¡Hola! Bien pues un par de días antes, aquí estoy con la actualización, me ha sorprendido gratamente vez 13 reviews, quizás os parezcan pocas, pero para mi es la primera vez que recibo tantas por un sólo capítulo, así que en agradecimiento, os dejo el segundo, espero que os guste, y ya sabeis, comentar es amar, un beso y os respondo al final, gracias a todos/as!

PD: Mientras escribía esta parte de la historia "Rehab" de Amy WineHouse sonó muchas, muchas, muchas veces!


II

El despacho era agradable, pensó mientras se sentaba con cuidado y procuraba colocarse lo más cómodo que le permitía el hechizo que mantenía su rodilla en reposo. Carraspeó y giró el cuello. Estaba nervioso, aceptó para sí, pero sólo porque la idea de someterse de nuevo a tratamientos y reconocimientos le atraía tanto como que un kappa le chupase la sangre. A pesar de su poco entusiasmo, estaba dispuesto a intentarlo, aunque solo fuese por demostrar que era más maduro que aquel idiota de Malfoy; diablos, había contado con que no quisiera verle, a pesar de que tenía conocimiento de primerísima mano de lo insistente que era Hermione. ¿A quién engañaba? El rubio siempre le imponía, tanto por su físico como por aquel saber estar que sólo perdía en contadas ocasiones; con una sonrisa, se dijo que si había alguien capaz de hacerle perder los papeles, ese era él. Regocijado, rememoró las veces que se habían enzarzado en duelos, no solo de varitas, sino con los puños, tenía que reconocer que para ser tan estirado Draco tenía una buena derecha y la suficiente malicia para usarla; no es que él se quedase atrás, rió por lo bajo, ah ¿porqué de pronto sentía aquella añoranza? De verdad que debía estar mal si extrañaba pelearse con Malfoy como cuando tenían quince años.

Una jarra con lo que parecía jugo de calabaza y dos copas aparecieron sobre la amplia mesa, en cuyo centro reposaba un tapiz. Encima de la tosca superficie aguardaba una carpeta de cuero en tono borgoña, cerrada con lazos, y una pluma. A su derecha, una solitaria bola de cristal que despedía hipnóticos destellos al ser alcanzada por la luz de la chimenea cercana, en la que bailoteaba un alegre fuego, aquél era el único adorno sobre la pulida madera. Curioso, observó a su alrededor: estanterías repletas de libros, paredes blancas y dos amplios ventanales cubiertos por visillos también inmaculados. Una puerta entreabierta que permitía apreciar la estancia contigua, ocupada por una pequeña camilla de aspecto frágil. Sobre la chimenea había un cuadro de trazos vivos que contrastaba con la sobriedad del resto de la habitación; ensimismado, estudió los ramalazos y círculos que, de pronto, parecían crear patrones llenos de movimiento, atrayentes... hipnóticos...

—Buenas tardes. —El saludo le sobresaltó, haciéndole ruborizarse como un niño que hubiese sido cazado en falta—. No te muevas, por favor. Sé que no te resulta fácil.

Estrechó la mano delgada, pero fuerte, observando los dedos torneados y las uñas cuidadas en un intento de no quedarse ensimismado mirándole a la cara. Malfoy siempre le había provocado una mezcla de enfado, vergüenza, ansiedad y una extraña excitación, todo ello aderezado con que ahora, viéndole rodear la mesa con paso airoso, sentía una virulenta envidia. Aquel capullo que lo único que había hecho había sido... Se obligó a detener el curso de sus injustos pensamientos mientras apretaba los dientes. Todo lo que Malfoy había pasado, las consecuencias de sus acciones como espía para la Orden en el transcurso de la etapa más cruel de la guerra, no podían ser tomadas a la ligera, su antiguo compañero no tenía culpa de que aquellos cabrones hubiesen decidido practicar con él todos los conjuros oscuros que conocían.

