Hola! Un poco más tarde de mi horario habitual, aquí os dejo la actualización, de nuevo gracias, me está sorprendiendo mucho la aceptación del fic, y la verdad es que estoy muy contenta, porque es muy bonito leeros. Espero que la actualización de hoy os saque de algunas dudas y nada, como siempre, os respondo al final,y deseo de verdad, que os apetezca decidme qué os ha parecido, comentar es amar!


IV

Draco observó imperturbable el gimnasio donde su nuevo y poderoso paciente realizaba las rutinas estipuladas por el fisioterapeuta que le acompañaba. Aquel mago realmente no padecía ninguna dolencia grave, al menos no una enfermedad que mereciese el pago de tanto dinero, pero Nathan Mcintosh tenía suficientes galeones como para permitirse los caprichos que desease, uno de ellos era tontear con todo bicho viviente, y parecía tener especial placer en hacerlo con los que, en teoría, estaban allí para sanarle. En esta ocasión el afortunado era Miles Harper, su sustituto en el puesto de buscador en el equipo de Slytherin. Miles, un año menor que Draco, había perdido a toda su familia en la batalla de Hogwarts. Se reencontraron cuando los dos presentaban una queja formal contra el trato discriminatorio al que les habían sometido en los exámenes de admisión en San Mungo. Había sido lo único provechoso ese día, ya que las reclamaciones jamás llegaron a ningún lado. Si aquel salido de Mcintosh no dejaba de sobarle de aquella forma, se vería en la obligación de intervenir y hechizarle.


Harry se sentó en el banco mientras observaba los movimientos acompasados que estaba realizando con la pierna, aún percibía un dolor frío allí dentro que le impedía relajarse lo suficiente como para sentirse cómodo, pero al menos los espasmos que le impedían controlar el músculo ya no se sucedían de una forma tan continua. Se giró para seguir con los ejercicios estipulados por el terapeuta; a su lado, la enervante conversación del tipo gordo con el joven de cabellos rizados le estaba sacando de quicio. Era obvio, al menos para él, que el medimago hacía su mejor esfuerzo para no hechizarle y, con cierta vergüenza, recordó aquel instante en la piscina. ¿Había sido él así de... repugnante con Draco?

Levantando los ojos, su mirada se quedó prendada de Malfoy que, con una túnica formal, estaba tomando notas y hablando por lo bajo con Theodore Nott, quien a su vez llevaba también una gruesa agenda en la que escribía con rapidez; le extrañó que los dos Slytherin usasen sendas plumas de procedencia muggle pero, por lo que había podido ver, todos los profesionales que trabajaban allí parecían bastante familiarizados con esa cultura. Durante un momento, constató la confianza y el cariño que se tenían, la dinámica con la que los dos se movían el uno alrededor del otro, casi sin hablar, porque era obvio que no lo necesitaban. Por un segundo, los ojos grises se posaron en los suyos, interrogantes, llenos de un anhelo rápidamente velado tras una máscara de amable indiferencia. El corazón se le detuvo, Merlín, había cumplido veintiocho años no podía estar comportándose de aquella forma tan tonta y, para colmo, cada vez le quedaba más claro que lo que Malfoy le inspiraba era algo bastante más serio que un calentón o ganas de experimentar. Tenía que reaccionar y romper las barreras que Draco parecía haber puesto entre él y el resto del mundo, en especial las que había entre él y Harry.

Malfoy susurró algo a Nott y se acercó con paso cadencioso hasta donde aquel tipo seguía babeando encima del cuello del pobre chaval, tentándole a lanzarle una maldición de furúnculos supurantes o algo por el estilo, quizás esa que convertía en pasas los testículos del afectado... Por el rabillo del ojo, compuso su mejor semblante, pensando que ya era mala suerte estar sudado y sin afeitar cuando al fin, tras tantos días sin poder tenerle cerca, fuese a verle con esas pintas, casi podía imaginar las burlas del pulcro mago que tenía a unos metros. Sólo que aquel no era el mismo Draco, se recordó, aquel no era el chico ostentoso y lleno de prejuicios, aquel era un extraño que se empeñaba en mantener a Harry lo más alejado posible, y no es que él hubiese hecho lo más mínimo para atraerle tampoco. Hasta ahora, y conociendo el carácter de Malfoy, conservar los huevos en su sitio ya era un avance.

