¡Hola! Pues aquí estoy de nuevo, gracias por los comentarios del día anterior y nada, ya sabéis, os respondo al final del capítulo. Espero que os guste, y ojo a las advertencias del primer día, hay sexo entre dos hombres, explícito, si no os apetece, por favor no leáis! Al resto, ojalá y lo disfrutéis y como siempre; comentar es amar, siempre es un gusto saber qué opináis, así que no seáis tímidos!
Nos vemos el lunes para las que lean Aprendiendo a Vivir, si no es así, hasta el martes!
Mientras este capíulo se escribía sonó muchas veces Runaway de The Corrs.
V
Mientras recogía la habitación donde acababa de atender al último paciente del día, pensó de nuevo en las palabras que Potter le había soltado de sopetón la tarde anterior: Os vi esa noche, a ti y a Bill. Era raro, él apenas había vuelto a pensar en aquel extraño beso compartido a ciegas, en medio de uno de los polvorientos pasillos de Grimmauld Place tantos años atrás. Bill Weasley y él se habían encontrado en varias ocasiones y en cada oportunidad, la idea de disculparse por las cicatrices que lucía el hermoso pelirrojo y que de forma indirecta fueron por su causa, surgió con incómoda intensidad. Que después de dejar entrar a los mortífagos en Hogwarts hubiese decidido seguir los pasos de Severus y trabajar para la Orden era lo de menos, el daño estaba hecho. Así que, sin saber cómo, habían acabado abrazados contra aquella pared. Bill olía bien, era alto, fuerte, masculino, y Draco estaba necesitado de un contacto largamente negado por parte de todos aquellos que le rodeaban y que no ocultaban que, pese a todo, desconfiaban de su presencia en la casa. Así que le besó, con rabia, entre lágrimas y miedo, porque la guerra era cada vez más real y no sabía si verían un nuevo amanecer. Bill, que ya en ese entonces estaba casado con la francesa, se dejó hacer con una complacencia que le sorprendió, pero que se negó a analizar. Simplemente, se entregó a la urgencia, a la dulzura de la boca tibia, de la lengua esquiva, al sabor ligeramente especiado de aquellos labios. Se dejó acunar contra el amplio pecho, disfrutando sin recatos de las sensaciones que el roce de esos increíbles cabellos cobrizos provocaban al derramarse entre sus yemas. Tener la recia erección del rompedor de maldiciones clavándosele en el vientre fue una de las experiencias más extrañas de su adolescencia, y eso ya era decir bastante. Ninguno de los dos volvió a hablarse después de aquello, ni siquiera se miraron, pero para Draco significó el único consuelo durante los largos meses en los que residir en Grimmauld Place le salvó de una muerte segura. No comprendía cómo ninguno notó que no estaban solos, ni cómo creyó que en una casa llena de gente aquello podría pasar desapercibido. Era extraño saber que Harry había conocido durante todo aquel tiempo un secreto que creía tan bien guardado. La razón del silencio del moreno escapaba a su comprensión, en esa época eran, si no enemigos, sí adversarios que se soportaban porque no les quedaba más remedio, y después... después se ignoraron cuanto pudieron. Draco se fue a Suiza y Harry siguió su vida tal y como estaba marcada, brillante auror, enamorado de su novia de la infancia, el póster perfecto del niño de oro del Mundo Mágico. Sólo que no todo era lo que se apreciaba a simple vista, elucubró; tras la fachada, Potter resultaba ser un hombre más, con fallos y virtudes, y a su pesar, reconoció que dejarse llevar por el deseo que le inspiraba era como un canto de sirena. Parecía tan fácil; sólo ceder, entregarse al placer... pero, ¿qué ocurriría después, cuando la curiosidad del Héroe quedase satisfecha?
Se apareció en el pequeño apartamento que tenía un par de calles más abajo de la Clínica. Era el único al que las protecciones le permitían realizar aquel conjuro y, aunque la mayoría de las veces prefería usar la red flú, esa tarde tenía prisa. De pie frente a su armario, se dijo que se estaba cambiando de ropa tras tomar un largo baño porque estaba sudado después de una maratoniana jornada laboral. Se miró en el espejo mientras abotonaba los pantalones de lana en tono tostado y recogía el desorden de una pasada de varita. Escogió un suéter verde musgo y se pasó la mano por el cabello, se lo secó, agradecido porque dejarlo ordenado no le llevase más de dos o tres minutos. Respiró hondo diciéndose de nuevo que no estaba nervioso, no por una cita con Potty, la mera duda ya era ridícula.
El despacho estaba vacío cuando Harry llegó, nervioso, se alisó la camisa y, sin saber muy bien qué hacer, paseó por la cuidada estancia, curioseando en las estanterías llenas de libros y tratados. Arrugó la nariz al notar una vibración que revelaba el uso de magia justo a unos centímetros. Frunció las cejas y miró a su alrededor, ¿por qué Draco necesitaría ocultar algo allí? Tragó saliva y sopesó las posibilidades de que el antiguo Slytherin le pillase con las manos en la masa. Respiró hondo y conjuró un Finite. Desde Hogwarts usar la magia sin varita había llegado a convertirse en algo relativamente sencillo para él, aunque pocas personas lo sabían, ni siquiera era una cuestión de la que sus superiores tuviesen constancia. Torció el gesto al comprobar que el hechizo no había servido y su curiosidad se exacerbó aún más.