—Gracias —masculló. Tiró un poco del cuello de su jersey, sintiéndose de pronto mal vestido, como siempre que tenía enfrente al rubio, a pesar de que, por lo que podía ver, su atuendo era bastante parecido al del propio Harry. Vaqueros y una camiseta de cuello redondo en un desvaído celeste. El cabello platino, suave, lacio y perfectamente recortado en la nuca, caía en un espeso flequillo que ocultaba parte de sus facciones. Harry apartó los ojos al darse cuenta de que estaba admirando aquel rostro ecuánime, tan parecido al del chico que le había hecho la vida imposible durante seis años y, a la vez, tan diferente. Libre de ceño y sin aquella expresión de perenne burla, Draco Malfoy era demasiado guapo para la cordura del Gryffindor. Cristo, estaba hastiado de aquellas tontas dudas... a su edad y experimentarlas en presencia de Malfoy —a causa de Malfoy—, le parecían casi un insulto. Se pateó mentalmente porque estaba seguro de que debía de parecerle un idiota, allí sentado con cara de pasmo, babeando como un adolescente, pero es que el baile de esos dedos largos sobre los lazos que cerraban la carpeta le estaba desquiciando, Merlín

—Bien —empezó éste con calma, alzando los brillantes ojos grises para escrutándole con expresión ilegible—; antes de nada, tengo que preguntarte si estás dispuesto a que te examine, Potter.

—Claro —respondió, no esperaba aquella gélida imparcialidad, de no haberlo recordado, podría decirse que le trataba como si fuesen extraños. Se le ocurrió que en realidad lo eran, que a pesar de los años compartidos en Hogwarts y el tiempo en Grimmauld Place durante la guerra, nunca se había permitido acercarse al Slytherin. Se le colorearon las mejillas por la vergüenza al recordar el frío pésame que le había ofrecido cuando su madre murió—. Si no fuese así no estaría aquí.

—De acuerdo; entonces, ¿te parece que comencemos? —propuso con suavidad, sus dedos largos y pálidos, —Santa Circe esos dedos—, apartaron el cabello lacio y sedoso que le enmarcaba las facciones. Tomó el portafolios y un pliego con varias columnas escritas con pulcra rectitud y lo apoyó en una fina tablilla. Después el vuela pluma quedó suspendido, a la espera de que su dueño empezase a dictar—. Normalmente hacemos un chequeo general, que incluye una serie de preguntas que inciden no sólo en tus síntomas, sino también en tus hábitos diarios, además de los hechizos de control básicos que nos va a permitir hacernos una idea de la extensión de la lesión y del estado general con el que el paciente llega hasta nosotros —explicó, con una amable impersonalidad que le estaba empezando a molestar. A él le latía el corazón al doble de velocidad y su antiguo némesis parecía tan calmado como si no se conociesen, como si no hubiesen pasado toda la adolescencia peleándose a la menor oportunidad. Estúpido Malfoy, cómo le odiaba, era un cabroncete frío y sin corazón... —¿Potter, me estás escuchando? —preguntó Draco, enredando los dígitos en el espeso flequillo para apartarlo una vez más, haciéndole desear ser él quien realizase aquella simple acción. Sí, además de tener la rodilla hecha cisco, su mente estaba dando muestras de demencia senil, decidió, aquella insoportable atracción tenía que ser cosa del alcohol, no tenía dudas; Malfoy, de pie a su lado, esperaba una respuesta mientras sólo era capaz de pensar en lo bueno que sería enterrar las yemas en los mechones y tirar de él hasta acercarle y entonces...

—Disculpa, sí, dime —balbuceó, con las mejillas todavía más rojas. Joder, era mucho más alto de lo que recordaba, y ¿su voz siempre había sido así, tan... masculina? Se estremeció un poco al notar la transparente mirada fija en su cara.

—Te comentaba que quizás deberíamos pasar ya a la sala de aquí al lado, te desnudarás y te pondrás una bata, usamos las mismas que en San Mungo, estoy convencido que después de años trabajando con los aurores debes conocerlas de sobra —continuó, el vuelapluma rasgueaba en el pergamino con velocidad.

—¿Qué escribe? —le interrumpió, señalando el objeto mientras se levantaba, apoyando su peso en la muleta.