Torció el gesto pensando en la lechuza que había recibido un rato antes. Ginny, que estaba de paso por la ciudad gracias a un descanso de las Harpies, le anunciaba que iría a visitarle en un par de días. Quizás ella pudiese ayudarle, porque si tenía que preguntar a Ron o Hermione —lo cual implicaba que su pelirrojo amigo se enterase de su interés por Malfoy—, entonces sí que sus genitales correrían serio peligro, y les tenía cierto cariño. Se estremeció de disgusto ante la imagen de Ron Weasley persiguiéndole para hacerle reaccionar por lo que seguramente consideraría una locura producto de algún hechizo, y apartó el pensamiento. Tenía a Draco cerca y necesitaba una excusa para hablarle, YA, que no se dijese que no era un buen Gryffindor.

—Malfoy —llamó, ¡bien! Por una vez, no sonaba como si le estuviese suplicando un bis de lo de la piscina. Compuso su mejor sonrisa y carraspeó al sentir cómo los dos magos le miraban con expresión interrogante uno y sorprendida el otro—. Quiero hablar contigo un momento, ¿por favor?

Theodore le examinó de reojo, sus ojos castaños le recorrieron casi como si el abogado estuviese sopesando la idea de si estaba bien de la cabeza o no; bueno, pensó encogiéndose de hombros, él mismo dudaba a veces de su cordura, no era nada nuevo tampoco, que se jodiese Nott y su expresión de sabelotodo.

—Potter —saludó Draco con ese gesto amable tan falso que estaba aprendiendo a detestarlo—. ¿Es urgente? Tengo que concluir con Theo.

—Un solo minuto, es sobre... —insistió, rebuscando en su mente algún tipo de excusa, por pobre que fuese; joder, el premio a la mejor estrategia no se lo iban a conceder, eso seguro—. ¡Mi cuarto!, eso es.

Una ceja rubia se arqueó y, con un carraspeo, miró a Nott antes de acercarse y murmurarle: —Te enviaré un elfo, Potter, ellos se encargan de cualquier cosa que desees, de verdad que ahora mismo estoy muy liado.

—Podríamos cenar... juntos y ya sabes, hablar... —propuso, tenía que disculparse por lo de la piscina; cielos, al menos Hermione y Ron no tenían posibilidades de descubrir nada y esa vez no tenía la excusa de haber estado tan borracho que le hubiese dado igual follar con Dean que con el señor Weasley. Por un momento, creyó que iba a decirle que sí, la expresión de sorpresa de Malfoy ante su propuesta era impagable y, con mortificación, se encontró deleitado por su cercanía. ¿Cómo había sido capaz de pasarle por alto durante tantos años.? ¿Por qué, en nombre de Merlín, ahora era incapaz de dejar de admirar esas facciones que le parecían simplemente... irresistibles?

—Draco —atajó Nott que no era demasiado paciente—, debo irme y tienes que firmar esto antes, el traslador internacional vale muchos galeones, no puedo perderlo.

—Discúlpame, Potter —se despidió, casi aliviado por la interrupción, intentado no girarse y simplemente tumbarle en el suelo y montarle hasta que ambos acabasen saciados, exhaustos y tan sudorosos como el jodido Gryffindor estaba. Salazar bendito, no era de piedra, si seguía así, mirándole como si Draco fuese comestible y él tuviese mucha hambre, no le iba a quedar más remedio que hacer algo... lo que fuese... Ladeó la cabeza, cavilando en la posibilidad de que estuviese comportándose así a propósito, con la simple intención de volverle loco. Maldito Nott y sus papeles. Maldito Potter por ser tan...follable. Se giró y regresó a su lugar, aún tenía mucho que hacer antes de que llegase la hora de la cena y lo más sano era dejar de evocar la imagen de Harry desnudo entre sus brazos, al menos hasta que llegase esa noche a su apartamento, se recordó con un deje resignado. Si le diesen un galeón por cada paja que se había hecho esos días rememorando lo que pasó en la piscina sería millonario.


—¿Qué ha sido eso...? —indagó Theo mientras caminaban de regreso al despacho.

—¿El qué? —preguntó, intentando ser lo más evasivo posible.

—Ya sabes lo que quiero decir... Potter —aclaró con sorna, rehusando a dejar el tema a pesar de que el rostro de su amigo no estaba para nada receptivo—. Potter haciéndote ojitos, ¿desde cuando cenáis juntos?

Theo observó el gesto huraño de Draco con diversión, siempre había sospechado que su rubio compañero tenía algo especial con el Gryffindor, en la infancia había estado teñido de animosidad, pero si miraba hacia atrás y recordaba los últimos años de la guerra, el asunto había acabado tomando otro cariz. Quizás aquellos dos iban a resolver de una vez esa relación mal llevada que se traían. Que fuese en la cama no era tan descabellado, incluso él —hetero hasta la médula—, podía ver que Draco no era precisamente feo y, a juzgar por la mirada del Niño que Vivió, compartían opinión.

