Hola! Ya es martes y eso significa que toca actu! Gracias a todos las personas que se han pasado por el fic y no sólo han leido sino que además me han dejado su opinión e incluso sus deseos de asesinar al pobre Harry! jajajajja Como siempre es un placer, os respondo al final. Gracias y si os apetecete, hay una parte del capítulo en el que suena... Mná nah Éireann, en la versión acústica al arpa, un beso a todos y nos vemos el viernes, espero que lo disfrutéis.

PD: Al comentarista "anónimo" que pregunta mis motivos para hacerlos homosexuales (no voy a usar el adjetivo que tú empleas)...bien, es sencillo, porque me da la gana, si no te gusta, no leas, no me voy a tomar el tiempo ni siquiera de borrar tu review, como seguramente acabarás de leer el fic, espero que te guste!


VI

Despertar por segunda ocasión consecutiva acompañada del mismo chico había sido una sorpresa para Ginny. No es que fuese promiscua, pero, tras romper con Harry, había tenido una especie de epifanía personal que le había hecho comprender que ella no era su madre, ni tenía por que comportarse tal y como los demás esperaban que hiciese, y eso incluía a la mayoría de su círculo de amigos y el clan Weasley al completo. Así que, esa mañana, aún envuelta en la bruma del cansancio satisfecho causado por las actividades de la velada anterior, notar la incipiente erección contra su trasero, sólo le provocó un lánguido suspiro de dicha. A veces olvidaba lo bueno que era el sexo.

—¿Qué hora es...? —La voz ronca de Nott —Theo, se recordó, porque haber pasado dos noches enteras entre las sábanas con él le daba al menos ese derecho— le hizo sonreír. Esa vez habían acabado en el apartamento que Ginny había comprado con las cuantiosas ganancias que acumulaba con su carrera en las Harpies y, aunque se negaba a admitirlo, para ella llevarle allí había significado un gran cambio: salvo Harry, nunca había permitido que ningún chico pasase la noche en su casa.

—Las siete y media... —respondió; tomando la bata, se cubrió antes de darle una mirada al cuerpo desnudo, moreno y nervudo que reposaba entre sus mejores sábanas. La piel acaramelada de Theo contrastaba contra el verde intenso de la lujosa seda. Los cabellos color chocolate eran un delicioso lío y, con un impulso, gateó hasta darle un sonoro beso en la coronilla para después levantarse del lecho con agilidad—. ¿Café?

—Humm... —asintió con un bostezo—. Gracias... si no te supone una molestia...

La figura curvilínea de la jugadora de quidditch desapareció, se imaginó que rumbo a la cocina. Examinó el sencillo dormitorio, dominado por la cama y una cómoda donde además se acumulaban un sin fin de botes y cachivaches. Mientras se ponía los boxer observó las fotos, en ellas encontró al niño de oro en más de una ocasión y de nuevo se preguntó si sus sospechas serían ciertas. Dijese Draco lo que dijese, Potter le hacía ojitos.

—Esto está buenísimo —alabó un rato después, cuando ambos desayunaban frente a frente. Se extrañó de la facilidad con la que interactuaban, como viejos amigos, como antiguos amantes. Desde ese partido en el que dos noches atrás habían tonteado hasta acabar en la cama, habían transcurrido un reducido número de horas, pero era como si llevasen viéndose mucho más tiempo.

—Gracias. Oye tengo una duda tonta. —Ginny se apartó un mechón de pelo de la cara y le ojeó de soslayo durante un minuto—. ¿Draco Malfoy es gay?

Tosiendo, porque la pregunta dicha a bocajarro casi le hizo atragantarse con la tostada, la miró con los ojos abiertos de par en par.

—¿Qué...? —graznó, sorbió el café, maldiciendo para sus adentros porque el puto brebaje le acababa de achicharrar la lengua.

—Ah, vamos, Theo —Agitó una mano y le regaló un pequeño beso—. Somos adultos y es obvio hasta para un sordo y un ciego que Harry está muy impresionado con Draco, no me lo niegues. Ya me di cuenta de cómo le mirabas la otra tarde tú también, lo notaste.

—Potter es... ¿gay? —acertó a decir aún carraspeando. No pudo contener el gesto ufano al pensar en Draco y sus negativas. JA, te pillé, se relamió pensando en el jugoso chisme—. Pero él y...

—Oh, por favor... —Tamborileó los dedos sobre la mesa—. ¿Es que no lees la prensa o has sido el único que no disfrutó de lo que ese imbécil de Seamus se encargó de gritar a pleno pulmón...? Creo que el mismo Merlín pudo escucharle poner verde a Harry porque su novio se aprovechó de que estaba borracho para hacerle una mamada... ¡como si fuese con el primero que le ponía los cuernos!

—Y... ¿no te molesta? —indagó, asombrado de la aparente calma de la bruja. Si a él alguna chica le dejase por otra mujer... humm, arqueó una ceja, bien la imagen no era del todo mala si lo pensaba bien...