—Toma nota de todo lo que yo veo —aclaró. Los iris grises y translúcidos le traspasaron con repentina frialdad—, desde las conjeturas acerca de tu peso, hasta el color de tu piel, las ojeras que muestran que duermes poco y mal, o los espasmos que llevas sintiendo desde que entré, imagino que desde bastante antes. También está hechizada para que, cuando lo ordene, transcriba mis preguntas y tus respuestas. Si deseas, te entregaré una copia, no de mi informe, ese debo estudiarlo antes, pero si tendrás acceso al resto de procedimientos y podrás preguntar todo lo que necesites conocer, nuestra política es que el paciente debe tener siempre constancia de la realidad de su situación por dura que ésta sea... también es necesario que sepas que sobre los tratamientos aplicados a cada paciente y el diagnóstico pesa un encantamiento de confidencialidad, es una variante de juramento irrompible, ¿quedan tus dudas y temores acerca de nuestra transparencia aclaradas?

Apretó los puños y asintió, decirle que su pregunta había estado motivada por simple curiosidad parecía una pérdida de tiempo. Constatar que Malfoy estaba tan a la defensiva con él era un poco desalentador, pero no le sorprendía. Ambos sabían que si estaba allí era porque no tenía otra opción. Hermione y sus amenazas eran un incentivo incuestionable. Ahora, viéndole esperar, —compuesto, serio y tan formal que lo único que le apetecía era hacerle reaccionar— le parecía una ofensa no haber acudido antes a él, genial, debía pensar que era el mismo lerdo de siempre y no se equivocaba demasiado. Suspiró para sus adentros, aquel era otro de los efectos secundarios de tener a Malfoy cerca... sacaba el lado más torpe de Harry a relucir, hubiese deseado que aquellos años mejorasen eso, pero al parecer sólo había empeorado.

—Bien, si te parece, realizaré un hechizo para ponerte la bata y evitar que dobles o muevas la rodilla, ¿hay alguna parte más donde... usaran las maldiciones, quizás en San Mungo... obviaron algo? No es que dude de su profesionalidad... —Por el tono de voz, Harry podría asegurar que era lo contrario, que el Slytherin no creía para nada en ellos y su competencia.

Con la cabeza baja negó, mientras esperaba a que la magia de Malfoy le bañase, un par de pases de varita después, estaba expuesto, casi desnudo y más tenso de lo que nunca había estado frente a un medimago, que ya era decir.

—Empieza por explicarme lo que pasó —alentó. El tono de voz sedoso y calmo pareció adormecerle por un instante, era una sensación rara, porque notaba como el corazón se le aceleraba de mala manera al mismo tiempo. Desde luego, eso sólo lo conseguía Malfoy, razonó con fastidio, relajarle y ponerle cachondo, todo al mismo tiempo, Merlín qué karma.

—No recuerdo con exactitud lo que pasó. Trabajaba solo aquella noche, era una guardia rutinaria hasta que tuvimos una alerta y me aparecí en la costa, cerca de Cardiff. Parecían esperarme y bueno, no sé, creo que me lanzaron un Confundus... —narró, cerrando los ojos un instante, intentando rebuscar en sus escasos momentos de claridad acerca de lo que había pasado meses atrás—, apenas tengo imágenes, sólo... impresiones muy vagas...

—Bien —susurró Draco, ajustando la camilla para que estuviese a una altura adecuada—, ya hablaremos de eso, asumo que utilizaron un pensadero para obtener un recuerdo más amplio. —Harry negó sin dejar de observarle—, qué raro, pero conociendo al equipo que te trató... —Suspiró con cierto desencanto—. Ahora sólo respira un segundo y relájate, tengo que revisar tu núcleo mágico.

—Vale —asintió, aún con los ojos cerrados. Se estremeció al notar como las gafas le eran retiradas. No ver con claridad siempre le hacía sentirse desvalido y lo odiaba con toda su alma, pero contuvo lo mejor que pudo el malhumor que eso le provocaba.

—Son de metal —le explicó amable—, hago algunas comprobaciones en las que interfieren... ¿tienes algo más... anillos, piercings?