—Desde nunca, ¿no me has escuchado? Y ahora cállate, Nott, y aprovechemos el tiempo en algo productivo, además, ¿desde cuando te gustan los chismes? —masculló de mal humor. Era consciente que después de ese estúpido desliz en la piscina con el Gryffindor estaba más taciturno que de costumbre, pero no era capaz de evitar ponerse en guardia con cada comentario que incluyese el nombre de Potter.

—¿Desde cuando no? —se sorprendió el moreno, entre risas mal disimuladas, era tan extraño ver al compuesto Draco fuera de sus casillas que casi era como si hubiesen regresado a Hogwarts, cuando todos eran un poco más inocentes y más libres y su máxima preocupación era saber quién ganaría puntos para su casa, o qué broma de mal gusto ideaban contra el cara-rajada. Que tiempos.

—Cierra la boca, Nott, o juro que te la sellaré —amenazó. Sin añadir nada más le guió hasta el cuarto y, dirigiéndose a la mesa, recogió un grueso paquete de pergaminos—. ¿Empezamos?


—Señor Potter —pidió el joven medimago con calma, las mejillas bastante sonrojadas, tener que amonestar al héroe no era plato de buen gusto para nadie—. Según su planning necesita acabar la serie completa, dos veces, y ni siquiera la ha empezado. ¿Algo va mal, siente dolor?

—La verdad es que no me encuentro bien... —mintió, mirando la placa con el nombre del sanador—... Lewis, ¿verdad?

—Sí, señor —arrodillándose, repasó una serie de encantamientos sobre la rodilla y músculos afectados—. No encuentro nada fuera de lugar... quizás debamos avisar a Robert...

—No... Voy a retirarme, creo que estoy demasiado cansado hoy, Lewis —atajó, levantándose para salir cojeando de la sala de ejercicios. Lo único que le apetecía era convencer a algún elfo para que le llevase una buena botella de whisky de fuego y olvidar que se sentía como si acabase de derramar el zumo de calabaza enfrente de Cho, otra vez.


Era la quinta vez aquella semana. Draco tamborileó sobre la madera mientras repasaba el informe del paciente 073180HJP, joder, aquello no iba bien, nada bien. Habían encontrado la maldición, estaban trabajando en los daños, pero si la persona se negaba a cooperar, nada de eso tenía sentido, ningún esfuerzo sería suficiente. Quería pensar que no era responsable, que aquello era sólo un capricho más de un tipo acostumbrado a salirse con la suya. Pero la verdad es que lo de la piscina había sido cosa de dos, no era algo que pudiese achacar por entero a Potter, porque había sido él quien le besó, él quien le desnudó, quien hundió los dedos en el cuerpo candente y disfrutó como un loco conduciéndole al orgasmo. Maldita sea, ahora aquel idiota estaría flagelándose, revolcándose en la culpa, porque Harry era así, un adicto al juego de responsabilizarse por las acciones de los demás, y lo peor era que, por lo que Draco podía constatar, nadie parecía haberle ayudado a superar esa costumbre. Apoyó la cabeza en el respaldo de la butaca y miró al techo, meditando sobre como acercarse hasta el moreno y hacerle entender que lo que pasó había sido sólo sexo. Sólo sexo... Diablos, ¿de verdad tenía que hacerlo? ¿Acaso el Niño Dorado no había vivido más romances en un mes de los que él había disfrutado en toda su vida? Aquel teatro no tenía sentido. A lo mejor era cierta su afirmación de que todos esos reportajes eran falsos, a lo mejor... ¿quizás aquella timidez no había sido fingida? Se levantó y deambuló por el despacho, inquieto. ¿Qué más daba? Eran adultos, por el amor de Merlín, ¿de verdad el Gryffindor había esperado que Draco...? ¿Qué, que le pidiese una cita, invitarle a una copa...? La idea era seductora, no lo negaba, pero tan imposible como que él acabase casado y creando herederos para su denostado apellido. Pensó en la posibilidad de intentar razonar de nuevo con Potter, pero el idiota era tan obstinado que siempre acababan discutiendo como si volviesen a tener dieciséis años. Masculló una maldición, era detestable, pero... le hacía sentirse vivo como desde hacía demasiado tiempo no le ocurría, era una fuente de conflictos internos, pero le encantaba el reto, siempre le había estimulado enfrentarle, a pesar de que la mayoría de las veces fuese el perdedor. El simple hecho de luchar ya era incentivo suficiente. Era hora de hablar de nuevo con Potter, así que antes de arrepentirse escribió un conciso memorándum que envió con uno de los elfos al cuarto del mago. Al día siguiente tenían una cita.


