?".

—¡MOCOSA INSOLENTE! —y la petrificada joven no fue capaz de advertir lo que venía de parte de su bisabuelo—. ¡¿CÓMO MIERDA PUDISTE?

Un nuevo puño estuvo a punto de clavarse en la boca de su estómago; sin embargo, éste no llegó a destino: Trunks acababa de detenerlo.

—¡NO TE METAS, ABERRACIÓN! —espetó Bardock ante el casco más imponente del universo—. ¡Suéltame! Yo SÍ soy un verdadero saiyan, ¡tú no puedes...!

Trunks, fuera de control como varios de los presentes, apretó tanto el puño de Bardock que fue capaz de romperle varios huesos, por lo que el Líder de los bajos se desmoronó contra el suelo, sangrando desmesuradamente.

—Te lo merecías, papá... —agregó un serio Raditz, quien no ayudó en absoluto a su padre—. Te pasaste... —acto seguido, palmeó el hombro de su sobrina nieta, haciéndola reaccionar. —Ignóralo: recapacitará.

Pan apretó sus puños, presa de la impotencia.

—La que no sabe si recapacitará soy yo...

Algo había muerto en su interior y no sabía si podía revivirlo... Las palabras habían lastimado su orgullo.

Lo habían destrozado en mil pedazos...

Trunks respiró hondo y supo que sería demasiado difícil para él seguir con lo pautado después de una escena tan desgraciada. No esperaba algo así de Bardock, guerrero al que respetaba enormemente y junto al cual había luchado por la Clase Baja.

Estaba ciertamente desilusionado, lo cual era doloroso cuando iba dirigido a semejante eminencia de los campos de batalla.

Volteó para ya no volver a mirarlo, intentando concentrarse.

—Sí, me uní a ella —aseguró ante una atónita Mitis—. Por eso mismo pido RESPETO. Es una mujer al igual que usted, Mitis... Sabe cuánto la respeto —dijo refiriéndose a la anciana—, así que le pido paciencia y RESPETO. No se metan con mi mujer...

Pan se sintió avergonzada por la defensa pero, muy en el fondo de su corazón, la agradeció.

"Típico de ti, principito...".

Hubo un nuevo silencio y los susurros dejaron de serlo: varias voces empezaron a ser perfectamente audibles: las entendía claramente. Opiniones buenas, opiniones malas... Un 50 a 50, nada definido...

Las palabras de Bardock se colaron en lo más hondo de su alma y causaron un efecto enloquecedor, junto a ese 50 % que gritaba contra él, su padre y su mujer...

Distintas voces exigieron su cabeza y su lengua... ¡Le exigían hablar como jamás le había pasado! "Habla, basura..." repetían cientos de voces al unísono, intentando ser tapadas por voces defensoras que agradeció existieran, pero que no lograban doblegar el molesto sonido de la desaprobación masiva...

Habla, basura... Habla, basura...

Y la imagen de Bardock queriendo golpear a Pan... Y las palabras...

Habla, basura...

Pan gozando en sus brazos, mordiendo su cuello...

La unión perfecta, la de dos saiyans que se habían elegido...

¡NO! No podía permitir que lo alejaran de ella, que la lastimaran por sus pecados...

Por ser híbrido, por ser distinto pero igual...

Por ser Trunks...

¡ESO JAMÁS!

—¡BASTA! —y la razón se fue: Trunks estaba endemoniado, ya no había vuelta atrás—. ¡Basta de murmullos molestos y de actos prejuiciosos! Los aborrezco por juzgarme sin escucharme... ¡LOS ABORREZCO! —Toda persona que lo rodeaba dio pasos atrás, visiblemente anonadada por la voz imponente y severa que hacía suyo al aire—. ¡Les di mi alma, mi cuerpo y mi poder y lo único que han hecho es prejuzgarme, malditos enfermos! ¡¿Qué mierda les importa lo que soy o lo que no soy? —desgarró sus guantes blancos al cerrar demasiado sus puños, desequilibradísimo—. Soy PODEROSO, eso es lo único que debería importar...

Mitis se había convertido en la única capaz de hablarle. El otro capaz era Vegeta, pero observaba la escena con una media sonrisa reluciente en sus labios, manteniéndose increíblemente al margen del conflicto. La anciana de Clase Alta, por su parte, al ver que nadie acotaba NADA ante las fuertes palabras de Trunks, se vio en la necesidad de decir algo, lo que fuera...

Todo con tal de calmar las aguas, de hacer entrar en razón a todos y, especialmente, a ella misma. La marca en el cuello de Pan la había herido demasiado como para seguir manteniendo claros sus pensamientos.

—Eso es lo que importa, Príncipe —aseguró sin llegar a creerlo completamente—. ¡Eso es lo que nos importa! Pero hay reglas, toda sociedad las necesita para subsistir... ¡Su mera existencia va contra una regla primordial de nuestra sociedad guerrera! ¡Si Usted realmente es un híbrido, no podemos dejarlo con vida! Va contra todo lo que creemos, contra la sangre que tanto amamos... ¡NADIE que tenga sangre externa merece mezclarse con nosotros! ¡NADIE! —tembló al terminar, sintiendo la mirada fulminadora sobre ella, por más que no pudiera apreciarla sabía que estaba allí, tras la oscuridad del célebre y desgraciado casco de los secretos.

Vegeta, por su parte, seguía divertido con todo lo que pasaba.

"Ya casi... Un poco más...".

Trunks empezaba a descomponer Scouters con su poder de pelea intermitente, el cual rayaba lo imposible por microsegundos, ajeno a lo que le sucedía y a lo que esto significaba...

Todos ajenos, todos menos Vegeta...

El joven respiró hondo e ignoró un pedido silencioso de Pan, quien estaba tras él, para que se calmara.

—Los vas a matar a todos, cálmate... —pidió la muchachita una y otra vez—. No era la idea, no lo era... —su Scouter siguió disparando números extraños y desconocidos, por lo cual vio prudente acercarse a él. Se detuvo tras su espalda y se aferró a su cintura—. Tranquilo, Trunks...

—¡NO! —le gritó a su mujer—. ¡Vete, Pan! Así debe ser, así debo decir mi verdad... ¡NO MÁS TIMIDEZ NI LLANTO! Es el saiyan y no el terrícola quien debe hablar con ellos... ¡SI NO LO HAGO TE HARÁN DAÑO! No puedo permitirlo, Pan... ¡NO PUEDO! Así que les daré al saiyan, no al terrícola... ¡Tendrán al maldito saiyan que tanto desean, desgraciados! ¡LO TENDRÁN!

Vegeta amplió su sonrisa mientras Pan, seria y comprensiva, volvía a su lugar original.

No era prudente en absoluto: Trunks estaba fuera de todo razonamiento lógico: había terminado de enloquecer.

Mitis vio su cara desfigurada ante una palabra específica, olvidando la marca del cuello de la niña y las palabras sentidas de Trunks, olvidando todo lo que había acontecido hasta entonces...

—Terrícola... —musitó—. ¡¿Usted...?