—¿Piercings? —rió, abriendo los párpados para mirarle—. ¿Tengo pinta de llevar pendientes en el cuerpo...? —Por algún motivo, sus palabras provocaron que el medimago se ruborizase. Incómodo, volvió a pensar en lo extremadamente encantador que era Malfoy sin aquellos aires de superioridad, los años le habían convertido en un hombre con una presencia aún más espectacular de lo que hubiese creído posible. Ese aire un poco remilgado que en otras épocas le sacaba de sus casillas ahora se le antojaba tan apetecible... Qué suplicio y qué injusticia. ¿Era eso ser gay...sentirse atraído por el tío más inoportuno en el momento más inoportuno? Porque entonces apestaba mucho todo. Aunque claro, en algún nivel cósmico aquello tenía sentido, si Harry empezaba a sentir dudas, lo normal era que apareciese aquel precioso adonis para tentarle, era ya una pauta, en los momentos más importantes de su vida, allí estaba Draco. Aún recordaba su impresión al verle en aquella tienda de túnica, el primer niño mago con el que hablaba, Jesús, lo de la predestinación y toda esas chorradas de las que Luna hablaba iban a resultar verdad después de todo.

—Bien, relájate entonces —pidió, aclarándose la voz. Tragó saliva y apartó el tejido para desvelar el pecho y el vientre cubiertos de un suave vello castaño oscuro, que se volvía escaso en la zona del estómago para brotar después convertido en un grueso sendero que nacía en el ombligo hasta perderse en la baja cinturilla de los slips negros. Arqueó una ceja al descubrir el tatuaje en la cadera izquierda; vaya, quizás Potter no era aficionado a los adornos metálicos, pero no había dicho nada sobre los de tinta. Recorrió despacio los enérgicos trazos de un tono negro azulado del dibujo, que reconoció gracias a sus clases de Historia de los Símbolos y Runas de Sanación en Suiza; aquel en particular podía ser usado para equilibrar un exceso o un defecto en el caudal mágico, tanto por causas internas como por maldiciones, era una curiosa elección, aunque claro, el tipo era auror, no le vendría nada mal llevar un antídoto encima que hiciese menos mortíferas las maldiciones. Descubrió varias cicatrices que surcaban el bajo vientre, llegando hasta la ingle. El muslo derecho estaba en perfecto estado, así como esa rodilla, había sido en la otra extremidad donde se concentraba la mayor parte del daño. Posó las manos en la carne caliente mientras susurraba un conjuro detrás de otro. Era vagamente consciente de que Harry le contemplaba con los ojos bien abiertos y que el vuelapluma copiaba con rapidez todo lo que iba diciendo. Podía notar la suavidad de la piel debajo del vello, que era un tenue plumón algo más crespo en las pantorrillas que en la parte superior de la pierna. Luego estaba el músculo sólido, podía notar las zonas donde la energía parecía bloqueada, como si hubiese pequeños cortes que impidiesen el correcto flujo de la sensibilidad y la energía subyacente. Frunció las cejas al llegar a la rodilla, realizó un encantamiento revelador y observó el estado en que se hallaban los tendones y los huesos, el equilibrio de la estructura, en apariencia casi perfecta; había esperado encontrar daños en la rótula o el ligamento posterior que explicasen el extremo dolor del que el auror se quejaba... había estudiado el procedimiento empleado con Potter hasta aprenderlo de memoria. Cuando le encontraron le habían dado por muerto pero, una vez más, el hombre que ahora se retorcía de forma imperceptible bajo sus manos había demostrado porqué era El Niño que Sobrevivió.