Ginny entró en Grimmauld Place con paso seguro, Kreacher la recibió mascullando algún que otro improperio sobre traidores a la sangre que le hizo poner los ojos en blanco. Con el pergamino que había recibido esa mañana en la mano, subió hasta el dormitorio de su ex novio. Con cierta nostalgia y mucha curiosidad rebuscó en el amplio armario, hasta que encontró el bolso encantado que Hagrid que regaló a Harry tantos años atrás. Se detuvo frente a la hilera de ropa pulcramente colgada y, con gesto seguro, usó la varita para doblar y empacar una camisa y varias camisetas, así como dos pares de pantalones que había visto usar a Harry en contadísimas ocasiones. Con una sonrisa, agregó un par de slips de tejido elástico y suave que había adquirido en un establecimiento muggle, eran tan diminutos que una risilla nerviosa se le escapó, creando ecos en la vetusta estancia.

—Oh, Harry, esto va a ser tan divertido —susurró antes de dirigirse a la red flú y recitar la dirección de la Clínica que, según sabía, pertenecía nada más y nada menos que a Draco Malfoy.

El cuidado edificio estaba situado al final de Buxton Sstreet, para los muggles residentes en la zona, era simplemente un descuidado caserón de ladrillo rojo colindante con Allen´s Garden, un parque urbano en donde un pequeño grupo de adolescentes fumaban marihuana al abrigo de los olvidados macizos de setos sin podar. Bajo el glamour, la jugadora de quidditch apreció la magnifica visión de la mansión de cuatro plantas, los marcos de madera blanca en puertas y ventanas contrastaban con el color terracota de la fachada. El pequeño, pero frondoso jardín de estilo inglés, daba privacidad a la propiedad. Con agrado, observó como la verja de hierro pintado de gris se abría para ella, era obvio que la esperaban.

El vestíbulo de techos altos constaba de una zona con varios cómodos sofás y un par de chimeneas conectadas a la red flú. Ginny había preferido aparecerse y comprobar el lugar desde fuera, así que, para cuando una pequeña bruja bastante más joven que ella se le acercó dispuesta a ofrecerle ayuda, ya tenía una gratísima impresión. El lugar destilaba clase, tranquilidad y, sobre todo, se apreciaba que todo estaba cuidado hasta el mínimo detalle.

—¡Harry! —Con un grito, se acercó hasta el que durante un tiempo consideró que iba a ser el hombre de su vida. Mientras le apretaba entre sus brazos e inspiraba su aroma limpio y masculino, constató lo que hasta hacía poco más de dos años no habían sido capaces de admitir. Se querían, sí, habían compartido momentos intensos, muchas primeras veces, pero de eso lo único que había sobrevivido era un cariño fraternal, tan intenso como el que le inspiraba Ron o alguno de sus otros hermanos. Suspiró feliz y revolvió aún más la espesa mata de pelo negra antes de apartarse para poder mirarle a fondo—. Estás muy guapo.

—Gracias, Ginny, tú también —respondió con las mejillas coloradas—. ¿Quieres que paseemos un rato? Según el medimago tengo que hacerlo cada día.

—Claro —asintió con entusiasmo, revisándole de arriba abajo. Su amigo tenía el cabello aún húmedo, peinado hacia atrás, aunque el flequillo rebelde había empezado a caer, ocultando en parte su frente. Estaba algo más robusto que la última vez que le vio, su cuerpo delgado había recuperado la fuerza e incluso su piel parecía más viva, sonrosada y sin ojeras—. No sabes cómo me alegro de verte caminar, casi no cojeas ya, no puedo creerlo.

—Aún llevo un par de hechizos —le explicó con una mueca, mientras las hojas crujían bajo sus pasos irregulares y lentos—. Pero, aunque me duele, casi no necesito pociones y duermo mucho mejor.

—¿Vas a regresar pronto a tu casa? —preguntó, observando el parque, que estaba levemente iluminado por una hilera de llamas inapagables de color anaranjado; desde luego, el lugar era encantador.

—Mañana volveré a ver a Robert Cadwallader, él es quien debe decirlo, pero llevo aquí casi cinco semanas —explicó con calma—. En parte es un alivio, a veces voy a la parte muggle y no tengo ni que entrar en El Caldero Chorreante, estoy más tranquilo, según el medimago eso también influye bastante.