—Revelare Librum —masculló por lo bajo dudando de su efectividad, sin embargo se centró en la invisible distorsión que tenía ante sí. Tras unos segundos, el velo pareció zozobrar antes de desvanecerse. Era un buen hechizo, se dijo, parecido a un simple Glamour pero aplicado a objetos inanimados, sencillo y rápido pero contundente; se preguntó si era invención de Draco porque, además de su misión de esconder, era obvio que era capaz de contener la energía oculta tras él. Ojeó la nueva fila de legajos que tras romper el encantamiento habían quedado a la vista. Le hormigueaban las yemas de los dedos por la fuerza de la magia, era oscura, no había dudas, podía notarla, sugestiva, atrayente, como un imán que pedía y otorgaba poder. Se maravilló una vez más del enorme talento que Draco poseía como mago, porque manejar aquellos objetos requería de mucha capacidad.¿Cómo sería estar a su entera disposición, sentirse subyugado por ese caudal de energía? La idea le resultó muy erótica, como todo lo que implicaba al rubio medimago. Se mordió un labio al notar el ligero cosquilleo en los testículos. Jesús parecía un adolescente en plena calentura, estaba todo el día empalmado...
—Potter, ¿Es esto una inspección oficial o tu naturaleza curiosa te impide observar las reglas más básicas de educación? —La fría voz del objeto de sus lúbricos sueños le hizo reaccionar y apartarse de la estantería. Maldijo para sus adentros mientras se giraba para enfrentarle, porque lo que estaba diciendo Draco era verdad, era inconveniente de mil formas diferentes y no tenía excusas válidas que le justificasen. Deseó plancharse las orejas como si fuese un puñetero elfo, vaya forma de impresionarle, se felicitó mientras notaba como le ardían las mejillas. Impresionarle le estaba impresionando, pero no para bien, eso estaba claro.
—Lo siento —ofreció, alejándose aún más, contento porque su rodilla hubiese decidido cooperar y no le hubiese sentenciado a escapar cojeando. Joder, qué marrón.
—¿Aún crees que soy de poco fiar, verdad? —Draco apretó las mandíbulas, negándose a sentir decepción por eso; estúpido Potter, que le diesen.
—¿Qué? ¡No! —se apresuró a decir, agitando la cabeza—. En serio sólo... noté el hechizo y...
—¿Lo percibiste... así, sin más? —inquirió. Procuró no comérselo con los ojos, por Circe que lo estaba intentando, pero si la tarde anterior, cuando Potter acompañó a la Weasley, le había creído bien vestido, lo que ahora tenía enfrente era un tormento de los más refinados que conocía. Nadie debería tener derecho a que unos cochinos pantalones le sentasen tan bien, ni que la simple camisa ajustada al torso le provocase aquella urgente necesidad de acercarse y arrancarla. Casi podía verlo, le obligaría a apoyarse contra la mesa y esa vez... esa vez le demostraría lo que era joder con Draco Malfoy. Carraspeó, aún pendiente del modo en que el cabello negro de Harry caía en gruesos mechones sobre el cuello de la prenda—. Eso significa que estás mucho mejor, ¿no es verdad? Cuando llegaste tu magia estaba muy inestable, no creo que en aquel entonces fueses capaz de haber descubierto nada.
—Sí, no lo había pensado —respondió, intentando sonreír—. ¿Para qué los necesitas, Draco? Sabes que no deberías... su mera presencia ya es un peligro, por no hablar de lo que ocurriría si alguien supiese que los tienes.
—Siéntate —ordenó, harto de su falsa moralidad. Dio un par de zancadas y le apartó del lugar. Sin mirarle, conjuró de nuevo el Glamour y se giró para ocupar su sillón. Entrecerró los ojos y observó el informe que tenía frente a sí—. Dime qué problema tienes, Potter.
—¿Por qué dices eso? —carraspeó, removiéndose inquieto en el asiento. ¿No se suponía que eran los Gryffindor los que abordaban las cosas sin rodeos? Ríete de la separación de casas, sombrero seleccionador, puñetero trapo cantarín; torció la boca y le observó abrir la pulcra carpeta y repasar las páginas.
—Cuando llegaste... sabes lo mal que estabas, no necesito decírtelo, y aunque el daño fue resuelto, si no cooperas tu cuerpo no acabará de recuperarse. Estamos haciendo todo lo posible por sanarte, pero eres tú quien debe poner más de su parte y no lo estás haciendo —aclaró con voz firme—. Si no estás de acuerdo con los tratamientos que hemos programado debo saberlo, porque yo quiero que te recobres, pero necesito que seas sincero y me cuentes qué esperas de todo esto.
—¿Quieres? —preguntó, sintiéndose un poco tonto por estar allí, con cara de pasmo—. ¿De verdad te interesa? ¿Entonces por qué me evitas? Desde aquella vez en la piscina no has vuelto a tratarme.
—Potter...
—No, en serio, no es como si pudiese... simplemente olvidarlo todo, como si no hubiese pasado —insistió, a pesar de que notaba las mejillas ardiendo.
—Potter —Se pasó la mano por el cabello y siguió mirando los papeles enfrente de él, no los necesitaba porque se sabía de memoria de la primera a la última letra, pero eran un recordatorio de que aquel hombre no era su antiguo compañero, ni siquiera era el héroe, en aquel momento era un paciente y, como tal, desearle del modo en que lo hacía estaba fuera de los límites, era incorrecto y peligroso y Draco tenía demasiadas responsabilidades para dejarse llevar por la autocomplacencia—. Siento aquello... estuvo... estuvo muy mal por mi parte permitir que llegásemos a eso y necesitamos pasar sobre ello, porque ahora lo que nos debe interesar es que te restablezcas, ¿lo entiendes? ¿Es que acaso no te importa tu salud... no quieres volver a estar sano, regresar a tu trabajo, a tu vida?
—¡Sí! —Apoyó la mano sobre la mesa para acercarse un poco más—. Pero no comprendo por qué no puedes ni siquiera... mirarme. Creí que eras un medimago, no un niño que huye cuando algo no le gusta o le incomoda.
Apretó los dientes y le encaró, dejando fluir la frustración y el enfado. Jodido niñato mimado que se creía con derecho a juzgarle.