—Por las ligas de Morgana —masculló Ginny, sirviéndose una segunda taza de café y añadiendo dos terrones de azúcar —una chica necesita energía—, se relamió los restos de las yemas de los dedos, deleitada por aquellos ojos nublados fijos en los movimientos de su lengua—. Eres muy mono pero muy lento, cariño, ¿Estás seguro de que estás despierto? Todos los magos sois iguales, en serio. —Se lamentó, con un tinte burlón que hizo que su amante se sonrojase. Oh si, notó un ligero cosquilleo en el vientre al percibir aquel jugoso rubor inundando las mejillas ligeramente barbudas. Los iris castaños de Theo la miraron con tal furiosa indignación que no fue capaz de contener más la carcajada que le burbujeaba en la garganta—. Conozco a Harry y le adoro, es como un hermano para mí. —Se apresuró a aclarar al ver cómo el abogado se envaraba—. ¿No te parece curiosa la forma en que esos dos se han tratado siempre? No te imaginas cómo protestó Harry cuando Draco acabó en Grimmauld Place, pero... tampoco dejaba de mirarle, era casi molesto ver toda aquella intensidad... ahora cuando lo pienso, estaba muy claro.

—Pero habéis sido novios durante años —insistió, sintiéndose tonto por experimentar unos celos tan inoportunos. Ellos sólo follaban, se negaba a montar un drama por la idea de una relación ya pasada de la chica, era equivocado y estúpido—. ¿No te importa?

—En su día me fastidió, pero ahora lo veo como un error de esos tontos en los que te ves envuelto y luego... —Encogió los hombros, sopesando cómo explicar que tanto Harry como ella simplemente se habían dejado llevar hasta que la inevitable verdad les había estallado entre las manos—. Éramos dos críos, que creímos que jugar a ser lo que los demás esperaban de nosotros nos haría felices. Ahora responde.

—¡No lo sé! —replicó nervioso—. Los tíos no hablamos de esas cosas, además no entiendo qué puede importarte a ti lo que Draco... sienta por Potter, si es que de verdad hay algo entre ellos.

—¿No es obvio, Theo? —Contuvo el deseo de poner los ojos en blanco. Acabó el café y sorbió deleitada el zumo de naranja, sopesando la idea de un rápido polvo antes de que sus respectivas agendas les separasen hasta una nueva cita, porque si algo tenía claro era que no sería la última vez que se encontrasen—. ¿Tienes prisa...?

—¿Qué...? —Parpadeó apabullado por los constantes cambios de tema de la muchacha, que, sugestiva, se estaba levantando de la silla. De pronto fue consciente de que, salvo por la corta prenda, ese cuerpo cremoso estaba por completo desnudo. Se lamió los labios y pensó que sí, que Potter tenía que ser jodidamente gay para haber dejado escapar a semejante mujer. Por fortuna, él era lo más hetero de aquel lado del continente y se lo iba a dejar bien claro a la pequeña lianta que le hacía ojitos mientras apartaba la espesa mata de cabellos cobrizos.

—De verdad... eres lento —se rió, mientras se montaba a horcajadas sobre los delgados muslos de Theo, que posó las manos bien extendidas sobre las nalgas descubiertas de la joven, frotándola contra el bulto duro de su entrepierna.

—No creo que debas quejarte precisamente de eso... Ginevra —ronroneó, hundiendo la nariz entre los senos, buscando a ciegas un pezón que chupar, adoraba el olor y el sabor de aquella carne salpicada de diminutas pecas.

—No era una queja... o no exactamente al menos... hummm... —jadeó sin aliento al notar el pene friccionándose contra su candente humedad. Merlín, ¿quién iba a decir que aquel enclenque niño se iba a convertir en un tipo tan sensual?—. Pero me debes una respuesta...

—¿Por qué estás tan interesada...? —se quejó, mientra hundía un dedo entre aquellos pétalos suculentos. Puto Salazar, estaba tan lista...

—Theo... —murmuró contra su cuello—. Tenemos que ayudarles, ¿no es obvio? No sé Draco, pero Harry es tan torpe ligando como bailando, al pobre sólo se le han acercado cuatro busconas que lo que querían era follárselo por ser quien es y para que conste, entre esas busconas incluyo a Dean... necesitamos juntarles.

—Ginevra... —masculló alzándola para ayudarla a apoyar el trasero en el mostrador más cercano—. Me encanta esa sucia boquita que tienes... Pero ahora... quiero a Potter y a Draco fuera de esta cocina... ya.

Mientras le ayudaba a deshacerse de la ropa interior, la bruja le dio la razón, ya tendrían tiempo de ponerse al día en aquel tema... un poco más tarde. Gimió complaciente al notar la primera estocada hundiéndose en su cuerpo. Circe, el sexo con Slytherins era desquiciante, ahora podía comprender un poco mejor a su ex.