Habían logrado reanimarle y después empezaron a tratar las extremidades, los numerosos huesos rotos, algún desgarro... repasó mentalmente la lista de heridas, había habido algunas importantes, como el hematoma en el hígado o las costillas astilladas que le habían perforado uno de los pulmones; sus yemas recorrieron el grueso contorno de la cicatriz tras la rodilla, era... sintió un ramalazo frío, el tejido parecía tan duro como el cuero. Habían tratado los síntomas físicos, pero no al mago. Sus palmas ascendieron hasta tocar el vientre a la altura del ombligo, notó cómo se le calentaban al contacto con el enorme potencial que aquel cuerpo delgado y fibroso guardaba dentro. Era incluso más poderoso de lo que había creído o esperado. La estática le erizó el vello de los brazos y de la nuca, jadeó con suavidad, podía sentir las lentas oleadas revelándose, capa a capa, ondas y más ondas de pura y preciosa energía; Potter era sencillamente embriagador. Abrió los ojos al sentirlo... sí, era como si en la perfección de la melodía una nota se hubiese desafinado, casi inapreciable, pero desequilibrando al resto. Lo tenía... habían tratado el cuerpo, pero no habían contado o recordado el fundamento básico: el poder de la magia afectaba a la carne que la sustentaba y, si ésta se enfermaba, el organismo se resentía sin remedio.

Ensimismado, paseó las yemas por las delicadas estructuras; como un músico que toca un instrumento, Draco era capaz de percibir aquel tipo de problemas por medio del tacto. Era una capacidad que había descubierto poseer al empezar sus estudios y que sus profesores no habían dudado en recomendarle explotar, así que esa era su especialidad; era experto en diagnosticar cambios en el curso de la magia, usaba el contacto para recomponer y ayudar a crear de nuevo lazos que estaban rotos a causa de maldiciones. Draco era poderoso a su manera, lo sabía y, en ese instante, con aquella ardiente energía bajo sus palmas, nunca agradeció tanto su don.

—Voy a levitarte, necesito observar el dorso —explicó, realizando el conjuro a la vez que hablaba. Potter cruzó los brazos y apoyó la oscura cabeza en ellos, acomodándose. Tenía la expresión algo crispada, pero, por un largo rato, Draco fue incapaz de hacer algo más que mirarle. Hombros lo bastante anchos como para resultar masculinos sin ser excesivos, espalda que languidecía hasta morir en un trasero redondo, nalgas espolvoreadas de vello suave. Con un titubeo dejó resbalar las palmas por la piel lacerada. Era un crimen que alguien hubiese estropeado toda esa dorada perfección. Que aquellos inútiles en San Mungo no hubiesen hecho algo para sanarle antes de que las cicatrices se volviesen permanentes. Espantado de su propia necesidad, se dio cuenta de que ansiaba recorrer aquellas heridas con los labios y la lengua, comprobar la textura y saber de forma fehaciente a qué olía y a qué sabía Harry Potter. El héroe, su cordial enemigo de años, el que le había salvado la vida a pesar de dejarle claro que no era ni por asomo su persona favorita, el único que conseguía hacerle sentir de verdad. Había olvidado lo que era tenerle cerca, el idiota le provocaba la más virulenta de las iras con la misma facilidad que le inspiraba el más ferviente deseo, era peligroso para Draco a tantos niveles que no era capaz de enumerar siquiera la mitad de ellos.

Se detuvo un instante, intentando centrarse, repitiéndose que su problema era que hacía meses que no tenia tiempo para algo más que una rápida paja en la ducha, cosa que sólo le reportaba un lastimoso desahogo. Necesitaba ir a Londres y buscar a alguien discreto... y pasar una noche lejos de la Clínica, los galeones o los problemas de sueldos atrasados y facturas por pagar.

Respiró hondo una vez más mientras le escuchaba dictar datos y realizar conjuros a toda velocidad, hasta Snape en sus mejores momentos le envidiaría, se dijo en un acceso de humor negro, incapaz de dejar de observarle mientras Draco se movía a su alrededor, desde su posición tenía las escuetas caderas a la altura de los ojos. Se mordió un labio al verle alzar los brazos y rebuscar en un mueble alto. La cinturilla de los vaqueros se bajó, mostrando los delicados huesos de las caderas, el ombligo, el vientre lampiño. Mierda, mierda...mierda... giró la cabeza, deseando no haber visto nada, deseando no haber sentido nada, deseando no estar allí, casi desnudo, expuesto y para colmo bastante dolorido por la incómoda postura. Los espasmos se sucedían como si estuviesen marcados por un metrónomo. Apretó los dientes y por una vez se alegró de que aquellos latigazos le hubiesen aplacado la furiosa erección que le había provocado vislumbrar la piel desnuda de Malfoy. De nuevo esas manos frescas posadas en su pierna, gimió al notar el momentáneo alivio del conjuro anestesiante.