—En menos de diez minutos has puesto dos veces en tela de juicio mi carácter, mis motivaciones y mi profesionalidad, Potter, sin pestañear siquiera —escupió el nombre, rememorando el modo que usaba al referirse a él durante sus peleas infantiles, pero no por ello se detuvo—. ¿Sabes para qué quiero esos libros? Bien, ¡te lo diré! —Se levantó y con un rápido Finite acabó con las protecciones y con decisión tomo un grueso tomo para luego lanzarlo sin más explicaciones sobre la mesa—. Este en particular pertenece a los Malfoy desde hace más de doscientos años, éste... —Posó un pequeño ejemplar de tapas trabajadas en piel tintada de un curioso azul medianoche—. Éste lo recuperé hace poco tiempo en Budapest, se perdió durante la guerra, es de mi bisabuelo Cygnus... mi tía Bellatrix adoraba ese libro, su abuelo tenía la misma vena de crueldad que ella.
Alargó la mano para tocarlo, era un manual con aspecto ajado, pero que desprendía una considerable carga de poder. Algo parecía impulsarle a acariciar las tapas y sumergirse en la lectura. Frunció las cejas recordando aquel diario engañosamente seductor y luego, más tarde, el olvidado libro de pociones del profesor Snape; sin embargo, sus dedos parecían compelidos a frotar el rico cuero repujado con intrincados signos, de pronto parecía más lustroso y atrayente... se mojó los labios, con la mirada puesta en la obra, era como si no pudiese apartarse, como si le llamase... tenía que posar la palma en la cubierta... necesitaba hacerlo, sólo una vez... era necesario... un sólo roce...
Draco rodeó la mesa y le sostuvo, deteniendo sus avances con firmeza, luchando con fuerza con Harry.
—¡Potter, joder! ¿Es que no tienes cerebro? —preguntó agitado. Empuñó la varita mascullando improperios, aún sujetándole le apartó del venenoso legajo—. Es un libro de magia oscura, ¡acabas de decírmelo! ¿Es que en la puta escuela de aurores no os enseñan nada de nada...? —Respiró agitado—. No se tocan objetos oscuros sin protegerse antes... maldita sea, Potter, ¿Cómo es posible que hayas sobrevivido veintiocho años?
—¡Vale! —replicó, abochornado por su falta de cautela, era cierto, ¿cómo había podido olvidar esa máxima? Era lo primero que se aprendía, jamás aproximarse a un objeto maligno sin la debida precaución. Inclinó la cabeza y observó el modo en que los dedos pálidos de Draco se cerraban en torno a su muñeca, la abarcaban sin problemas, estaban firmes y frescos al tacto y se sentían de maravilla—. Me he dejado llevar, hace meses que no trabajo y estoy... disperso.
—Naciste así —bufó algo más tranquilo—. En serio, eres un peligro constante, me das miedo.
—Gracias, Malfoy —resopló a su vez, pero no hizo intento de apartarse y Draco tampoco le soltó, sólo relajó un poco la fuerza con la que le apretaba. El medimago posó la varita en la tapa y el libro se abrió.
—Cuando te examiné la primera vez encontré algo que no está reflejado en el informe —empezó. Desde su posición, el cabello oscuro le impedía ver el rostro de Harry pero quizás era mejor así, no precisaba de más distracciones y las hermosas facciones siempre le hacían sentirse como si estuviese fuera de lugar—. Esa maldición es prácticamente indetectable porque es algo pequeño, diminuto, que actúa de forma lenta pero constante. Ahí reside su peligrosidad, en principio produce dolor, pero acaba causando necrosis, desestabiliza el cuerpo y el núcleo mágico. Tu caudal mágico es impresionante, Potter —reconoció, fijando los ojos en el libro que Harry aún examinaba—. Pero hubieses acabado consumido, si no por el dolor, por cualquier otra complicación física y nada hubiese hecho sospechar que eso estaba en ti.
Levantó la cabeza y miró a Draco a los ojos, estaba de pie a su lado, alto e imponente, el color verde del jersey hacía maravillas en contraste con su pelo sedoso y la piel translúcida.
—¿Cómo es que nadie descubrió eso antes? En San Mungo me revisaron, he visto a más medimagos de los que puedo contar, Draco, ¿por qué tú sí pudiste?
Evitó pensar en cómo sonaba su nombre en aquella boca, evitó pensar en lo mucho que le agradaba tenerle cerca y notar su calor, evitó pensar en lo mucho que le deseaba, en las ganas que tenía de ceder a su necesidad... maldita sea, sólo era un hombre y la tentación —Harry—, acicateaba su hambre hasta convertirla en una bestia prácticamente ingobernable.
—Porque he visto aplicar ese maleficio en infinidad de ocasiones, conozco las vibraciones que deja a su paso, sabía lo que buscaba y sus efectos, era el preferido de mi tía... Acus, sólo una palabra, sencillo, cruel y mortal. La mayoría de los magos no sueñan con poseer la mitad del poder que tú tienes y el encantamiento les consume en días o semanas, nadie jamás llegó a durar meses —explicó en voz baja—. Además... puedo notar tu magia, Potter, si me concentro, simplemente surge, está aquí... —Señaló con lentitud un punto intermedio en el pecho del Gryffindor—, casi puedo oírla —concluyó. Siguió contemplándole, inmerso en una complicada lucha de voluntades por dilucidar quién de los dos era el primero en apartar la mirada, con Harry siempre era así, intenso, un poco loco, pero vivo—. Incluso ahora puedo percibir el modo en que estás aferrándote a ese dolor, dime por qué lo haces, explícame por qué te niegas a que te ayuden.
Jadeó, apartándose, o intentándolo al menos, no quería mirarle y decir que en el fondo estaba haciendo todo aquello porque le necesitaba, porque le quería a él, sólo a él. ¿Le creería si fuese sincero? Ni siquiera era capaz de comprender aquel acuciante anhelo por tener cerca a Draco, pero era real, tan real como el sufrimiento causado por la maldición, tan real como su presencia a centímetros, tan real como el mismo hombre que le observaba inmerso en un inquietante silencio. Nunca había experimentado algo así de fuerte por nadie, ni siquiera en la época en la que se creyó enamorado de Ginny había sentido esa necesidad de acercarse y conocerle, hacerle partícipe de su vida, y tenía que intentarlo, era tan sencillo como eso.