—¡SILENCIO! —Calló a la anciana el desencajado Príncipe—. No puedes hablar, Mitis... ¡NADIE PUEDE HASTA QUE TERMINE! Así que escúchenme, malditos seres infernales... ¡Escuchen atentamente! —Tragó más y más aire, sintiéndose cada vez más ahogado por el calor que lo rodeaba, el cual no sabía por qué estaba allí—. ¡¿Acaso no ven lo que provocó cegarnos ante la idea de que los híbridos son débiles por defecto? ¡ESTA PLAZA DEBERÍA SER EL TRIPLE DE INMENSA! Pero no lo es porque nos prohibimos experimentar y nos estancamos en nuestra absurda idea de perfección... ¡Somos los guerreros perfectos, eso nadie lo cuestiona! Pero tenemos miles de defectos... ¡Somos prejuiciosos, altaneros y estúpidos! Por eso nos cegamos con todo lo que se nos dio por nuestro poder... —levantó sus manos y empezó a enumerar en el aire—. Las conquistas interplanetarias, las guerras ajenas, la comodidad de la clase asignada, la tecnología... —dedicó una corta mirada a Tark y agradeció ver comprensión, admiración y seriedad en sus ojos—. ¡Todo nos alejó del poder que REALMENTE importa para un saiyan! Del ÚNICO poder importante... ¡EL DE PELEA! —un aura más poderosa estalló a su alrededor y la gente siguió retrocediendo aún más. Los únicos que aún estaban en su sitio, como en principio, eran Mitis y Vegeta—. ¡¿Qué mierda importa el color de ojos, de piel y de cabello? ¡QUÉ! Les diré qué... ¡NADA! El más bello y el más desagradable de los saiyans será visto de igual forma siempre y cuando sea fuerte... ¡La hibridez sólo es una cuestión física! —sabía que mentía a medias, pues era evidente la influencia de su sangre terrícola sobre sus emociones—. ¡NO TIENE NADA QUE VER CON EL PODER, ÉSTE NO SE VE AFECTADO! Yo soy la prueba fehaciente de ello...

Y el silencio se volvió sepulcral, lo único audible era el fuego que rodeaba al Príncipe.


Su Scouter empezó a mostrar reacciones extrañas, lo cual lo preocupó enormemente. Señalaban a una persona en particular, los demás parecían calmados...

"¿Será Trunks?".

El poder estaba descontrolado y el Scouter no era capaz de leerlo con propiedad. Se puso realmente nervioso, pero la presencia que estaba frente a él lo obligó a disimular la más pacífica calma.

"No debo asustarla...".

—Tu aparatito, Son Goten —espetó Bra repentinamente—. Hace ruidos raros... —con pasos lentos, se acercó a él—. ¿Qué sucede? Me dijo mi hermano que esa cosa sirve para detectar guerreros poderosos... ¿Acaso hay algo mal en el Palacio?

Goten la observó horrorizado, incapaz de responder aquellas certeras preguntas.

—No sé de lo que me habla —aseguró rascando su nuca en claro gesto nervioso—. No pasa nada, nada de nada...

"¡Mientes, Goten!", se reprochó a sí mismo. "Mientes descaradamente...".

Bra vio la mentira en ojos tan transparentes, contagiándose del nerviosismo de quien la cuidaba en la habitación más baja de la casa de Tark.

Goten la observó con tristeza e incertidumbre, imposibilitado como nunca en su vida de decir una mentira...

No podía mentirle, no a su Princesa.

—Hay... alguien poderoso allí —explicó torpemente—. No sé quién es, creo que es Trunks... Puede que sus nervios hayan subido su poder de pelea.

—Me estás hablando en chino —musitó Bra, claramente molesta—. Explícate: qué mierda es "poder de pelea" y qué mierda significa que su poder refleje nerviosismo.

—Princesa... —Goten se arrodilló frente a ella y tomó delicadamente su mano, besándola sin ya poder contener su deseo—. Estará bien, él y Usted... Todos estarán bien, se lo juro...

"No puedo, no puedo... ¡Realmente no puedo! Soy incapaz de mentir y de cuidarla, ella me domina... ¡Ella me maneja a su antojo!".

—¡BAH! —y la joven respondió con una débil pero certera patada dirigida al rostro del guerrero—. ¡Explica qué mierda significa todo esto! Si no lo haces te mataré...

Bra ya no se sorprendió por lo saiyan de su comentario: sus dos naturalezas se veían más fusionadas y en armonía que nunca, lo cual la alegró por algún motivo.

—El poder de pelea no es otra cosa que el poder en sí... —volvió a explicar con torpeza Goten—. Cuando estamos en situaciones que afectan nuestras emociones, vemos nuestro poder oscilar entre lo más bajo y lo más fuerte. No nos pasa a todos igual, hay guerreros que son conocidos por sus enormes fluctuaciones de poder: el más conocido de todos es su hermano, Princesa.

—¿Eso es malo? —inquirió fríamente.

—No, pero es curioso... —Goten rascó su nuca cien veces más, cada vez más nervioso—. El motivo es desconocido... Otro que es conocido por esto es mi hermano mayor, Gohan; es decir el padre de Pan.

"El que era demasiado apuesto... ¡Ah! No es momento de excitarse...", no pudo evitar distraerse la muchacha.

—Entiendo... O sea que en situaciones particulares, el "poder de pelea" fluctúa de forma inconsciente.

—Exactamente —asintió el guerrero de Clase Baja—. Recuerdo ver a Trunks en medio de una conquista interplanetaria... Creo que fue la primera vez que lo vi con mis propios ojos —relató emocionado por el recuerdo—. Estábamos en el planeta Konnatsu, conocido por tener guerreros muy hábiles y magos de poderes ajenos a nuestra comprensión. Yo tenía como 12 años y desde ese día no pude dejar de admirarlo... ¡En un momento, un guerrero que usaba una soberbia espada lo enfrentó valerosamente! Ese tipo le dijo algo, no sé qué fue... Al parecer no fue algo bueno, por lo cual el poder de Trunks empezó a oscilar entre lo más bajo y lo más fuerte... ¡Y splash! —Bra estuvo a punto de terminar en el suelo por lo patética que le pareció la onomatopeya de Goten—. Explotaron todos los Scouter que había a la redonda, incluido el que yo estaba usando. Trunks le arrebató la espada y lo partió en varios pedazos... ¡Fue tremendamente cruel! Lo recuerdo con la espada en mano, temblando y totalmente cubierto de la sangre del guerrero... La imagen era imponente, única... —sonrió con nostalgia a pesar del sanguinario recuerdo—. Ese día, mi admiración por él nació... Se veía tan, tan saiyan...

Bra se tapó la boca ante el relato, pues la crueldad que Goten había descrito en su hermano se le hizo irreal viniendo de tan dulce y amoroso ser.

—¿Qué edad tenía él? —preguntó por curiosidad.

—Trunks tiene un año más que yo... —comentó levemente sonrojado.

"Y ella también...", pensó refiriéndose a Bra.

La híbrida tembló.

—Era un niño... ¡Un maldito niño!

—El más poderoso de todos...

—¡Pero era sólo un niño! Y estaba matando a un hombre... ¡No me puedes decir que eso está bien!

—Princesa... —Goten se puso de pie y se acercó a ella, intentando calmarla—. Es nuestra esencia, como se lo explicamos en la Tierra... Somos guerreros —sentenció con una seriedad poco común en él—. Guerreros que aman pelear y derramar sangre ajena durante un buen combate, que aman ponerse a prueba contra los más fuertes enemigos...

Bra se apartó de él, dándole la espalda.