Respiró hondo frente a la puerta cerrada de la suite de Potter; obligándose a tener calma, llamó con suavidad antes de acceder a la estancia sin esperar respuesta. Confuso, miró a su alrededor, había escogido aquella hora tan tardía porque de forma forzosa necesitaba aclarar qué iban a hacer en adelante. No podía darse el lujo de repetir lo de la tarde anterior, tenía una reputación que mantener y... observó a su alrededor, las luces del ocaso mantenían en penumbra el cuarto, así que conjuró varias velas. ¿Dónde estaba Potter? De todos los escenarios que hubiese imaginado, no era ése el que esperaba encontrar.

—¿Potter...? —llamó. A su derecha descubrió una prenda, que parecía un cárdigan de lana casi negra, tirado en el suelo en medio de un revoltijo de pociones derramadas y cristales destrozados—. ¿Potter?

Caminó hasta el centro de la habitación y le descubrió al fin, gracias a Merlín indemne y en apariencia tranquilo. Apoyado contra la pared, miraba al parque desde la ventana.

—¿Qué ha pasado, estás bien...? ¿Por qué no has llamado a los elfos para que limpien todo esto...? —Frunció las cejas al no recibir respuesta y abandonando sus bártulos, se acercó con pasos decididos hasta el auror—. ¿Se puede saber qué te pasa, estás bien? —Harry se apartó con velocidad de su intento de tocarle, aún sin ofrecerle una respuesta. Draco le examinó, negándose a darle el placer de sacarle de sus casillas. Había una camisa blanca arrugada a sus pies y por lo que veía estaba descalzo. La camiseta azul oscuro era de algún equipo de quidditch que no podía recordar, no en aquel momento. Alzó las cejas al ver dos de los primeros botones de los ajustadísimos pantalones grises del mago desabrochados—. ¿Qué bicho te ha picado Potter, te ha comido la lengua un grindylow?

—Felicidades —respondió, aún observando el exterior. Las luces diseminadas por el cuarto creaban un efecto de espejo en el cristal permitiéndole Draco descubrir el rostro serio y tenso de Harry, que tenía el ceño fruncido—. Debes sentirte muy contento.

—¿Vas a hablar claro de una vez? —Cruzó los brazos en un intento de contener el ligero temblor aprensivo que la actitud del Gryffindor le estaba provocando, ¿qué demonios le pasaba a aquel hombre...? Ayer... joder, le había dado una de las mejores mamadas de su vida y hoy... parecía como si le hubiese mordido un Imp en el cochino trasero. ¿Estaría arrepentido...? Por alguna tonta razón no había querido sopesar la opción que ahora le parecía más real. Satisfechas las dudas, el Héroe no sabía cómo alejarle, quiso golpearse a sí mismo porque de verdad, había experimentado algo similar a la esperanza... qué idiota.

—Dime, ¿te costó mucho convencer a Hermione de que eras el correcto para hacer el trabajo? —escupió—. ¿O te sentaste a esperar al momento justo todos estos meses?

—Oye... ¿de qué hablas? —empezó. La postura de Harry no presagiaba nada bueno, pero que le cruciasen si él tenía una puta sospecha de qué había causado semejante actitud—. Dime qué narices te pasa. —Alzó la mano con la intención de posarla en el hombro pero, de nuevo, aquel gesto airado y lleno de repulsa le detuvo.

—¡No me toques! —ordenó mirándole por primera vez, los iris verdes cargados de indignación—. ¿Sabes que creí todas esas putas monsergas sobre hacer las cosas bien... sobre tu profesionalidad...? Eres un actor jodidamente bueno, si tu puñetera Clínica se va a la mierda podrás dedicarte al teatro, ¡porque me tragué que de verdad, sólo por una vez, alguien se interesaba por mí y no por mi condenado nombre! ¿Tanto te importa el prestigio, eh, Draco? ¿No puedes vivir sin ser alguien... tan importante es para ti que hasta te pones en peligro por ello? —Las últimas palabras dichas casi a gritos le hicieron apretar los puños un instante. Respiró de nuevo intentando no dejar que su mal genio bullese, porque lo que le apetecía era darle dos buenas patadas en el culo a aquel idiota bipolar.

—¿Se puede saber que te has bebido, Potter...? —respondió—. ¿A qué viene todo esto?

—¡Te escuché hace un rato, con tu amiguito, que seguramente es tan gilipollas como tú! —interrumpió, la luz de las velas titiló mientras la furia se adueñaba de Harry. Draco miró a su alrededor, notando la ropa de cama tirada de cualquier forma y el desorden.

—¿Me escuchaste hoy, donde? —Frunció el ceño al verle doblar los dedos, un florero sobre la mesita de noche se rompió con un seco chasquido, el agua y las rosas se esparcieron en una lluvia multicolor sobre el, hasta hacía un rato, impoluto parquet.

—¡Por una sola vez... quise pensar que era yo... no esta puta cicatriz lo que importaba! —aulló, alzando la mano; el poder desatado por el nimio gesto era como una desorbitada corriente de caliente energía que le golpeó robándole el aliento como si hubiese recibido una contundente bofetada

—¿Tienes los cojones de reconocer que me espiaste, Potter? —gruñó a pesar del dolor—. ¿Quién te crees que eres? ¡Por esto... por esto lo de ayer está mal! ¿Es esto una especie de ataque de celos o algo semejante?