—Sólo... —se excusó—. Sólo he estado cansado...
—Eso son meros pretextos y lo sabes, estás aquí alojado para que te centres en recuperarte y no lo haces. Llevas días sin siquiera hacer el más mínimo intento y, salvo por la visita de la chica Weasley, no has realizado apenas ejercicio —enumeró con firmeza. Alzó el brazo y los libros desaparecieron, regresando a su lugar con obediencia.
—Destruir una maldición oscura es peligroso, requiere de un desgaste muy acusado en el mago que lo hace —exclamó de pronto, cambiando por completo de tema. Levantó una vez más los ojos, la expresión de los rasgos de Draco era tan ilegible como el rostro de una estatua—. Además de ilegal, supone un enorme riesgo personal.
—Esto no tiene nada que ver, además... ¿Ilegal? —Los labios se torcieron a causa de la incredulidad. Apoyó las manos en los brazos de la silla donde Harry reposaba y acercó la cara hasta que casi se tocaron—. ¿Me vas a salir con que hubieses preferido quedarte con eso dentro, Potter...? Ni siquiera tú puedes ser tan necio.
—No... —musitó tras varios minutos de calma—. No... ¡pero no me negarás que es un grave peligro para ti! ¿Haces eso por cada paciente, eh, hasta donde llegas en el trabajo?
—¡Lo primero, hasta donde yo llegue en mi trabajo no te incumbe! ¡Y segundo, la gran mayoría de las personas que llegan a mi clínica no tienen encima maldiciones oscuras que son mortales! —barbotó, aún a escasos milímetros, el aliento candente rozó la boca entreabierta de Harry, que contuvo la necesidad de sollozar, tal era el ansia de tocarle. Tenía que besarle hasta que el ademán de enfado que endurecía las atractivas facciones de Draco se esfumase—. ¡Ahora no me salgas con que es ilegal, Potter, eres mi paciente y no podía dejar que tuvieses aquello dentro ni un segundo más, no podía!, ¡hubieses muerto! ¿Lo entiendes, cabeza de chorlito? ¡Muerto, y de una forma bastante peor que un Avada, puedes jurarlo! ¡No iba a permitirlo...me negaba a permitirlo!
Se apartó un segundo, intentando tranquilizarse y razonar con el medimago, que esperaba aún dominándole, con los puños apretados con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos y los tendones de los antebrazos marcados como gruesos cordeles.
—Si alguien lo sabe... —empezó, lleno de dudas. Puto Merlín, ¿por qué siempre se tenía que sentir atacado por sus palabras...?
—¡Escúchame, nadie va a saber nada! —escupió, con la rabia impresa en sus gestos—. Deja de cuestionar cada paso que doy y ¡permíteme hacer mi trabajo! ¿Acaso aún te parece que estamos en el colegio, eh...? ¿Imaginas que esto es uno de esos tontos duelos en los que nos enredábamos casi por deporte? ¡Estoy muy cansado de tu cabezonería! ¡Estoy harto de que creas que no valgo nada, de que te acerques a mí como si opinases que no merezco lo que he conseguido! Esto es serio, Potter, reacciona de una vez y haz lo que se te ha indicado.
—No pienso eso... —Se pasó la mano por la frente, agitado—. Mierda, ¿por qué siempre me malinterpretas? No desconfío de ti, no me hubiese puesto en tus manos de haber tenido la más mínima duda de lo capacitado que estás, ¡creo en ti!
—Sabes que eso no es cierto —siseó furioso—. ¡Si estás aquí es porque Granger te obligó!
—Quizás eso fue verdad al principio —aceptó notando el rubor calentándole las orejas—. ¡Pero ahora no es así, confío en ti...!
—Demuéstrame que es verdad —ordenó, dispuesto a apartarse, Circe, era incapaz de sostenerle más la mirada. Harry posó los dedos en torno a las muñecas de Draco y le sostuvo al notar el intento de alejarse del medimago.
—Potter... —Un estremecimiento le recorrió al ver el modo intenso en que era observado.
—Quiero que lo creas... que lo sepas... —tartamudeó, los pómulos inundándose de un delicado rubor—. Draco... yo...
—Por favor... por favor no debemos... —rogó con un jadeo, intentando sin demasiado rescatar los dedos, no obtener resultados no le sorprendió demasiado, ni siquiera él mismo se creía sus intentos de alejarse—. Eres mi paciente... esto no está bien...
—Sí, está bien...esto está muy bien... —susurró a su vez, pendiente del modo en que la tela suave se ajustaba a los muslos y la entrepierna que ya se le presentaba ligeramente abultada. Giró con fuerza y sin previo aviso, arrastrándole consigo, hasta que Draco quedó encajado entre sus muslos abiertos y la mesa.
—Potter —amenazó—. No sé qué crees que estás haciendo, pero...
—Yo tampoco lo sé —confesó, deslizando las palmas por los brazos, apreciando la fina textura de la lana y el ligero aroma a colonia, sabía que no tendría ningún problema en distinguir aquel selecto perfume entre un millón—. Pero no he podido dejar de pensar en esto... en ti... —Sostuvo las caderas enjutas para obligarle a permanecer quieto. Notaba el corazón latiendo desenfrenado mientras se inclinaba y apoyaba la mejilla contra la costosa lana—. Desde... esa noche, no dejo de pensar... de desearte, tanto que me duele... por favor Draco... por favor...