—No termino de comprenderlo, lo siento...

No lo hacía porque desconocía la adrenalina que, seguramente, corría por el cuerpo de un saiyan al pelear.

"Debe ser algo tremendo, como la droga más fuerte...".

¿Ella sería capaz de sentirlo?

Era inevitable preguntárselo...

—¿Ha visto la espada que Trunks lleva? —inquirió tímidamente Goten.

—Sí —afirmó la mujer.

—Es la misma espada de la batalla que acabo de contar... Es su trofeo y desde hace más de 15 años que la porta. La lleva a todas partes y mata con ella a todo lo que se le cruza por delante...

—Sigo sin entender...

Goten la miró apenado, ya que veía esfuerzo pero también ambivalencia en la saiyan crecida en la Tierra.

—Lo siento, Princesa... —susurró dulcemente.

El silencio que los envolvió se tornó incómodo, y Goten se vio invadido por una tos molesta, presa de los nervios que le significaba tener frente a él a tanta mujer.

Sus ojos viajaron por la espalda de Bra y supo que se estaba excitando. Avergonzado, se sentó en el suelo y se cruzó de brazos, intentando contenerse.

"Es más fuerte que yo...".

Supo que cambiar de tema sería sabio y eso hizo:

—Algún día le voy a preguntar por qué la guardó... Aquella batalla debió haber tenido algún significado especial para él —reflexionó.

Bra siguió de espaldas, pensativa. Estaba ignorando totalmente a Goten, pues era otra cosa lo que estaba llenando su pecho y su mente.

"La adrenalina corriendo por sus venas, una capaz de anular el juicio y sacar lo peor de adentro...".

Seguramente era por ser en parte saiyan, otra explicación no había para el deseo que acababa de embargarla.

"Quiero sentirlo...".

Si no lo hacía, jamás sería capaz de imaginar a su tierno hermano matando a sangre fría a un ser vivo.


—¡COMETIMOS TANTOS ERRORES! Tantos, tantos... ¡Confiarnos fue uno de ellos! Resignarnos a haber alcanzado todo nuestro poder fue otro... ¡Prueba de ello es lo que sucedió con Nappa y la elite! ¡¿Acaso ya lo olvidaron? —Espetó en la cara de Mitis, dirigiéndose a todas y cada una de las almas presentes—. La Clase Alta se volvió vaga y dejó de entrenar... ¡Y SÉ QUE NO MIENTO, LOS HE OBSERVADO DURANTE AÑOS! Cómodos en sus malditos lugares de privilegio, creyéndose los mejores, incluso mejores que hermanos de sangre de una clase supuestamente inferior... ¡ESTUPIDECES! —Mitis retrocedió un paso por primera vez, afectada por las palabras no tan desacertadas del Príncipe—. ¡LA CLASE BAJA Y LA CLASE MEDIA NADA TIENE PARA ENVIDIARLES, PARA ENVIDARNOS! Todos somos malditos saiyans y yo, aquí, no soy más que una excusa para exorcizar toda la mierda que tienen en su interior... —se descontroló y sintió ardor en su garganta—. ¡SOY UNA MALDITA EXCUSA! ¡Porque sé que NADIE aquí ha peleado, matado y amado a nuestra sangre como yo! Le dediqué mi vida a mi sangre... ¡A USTEDES! A nosotros... —se desmoronó en el suelo pero no duró mucho allí, tenía que levantarse y mostrarse fuerte, cosa que hizo no sin antes agradecerle a la adrenalina que bordeaba sus venas—. A este planeta que me expulsa, a estas miradas que me discriminan... ¡Y ME JUZGAN! Me preguntan si soy híbrido o no y aseguran que me matarán si lo soy... —luego del último comentario, pegó un desgarrador grito, tras el cual desgarró el frente de su armadura, entregándose completamente a la multitud—. ¡ENTONCES MATENME! Destrúyanme, córtenme en pedazos con mi espada, ¡SE LAS DOY SI LA QUIEREN! —Desenvainó su arma blanca y la exhibió ante los presentes—. Mitis... —se acercó a ella y le entregó la espada en mano, sin la capacidad de razonamiento suficiente que le permitiera ver el horror y la vergüenza que mostraba el rostro desdibujado por los años—. Hazlo si tan feliz te hace... MÁTAME.

Ya no lo soportaba más... ¡Ya no podía! Se sentía asqueroso, putrefacto y pecador... ¡No quería, pero así se sentía! Por las miradas, todas y cada una de éstas puestas en él y decoradas por los más variados sentires.

Y no había voces a favor o en contra... No había nada. Sólo fue capaz de escuchar el latido del corazón de Mitis, el cual se aceleró aún más cuando Trunks se arrodilló ante ella, entregado.

Todo lo que decía era cierto… ¡Tantos años luchando con placer y orgullo! Porque sólo en el campo de batalla se sentía saiyan. Allí, rodeado enemigos y con su poder explosivo rodeándolo, se sentía especial, entero y digno…

En el campo de batalla era en el único lugar en el que encontraba paz.

Y allí estaban todos, con sus miradas insoportables fijas en él…

—¡TRUNKS! —Pan, asqueada por el giro de la situación, se arrodilló frente a él—. ¡No digas tonterías! ¡TE CONTRADICES! —Giró hacia él y lo fulminó con la mirada—. Pides respeto pero te entregas a una muerte segura... ¡NO HAGAS ALGO TAN ESTÚPIDO!

Mitis recibía aliento por parte de sus compañeros de clase, los ancianos de Clase alta, quienes decían a sus espaldas que debía hacerlo, que era ahora o nunca.

—Hazlo, Mitis... —pidió Glomt, uno de sus más antiguos compañeros—. No hace falta verlo: es un híbrido, lo ha dejado en claro...

—¡NO! —y Tark apareció frente a Mitis, furioso como nunca se había mostrado—. ¡NO LO PERMITIRÉ! No tocarán al Príncipe... ¡TIENE LA RAZÓN EN TODO! Mierda, tiene demasiada razón... ¡SOY CAPAZ DE ADMITIR MIS ERRORES Y RECONOCERLOS! Me interesé más en la tecnología que en entrenar, es una maldita verdad... ¡SI YO PUEDO RECONOCERLO, USTEDES TAMBIÉN PUEDEN! —Mostró sus dientes a Mitis, sediento de sangre—. Mujer, eres inteligente... Yo te respeto muchísimo, pero si lo haces no me quedará otra que matarte con mis propias manos...

—Tark... —la anciana también respetaba al Líder de los medios, viejo conocido de numerosas y mortíferas batallas.

Evadir esas palabras tan sentidas le era imposible, pero su inmenso orgullo le impedía admitirlo. Si bien el que Pan estuviera unida a Trunks generaba algún tipo de remordimiento en su pecho, éste producto de lo que la unión y el dejar a una mujer sola significaba en Vegetasei, su orgullo SIEMPRE triunfaba. Por ese motivo, dio rienda suelta a su lado más egoísta e intentó contestar con el mismo:

—¡No puedes pedirme que lo entienda, Tark! —Exclamó, casi tan desquiciada como Trunks—. Yo defiendo a las mujeres de mi raza, ¡todos aquí lo saben! —Apartó al guerrero de Clase Media y a Pan, quedando frente a frente con el Príncipe—. No pueden pedirme que acepte a un guerrero que NO fue traído al mundo por una saiyan... ¡ESO ES LO DESHONROSO! No su apariencia, no su poder... ¡LA MUJER QUE LO DIO A LUZ! Hasta admitiría un híbrido engendrado por una saiyan y un macho de otra raza... ¡PERO JAMÁS LO HARÍA EN EL CASO INVERSO! Un saiyan traído al mundo por una insulsa terrícola NO MERECE MI RESPETO. ¡ESA ES MI VERDAD!