—¿Celos? ¡Celos! —rió sin rastros de humor—. ¡No, sólo estoy harto de que me usen!

—¿Eso te parece, que te estoy usando? —balbuceó, ya preso de la ira. Se restañó la sangre que el golpe de magia le había causado y se movió, acercándose unos centímetros más a Harry, quien se alejó a su vez hacia la derecha, el biombo de seda china que separaba aquel espacio del diminuto distribuidor cayó a su paso—. ¿ESO CREES? ¿Cómo coño puedes decirme que sientes algo por mí, imbécil? ¡No te debo explicaciones, ni somos nada! ¡Pero me queda claro qué es lo que opinas de verdad!

—¡Cállate! —gritó, pálido y desencajado—. ¡Eres sólo uno más que quiere algo del maldito Niño que Vivió! Todos... siempre es lo mismo —jadeó, pasándose las manos por la cara, la mayor parte de las velas de apagaron y un nuevo escalofrío recorrió la espina dorsal de Draco mientras la herida en la comisura de la boca le goteaba—. ¡Desde Dumbledore... todos...! ¿Ahora vas a decirme que es mentira lo que le dijiste a Nott, que accediste a curarme sólo porque sería una buena publicidad para tu Clínica? —escupió la última palabra como si le diese asco.

—¡No, no voy a negarlo! —chilló—. Te lo dejé claro cuando entraste por esta puerta, a ti, a Granger, incluso a Weasley, eres uno más, ¡y sí, qué tú estés aquí supone que haya gente que se esté planteando venir! ¡Y aunque no fui yo quien te buscó, tampoco voy a renegar de algo que puede ayudarme a hacer que la Clínica salga adelante! ¿Te parece que es fácil hacer funcionar esto, que en el Ministerio nos abrieron los brazos? ¿Piensas que es un juego? ¡Aquí curamos a quien lo necesita, eso es lo que hacemos, y si de paso nos permite realizar un trabajo con dignidad no creas que voy a negarme!

»Pero, ¿sabes qué? ¡Gracias por esta mierda de escena! ¿Te parece que tú eres el único que tiene problemas? ¡Pues tengo noticias para ti héroe, no lo eres! ¿Recuerdas a Miles? ¿No? ¡Por supuesto que no le recuerdas, él es sólo un Slytherin más! ¡Tu pequeña mente está muy segura de que sólo los Gryffindor sois los que tenéis contratiempos y sufrís las injusticias! ¡Miles apenas había cumplido dieciséis años cuando su padre quiso obligarle a tomar la marca y cuando se negó le desheredó, le dejó en la calle! ¿Sabes qué? ¡En el puto San Mungo no quisieron examinarnos, a ninguno de los dos, pese a que ambos habíamos estado de tu puñetero lado en la guerra, lo que nuestras familias eran pesó más que lo que nosotros decidimos! ¿Esto es por renombre? ¿Eso piensas? ¡Que te follen, Potter! ¡Rob tuvo que esconderse porque su propio padre quiso matarle, Sibyll se vio obligada a emigrar! ¡Esto no es por mí o por ti, no te equivoques! ¡Puedes largarte en este mismo momento, vete, lárgate con tus borracheras y tus putas! ¡Pedazo de idiota! ¿Cómo te atreves a cuestionar mis motivos?

—¡Cállate! —A su alrededor toda la estancia pareció vibrar presa de la enorme estática que Harry desprendía, pero Draco estaba demasiado ofuscado, demasiado decepcionado y enfadado por la tozuda negativa del moreno.

—¿Tienes miedo, Potter? —preguntó con malicia—. ¿Es eso, crees que si pides ayuda por una maldita vez el mundo va a detenerse? ¡Temes haber estado equivocado todo este tiempo, prefieres creer que sólo somos eso que te hicieron pensar! ¡Pues bien, yo me equivoqué y lo reconocí y pagué por ello, pero tú también te has equivocado! ¿O es que acaso crees que los Slytherin no merecen ayuda, eh? ¿Crees que es justo que tengamos más trabas que nadie, que no nos permitan ser personas con las mismas oportunidades que tú o alguno de los tuyos?

—¡No, sabes perfectamente que no es eso lo que creo! ¡Pero no quiero ayuda, no la necesito! —sollozó, provocando que un gélido viento cargado de electricidad hiciese estallar una delicada silla que estaba a unos pasos de donde ellos se taladraban con la mirada. Por alguna razón Draco no sintió miedo; examinando el gesto roto de Harry, incluso su enfado se esfumó—. ¡No puedo permitir que nadie más me ayude! ¡A todos... todos... los dañé!

—¡Era una condenada guerra, Potter, deja de creerte el centro de jodido universo! ¡Quiero hacerlo, quiero ayudarte y tú no eres mi dueño, no decides por mí! —le aclaró con firmeza—. Escúchame, ¡aquí no eres el héroe, eres un paciente más!

—¿Te parece que quiero serlo? —se burló—. ¿Te parece que he disfrutado de mi papel de héroe?