—Creí que era Malfoy quien te trataba —comentó.

—Y lo hace —añadió, contento consigo mismo porque no le temblase la voz, Ginny no era para nada tonta y las pillaba al vuelo—. Pero no es él quien decide.

—¿Y qué tal está? —curioseó, pendiente de la expresión cautelosa que Harry lucía; ella le conocía casi mejor de lo que él mismo lo hacía y aquel gesto cuidadosamente neutro empezó a hacerla divagar.

—¿Quién?

—Malfoy, ¿quién va a ser? —instó—, recuerdo que al final de todo estuvo en tu casa, cuando se descubrió su papel en la Orden, pero para cuando la guerra acabó desapareció y hasta hace un par de años nadie sabía nada de él. ¿Qué tal es?

—Bien, es buen medimago —musitó.

—¿Ha sido amable, se ha portado bien contigo?

—Ginny, por Godric —bufó, poniendo sus ojos en blanco—. Claro que se ha portado bien, no somos críos, te has dado cuenta de que hace más de diez años que dejé de pelear con él, ¿no?

—Bien, porque si te hace pasar un mal rato le voy a maldecir —amenazó, agarrada a su brazo, sin tomar en cuenta la última frase de Harry.

—Puedo maldecirle por mí mismo, ¿sabes? Pero gracias, no es necesario, de hecho, es muy amable —añadió, recordando el modo en que se habían besado en la piscina; Merlín, deseaba tanto que aquel tipo de amabilidad por parte del rubio se repitiese...

—Anda, vamos a tomar un té y de paso te pongo al día —pidió Ginny—. ¿Te has enterado que por fin Neville le pidió salir a Hannah?

—Venga, sí —asintió, negándose a seguir dándole vueltas al tema Malfoy—. Los elfos preparan un pastel de coco que está buenísimo. ¿En serio? ¡Casi creía que Hannah tendría que asaltarle! —exclamó. Aún tomados del brazo, iniciaron el regreso hasta el edificio principal.


Draco estaba cansado, tenía que hacer frente a una inspección fiscal por parte del Ministerio y aunque el rumor de que Potter estaba bajo sus cuidados había atraído a un buen número de magos, y con ello aumentaban día a día los beneficios, tal y como él había creído, sentía que no podía relajarse. Miró su reloj y con un amable cabeceo se despidió del último de los pacientes. Mientras se dirigía a la biblioteca, Theo se le unió; con su flema habitual, le puso al día de las gestiones legales antes de anunciarle que iba a acercarse a ver el partido de quidditch de la Liga Nacional entre el Puddlemere United y los Tutshill Tornados, en Gales. Mientras le escuchaba aparentando interés, recordó el modo en que la camiseta de ese equipo se ajustaba en torno al cuerpo de Potter. Se frotó la frente, fastidiado consigo mismo por no ser capaz de apartar de su mente al moreno, con el que tenía una cita dentro de veinticuatro horas.

—No podría ir aunque quisiera Theo, y la verdad es que no me apetece —se excusó cuando el abogado le invitó a ir con él.

—Eres un aguafiestas, Draco —comentó, como siempre hacía, sabiendo de antemano que Malfoy no le acompañaría.

Se pasó la mano por el pelo y sonrió, habían llegado al vestíbulo principal donde las chimeneas conectadas a la red flú despedían a los últimos visitantes de la jornada. De hecho, en la apacible estancia sólo había dos personas más aparte de ellos. Apretó los labios y perdió el paso, provocando que Theo tropezase con él.

—¿Qué...?

—Perdona —musitó, aún con los ojos fijos en la pareja que charlaba en voz baja, ajenos a que les observaban.

—Vaya, pensaba que la Weasley y él habían roto hacía bastante—exclamó Theo con una risita llena de malicia.

—Algunas cosas no cambian y estos dos son una de ellas, patético —replicó, intentando no sentirse tan furioso por algo que debería haber supuesto. Recorrió con la mirada a Potter, obviamente se había vestido de la forma más pulcra posible para recibirla a ella. Entrecerró los párpados recordando la noche en la que... se negó a sentirse mal. ¿Acaso no había sido el propio Draco quien había dejado claro que lo de la piscina no había sido nada? Casi rió por su propia imbecilidad, ¿de verdad había dudado, había albergado esperanzas... de tener algo con Potter? A juzgar por el nudo amargo en la garganta, era obvio que sí. Se ruborizó, agradecido de no haber tenido ocasión de ponerse aún más en ridículo, si Harry no cooperaba, mañana le pediría que se largase y al diablo con todo.