Y bastaron segundos para que la situación se pusiera de cabeza a como estaba.

Hubo ruidos y movimientos rápidos que no todos llegaron a captar; luego, una escena desgarradora: Trunks sujetaba a Mitis de la nuca con una de sus manos, mientras que con la otra tomaba su espada, cuya vaina rozaba la garganta de la mujer.

—¡CON MI MADRE NO TE METAS, DESGRACIADA! —Gritó el Príncipe sin dejar de mirarla, cegado por el poder y la furia que sentía desgarrarle la piel—. ¡MI MADRE DIO A LUZ A UN GUERRERO DE GRAN PODER! —Volteó hacia Vegeta, quien ya no sonreía—. Díselos, padre... Diles qué tan fuerte era al nacer...

El Rey se mostró serio y silencioso, reflexivo. Deseaba matar a Mitis por el comentario tan desafortunado, pero su hijo le había dado un pie maravilloso y debía aprovecharlo.

La media sonrisa no tardó en volver.

—No tenía nada que envidiarle a Broly... —refunfuñó entre risas—. ¡El mismo Broly felicitó al bebé de poder infinito! Estaba asombrado...

El horror, la furia y la locura que se unían como lo mismo dentro de los ojos de Mitis abrumaron a todos los presentes. Glomt y otros ancianos de Clase Alta intentaron acercarse al Príncipe con la única intención de detenerlo, empresa que no pudieron llevar a cabo.

—¡NI SE LES OCURRA TOCARME, IMBÉCILES! —Espetó violentamente, acercando aún más la vaina al tentador cuello de la guerrera—. ¡SI LO HACEN LA MATO! Ha osado meterse con mi madre, esa que soportó mi poder y me trajo al mundo... ¡Una mujer metiéndose con otra mujer! Siento ASCO, Mitis... ¡ME DAS ASCO! —apretó la vaina contra ella y un hilo de sangre puso en guardia a todos los ancianos. Mientras, un gemido de dolor se hacía oír—. ¡Debes respetar a mi madre! Trajo al mundo a un saiyan y vivió para contarlo: ella merece respeto... ¡TODO EL RESPETO DEL MUNDO!

—¡TRUNKS! —Pan lo abrazó por detrás, desesperada—. ¡Deja a esa mujer! Que no te ciegue algo tan absurdo... ¡Suéltala!

—¡NO! —Sentenció el joven—. No me pidas que la suelte, Pan... ¡Ha ofendido a mi madre!

—¿Su madre...? —balbuceó Mitis, mostrándose agotada—. ¿Ella...?

—Ella sobrevivió a Trunks —musitó Pan, deseando decirles a todos sobre el horrendo asesinato por el que Bulma ya no estaba en el mundo, pero no estaba segura de lo adecuado o no de ese comentario. Se calló la boca sin más.

—Pero murió bajo manos cobardes —agregó, para sorpresa de todos, Vegeta—. No le perdonaron ser terrícola.

Mitis hizo viajar a sus ojos hacia todas las miradas posibles. Encontró impaciencia en Pan, sorpresa en sus compañeros, contradicciones en la población y aspereza en Vegeta, quien disimulaba ese sentir con su media sonrisa, la cual no lograba ocultar del todo la molestia que ella, con su agresivo comentario, había provocado en él.

Entonces, la mujer internó sus ojos en el casco, en los ojos que no veía de Trunks...

—Eres poderoso —aseguró con una sonrisa sincera, casi maternal—. Pero mi raza está primera... No puedo meter en mi cabeza la idea de que el próximo Rey no sea hijo de una mujer con mi sangre.

—Estupideces —musitó Vegeta, quien se había acercado a Trunks, tanto que ya estaba a su lado—. A los saiyans nos importa el poder; poco interesa el vientre donde hayamos crecido mientras llevemos sangre saiyan en nuestras venas. Bastante respeto merece la terrícola que lo trajo al mundo por haber sobrevivido, mujer. Entiende eso y aprecia la pasión y el odio que este chiquillo —refiriéndose a Trunks— está expresando por ti... Percibe al saiyan que lleva en su interior.

El Príncipe estaba duro, con ojos desorbitados que, para su fortuna, nadie veía. Pan intentaba calmarlo pero era inútil, su mente estaba a kilómetros de allí. Estaba frente a la tumba de su madre, asegurándole cuán orgulloso se sentía de haber sido traído al mundo por ella, expresándole sus más grandes sentimientos...

Ya no estaba en Vegetasei ni sentía poder para revertir la situación. Ante el mínimo movimiento, la cabeza de Mitis saldría volando por los aires, cosa que poco le importaba. Deseaba derramar esa sangre como jamás había deseado algo similar.

—¡ES UN SAIYAN! —Gritó un joven Clase Baja desde algún lugar de la plaza—. Es inútil juzgarlo como algo inferior a nosotros sólo por ser "supuestamente" híbrido.

—¡Pero no permitimos híbridos! —Gritó un anciano de Clase Media—. Mezclar nuestra sangre con una raza inferior no tiene perdón...

—¡Es poderoso! —Tirm, aquel muchacho de Clase Alta que combatió contra la elite para vengar a su amigo Zarkio, se abrió paso entre la enardecida multitud—. Creo que todos los que aquí somos jóvenes y no vivimos la era de la auto-superación junto a los más viejos jamás hicimos caso a esa clase de patrañas. ¡Yo crecí admirando al Príncipe! ¡LO ADMIRO POR SU PODER! Todos los que siempre lo vimos como un modelo de poder a seguir lo respetamos... ¡Todos los que no conocimos a Broly y al anterior Rey lo hacemos! —Giró hacia la horda de gente y exclamó enérgicamente—: ¡¿CÓMO NO RESPETARLO? ¡¿Cómo juzgarlo si para muchas generaciones, él es el más fuerte de todos? ¡Príncipe! Recuerdo el combate de Konnatsu, lo recuerdo como lo estuviera viendo... ¡Ese y tantos otros combates! Su crueldad y su poder aplastando a quien se le cruzara por delante... ¡YO LO ADMIRO POR ELLO! Por enfurecerse y reaccionar... ¡No puedo juzgarlo! Es a Usted a quien quiero servir de aquí en más.

—El combate de Konnatsu... —Raditz rió entre dientes—. ¡Cómo olvidarlo! Fue la primera vez que este muchacho exhibió sus poderes ante todos... ¡Venía desilusionando a la gente por no haber expuesto su poder de tan soberbia forma! Ese día, el Príncipe demostró toda su fuerza y no sólo cerró la boca de sus detractores, sino que combatió como todo un saiyan y destrozó a los guerreros más poderosos de esa raza... —rememoró la mirada ilusionada de Goten durante aquella batalla y no pudo hacer más que darle la razón a Tirm—. Las ideas de la no hibridez son anticuadas... El Príncipe tiene razón: nos estamos extinguiendo por no mezclar nuestra sangre con la de otras especies... ¡Y encima él, siendo híbrido, tiene un poder infernal! Los híbridos, tal vez, sean la respuesta...