Con extrema cautela, frotó el rostro contra la inquietante dureza que se moría por descubrir. El miedo y la inseguridad se mezclaban con la anticipación, el ansia y la curiosidad. Hambriento, así estaba, como si llevase toda la vida sin comer y Draco fuese un festín, —el más suculento— del que colmarse. Quería probarlo todo, desnudarle, lamerle entero, morderle, quería follárselo y que él se lo follase, estar profundamente enterrado en él y también sentirle dentro de su cuerpo. Musitó palabras que esperaba fuesen tranquilizadoras. Impelido por una honda obstinación, inspiró con fuerza el intoxicante aroma, casi mareado por la necesidad de más, más contacto, más de aquella avalancha sensorial, más de Draco. Abrió los labios e imprimió un beso húmedo y ardiente contra el pubis antes de levantar los ojos para encontrarse con la mirada tormentosa del medimago. Las mejillas sonrosadas y el errático movimiento del delgado pecho era las únicas muestras de la agitación que le embargaba. A sólo unos centímetros, una orgullosa erección desmentía la mesura de la voz y la aparente tranquilidad, la pasividad con la que le permitía recorrerle.
—¿Qué estás... qué pretendes...? —indagó, incapaz de obligarse a reaccionar y salir de allí, de la lujuriosa trampa en la que el Gryffindor le había inmovilizado.
—No tengo ni puta idea, pero tengo que hacerlo... —confesó; mordiéndose un labio, deslizó la punta de los dedos por la dureza que pugnaba contra la bragueta. Tenía la boca anegada de saliva. Tiró de la hebilla del cinturón de piel y la abrió con una facilidad que le asombró, ya que notaba como las manos le temblaban de forma incontrolada.
—Esto no... —intentó protestar, pero su cuerpo decidió traicionarle. Los ojos de Harry llameaban mientras le examinaba, trabajando con diligencia en los botones que encerraban su pulsante miembro, que latía con cada nuevo avance del moreno. Se arqueó con un quejido, las nalgas apoyadas contra el borde de la mesa. Levantar una mano en un débil intento de detenerle fue un error, lo supo cuando se perdió en la textura gruesa y sedosa de la oscura cabellera. Apretó los párpados antes de dejar escapar el aire con un suave lamento. Escuchó cómo Harry suspiraba mientras le abría la bragueta, abrió los ojos y le observó: estaba tan hermoso con las mejillas arreboladas y una expresión de franco placer grabada en la cara que perdió el aliento—. Merlín, Potter... estás... —De nuevo esa boca húmeda rendida al ansia, recorriéndole el miembro, que aún estaba cubierto por el slip, con un ardiente reguero de diminutos besos y mordiscos—... loco.
—Pero por ti —respondió, desplazándose en la silla para poder abrir más los muslos. Con una mueca se acarició a sí mismo un instante—. Dios, me pones muy caliente... ¿sabes la de veces que he pensado en tenerte justo así...? Me muero por verte, Draco. —Abrió la mano y acunó los genitales antes de bajar la prenda con infinito cuidado, como quien descubre un regalo muy anhelado. La idea de ser deseado de aquella forma le incendió la sangre en las venas, apenas fue consciente de que estaba empujándose contra esa mano fuerte que le exploraba con primorosa cautela—. Nunca he hecho algo así, ¿sabes? Pero contigo todo se sale de madre... joder... eres tan precioso... —Jadeando con fuerza, Harry siguió acercándose, su húmedo aliento torturándole, hasta que, con suavidad, se encontró agitando las caderas, buscándole, acercándose a aquellos labios tan apetecibles.
—Potter... —Rogar no parecía tan terrible, no cuando aquel diablo de ojos verdes respiraba con ímpetu bañando su sobre-estimulada piel antes de dejar resbalar un dedo a lo largo de su sexo con torturadora lentitud—. ¡Salazar!
El sabor de la carne caliente de Draco explotó en su paladar cuando, a ciegas, encerró lo que pudo del pene dentro de su boca. Gimió y le liberó, embelesado por el olor y la textura. Jamás había sentido esa avidez, que le llevaba a lamer y chupar cuanto podía. Guiado por sus propias experiencias y necesidades, así como por los deliciosos sonidos que el rubio emitía, se dedicó a explorar y descubrir nuevos modos de disfrutarle y atormentarle. Oh maldita sea, había nacido para hacerle eso... era tan gay...
—Cristo... ¡qué bueno estás! —exclamó mientras deslizaba el puño a lo largo de la sonrosada longitud, bombeando con un ritmo lento, mientras trabajaba en su propia entrepierna. Vehemente y sin recato alguno, expuso su miembro erecto, frotando el falo, que pedía a gritos una pronta atención—. Mira como estoy, Draco... —canturreó, mientras recorría el sexo duro y caliente de un hambriento lametón antes de inclinarse para succionar uno a uno los sedosos testículos—. Merlín Draco, me tienes loco... —Sacó la lengua para recorrer despacio aquella gruesa vena, antes de hundir la punta en la empapada abertura, el gemido complaciente de Draco casi le hizo correrse—. Me encantas... joder, me encantas... me encanta chupártela...
—¡Maldita... sea... Potter...! —Un nuevo grito escapó de la garganta del medimago, que casi estaba al borde del orgasmo. Salazar bendito, ver cómo Harry engullía su polla con un punto de viciosa glotonería era la experiencia más erótica que jamás había vivido. Demasiado necesitado para detenerle, hundió las uñas en la nuca sudada mientras se impulsaba lo más adentro que se atrevió. Harry tragó a su alrededor, llevándole un poco más hondo... Ohsíohsíohsíohsí... ronroneando en torno a su erección como un enorme y libidinoso felino, antes de liberarle. Por su barbilla rodaba un grueso hilo de saliva que Draco no tuvo más remedio que limpiar. Se enredaron en un beso casi violento, mordió y succionó la lengua que conservaba el amargor del preseminal y eso, descubrir su sabor en la boca tantas veces soñada, casi le mandó directo al abismo.
—Hummm... sí... córrete —alentó. Sin detener el frenético baile de la mano, Harry imprimió un ritmo salvaje, notando cómo el miembro de Draco crecía y se ponía todavía más duro, el suyo irguiéndose en respuesta—. Quiero saborearte...