—¡Sí, sí que me lo parece! —Algo más se rompió a su espalda y el leve chapoteo de objetos cayendo dentro de la piscina inundó sus oídos. Dio un paso más, provocando que Harry se alejase de nuevo, casi haciéndole desear tirarse de los pelos por la frustración.

—¡Tú también te equivocas! —graznó con la voz rota—. ¡Tú también crees cosas de mí sin tener ni puta idea!

—¡Pues dímelas! —rogó—. ¡Dímelas, quiero escucharte! ¡Estoy aquí para eso!

Se miraron durante un largo rato, ambos jadeaban de forma pesada, Draco notó cómo la tensión del ambiente se volvía aún más insoportable, como si la gravedad les aplastase. La sangre silbó en sus oídos mientras pensaba si el Gryffindor acabaría con descontrolarse del todo o podría superar la crisis y ser capaz de encontrar la capacidad de razonar sobre todo aquel asunto.

—¡Estoy harto! —bramó con la garganta cascada—. ¡Harto de todo!

—¡Deja de auto compadecerte y permíteme ayudarte de una puñetera vez! —le ordenó con más seguridad de la que tenía. El aire a su alrededor chisporroteó, mientras el vello de la nuca se le erizaba al escucharle sollozar. Merlín, quería aferrarse al enfado, pero presentía que aquellas tontas acusaciones provenían de la más absoluta de las inseguridades. Jadeó al notar una nueva onda recorrerlo todo, zarandeándole a su paso—. ¡Potter, respira hondo y cálmate!

Dio un par de pasos y le examinó mientras le ponía una mano sobre el hombro, estaba tan tenso que parecía que podría romperse de un momento a otro. Le rodeó por detrás, susurrándole órdenes cada vez más lentamente. La respiración agitada de Harry seguía errática y, bajo las palmas, Draco percibía el frenético latido del corazón. Tenía que tranquilizarle, decidió, apretó los dientes y esperó, sin ser consciente de que Harry se aferraba a sus antebrazos como quien se sostiene de un salvavidas. Perdió la noción del tiempo mientras las oleadas electrizantes de la magia se ralentizaban. Por un segundo, se sintió poderoso, había conseguido doblegarle.

Después de la explosión el Gryffindor quedó desmadejado en el centro del cuarto, que parecía haber sido arrasado por un huracán. Draco tembló de forma imperceptible, negándose a sentirse apabullado por aquel despliegue de energía que aún chisporroteaba en torno a ellos, convertida en un velo casi palpable que le erizaba el vello del cuerpo en lentas oleadas incandescentes.

—Potter, mírame —masculló, con la garganta reseca por la aprensión, aquellas pupilas dilatadas fijas en su cara acojonaban a cualquiera—. ¿Puedes respirar con calma?

Con un sonido a medio camino entre un gemido y un bufido, Harry se sentó en el borde de la cama, apático como un muñeco de trapo.

—No lo sé...

—Hazlo, sólo concéntrate en eso, como durante las sesiones de masaje, ¿vale? Adentro y afuera, muy despacio —ordenó. Empuñó la varita y empezó a realizar Reparos lanzándole algunas miradas de reojo durante el proceso, sintiéndose más seguro ahora que daba la sensación de que la ira se había esfumado del todo. Harry parecía estar perdido en sus pensamientos, aún con los ojos verdes fijos en la pared frente a él.

—Pagaré... los desperfectos —susurró, hundiendo los hombros.

Con un último conjuro comprobó que lo más grave de los destrozos estaba de nuevo recompuesto y los muebles otra vez en su lugar. Draco observó el agua de la piscina llena de diminutos trozos de madera de lo que antes había sido un precioso escritorio Chippendale que había rescatado de un mercadillo de segunda mano; con cierto pesar, hizo una mueca antes de desvanecerlos y decidió que lo mejor sería dejar el resto para los elfos. Ahora lo importante era el joven que seguía en silencio, con aspecto derrotado.

La camilla que antes había estado patas arriba quedó de nuevo colocada en un lateral, frente a la ventana, de forma que permitía ver el ocaso y las primeras estrellas de la noche de otoño, afuera el viento movía las desnudas ramas de los árboles, arrastrando hojas secas, que se arremolinaban por los blancos senderos del pequeño jardín que rodeaba el Centro. La frondosa vegetación de los setos perennes permitía imaginar que unos metros más allá no existía la ciudad ni el tráfico muggle, que les llegaba como un zumbido lejano. Con paso lento se acercó hasta el auror y le posó la mano en el cuello. Harry tiritaba y su contacto le provocó un ligero estremecimiento que reptó bajo la palma, trepándole por el antebrazo como una descarga eléctrica.

—Vas a curarte, de verdad, estoy seguro, pero tienes que querer hacerlo. No es malo pedir ayuda, Potter, ni siquiera a mí. Ahora ven, por favor, déjame hacer mi trabajo.

Dócil y aún sin decir palabra, se dejó conducir hasta el mullido colchón, que se adaptó a su talla y peso de forma automática. En silencio, Draco usó la varita para reducir la luz hasta la mínima indispensable, ajustándola para que un delicado matiz azulado les rodease infundiéndoles una muy necesaria calma.