—¡EXACTO! —Gritó un apasionado Tark—. ¡Intenté explicárselo al anterior Rey y no lo entendió! Nos estamos extinguiendo... ¡¿Ese es el destino que queremos? ¡AQUÍ TENEMOS A LA PRUEBA CONCRETA DE QUE UN HÍBRIDO NO ES MENOS QUE NOSOTROS! ¡¿Está bien que, como guerreros pensantes que cerraron la boca de Freezer y sus estupideces de "ellos sólo son unos monos", nos cerremos tanto en una idea absurda de mantener la sangre pura? ¡¿CUÁNTAS RAZAS DE GUERREROS SE HAN VISTO BENEFICIADAS POR LA MEZCLA? Lo investigué durante AÑOS y les aseguro que TODAS las razas se vieron beneficiadas... ¡No entender al Príncipe es una tontería! ¡ES COMPLETAMENTE ABSURDO!

—¡No todos lo vemos así, Tark! —Glomt tomó la palabra—. Llámennos "anticuados", pero así nos criamos y así nos volvimos mortíferamente fuertes... ¡Manteniéndonos lejos de sangre inferior!

—¡SANDECES! —acotó Tark en respuesta—. ¡En eso le doy la razón al Príncipe! ¡NOS CONVERTIMOS EN UNOS VAGOS! Nos dormimos en los laureles de perfección... ¡Y los saiyans jamás fuimos así!

—Es cierto... —Kut, uno de los ancianos de Clase Alta que acompañaba a Mitis y compañía, se mostró contrario al pensamiento de su grupo—. Tengo 128 años... —contó a toda la población—. Cuando hubo que derrotar a Freezer, nos sumergimos en la era más hermosa de la historia de nuestra raza... ¡Lo único que hacíamos era entrenar! Nada de naves, ni de comercio planetario, ni de pelear en guerras aburridas y ajenas. Eso se perdió: ya no entrenamos. No sé qué nos pasó, pero nos sumimos en una era asquerosamente aburrida, realmente insoportable. Ya no alimentamos la sed de pelea que nuestra sangre nos impone, ya no hacemos NADA para ser más poderosos... ¡Si hasta el Rey lo ha hecho! Se transforma en un estado similar al de Broly, cosa que lo único que hizo fue decirnos que nos cerramos a la idea de que Súper Saiyan únicamente había uno... ¡Y resulta que todos podemos!

—¡Pero Vegeta es el Rey, tiene sangre de la Realeza! —Contraatacó Glomt—. ¡Es imposible que todos podamos! El Rey Vegeta viene de la familia más sanguinaria y poderosa que haya integrado nuestra raza... ¡Por algo se volvieron nuestra Realeza! Es natural, demasiado natural, que él pueda y nosotros no...

—Todos podemos, imbéciles —reapareció Vegeta—. Creer que no podemos va contra la ideología que porta nuestra sangre... —rió a carcajadas—. ¡TODOS podemos! Todos los malditos seres que están frente a mí...

"No quería decirlo, pero allí está: somos iguales y las clases existen con fines inútiles".

Vegeta quería que esa información la difundiera su hijo, pero ensimismado en sus pensamientos como estaba, no iba a decir nada. Quizá, esa había sido la primera información realmente importante que le había dado a su raza en los 28 años que llevaba siendo Rey.

Las voces discutían y demostraban asombro, rechazo y aprobación. Nadie era indiferente a lo que sucedía en la puerta del Palacio.

—La era de la auto-superación tuvo un efecto negativo en nuestra sociedad —retomó Kut, mostrándose calmado y, casi, resignado—. Éramos tan fuertes al pelear con Freezer que nos dormimos ante esa idea, la cual nos decía que era imposible superarnos... Nunca lo pensé de esta forma, pero ahora lo veo con claridad: nos perjudicó y logró que nos atrasáramos décadas enteras… Ahora, todos deberíamos ser Súper Saiyans, mas sólo el Rey logra esa transformación. Qué triste, saiyans... Qué triste esta realidad tan oscura y sucia...

—Kut... —farfulló Mitis, aún sostenida por el Príncipe—. ¿Acaso sugieres que...?

—Mezclemos nuestra sangre masivamente —propuso con una media sonrisa que hacía honor a su raza—. ¡No paremos hasta que este planeta esté plagado de gente! Plagado de saiyans con ideas frescas que no crean en las estupideces que decimos los viejos... ¡Ese debe ser el futuro! Con este muchacho como bandera... —se acercó a Trunks y puso una mano en su muñeca, intentando de bajara la espada y soltara a Mitis—. Tiene razón, Príncipe, tanta razón que me avergüenza haber venido aquí con la idea de matarlo en caso de hibridez. Admito todo lo que ha señalado en nuestra sociedad y no puedo evitar sentirme culpable por ello: nos confinamos a un futuro aburrido, lejano de la adrenalina que significa tener fuera de aquí a los más fuertes enemigos... ¡Nos confinamos!

—Pero... —susurró Mitis.

—Mujer, cálmate... Él tiene razón y lo sabes —afirmó Kut, quien se sorprendió gratamente al ver a casi todos los ancianos de Clase Alta tras él, apoyando sus palabras—. Ya no tenemos rivales dignos y no entrenamos... Somos más débiles, lo cual es una calamidad tratándose de nosotros. Debemos entrenar día y noche y hacer lo que queramos con tal de superarnos a nosotros mismos.

—Glomt, tú no... —vio al mismo tras Kut—. ¿Tú...?

—Sí —admitió avergonzado—. Kut ha dicho suficiente: no tiene sentido matar a uno de los guerreros más fuertes del universo, uno de los más inolvidables guerreros saiyan. No quiero que nos extingamos y nos convirtamos en un mito universal; quiero que estemos siempre aquí, exponiendo nuestro poder ante cualquier ser de la galaxia que quiera oponerse a nosotros y sacarnos el título. Es la idea de dejar de existir y de volver vano el haber luchado tanto lo que me hace aceptar al Príncipe... —giró hacia él y sumó su mano a la de Kut y otros Clase Alta, intentando detener el movimiento que daría final a la vida de la mujer—. No quiero convertirme en polvo ni que mis hijos y nietos se conviertan en ello algún día... Quiero que nuestro poder sea eterno y que SIEMPRE haya saiyans sobre el universo, combatiendo y dando rienda suelta a la esencia guerrera que nos constituye.

—Eso somos los saiyans, señora... —Pan, aún aferrada a la espalda de Trunks, afirmó—. Los guerreros eternos, las cicatrices eternas de un mundo que no nos entiende... Los que no se rinden, los que desean ser más y más fuertes... ¡Esa soy yo! Y esa, estoy segura, es usted también.

Gohan y Videl observaron a su hija y vieron una enorme madurez rodeándola: ya no era la misma, acababan de entenderlo. El respeto con el cual se había dirigido a la anciana de Clase Alta era digno de ser destacado.

Sería una gran Reina... Ahora lo sabían.