—Sé que te molesta, pero creo que hay algo aquí... —le explicó—, voy a recomendar una poción que relaje tus músculos durante unos días para poder trabajar la zona a fondo.

—Ya he tomado antes... —gruñó, cada vez que los dedos apretaban tras la rodilla era como notar cristales cortándole. El sudor se le escurría por la frente, mantener la compostura le estaba costando un mundo—. No... No sirven para nada...

—Potter... lo estás haciendo muy bien —le animó cordial—, un segundo más, hay... creo que hay una maldición aquí, tengo que retirar el hechizo que sujeta la rodilla, porque necesito observar los daños que está creando sin impedimentos. Quiero dormirte, será lo más adecuado y te evitaré dolor innecesario.

—No —jadeó, con los dientes apretados—. No quiero que me duermas Malfoy, ni se te ocurra.

Las manos masajearon la pantorrilla, el tobillo saltaba, casi convulso, cada pequeño calambre acumulando una terrible frialdad que paradójicamente ardía; se mordió el antebrazo, sin querer pensar en lo que sería aquello sin el conjuro que inmovilizaba la articulación. Se quejó por lo bajo, golpeándose la frente contra los antebrazos.

—Potter, mírame. —Draco estaba a su altura, cerca, tanto que Harry fue capaz de ver que aquellos ojos eran grises, grises por completo, limpios y sin mácula, rodeados de pestañas doradas algo más oscuras que su cabello, tan cerca que su aliento tibio le rozó la piel sudada, refrescándola, tan cerca que distinguió el brillo delicado de su barba rubia, tan cerca que, a pesar del dolor, se encontró fantaseando con la posibilidad de estirarse y rozar esa boca de labios llenos—. Aquí no vas a ser un puñetero héroe, ¿me has oído? Estás en mi consulta y mando yo. Tengo que explorarte y para eso no es necesario que lo sufras. Así que... adiós.

Antes de verle cerrar los ojos, le escuchó musitar un apagado «jódete, Malfoy» que le provocó un ataque de risa nada profesional. Potter, suspiró mientras colocaba el cuerpo, ahora laxo, en una postura más adecuada, cómo había extrañado sus bravuconerías. El cabello era tan suave como indicaba su aspecto, pensó, apartando los gruesos mechones húmedos del rostro ahora libre de tensiones. Parecía condenadamente joven e inocente, distendió el ligero ceño con lentitud, acariciando la frente hasta llegar al nacimiento del pelo. El tempus marcaba treinta minutos, tenía que ponerse a trabajar, pero... Merlín... deslizó la yema por las curvadas pestañas, por la nariz, por los labios, la barbilla áspera... era muy guapo, condenadamente atractivo, reconocérselo a sí mismo no fue tan duro como había creído. A veces, cuando había ojeado las fotos que los periódicos publicaban casi cada día, había apreciado que del jovenzuelo delgaducho y mal vestido no quedaba nada. Ahora, con el hombre real a su alcance, era imposible seguir negándolo. Se sentía atraído por Potter, por toda esa áspera belleza, rotunda y casi agresiva. Su jodida mala suerte, de todos los tipos, tenía que ser Potter.