—¿Sabes que los colores también sirven para curar, Potter? Colócate, así, despacio, sólo túmbate —Instruyó ayudándole a darse la vuelta—. La superficie se adecuará a ti para evitar tensiones innecesarias —explicó, buscando distraerle con un poco de charla intrascendente. Rozó la nuca tensa, deslizando las yemas por la piel caliente y ligeramente sudada. Bocabajo, con los ojos entrecerrados, Harry parecía perdido en su propio mundo, como si la furia le hubiese dejado sin fuerza ni ganas para seguir oponiendo resistencia. Draco respiró hondo y continuó hablando con voz queda—. Los muggles tienen toda una serie de teorías bastante ingeniosas, la verdad, algunas son meras tonterías y otras, cómo ésta, son sorprendentemente efectivas. El tono azul equilibra, encauza la energía del cuerpo humano; respira y mira al frente, deja la mente en blanco —pidió, la luz del dormitorio empezó a ondular, recreando pequeñas olas que tornaban desde el más vivido verde al índigo, le había llevado semanas idear aquel hechizo en particular y sabía que era eficaz. Bajo sus manos los hombros rígidos del Gryffindor se relajaron un tanto mientras los minutos pasaban entre toques reposados, dejando que los rescoldos del malestar se apagasen. Con un vuelco de muñeca, las notas cristalinas del arpa encantada empezaron a llenar el silencio del cuarto—. Gírate otra vez.

Paseó la mirada por la dorada anatomía del Gryffindor, apenas cubierta por el sencillo pantalón de algodón gris y la camiseta azul oscuro con el escudo dorado bordado en un lateral, alzó las cejas al reconocer las espigas entrelazadas, no sabía que Potter era seguidor de los Puddlemere United. Luego recordó que Oliver Wood, compañero y capitán del equipo de quidditch de la casa de los leones en sus primeros años de estudios en Hogwarts, había jugado en aquel equipo. Agitó la cabeza con una ligera sonrisa, deslizó la palma hasta situarla en la zona del sacro; al notarlo, Harry abrió los ojos por completo y le contempló sin pronunciar palabra. De pronto sintió una lenta oleada de calor en las mejillas, sabía que se estaba ruborizando, pero era incapaz de apartar las pupilas de aquella mirada cristalina, de un jugoso verde tan intenso que le sobrecogió su propia necesidad de sumergirse y dejarse llevar. Inclinarse y acariciar una vez más aquella boca tierna, encarnada y tan apetecible, que no besarla parecía ser una tremenda equivocación. ¿Cómo algo tan hermoso y que le procuraba tanto placer podía ser un error?

No era la primera ocasión en que le realizaba ese tipo de manipulación, sin embargo, algo sustancial había cambiado entre ellos, Draco era consciente de eso, por mucho que lo intentase negar. Con un nuevo hechizo no verbal, Harry quedó en ropa interior, de no haber estado tan apabullado, la visión de esos boxer rojos le hubiese arrancado una carcajada. Se mordió el labio inferior y carraspeó, recolocando con suavidad la rodilla convaleciente mientras le obligaba a elevar y rotar la pelvis.

—Voy a poner mi mano en la zona del sacro y aquí —ilustró, posando la palma en el abdomen, el áspero vello púbico le cosquilleó de forma incitante. Respiró, obligándose a ser profesional, aquel hombre estaba allí dispuesto a ser ayudado por primera vez y no iba a fallarle. Tenía que dejar limpia su mente, permitir que la intuición fluyese, aplicar sus conocimientos y sus capacidades, porque ya no sólo era cuestión de que sanarle fuese una muy buena publicidad. Si era sincero consigo mismo, debía reconocer que ésa había sido la excusa que había usado para justificarse, aquello siempre había sido un asunto muy personal—. ¿Notas algo?

—Calor... —La palabra sonó rota, como si fuese nueva en sus oídos. Sin responder nada, quedó preso de Harry. La melodía de Mná nah Éireann resonaba cadenciosa, cada vez más lejana, mientras Draco se perdía en las líquidas profundidades de los ojos de Potter, tan hermosos y tan cansados. Ansió inclinarse y rozarle los párpados pesados por el agotamiento, lamer las lágrimas que pugnaban por no derramarse, borrar el abatimiento, cuidarle como estaba seguro que nadie había hecho antes, a buen seguro porque el propio Harry se habría negado a ello. Tan increíblemente Gryffindor que no sabía si abofetearle o besarle hasta la inconsciencia.