—Niña... —Mitis la observó fijamente y entendió que lo que la muchacha decía era cierto: ella amaba a su sangre y no quería verla convertida en polvo y siendo olvidada... ¡Quería verla siempre roja, siempre con vida!—. Hablemos, Príncipe Trunks —y puso una débil mano sobre el casco—. Hablemos como las personas pensantes que somos y entendámonos... Planeemos el futuro para nuestra raza... Juntos.

—¡NO! —Bardock, dolorido y sangrando, se metió—. Tonterías, realmente no pueden hacerle caso, él es...

—¡No podemos aceptarlo! —gritó otro Clase Baja desde alguna parte.

—¡Que me mate entonces, porque no viviré al lado de un asqueroso híbrido! —sentenció un Clase Media.

—¡No me rebajaré ante ninguna sangre que no sea la mía! —terminó un Clase Alta.

No todos entendían, al parecer...

¿Qué había que hacer para hacerlos entender?

Trunks sintió lágrimas sobre sus mejillas y sus manos temblaron, liberando a Mitis y haciendo caer contra el suelo su poderosa espada.

No todos entendían...

Cuando se quitara el casco, si es que lo hacía, sólo un paso en falso le costaría la cabeza, pues no todos tolerarían ver sus ojos azules y su cabello lila. Iba a morir... Iba a perder los sueños que tenía para él y para Pan, iba a quedarse sin el calor de su mujer y sin el cariño de su hermana... Iba a perderlas a ambas, cosa que lo destrozaba.

—Trunks... —susurró Pan—. Quienes aún no te aceptan no tardarán en hacerlo: tienes el poder suficiente para conquistarlos.

—No... —farfulló—. Es inútil...

Porque intentarían matarlo; lo sabía.

—Recuerda nuestra charla, chiquillo... —pidió un Vegeta visiblemente exasperado por las tribulaciones de su hijo—. Recuerda todo lo que te dije.

Como una luz sobre él, los recuerdos lo iluminaron.

¡Eres hijo de dos seres que jamás fueron buenos, que jamás se preocuparon por agradar sino por cumplir sus propios caprichos por más excéntricos que fueran! Claro que tienes fortaleza en tu interior, chiquillo... ¡La tienes! Sólo debes despertarla, sino jamás serás Rey.

Se emocionó al recordar, intentando escarbar más en su mente...

El odio por lo que te hice y el afecto por tu hermana y la chiquilla insolente te harán el ser más invencible del universo... ¡Odio, pasión y tristeza! Esos son los secretos que te dejo de obsequio para el futuro.

¡Algo más! Necesitaba más palabras... Más recuerdos...

Si sigues llorando y escondiéndote perderás la cabeza y harás sufrir a esas dos niñas. Por ellas y por la memoria de tu madre... ¡Sé fuerte de una maldita vez! Aprende de ellas a forjar el carácter que yo no te enseñé a forjar y mañana todos quedarán pasmados por tu poder y tu presencia, por uno de los guerreros más poderosos de nuestra historia.

—Papá...

Vio los rostros expectantes, desesperados por palabras y acciones que no iban con su personalidad. Se vio a sí mismo también, expuesto ante cientos de miradas que querían ser miradas por sus ojos. Se sintió más indefenso que nunca, más agonizante de lo que alguna vez se había visto...

Pero Vegeta, su padre, tenía razón: necesitaba fortaleza...

La necesitaba inmediatamente.

—Es tu momento, Trunks... —repitió Pan tras él—. El momento de hacerte respetar y mostrar tu fortaleza...

"Fortaleza...".

¿Cómo podría proteger a su mujer y a su hermana si no la tenía?

¡¿Cómo podría seguir con vida y provocar respeto en la gente si no la forjaba?

Recordó la batalla en Konnatsu, esa que todos recordaban como una de las mejores del Príncipe. Allí, se vio en la difícil situación de enfrentar al guerrero más poderoso de ese planeta. El hombre, contra todo pronóstico, lo estaba destrozando a golpes y amenazando con su soberbia y filosa espada, diciéndole cosas mientras peleaban.

Cosas que lo lastimaban enormemente...

No eres como ellos... ¡Reacciona! —Pidió el misterioso guerrero de cabello naranja—. Estás dudando demasiado en matarme, muchacho...

Más ataques y, pronto, Trunks ya tenía el cuerpo lleno de rasgaduras, cuya culpable era la espada que portaba el guerrero. Este último se desquició de un momento a otro.

¡Mataron a mi hermano! Son seres que no dudan en matar cruelmente, chiquillo... ¡Y tú estás dudando! Por algo debe ser, por algo lo estás haciendo...

Reflexionó acerca de las palabras y entendió que era realidad: estaba dudando demasiado y el poder de ese hombre no podía derrotarlo; perder ante él significaría algo imposible. ¡Podía ganarle! ¿Por qué no lo hacía?

¿Qué lo detenía?

Ya lo había hecho frente a su padre: había matado cientos de guerreros en misiones que realizaban padre e hijo. Ahora, sin embargo, era distinto: estaba ante casi todos los guerreros de Vegetasei, rodeado por saiyans de las tres clases que combatían a muerte con una raza extremadamente numerosa y fuerte.

Estaba avergonzado, intimidado por las mirabas que esperaban una hazaña sangrienta. Odiaba que lo observaran y siempre era tímido: no tenía amigos ni nada que se le pareciera. La gente susurraba demasiadas cosas extrañas sobre él cada vez que estaba cerca, lo cual hacía imposible sentirse cómodo frente a una situación social.

Sólo con su padre se sentía cómodo, aunque él siempre esquivaba sus ojos cuando su casco no lo acompañaba...

Eso empezaba a dolerle por un motivo desconocido.

¡¿Por qué dudas tanto? —exigió saber su oponente—. Es como si no fueras saiyan...

Al escuchar semejante afirmación, el joven de 13 años perdió totalmente el juicio. Fue hacia el guerrero y lo atacó ferozmente, para luego quitarle la espalda y destrozarlo en mil pedazos.

Enormes exclamaciones siguieron y todos festejaron la crueldad del Príncipe. Él, por su parte, no salía de su estado de shock.

Jamás se le había ocurrido que no fuera saiyan... ¡Él se sentía como tal! Que pusieran en duda algo así le rompía el corazón.

¿Y si no era saiyan? Pensó en ello ya en Vegetasei, delante del espejo de su cuarto. Se miró en éste durante horas, intentando contestar la pregunta sin respuesta.

Sintiendo una enorme ira al ver colores que no eran propios de su raza en su cabello y ojos, Trunks destrozó el espejo y un impulso lo condujo a uno de los tantos pedazos en los que había terminado; lo tomó entre sus manos y lo miró fijamente.

Quiso hacer algo pero no supo qué, simplemente lo soltó y dejó caer al suelo.

Lloró por horas enteras...

¿Y si no era saiyan?

¡Pero si lo que había hecho era totalmente saiyan!

¿Pero por qué era distinto?

¡¿Por qué?

Ese día se juró que sería más fuerte. Empezó a portar la espada de aquel guerrero como recordatorio de esa batalla. Quería ser fuerte y dejar de lado la inútil timidez que sentía frente a las personas. Quería sentirse saiyan…

Quería serlo con todas las letras.

Había jurado frente a su horrenda imagen que tendría más fortaleza y no se dejaría rebajar por nadie, pero...

"Nunca lo logré".

Aquel parecía un momento apropiado para lograrlo...