Sentir la lengua de Harry deslizándose contra la piel del prepucio le llevó al límite, escucharle lamentarse excitado le derrotó. Temblando, notó las acometidas ardientes del orgasmo recorrer su cuerpo. Oleadas y oleadas incandescentes, erizándole mientras apoyaba las manos en los hombros del Gryffindor, que jadeaba, succionándole con hambriento abandono. Aún seguía tiritando por la fuerza del clímax cuando Harry le liberó, con los párpados entornados, se relamió despacio los labios que se veían rojos e hinchados, brillantes de semen y saliva. Entre gemidos de libidinosa satisfacción, se masturbó sin dejar de observarle, los iris verdes encendidos y apasionados. Jadeó subyugado, nunca en su vida había visto nada más hermoso que Harry Potter eyaculando, empapándoles con hilos espesos de esperma, de haber tenido fuerzas, se le hubiese unido, porque la imagen era orgásmica.
Despertó con una sonrisa que no se le había borrado de la cara desde la tarde anterior. Silbando, se duchó con rapidez y despachó el desayuno con apetito antes de encaminarse a su visita con Rob, el medimago que le trataba. Tras comprobar que los tejidos inflamados empezaban a mejorar, se pasó el resto de la jornada inmerso en la rutina, agradecido que las actividades pautadas le agotasen lo bastante para no pensar en lo que había pasado la tarde anterior. Esa misma mañana, casi al final de su cita, Rob le había comentado que Lewis estaba con un nuevo paciente y que Draco sería quien volviese a realizar con él los masajes y manipulaciones terapéuticos de cada tarde. Se había sonrojado, mierda, se había puesto rojo como una bendita colegiala, pero es que ya contener la sonrisa al escuchar su nombre le había costado un esfuerzo tremendo. No sabía si estaba yendo demasiado rápido, pero quería creer que podría convencer al Slytherin de que salir juntos no era una locura.
Nervioso, volvió a ducharse y, con un último pensamiento de agradecimiento para Ginny, escogió uno de los conjuntos que le había llevado cuando fue a visitarle. Se puso una camiseta blanca y un cárdigan del mismo color gris antracita que los pantalones que se le ajustaban a la perfección. Tras intentar domar su pelo con un poco de gel se dio por vencido y, con una nueva sonrisa, aceptó la taza de té blanco que acompañaba a una de las pociones de la tarde.
De pie, parado junto a la ventana desde la que se podía disfrutar de una panorámica del jardín por el que paseaban algunos reducidos grupos, creyó vislumbrar una cabellera dorada. Con el corazón a mil, rememoró una vez más el modo embelesado en que Draco le había observado mientras se masturbaba. Circe, si alguien le hubiese dicho que iba a hacer algo así sin haber tomado siquiera una gota de alcohol no le hubiese creído. Hasta hacía unas semanas, su idea de las relaciones sexuales era por completo diferente a lo que en ese momento pensaba. Siempre había disfrutado del sexo como una situación casi forzosa, pura necesidad física, pero al final era como si algo no acabase de encajar y ahora sabía la causa. No había encontrado a alguien al que desease de verdad, no con aquella intensidad. Aunque tras lo de Dean había sentido dudas, no había llegado a plantearse la idea de hacer nada con otro tío, no algo como lo del día anterior. Ni mucho menos había imaginado que le resultaría tan excitante... mierda, sólo recordarlo le estaba causando una tremenda erección. Se acomodó la tensa bragueta y sorbió los restos de la infusión, rememorando de nuevo lo que pasó en la oficina de Draco la tarde anterior:
Draco seguía con los dedos posados sobre sus hombros cuando Harry, aún pringoso y cansado tras el orgasmo, apoyó la frente en su vientre; el aroma almizclado del semen era intenso, pero notar la piel sedosa contra la suya era demasiado agradable para obligarse a pensar en nada más que en recuperar el aliento y parte del aplomo que parecía estar esfumándose con rapidez. Tenía la boca algo seca y el regusto a sexo, extraño, un poco apabullante, le hizo enrojecer hasta que notó que le ardían las orejas. Se sorprendió al notar el hechizo de limpieza refrescándole. Observó el miembro ahora laxo del medimago y, con un último suspiro, se ocupó de cerrarle la ropa para luego proceder a adecentarse. Que le besase como si no hubiese un mañana no entraba en sus planes, como tampoco notar el ligero temblor y la mirada de estupor que nublaba la mirada gris de su antiguo enemigo.
—Harry... —empezó—, soy tu médico, esto no es buena idea... ¿no comprendes que no puedo hacerlo?
Negó con la cabeza, tozudo, antes de atraerle y atrapar su boca una vez más.
—Escúchame... podemos hacerlo... —Se mordió los labios, dudando en cómo expresarse sin que hubiesen más malos entendidos—. Prométeme que no vas a evitarme y yo...
—¿Me vas a chantajear o algo así... si no accedo no cooperas? —Alzó una ceja con expresión de enfado—. ¿Sabes que eres como un niño...?
—No... no te pido nada, ni te exijo nada... —Enlazó los dedos con los del rubio, que estaban helados—. Sólo déjame conocerte, ¿vale? De verdad, sin presiones...
—Lo pensaré, Potter —concedió, con las mejillas arreboladas—. Pero mi despacho... oh, Merlín, no hemos puesto ni un puñetero hechizo, ¿qué crees que hubiese pasado si nos pillan? Tengo muchas responsabilidades... no me puedo permitir mezclar mi vida personal con la Clínica, muchas personas dependen de mí.
—Lo siento... hummm, es que... joder, mírate —exclamó, apartando un mechón dorado de la frente de Draco, que sonrió con cautela, luciendo bastante abochornado. Harry se preguntó una vez más cómo era posible que no se hubiese fijado antes en lo atractivo que era, ¿en qué había estado pensado todos esos años...?—. ¿Nos vemos mañana? —propuso—. Lewis es un buen medimago, pero... me fío más de ti, ¿considerarías volver a tratarme, por favor?