El casi imperceptible latido le llegó convertido en rítmicos arpegios, cerró los párpados de forma instintiva, leyendo con facilidad la naturaleza casi armónica que la magia depositada bajo sus palmas poseía, de haber estudiado música, hubiese podido escribir la melodía. Oh, Merlín, era tan perfecta y vigorosa que le provocaba un extraño dolor en el pecho, jadeó con suavidad: la presión, el nudo gélido que en otras ocasiones había presentido en su centro, bloqueándole, ya no estaba y la pureza, la fortaleza a duras penas contenida, era casi irresistible. Sus manos subieron con serenidad, siguiendo el curso que le dictaban los sosegados pulsos; primero en el ombligo, luego el plexo solar, sobre el corazón, hasta alcanzar la frente. Colocó los dedos en la nuca y se dejó guiar por el instinto. El propio poder de la magia, ahora fluyendo libre y sana, se encargaba de curar los tejidos, de reconstruir el músculo dañado, las estructuras poco a poco estaban recuperando el equilibrio perdido.

Abrió los ojos, estaba sudando, mientras los ciclos se sucedían, flexión y extensión, una y otra vez. Bajó de nuevo, notando los diferentes puntos que continuaban enquistados, eran pequeñas islas heladas que se diluían, liberando a Harry del tormento. Forzó la palma en el diafragma pélvico, recolocando los huesos, notando cómo la tensión muscular se evaporaba. Invocó un conjuro revelador y observó el muslo y la zona más problemática de la rodilla. Sostuvo la pantorrilla y dejó resbalar las yemas, los espasmos casi habían desaparecido, las fascias, membranas que había encontrado casi destruidas la primera vez, se le presentaban sanas y funcionales de nuevo, impidiendo que las terminaciones nerviosas reaccionasen de forma involuntaria a los estímulos, causándole aquel tortuoso dolor que había presenciado semanas atrás.

—No me molesta... se ha ido... —musitó asombrado pasado un rato, la voz aún ronca por el acceso de cólera y los gritos que ambos se habían arrojado como armas.

—Vas a curarte —aseguró, con una sonrisa llena de sinceridad—. Potter, sólo tú necesitas destrozar un dormitorio que costó miles de galeones para sanarte.

—Siento eso, de veras... —masculló. Aferró la mano que Draco descansaba en su rodilla con un gesto angustiado reflejado en sus atractivas facciones—. Prometo...

—Cállate, hombre —rió con suavidad, sin atreverse a rescatar los dedos. De pronto la imagen de Harry en la piscina, besándole, las uñas clavadas en sus antebrazos mientras sus erecciones se frotaban con furia, fue demasiado como para poder soportarlo. Ansió sentir de nuevo aquella boca en su miembro, enloqueciéndole. Tiró de la mano apartándose, aquello no era sano, ni inteligente, ni profesional; por Salazar, se estaba comportando como si fuese un puñetero adolescente demasiado caliente para pensar con serenidad y no como el hombre de casi treinta que era—. Ahora lo mejor es que vayas afuera y dejes que los elfos arreglen esto, la cena será servida en unos cuarenta minutos. Y prométeme que tomarás las pociones, necesitas descansar.

Se apartó para lanzar un conjuro y recoger sus útiles. Harry permaneció aún en silencio mientras se vestía. Desvió los ojos de la sombra oscura del vientre.

—Mañana seguiremos —se despidió, reduciendo el maletín hasta que le cupo en uno de los bolsillos.

—¡Espera! —Harry apoyó la palma en la hoja de madera, cerrándole el paso.

—Potter, es tarde... —empezó, pero los labios ávidos del moreno le silenciaron. Demasiado cansado para negarse, se encontró rodeado por los brazos fuertes y cálidos, las manos rodaron por su espalda mientras, con un lamento de deleite, enredaba la lengua con la de Harry. Perdió el aliento mientras las caricias hipnóticas y dulces continuaban en un ciclo sin descanso. A diferencia de las veces anteriores, el Gryffindor parecía sosegado, disfrutando del momento sin buscar ir más allá. Le agradó la sensación, era tierna, vehemente, pero no demandaba más de lo que quería o podía darle.

—Gracias... —le susurró una vez los labios abandonaron los de Draco—. Gracias por todo... me gustas mucho ¿sabes? A pesar de todas las estupideces que dije, que he hecho todas estas semanas, siento haberme dejado llevar... y quiero que sepas que no hemos acabado, pero que voy a respetar tu espacio.

—Harry... —pronunció, sorprendido por el delicioso temblor que le llenó el pecho, apartó un par de mechones y, en respuesta, el moreno le sostuvo la mano para besar una a una las yemas.

—Todo va a estar bien, lo sé, lo siento, ahora estoy convencido de eso, Draco, más que nunca —aseguró con una última caricia—. Gracias.

Un efímero contacto, sólo la piel tibia contra su boca, unos ojos transparentes, llenos de decisión. De pie, bajo el umbral, le observó alejarse por el pasillo con paso tranquilo y aún un tanto errático. Parpadeó confuso, sin saber exactamente que había pasado entre él y Harry Potter.


Por si a alguien le pica la curiosidad, toda la parte de las manipulaciones y observaciones que Draco hace mientras trata a Harry son reales, tengo la suerte de tener una amiga osteópata que me ayudó a que los tratamientos y rutinas que Harry realiza y los diálogos fuesen lo bastante completos sin llegar a ser aburridos (o eso espero!) Para las que me conocen, ya sabéis lo freak que soy!