"Por Pan y por Bra... Debo hacerlo por ellas".

Porque las amaba y las necesitaba a su lado pasara lo que pasase.

A ellas y a nadie más...

Tomó la mano de su mujer con delicadez, apartándola de su pecho sin decir palabra alguna. Después, retrocedió varios pasos y se alejó de todos, buscando ser visto por toda la multitud que se extendía frente a sus ojos.

—Gracias a quienes creen en mi poder... —dijo—. A quienes no lo hagan: los entiendo... ¡Realmente los entiendo! Pero no me ganarán con palabras —buscó aire y llenó sus pulmones una vez más—. ¡ME GANARÁN PELEANDO! A quienes no creen, con gusto les demostraré mi fuerza... ¡En el campo de batalla!

Pan le sonrió con orgullo y Vegeta lo observó con indiferencia, aunque interiormente también sentía orgullo por su siempre sensible hijo.

"Eso es... Demuestra tu poder y destroza a quien no crea en ti".

Tark lo miraba emocionado y ansioso, sus ojos le decían al Príncipe que estuviera tranquilo, que mantuviera la calma para que todo saliera bien.

Agradeció el respeto de muchos de los presentes, incluso de los ancianos de Clase Alta... ¡Ellos le daban fortaleza!

Verse aceptado masivamente por primera vez en su vida se la daba.

Bardock se mantuvo en su sitio, furioso... ¡Contra él y contra quien fuera pelearía hasta la muerte! Todo con tal de demostrar su poder...

"Por Pan y por Bra... Y por mí".

Para liberarse realmente, para caminar por Vegetasei siendo él mismo.

Un saiyan que no había nacido en el planeta de donde venía su sangre, pero que se sentía igual a los demás.

Un híbrido que era más saiyan que terrícola y más terrícola que saiyan...

El guerrero que quería cambiar al mundo entero: el Príncipe Trunks.

—¡Los espero! —exclamó ante todos mientras dirigía su mano al seguro de su casco con claras intenciones de quitárselo—. Pelearé hasta el fin de mis días si es necesario... ¡Todo con tal de demostrar que MEREZCO ser respetado y considerado un saiyan! El saiyan que siento y sé que soy...

Silencio absoluto, lo único audible era el latir de su pecho y la respiración agitada que lo acompañaba.

Debía hacerlo...

¡Iba a hacerlo!

Pero...

—Hermosas palabras, niño... —una voz apareció en alguna parte, desconcertando las miradas de toda la multitud—. Pienso igual que tú y me alegra que hayas hecho cambiar de parecer a estos inútiles... —una risa inmensa llegó a oído de todos—. Lástima que es tarde, porque el castigo llegó antes de que pudieras hacer algo para salvarlos, Príncipe...

Sonaron aplausos justo cuando una sombra se hizo ver sobre el Palacio, la cual pertenecía a un ser desconocido, quien estaba encapuchado. Aplaudía a Trunks sin cesar, por motivos totalmente misteriosos.

—Hace unos días, sentí el poder de todos ustedes... ¡¿Por qué les cuesta tanto aceptar al híbrido? Pensé que habían despertado su verdadero poder por un motivo inteligente, pero veo que no... ¡Eso hace que merezcan la muerte!

Los puños del sujeto se apretaron y un poder dorado estalló alrededor de él, deshaciendo la túnica que lo tapaba y mostrando su verdadera identidad.

Los gritos hicieron temblar al planeta entero.

—Ya era hora —exclamó Vegeta, más sonriente que nunca—. Te estaba esperando, Broly...

Y todos los Scouter del planeta estallando a la vez provocaron un ruido ensordecedor.


—¡¿Qué le sucedió a tu aparato? —inquirió una desesperada Bra al ver cómo estallaba el medidor de poder de Goten.

El muchacho entró en pánico y no supo qué decir ni qué hacer.

Eso significaba que algo malo estaba sucediendo...

—Princesa, creo que... —se puso de pie temblando, seguido por ella—. Debo ir a ver qué sucede, parece ser importante...

—¡¿Qué? —Bra entró en crisis, descontrolándose por completo—. ¡No te puedes ir así y dejarme sola! ¡Dime qué sucede!

El joven intentó calmarla, tomándola fuertemente de las manos.

—¡Tranquila, Princesa! Yo la voy a cuidar, se lo juro... ¡Pero ahora debe quedarse aquí! No sé qué sucede, quizá mi ayuda sea necesaria...

¡Estaba que se moría de la incertidumbre! Goten se comportaba de forma extraña para lo que era él: estaba dubitativo y aterrado... ¡No sabía qué hacer!

"No recibí órdenes para un caso de estas características...".

¡¿Qué debía hacer con la Princesa?

"No puedo dejarla sola, pero si el Scouter explotó algo debe significar... ¡Algo malo debe haber ocurrido!".

Intentó respirar ordenadamente pero no lo consiguió: realmente estaba asustado.

Miró a Bra por segundos enteros, apretando su mano cada vez más. No quería dejarla sola pero algo en su interior le exigía ayudar a Trunks... ¡No podía quedarse de brazos cruzados!

—¡IRÉ CONTIGO! —Exigió Bra, levantando demasiado la voz—. ¡No me dejarás sola! ¡NECESITO ayudar a mi hermano!

¡Estaba enloqueciendo! No había forma de ayudarle con su nulidad de poder, mas sentía que debía estar a su lado... ¡La sangre la llamaba!

"¿Y si llegara a pasarle algo?".

Se deshizo en llanto y cayó de rodillas al suelo, deshecha.

—¡Princesa! —Goten no detuvo el impulso y la abrazó, intentando calmar el llanto con el calor de su piel—. ¡No! No puede venir conmigo, podría ser peligroso... ¡Yo...!

—¡SON GOTEN! —Lloró la muchacha en sus brazos, aceptando y devolviendo el gesto que él había tenido con ella por inercia—. ¡No me alejes de mi hermano! —comenzó a golpearlo en el pecho, haciendo caso omiso a los quejidos del muchacho, a quien pareciera los golpes le dolían—. ¡DEBO ESTAR CON ÉL! No soportaría perderlo... ¡Si le pasara algo...! —siguió con los golpes y Goten siguió recibiéndolos, consolándola en vano—. ¡TENGO QUE AYUDARLO! ¡MI HERMANO! ¡MI HERMANO!

Y lo golpeó con todas sus fuerzas, estampándolo contra la pared más cercana. Horrorizada, vio a Goten caer al suelo sin conocimiento, con un hilo de sangre recorriendo su mandíbula.

—¡AH! —gimió entre temblores, sintiendo un poderoso torrente de adrenalina recorrer sus venas y su pecho.

"Esto es...".

Sintió placer ante la imagen, orgullosa por haberlo derribado de un sólo golpe.

"Ser saiyan...".

Gritó con todas sus fuerzas y corrió hacia quien la cuidaba, corroborando su pulso. Al ver que únicamente se encontraba inconsciente y aliviada por ello, se puso de pie y dio la espalda al cuerpo masculino que ella había derribado.

—Ser saiyan... —balbuceó sin quitar los ojos de sus manos—. Esto es ser saiyan...

¡Acababa de entenderlo!

—Perdóname, Son Goten... —volvió a agacharse junto a él y le dio un suave beso en la mejilla—. Pero gracias a ti entendí todo... Esto es ser saiyan... ¡Este es el poder de la adrenalina que un enemigo genera! Lástima que haya sido contra ti, realmente lo siento...