Cerró los ojos un instante y se apartó un par de pasos, obstinado en mantener su imaginación y su penosa libido fuera de la situación. Sostuvo de nuevo la varita y, con cuidado, retiró el conjuro protector que rodeaba la pierna de Potter. Hasta donde podía ver, los sanadores había hecho un buen trabajo al recuperar el hueso y la movilidad, distinguió una fina red de hilos plateados que mostraban los antiguos hechizos de sujeción que procedió a finalizar sin dudarlo. Debajo de aquella primera capa aún persistía un punto gélido, irrisorio, pero que estaba muy presente, al menos para él que ya había visto antes aquella maldición. Realizó una nueva serie de hechizos y luego otra más, iba por la sexta ronda cuando al fin lo descubrió, hundido en el músculo, como una ínfima y afiladísima aguja creada de forma expresa para pasar desapercibida, traspasaba el eje de la pierna, seccionando con limpieza los nervios y tendones, rozando el hueso del fémur. Aquello debía ser un auténtico infierno, pensó, rozando con la yema el rostro dormido, admirado el hecho de que no hubiese acabado convertido en un adicto a las pociones que a buen seguro debían de haberle administrado sin control para adormecerle la zona y que el dolor no le postrase. Jodido Potter, era increíble y eso le encantaba.

Probó varios encantamientos más, sólo para asegurarse de que sus sospechas eran ciertas. Había una frialdad extrema en las fibras nerviosas, si la maldición no había causado necrosis era porque el poder del mago estaba volcado casi por completo en contener y minimizar el espacio ya dañado. Se maravilló ante la capacidad de supervivencia del cuerpo, que intentaba compensar por todos los medios el trauma. Se mordió un labio mientras invocaba un par de libros desde su escritorio. Un gran número de aquellos conjuros estaban prohibidos, recapacitó mientras pasaba las páginas; tanto como el que había causado aquello, pero si algo había aprendido en aquel tiempo, era que a veces lo legal no servía de nada si había magia oscura implicada. Resuelta esa circunstancia, la respuesta fue incluso sencilla. Aquellos obtusos de San Mungo, ¿era posible que sacrificasen una vez más a Potter, sólo por un simple tema de cuestionable moral?; lo difícil iba a ser curar las lesiones resultantes de todos esos meses de descuido, pero lo importante, lo primordial, era eliminar el maleficio. Con el estómago revuelto, recordó la primera vez que había visto a alguien usarla, si no supiese que estaba muerta desde hacía diez años, hubiese jurado que esa abominación que tenía a Potter inmovilizado era cosa de su tía Bellatrix, aquel puto conjuro fue de sus preferidos: doloroso y lento, era capaz de enloquecer a cualquiera. Aquellos encantamientos requerían de una enorme concentración y de bastante desgaste, así que antes de empezar, hizo aparecer un par de barras de chocolate que tener al alcance de su mano. La Magia Oscura era peligrosa por muchos motivos, uno de ellos era que absorbía la energía de la persona que la invocaba tanto para crearla como para destruirla. Se mojó los labios, inquieto, esperando tener la suficiente capacidad para hacer aquello solo, sin necesidad de trazar un círculo de poder que requiriese de más testigos. No se detuvo a pensar en el porqué de su imperiosa necesidad de correr el riesgo, sólo sabía que tenía que hacerlo, simplemente no iba a permitir que Potter tuviese aquello en el cuerpo ni un instante más, así que posó las manos una vez más en la rodilla y comenzó el ritual. Cuanto antes eliminase el maleficio, mejor.


xonya11. Gracias guapisima! EM alegro mucho que te gustase ese primer capítulo, y no, aunque me gusta mucho la next-generation y los cros-gen el drarry es mi OTP y no creo que mientras escriba fics, ellos queden relegados, un abrazo para ti también y gracias por estar ahi!

fanfiker fan-final: Hola! Pues me alegro que le veas buena pinta, creo que en el segundo capítulo queda un poco mejor explicado cómo funcionan en la clínica, pero se va viendo en los siguientes. ¿Te gusta McLaggen? Bien hace alguna aparición pero como ya expliqué es un fic parecido a Premio Anual o Me cuesta tanto olvidarte, más centrado en ellos que en los secundarios.
LOL sobre el vodka, bueno, no suelo hablar de mi porque no creo tener ningún interés pero ya que lo mencionas, te sorprenderá saber que apenas bebo? No suelo identificarme para nada con mis personajes, ni les hago trabajar o vivir cosas que son cotidianas en mi vida real, siempre me ha parecido un recurso excesivamente fácil, es decir, si yo soy médico, qué mérito tiene hacer a Draco médico, el chiste es usar la imaginación y documentarse para hacer lo más real y factible una ficción. Así que no, no soy para nada muy dada al consumo de alcohol, pero son jóvenes, solteros y salen de fiesta, lo normal es que consuman alcohol porque por desgracia es lo que suele hacerse, en la mayoria de los casos, no en todos, habrá quien no lo haga pero mi Harry en ese instante acababa de correrse una buena juerga.
La piscina es un lugar perfecto para tantas cosas! oh las posibilidades...
Espero que te haya gustado el segundo capítulo, gracias y saludos!