En ese momento, y como para darle la razón a las palabras de Draco, la secretaría había llamado con suavidad a la puerta antes de entrar en el despacho. Si notó que su jefe y el paciente estrella parecían culpables y más sonrojados de lo normal, su gesto neutral no dejó traslucir ninguno de sus pensamientos.
Tras consultar por quinta vez el reloj, decidió que quizás escoger una novela de la pequeña biblioteca que había junto a una de las salas de descanso no sería mala idea. Se acarició la rodilla, que durante toda la jornada parecía haberle dado una tregua, y con paso mesurado se dedicó a curiosear en la tranquila estancia. La tarde era lo bastante cálida como para invitar a caminar en el exterior y estaba solo en el cuarto, o eso creyó. La voz de Nott le llegó con claridad al otro lado de la estantería.
—En serio, es puro fuego, no tienes ni idea, qué pedazo de...
—Por la santa varita de Merlín, Theo, no me interesa saberlo. —La voz exasperada de Draco le hizo sonreír como a un tonto, pero no era capaz de contenerse, le tenía embobado y la verdad es que no era tan malo, sólo un poco acojonante—. Quiero que me hables de la auditoría del mes que viene y por favor, que sean buenas noticias. Estoy hasta arriba de trabajo y aún tengo que ir a ver a... un paciente.
—¡Vale! De verdad que estás insoportable hoy, Draco, no creas que Sybill no me ha contado el problema con Ted y Roger. ¿Qué coño te pasa? Has amanecido de un humor que parece que tienes una plaga de chizpurfles en el trasero, en serio, ¿pasó algo ayer?
Una ligera punzada le apretó la garganta, ¿podría ser que se lo hubiese pensado mejor? Dudaba sobre si largarse sería lo adecuado cuando la voz seca del rubio le llegó con demasiada cercanía. Era obvio que o se iba o le pillarían espiándoles como un vulgar fisgón.
—¡No, no pasó nada ayer! Simplemente no quiero problemas personales aquí y lo sabes, no es bueno para la imagen de la Clínica. —El tono bajó, casi el mismo que recordaba de su época en Hogwarts, frío y decidido—. Tenemos que dar la mejor de las impresiones y eres consciente de eso, Theo.
—Por cierto, desde que nuestro famoso cliente llegó hemos tenido un aumento considerable de consultas, felicidades, tenías razón, ¿sabes que incluso han publicado un artículo en El Profeta? Desde luego ha sido un golpe de suerte que hayas dado con el problema, ¿quién va a ponerle peros al medimago que salvó al Niño que Vivió...?
—Eso parece, ¿verdad? —El tono helado de Draco le causó un profundo peso en la boca del estómago. Pensó en la tarde anterior, en la noche de la piscina… sí, había sido él quien iniciase los dos encuentros pero Draco... Tragó saliva, ligeramente asqueado y sin ganas de seguir escuchando lo que sea que tuviesen que hablar.
Quiero que te cures, no podía permitirlo... el eco de las palabras le atormentó mientras deambulaba por los pasillos hasta que llegó a su dormitorio. Se detuvo en el centro de la amplia estancia y la observó como si fuese la primera vez: era apabullante, hermosa, pensada para hacerle sentir cómodo, mimado. Con un gruñido de consternación se sacó el cárdigan, que abandonó en el suelo hecho un ovillo, sin importarle que la fina lana pudiese estropearse.
Estúpido... siempre había sido tan crédulo. Se había dejado convencer por las buenas maneras, por las escogidas palabras que parecían asegurarle que, pese a todo, Draco se interesaba en él si no de una forma romántica, si como un potencial amigo y amante. Estúpido... nunca iba a aprender. Todo aquel tiempo había sido simplemente un medio más para conseguir prestigio. Nada más. ¿Cómo había sido capaz de olvidarlo? Caminó hasta el aparador, donde esperaba una bandeja con las pociones que debía tomar. Las apartó de un manotazo, disfrutando del estrépito del cristal al estrellarse contra el suelo, la cuidada superficie quedó regada por el espeso líquido de un subido tono verdoso y las esquirlas de los recipientes destrozados. Se miró en el espejo y, por un instante, se odió con una virulencia maníaca. No se podía ser más idiota.
Bea1617: Hola! Bueno pues espero que las dudas sobre Bill hayan quedado resueltas y Draco..ays no, no creo que ni él mismo crea que es sólo sexo y por eso mismo todo se le complica más. Sobre Theo y Ginny vamos a ver más adelante, y me alegra que te guste el personaje en esta, la verdad es que lo que más me fascina del fanfiction es ésto, escoger un personaje y resaltar unas cualidades u otras y hacerle actuar de determinada forma, en esta ocasión y ya que el fic no es tan "dramático" como Aprendiendo a Vivir, me apetecía que Ginny no fuese siempre "la mala". Miles es un cielo XD yo creo que ya por ser Sly me gusta, así que coincidimos en eso. Sobre lo que Harry le pide a Ginny, sip, le pide ayuda sobre ropa, dudé mucho sobre dejar ese punto implícito porque de hecho los personajes mismos hablan de eso y me pareció que explicarlo más veces iba a hacer más lento leerlo. Espero que te haya gustado el nuevo capítulo, nos leemos y gracias!
Mama Shimi: Hola! pues muchas gracias a ti, espero que te siga gustando, saludos!
kotte: Hola! Pues espero que te haya gustado la actu, y la reacción de Ron vendrá un poco más adelante, espero que te haya gustado, un saludo y gracias! nos leemos!
Lilith Evans Black: Hola! jajajaajaj es que has escogido dos en los que les estoy haciendo ir "despacio", no sé si has leido "Me vuesta tanto Olvidarte" pero hummm quizás te guste ^^. Draco ha visto a Ginny y no ha pensado en nada, los celos lo han matado, lo mismo que a Harry con Nott. Y no! no es que Draco sea femenino! Espero que las dudas sobre lo que pasa con Bill os hayan quedado resueltas y para nada son super cutres tus reviews, al contrario, están para comentar lo que te apetezca, gracias por todo, sé que isemrpe lo digo pero es un placer leeros. Saludos!