Iba a girar y marcharse cuando una mirada curiosa de Theo le detuvo. Respiró hondo y compuso su mejor cara de indiferencia, que por dentro estuviese deseando conjurar algún maleficio oscuro no quería decir nada. No estaba celoso y punto final. Los Malfoy no sienten celos, claro que no.

—Malfoy —saludó el Gryffindor, aún con una mano en el antebrazo de la pelirroja—, buenas noches. Nott, de nuevo por aquí... —Le rechinaron los dientes por el esfuerzo de no escupir las palabras. ¿Acaso aquel tipo vivía allí y por qué, en el nombre de Merlín, tenía que estar siempre tan jodidamente cerca de Draco?

—Buenas noches, Potter. —respondió. Con un despliegue de galantería poco habitual, el abogado se inclinó y tomó la mano de la pelirroja—. Ginevra Weasley, un placer.

—Hola. —La joven sonrió en respuesta con los ojos marrones brillando de interés, el flacucho que recordaba de su último año en Hogwarts se había convertido en un hombre bastante atractivo. Puso su atención en el medimago y frunció el ceño, si le pedían su opinión, a ella le seguía pareciendo el mismo gilipollas estirado de siempre. Desde luego el rictus de asco era el mismo—. Malfoy.

—Weasley. —Los gélidos ojos grises la traspasaron. ¿Qué le pasaba a aquel idiota? Miró a Harry y, con estupor, parpadeó, su amigo estaba contemplando de soslayo al alto mago con algo parecido a la vergüenza, se mordió un labio y contó hasta diez intentando contener una carcajada. Debía haberlo supuesto. ¿Quién iba a ser? Era tan obvio, aquellos dos llevaban siglos jugando al gato y al ratón, lo que no tenía claro era si Malfoy tendría interés en los hombres... quizás una charla con Nott podría ser, además de entretenida, productiva. Sonrió con más aplomo aún, dispuesta a ayudar a su ex, al fin y al cabo, le debía la mejoría a aquel tipo, algo bueno debía tener y si le hacía daño a Harry...bien, desde que aprendió el mocomurciélago había practicado algún que otro truco...

—Harry... —Una risita se le escapó. Oh, aquel sonrojo era tan revelador que casi le dio pena de su amigo. A veces era como si el Gryffindor no hubiese crecido desde que se enamoriscó de Cho.

—Ya te marchabas, ¿verdad? —añadió con rapidez, lanzando rápidas miradas a los dos hombres que esperaban a que dejasen libre el paso—. Si no te vas, llegarás tarde al partido de los Puddlemere y perderás las entradas...

—¿Te diriges a Gales? —intervino Nott, con una sonrisa de oreja a oreja—. Qué coincidencia, le decía a Draco que se animase, pero, como siempre, está muy ocupado... estaría encantado de acompañarte y ver cómo los del United derrotan a sus adversarios. Este año son mis favoritos.

Los ojos color chocolate de Ginny brillaron con un fuego que Harry conocía a la perfección: el desafío. No sabía si Nott lo había hecho a propósito o es que simplemente le gustaba el riesgo, porque la rivalidad entre las Arpies y los United era legendaria en el Reino Unido. Con un ligero vistazo al espigado mago sus dudas quedaron resueltas, era interés y mutuo, a juzgar por el gesto pícaro de su amiga. Salazar, Ron iba a despellejarle vivo si aquellos dos se enredaban.

—Gracias por todo entonces, Gin, saluda a Molly y Arthur de mi parte, ¿vale? —se despidió con un beso en la mejilla, nervioso por la silenciosa presencia de Draco a su izquierda.

Diez minutos y después de varias despedidas y abrazos efusivos por parte de la pelirroja sólo quedaban ellos dos en el solitario vestíbulo. Con un carraspeo, el rubio se giró y le contempló unos instantes antes de hablar con helada indiferencia, ni le miraba a la cara:

—¿Por qué no la has acompañado? No necesitas pernoctar aquí si tu pareja está en la ciudad, Potter, esto no es Hogwarts.

El corazón empezó a martillearle rápido y fuerte en el pecho. De modo que era eso... ladeó la cabeza, sopesando la expresión seca e inflexible del Slytherin. Debería sentirse enojado por el hecho de que supusiese que tenía novia mientras hacía cosas como las de la piscina con él, pero, por una vez, contuvo su lengua y sus ganas de replicar. Cojeó hasta alcanzar la muleta y después volvió hasta el lugar donde Draco parecía esperar su respuesta, con las manos en los bolsillos, en una postura tan casual que era obvio que estaba cuidadosamente estudiada.