AnnaS: Hola! jajajajaja la verdad es que si, Harry da un poco de penita, está deseando tener a alguien y el pobre sólo se encuentra con estas cosas, me alegra leer tu comentario, es que es tan cierto! aún están empezando y no son precisamente los candidatos a tener una relación tranquila ni mucho menos, espero que la reacción de Draco haya sido de tu agrado, beso!

Natasha Granger: Hola! me alegra mucho que te gustase el capítulo, y si, Harry tiene una tremenda curiosidad con Draco, aunque en esta ocasión se haya encontrado todo sin quererlo. Y si, yo creo que la discusión le va a venir bien. Nos leemos!

Lilith Evans Black: Hola! jajajajaja, espero que el finde fuese bien! y espero que la "discusión" haya sido de tu agrado y si, a Bill parece que le gustó Draco, aunque yo creo que le entendemos perfectamente. Gracias, nos leemos!

Dany de Criss: Hola cielo, pues si, todo empezó demasiado bien para ser quienes son!, espero que la actu haya sido esclarecedora, un saludo y nos leemos!

Bea1617: Hola guapa! Hummm si, Harry le dejó totalmente out a Draco, creo yo! Yo también pienso que el Sly es un mago poderoso, debe serlo, por herencia y educación debe serlo. Sobre un fic con un darkharry, mira la verdad es que como aún he hecho tan pocas cosas en este universo no me niego a nada, (salvo a algunos clichés en los que por ahora espero no haber caido) Así que no lo descarto. Espero que te haya gustado la actu te haya gustado! gracias por todo, un beso!

zilfyks: Hola! me alegro mucho que te gustase, y si, por caracter es más normal que sea Harry el que vaya más lanzado, siempre he creido que por educación y por caracter es el más reservado de los dos, espero que te haya gustado la actu, gracias y nos leemos!

Allie Danger: Hola! Fíjate, para ti ha sido rápido y para la mayoria están yendo despacio, jajajaja la verdad es que sí, se desean y son jovenes...por un lado es normal que se lancen a ello! Espero que la actu te haya gustado, a mi me encanta el Drarry también!

fanfiker-fanfinal: Hola! Me gusta que el lemmon fuese de tu agrado y claro, debe mostrar deseo, sino sería un sinsentido, el sexo sin deseo es un problema! Yo creo que las dudas sobre lo que me comentas de la conversación de Draco con Theo quedan resueltas o eso espero en el capítulo de hoy. No sé si lo de Harry son prejuicios o las dudas normales de quien está empezando algo con otra persona, junto con todo el placer y la esperanza también hay partes que son menos divertidas, no has leido demasiadas cosas mías (tampoco es que tenga mucho!) pero tiendo ha intentar ofrecer una visión lo más realista posible, y eso incluye cosas que igual no son "tan populares" pero que a mi me apetece plasmar.
Sobre los Slytherin y JK, comprendo tu punto de vista pero no lo comparto para nada, si algo no me gustó del modo en que ella llevó la saga fue precisamente que crease una casa de niños que eran malos "per se" por el hecho de serlo, pero claro, esa es mi opinión, curiosamente soy muy extremista pero intento no serlo porque creo que la vida es un abanico de posibilidades muy interesante y los extremos no son buenos en la mayoria de las ocasiones.
Espero que te gustase la discusión, sobre lo de que Draco se protege en su clínica, no lo comprendo... igual es que no he explicado bien a lo largo de los capítulos, asi que me disculpo, él lo que busca es ser reconocido a pesar de ser un Malfoy y que el trato injusto que le dieron en el Ministerio acabe. Me alegro que te guste el fic, nos leemos!

xonyaa11: Hola! jajaajaj pues a Draco...hummm si recuerdas el resumen, ya lo deja claro, ambos van a cuidarse, y Harry le aporta cosas a Draco de las que él carece... y si, vamos a encerrarles, las posibilidades son tan deliciosas! XDD (me llevais por el mal camino!) ME alegro que te divirtiese, jajaja este Harry está un poco descreido de Hogwarts ^^ Gracias por todo, besos!

kotte: Hola! Bueno yo creo que en esta ocasión han resuelto alguna de sus dudas! Espero que la escena de la discusión haya sido de tu agrado, un saludo!

HeartSun: Hola! Pues si, la comunicación no es su fuerte, por suerte en otras "areas" lo llevan de perlas! jajjaajaj Me alegro que te haya gustado el fic lo bastante como para animarte a comentar, un saludo!


Y en el próximo...

—¿Y bien...? —instó—. Venga, desembucha.

—¿Qué quieres saber...? —Fue la tímida respuesta. Con las mejillas ruborizadas, sorbió con una mueca el pequeño vaso de whiskey.

—Todo... —aclaró con alegría—. ¿Te lo has tirado ya...?

Escupió el ardiente líquido y la observó con los ojos abiertos como platos.

—¡Ginevra! ¿Qué coño...?

—¡Oh, vamos, Harry, sois tíos! ¿Esperas que me crea que os habéis limitado a tomaros de las manos?...


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