Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.
Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.
La adaptación conserva el mismo nombre del libro.
Pasaporte al amor
Capitulo 3
Alice seguía con los nervios alterados cuando regresó a la ciudad. Para su sorpresa, tío James había vuelto temprano a casa del banco y estaba esperando en el salón con tía Bree.
—Hola, querida —le dijo Bree cuando Alice entró.
Bree estaba sentada en uno de los tres sofás blancos que había agrupados alrededor de la mesita baja de cristal. James estaba de pie junto al mueble bar, con expresión expectante. En un botellero de plata había una botella de champán metida en hielo picado.
—Hola a todos —saludó Alice con suavidad, deteniéndose junto al sofá.
Vio en seguida que la expresión de tía Bree era tensa. James casi nunca estaba en casa a esas horas. Y el champán y la mirada cálida que le estaba dirigiendo su tío la alarmaron.
—Confiamos en que el señor Whitlock y tú hayáis fijado la fecha —declaró él.
Alice se quedó mirando fijamente con una extraña sensación de irrealidad. James estaba claramente satisfecho y emocionado. Una rápida mirada a tía Bree la sorprendió sonriendo nerviosa. De pronto, se dio cuenta que los dos querían que ella hubiera aceptado la sorprendente proposición de matrimonio de Jasper Whitlock.
Aunque Charles había dejado claro anteriormente que estaba a favor de esa proposición a pesar de las protestas de Alice, no fue hasta ese momento cuando ella se dio cuenta de lo mucho que deseaba ese matrimonio y de lo seguro que estaba de que había aceptado. Y era increíble, ya que él y Jasper Whitlock eran auténticos extraños que no tenían nada en común.
Allison respondió vacilante.
—Bueno tío... pues no.
—Pero fuiste a hablar con él y viste la casa —continuó alegremente su tío—. Estoy seguro de que te permitirá decorarla como te guste. La mayoría de los hombres no sirven para eso —siguió, ajeno a la expresión alarmada de Alice— Whitlock puede ser algo duro, pero es asquerosamente rico, y dudo que haya algo material que te niegue siempre que tú estés dispuesta a ser una buena esposa.
—He rechazado la proposición del señor Whitlock, tío —explicó Alice rápidamente.
James se detuvo a medio camino de abrir la botella de champán y la miró, mientras su sonrisa se desvanecía.
— ¿Qué has dicho?
El silencio se alargó. De repente, a Alice le costó repetir las palabras y se le puso la boca seca.
—Que he rechazado la proposición del señor Whitlock. Fui lo más diplomática que pude —le aseguró al ver a su tío ponerse serio—. Y estoy segura de que ha visto, como yo, que sería mejor para él esperar y casarse con alguien de quien esté enamorado.
James volvió a meter la botella en el hielo. Se puso colorado y su boca adquirió una expresión dura. Miró a Bree, que tenía la mirada fija en sus manos entrelazadas.
—Pensé que os había dejado claro a las dos —empezó, incluyendo también a Alice en su furiosa mirada—, lo importante que es este matrimonio. Había esperado no tener que recordaros que el Banco Chaney está a punto de declararse insolvente, pero ya veo que debí ser más directo.
Alice sintió náuseas. El banco tenía dificultades y James la culpaba a ella. Su amigo de universidad, Embry Call, había trabajado en el banco hasta hacía tres semanas. Por haber sido un empleado brillante y capaz, James le ascendió rápidamente, pero más adelante, cuando una auditoría demostró que faltaba dinero, James sospechó de él de inmediato.
Su tío dijo que la resistencia de Alice a creer culpable a su amigo le había hecho buscar al culpable por otro lado, y el resultado fue la pérdida de una suma aún mayor. Días después, Embry Call se marchó repentinamente de la ciudad y dejó el trabajo. Y al poco tiempo, fue cuando James descubrió la verdadera extensión del desfalco y de que el amigo de Alice había sido, sin duda, el ladrón.
—Yo nunca habría contratado a Embry Call de no ser por mi afecto hacia ti, Alice, y lo mucho que intento satisfacer tus deseos —dijo con tono arrogantemente suave, aunque sin duda estaba muy furioso—. Y pienso que tú deberías sentirte obligada a complacer los míos.
Alice sintió como si una sutil trampa se estuviera cerrando a su alrededor, e intentó esquivarla.
— ¿Se lo has notificado a las autoridades? —preguntó, ya que seguía costándole creer que Embry fuera el ladrón y le seguía angustiando lo seguro que estaba James y sus métodos de tratar con el ladrón.
—Ya expliqué que prefería tratar la situación con discreción —replicó James—. Y no es culpa mía que los investigadores privados que he contratado aún no hayan descubierto nada.
—Seguro que esas cuentas estaban aseguradas contra las pérdidas —razonó Alice—. Además, las autoridades federales tienen más recursos...
—Es posible —le interrumpió su tío irritado, empezando a levantar la voz—, pero el banco no puede permitirse que se haga del conocimiento público que uno de nuestros empleados hizo un desfalco tan grande para dejar al banco insolvente —declaró, mirando a su sobrina casi con odio—. Jasper Whitlock puede darle al banco la clase de negocio que necesita para mantenerse en pie. Y tú, querida, eres la mujer con quien ha elegido casarse. Una vez él sea un miembro de la familia, estoy seguro de que se mostrará más abierto no sólo a transferirnos sus cuentas, sino que, naturalmente, me nombrará su asesor financiero.