—Ginny y yo rompimos hace más de dos años, Malfoy —comentó con suavidad, tan bajo que sólo Draco podría oírle, buscó su mirada antes de continuar—, de hecho, ella fue la primera que me dijo que quizás... —Se pasó la lengua por los labios y decidió decirlo en voz alta, que cojones ya no podía sentirse más idiota delante de él— ...quizás no era tan hetero como yo me esforzaba en creer. —Apartó los ojos de aquellos sorprendidos iris grises, Merlín, sí que podía sentirse más idiota, ¿a quien si no a él le tenían que decir en su cara que lo que le iban eran los tíos? Suspiró con cansancio, dejando escapar una risa llena de confusión—. Pero eso ya lo sabes de primera mano, ¿verdad... Draco?

En esa ocasión, consideró que era mejor irse y darle espacio, si algo había aprendido del Slytherin durante aquel tiempo era lo reservado que parecía ser, amable con todos, pero alejado, casi inaccesible y desde luego, no era el modo en que él le deseaba. Casi había salido de la amplia estancia cuando la voz de Draco le hizo detenerse justo en el umbral.

—¿Cómo sabías que no...? —Quiso golpearse por preguntar aquello, pero era algo que desde su encuentro en la piscina le había causado curiosidad. Su condición sexual, para su suerte y tranquilidad, nunca había sido objeto de rumores, no como la del Elegido—. ¿Cómo supiste que no te mandaría al infierno, Potter, acostumbras a abordar a todos los tíos que te gustan sin mediar palabra?

Apretó la mandíbula, deseando decirle que esa noche no le había oído quejarse en ningún momento, pero una ojeada a Malfoy le hizo desistir. Draco parecía de verdad confuso, casi celoso por la posibilidad de que hubiese estado con otros. Quizás no le era tan indiferente después de todo.

—Os vi... aquella noche, antes de la batalla, a ti y a Bill. —Le observó palidecer un instante y luego ruborizarse; diablos, estaba tan apetecible que deseó acercarse y borrarle a besos esa cara de espanto, asegurarle que no debía temer porque él conociese aquel secreto. Sonrió y con un paso lento salió del cuarto—. Nos vemos mañana, Malfoy.

Por una vez, fue agradable tener la última palabra, algo le decía que Draco no estaba acostumbrado a eso y, con cierta malicia, se dijo que ya era hora de romperle los esquemas.


xonyaa11: Hola cielo! antes de nada, leí el coment de AAV, hija el ff a veces es un coñazo, no te preocupes. Me alegro que te guste Draco, aún le queda por desarrollarse, espero que te siga gustando conforme avance la historia. Harry en este punto está aún un poco perdido pero al igual que Draco, el personaje se desarrollará en otros aspetos, aunque de los dos, es quien tiene ese punto "canalla" por decirlo de alguna forma, es el que aporta ese ímpetu que a veces es bueno y en otras, hace que ocurran cosas como las de la piscina. Sigo esperando que la adm de fanfiction se dignen responder cielo! un beso!

Lilith Evans Black: Hola! jaajaajjaj no has leido ninguno de mis fics eh? porque normalmente son así de lanzados, algunas lectoras ya estaban impacientes! XDD (es broma!) Harry está el pobre fascinado con el rubio y Draco aún está muy prevenido con él porque claro, la fama que Harry lleva a cuestas durante estos meses le precede. Me alegro que te guste! nos leemos y gracias!

Janeth Malfoy Black: jajajajaja hola! vale te adopto mujer, XDDDD Yo también tengo debilidad con Draco es tan...Draco! jajajaja no hay palabras, es un personaje que da mucho juego. Un beso y gracias por comentar, nos leemos!

silfyks: Hola! Bueno sobre los celos, es que yo les veo a ambos muy "alfa" ninguno va a ceder el control y ser permisivo, además de apasionados! Espero que el capítulo no te haya decepcionado, un saludo y gracias a ti por estar ahi, nos leemos!

Bea1617: Hola! Ay Harry, el pobre la ha metido hasta el fondo, y no precisamente el apendice que hubiese deseado... y coincido, es que con un Draco así...es casi imposible no entenderle, también creo que además del aspecto físico lo que más le gusta del Sly es que él no le va a dorar la píldora ni mucho menos. Me alegro que os esté gustando, y espero que lo que sigue también, un beso, nos leemos guapa!

kawaiigirl: Hola! jajajaja no! no te enojes, Draco el pobre es humano y para mi en esta parte de la historia está aún demasiado apabullado por Harry, Harry y su actitud y Harry y su fama, para mí que lo que más le pesa es sus propios miedos, pero no creo que siendo Draco se atreva a confesarlo. Imagino que estár muy frustrado, ¿Cómo no estarlo? Espero que el capítulo te haya gustado, saludos!