Después de todo, él había sido muy amable con ella.

Poco quedaba por hacer allí, por lo cual salió disparada hacia el exterior.

"Debo ayudar a Trunks...".

—¡No me lo volverán a arrebatar! —continuó gritando—. ¡NO LO ALEJARÁN DE MÍ!

No lo iba a permitir...


—¡¿Qué fue ese sonido? —preguntó a uno de los vigilantes en lo más bajo de la prisión del Palacio.

El sujeto se mostró horrorizado.

—¡EL GUERRERO LEGENDARIO DICE QUE NOS MATARÁ! —afirmó acobardado—. Nada quedará de nosotros...

Kakarotto lo observó realmente impresionado, sabiendo perfectamente a quién se refería el guardia.

"Broly...".

¡¿Qué no había muerto?

Ese que perdía el control cuando lo veía, quien expulsaba todo su poder cuando tenía al mismo Kakarotto frente a él. Nacidos el mismo día, uno débil y el otro demasiado poderoso...

"Si me ve, estaremos perdidos...".

No tenía miedo, o si lo tenía no era uno convencional.

Lo único que sabía era que se moría de ganas de salir. Su genio saiyan era quien ganaba esta clase de batallas: cuando había un enemigo cerca, Kakarotto moría de deseo…

¡Quería pelear! Pero estar encerrado en la prisión de máxima seguridad en todo Vegetasei no era de ayuda. Tendría que pensar muy bien en qué hacer para liberarse…

¡¿Qué estaría sucediendo sobre sus cabezas? ¡¿Por qué había aparecido Broly?

¡¿Cómo?

Rió por no llorar, aferrado a los barrotes de su celda.

La impotencia, la incertidumbre y el no saber qué hacer en semejante situación se acababan de apoderar de su ser.


El caos estalló ante la poderosa figura, claramente ésta significaba una amenaza. Las palabras que servían de saludo no habían sido amables.

Todos observaron a Broly, quien tenía cientos de cicatrices en su piel y sólo era tapado por unos harapos sucios y rotos, sabiendo que era imposible ganarle si es que realmente deseaba matarlos...

Todos lo miraban así, no importaba la clase. Todos menos Vegeta.

—¡Me preparé para esto durante años! —afirmó—. 28 años de arduo entrenamiento... —y se transformó en Súper Saiyan—. ¡No te saldrás con la tuya! ¡TE GANARÉ!

Broly se bufó de él.

—Tonterías... ¡Aunque me alegra que hayas entrenado! Si no te transformas en un rival digno, de poco te servirá esa transformación...

Sin que nada ni nadie pudiera detenerlos, ambos guerreros de cabello dorado y resplandeciente chocaron sus puños en medio del aire, dispuestos como nunca a combatir a muerte.

—¡Papá...! —gritó Trunks, presa de la impresión.

La batalla más impresionante en la historia de Vegetasei solamente había empezado...

Y, era probable, uno de los dos guerreros dorados no sobreviviría...

Lo que todos percibieron al verlos pelear sobre el Palacio fue lo mismo: nada volvería a ser como antes.

Nada...


Nota Final del Capítulo XXXIV

Me verás volver... ¡Me verás volveeEEEer! A los fanfictions de furia (?). Perdón Soda Stereo por citarte TAN en vano. XD

¡Lo siento! Tardé meses en subir esto...

Realmente les pido disculpas pero estoy un poco trastornada, últimamente me parezco a Trunks (?). Encima, estoy demasiado enganchada con un fic nuevo que estoy haciendo (voy unos cinco capítulos), ciertamente "parecido" a "Doble Vida" pero no necesariamente igual, simplemente va por una línea humana similar...

Creo que lo que necesitaba era distenderme de esta historia, lo cual siempre me pasa cuando estoy por terminar un fic. Cuando faltaba el epílogo de "Doble Vida", desde abril hasta noviembre no fui capaz de escribir NADA, así que imagínense con "Pecados...", la historia que más amo entre todas las que hice. Despedirse es muy difícil, se los juro... Si también escriben además de leer, seguramente me entenderán. Soy recontra sensible y me cuesta mucho terminar mis historias porque después las extraño horrores.

Así que disculpen por no actualizar rápido... Espero la inspiración momentánea se mantenga y pueda terminar el fic en las próximas semanas. Ojalá las semanas no se hagan meses...

Lo bueno es que me siento sumamente inspirada... ¡Voy a explotar eso al máximo! n.n

Una cosa: GRACIAS chibi-chan tsukino por notar el ENORME error que cometí con el fic. Es incorregible así que, simplemente, les pido que ignoren el detalle. Siento haberme equivocado con eso... ¡Soy por demás detallista con las cuestiones de la historia original! Pero se me escapó, a todos nos pasó alguna vez... u.u

Esto es un AU (?)... Hagamos de cuenta que fue por eso y PERDÓN.

El error fue el siguiente: como bien lo marcó chibi-chan tsukino, según el manganime, la gravedad de Vegetasei está aumentada diez veces, cosa que habría hecho difícil a Bra poder caminar libremente en este planeta. ¡Chan! Se me recontra escapó, me sonrojé. XD

Sepan disculpar, realmente lo siento.

Con respecto a Broly: estoy informándome mucho acerca de él, mirando sus películas, leyendo debates y teorías sobre él y todo para no cometer errores con el personaje. De todas formas, la información acerca de Broly y su poder y la equivalencia de éste con el de otros personajes es escasa y contradictoria. Es un personaje de Toei, no olvidemos eso... Tiene incoherencias como tal, pero bueno... Lo que voy a hacer será exponer una teoría sobre cómo y qué tan fuerte es según mi creencia.

Será difícil hacer un Broly 100 % coherente en este fic... Al final del capítulo que viene, seguramente explique cómo mantuve al personaje y en qué me basé para darle forma. Veremos qué sale. n.n

Sobre Tapion: por segunda vez (la primera fue en el Capítulo II del fic), borro la escena que escribí en principio... Me fui un poco al diablo con lo que había escrito, por lo cual decidí cambiarlo. ADORO a Tapion y no puedo evitar escribir cosas hermosas cuando escribo sobre él... Pero no, mejor borro lo que puse porque estaría yéndome totalmente por las ramas. Algún día les cuento lo que había escrito. Nunca lo nombré, pero era él. n.n

En fin... Mil gracias por los comentarios, las visitas y los favoritos... Gracias gracias GRACIAS... Me hacen inmensamente feliz. n.n

Especialmente dedicado a los nuevos lectores, esos que se sumaron en los meses que estuve sin actualizar... ¡Gracias por sus cálidos comentarios! Y disculpen la demora... n.n

Y sin olvidar a los que están siguiendo esta historia desde siempre. Gracias por los varios mails de ánimo que recibí. Significa mucho para mí.

Bueno, como último comentario: subí dos correcciones de capítulos anteriores. Fueron el IV y el XII. El último, les cuento, quedó un poco más extenso. Me apasionó tanto hablar sobre Trunks y su problema de autoestima que agregué varias líneas... Es uno de mis capítulos favoritos del fic. n.n

¡Dos capis más y el epílogo (corto)! Hay mucho por hacer...

¡Nos leemos!


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.