En ese momento, Alice vio una pequeña oportunidad para evitar formar parte de los planes de James.
— ¿Te ha garantizado que te transferirá sus cuentas y que serás su asesor?
Por un lado, sería una tontería que James la hiciera casarse con un extraño para atraer sus negocios sin tener una garantía de que fuera a hacerlo. Por otra, casarla con Whitlock para conseguir sus negocios y tener acceso a su dinero era equivalente a venderla.
James la señaló con el dedo como si estuviera riñendo a una niña pequeña.
—Tú cumple con tu parte y acepta su proposición. Déjame a mí el asunto de los negocios.
Alice se empezó a marear. El plan de James para salvar el banco era increíble. Increíble, medieval y ridículo.
—Habla tú con ella, Bree —añadió su tío—. Quizás puedas hacerle ver lo ingrata que es. Yo vuelvo al banco.
Ni Alice ni Bree hablaron mientras James se marchaba y cerraba de un portazo. Alice miró a su tía Bree.
Bree Brandon Tunner seguía siendo una mujer bella. Aunque tenía más de cincuenta años, seguía teniendo el pelo castaño, la piel clara y tersa y las únicas arrugas estaban en las comisuras de los ojos y alrededor de su preciosa boca.
Pero tía Bree pareció haber envejecido diez años durante la breve perorata de James.
Alice fue a sentarse en el sofá frente a su tía, dejando la mesita de cristal entre ellas. Los delicados dedos de Bree estaban temblando y no miró a su sobrina a los ojos.
Alice sintió que se le encogía el corazón. Bree la había acogido tras la muerte de sus padres. Nadie más en su extensa familia pareció quererla, pero tía Bree sí.
Y al acogerla, superó en mucho el sentido de la obligación de ocuparse de la única hija de su hermano menor. Bree la quería de verdad, y de algún modo consiguió suavizar el dolor de la increíble pérdida que sufrió Alice y alegrar la vida de una niña desolada.
Por tanto no resultaba sorprendente que Alice adorara a su tía, y la felicidad y el bienestar de Bree eran para ella más importante que las suyas propias.
Y como, de pronto, Alice se estaba dando cuenta de que el banco iba peor de lo que creía, y que tía Bree parecía incluso más disgustada a su modo que el tío James, no pudo evitar sentirse algo desesperada. Finalmente, habló.
— ¿Realmente va tan mal el banco para que yo deba... casarme con el señor Whitlock? —Preguntó casi sin voz—. Perdóname, tía, pero estoy... aturdida —terminó con suavidad.
Bree la miró angustiada, y antes de que pudiera hablar, Alice rápidamente se puso de pie, rodeó la mesa, se sentó junto a su tía y tomó sus dedos pequeños, llenos de anillos, entre los suyos.
— ¿Tía Bree?
Bree apretó los ojos y una lágrima resbaló por su pálida mejilla.
—Me temo que el banco está bastante mal —dijo casi ahogada mientras caían más lágrimas por su cara.
Afligida por la angustia de su tía, Alice la abrazó, sintiendo que sus propios ojos se llenaban de lágrimas. Tía Bree rara vez lloraba. Siempre era una mujer educada y agradable, y consideraba que las emociones fuertes demostraban una falta de etiqueta.
Bree le devolvió el abrazo con intensidad. Cuando consiguió recuperar el control, se echó hacia atrás y levantó una mano temblorosa hasta la mejilla de Alice.
—Oh, mi dulce niña, lo último que yo quiero para ti es que te cases con un Neandertal que se cree respetable porque es lo suficiente rico para comprar la respetabilidad —dijo Bree, mientras sus frágiles facciones se endurecían y sus pálidas mejillas se sonrosaban con espíritu renovado—. No me importa si el banco cierra y James lo pierde todo. Tiene que haber otra solución que no sea condenarte a un matrimonio sin amor con un vaquero.
En secreto, Alice sufría. A pesar de la declaración de Bree, de repente le aterrorizó pensar que casarse con Jasper Whitlock resultara ser la única solución para los problemas del banco. Incluso peor, temía que casarse con Jasper Whitlock al final no sirviera de nada.
Al fin viernes chicas! Yupiiii!
Y para comenzar con un muy buen finde semana, un nuevo capitulo!
Adelantos…
—Jasper —volvió a corregir con suavidad—. Una esposa debería llamar a su marido por su nombre.
—Entonces veo que realmente quiere seguir con esto —declaró Alice.
Ésa pareció ser la señal para que él se levantara y apartara su silla. Con la mirada clavada en la de Alice, se acercó, la tomó de la mano y la puso de pie.
Nerviosa y excitada por el apretón suave y fuerte a la vez de sus dedos rodeando los suyos, Aliceno pudo romper el contacto visual con Jasper.
—Esto para que no haya error sobre lo que yo quiero y para ayudarte a recordar que no debes llamarme señor Whitlock...