AnnaS: Hola! jajajaa pues no, esta vez hacerse el facilón no le ha salido bien, pero claro, hablamos de Draco y con él no podía ser fácil, para ninguno de los dos. Sobre Ginny... bien ya me diréis que os parece! ^^ Un beso y gracias!

Adriana11: De nada guapa, un placer, espero que te guste! saludos!

Dany de Criss: hola! me alegro que te gustasen! y si, hummm yo creo que Harry estará contigo en que ha sido una de las mejores pajas que le han hecho nunca, espero que el capítulo te haya gustado guapa, nos leemos!

Ro Hoshi: Sips, la verdad es que es raro que me "atreva" a cambiar cosas del canon pero en este fic me apetecía variar al personaje, además que la suerte de sus padres en la guerra y el maltrato que sufre por parte del ministerio es parte fundamental a la hora de hacerle "reaccionar". Esta es una de las cosas que mas me gustan del fanfiction, poder introducir estos cambios! Ays, el pobre Harry y su momento en la piscina...del cielo al infierno en un microsegundo! y si, coincido contigo Draco tiene dudas y con sobradas razones porque la verdad es que la "fama" de Harry en los meses anteriores no le hace ser el tío más confiable del planeta tampoco, Un beso y gracias por todo!

kotte: Hola! pues aqui está el siguiente, espero que te guste y que tus dudas acerca de Ginny hayan quedado resueltas, Gracias por todo! nos leemos!

fanfiker-fanfinal: Hola! Me alegro que te haya gustado el capítulo, y las reacciones de los personajes, eso es bueno, al menos a mi como lectora me parece fundamental y siempre intento que si tienen que hacer el tonto al menos "se vea" porqué lo hacen.
Draco y sus dudas, en esta ocasión creo que su problema es que para él no es "sólo " un polvo, quiera reconocerlo o no, que eso es otra historia. A veces todos hacemos este tipo de cosas, o eso creo, afirmar algo y hacer dos minutos después lo contrario, ¿o será esta una de esas cosas "mias" que según tú todos aportamos a los personajes?
Me alegra que te gustase la parte en la que Harry se acerca y la verdad es que era un poco "obligado" que de los dos, fuese él quien se arriesgase a dar ese primer paso.
LOL el color borgoña es color vino, más o menos, XD
Normalmente siempre me documento, soy bastante freak y cuando estoy planeando un fic me ayuda mucho crear un entorno lo más real posible, me ayuda a hacerles "vivir". Desde los locales que visitan, hasta lo que comen, casi todo es cien por cien real y para la profesión de Draco tengo la suerte de que una de mis amigas sea osteópata, así que me ayudó bastante explicándome muchas de las técnicas que se usan en esta terapia y que luego he adaptado para adecuarlas a Draco.
LOL A mi el señor Radcliffe me parece atractivo con pelos y sin pelos, en este caso los tiene y personalemente, le veo como mi Harry, salvo algunas cosas claro, como el color de los ojos y sé que igual es fallo mío, pero he leido los libros con la cara del chaval como Harry y no puedo evitarlo.
LOL bueno tú haces comentarios testamento y yo respuestas testamento. Gracias por lo de la alergia, ya está un poco mejor, la jodida va por días!
Besos!


Y en el próximo...

—¿Qué? ¡No! —se apresuró a decir, agitando la cabeza—. En serio sólo... noté el hechizo y...

—¿Lo percibiste... así, sin más? —inquirió. Procuró no comérselo con los ojos, por Circe que lo estaba intentando, pero si la tarde anterior, cuando Potter acompañó a la Weasley, le había creído bien vestido, lo que ahora tenía enfrente era un tormento de los más refinados que conocía. Nadie debería tener derecho a que unos cochinos pantalones le sentasen tan bien, ni que la simple camisa ajustada al torso le provocase aquella urgente necesidad de acercarse y arrancarla. Casi podía verlo, le obligaría a apoyarse contra la mesa y esa vez... esa vez le demostraría lo que era joder con Draco Malfoy. Carraspeó, aún pendiente del modo en que el cabello negro de Harry caía en gruesos mechones sobre el cuello de la prenda—. Eso significa que estás mucho mejor, ¿no es verdad?


Gracias y nos vemos el viernes a última hora!