Fanfiker-fanfinal: Sobre Draco...humm más que inseguro le veo desconfiado, pero ya sabemos que a veces yo puedo tener una idea y el lector es el que tiene la última palabra, a ver qué pasará entre ellos.
Sobre Ginny, a mi es que en los libros me parecío un relleno más, igual necesario pero que como pareja de Harry no cuajó, y Theo, por desgracia JK nos dejó escasa información de los alumnos de esta casa, y lo poco que dijo fue para equipararlos casi con el anticristo, así que casi que prefiero no saber porque en ese punto no estoy para nada de acuerdo al modo en que enfocó la historia.
LOL bueno, es joven, sano y no tiene pareja, es normal que se masturbe y más después del calentón.
Documentarse al menos en mi caso es fundamental, si no lo hago no les veo y si no les veo no puedo escribir sobre ellos, así que en mis fics u originales siempre intento que el entorno que les rodea sea verisimil, desde lo que comen a los pubs donde beben, a las calles que visitan, me lleva tiempo pero me gusta mucho hacerlo.
Gracias por lo de la alergia, ya me cuido, pero a veces los brotes son inevitables, como ya sabrás por lo que leo. Espero que te guste la actu, nos leemos! Besis!
AnnaS: hola! jajajajaj en esta ocasión el carácter de Ginny -espero- no os va a molestar. Os gusta ver celoso a Draco! jajajjajaj no sabía yo que había tanta gente que disfrutaba verlo así, la verdad es que me alegra mucho que os guste, cuando lo empecé no las tenía todas conmigo, pero si además de disfrutar escribiéndolo os entretiene doble placer! Gracias y nos leemos, besos!
Dany de Criss: Gracias guapa! Sips, los dos son bastante "alfa" y posesivos, porque Harry no es que esté demasiado feliz con Nott tampoco, y si, en esta ocasión Ginny ha sabido ver que la felicidad de Harry está más allá de su capacidad y ha aceptado ser su amiga. Espero que el cap te haya gustado, nos leemos!
Retruécanos: (capítulo 3) hola! no me digas que te saltas los lemon? jajajaj NOOO! pero si bien escritos son la sal de las comidas, confieso que a mi sí que me gustan (ya se notará por el num de PWP que he escrito) pero intento que vengan a cuento y que sean lo más sugestivos posible ( dentro de mi capacidad claro). LA verdad es que con esta pareja no tengo ideas preconcebidas, salvo que me gustan juntos, no les veo en un "rol" específico, sino en el que mande en la historia, quizás es porque cada cual a su manera me parece un personaje de gran caracter y no sería capaz de discriminar. Y no, no eres mala! Es que si desde el primer capítulo fuesen uña y carne seria poco creible y encima se acabaría la historia! gracias por leer y comentar!
xonyaa11: Hola guapa! pues si que es verdad, a la pobre Ginny le cayó el sanbenito de malvada porque creo yo es la que más a mano tenemos las fickers sin introducir personajes nuevos que a veces los lectores no aceptan, no puedo adelantar mucho de su "papel" en ETM porque si no el spoiler será de órdago. Gracias por tus palabras y deseo que te haya gustado el capítulo guapa, besos!
Retruécanos: (capítulo 4) Hola de nuevo, bueno! confieso que no sabía que Bill era un sex simbol, en serio, llevo leyendo fanfiction de HarryPotter desde la navidad pasada y mi campo de "acción" ha sido el drarry, la nex-gen y el cross-gen. A ver qué tal te parece que lo ha hecho Harry, pero sí, la idea de que Draco le de clases de apoyo no está nada mal! XD
jajaja me he reido mucho con la adorabilidad de Harry y sip, Draco va de duro pero se derrite como un azucarillo con él, pero, ¿quién no lo haría? Si que son tercos, no me gustan los personajes demasiado "blandos" ni creo que Harry o Draco se presten a serlo sin caer en un OoC como una catedral. Espero que dentro de poco tus dudas sobre Ginny/Nott queden resueltas, como te decía lo que he leido del fandom es casi todo slash, así que las parejas het, van dependiendo de como venga el fic. Un beso y gracias!
kawaiigirl: Hola! Bien yo creo que hay algo que no he comentado o que se va a ir viendo a lo largo de la historia, ambos se necesitan de un modo u otro, quizás al inicio el que parece más "perdido" es Harry pero Draco arrastra su propio equipaje. Sobre Ginny, a mi el personaje, el del canon de JK, me dejó indiferente, ni la ví arpía ni adecuada, fue un poco anticlimático y me pareció que como dices, la autora no supo introducirla o hacerla crecer para ser la pareja que todas esperábamos para Harry, confieso que no me gustó nada como llevó a los chicos en el último libro, pero eso daría para un debate larguísimo, si un dia estás por twitter podremos hablarlo ^^. Celos, son tontos por parte de ambos la verdad, pero intrínsecos a la condición humana en mayor o menor grado, o eso creo! Y si la verdad es que esa sensación de ridículo por parte de Harry no debe ser la mejor del mundo. Gracias por todo! besos!
Paola: Gracias, me alegro mucho! nos leemos!
Y en el próximo...
—¿Qué bicho te ha picado Potter, te ha comido la lengua un grindylow?
—Felicidades —respondió, aún observando el exterior. Las luces diseminadas por el cuarto creaban un efecto de espejo en el cristal permitiéndole Draco descubrir el rostro serio y tenso de Harry, que tenía el ceño fruncido—. Debes sentirte muy contento.
—¿Vas a hablar claro de una vez? —Cruzó los brazos en un intento de contener el ligero temblor aprensivo que la actitud del Gryffindor le estaba provocando, ¿qué demonios le pasaba a aquel hombre...? Ayer... joder, le había dado una de las mejores mamadas de su vida y hoy... parecía como si le hubiese mordido un Imp en el cochino trasero.
Feliz Fin de semana!