Dany de Criss: Hola! Espero que te guste y que la disfrutes guapa, nos leemos!

kawaiigirl: Hola! sips! está practicamente acabada desde el verano pero se me han cruzado varias ideas entre medias y no conseguía coger el hilo y retocarla, ahora espero poder alternarla con Aprendiendo a Vivir, luego ya pasaremos a un Albus/Scorp que tengo por ahi... yo también vaticino que se van a ayudar el uno al otro, que no sólo Harry necesita una mano amiga o no tan amiga! besos!

RoHoshi; Si encuentras el sitio avísame por favor, necesito un tratamiento a fondo con el doctor más sexy! Gracias por todo y si, Draco en apariencia lo tiene todo muy controlado, a ver qué pasa on ese torbellino que va a entrar en su bien planteada vida. Gracias por todo, un beso!

ruka0727: Hola, espero que lo que sigue te parezca de tu agrado, y vamos a ver qué os parece el modo en que Harry encuentra las respuestas a sus dudas, un saludo y gracias por el coment!

Bea1617: Hola! antes de nada, claro que sé que te encanta el drarry, sé que siempre lo digo, pero para mi es muy importante cada comentario y me parece precioso poder "conoceros" un poco en cada capítulo en el que comentamos, es un intercambio que hace que escribir sea aún más bonito. Y estoy contigo, ni JK puede negar que la tensión entre estos personajes supera a la química que Harry tenía con el resto, eran mágneticos. Permíteme copiar esto: ...después de todo Harry puede hacer mejores cosas con su boca... En serio, jajajajaj me partía de la risa porque es tan cierto XD Gracias por alegrarme y por la compañía!

AnnaS: Hola! Gracias a ti por esta ahi! jajajja sobre Ron...confieso mi debilidad por los pelirrojos, algún día habrá una segunda parte de "Siete Días" y Ron será muy envidiado, creo que lo merece, a mi me caía muy bien el chaval. Harry creo que tiene miedo pero de no poder contenerse y si que es verdad, con semejante medimago...yo me dejaría examinar! Besos y gracias.

zilfyks: Hola de nuevo! Me alegra mucho que te haya gustado el planteamiento inicial del fic, y si, Harry es un poquito más real que el del canon que sólo el faltaron las alas al pobrecito mio para ser un ángel, y claro que no tienes que adularme mujer, más bien me gusta leer vuestras impresiones sobre como creeis que está la historia, por aqui todo estupendo, espero que no andes demasiado liada, un saludo guapa!

Adriana11: Hola! Espero que te guste este segundo capítulo, un besazo y gracias!

: Hola! Gracias, espero que te diga pareciendo entretenido, saludos!

Natasha Granger: Hola! Me alegro mucho que te gustase cielo, y espero que lo que sigue sea de tu agrado, nos leemos!


Y en el próximo...

Potter se reía, se reía a carcajadas, el cabello negro pegado al cráneo y el rostro sonrojado por el agua tibia le parecieron de pronto diabólicamente atractivos. La amplitud de la piscina pareció reducirse, así como las luces, o quizás era cosa suya y de esa sangre traidora, que le vibraba en las venas, enajenándole. Le empujó con rabia, mierda, tenía que hacer su trabajo y salir de allí, no podía darse el lujo de entretener a aquel idiota.

—Relájate y sigue tus propios consejos o no vas a llegar ni siquiera a los cincuenta, Malfoy —se burló, aún entre sonrisas. El cabrón flotaba a su alrededor, en apariencia inconsciente del efecto que tenía sobre Draco...


Nos vemos en unos días!